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Tema: Mexico no es bicentenario

  1. #121
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    Re: Mexico no es bicentenario

    La cruz de San Andrés vuelve a aparecer en nuestro país y justo en la marcha de los LGBT.









    Católicos y neonazis increpan a asistentes de la marcha LGTB | reportejalisco.com









    http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2...uadalajara.jpg

  2. #122
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    Re: Mexico no es bicentenario

    BREVE HISTORIA DE MÉXICO

    http://static.tvazteca.com/imagenes/2012/09/jose-vasconcelos-conaculta-aniversario-1416190.jpg

    "Se quedó pues, México, a consecuencia de las leyes de Reforma (de Benito Juárez, en 1859), como el único país oficialmente ateo de la tierra. El único en que el nombre de Dios está proscrito y aun provoca la burla de cierto rufianismo seudo científico, seudo ilustrado. La triste condición de nuestra patria, en lo moral y en lo económico, en su política externa e interna, es un buen ejemplo del resultado de semejante moral desquiciadora. En vez de Dios se nos han querido ofrecer a la adoración pública, mitos de segunda, como la patria que no tiene ningún sentido, si no es concebida como persona moral que sobrevive al tiempo y a las circunstancias materiales, ligándose con los valores eternos del espíritu, que, en todo caso, superan a todas las Patrias...
    Pero no sólo se amortizó la propiedad eclesiástica. Por una de esas aberraciones propias de todo fanatismo, y queriendo disimular el aspecto de odio religioso, las leyes de Reforma consumaron la destrucción de todas las personas morales; obligaron a la división de todas las propiedades de comunidad. Las comunidades indígenas que, desde los tiempos de la Colonia, disfrutaban de tierras apartadas para su servicio, fueron obligadas a fraccionar. Así como hoy priva la exigencia teórica de la colectivización, los falsos economistas de la Reforma estaban enamorados de la "individualización". Y creyeron consumar un progreso repartiendo entre los vecinos las tierras de la comunidad. El resultado fue que los vecinos empezaron a vender, y traspasar sus fundos. Y arrojadas las tierras de comunidad al mercado, el más listo se hizo de ellas; el latifundista más inmediato las compró a vil precio y los indios vieron empeorada su suerte. Y resultó que no solo los clérigos mexicanos quedaron proletarizados, sino también los indios. La sabia institución española del ejido, que tan buenos frutos dio durante más de tres siglos, quedó deshecha, en beneficio de un latifundismo que, a partir de la Reforma, comenzó a ser predominantemente extranjero. Y no extranjero español, que eso no es extranjero desde el momento en que los hijos del español se hacen mexicanos. Por extranjero deberemos entender siempre a los nacionales de pueblos que no se funden con el nuestro, no abrazan nuestro destino, lo dominan y lo explotan...
    Los tesoros de la Iglesia, tesoros artísticos inapreciables, a causa de las confiscaciones impremeditadas, desordenadas y salvajes, han ido a parar a los Museos de Estados Unidos y a las casas de los ricos de Norteamérica. Los tres mejores siglos del arte mexicano han quedado de esta suerte convertidos en ruinas, sin que nada de lo que hoy se hace pueda aspirar al reemplazo de lo destruido."
    José Vasconcelos (1882-1959), Breve Historia de México.



    ANTONIO MORENO RUIZ

    Mexispano y ReynoDeGranada dieron el Víctor.

  3. #123
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    Re: Mexico no es bicentenario


  4. #124
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    Re: Mexico no es bicentenario

    #Defensores del Virreinato #Familias Realistas


    Don Pedro Francisco Novella Azabal Pérez y Sicardo (Madrid, 21 de enero de 1769 - La Habana, Cuba, 9 de abril de 1822) fue un militar español con un papel destacado en el virreinato de Nueva España al servicio de la corona de España en las guerras de independencia hispanoamericanas luchando contra los revolucionarios que profanaban templos y saqueaban ciudades.

    Tras enterarse que el nuevo virrey, Juan O’Donujú había entrado en tratos con el Ejército Insurgente, aceptó dialogar con Agustín de Iturbide y con el propio virrey.

    – Entregó al último virrey de la Nueva España, Juan O’Donoju el mando de la guarnición militar de la ciudad de México (10 de septiembre de 1821) junto con el de los fuertes de Veracruz, Perote y Acapulco.

    – Desaloja la ciudad de México para permitir la libre entrada del Ejército Trigarante (27 de Septiembre de 1827).




    __________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/photo.php?f...type=3&theater

  5. #125
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Por una visión equilibrada de nuestra historia.


    Interpretaciones sobre la Independencia de México





    https://www.youtube.com/watch?v=Y8hedTc2QJM

  6. #126
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    Re: Mexico no es bicentenario


  7. #127
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    Re: Mexico no es bicentenario

    De la misma manera que la división entre los caudillos del primer movimiento insurgente (Hidalgo y Allende principalmente) fue la causa de su perdición; las fricciones entre los rebeldes encabezados por Morelos los llevaron al fracaso.

    Un dato adicional aparecido en éste artículo es que Morelos hostiga a un pueblo por haberle negado el apoyo. Lo anterior corrobora que las lealtades de la gente se dividieron, contrario a la versión oficial que habla de un apoyo incondicional “del pueblo” a la insurgencia.



    Morelos es Traicionado por el Congreso de Chilpancingo


    by Ernesto Ortiz

    September 15, 2012


    Después del enorme éxito que Morelos tuvo con los Sentimientos de la Nación el 14 de septiembre de 1813 en Chilpancingo, su estrella comenzó a declinar. El Primer Congreso de Anáhuac salió, en medio de la turbación de José María Morelos, hacia Tlacotepec. Lo traicionaron los suyos, también los más allegados: Ignacio López Rayón y Juan Nepomuceno Rossains, el mismo que le dio lectura a los 23 Sentimientos de la Nación. En febrero de 1814 el malhadado Congreso se dio el lujo de despojar a Morelos del cargo del poder ejecutivo, prohibiéndole ejercer el mando militar para cualquier fuerza excepto para el de su escolta personal. Sólo pudo conservar el grado militar decorativo y una curul como diputado de Nuevo León.

    Eran los idus de marzo. Morelos, aquel héroe que los unía había dejado de ser la razón de la lucha insurgente. Cada cual marcó su territorio. Hirvieron las pasiones, se confundió la libertad con la inmoralidad y el territorio fue presa de horror y confusión. Eso lo pudo escribir Rossains, pero él lo produjo con su deslealtad como ahora se reproduce a casi 200 años con la traición de la 59 Legislatura del Congreso de Guerrero al imponer a los consejeros electorales, convirtiendo al Instituto Electoral en un bipartidismo PRD y PRI, en el que hay carencia de instituto ciudadanizado.

    La fama de Tehuacán y Cerro Colorado, en Puebla, había crecido en 1814-1815. Se le consideraba un sitio seguro, inexpugnable y estratégico por su posición geográfica. Un nuevo visitante apareció a final de 1815: el Congreso de Chilpancingo. Los miembros de los tres poderes del gobierno se reunieron en Puruarán entre el 27 de junio y el 15 de julio de 1815 para nombrar a José Manuel de Herrera, ministro plenipotenciario ante Estados Unidos.

    En estas reuniones de Puruarán también se decidió que el Congreso cambiara su residencia de Chilpancingo a Tehuacán. Varias razones motivaron ese cambio: el acoso del ejército del rey en Michoacán y Tierra Caliente, la escasez de alimentos después de cinco años de guerra en esta región, la cercanía que ofrecía Tehuacán de la costa del Golfo y la idea que se tenía de Cerro Colorado como un sitio inexpugnable. Reynaldo Sordo Serdeño (2009), Manuel de Mier y Terán y la insurgencia en Tehuacán, México: Revista Historia Mexicana, núm. 223, El Colegio de México, pp.137-194.

    El Congreso de Chilpancingo encomendó a Morelos la dirección de esta empresa, que no resultaba nada fácil. Tenían que cruzar 150 leguas de territorio controlado por el enemigo, el ejército realista. Antes de salir, el Congreso nombró una Junta Subalterna con plenos poderes para que se quedara en la provincia de Valladolid.

    Los tres poderes salieron de Uruapan el 29 de septiembre de 1814. En Huetamo se le unieron Nicolás Bravo, Páez y otros grupos de insurgentes que andaban por las orillas del Río Mezcala. Morelos envío oficios a Sesma, Vicente Guerrero y Manuel Mier y Terán para que lo apoyaran en el paso del Mezcala. Morelos fue apresado en Temalaca (hoy Tezmalaca), el 5 de noviembre de 1815, protegiendo la huida del Congreso. Once días después, los miembros del gobierno y del Congreso llegaron a la ciudad de Tehuacán.

    Morelos llegó a Atenango del Río, la ira del caudillo crece por la actitud hostil de los nativos, han ocultado las balsas que se usan para vadear el río, además la actitud de los indígenas, tan agresiva. Morelos en un acceso de cólera, da la orden de incendiar algunas casas para castigar a la población de Atenango del Río.

    Los realistas llegan a Atenango, los nativos desahogan su rencor por el incendio y le dicen a los realistas que Morelos se encuentra en Tezmalaca. Como escribe el literato Pedro Ángel Palou, Morelos libra su última batalla. Él, Nicolás Bravo y el brigadier José María Lobato.


    En la última Batalla de Temalaca, Morelos divide su línea de batalla en tres cuerpos. El de la izquierda a las órdenes de Nicolás Bravo; el de la derecha al mando del brigadier Lobato, y él mismo se coloca en el centro con los dos pequeños cañones. Superado en armamento y en número de soldados, Morelos es derrotado, en medio de aquella terrible confusión, Morelos le dice a Nicolás Bravo que siga escoltando al Congreso y que si él perece poco importa.

    El 5 de noviembre de 1815, los perseguidores capturan a Morelos al mando del capitán Matías Carrasco, ex insurgente traidor, Morelos le dice: “Señor Matías Carrasco, parece que nos conocemos, ¿no es verdad?

