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Tema: Hay “otro” bicentenario

  1. #141
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Para complementar la información que puse.



    1821 Carta de Simón Bolívar a Agustín de Iturbide.

    BolivarSimon.jpg



    Octubre 10 de 1821


    Al Excmo. señor General Don Agustín de Iturbide.
    Rosario de Cúcuta, á 10 de Octubre de 1821.

    Excmo. señor:
    El Gobierno y pueblo de Colombia han oído con placer inexplicable los triunfos do las armas que V. E. conduce á conquistar la independencia del pueblo mejicano. V. E. por una reacción portentosa ha encendido la llama sagrada de la libertad que yacía bajo las cenizas del antiguo incendio que devoró ese opulento imperio. El pueblo mejicano siempre de acuerdo con los primeros movimientos de la naturaleza, con la razón, con la política, ha querido ser propio, no ha querido ser ajeno. Los destinos estaban señalados á su fortuna y á su gloria, y V. E. los ha cumplido. Si sus sacrificios fueron grandes, más grande es ahora la recompensa que recibe en dicha y honor.

    Sírvase Y. E. acoger con la franqueza cordial con que yo la dirijo, esta misión que sólo lleva por objeto expresar el gozo de Colombia á V. E. y á sus hermanos de Méjico.

    El señor Santamaría, miembro del Congreso General y Plenipotenciario cerca del Gobierno de Méjico tendrá la honra de presentar á V. E., junto con esta carta, la expresión sincera de mi admiración y de cuantos sentimientos puede inspirar el heroísmo de un hombre grande.

    Yo me lisonjeo que V. E. animado de sus elevados principios y llenando el voto de su corazon generoso, hará de modo que Colombia y Méjico se presenten al mundo asidas de mano y aun más por el corazón.

    En la desgracia la suerte nos unió; el valor nos ha unido en los designios, y la naturaleza nos dio un mismo ser para que fuésemos hermanos.

    Sírvase V. E. aceptar los testimonios más sinceros de los sentimientos con que soy de V. E. con la mayor consideración y respeto, su obediente servidor,

    BOLÍVAR.


    Bolivar-Port.jpg

    O'Leary, Daniel Florencio. Memorias del General O'Leary. Cartas del Libertador. Caracas. Imprenta y litografía del Gobierno Nacional. 1887. pp. 228-229.




    Enlace:

    Memoria Política de México

  2. #142
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Agustín Jerónimo de Iturbide

    De Wikipedia, la enciclopedia libre


    Agustín Jerónimo de Iturbide
    Principe Imperial de México
    Agustin Iturbide.jpg
    Información personal
    Nacimiento 30 de septiembre de 1807
    Valladolid, México
    Fallecimiento 11 de diciembre de 1866
    Nueva York, Estados Unidos
    Predecesor Agustín I de México como Emperador de México
    Familia
    Casa Real Iturbide
    Padre Agustín I de México
    Madre Ana María Huarte


    Agustín Jerónimo de Iturbide y Huarte
    (Valladolid (hoy Morelia), México, 30 de septiembre de 1807; Nueva York, EE. UU., 11 de diciembre de 1866) fue príncipe heredero del efímero primer Imperio mexicano. Príncipe imperial de 1822 a 1823, presunto heredero de 1823 a 1824 y pretendiente al trono de 1823 a 1864, año en que renunció y cedió sus derechos a Maximiliano I, quien tomó bajo su tutela a dos de sus sobrinos.


    Índice


    [ocultar]





    Datos personales

    Fue primogénito del general Agustín de Iturbide, quien luego se coronaría emperador de México, y su esposa Ana María Huarte, fue bautizado en el Sagrario Metropolitano de la Ciudad de México, el 30 de septiembre de 1807. Tuvo siete hermanos: Ángel, Salvador, Felipe, Juana, Jesús, Josefa y Sabina.[1]


    Príncipe heredero de México


    Cuando en julio de 1822 el Soberano Congreso Constituyente mexicano proclamó a su padre como Emperador Constitucional de México con el título de Agustín I, este lo designó heredero de la corona y le otorgó los títulos de de Príncipe Imperial y Caballero de la Orden de Guadalupe. Al momento de la renuncia de su padre, muchos monarquistas fieles[cita requerida] al Imperio, le declararon Emperador con el nombre de Agustín II.


    Exilio


    A la caída del Imperio, en marzo de 1823, se trasladó con sus padres a Europa, donde permaneció aún cuando aquellos regresaron a México. Antes de partir su padre le dejó en el Ampleforth College, en Yorkshire, Inglaterra; y se despidió con una carta en la que le recomendaba ser "un buen hijo, un buen hermano, un buen patriota para desempeñar dignamente los cargos que la Providencia divina te destina".[2]

    A los veinte años, Agustín pasó a Colombia donde permaneció hasta 1830 a las órdenes del libertador Simón Bolívar,[1] de quien fue nombrado ayudante, y que lo estimaba mucho.[2]

    Pero Bolívar, que sólo deseaba amparar a un joven valiente en desgracia, ante una reclamación del ministro de Relaciones Exteriores mexicano, mandó decir que "calmase el ánimo, pues este asunto no le competía por mil razones".[2] Iturbide acompañó a Bolívar hasta los últimos momentos de su vida. En el informe oficial sobre la muerte del héroe (Boletín de la Academia Nacional de la Historia, no 104. Caracas) se explica que "jugó a la manilla, apoyado en su edecán Iturbide... que a poco le ayudó a subir la escalera antes de acostarse".[2]

    Bolívar falleció el 17 de diciembre de 1830 y Agustín Jerónimo regresó a su patria integrándose al Servicio Exterior mexicano.[3] El Congreso mexicano había levantado la proscripción de la antigua familia imperial y en marzo de 1831 el expríncipe heredero fue nombrado secretario de la legación de México en Estados Unidos, con un sueldo de 3500 pesos anuales; desempeñó el cargo hasta el 29 de marzo de 1833. Al día siguiente fue trasladado a Londres con el mismo sueldo y en 1835 pasó a desempeñar las funciones de encargado de negocios, hasta 1838.[2]

    En diciembre de 1855 los conservadores, en respuesta a la expedición de las primeras Leyes de Reforma, promulgaron el Plan Definitivamente Regenerador[4] que en su artículo 4.° proponía coronar como emperador a Agustín Jerónimo de Ituribe, en caso contrario sería nombrado en su lugar Antonio de Haro y Tamariz. El artículo 14.° del plan indicaba, además, que si el emperador era soltero debería contraer matrimonio con una “mexicana directamente procedente de la raza originaria indígena”.[5] No existen noticias de que Agustín Jerónimo de Iturbide haya aceptado la propuesta, el plan no tuvo repercusión política alguna.


    Últimos años y fallecimiento


    Agustín Jerónimo pasó los últimos años de su vida en los Estados Unidos de América trabajando como diplomático. A la llegada al trono de Maximiliano I, firmó un pacto con él, por el cual le reconocía como emperador de México y se obligaba a exiliarse a cambio de una pensión.[6] Murió en Nueva York el 11 de diciembre de 1866 en el Hotel Clarendon,[1] a causa de complicaciones de la enfermedad de Bright.

    Fue sepultado en la ciudad de Filadelfia, en la capilla de San Juan, donde está enterrada la mayoría de la denominada Familia Imperial. Al morir sin descendencia legítima, le sucedió en la jefatura de la familia su sobrino Agustín de Iturbide y Green, hijo de su hermano Ángel de Iturbide.


