Re: La desindustrialización de España - EL DISPARATE ECONÓMICO (por Roberto Centeno)
El peso de la desindustrialización de España recae principalmente en los años posteriores a la muerte de Franco. La cuestión es manifiesta en un doble sentido, de una parte desmontar la industria pesada española de los altos hornos (España era la segunda constructora de buques mercantes y grandes petroleros después de Japón), sustituidos por fábricas de helados y "chupa-chups democráticos", así como desmontar la mayor parte del sector primario del agro, para convertirla en un país de servicios y de consumidores activos, o sea, "el demandante" de servicios factoriales y de trabajo. Esto es tan sencillo como que mientras los individuos sean propietarios de los medios de producción serán quienes determinen las leyes del mercado, mientras que un individuo a expensas de su salario, bolsillo y sometido a crédito no es autónomo y no determina nada, sólo es un eslabón más en la cadena de consumo. Dicho en otros términos, a España había que desindustrializarla para convertirla en un mercado de consumidores y usuarios. Y si bien ese proceso se notó como evidente ya en la última etapa del franquismo, es producto de una abierta política gubernamental desarrollada sin disimulo alguno desde la etapa de Felipe González, alcanzando su climax con Aznar cuando se alentaba sin pudor alguno el continuo consumo y el nulo ahorro. Y es ahí cuando eclosionó el verdadero problema, pues si el dinero no valía nada, y si en cambio en forma crediticia e hipotecaria, había que invertir en algo. ¿En qué, en oro, joyas, arte, o quizás en el exterior? No, en lo más fácil, en el ladrillo. El turismo como industria tiene muchos años ya de asentamiento y desarrollo, pero que en un año se construyese más vivienda que en Alemania y Francia juntas representa un monumental fiasco para una clientela inexistente, que ha demostrado que el país ya estaba arruinado antes de que estallase la crisis. Aquí se estaba viviendo de la quimera del pelotazo.
Última edición por Valmadian; 26/05/2013 a las 17:21
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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