    El Congreso de Anáhuac fue disuelto por el coronel insurgente Manuel Mier y Terán el 15 de diciembre de 1815, aduciendo que las tropas realistas eran más numerosas que las suyas. Esta decisión fue una carga pesada toda su vida para este coronel insurgente ilustrado.


    _______________________________________

    Fuente:

    Morelos es Traicionado por el Congreso de Chilpancingo - Colloqui

  8. #128
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Comunicado de la delegación de la CT en Nueva España

    A todos los mexicanos, españoles:


    Como ya anunciaba S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón en su Mensaje del día de la Epifanía de este año, a partir del día de hoy, 16 de septiembre, las miradas de todo el mundo se concentrarán en el continente americano, en donde se inicia una serie de conmemoraciones conjuntas por los bicentenarios de lo que suele interpretarse como independencia respecto de España.

    Con tristeza comenzaremos a ver que veintidós naciones hispanoamericanas festejarán una imaginaria lucha por los ideales de justicia, de libertad y democracia. No dejarán de sonar los nombres de Hidalgo, Morelos, Bolívar, San Martín, O'Higgins, de Sucre y muchos otros; y con poca sinceridad nos dirán sus gobiernos que buscarán hoy día lograr el sueño de esos mismos "libertadores" que, dicen, dieron su vida por ver un continente americano unido; y cualquiera en todas las calles del continente, podrá ver las banderas de franjas, a la manera de representaciones de tristes nacionalismos particularistas o de patriotismos constitucionales, ambos puramente disolventes.

    La Delegación de la Comunión Tradicionalista de la Nueva España no podía permanecer callada y es su deseo manifestar su postura a este respecto.

    Todos aquellos que tengan memoria recordarán que la revolución de independencia en México nunca fue un movimiento popular. Al contrario, el pueblo mexicano nunca dejó de vitorear al Rey Don Fernando, y durante las guerrillas revolucionarias el pueblo, indios, negros y mestizos se unieron con las tropas del Rey en el llamado Cuerpo de Indios Voluntarios de S.M.C. Fernando VII, o también en el llamado Cuerpo Patriótico Nacional de Soldados Voluntarios de Fernando VII formado por habitantes comunes, quienes ofrecieron al Rey sus personas, asegurando estar prontos a sostenerlo y derramar la última gota de sangre en su defensa.

    Y es que tampoco el apaciguamiento hecho por don Agustín de Iturbide tenía como finalidad separarse de la vieja España, sino muy por el contrario, deseaba devolver al Rey legítimo sus posesiones: ese era el plan de Iguala.


    No callaremos que el representante del Rey, don Juan de O'Donojú firmó la independencia de México contra la voluntad del Rey, y que ulteriormente fue la Regente usurpadora quien suscribió, contra la voluntad de su difunto marido, la verdadera consumación de la independencia; y fue esta misma María Cristina quien firmó un acuerdo secreto, hoy día público y que se encuentra vigente, en el que el gobierno de la república mexicana acepta, contra la aceptación de independencia, el deber de reprimir a todos los carlistas que estuvieren en suelo patrio, y a los que intentaran ingresar en México.


    Hoy vivimos un México de contradicciones, donde las leyes regulan lo antinatural y donde el gobierno de la república ha demostrado su evidente falta de capacidad para armonizar a un pueblo que es profundamente católico, dejando, al igual que cuando convocaron a la revolución de independencia, que los mexicanos nos matemos entre nosotros; que hiere a nuestras familias con aprobaciones del aborto o del matrimonio entre homosexuales, o por las leyes que promueven la deseducación de nuestros niños; un país donde el laicismo corrompe hasta al más fuerte y donde ser aconfesional y liberal, entonces moderno, es moda del tiempo.

    Vivimos en un México de contradicciones, pues aún existe ese pueblo que en Romería por la Virgen de Zapopan convoca a más de tres millones de mexicanos en un solo día; un pueblo donde se vive la Misa Tradicional en antiguas capillas; un pueblo donde hasta el más infame le tiene respeto y ama como Madre a la Guadalupana. Hoy vivimos un México de nuevos mártires, el de todos aquellos que resisten a la Revolución y que con heroicidad siguen formando familias y forjando en ellas el futuro de nuestra nación.

    Por ello, desde México queremos manifestarnos todos aquellos que vivimos opuestos al tiempo a la usurpación y a la revolución, los que vivimos custodios de la legitimidad y de la tradición, los que defendemos la tesis del orden político católico.

    Hoy más que nunca nos atrevemos a alzar la voz y junto con nuestro Abanderado y como él nos atrevemos a soñar, pues como él afirma: "Uno tiene derecho a soñar, el sueño es necesario para la libertad mental de las personas. Tengo mucha esperanza que España vuelva a lo que fue, que sepa acordarse de sus raíces, sus convicciones y dé su ejemplo y referencia internacional e imperial. Eso quisiera".

    Hoy seguiremos soñando en ese México que vio Don Carlos VII, el primer Rey que visitó la Nueva España, puesto que queremos sentirnos orgullosos de lo que le llevó a afirmar que "Si no fuese español [peninsular] quisiera ser mejicano".

    Si este bicentenario nos tiene que hacer recordar algo, es que nuestras comunes naciones sí tienen vocación de unidad, pero no en una masa amorfa y carente de destino trascendente, sino en una unidad católica, como lo que antes fueron nuestras Españas, y con una cabeza común.

    Dios, Patria, Fueros y Rey legítimo

    La Comunión Tradicionalista en la Nueva España

    Miguel Navarro Castellanos, Delegado



    _______________________________________

    Fuente:

    Tetralema - Bitácora Lealtad: Comunicado de la delegación de la CT en Nueva España

  9. #129
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Alianza Realista Hispana.





    Bandera de la Nueva España. Cruz de San Andrés y el escudo de la Ciudad de México,



    No es ningún escándalo que al decretarse el Plan de Iguala (o Plan de las Tres Garantías), primera declaración de independencia del nuevo Estado Mexicano, el punto central del plan era la total emancipación de la “América Septentrional” del Estado Español. Aquel grupo de militares realistas, nobles criollos y demás hombres de importancia de nuestro territorio, declaraban la total independencia de España con el objetivo de formar un nuevo Estado. La conformación de ese nuevo Estado y su jefatura, sí podría resultar escandaloso para los mal informados y adoctrinados por la educación propagandística de los regímenes posteriores. Y es que poco tiene que ver la mítica figura del Padre Hidalgo con la verdadera independencia de México.





    Plan de Iguala.



    Aunque pocos contemplen con amabilidad lo que estoy por decir, la revolución insurgente del Padre Hidalgo fracasó, y no fue hasta diez años después que la emancipación se llevó acabo de manera totalmente pacífica y sin ninguna relación con la anterior. No fueron diez años de guerra e insurgencia, sino diez años de relativa paz, los que precedieron a la verdadera independencia de México. Los motivos de dicha independencia, tampoco fueron la liberación de los esclavos (que existieron durante otros treinta y cinco años), ni la rebelión de los criollos por no poder alcanzar altos cargos (aunque algunos llegaron a virreyes), ni tampoco la introducción de las ideas de la Ilustración y de la Revolución Francesa por parte de los jesuitas (expulsados desde 1767), así como tampoco lo fue la infiltración masónica del rito de York ni de los francmasones, apoyados por Riego y Poinsett. Así es, al contrario de todas las mentiras construidas décadas después como propaganda justificatoria de gobiernos contrarios a los verdaderos propósitos de la independencia, la total emancipación de España se llevó acabo por motivos totalmente distintos a los que la SEP, el Colegio de México, y la historiografía comercial nos suelen presentar.La independencia de México fue organizada por una élite conservadora de criollos y peninsulares oponiéndose al golpe de estado de Rafel de Riego en Sevilla, que obligaba a S.M.C. el Rey Don Fernando VII (a quien Hidalgo tanto vitoreaba) a firmar la Constitución Liberal que éste y otros masones habían construido, en contra de su voluntad. La élite novohispana, poco adepta a estas ideas masónicas y liberales, se rebeló de inmediato, jamás habrían de aceptar ser gobernados por una logia ni acatar las ideas anti-católicas y anti-tradicionales de Riego y sus secuaces. Es por ello que ya en 1820, en cuanto la noticia del golpe de estado llegó a la capital de la Nueva España, un grupo de hombres poderosos y de ideas absolutistas (terminantemente contrarios a las ideas liberales de Riego), todos ellos pertenecientes a las altas esferas de la sociedad, de la Iglesia y del ejército español, se reunieron en la Iglesia de San Felipe Neri, en un cónclave secreto llamado la Conspiración de la Profesa, para actuar en contra de la imposición masónica cuyo poder pronto habría de hacerse efectivo en la América Hispana. En esa conspiración, pronto decidieron que aunque poco había que hacer ya en la Península, que el Reino de la Nueva España se habría de independizar en un nuevo Estado, cuya cabeza sería el monarca de las Españas, Su Majestad Católica Don Fernando VII, para que así, unidos por una misma cabeza, las leyes liberales de Riego no tuvieran efecto en los territorios ultramarinos del Imperio.





    Tratados de Córdoba.