    Notas y referencias







    Bibliografía







    Enlace:

    Agustín Jerónimo de Iturbide - Wikipedia, la enciclopedia libre

  3. #143
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Corsarios en Baja California


    Por Leonardo Reyes Silva


    Primera parte


    En los siglos XVI hasta principios del siglo XIX el dominio de los mares fue una obsesión para los países europeos, sobre todo de Inglaterra y España. Con el descubrimiento del continente americano y sus riquezas, estas dos naciones buscaron beneficiarse y lograr, por cualquier medio, la hegemonía en el control marítimo de esa amplia zona del mundo.

    En esa época España, con sus colonias en América, disfrutaba de un nivel económico extraordinario gracias a los productos mineros, agrícolas y de diversa índole que les eran enviados de los virreinatos de la Nueva España, del Perú y del Caribe. Además del intercambio comercial con el oriente, en especial con Filipinas.

    Tratando de disminuir el poder de España, la reina Isabel de Inglaterra autorizó a personajes importantes para actuar como corsarios tanto en el océano Atlántico como en el Pacífico. Fue así como John Hawkins, Henry Morgan, Francis Drake, Thomas Cavendish y Jack Rakhman, en fragatas, bergantines y corbetas armadas con cañones de diversos calibres, se apoderaron y destruyeron un gran número de barcos mercantes, apoderándose en muchos casos de cuantioso botines que fueron a dar a la corona inglesa.

    Uno de estos corsarios, Drake, recorrió los litorales de la península en 1579 y llegó a la altura de lo que hoy es la ciudad de San Francisco en los Estados Unidos. En ese lugar desembarcó y le puso por nombre Nueva Albión en honor a su soberana, la reina Isabel. Drake está considerado como uno de los corsarios más terribles que asolaron los mares y las ciudades de Nueva España.

    Otro más fue Thomas Cavendish quien en 1587 capturó el galeón “Santa Ana” que hacía la ruta Manila-Acapulco. Lo esperó cerca de Cabo San Lucas y después de saquearlo lo incendió, no sin antes dejar a los tripulantes y pasajeros en tierra. Por cierto en él venía Sebastián Vizcaíno, quien años después le daría el nombre a nuestra ciudad.

    Otro corsario que no cantaba mal las rancheras fue Hipólito Bouchard, un marino argentino que en el año de 1818 se apoderó de los presidios de Monterey y Santa Bárbara, en la Alta California. Pero de este aventurero hablaremos más en otra ocasión.

    El siglo XIX se distinguió por que en ese periodo se llevaron a cabo los movimientos de independencia en todas las colonias españolas, comenzando con México, en 1810. Todavía en los años veinte del siglo, Perú, Chile, Colombia, Argentina, liderados por patriotas como Bolívar, San Martín, Sucre y O¨Higgins, defendían su derecho a ser independientes, libres de la tutela de España.

    Y en esos movimientos revolucionarios la Armada de Chile fue una fuerza que contrarrestó los intentos dominadores de la marina española. Pero también los corsarios prestaron un gran servicio a la causa de la independencia. Corsarios fueron los buques La Fortuna, El Chileno, Santiago Bueras y El Catalina.

    La primera escuadra naval que se formó en Chile tuvo como almirante a un marino inglés de gran reputación que fue en su tiempo miembro del Parlamento, de nombre Thomas Cochrane y con el título de Lord. Se dice que cuando lo contrataron para hacerse cargo de la escuadra chilena se hallaba sin empleo y acusado de fraude en la Bolsa de Valores de Londres.

    En el año de 1819 inició su campaña contra los barcos realistas, bloqueando los puertos donde se encontraban. La historia de Chile refiere que la toma del puerto de Valdivia, “fue sin duda alguna la acción más extraordinaria de todas las guerras de la independencia”. Un año después, la escuadra se apoderó de la ciudad de Lima, en el Perú.

    En la contienda apresó varias embarcaciones españolas, pero dos de ellas, las fragatas “Prueba” y “Venganza” lograron escapar del acoso de los bergantines chilenos. Cochrane fue informado que se dirigían al norte, por el rumbo de las costas mexicanas. Fue en su persecución y llegó hasta el puerto de Acapulco sin lograr dar con ellas. A principios de 1822 dispuso que las naves “Independencia” y “Araucano” se dirigieran al puerto de San Blas y el golfo de California en busca de los buques españoles, mientras él lo haría al sur hasta llegar a las costas de Chile.

    Acatando las instrucciones recibidas, el comodoro Wilkinson —a cargo del “Independencia”— ordenó al comandante Simpson del “Araucano” se dirigiera a Loreto en busca de provisiones, mientras que él llegaba al puerto de San José del Cabo. Fue así como estas dos naves que formaban parte de la escuadra chilena llegaron a la península de la Baja California.

    Su estancia en San José y en Loreto será motivo de un relato próximo. Lo que sí no da lugar a dudas es que esas dos fragatas no eran corsarias ni mucho menos piratas, y que Lord Cochrane es considerado como un personaje en la república de Chile, en donde incluso existen monumentos en su honor.



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    Lord Thomas Cochrane, almirante de la escuadra chilena en las guerras de independencia



    Enlace:

    Relatos de la historia sudcaliforniana: Corsarios en Baja California






    Segunda parte


    Por Leonardo Reyes Silva


    Cuando Lord Cochrane decidió enviar a las corbetas “Independencia” y “Araucano” al golfo de California en busca de naves españolas, no se imaginó los sucesos que dieron lugar cuando arribaron a las costas de la península, a principios del año 1822.

    Mientras el “Araucano” se dirigía al pueblo de Loreto en busca de provisiones, sobre todo de carne de res para hacer “charquí”, el “Independencia” atracó en San José del Cabo gobernado por autoridades españolas y donde se encontraba la misión jesuita fundada en 1730.

    Wilkinson se apoderó del pueblo y tomó prisioneros a don Antonio Quartara y su ayudante, aunque después, dadas las aclaraciones los dejó en libertad. Hizo bien, porque Quartara se convirtió en un colaborador de los chilenos. Les proporcionó ganado y víveres y logró que varios objetos de valor que habían sido hurtados por los marinos fueran devueltos a sus dueños.

    Y todo hubiera permanecido en paz, si no es que Wilkinson recibió noticias de un barco español que se encontraba en Todos Santos y con el fin de apoderarse de él envió a un grupo de marineros en su busca. Lo encontraron, lo inutilizaron para que se hundiera y en vez de regresar optaron por buscar alimentos en el pueblo. Pero los habitantes del lugar, enterados de lo que habían hecho, los enfrentaron y mataron a varios de ellos.

    Mientras tanto había llegado a San José el padre superior de las misiones de California, Miguel Gallego, quien de inmediato se dio cuenta de la situación. Y para evitar represalias por lo sucedido en Todos Santos, decidió cortar por lo sano y declarar la independencia de California del gobierno español. Al menos es lo que dice el historiador Carlos López Urrutia en su libro “Los insurgentes del sur”

    Aunque otros investigadores afirman que fue el comandante de armas de la jurisdicción del sur, el alférez Fernando de la Toba quien, a principios de marzo, realizó el juramento de la independencia alarmado por la presencia de las corbetas de Lord Cochrane.

