De significar "valle" ¿cómo se explica foneticamente la pérdida de la /n/ final en "Aran"?

En el caso de los pueblos repartidos entre el Pirineo central y oriental, no se puede hablar en propiedad de vascones o vascongados, sino de pueblos de lengua euscárica o proto-vasca o proto-aquitana, llámalo como quieras. Se sabe principalmente gracias a la toponimia y a los lingüísticos encontrados sobretodo en el Pirineo catalán.
Aran es la forma vasca arcaica del actual haran (en la Edad Media el vasco tuvo una fuerte tendencia a la aspiración y muchas palabras se empezaron a pronunciar con h aspirada) significa "valle" en vasco. En el sur de la vascofonía esta h actualmente es muda; mientras que en el norte se sigue pronunciando.

La -n final a la que haces referencia es la declinación locativa equivalente a la preposición española "en". Hay palabras vascas en las que se utilizan declinaciones y que los vascoparlantes no somos conscientes de ello, porque para nosotros haran significa valle y no "en valle", ya que este último es su significado verdadero.

Los vascos de antaño utilizarían esta declinación locativa quizás para enfatizar y finalmente quedó unida a la palabra. Inicialmente por tanto valle se decía en vasco Ara y no Aran.

Pero eso sí en las palabras compuestas esta -n final desaparece. Por ejemplo hay un municipio navarro que se llama Arazuri que significa "valle pelado, sin árboles". Proviene de Ara (valle) + zuri (puede significar "blanco", "pelado" o "limpio de árboles, arbustos o en general de vegetación").

En la toponimia prerromana vasca es común la utilización del sufijo locativo -o (con el significado de: "el lugar de") acompañado de la declinación locativa -n. Los topónimos más recientes carecen de la -n final (Lekeitio (Vizcaya), Elorrio (Vizcaya), Erandio (Vizcaya)...). Por lo que Aragón es muy posible que sea un topónimo prerromano.

Por ejemplo la formación del topónimo vasco para denominar a Pamplona está formado de la misma manera que Aragón. Al "il(i)" prerromano del euskera (actual hiri, significa "ciudad") se le añadió -on y dio lugar a Ilon ("el lugar de la ciudad") que era como se decía en la época romana a Pamplona. En la Edad Media por influencia de las lenguas románicas se comenzó a utilizar en euskera el artículo que antes no existía a través de una -a pospuesta a la palabra. De esta forma Ilon pasaría a ser Ilona ("el lugar de la ciudad") una forma vasca que quedó plasmada en la forma medieval de llamar en latín a Pamplona, Pampilona (en la época romana se decía Pompaelo ["ciudad de Pompeyo"]; -elo fue la adaptación latina del ili vasco). La ele lenis (débil) del euskera (antiguamente existían dos tipos de eles, una lenis [débil] y otra fortis [fuerte]) evolucionó a r (Irona), la o por la presencia de una i anterior a ella se cierra y se convierte en u (Iruna) y la presencia de la u y de la i anteriores a la n hizo que se palatalizara la ene y se convirtiera en ñ (Iruña), dando lugar a la actual forma Iruña con la que denominamos en vasco a Pamplona.

En el caso del topónimo Aragon está formado por Ara (valle) + -on (el lugar de), inicialmente por tanto se debió decir Araon ya que la -g- o en otros casos la -b- no son más que consonantes epentéticas para facilitar la pronunciación, algo muy común en la toponimia vasca. Guipúzcoa (con el significado de "tierra fronteriza") por ejemplo en el siglo XI se hace referencia a ella en los textos como Ipuçcoa, es decir que la /g/ inicial no es más que una consonante epentética para facilitar la pronunciación.

A menudo en los textos navarros escritos en latín aunque existía una forma para escribir el topónimo en latín se utilizaba la forma vasca, razón por la cual en las monedas que acuñó Sancho el Mayor en la capital de los navarros de aquella época, Nájera (La Rioja), y que influenció a las monedas aragonesas que podéis ver arriba (con los árboles de Nájera y de Sobrarbe que marcaban las fronteras del reino navarro), se utiliza el nombre vasco de Nájera, Naiara.

En el documento que escribe el rey Sancho el Mayor de Navarra para la concesión de la estiva de Lecherín al monasterio de San Juan de la Peña (Huesca) en el año 1026, aparece la forma medieval vasca para llamar a Aragón, Aragona (actualmente se dice Aragoa, una forma que convive también con la forma Aragoi, que surgió de la adaptación reciente a la fonética vasca de la forma castellana Aragón). Al surgir la utilización del artículo (-a) al igual que Pamplona pasó de ser Ilon a Ilona ("el lugar de la ciudad", Aragon también pasó de ser Aragon a Aragona (el lugar del valle). Es decir que Sancho el Mayor y el resto de los vascoparlantes medievales eran conscientes que Aragon era un topónimo vasco que entendían y sufrió la misma evolución gramatical que otros topónimos vascos al extenderse en el euskera la utilización del artículo.

"Regnante me rege Sancio in Aragona et in Paliares, in Pampilona, in Alaba et in Castella" (Reinante yo, rey Sancho, en Aragón, en Pallars, en Pamplona, en Álava y en Castilla).