    La conspiración fue pronto descubierta, pero no por ello sus conclusiones tardaron en llevarse acabo. El 24 de febrero de 1821, el Comandante en Jefe de los Ejércitos del Sur, Don Agustín de Iturbide y Aramburu, anunciaba el Plan de Iguala a los novohispanos, en el que invitaba a la independencia de la América Septentrional, llamado entonces Imperio Mexicano, configurándose como una monarquía hereditaria encabezada por S.M.C. el Rey Don Fernando VII. En los Tratados de Córdoba, del 24 de agosto de 1821, se contemplaba que en el defecto de que el nuevo emperador no pudiera hacer efectiva la toma de sus posesiones, se solicitaba que enviara a uno de sus hermanos, el infante Don Carlos María Isidro o el infante Don Francisco de Paula, o bien a su primo el Archiduque Don Carlos de Austria-Teschen, a reinar en el nuevo Estado independiente. Todo esto fue ratificado en el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, del 28 de septiembre de 1821, documento máximo y definitivo de la Independencia de México, en el cual quedaba clara la intención de conformar una monarquía, cuya cabeza sería el mismo rey de antes, pero cuyos nexos con la Madre Patria, no serían ya los de un subordinado, obligado a acatar sus errores, sino los de un hermano emancipado, más parecido al estado de la Nueva España con Carlos I (Carlos I de España y V de Alemania), o el de una mancomunidad de naciones, similar a la Commonwealth británica, con una misma jefatura de Estado.





    Acta de Independencia del Imperio Mexicano.



    Tras el fracaso de doblegar a los liberales peninsulares para aceptar el nuevo orden de los reinos de la Corona Española, reinó la confusión entre los antiguos novohispanos, ahora mexicanos. Por presiones populares, se llegó a la deficiente solución de coronar a Agustín de Iturbide como monarca del nuevo Imperio Mexicano, y los lazos con España, y con el resto de la América Hispana, quedaron rotos involuntariamente y sin remedio alguno. Es entonces cuando podemos hablar de la influencia de la Revolución Francesa, de los masones, de los estadounidenses y de Poinsett. La monarquía claramente no les gustaba, y menos una monarquía católica, que defendía el orden, la religión, y la tradición de trescientos años de historia novohispana. Las ideas republicanas se infiltraron rápidamente a través de la masonería, e Iturbide, hábil militar, pero monarca deficiente, fue rápidamente destronado. Los Tratados de Córdoba, el Plan de Iguala, el Acta de Independencia del Imperio Mexicano y todos los demás esfuerzos fueron desestimados, y al final, los novohispanos que se levantaron para evitar la infiltración de las ideas liberales se tuvieron que doblegar ante la inevitable llegada de éstas, pero no a través de la burocracia imperial, sino a través de la masonería infiltrada. Esta masonería, se encargó muy bien de adoctrinar a los mexicanos en sus nuevas ideas, ocultándoles la historia verdadera y las rectas intenciones de sus verdaderos emancipadores, levantaron en glorias a figuras secundarias que poco amenazaban sus propósitos, y poco a poco intentaron destruir a sus opositores en todos los frentes, servidos de la Leyenda Negra y de la propaganda antiespañola que aún reina en nuestros días.La historia de la masonería en México durante los siglos XIX y XX es harina de otro costal, y corto me queda este ensayo para ilustrar la influencia, la destrucción y la nueva construcción que éstos hicieron durante sus siglos de poder efectivo. No me queda más que añadir que tras casi doscientos años de asiento en el poder, los masones no lograron doblegar el alma de México, ni las Guerras de Reforma, ni los dos regicidios (de Iturbide y Maximiliano), ni los fatídicos intentos por eliminar totalmente la religión católica tras la Guerra Civil de 1911 (pues la Revolución de 1910 nada tiene que ver con lo que vino después), lograron eliminar completamente los restos de aquella alma novohispana de Sor Juana Inés de la Cruz, de Palafox y Mendoza, Ruiz de Alarcón, Luis de Velasco, Fray Bartolomé de las Casas, del Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba.





    Mural de la Conquista por Diego Rivera, alimentando la Leyenda Negra comisionado por el gobierno masón del PRI.



    En nuestros días, aún se escuchan resonantes los gritos de “¡Viva Cristo Rey!” y decenas de millones de personas peregrinan anualmente a la Basílica de Guadalupe, de Zapopan, de San Juan de los Lagos, el Santo Niño de Atocha y otros tantos. Políticamente, aunque pocos mexicanos vean ya viable la conformación de una mancomunidad de estados hispanos, unidos bajo la tutela de una misma corona, las voces empiezan a proliferar en las plumas de agudos intelectuales y las redes sociales. Porque el indigenismo no nos ha unido sino dividido, al final, ¿qué une a Hispanoamérica? Si no es el idioma español, la religión católica, la cultura hispana, y una historia común, que no comienza con la conquista de Cortés, sino con los orígenes de la monarquía visigoda y con el mecenazgo de los Reyes Católicos a Cristóbal Colón, entonces, ni la Pachamama, ni Quetzalcóatl lograrán la identificación de nuestros pueblos. No nos engañemos, tenemos una esencia e identidad común con matices diferentes, la conformación de los nuevos estados-nación (digo nuevos pues ninguno llega aún a los 200 años, aunque nuestros políticos se quieran adelantar a la verdad) no hace más que dividirnos, y aunque nunca podamos eliminar nuestras fronteras, sí podemos enfatizar los hilos que nos unen, que son los mismos que nos unían antes que los masones quebraran nuestros lazos. Porque algunos anhelamos el día en que dé igual nacer en Cuzco o en Montevideo, en Managua o en Cádiz, en Santander o en Veracruz, todos somos hispanoamericanos, hablamos el mismo idioma, rezamos al mismo Dios, tenemos la riqueza de nuestra historia real, y unidos podríamos ser la potencia que los masones han desarticulado siguiendo la divisa napoleónica de “divide y vencerás”. Si nos unimos somos más fuertes, seamos constructores de nuestro destino y no víctimas de nuestro presente.





    Estandarte de la Monarquía Católica Hispánica.




    _______________________________________

    Fuente:

    https://monarquiamexicana.wordpress.com/2013/11/14/37/

  10. #130
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    Re: Mexico no es bicentenario

    El Virreinato de Méjico (parte 1 de 3)


    Conferencia de Don Enrique de Aguilera y Gamboa (XVII Marqués de Cerralbo)

    Señores:

    No sé como empezar, y hasta dudo que acierte a leer estas pobres cuartillas, porque balbuciente mi palabra por el temor, suspendido el ánimo por la certidumbre en mi poco valer y hasta empañados los ojos por considerarme en esta ilustre tribuna contemplando delante de mí a tantos, a todos vosotros, o es una temeridad, y hasta empañados los ojos por considerarme en esta ilustre tribuna contemplando delante de mi a tantos, a todos vosotros, que atesorando la ciencia y viviendo en la fructuosa y perpetua vigilia del estudio, me deslumbráis y ando embelesado, pero atónito, como el ciego que abriera los velados párpados para mirar el cielo, esplendente de luces y colores, en esas noches de imponente grandeza que la luna esclarece y que engalanan y embelesan las estrellas.

    Hablar delante de vosotros, o es una temeridad, o es una arrogancia, porque me consta que nada se me ha de ocurrir de que ya no estéis avisados; ni hechos, ni citas, ni lugares, ni nombres me será dable apuntar que no os sean familiares y vivan, por la admiración, en vuestra memoria, y por el cariño, en vuestros corazones.

    Nada vengo, pues, a enseñaros; no será para mi esta laureada tribuna, cátedra magistral en donde levante la voz para que vayan sus períodos dejando miras y jalones que tracen una nueva vía de conocimientos y de estudios; y si quedan lejos de mi todas las pretensiones, no podéis argüirme de temerario ni de arrogante, pues he empezado por disculparme de este paso y por reconocerme insuficiente; no quede otra cosa, y no veáis en mí sino a un entusiasta español que en este año del Centenario imponderable de Colón acude con patriotismo delirante a todo punto, a todo lugar en dónde izada, como aquí, la invicta y heroica bandera de España, se la proclame y se le reconozca como el mágico e inspirado dosel a cuya sombra descansan tantos héroes que en sus armaduras de bruñido acero parecen reverberar el sol espléndido de nuestra historia, que se enciende y derrama sobre los sacrosantos brazos de la Cruz.

    Y como el sol aun brilla, porque arde en nuestros corazones y se alumbra en vuestras inteligencias, y se agita en nuestros brazos, no vengo a salmodiar aquí una elegía que angustie el alma y abata el esfuerzo, no; no vengo aquí a cantar un poema que sea un consuelo o una lamentación como la del griego entristecido, que con los ojos puestos en los vacíos y robados frontones del Parthenón, o llorando en Constantinopla al pie del conquistado y misterioso bronce de Marathón y de Platea, busco en vano su patria; pregunta sollozando, y sin respuesta, por sus héroes, sus glorias y sus banderas se conforma con releer aquellos fastos sin rutilante belleza, que en tumulto arrebatador la Grecia corrió a escuchar, de primogénita lira, las leyendas que le cantaba Homero al pie del histórico plátano de Smyrna.

    No, no es una elegía, no es un poema: es un himno el que pretendo cantar aquí esta noche, porque sé, porque adivino en vuestros semblantes que venís a oírme repetiros grandezas y glorias pasadas con la fe, el entusiasmo y el arrojo de los que tienen ánimo y voluntad para proseguirlas.
    ¡Oh! hermosísima ocasión la presente; paréntesis consolador en la agitada vida de los que nos ocupamos en la política: aquí no hay hombres de partido, aquí no hay propaganda, ni luchas, ni recelos, ni enemigos; aquí no hay más que españoles; y si algún extranjero nos contempla y nos escucha, también para él lleguen nuestras manos de amigos; y no les ofrezco nuestros brazos, porque los tenemos embargados en estrecharnos íntimamente nosotros, y en torno del venerado y amadísimo estandarte de la Patria.

    ¿Quién como España? ¿Qué fueron de los Imperios de Alejandro de César, de Aníbal, de Mahomet y de Napoleón? Tempestades pasajeras y asoladoras que, cargando sus nubes en los mares de la ambición, del odio y de la muerte, lanzaron sobre la espantada tierra torrentes de sangre y de lágrimas que borraron por un momento las fronteras; pero como estas devastadoras inundaciones pretendían con su vapor nublar el cielo, y no presentaban en sus códigos otra ley que la espada, pronto se despertaron los nacionales caracteres en su contra; surgió de nuevo el rayo de la justicia, y enterrados los usurpadores entre el fango de su tiranía y su egoísmo, resplandecieron nuevas auroras que dejaron destacarse sobre las fortalezas las peculiares e independientes enseñas de cada nacionalidad.