    Siguiendo el relato de López Urrutia, cuando terminó la ceremonia del acto de independencia, el pueblo josefino invitó al comandante Wikilson y sus oficiales a un banquete donde se les agasajó “con tal variedad de platos como jamás se había visto en fiesta alguna. La cocina indígena nunca se alzó a un grado superior y los guisos, especialmente los de tortuga, jamón y venado, resultaron excelentes”

    Cuando terminó el agasajo —relata López Urrutia— el comandante ordenó a uno de los oficiales cuidara de llevar los barriles de agua al barco, ayudado por varios marineros. Pero el movimiento causó el sobresalto del padre superior, quien al no entender las órdenes dadas en inglés, creyó era una emboscada; como pudo subió a su mula y emprendió veloz carrera rumbo a su misión.

    Vowel, un oficial de la corbeta, refiere que algunos marineros lo siguieron también a galope tendido y esto “sirvió para aumentar hasta lo último el terror del pobre fraile con sus hábitos que volaban al viento, perseguido por los herejes ingleses…”. Poco después, aclarada la confusión, por intermedio de Quartara, el padre se convenció de su equivocación. Y así volvió la armonía entre ellos.

    Por su lado, “El Araucano” había llegado a Loreto donde encontró poca resistencia, pues el gobernador José Darío Argüello advertido del peligro había huido al pueblo de Comondú, llevándose los objetos de valor de la iglesia. Al frente de la defensa quedó el alférez José María Mata.

    A la tripulación de la corbeta le fue mal. Mientras parte de ellos se ocupaban en preparar la carne de res y convertirla en “charquí”, los que se habían quedado a bordo se amotinaron y convertidos en piratas se dirigieron al sur en busca de presas. La corbeta “Independencia” llegó días después a Loreto y después de tener conocimiento de lo sucedido, subió a bordo a los marineros para enfilar rumbo al puerto de Guaymas donde compró cereales y varias clases de comestibles.

    Bien aprovisionado, Wilkinson enfiló también al sur buscando en su recorrido a los barcos españoles que se habían hecho “ojo de hormiga”. Por más que los buscó no pudo dar con ellos. En esas condiciones, después de pasar por Guayaquil, la corbeta llegó a Valparaíso en el mes de junio de 1822.

    Así terminó, dice López Urrutia, la primera y única expedición chilena a las costas de la península californiana. Las relaciones con los habitantes no fueron cordiales, pero esto se debió a que los consideraron piratas, cuando en realidad formaban parte de la Escuadra Chilena al mando de Thomas Cochrane, que luchó en forma sobresaliente por la independencia de los países de América.



    Ignaz+Tirsch+LIMPIO+44.gif

    Misión de San José del Cabo, en 1767. (Pintura por el misionero jesuita Ignacio Tirsch)





    Enlace:

    Relatos de la historia sudcaliforniana: Corsarios en Baja California II
    Erasmus dio el Víctor.

  4. #144
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    Re: Hay “otro” bicentenario


    Hipólito Bouchard: cuando California fue argentina


    Escrito por Fer on 26 may, 2010 en la categoría Cosas Locas! | Subscribe

    Escrito Por




    Hipólito Bouchard: El corsario Argentino que ocupó California

    WASHINGTON.- “A las 8 horas desembarcamos, a las 10 era en mi poder la batería y la bandera de mi patria tremolaba en el asta de la fortaleza”, dice la escueta, pero colorida bitácora de una fragata combativa que recorrió el mundo hace casi 187 años. Y por seis días, California, la costa oeste de lo que ahora son los Estados Unidos, fue de la Argentina.

    Ocurrió entre el 24 y el 29 de noviembre de 1818, cuando el capitán Hipólito Bouchard tomó la pequeña fortaleza de Monterey, entre las entonces jóvenes ciudades de San Francisco y Los Angeles, en lo que aún era territorio de la corona española, en guerra contra las Provincias Unidas del Río de la Plata.

    “Era la capital de la Alta California española, entre monasterios y presidios remotos. Todo el ejército español en la zona tenía unos 400 miembros y Monterey tendría unos 600 habitantes, que se retiraron cuando llegó Bouchard, saqueó lo que quedaba y prendió fuego el resto”, explica a LA NACION el historiador aficionado Peter Uhrowczik.

    Uhrowczik, nacido en Checoslovaquia, criado en la Argentina y residente en los Estados Unidos desde 1963, es autor del libro “La quema de Monterey: el ataque a California de 1818 por el corsario Bouchard”, considerado por varios de sus pares el libro “definitivo” sobre aquellos seis días.

    Uhrowczik recuerda, no obstante, que no resultó “una gesta heroica”. “Esto no fue como San Martín en Perú; lo que ocurrió en Monterey fue algo pequeño. Bouchard y sus hombres desembarcaron, marcharon y capturaron el fuerte sin resistencia porque los españoles usaron su estrategia típica de retirarse hasta que se marcharan los agresores”, destaca.

    Algunos recuentos marcan que el gobernador español Pablo Vicente de Solá sólo había dejado allí 25 soldados para enfrentar a unos 200 marinos.

    “Tan efectiva fue la retirada, que en los seis días que siguieron, Bouchard no habló con nadie porque todos se habían marchado y él también decidió seguir su lucha contra los españoles que comandaba el gobernador Solá en otras áreas aledañas”, explica Uhrowczik.

    Bouchard dejó, de todos modos, una marca en la historia. Además de varios monolitos y placas en distintos puntos de California, en un muelle de la ciudad de Santa Bárbara flamean las banderas de los países que alguna vez ocuparon California: España, Rusia, México, Estados Unidos… y la Argentina.

    “Yo fui el que izó esa bandera argentina”, dice a LA NACION el presidente de la Asociación de Intérpretes de la Corte de California, Carlos Cerecedo. Nacido en El Bolsón y criado en Bariloche, vive en Santa Bárbara, puerto que Bouchard amenazó con volar en pedazos en 1818 si no liberaban a tres de sus hombres.
    


    Huella en la región.

    Un segundo historiador de aquellos días, Gary Breschini, coincide en que Bouchard dejó una huella en la región, pero que aún se debate cuál. “En los Estados Unidos es considerado un corsario, pero en las zonas aledañas a Monterey es visto como un pirata, sin más. Depende de qué lado de la historia se quiera ver”, dice a La Nación.

    De barba larga, sombrero y vestimenta de pirata de película para chicos es como se lo recuerda, por lo pronto, en el Festival de la Misión de San Juan Capistrano, donde a fines de octubre de cada año se recrea su saqueo de los depósitos de la orden y la borrachera de sus marineros con sus vinos y licores.

    Para Uhrowczik, que revisó las bitácoras de Bouchard y de su segundo, Peter Corney, a cargo de la corbeta Santa Rosa, eso no está tan claro.

    Por Hugo Alconada Mon,Corresponsal en los EE.UU.



    “Una persona que respetó reglas”

    “Bouchard era una persona muy dura con sus tropas, casi brutal, pero que respetó ciertas reglas: no tocó las misiones, ni las iglesias, y cumplió con su objetivo de hostigar a los españoles en cualquier parte del mundo”, dice el historiador aficionado Peter Uhrowczik, quien tuvo el apoyo del presidente de la Academia Nacional de la Historia, Miguel Angel De Marco, y del historiador naval Pablo Arguindeguy para profundizar su investigación.

