Pues me ha gustado bastante tu resumen, la verdad. Creo que resaltaría algunas ideas:
- La matraca del PP y similares de que Sánchez representa al Frente Popular. Basta decir que en 2011, en los últimos coletazos del Gobierno de Zapatero, el separatismo catalán estaba como siempre (calma relativa e inestable), mientras que en el período 2011-2018 han realizado dos simulacros de referéndum y uno de declaración de independencia. Es lo más lejos a lo que se ha llegado, y después ya no hay más que precipicio.
Las represalias, mínimas, y el control sobre el gobierno regional vía artículo 155 ha sido inexistente. Las correas de transmisión del separatismo siguieron (y siguen) intactas.
Y qué decir de la evolución del panorama de la extrema izquierda: De los cuatro trasnochados de IU hablando de sus tonterías sin pasar apenas de los 20 diputados, a un marxismo-leninismo todavía peor en algunos aspectos y perfectamente homologado por los medios como "socialdemócrata" y "sensato", con casi 80 diputados.
En Vascongadas, Valencia, Baleares y Galicia, la degeneración separatista durante el citado período no ha sido tan escandalosa como en Cataluña, pero se ha seguido en la línea, sin prisa pero sin pausa.
Cualquiera diría que Rajoy ha sido más frentepopulista que lo que fue Zapatero. En cambio, él opina que "deja una España mejor que la que recibió", simplemente porque el intervalo de tiempo en el que ha ejercido el Gobierno coincide con la salida de todo Occidente de una crisis que afectó años antes a todo Occidente.
- En mi opinión, el problema separatista tal como lo tenemos hoy, empieza en el siglo XIX, cuando los gobernantes (liberales) deciden crear y auspiciar un separatismo de corte liberal-conservador para utilizarlo contra el carlismo, siendo, así, la realidad completamente inversa al falso tópico.
Un gobernante con altura de miras, genuino sentido patriótico y visión estratégica, habría conseguido la reconciliación con los carlistas, que con su gran implantación popular simultaneada con vocación españolista habrían sido un excelente blindaje frente al separatismo, el marxismo y el anarquismo.
Como en lugar de eso hubo lo que hubo, se decidió la opción fácil y cómoda en el corto plazo de sobornar a una serie de movimientos regionalistas burgueses y de orden (al principio) que bien pronto mutaron en lo que todos conocemos, pues es gente que nunca se conformará con nada. Todo ello sumado a los pequeños problemas de cohesión interna que España nunca consiguió acabar de solventar da como resultado los horrores que estamos viviendo.
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