    España, por el contrario, supo conservar su posesión en América por tres siglos, y en su lugar oportuno apuntaré las causas que la interrumpieron, todas extrañas a sacudir un yugo de tiranía que demostraré no existió jamás como política o administración permanentes. Como el descubrimiento y posesión del Nuevo Mundo fue la más gigante y portentosa idea que en el hombre ha tomado origen, inspiración y vuelo, la fue preciso un molde colosal, un corazón más inmenso que los Andes, más solemne y majestuoso que sus Océanos, más ardiente que sus volcanes y más puro que su cielo: errando Colón por el viejo mundo llegó hasta los Tronos, explicó en las Universidades, mendigó en las antecámaras de los poderosos, y aquel marino que sabía trazar rumbos ignorados, andaba perdido y errante no hallando el del ser privilegiado que le correspondiese hasta que a su natural asilo y refugio, y llamando a la puerta de un pobre convento cayó en manos de un fraile, que llevándole por la mano entre sinuosidades y asperezas, le condujo ante una mujer que, desceñida una corona, oraba al pie de una cruz: aquella no era sólo una reina, no era un sólo ángel, no era sólo una maravilla, aquella era Isabel I, aquella era España, aquel era el corazón inmenso en donde Dios había albergado todo un mundo.
    Éste nació, pues, del amor divino y del amor patriótico: sus primeros sentimientos eran una caridad, su primera palabra una oración; sus primeros pasos un heroísmo, su único objeto la redención y felicidad universales.



    El ángel de Castilla mandó a América a gigantes españoles con cruces para convertir y con espadas para defenderse: así brillaron desde Veracruz a Tacuba y Otumba; y si aparecieron como conquistadores en Méjico, fue preciso que tuviera por pedestal la conquista las hacinas de cadáveres españoles con que cegó sus espantables lagunas el duro Cuauhtemoctzin.

    La conquista no es un derecho, la conquista no puede ser razón del fuerte, ni disculpa del ambicioso: un pueblo no debe ser dominado por la fuerza del extranjero que le arrebate arbitrariamente su independencia y su libertad; pero la conquista no es sólo un derecho, es un deber, cuando se trata y se logra arrancar a un pueblo de la barbarie y se lucha por la humanidad en contra del salvajismo.

    Pensemos en la situación horrorosa a que habían traído los antropófagos aztecas al Imperio vastísimo de Moctezuma II, y véase su la conquista se impuso y si debieron inmensa, constante y pública gratitud a los españoles, los siervos y descendientes de aquel a quien llamaban señor sañudo y respetable.

    El respeto a las nacionalidades no existía, y se hacían la guerra entre ellos, no sólo por extender su territorio y aprovisionar sus tesoros, sino que cada año, debiendo celebrarse las fiestas del dios de la guerra el feroz Huitzilopochtli, les era indispensable proveerse de prisioneros y cautivos en campañas que llamaron guerra florida, para sacrificarlos sobre el techcatl de serpentina en el teocalli de cuatro portadas: en la consagración que Almizotl hizo de este templo en 1487, fueron sacrificadas 72,344 víctimas arrebatadas a sus hogares y a sus familias con el sólo objeto de esta bárbara fiesta, y si por exageradas se tienen tales cifras, no podrá reducirse a menos de 20,000 las que anualmente sacrificaban en Méjico, según afirma su primer Arzobispo el docto y veraz Zumárraga.

    Pero no era sólo que se las inmolase; era lo más de ofender y lo ni menos de sentir la feroz manera de realizar tan espantosas hecatombes.
    Hasta la segunda gradería del templo, a la vista de la exaltada multitud, llevaban los sacerdotes a cuestas los cautivos, y lanzándolos sobre el techcatl, que era una piedra convexa para que la víctima, acostada sobre ella, sacase forzadamente el pecho, de un tajo se lo hendían en toda su anchura, con el dentado cuchillo de obsidiana; y metiendo las adiestradas manos en el bullente seno, arrancaban el corazón, frotando con él y con la sangre la horrible cara del ídolo para arroja de un puntapié el cuerpo que, cayendo de escalón en escalón rodaba hasta dar con la alborozada muchedumbre, donde lo hacían pedazos que con preferencia comían, como el corazón lo mascaban el topiltzin y los chachalmeca o sacerdotes.
    Este espantoso cuadro de bárbara saturnal tenía sus fastos salvajes escritos con blanqueadas calaveras, porque frente al altar alzábase la aterrorizadora estacada de las setenta vigas o tzompantli, en donde en un erizo de varas había tantos cráneos hincados, que Andrés de Tapia asegura haber contado más de 136,000.

    Fatigados los sacerdotes de arrancar corazones, o por dar variedad al espectáculo, unas veces degollaban a sus víctimas, recogiendo los torrentes de sangre en el cuauhxicalli para embadurnar sus altares y dioses, o las exponían al público, atadas a un madero, para que todos les arrojasen flechas: y cuando el cuerpo quedaba informe, por destrozado, o desaparecía entre un espantoso manto de sangre y de saetas, les arrancaban el corazón por deshecho que estuviese para no faltar al homenaje y ceremonia obligados.

    Otras veces buscaban con predilección el mozo y la joven más hermosos del país, y durante todo un año los sostenían con lujo regio para en la fiesta anual sacrificarlos como el tributo más simpático a sus dioses.

    Fuera abusar de vuestra amabilidad extenderme en la horrible descripción de tan salvajes usos y fiestas, presentando los cuadros de desolación en que los cautivos se despedían de sus padres y de sus esposas para antecederles en el suplicio a que arrastrados iban por aquellos sacerdotes de largas y erizadas melenas, todos pintados de negro, con amplias túnicas que también de negras convertía en rojas la sangre; y visto al pie de las torres, de las calaveras y al vacilante fulgor de los calderos en que ardía el fuego sagrado que sólo renovaban cada siglo.

    Si la mujer era esclava, si todas las viudas y la servidumbre habían de sacrificarse cuando el esposo o el señor moría: si con los tributos enormes arrastraban tal miseria los pueblos, que debiendo pagar cada uno lo que produjese, eran muchos los que no lograban poseer otra cosa que esos insectos de la hediondez y la miseria que en múltiples casos encontró Ojeda en el palacio de los tributos que en Méjico guardaba Moctezuma: y de tan desconsolador panorama social, eran contraste injusto las grandezas y los tesoros del Emperador, que sosteniendo muchos palacios, y miles de animales en ellos, dedicaba a su guardia y servicio más de 3,000 hombres.

    La esclavitud existía por edicto y costumbre, y por ley de la voluntad arbitraria del tirano.

    Y para más extrañeza y más irritante desigualdad y bárbaro despotismo, nadie podía mirar al Emperador, ni dirigirle la palabra, sino con las humillaciones más denigrantes, como si los reyes pudieran ni debieran ser otra cosa que padres de su pueblo, ni como si los hombres hubieran de ser esclavos y ni aun vasallos siquiera, cuando su dignidad y la justicia no pueden dejarles rebajarse a esas condiciones, y sólo sí reconocerse en la de súbditos; ni como si las sociedades pudieran vivir sujetas a la voluntad de un rey, variando las leyes a su capricho, cuando este y sobre la decisión real están y han de seguirse las leyes fundamentales.

    Me he detenido en este punto con deliberado propósito, porque es de oportunidad y razón dejar asentados los fundamentos justísimos en que se apoya la conquista de Méjico, de cuya administración y gobierno tengo por deber de ocuparme, en virtud de la invitación bondadosa con que tanto me honran el sabio y dignísimo Presidente de la sección histórica que me ha encomendado éste, como mío pobre trabajo, y la de vosotros que me demostráis, con la atención, que iguala vuestra amabilidad a vuestra ciencia, con ser hoy tan probada la una y siempre tan reconocida la otra.
    Demostrada la bárbara e inhumana constitución del Imperio mejicano con Moctezuma II, no estaría de más citar que sólo apoyado en la razón del más fuerte y del ambicioso, y en el derecho de conquista, se fueron sucediendo en el territorio los hijos de aquella fecundísima raza Náhuatl; y así pasaron y triunfaron y cayeron los Mayas de Votan al empuje asolador de los bárbaros más ilustres que ocuparon el Imperio de Anáhuac, los amarillos y hermosos toltecas de Cuculcan, para extinguirse a su vez, con su quemado rey Topiltzin, a los golpes rudísimos de las hachas de istli con que se despeñaron del Norte, como un volcán de piedra, los desnudos y bebedores de sangre horribles chichimecas conducidos por Xolotl: y cuando, después de tres siglos, les presentaron batalla en la entonces miserable Tenochtitlan las nuevas hordas aztecas que, bajando del inexistente Aztlan, cayeron en derrota, y para siempre, en el personal combate de Maxtla con Moctezuma I, quedó constituido el Imperio de los aztecatl, para ser derrocado a su turno por Hernán Cortés en la campaña homérica de la Nueva España.

    Ni a este punto diera tal extensión, ni insistiría en la destrucción y gradual marcha de los diferentes pueblos sobre el Imperio de Méjico, siempre aniquilando al vencido con única excepción de los españoles, si no hubiese sido calificada como injusta nuestra conquista por escritores ilustres que se olvidaron, al apreciar los heroicos hechos de 1519 a 1522, de los que habían escrito, elogiando las campañas de Quinatzinnahoa contra el chichimeca Tenancacaltzin, llamándolas civilizadoras y justas por oponerse rudamente el estado salvaje de este pueblo a aceptar la relativa civilización del aztecatl.