    El presidente de la Asociación de Intérpretes de la Corte de California, Carlos Cerecedo, también concluyó que Bouchard no era un pirata, ni mucho menos un forajido y decidió limpiar su nombre.

    “Traduje todos los documentos sobre Bouchard y las bitácoras de su viaje y me presenté en la Justicia con una moción a mediados de 1997 -recuerda-. Y logré que el presidente de la Corte de Santa Barbara [por el juez Thomas R. Adams] ordenara que a partir de entonces, en el condado de Santa Bárbara a Bouchard sólo se lo puede citar como corsario, no pirata.”

    Francés, veterano de las guerras de Napoleón, Bouchard también peleó junto con San Martín en la batalla de San Lorenzo y con Guillermo Brown contra naves y fortalezas españolas sobre las costas de Chile, Perú y Ecuador.

    Ya ciudadano argentino, el 9 julio de 1817, en el primer aniversario de la independencia, se lanzó como corsario llevando consigo a otros dos marinos que dejarían surco propio: José María Piris y Tomás Espora. Con ellos circunvaló el mundo, con escalas en Madagascar, Filipinas y Hawai.

    Fuente: La Nación



    ¿Quién fue Hipólito Bouchard?





    Bouchard nació el 15 de enero de 1780, en Saint-Tropez, Francia. En 1798 se puso al servicio de la marina francesa contra los ingleses y, tras realizar varias campañas en Egipto y en Haití, en 1809 llegó a Buenos Aires en un barco francés, unos meses antes del comienzo de la Revolución de Mayo.

    Al producirse la Revolución, se inclinó a apoyarla y fue nombrado segundo comandante de la recientemente creada flota nacional argentina, liderada por Juan Bautista Azopardo. El 2 de marzo de 1811, en San Nicolás de los Arroyos, tuvo una destacada actuación defendiendo a la revolución argentina, al enfrentarse, al mando del bergantín 25 de Mayo, a la escuadrilla realista comandada por el capitán de navío Jacinto de Romarate; también sobresalió al enfrentarse a las naves españolas que bloquearon Buenos Aires entre julio y agosto de 1811.

    En marzo de 1812, se alistó en el Regimiento de Granaderos a Caballo bajo el mando de José de San Martín y participó en el Combate de San Lorenzo, donde conquistó una de las banderas del enemigo, razón que llevó a la Asamblea Constituyente a concederle la ciudadanía de las Provincias Unidas del Río de la Plata. En 1813, año en que se casa con Norberta Merlo, San Martín no dudó en recomendárselo al almirante Guillermo Brown.

    Bouchard abandonó el Regimiento de Granaderos a Caballo y retornó a su vida de marino. En septiembre de 1815, el Director Supremo Ignacio Álvarez Thomas le otorgó la patente de corso (la táctica naval llamada corso consistía en equipar a barcos particulares en tiempos de guerra con armamentos apropiados y con permiso de su soberano, capturar y saquear a todos los barcos mercantes enemigo en tiempos de guerra) para ponerse al mando de la corbetaHalcón.

    A fines de 1815, en la Isla de la Mocha, Bouchard se reunió con Guillermo Brown para coordinar acciones conjuntas; acordaron que Brown sería el comandante general de la expedición y, aunque Bouchard aceptó, no estaba de acuerdo con el plan de Brown que consistía en bloquear la fortaleza española El Callao, la plaza más poderosa de España en América.

    La campaña, formada por los tres barcos de la pequeña flota corsaria dirigida por Brown (la fragata “Hércules”, el bergantín “Santísima Trinidad” y la corbeta “Halcón”, al mando de Bouchard) hundieron la fragata “Fuente Hermosa” y capturaron fragatas españolas, entre ellas la “Consecuencia”.

    En un ataque a Guayaquil, Brown fue capturado por las fuerzas españolas. Bouchard y el hermano de Brown, negociaron un canje para recuperarlo a cambio de ceder gran parte del botín obtenido. Bouchard le avisa a Brown que vuelve a Buenos Aires por problemas con su barco; al reatrir “las ganancias”, le toca la “Consecuencia” que luego rebautizó “La Argentina”.

    A mediados de 1816, desembarcó en Buenos Aires y comenzó a prepararse para una nueva expedición corsaria, que comenzó el 9 de julio del año siguiente, cuando zarpó con La Argentina desde la ensenada de Barragán para cumplir un crucero de corso por dos.

    En Madagascar, frustró el embarco de esclavos que estaban a punto de concretar tres buques ingleses y uno francés, ya que la lucha contra la esclavitud era una de las instrucciones del gobierno a Bouchard; camino a Filipinas, logró rechazar el ataque de cinco buques piratas malayos; bloqueó Luzón, hundió dieciséis barcos, abordó otros dieciséis y apresó a cuatrocientos realistas.

    Decidió ir a China, en busca de más naves españolas pero en el viaje “La Argentina” estuvo a punto de zozobrar por las fuertes tormentas que debió afrontar y varios tripulantes murieron; además, los víveres volvieron a escasear. Bouchard revió su plan y se dirigió hacia las Islas Sandwich (hoy Hawaii,) para reaprovisionarse y recuperar a su tripulación. En las memorias de José Piris, integrante de la expedición, dice que Bouchard se entrevistó con el rey Kamehameha y firmó un tratado haciéndole reconocer la Independencia Argentina, proclamada por el Congreso de Tucumán; sin embargo, esto no figura ni en la bitácora de Hipólito Bouchard ni en ninguna otra fuente.

    Lo que sí es cierto es que Kamehameha le proveyó a Bouchard 100 marinos y le devolvió la goleta Chacabuco,capturada por sus hombres. La flota, compuesta ahora por franceses, argentinos y hawaianos, puso proa a California y llegó a su capital, Monterrey, el 22 de julio de 1818 junto a la “Santa Rosa”, que quedó varada y en minutos fue acribillada. Tras duros combates, logró tomar el fuerte y hace flamear la bandera de Belgrano: durante seis días, California fue argentina.

    Luego, arrasaró la misión de San Juan, Santa Bárbara y otros poblados españoles de alta y baja California, bloquearó el puerto de San Blas y atacó Acapulco de México; en Guatemala, destruyó Sonsonate y capturó bergantines españoles; en Nicaragua tomó Realejo, el principal puerto español en los mares de Sur, y se apoderó de cuatro buques españoles; bajó hacia el Perú siguió hostigando las posiciones españolas sobre el Pacífico. Al llegar al puerto de Valparaíso el 12 de julio de 1819, por orden del vicealmirante escocés Lord Cochrane, fue arrestado bajo cargos de piratería y se le confiscó su cargamento; luego de un juicio de varios meses obtuvo la libertad y le devolvieron “La Argentina”.

    Bouchard se integró a la Expedición Libertadora al Perú y cuando San Martín creó la escuadra peruana, le dio el mando de la fragata “ Prueba ”, la más importante de la flota.

    En 1828, se retiró del servicio activo y fundó un gran ingenio azucarero,“La Buena Suerte”; allí murió asesinado por un peón el 4 de noviembre de 1837. Sus restos estuvieron perdidos por más de 120 años, hasta que en junio de 1962 fueron encontrados en una cripta olvidada de una parroquia en Nazca, Perú.

    Sin embargo, sus restos recién fueron exhumados y repatriados a Buenos Aires el 6 de julio de 1962 en el crucero “La Argentina”, ya que estuvieron perdidos durante mas de 120 años hasta que se los encontraron en una cripta de una parroquia de Nazca, Perú.