En el resto de idiomas en cambio se ha conservado la forma inicial del topónimo vasco Aragon antes de ser añadido el artículo. Algo muy común en toponimia vasca donde por ejemplo los nombres castellanos para denominar topónimos vascos son las formas vascas arcaicas. Bilbao era como se decía en euskera medieval, ahora se dice Bilbo. O Lejona (Vizcaya) en euskera medieval pronunciado Leiona, ahora se dice Leioa (caída de la antigua ene lenis [débil] vasca). Lazcano (Guipúzcoa), ahora se dice Lazkao, al igual que el Aragona medieval (Aragón) pasó a decirse Aragoa.

Dices que no se puede hablar de que en el Pirineo Central u oriental fueran vascones. Sabemos por la toponimia que en el siglo I d.C. se hablaba vasco a ambas partes de los Pirineos desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo catalán pero obviamente no todos formaban parte de la tribu de los vascones.

La jurisdicción vascona en la época imperial romana (época de máxima expansión de territorios de la tribu de los vascones gracias a la buena relación con Roma) abarcaba la franja noroeste de Aragon y por tanto el Viejo Aragón (noroeste de Aragón) que es en donde surgió el Condado de Aragón y posterior Reino de Aragón. Es más los vascones del viejo Aragón teniendo a su caudillo García "el Malo" al frente tuvieron vital importancia en el surgimiento del Reino de Pamplona. García (Gartzia) hay que recordar que es un nombre de origen vasco que significa "el joven" en euskera oriental, en euskera occidental se dice gaztea, de aquí viene el nombre de Vitoria en vasco, Gasteiz, que significa "de García" o "Garcés".

Como se puede comprobar el Viejo Aragón estuvo muy relacionado con los pamploneses desde la fundación del Reino de Pamplona.

La actual imagen que tenemos de la cultura aragonesa por tanto no tenía mucho que ver con la del Aragón inicial que eran mayoritariamente vascoparlantes, la actual cultura aragonesa formó parte de lo aragonés cuando los aragoneses iniciales llevaron la reconquista hacia el sur, conquistando territorios de la Taifa de Zaragoza donde la gente hablaba lo que se conoce ahora como lengua aragonesa. La extensión de la lengua aragonesa no se hizo de norte a sur como el resto de lenguas latinas peninsulares, inicialmente se extendió hacia el norte donde la gente hablaba en vasco y posteriormente al avanzar la reconquista se fue extendiendo hacia Murcia y la Comunidad Valenciana.

El 70% de la toponimia del viejo Aragón es de origen vasco, en la Sierra de Guara (50%), en Sobrarbe (40%) y en Ribagorza (30%) lo que demuestra la evolución de la romanización y pérdida de la lengua vasca de las tierras pirenaicas de Aragón desde el este hacia el oeste.

Y habiendo tanta toponimia vasca en el Viejo Aragón que denota que recientemente se perdió la lengua vasca y siendo los aragoneses de habla vasca los fundadores del condado y posterior reino, ¿cómo pudo perderse el idioma vasco y ser sustituido por la lengua aragonesa hablada por los conquistados de la Taifa de Zaragoza?

Pues básicamente porque los mandatarios aragoneses a partir del siglo XIV, hablantes ya de lengua aragonesa y cristianos de religión asociaron la lengua vasca con la religión precristiana de sus hablantes, la antigua religión vasca de Mari.

Hay que tener en cuenta que la cristianización de los vascos fue la más tardía de toda la Europa occidental, eran de religión cristiana los nobles vascos y por aparentar, porque los mismos señores de Vizcaya que eran supuestamente cristianos en el siglo XIV hacían ofrendas a la diosa Mari, de la que se consideraban descendientes, para que su gobierno fuera justo (el primer señor de Vizcaya según la leyenda fue concebido por la diosa Mari). De hecho hasta el siglo XVII se mantuvo la antigua religión vasca cuando los últimos creyentes fueron quemados en la hoguera acusados de brujería por la Inquisición. Los famosos akelarres eran las "misas" vascas en las que se adoraba al macho cabrío negro, que era una de las representaciones de la diosa Mari.

Esta asociación de la lengua vasca con la antigua religión vasca hizo que los mandatarios de Aragón dieran lugar al primer decreto de prohibición de la lengua vasca del que hay constancia. Fue en 1349 y se encuentra en el Archivo Histórico de Huesca. Una ordenanza en el que se prohibe la utilización en el mercado de Huesca de la lengua árabe, hebrea y vasca, porque consideraban que de esta manera se iba a extender la religión cristiana y acabar con la religión islámica, la judía y la vasca.

"Item nyl corredor non sia usado que faga mercaduria ninguna que compre nin venda entre ningunas personas faulando en algaravia, nin en abraych, nin en basquenç, et qui lo faga pague por coto XXX sol"

De esta manera los que hablaban en estos idiomas tenían que pagar 30 soles (moneda de oro aragonesa) de multa. Mientras las prohibiciones del árabe y del hebreo desaparecen de las ordenanzas con el paso de los años, a medida que la población musulmana o judía era asimilada o expulsada. La prohibición del euskera, en cambio, se mantiene casi año tras año desde 1349 hasta el siglo XVIII, más que nada por seguir con la constumbre de prohibir hablar en vasco, que por razones religiosas. Lo dilatado en el tiempo de la prohibición del euskera denota la solidez de la población de habla vasca en el norte de Aragón y cuando se dejó de hablar vasco en tierras aragonesas, en el siglo XVIII.