    No cumple a mi deber tratar de las asombradoras y legendarias conquistas de héroe incomparable que nos detalló Bernal Díaz, y cuyo espléndido retrato, ajustadísimo al hermoso natural, nos ofrece con orla de oro más cincelado que el de Palenque, y con más ricos y mágicos colores que los pintados penachos de Nezahualcoyotil, la pluma inspirada y patriótica del clásico Solís.

    Otro General ilustre que honra por igual nuestro brillante ejército y nuestras doctas Academias, ha arrebatado no ha muchas noches vuestra atención y ha movido vuestros aplausos, vertiendo desde esta docta tribuna arranques de inspiración, sabios estudios, nuevas investigaciones y concienzudos comentarios, con los que el ilustradísimo general Arteche nos hizo entender y admirar la grandiosa figura de Hernán Cortés, el digno compañero en la gloria americana de Colón; dos gigantes en cuyos hombros parece que se sustenta todo un mundo: genios y caracteres que sin duda se guardan y simbolizan en las hermanas columnas que desde entonces ha grabado España en su regio escudo.
    Hechos y batallas olímpicas las de Cortés, que ni tuvieron y ni es posible alcancen igual en ninguna historia.

    Sólo a los españoles les fue dado acometer la incomprensible empresa de conquistar y combatir a un imperio de 16 millones de habitantes con 508 soldados, 60 caballos, un centenar de arcabuces, una docena de cañones y otra incompleta de bajeles.

    Con menos resistencias, España sólo cedió limitados trozos de su suelo a las miriadas de bárbaros invasores que del Báltico trajo Gunderico, Hermanoxico del Rhin, del Cáucaso Atace y Respendial de la Panonia; y fueron necesarios a Taric 25,000 árabes en Guadalete, y para sostenerse, los 18,000 caballos bereberes de Muza; como al emir Abdelmelic los 70,000 sirios de Samail y de Baleg.

    Estas conquistas, realizadas por muchos millares de guerreros, se hacen y se comprenden; pero lo realizado en América por los españoles, sólo se explica por el inspirado esfuerzo de nuestra ibérica raza, asistida por Dios, que acompañando a las espadas de Cortés y de Pizarro, permitió que izasen las cruces de Tlascala y de Cumaná, en prosecución de las petreas de Palenque y de las cerámicas de Perú, y que las misiones de Las Casas, Olmedo, Testesa, Castro y Villalpando, continuasen las misteriosas de Pay Zumé o Santo Tomás.

    Y para demostrar lo extraordinario y único de nuestra española empresa, parece que DIos consintió llegase en aquel momento a su mayor grandeza y poderío el Imperio Mexicano, que extendiéndose y dominando reinos y repúblicas, hasta entonces independientes, se contempló el más grande y poderoso que allí jamás ha existido: y como si concitándose en nuestra oposición y enemiga todas las energías de la naturaleza para endurecer con la prueba y el sufrimiento a sus indígenas, los mares se revolvieron; rodó con furia inusitada el huracán; las nubes se desgajaron; las nieves nivelaron los terrenos; crujió en sus entrañas la tierra; los volcanes incendiaron la atmósfera, las ciudades y los bosques; las epidemias azotaron los cuerpos; la miseria los endurecía y hasta el sol cubrió sus esplendores escondiéndose tras las argentinas espaldas de la luna.

    Así fueron las espantosa erupción del gigante Popocatepetl; así los diluvios que inundaron la ciudad de Méjico en 1449; así las pertinaces nevadas y la miseria y el hambre antropófaga de 1450; así la general sequía y los desgajadores ciclones y el eclipse de sol de 1454; así los rajantes terremotos del 60 y del 68, y así la espantosa epidemia en el Yucatán.

    Siguieron después años de fertilidad, de poderío y de riqueza: y aquellas razas, endurecidas por el sufrimiento y guarecidas en sus fortalezas, en sus adoratorios y en sus montañas; aquellos ejércitos que hasta por muchos millares de soldados pasaban sus revistas, cedieron y pactaron con unos centenares de españoles que, caminando de victoria en victoria por aquella asombrada tierra, la dominaron escribiendo sus hazañas con la sangre de sus héroes; y así, como luminosas estrellas en un cielo diáfano y resplandeciente de gloria, brillan entre laureles los cadáveres de los capitanes Escalante en Vera Cruz; Juan Domínguez en Chalco; Yuste en Zulepeque; Pedro Barba en Tenochtitlan; Francisco de Guzmán en Las Lagunas; Velázquez de León en la vuelta de Tlascala, y del hercúleo Juan de Argüello en Nueva Almería.

    Conquistado Méjico en 13 de Agosto de 1521, sale Cortés para las Hibueras en 1524, dejando en su gobierno y representación a Zuazo, Estrada y Albornoz; y entre discordias y tropelías mutuas y de sus parciales, debilitan sus fuerzas, y las hubiesen comprometido sin la intervención patriótica y salvadora de los frailes que los unieron.

    Supo Cortés desde Honduras, en 1526, las demasías de Chirino y de Salazar, y las calumnias que en contra del conquistador habían llevado hasta Carlos V algunos miserables, logrando se enviase como juez de residencia a Ponce de León, que muerto apenas llegado, tuvo por sustituto a Marcos de Aguilar, quien inspirado y movido por Estrada, en contra de Cortés, le desterró a España, apenas vuelto de su gloriosa expedición.
    En 1527 se nombra la primera Audiencia para el gobierno de Nueva España y para residenciar a Cortés. Los cuatro oidores y su Presidente Nuño Beltrán de Guzmán llegaron a Méjico en 1528.

    Ocurrida inmediatamente la muerte de dos de ellos, Parada y Maldonado, como si la justiciera mano de la Providencia quisiera por repetida vez salvar de la persecución arbitraria y residencia ingrata al conquistador, asumieron los restantes el poder, que lo ejercitan en persecución del gran Hernando: reanúdanse las querellas y las demasías, y vuelven los religiosos con el evangélico primer Obispo de Méjico desde 1527, don Juan de Zumárraga, a trabajar y sufrir por la paz entre los españoles.

    Oídas en la Corte las justas quejas y demandas del Obispo en contra de la Audiencia, se dedicó el nombramiento de un Virrey, recayendo en D. Antonio de Mendoza, Conde de Tendilla y mientras le era dable marchar se hizo el de nueva Audiencia, presidida por el docto Obispo de Santo Domingo.

    Entretanto el Emperador distinguía y premiaba soberanamente a Hernán Cortés con merecidísimas riquezas y honores, y se dispuso a volver al Imperio que había conquistado con título de Marqués del Valle de Oaxaca y cargo de Capitán general.

    Arriba el conquistador, y los antiguos oidores le persiguen exaltando su odio hasta desterrarle de Méjico; pero en cuanto llegó la nueva Audiencia cesaron los rencores y abusos del primer y desdichado interregno, y lucieron cuatro años de paz y ventura para los españoles, y de administración benéfica y protectora para los indios: hízose la expedición importante de Guzmán a lo que se llamó Nueva Galicia; se fundaron varias ciudades, siendo la primera Puebla de los Ángeles, en 1530, en igual fecha la del Espíritu Santo, después Guadalajara, trasladándola en 1533 al Valle de Tlacotán y Compostela, en Nueva Galicia.

    Se dio gran desarrollo al cultivo y a la ganadería, y cansado de fructuosos trabajos, y cubierto de gloria, bendiciones y méritos al amado Obispo Fuenleal, pidió y obtuvo del Emperador, en 1534, licencia y ocasión para su descanso, dejando el sillón presidencial de la Audiencia, siendo nombrado el 17 de Abril de 1535 por primer Virrey de Méjico el dicho D. Antonio de Mendoza, Conde de Tendilla.

    Y rogando me dispenséis las disgresiones y antecedentes que he amontonado en esta primera parte de mi disertación, juzgándolas indispensables para dar leve idea del país, la raza, la conquista y la situación, llego al punto culminante de mi encargo.




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    Re: Mexico no es bicentenario

    El Virreinato de Méjico (parte 2 de 3)


    Continuación de la Conferencia de Don Enrique de Aguilera y Gamboa (XVII Marqués de Cerralbo)

    Hermoso y consolador momento es aquel, en que fatigados los ojos de recorrer sobre muchas y sangrientas páginas de la Historia; cuando el espíritu parece abatido y el ánimo contristado y el horizonte se cierra entre brumas de sangre, de incendios y de lágrimas; cuando de la tierra borran sus contornos la ciudades entre las nubes de polvo que levantan los jadeantes corceles de los usurpadores; y cuando ni en los aires se producen, ni los ecos repiten, otro ruido que ayes de desolación y crujir de látigos y cadenas, el angustiado corazón descanse, la voluntad se liberte, la esperanza se avive y el pensamiento se engrandezca viendo surgir un oasis de paz y bienandanza en aquellos fastos que son sublimes en la Historia por cristianos, patrióticos y civilizadores.

    Admirable espectáculo; lección magistral, asilo venturoso en que se extasía y descansa el noble peregrino del estudio: momento consolador que nos representa a aquél en que el desterrado de la patria vuelve a repasar la frontera, y en el horizonte alcanzan sus ojos lo que ni un instante dejó de contemplar su corazón, la bendita torre de su parroquia.

    Así, aunque ligeramente, pero con horror, hemos caminado a través del Anahuac, recorriendo el bárbaro panorama de los torrentes humanos del Aztlan; y si con asombro y admiración hemos seguido al gran Cortés en su campaña por la Cruz y la patria, llegamos por fin al oasis reparador en que el corazón se tranquiliza, y todo descansa menos la gloria; y así vemos surgir el monumento más grandioso del poder, la más brillante aureola del trono, la más sublima producción de la idea humana, el código incomparable de las benditas leyes de Indias; y como gigante y adecuado pedestal para este coloso, el noble, heroico, sabio, protector, español y cristiano Virreinato de Méjico; y vémosle, en su trono y a su alcance, construir en el antiguo campo de batalla la universidad; los fuertes en las fronteras; en las mazmorras de los esclavos, en los caritativos montepíos; en las costas las armadas; en las tierras vírgenes, las colonias; en el palacio, la imprenta; sobre el adoratorio, la catedral; y con el sudor del honrado y general trabajo hasta lavarse de nuestras manos las manchas de sangre.