    Erasmus y Esteban dieron el Víctor.

  5. #145
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Muy buenos aportes. Bouchard y Azopardo son los referentes de la Prefectura Naval Argentina; son como San Martín para el Ejército, Brown para la Armada y Newbery para la Fuerza Aérea.
    Esteban dio el Víctor.



    Imperium Hispaniae

    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Cita Iniciado por Ordóñez Ver mensaje


    JOSÉ MARTÍ, ¿ AUTORITARIO Y ANEXIONISTA ?




    Foto de Internet

    ¿Martí, anexionista "a la mexicana”?

    Fuente: TIEMPOS DE REFLEXION (Para artículo completo presione el enlace)


    Por Carlos Manuel Estefanía
    Director de la revista "Cuba Nuestra”
    Estocolmo.

    Cuando conocemos los términos en los que Martí, quién trabajó, conspiró y amó en los Estados Unidos, condenó a aquellos que buscaban, todavía a fines del siglo XIX, convertir a Cuba en una estrella más de la bandera estadounidense, no puede dejar de sorprendernos la idea de que el independentista cubano haya podido abogar por alguna variante de la anexión. Sin embargo, esto es lo es lo que ha sugerido en uno de sus artículos, publicado pocos años antes de morir, Manuel Moreno Fraginals. Se trata del historiador más importante de aquellos con los que contó la "Cuba socialista". Fraginals trabajó durante décadas como investigador y profesor de historia en la Cuba de Fidel Castro, marchándose definitivamente del país antes de su deceso. En el año 2000, estando ya fuera de su patria, publicó una serie de trabajos que indagan en buena medida en los conflictos hispanocubanos del siglo XIX. Entre los trabajos aparece uno, titulado "El anexionismo". Allí aparece el siguiente párrafo:

    "Todavía a fines del Siglo XIX, algunos pensaron, como solución al conflicto cubano, que si no se le podía ganar la guerra a España lo mejor era anexarse a México. Tampoco esta opción prosperó, aunque por los pocos documentos que han quedado se sabe de las conversaciones que a este respecto sostuvo José Martí con el tristemente célebre dictador mexicano Porfirio Díaz hacia fines de aquel siglo.”

    No ha sido Fraginals el primero en abordar el tema de la anexión de Cuba a México, aunque probablemente sí el primero en involucrar a Martí en esta tendencia. Sin ir mas lejos, he encontrado en mi biblioteca personal una vieja referencia al tema, recogida en el libro de Ramiro Guerra, "El camino de la independencia". Se trata en realidad de un estudio centrado en las rivalidades entre Estados Unidos e Inglaterra, derivadas de sus intereses en Cuba. Allí se alude a las pretensiones mexicanas y colombianas sobre la isla caribeña. Se explica que, terminada la guerra contra España en el continente, era natural que la confrontación prosiguiese en el mar. México estaba particularmente interesado en atacar a Cuba, el principal arsenal de España en América y base de operaciones contra ese país. Si la isla era ocupada, tendrían lo mismo México que Colombia una buena presa para negociar el reconocimiento definitivo de la independencia, a cambio de la devolución de la isla. Por eso, los dos países recién independizados planearon el envío de expediciones contra Cuba, a la vez que fomentaban conspiraciones que facilitaran sus planes. Muchos de los revolucionarios cubanos de entonces creyeron ingenuamente en las intenciones libertadoras de los dos nuevos países, pero más tarde descubrieron que los afanes de poner fin a la tiranía española sólo obedecían a los intereses particulares de los estados recién surgidos en tierra firme. Uno de los primeros criollos que reaccionó fue el poeta José María Heredia. El cantor por excelencia de la libertad de Cuba apelaría en una oda a sus compatriotas para que proclamaran la independencia antes de que fuesen liberados por quienes podrían convertirles en "ilotas de América”.

    Heredia, tras su vasta experiencia como político e intelectual cubano emigrado en México, sabía lo que le esperaría a Cuba si caía bajo la égida de su segunda patria. Heredia, al final de su vida y tras amargas vivencias, renunció definitivamente a los afanes independentistas de su juventud, ganándose con ello el rechazo de los separatistas. Paradójicamente, la memoria del poeta encontró con los años su defensor en alguien famoso por sus ideas independentistas: José Martí.

    ...




    Heredia y México (VIII parte)

    Por: Oscar Ruíz Miyares
    Fecha: 2003-12-18
    Fuente: CUBARTE


    (Cubarte).- En 1834 José María Heredia ha roto todos sus vínculos y relaciones con el general Antonio López de Santa Anna, Presidente entonces, de los Estados Unidos Mexicanos, lo que casi equivalía a un suicidio político para el poeta. José María que con sus esfuerzos lo ayudó, y con su voto contribuyó a que alcanzara la más alta investidura del país, escribía entonces a su madre: -desde sus atentados de 1834 nos hemos extrañado uno de otro, y si se acuerda de mí es para aborrecerme sólo porque no apruebo sus yerros y felonías, como la turba de parásitos que le rodea-. En mayo el poeta redacta un manifiesto que firman los vecinos de Toluca contra el sistema centralista que pretendía establecer Santa Anna.

    El 27 de septiembre de 1834 Heredia pronuncia un discurso en la Plaza Mayor de Toluca en conmemoración de la independencia de México. Aquí además del recuento histórico, nuestro escritor, pone énfasis en la difícil situación política que vive el país. Entonces manifiesta: - (...) La ambición de algunos y la ignorancia lamentable de las masas han sido las amargas fuentes que han abortado con el dominio de la guerra civil un torbellino de crímenes y desgracias. Los hermanos se han perseguido con rabia frenética, y brazos mexicanos han vertido a torrentes sangre mexicana. La inseguridad, el terror, han hecho desaparecer las riquezas, y producido la miseria pública; la inmoralidad hace progresos horribles, y por todas partes resuenan gritos de dolor, o nos aterra el silencio sombrío de la desesperación o la muerte- . Al final concluye: -(...) Los padres de la independencia, los héroes cuya gloria conmemoramos (...) Nos advierten que perecieron por darnos patria, no por abrir teatro ignominioso a nuestros crímenes y locuras. (...) Sabiduría nos guiará en el camino del bien; todos seguiremos sus huellas, y pondremos base firme a la dicha nacional, elevando un templo indestructible a la reconciliación y a la concordia-.

    Nombrado en octubre de 1834 como director del Colegio del Estado, el poeta abre allí las cátedras de Jurisprudencia, Gramática Latina, Inglés y Francés.

    En enero de 1835, y sólo cuando el general Santa Anna entrega el gobierno al general Miguel Barragán, Heredia es designado Magistrado en propiedad de la Audiencia del Estado de México y sucesivamente lo nombran miembro de la Comisión que redacta la Revista Mexicana, miembro del Instituto de Geografía y estadística, de las Academias de la Lengua y de la Historia, y en febrero Rector del Colegio del Estado.
    El exceso de trabajo, las privaciones, molestias, disgustos, la inmoralidad, la ingratitud, la maldad y la injusticia de que ha sido víctima, han mellado el cuerpo y el alma de Heredia.