    Y como surgiendo de este Parthenón de Virreyes, destacan sus grandiosas figuras y alzan al cielo los gigantes brazos para mostrar a ambos mundos el incomparable código, sus admirables ejecutores y representantes, Mendoza el de Tendilla, Velasco el del Condestable, Rivera el Arzobispo, Acuña el de Casafuerte, Bucarelli el Bailio, y Güemes Pacheco, el de Revillagigedo.


    Don Antonio de Mendoza, Primer Virrey.

    Duéleme que por ingratitud o abandono no se alce en Méjico entre bronces y mármoles este soñado monumento de mi patriótica fantasía; él fuese la honra y la gloria de ambas naciones; él quien recordase a América que España fue su madre; el un lazo, el más íntimo y fraternal, entre mejicanos y españoles: recordad a los indios quiénes fueron esos seis grandes virreyes, popularizad las leyes de Indias, alzad luego un monumento a la madre España, y de seguro que no hay a los pies de aquellos mármoles ni una cabeza cubierta, ni una rodilla que no se doble, ni una mano que no se tienda, ni un mejicano que no caiga en los brazos que le ofrecemos, llamándolos, aunque cada uno por su nombre nacional, todos hermanos.

    Jamás se ha visto en otra historia que en esta de Méjico, en el período de que nos ocupamos, unos reyes, unos legisladores y unos gobernantes con más decidido propósito y desvelada atención, regir por varios siglos los acontecimientos, estudiar las naturales mudanzas de las épocas, velar por sus súbditos y conformar con todas las necesidades en defensa de todos los intereses y en gloria y grandeza de la patria, sus actos, sus leyes y su poder.

    Si el soberano católico ha de existir para que sus súbditos y su tierra, sobre la que es representante de Dios, purifiquen y salven sus almas, defiendan y engrandezcan su territorio, se desarrolle el trabajo, el comercio, la industria; y toda la laboriosidad y la inteligencia tiendan al legítimo progreso; si ha de afirmarse entre los hombres la paz, contenerse las demasías de los poderosos y defender y amparar y acudir a los pobres; si a los pueblos ha de conducírseles a la grandeza material desde la moral grandeza, los Reyes de España, y en su representación los Virreyes de Méjico, realizaron estas aspiraciones y estos beneficios.

    Voy, pues, a demostrarlo: tarea fácil y simpática en la que no huelga ningún elogio; porque mayores merece el Virreinato de Méjico de los posibles a mi pobre inteligencia:

    Pero ni cumple a mi intención, ni es de oportunidad en este discurso, ante concurrencia tan docta, reseñar los acontecimientos por su orden, ni hacer la enumeración de los virreyes por su cronología: me limitaré a las necesidades graduales necesidades de un pueblo; y a presentar junto a cada una el virrey que la satisfizo: grandiosa parada de honor en la que van a desfilar héroes y legisladores que, si hijos fueron de España, ejemplo y gloria son del todo el mundo porque el beneficio y perfeccionamiento de la humanidad no reconocen fronteras.

    La primera necesidad y aspiración en un pueblo, como en el individuo, es el conocimiento de la verdad absoluta, que es la patria del alma.

    El descubrimiento de América y la conquista de Méjico se hizo para la Cruz, y desde el primer virrey al último, dieron necesaria y decisiva protección a la Iglesia católica, que engrandeciendo la dignidad humana, estableció la verdadera libertad, y unificando la especie por el amor y la caridad, borró los valladares que apartaban al pobre del rico, y al indio del español.

    El acertado y sublime espíritu y gobierno colonizador de la Iglesia y las órdenes religiosas, tema especial ha sido de otras conferencias anteriores que aquí, con alta inspiración y luminosos estudios, llevaron a las más completa comprobación el convencimiento de que España les ha debido muchas veces la integridad de su territorio, y siempre su ilustración y su gratitud.

    Evítome, pues, aunque con sentimiento, la enumeración de los obispos y los misioneros que con sus gloriosos actos demuestran mis afirmaciones, pero aun así los encontraremos de continuo al lado de toda grande obra, para iniciarla o protegerla.

    El desconcierto de una gran conquista y la novedad en el país de todos sus fundamentos, obligaron a la Iglesia a estudiar y prever sus necesidades; y los virreyes, apresurándose a proteger sus cuatro concilios, hallamos a D. Luis de Velasco, en 1553, escoltando al presidente, arzobispo Montufar; y cuando, en 1564, muere aquel gran Virrey, durante el Concilio segundo, demuestran los obispos cuántos eran sus méritos y cuánto bueno se le debía, conduciéndole en sus hombros hasta la iglesia de Santo Domingo.

    En el corto virreinato del gran arzobispo Moya de Contreras, de 1585, se reúne el tercer Concilio mejicano, y logran sus decisiones la solemne aprobación de Sixto V: y sólo en 1771 congrega el cuarto el arzobispo Lorenzana, durante el gobierno del honradísimo Marqués de Croix.


    Don Luis de Velasco, Segundo Virrey de la Nueva España

    Gran Desarrollo alcanzan la Iglesia y las órdenes religiosas hasta ese grave suceso, pues había en Nueva España 179 conventos de frailes, 85 de monjas y 1073 parroquias; pero sus virtudes eran tantas y tales, que conquistando el corazón del pueblo, le hallamos siempre protegiéndoles; así, cuando, en 1624, el virrey Marqués de Gelves, se indispone con el Arzobispo y llega en su enemiga hasta perseguirle, y que, para salvarse, tenga el Prelado que acogerse a su templo, y presentar la hostia consagrada, a fin de detener la espada del capitán Armenteros, la población se subleva, y asaltando el palacio, en donde heroicamente se defiende el Virrey, no logra salvar la vida sino con otra nueva prueba del profundo amor y respeto del país a la religión; porque, acogiéndose a la iglesia de un convento, diéronle por inmune, y en la puerta de la basílica cedieron todos los odios y cesaron todas las persecuciones.

    Si no a tan grave extremo, se repiten también en 1664 parecidos ataques populares contra el virrey Conde de Baños, por su indisposición con el Obispo de Puebla, Osorio de Escobar. Y al realizarse aquel despojo y tropelía que en 1767 expulsó de todos los dominios españoles a los gloriosos hijos de San Ignacio, se produjeron gravísimas alteraciones por el pueblo, alzado en su favor, en cuanto se supo lo misteriosamente que el Marqués de Croix los había embarcado en Veracruz para Génova.

    Todas estos sucesos, escogidos entre muchos, acreditan la popularidad amorosísima que logró la Iglesia en Méjico; pero si es del caso demostrar con algunos otros actos la patriótica acción de la misma Iglesia, no deberíamos pasar en silencio aquella gravísima escisión de 1589, entre el virrey Marqués de Villamanrique y la Audiencia de Guadalaxara, que dividiendo a los españoles, los lanzaban a la guerra civil; y cuando los dos ejércitos en Analco se disponían a la batalla, y tal vez a la ruina de nuestro predominio en Méjico, el gran obispo Arzola se lanzó en medio de los enemigos, y mostrándoles el Santísimo Sacramento, él solo los apaciguó, de tal manera, que cesaron todas las divisiones, con gran beneficio de España; y no fue menor el que hizo el tan ilustre Obispo de Guadalaxara, don Alonso de la Mota, en 1603, cuando insurreccionados los indios de Topia, durante el virreinato del Conde de Monterrey, marcháronse en son de guerra a los bosques, y no hallando forma de reducirles a la obediencia, bastó que el Obispo de Oaxaca, D. Alonso Cuevas, dominando, con su evangélica palabra, la sublevación alarmante de los indios de Tehuantepec, en los comienzos del revuelto virreinato del Marqués de Leyva.

    Y si este decisivo ascendiente del clero lo conquistaron sus méritos y virtudes, vieron los indios rivalizar en caridades extraordinarias, y desvelados en su asistencia, al Arzobispo, a los franciscanos, agustinos, dominicos, jesuitas y a todo el clero, en la espantable ocasión de 1577, cuando por primera vez se hizo sentir la sin igual epidemia del matldzalmatl, que causó más de dos millones de víctimas, y si murieron entre espantosas angustias, hallaban siempre en su auxilio y cuidado del clero, y de manera admirable y ejemplarísima al nobilísimo virrey D. Martín Enríquez de Almansa.

    Vuelve el terrible azote de la misma epidemia a causar 50,000 víctimas en 1763, y consternando el pueblo, cifra su esperanza y salvación en la Santísima Virgen de Guadalupe, y, entre conmovedores fiestas, se la declara patrona de Méjico durante el Virreinato de D. Juan Antonio de Vizcarrón y Eguiarreta, y era tan grande la veneración que se profesaba a la bendita imagen, que ya el admirable virrey Rivera en 1677 construyó la calzada que conduce a la tradicional colegiata, cuya dedicación solemne se hizo en 1709 bajo el gobierno del Duque de Alburquerque; durante el de Almansa, y en 1573, se pone la primera piedra a la suntuosa catedral de Méjico, que inaugurada en 1656 y dedicada en 1668, no se termina hasta 1677, empleando en tan grandiosa fábrica dos millones de duros.

    Angustiosa era la situación pecuniaria en 1709, y para salvarla acudió el clero desde entonces con la décima parte de sus rentas.
    Siento verdaderamente molestarlos con tantas citas y varias enumeraciones; pero si a todo trabajo histórico le son indispensables, no puedo reducirlas más, refiriendo un periodo de tres siglos.

    Establecida la Iglesia y propagadas las misiones, se ocuparon desde el primer instante los virreyes en mejorar la triste condición de los indios; la que produjo el admirable codicilo de Isabel I, como en éste se inspiraron las no menos admirables leyes de Indias.