    En carta amarga y triste que José María escribe a Tomás Gener apunta: -Sí, amigo, ya no es posible que un hombre de bien viva en este desgraciado país. ¿Fue acaso terrible locura, o un generoso intento de mis años mozos, cuando soñé fundar la República de Cubanacán en la tierra que amo tanto?. Nunca se me ocurrió, a pesar de haber visto en Venezuela, los extremos bárbaros de la guerra a muerte, que estos países abandonen la tutela de España por la aventura de perpetua anarquía. Yo mismo fui Secretario de Santa Anna, le seguí con graves riesgos de la propia vida, y le he visto cambiar, en menos de cinco años, de la extrema izquierda a la derecha exagerada, como si las doctrinas políticas fueran simples trajes de ocasión para vestir a capricho (...) la patria se le rompe en las manos y todavía, sin prestigios, como ahora, tiene detrás muchos hombres que le siguen. (...) Ya México, desangrado, empobrecido, no es sombra del México virreinal que conocí junto a mi padre, ni menos el de otras épocas, de comienzo del siglo XIX, bajo el pacífico gobierno de España-.

    Esta carta de Heredia es decisiva para conocer como ha ido evolucionado su modo de pensar en torno a la lucha por la independencia de nuestros pueblos contra España. Sumido en la decepción y el desengaño, el poeta ha recibido en diciembre de 1835 un retrato de su madre que ansiosamente había pedido tiempo atrás. -Lo he traído conmigo, y lo he colgado en mi estudio, a un lado de mi mesa, para tenerlo siempre presente. (...) Sin duda está parecidísima y yo la hubiera conocido, a pesar de las inevitables alteraciones consiguientes al curso de los años.(...) Todos los días lo enseño a mis hijos, mientras llega el tiempo anhelado de que conozcan a Sumd. (Su merced) y la amen y acaricien personalmente. Adjuntos hallará (...) unos versos que me ha inspirado el corazón, que aunque carecen de adornos poéticos, serán preciosos para una madre-.

    -Al recibir el retrato de mi madre- es un poema que escribe Heredia en enero de 1836, y allí hace alusión a la negativa del general Miguel Tacón de permitirle regresar a Cuba, por no considerarlo entre los favorecidos con la amnistía concedida por la reina Cristina de España en 1833.

    (...) Tres años ha que por la vez primera
    Desde el tronco español se pronunciaron
    Los dulces ecos de la paz y olvido.
    !Oh! cómo palpité ...! La fantasía
    Con mágica ilusión mostróme abiertos
    Los campos deliciosos de mi Cuba,
    Y entre sus cocoteros y sus palmas,
    Al margen de sus plácidos arroyos,
    Con mi familia cara y mis amigos
    Me hizo vagar. Al agitado pecho
    Pensé estrechar a las hermanas mías,
    A mi madre inundar en llanto dulce
    De inefable ternura, y en su seno
    Deponer a mis hijos ... Mas sañudo,
    Arbitrario poder frustró mis votos:
    Que en la opresa, infeliz, hollada Cuba,
    De viles siervos abatida sierva,
    No le es dado hacer bien ni al mismo Trono:
    Su voluntad la eluden los caprichos
    De sátrapa insolente! ... Se arrastraron
    Dos lustros y dos años dolorosos
    De expatriación, de lágrimas y luto,
    Y en los hispanos pechos implacable
    Arde vivo el rencor ...



    La carta polémica a Tacón

    Heredia puso todo su empeño para obtener la concesión de pasar tan sólo dos meses con su añorada familia en su querida Cuba. En carta remitida a su hermana Ignacia le pregunta: -¿Quién habrá tenido la bondad de prevenir contra mí al Sr. Tacón, para que me cierre las puertas de mi patria?-. Es entonces que el 1ro de abril de 1836 redacta la carta que dirige al capitán general de Cuba, Miguel Tacón, en la que solicita autorización para visitar a su madre en Matanzas, al acogerse a la amnistía dictada en Madrid. Entonces escribe: -Se me asegura que V. E. expresó saber que mi viaje tendría un objeto revolucionario, por lo que no dudo que sus informantes me han calumniado cruelmente. Es verdad que ha doce años la independencia de Cuba era el más ferviente de mis votos, y que por conseguirla habría sacrificado gustoso toda mi sangre. Pero las calamidades y miserias que estoy presenciando hace ocho años, han modificado mucho mis opiniones, y hoy vería como un crimen cualquier tentativa para trasplantar a la feliz y opulenta Cuba los males que afligen al continente americano.-


    Veamos a continuación algunos criterios en torno a la famosa carta:

    Salvador Bueno: Desilusionado por las continuas luchas civiles, Heredia renuncia a sus ideas liberales. Escribe (...) una carta al capitán general Tacón, pidiéndole licencia para regresar a Cuba. Retorna a La Habana, sus amigos lo desdeñan, visita a su madre. Su estancia dura dos meses. Vuelve a México y muere el 7 de mayo de 1839. ( Historia de la Literatura Cubana (Editorial del Ministerio de Educación, La Habana, 1963. p.63 )
    Rine Leal: Escribe a Tacón una carta implorando su regreso a Cuba dentro de la amnistía dictada por la regente Cristina, y se arrepiente de sus ideales libertadores.

    Apenas dos meses vive en Cuba luego de una ausencia de trece años. Un solo amigo, el eterno Domingo Delmonte, lo / recibe, pero lo marca para siempre al llamarle ángel caído, y a los 33 años Heredia es una sombra del adolescente que huyó de su patria como todo un personaje trágico. ( La Selva Oscura Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1975 p.p. 127 128)

    Diccionario de la Literatura cubana: (...) Escribe a Miguel Tacón una carta (...) en la que se retracta de sus ideales revolucionarios y solicita permiso para volver a su patria (...) Concedido el permiso, llega a La Habana a principios de noviembre. Sus antiguos amigos, con Domingo Delmonte a la cabeza, desaprueban la carta a Tacón y rehuyen su compañía. Enfermo y desalentado, embarca de regreso hacia Veracruz en enero de 1837.(Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1980. Tomo I p.432)

    Como se ve resulta unánime el criterio de su renuncia a los ideales libertarios e independentistas, que no obstante haberlo manifestado explícitamente a Tacón, tres meses antes en el poema que Heredia dedica a su madre, llama al Capitán General de la Isla -Sátrapa insolente- y a Cuba -la opresa, la infeliz, la hollada-. Por ello comparto con el poeta Efraín Naderau que -la citada carta no fue más que el elevado y doloroso precio que debió pagar para pisar, por brevísimo tiempo, el suelo de la patria y besar a la querida madre de su corazón y al tío Ignacio y a las hermanas... Porque si hay alguien que no creyó en ningún momento que Heredia realmente abjuraba de sus ideales, ese fue Miguel Tacón. Sabía demasiado el funestísimo Capitán general porque, !señores!, de haberlo creído le hubiera sido fácil y apropiado para mostrarlo como la oveja que vuelve al redil, retenerlo en Cuba que era la mayor ambición de nuestro poeta.- (1)

    Con anterioridad nuestro José Martí, refiriéndose a este asunto escribió: -Un día, un amigo piadoso, un solo amigo, entró, con los brazos tendidos, en el cuarto de un alguacil habanero, y allí estaba, sentado en un banco, esperando su turno, transparente ya la mano noble y pequeña, con la última luz en los ojos, el poeta que había tenido valor para todo, menos para morir sin volver a ver a su madre y a sus palmas-.

    No creo que un hombre capaz de pronunciar un discurso como el que dijo en la Plaza Mayor de Toluca el 16 de septiembre de 1836, cinco meses después de la polémica carta a Tacón, realmente hubiera renunciado a sus ideales libertarios. Allí Heredia hace referencia a la pérdida por esos días del territorio mexicano de Texas a manos de los Estados Unidos. Entonces invoca a la guerra para combatir al usurpador extranjero y -(probar) al mundo que no se insulta impunemente al honor y patriotismo de los mexicanos-. Quiere decir esto que el poeta no ha renunciado en sus convicciones a la libertad, soberanía e independencia de los pueblos latinoamericanos, en este caso la entrañable México.



    Notas:
    (1) Ver Efraín Naderau Maceo. -José María Heredia: evocación y lenguaje-. En Santiago Revista de la Universidad de Oriente. Número 7 Junio de 1972 p.196.



    Temática: Cultura General





    Fuente:

    Portal Cubarte :: Artículos :: Heredia y Mxico (VIII parte)





    José María Heredia





    Antonio López de Santa Anna


  7. #147
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Gabriel Fossa



    EL PLAN MAITLAND (Parte I )
    (Una forma discreta de llorar en silencio)
    Aparece un Plan Estratégico que suena conocido
    En la acción táctica de cruzar la Cordillera de los Andes, como parte de la campaña que va de 1817 a 1821, el General José de San Martín puso en marcha, al llevarlo a la práctica, un plan estratégico que guarda sorprendentes analogías con otro que fuera concebido en Inglaterra, y presentado a consideración de Su Graciosa Majestad a principios de 1801. Aunque personalmente me inclino a pensar, por algunas evidencias, que el año exacto de su compendio, redacción y revisión pudo estar comprendido entre mediados de 1799 y febrero de 1801.
    Este Plan Estratégico inglés habría sido concebido y escrito por el Mayor General Sir Thomas Maitland (1759-1824), y entregado a Henry Dundas (desde 1804 Primer Lord del Almirantazgo como Lord Melville), que entonces se desempeñaba como Secretario de Guerra en el primer gobierno de William Pitt (hasta 1801), llamado El Joven (1759 – 1806), durante el reinado de Jorge III (de 1760 a 1820), Rey de Gran Bretaña e Irlanda. Con anterioridad había sido secretario de su padre, Pitt (1708-1778), El Viejo (Lord Chatham), quien fuera Primer Ministro de los reyes Jorge II y Jorge III.
    El hallazgo del Plan Maitland como documento
    “Yo tuve la suerte –dice el doctor Rodolfo H. Terragno-, de encontrar una copia original del Plan Maitland en Edimburgo, a principios de 1981, mientras realizaba una investigación en archivos escoceses. El objetivo de esa investigación era obtener datos sobre James Duff, Cuarto Conde de Fife, y otros posibles contactos de San Martín” (R. H. Terragno, Las fuentes secretas del Plan Libertador de San Martín, publicado en la Revista Todo es Historia, Nro. 231, Buenos Aires, agosto de 1986).
    El hallazgo de Terragno consistió en 47 hojas manuscritas por el propio Maitland, sin fecha ni destino, así como ninguna indicación de que tal documento fuera presentado ante el gobierno británico. Algún empleado del museo, al organizar los papeles de Maitland, habría registrado el documento bajo el título de Plan para capturar Buenos Aires y Chile y luego emancipar Perú y Quito.
    Más adelante dice este historiador, que “en la traducción del Plan Maitland, escrito en inglés de hace casi dos siglos, he procurado ser lo más literal posible, absteniéndome de toda modernización o simplificación de estilo.” Pues bien: así lo haré también. Lo delicado de este asunto así lo exige, a fin de que nadie sospeche que detrás de mí hay una mala intención respecto de este benemérito de la Patria.
    “Muchos oficiales escoceses estuvieron envueltos durante el Siglo XIX –sigue Terragno en su exposición- en planes para atacar a España o ayudar a las colonias en sus luchas por la independencia.” Sin desmerecer ni criticar a nadie, creo firmemente que lo dicho por el doctor Terragno es el exoesqueleto de lo que dijeron querían hacer los ingleses y su pléyade de amigos con la América Española; y el endoesqueleto resultó ser que, en realidad, se la querían merendar (“dominación indirecta” como la llamó Castlereagh, Ministro de Guerra, en septiembre de 1807), tal cual ocurrió finalmente de 1826 (empréstito con la Baring Brothers del que se recibió 1/4 del total -1/8 en metálico y 1/8 en papeles negociables-, y se pagó cuatro veces en efectivo, finalizando en 1905), hasta el 2007 con el establecimiento del Nuevo Virreinato del Río de la Plata desde 1955, con Islas Malvinas incluidas (1833 y 1982) que, procezoica y deliberadamente, se perdieron, a mi leal entender, para siempre.
    Preocupado el entonces presidente de los EE. UU (de 1821 a 1825), James Monroe (1758-1831), por las rápidas acciones lanzadas por el Ministro de Asuntos Exteriores (1823) de Inglaterra, George Canning (1771-1827) sobre los despojos del antiguo Imperio Español, reconoció también a las jóvenes repúblicas americanas como habían hecho los ingleses, y proclamó la famosa Doctrina Monroe (1823), que en extrema síntesis dice: América (del Norte) e Hispanoamérica (Africa Blanca) para los Americanos (los EE.UU.); y Europa y África (Negra) para Inglaterra. Es decir: pide subrepticiamente que se respete lo acordado y proclamado después de la derrota de Napoleón en Waterloo (1815) y el fin del Imperio de los Cien Días. Monroe no practicaba el arte declamatorio; era un viejo expansionista: en 1803 fue el motor de la compra de Luisiana y poco después de la compra de la Florida (1818).
    Y así, por decreto, sin que suene un tiro, incorporó hasta la fecha a Hispanoamérica (Africa Blanca) al patrimonio de la Gran Nación de Norte. Tampoco por esto hubo rebuzno alguno. No por allende ni por aquende los mares y tierras. Menos aquí, que teníamos la inconmensurable suerte de contar con Rivadavia al frente de los directoriales y una buena caterva de adictos, que son los que fusilarían al Coronel Borrego cuando les descubrió este chanchullo y el que habían armado con el Banco de la Provincia.
    El lugar de donde todos salen y a donde todos vuelven
    Respecto a los oficiales escoceses, puedo decir que muchos fueron amistades de San Martín en España primero y en Inglaterra después. No es una casualidad que, cuando el prócer elige el camino del ostracismo voluntario, volviese a Londres de donde había salido 12 años atrás, cumpliendo así la ley que dice que todo libertador que se precie de tal debe salir de Inglaterra y luego regresar a ella. Desde Carlos Marx hasta Gandhi y el Ayatollah Komeini cumplieron con esta premisa; sin contar al General Pinochet y a su supuesta antítesis progre Michelle Bachelet (la casaron con un comunista alemán residente en Londres y la mandaron a Berlín del Este, váyase a saber con qué misión), los que, cuando las papas quemaban, también regresaron a Londres donde fueron recibidos y cobijados maternalmente (por las mamás Elisabeth II y doña Margaret Thatcher).
    Y hablando de papas quemantes, Su Santidad, el Papa Juan Pablo II, antes de venir a consolarnos por la guerra de Malvinas, primero pasó por la Patronal, Inglaterra. Dicen que ésta fue una visita programada con mucha anterioridad y por ello inevitable. Se intentaba hacer un acercamiento con la Iglesia Anglicana. No sé. Porque las visitas, ante tal o cual eventualidad, se pueden suspender o posponer, y más a esos niveles estratosféricos de las relaciones pastorales, ¿o no? Es que el Banco Ambrosiano (el Banco de los Curas), Roberto Calvi (il Cavalieri) que apareció colgado por el cuello debajo del puente londinense de Los Hermanos Negros el 18 de junio de 1982 (dejándole al Ambrosiano un agujero de 8.300 millones de dólares), la Propaganda Due (cuyo tesorero era Calvi y Licio Gelli su Gran Maestre), y otras cosillas tiran más que una yunta de bueyes con la mancera bien cinchada al cogote y cornamenta.
    Armado de mucha paciencia y tomado de la mano de los españoles Modesto Lafuente (Historia General de España, Tomo XLVI, Cap. XXIV, pp. 7222 en adelante, Ed. Correo Español, Bs. As. 1889), y de Carlos Mendoza (Las Batallas del Siglo XIX, Tomo I, Cap. VI, pp. 117 y ss.; y Cap. VIII, pp. 146 y ss., Ed. Artístico Literaria, Barcelona); y siguiendo a los argentinos Bartolomé Mitre y a Pacífico Otero, los mayores biógrafos sanmartinianos, he frecuentado las campañas militares en las que participó San Martín en la Guerra de la Independencia española (de mayo de 1808 a fines de 1814). Aunque sabemos que la última acción de San Martín en España fue en el segundo sitio a Badajoz, a órdenes de William Carr Beresford, retirándose inmediatamente el 14 de septiembre de 1811 en un buque de guerra inglés, por la vía Cádiz-Gibraltar-Lisboa-Londres.
    De este estudio minucioso, detenido, surge que, necesariamente San Martín debió conocer en España al siguiente personal militar inglés que había participado en las invasiones de Buenos Aires: Brigadires Generales Auchmuty, Lumley y Cortty; Generales Acheson, Baird, Crawford y Beresford; Mayores Generales Lewisson Gower, Duckworth y Fergusson; Almirante Murray; Contra Almirante Sterling; Coroneles Bourke, Browne, Mahon, Munay, Trent, Nightingale y Lloyd; Tenientes Coroneles Pack, Dilkes, Deane, Gill, Guard, Paget, Poham, Boutler, Torrents, Backhouse, Bradford y Kington; Mayores Campbell, Guardner, Whittingham,Turner, Trotter, Nugent, Miller, Fucker, Gardner, Travers y Forbes; Capitanes Stirling, Howker, Jackson, Watsson, Dickson,Carmichael, Wilgress, Donell, Pallmer, Donnelly, Fraser, Douglas, Patrik, Clinton, Campbell, Broke, Brown y Arburthnot; Tenientes Mahon, McDonald, L’Estrange y Evans. Lógicamente en España estos fueron ascendiendo por antigüedad o méritos de guerra, como Pack, el perjuro, a General. Otros se murieron. Desde luego que tampoco son todos. Este puñado hombres son los que cumplen la doble condición de haber estado en Buenos Aires y en España, con diferencia de 1 ó 2 años entre un punto y el otro, y necesariamente debieron frecuentar a San Martín.
    En cuanto a las unidades militares que pasaron completas del Río de la Plata a España (vía Bahía de Mondego, Portugal) al mando del General Arthur Wellesley, después Duque de Wellington (1769-1852) fueron: el RI 71°; R 9° de Tenientes Dragones; Brigada de Artillería; RI 36°; RI 38°; RI 47°; RI 54°; R 20° de Dragones; RI 88°; RI 89°; RI 95°; RI 40°; RI 87°; R 17° de Dragones; RI 5°; RI 36°; RI 45°; R 6° y R 21° de Dragones R 6° de Guardias Dragones, sin contar 3 Compañías de Artillería; una Compañía de Carabineros; 4 compañías de Granaderos, un Batallón Ligero; 3 Compañías del Cuerpo de Carabineros; el Cuerpo de Santa Elena; 4 compañías de Artillería y un Cuerpo de Reclutas para los relevos. Todas ellas debieron ser unidades conocidas por San Martín en diferentes momentos, aunque no sabemos si revistó en alguna de ellas, lo que me parece improbable. También estas unidades cumplen la doble condición a la que me referí en el párrafo anterior.
    Sir Thomas Maitland y sus conexiones políticas
    Maitland fue un oficial naval, escocés como la gran mayoría de sus vinculaciones, miembro del Parlamento y compañero de George Canning en aquella Cámara. Así como él también, integrante de la Junta de Contralor (poderoso organismo del ente paraestatal llamado Compañía de las Indias Orientales. Digamos una organización que, por una parte fueron los herederos legítimos de filibusteros a lo Cook, Cavendish o Morgan; y por la otra, revestidos con rasgos más o menos civilizados al uso de un Cuartel General o de un Estado Mayor; como herramienta para todos aquellos que planeaban nuevas conquistas, no sólo en la India, sino también en el Caribe y en Sudamérica).