    Llega el primer Virrey a Méjico en 1535, y antes de otra cosa y como portador del fraternal cariño de España a América, da libertad a los esclavos, y prohíbe, bajo duras penas, la antigua servidumbre de los indios, representada en el duro trabajo de la carga o tamene, y estos actos, y muchísimos otros de justicia y caridad, hicieron tan amadísimo al ejemplar Conde de Tendilla, que le llamaban los indios su padre, el padre de los pobres, que no de otra manera debía empezar el gobierno paternal de una nación cristiana.

    Su ilustre sucesor, en 1551, D. Luis de Velasco, emulando las nobles aspiraciones en la redención india, da libertad a 160,000 que como esclavos trabajaban en las rudas faenas de las minas, y a su vez conquista y merece del país, que le honre con el dictado de Padre de la Patria.
    Llega en 1590 otro virrey del mismo nombre; halla a los indios explotados por la forzada compra de las telas españolas con que vestirse, y dispone abrir fábricas de tejidos de lana, con lo que les exime de vejaciones y monopolios.

    El temor a conspiraciones y revueltas populares había hecho prudente y necesaria la disposición de 1598 del virrey Zúñiga, obligando a que los indios viviesen en las ciudades; pero considerandolo éstos como prejuicio y contrariedad, apresuróse en 1605 el Marqués de Montesclaros a revocar la orden, dejándoles en la más completa libertad de sus campos y de sus voluntades.

    Ocultos atropellos habían conseguido sostener hasta 1635 en la esclavitud a muchos indios; pero la enérgica protección del Marqués de Cadreita les asegura un todo su libertad.

    Y siempre la codicia buscando arteros recursos para explotar al débil, había logrado reducir a su presa con la venta a elevadísimos precios de los comestibles; pero allí donde se inventaba una vejación para los indios, siempre se interpuso la autoridad protectora de un virrey, y en este caso le cupo la suerte y la gloria al Duque de Veragua, de imponer en 1673 una tarifa y una rebaja en todos aquellos necesarios productos; ¡lástima grande que un Virrey de tales alientos y esperanzas le interrumpiese la muerte en su noble carrera a los cinco meses de haber ocupado su elevadísimo cargo!

    Pero si hemos visto cómo los virreyes se desvelaban en proteger a los indios, no es menos hermoso considerar la caridad inmensa con que atendieron a los pobres todos, y de todas maneras.

    Ya no manifestándose huidos en sus bosques los que caían enfermos en los campos, fundó para su asistencia en 1734 varios hospitales el gran Virrey y Arzobispo de Méjico Vizcarrón: apenas pasados cuarenta años ocupa el gobierno el admirable bailío de San Juan, Antonio de Bucareli, y si en 1734 crea un hospicio para los pobres, al que se acogen inmediatamente 250, y en 1777 un hospital para los dementes, funda en 1775 el grandioso y nunca bastante agradecido y elogiado Monte pío, en cuya gloria y mención debe acompañarle el generosísimo Conde de Regla, que regalando 300,000 duros fue y es salvación y amparo de la industria, la agricultura y el comercio, tan favorecidos por sus estatutos como por el módico interés que cobra, aunque en un principio fue tan absoluta la generosidad, que se prestaba a los pobres sin interés ninguno.

    Enumerando grandes virtudes y servicios de los virreyes, necesariamente hemos de citar en repetidos puntos el nombre de este incomparable gobernante, que por sí solo basta para demostrar prácticamente a Méjico y al mundo la sin igual bondad de las leyes de Indias, porque en él hallaron sublime y justa personificación.

    Pero estos elogios nos traen a la memoria los que merecen muchos otros virreyes, y pues que de protección a los pobres nos ocupamos, caso de citar aquel popularísimo Conde de Gálvez, que gobernando sólo diez y seis meses, de 1785 a 86, inscribió su ilustre nombre entre los meritísimos de la patria: fue para él suerte la horrible desgracia de la miseria que acaeció en el país, llamándola “Año del Hambre”, y este horrible suceso puso de manifiesto la grandeza y caridad de aquella alma que, encerrada en un cuerpo hermoso, joven y varonil, se había aquilatado por el valor de la guerra, y se engrandecía en las batallas de infortunio: sencillo, humilde y entusiasta, abolió toda etiqueta; connaturalizando con Méjico, puso a su hija por nombre Guadalupe, e inscribió a su hijo como soldado raso en el regimiento de Zamora; si un enfermo necesitaba de su asistencia, él corría a su lado, y en la plazo pública distribuía por su misma mano, y con la cabeza descubierta, las limosnas en especie a los pobres famélicos; soberanas cualidades y actos regios, que así los calificaba el país y así los entendieron en España; pero si eran majestades del alma, se equivocaron los que, juzgándole ansioso de la majestad del trono, temieron de su popularidad y sospecharon que pretendía de Virrey transformarse en Emperador.

    Establecida la Iglesia como fundamento y guía de la sociedad; constituida la sociedad misma por las leyes de Indias, de que al final nos ocuparemos, bajo el gobierno de los monarcas y por la protección a los naturales y a los pobres, veamos cómo se constituyó la población; y de igual manera que los virreyes fueron en los dos cuadros precedentes determinando su paso por el Imperio con sus virtudes y su justicia, les hallamos ahora inscribiendo su nombre sobre el territorio, dejando por letras, colonias, villas y ciudades.

    Allí aparece Tendilla fundando a Valladolid y reconstituyendo a Guadalaxara; proclamando a Velasco, en Ixtlahuaca la San Rafael, y San Miguel en Guanajuato; se recuerda a D. Martín Enríquez en Ojuelos, San Felipe y Portezuelo; el Conde de Monterrey da su nombre a la bahía de la Alta California; funda en la Nueva Extremadura y el nuevo reino de León, y en 1600 traslada a Veracruz a donde la había proyectado Hernán Cortés; el Marqués de Salinas edifica a San Lorenzo en Orizaba; el de Guadalcázar la ciudad de Lerma y la villa de Córdoba en el estado de Veracruz; el de Cerralbo da su nombre al fuerte de Monterrey; el de Cadreita a la villa que le recuerda; el Conde de Salvatierra a la ciudad del mismo título; el de Alburquerque a la de Nuevo Méjico; el Conde de Monclova llama así a la que funda en Coahuila; el Duque de Linares dedica a San Felipe la que construye en Nuevo León, y el Conde de Fuenclara crea en Sierra Gorda las colonias de Nueva Santander.

    Amenazado el territorio por las guerras extranjeras en 1760, sufriendo la cesión a Inglaterra de la Florida y el Mississipi, llegó el momento de aplicar las herramientas de la construcción civilizadora de ciudades a la defensa de la patria, dirigiendo su esfuerzo y su trabajo a fortificar Veracruz y San Juan de Ulúa, en cuya empresa había muerto el Virrey Duque de la Conquista en 1741; Croix levanta el castillo de Perote, y el Conde de Gálvez la magnífica fortaleza de Chapultepec en 1786.

    Pero en tanto que se agrupa la población a las ciudades, fueron los virreyes mejorando las anteriores y hermoséandolas; que de este modo forma Velasco en 1592 el magnífico paseo La Alameda, que engrandece el Marqués de Croix en 1771.

    Don Juan de Mendoza construye en 1600 el acueducto de Zamboala y la primera iglesia de los franciscanos en la capital; el Marqués de Salinas el dique y desagüe insignes del jesuita P. Sánchez; el de Guadalcázar concluye en 1618 el grandioso acueducto de Santa Fe con sus 900 arcos; Rivera, en 1677, empiedra la capital; Revillagigedo la dota de alumbrado público en 1790; conduce a sus expensas en 1688 el Conde de la Monclova, por famosa cañería, el Chapultepec al salto del agua; construye el Marqués de Casafuerte, en 1726 los suntuosos edificios de la Aduana y Casa de Moneda; Vizcarrón levanta el gran palacio de Tacuba, como Iturrigaray activa en 1803 la conclusión de la Alhóndiga.

    Tan grandioso y exuberante de vida era el genio militar de los virreyes y las colonias, que, no satisfechos con luchar dentro de ellas mismas para asegurarlas, y no bastándoles tan enorme imperio para contenerse, se desbordan los guerreros españoles por el Continente y los Océanos, y mientras Hernán Cortés descubre la California en 1541 y muere heroicamente en el peñón de Toc el brazo de la conquista, D. Pedro de Alvarado, y se lucha en Florida, manda al segundo Virrey que D. Miguel López de Legaspi tome posesión por España del mar del Sur, donde su gigante empresa alcanza por corona el descubrimiento y posesión de las grandiosas islas Filipinas, nuevo y portentoso alarde a que sólo se arrojaran y dieran cima los conquistadores de Nueva España.

    Apenas repuestos de tantos trabajos y tantas fatigas, el Conde de Monterrey envía en 1595 a Juan de Oñate a conquistar Nuevo Méjico, y a Sebastián Vizcaíno con tres buques, a explorar la Alta California; vuelve este a surcar los mares con rumbo a Japón en 1611, y en 1669 envía al Marqués de Mancera nueva expedición a California a las órdenes de D. Francisco Lucenilla, que a poco renueva el Conde Paredes, yendo en la armada los célebres jesuitas PP. Kino y Salvatierra; y aunque el celo de estos y el valor de los soldados tanto hicieron, quedó reservada la gloria definitiva en aquel país para el tercer viaje, ordenado por el Virrey Arzobispo de Michoacán en 1696, con los mismo y santos misioneros.

    Sobre 1714 organiza el Duque de Linares una expedición a Texas, con tan feliz resultado como la dispuesta por el Conde de Fuenclara, en 1744, en la que Escandón sonete a Sierra Gorda; y el Conde Revillagigedo, deseando que ni a estas empresas de glorioso ensanche de la patria le fuese posible no contribuir como últimos resplandores de nuestra grandeza y poderío, que en él siempre se personificaron y terminan, lanza nuestras banderas a California y al estrecho de Fuca.

    Pero no es sólo en estas gigantes y arriesgadas expediciones en las que brillan las armas españolas; que unas veces para afirmar la posesión, y otras en su custodia, fueron muchas las ocasiones que se ofrecieron a los virreyes para demostrar su arrojo y ejercer su patriotismo; y este es el cuadro de la defensa nacional.

    Domina el Marqués de Salinas la insurrección de negros de Yangua en 1609, y el Conde de Alba de Liste la de indios Tarahumara de 1650; el Duque de Alburquerque pelea en 1655 contra los ingleses invasores de la Jamaica y la Florida; y si bajo el gobierno del Conde de Baños se les obliga a evacuar en derrota a San Francisco de Yucatán en 1622, en 1678 Alvarado los desaloja de Campeche; pero estas y otras muchas campañas logran majestuoso epílogo en dos empresas grandiosas y singulares. Los franceses, apoderados de Santo Domingo en 1690, consideraban afirmada su conquista, sin recordar que las naves de Legazpi y las espadas de Otumba aun surcaban los mares, imponiéndoles los templados aceros: el esforzado Virrey Conde de Gálvez sube a la capitanía, y emulándose la destreza con el valor, reconquistan la tierra; y la brillante jornada, La Limonda, cubre de laureles a la inmortal armada de Barlovento.

    Aun resonaban en los ritmados ecos de la costa los gritos de libertad y los cánticos de triunfo, cuando el Virrey Ortega fía al patriotismo de D. Manuel Velasco, en 1720, al mando de la flota que conducía a España 50 millones de pesos: acecháronle con avidez y artería las escuadras de Francia y Holanda pretendiendo mejor apoderarse del tesoro que pelear por el honor y la patria: en tanto los arriesgados españoles, con el hacha en la una mano y el remo o las cuerdas en otra, triunfan de todos los peligros, con tanto mérito de los capitanes como destreza de los pilotos; pasan días y semanas de angustia; por fin se destaca en el horizonte el amado contorno de nuestra España: todo fue consuelo y regocijo en los buques, y con las hinchadas velas, considerándose a salvo, surcan por fin las tranquilas ondas de la rada de Vigo. Aun estaban tendidas las lonas y las jarcias, cuando las escuadras enemigas aparecen en su persecución: entáblase desesperada contienda, y cuando no quedaba otro recurso para salvarse, sino rendirse, pasa sin duda la sombra de Cortés por el corazón de Velasco, y cogiendo una tea en la mano, antes que entregar el tesoro al enemigo, vuelven a alumbrarse los mares con nuevas hogueras de españoles buques, que parecían enviar una inspiración a los héroes de Trafalgar. Quedó allí sumergida nuestra escuadra; quedó allí sepultado nuestro tesoro; pero ni el fuego de los cañones franceses ni la procelosidad de las ondas han podido hacer naufragar aún la grandiosa figura de nuestra gloria en aquel día.


    https://carlistasmejico.wordpress.com/
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  12. #132
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Tal día como hoy, 30 de julio

    EFEMÉRIDES HISTÓRICAS





    El 30 de Julio de 1811 sería fusilado el cura Miguel Hidalgo, promotor de la revuelta en México . Su sucesor, José María Morelos, con la colaboración del estadounidense Peter Ellis Bean, continuaría la guerra separatista hasta que fue tomado preso en noviembre de 1815, siendo apresado con él el cura José María Morales, quién declaró las relaciones existentes entre los insurgentes y los Estados Unidos. Morelos acabará retractándose de sus actos e informando de los lugares donde se asentaban los insurgentes, siendo fusilado el 22 de Diciembre. Agustín Itúrbide, que había combatido a Morelos, acabaría relevándolo.



    _______________________________________

    Fuente:

    Tal día como hoy, 30 de julio | Cesáreo Jarabo







    La ayuda ¿desinteresada? de los estadunidenses a los secesionistas novohispanos.


    Biografía del norteamericano Peter Ellis Bean
    Última edición por Mexispano; 08/08/2016 a las 05:08

  13. #133
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    Re: Mexico no es bicentenario

    domingo, 7 de agosto de 2016

    AUTOPSIA






    "Es un hecho pasmoso que, en una época tan lejana como el año 1579, se hizo en público una autopsia del cadáver de un indio en la Universidad de México, para indagar la naturaleza de una epidemia que entonces causaba estragos en Nueva España. Es dudoso que en aquella época hubieran llegado tan lejos en la misma ciudad de Londres. Y en libros de aquel período, que existen todavía, hallamos proyectos de armas de repetición, y hasta una inequívoca indicación del teléfono. ¡La primera imprenta no llegó a las colonias inglesas de América hasta 1638, cerca de cien años a la zaga de México!"

    Charles Lummis, historiador estadounidense.



    Publicado por Antonio Moreno Ruiz en 13:35



    _______________________________________

    Fuente:

    ANTONIO MORENO RUIZ: AUTOPSIA

  14. #134
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    Re: Mexico no es bicentenario


  15. #135
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Desacralizando a los héroes.







    Nacionales

    #LadyCultura: Corren a subdirectora de Cultura tras burlarse de Miguel Hidalgo


    2016-08-14 - Redacción

    Angélica Rodríguez, subdirectora de Cultura de Ciudad Madero, Tamaulipas, compartió un video grabado en su oficina en el que se burla de dos figuras, una de Miguel Hidalgo y otra de Doña Cecilia, por lo que fue bautizada en redes sociales como #LadyCultura.






    Según medio locales, la servidora pública fue cesada de su puesto debido a que su comportamiento no era acorde al de una empleada del gobierno.



    En la grabación la mujer dice que ambas figuras, que mandaron a su oficina, “esta es la cabrona que neta está bien fea”, comenta sobre la de Doña Cecilia, fundadora de Ciudad Madero.

    Posteriormente, Rodríguez difundió otra grabación en la que pidió disculpas por las burlas que hizo, pero muy a su estilo, "me da risa, pero bueno, si ofendí a alguien contra los héroes de la patria, bueno ya lo siento".

    Información Publímetro.

    Angélica Rodríguez, subdirectora de Cultura de Ciudad Madero, Tamaulipas, compartió un video grabado en su oficina en el que se burla de dos figuras, una de Miguel Hidalgo y otra de Doña Cecilia, por lo que fue bautizada en redes sociales como #LadyCultura.

    Según medio locales, la servidora pública fue cesada de su puesto debido a que su comportamiento no era acorde al de una empleada del gobierno.

    En la grabación la mujer dice que ambas figuras, que mandaron a su oficina, “esta es la cabrona que neta está bien fea”, comenta sobre la de Doña Cecilia, fundadora de Ciudad Madero.

    Posteriormente, Rodríguez difundió otra grabación en la que pidió disculpas por las burlas que hizo, pero muy a su estilo, "me da risa, pero bueno, si ofendí a alguien contra los héroes de la patria, bueno ya lo siento".














    _______________________________________

    Fuente:

    #LadyCultura: Corren a subdirectora de Cultura tras burlarse de Miguel Hidalgo

  16. #136
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    Re: Mexico no es bicentenario








    Texto original, puesto en Hispanismo:


    La crisis de méxico en el siglo xix

  17. #137
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Ahora cuentame uno de vaqueros :v

    -Matamoros








    https://www.facebook.com/Hispanicbal...type=3&theater












    "Se dejó vencer, dice Alamán, por el afán de pompa regia: en Guadalajara se le dió el trato de Alteza Serenísima"

    González Navarro, M. (2012). Alamán e Hidalgo.

    http://www.aleph.org.mx/…/56789/24747/1/03-010-1953-0217.pdf


    pagina 2, parrafo 2


    -Matamoros









    https://www.facebook.com/Hispanicbal...type=3&theater

  18. #138
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Agustín de Iturbide y el Imperio Mexicano (parte 1)


    Subido el 15 jul. 2010


    Agustín de Iturbide verdadero libertador de México, es un personaje que ha sido olvidado o criticado injustamente. El historiador José Omar Tinajero Morales muestra los méritos que tuvo Iturbide a partir de fuentes documentales de primera mano. Más información vista nuestro sitio:






    https://www.youtube.com/watch?v=2Jrs6ZILzBQ

  19. #139
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Agustín de Iturbide y el Imperio Mexicano Parte 2


    Subido el 15 jul. 2010


    Iturbide creo un imperio que representara el Hispanoamericanismo y luchara contra el avance de Estados Unidos.

    Un video que ha gustado por su enfoque realizado por el historiador José Omar Tinajero Morales. Para ampliar la información visita nuestro sitio: http://histormex.jimdo.com/2014/04/27...






    https://www.youtube.com/watch?v=fpsVCgwZY0Y

  20. #140
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Conoce la Bandera Cruz de Borgoña o de San Andrés de las Tres Villas


    El Día de la Bandera que se celebra el próximo 24 de Febrero nos convoca a honrar nuestros símbolos patrios. Infórmate, conoce, participa y comparte nuestra identidad y orgullo.


    La Bandera Cruz de Borgoña o de San Andrés de las Tres Villas fue utilizada en la Guerra de Independencia por el Batallón del Ejército Realista de Tres Villas: Córdova, Orizaba y Jalapa.
    Representa la Cruz de San Andrés que fue un símbolo militar y religioso en la defensa del régimen colonial por parte de las autoridades novohispanas.

    La identidad que nos otorgan los Símbolos Patrios nos compromete a rendirles un homenaje permanente, enmarcado siempre en la solemnidad y el respeto que la propia ley exige.

    Conoce más en Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales







    Bandera Cruz de Borgoña o de San Andrés de las Tres Villas, 1811-1821 Fotografía del Museo Nacional de Historia – Instituto Nacional de Antropología e Historia



    _______________________________________

    Fuente:


    Conoce la Bandera Cruz de Borgoña o de San Andrés de las Tres Villas | Secretaría de Gobernación | Gobierno | gob.mx

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