    Maitlan junto con Canning fueron Consejeros Privados de la Corona (a partir del 8 de abril de 1807). A Canning se le decía entonces “el heredero de Dundas”, ¿cómo lo llamarían a Maitland? Posteriormente Canning fue Canciller entre 1807 y 1809 por recomendación de Wellesley (hermano del que entonces ya estaba en Portugal).
    En 1783 William Pitt, segundo hijo de quien fuera Jefe de Gabinete de los reyes Jorge II y Jorge III, es nombrado Primer Ministro y Ministro de Finanzas. Su gobierno, que duraría 17 años, se iniciaba cuando el no tenía 25. Once años después, en 1794, desdobla un ministerio, colocando al Duque de Pórtland como Secretario de Estado de Interior, y lo separa de los negocios de la guerra que conserva Henry Dundas, Secretario de Guerra desde la asunción de Pitt. En este contexto del poder aparece Maitland vinculado a Dundas, “el más firme promotor de acciones británicas en Hispanoamérica”, y gracias a él tiene acceso directo a Pitt. Porque Dundas, un escocés muy hábil políticamente, fue la sombra de Pitt y viceversa.
    Maitland también estaba vinculado, a través de Dundas, a Sir John Coxe Hippisley, otro miembro del Parlamento y oficial del ejército de la Compañía de Indias Orientales. Hippisley era un buen conocedor de todos los temas sobre una posible acción militar en Hispanoamérica, porque había participado de las reuniones celebradas por Dundas con este motivo. Y había participado en ellas en calidad de asesor, porque había reunido abundante información de fuentes insospechadas.
    Hippisley vivió muchos años en Roma donde hacía tareas de espionaje para el gobierno británico, y fue allí donde obtuvo “información sobre los modos de atacar las colonias españolas”, todo lo cual paso a referir y analizar a continuación.
    Los Jesuitas: una fuente de información insospechada
    El ministro portugués Sebastián José Carvalho y Mello (1699-1782), Marqués de Pombal, hombre tenebroso, ampliamente vinculado a la masonería, a los iluminados y por ellos a los ingleses (desde el Tratado de Methuen, 1703, Portugal había pasado a ser una colonia inglesa, so pretexto de un tratado económico), durante el reinado de José I, expulsó a los Padres Jesuitas de los dominios lusitanos en América en 1758, y un año después lo fueron de Portugal con la expropiación de todos sus bienes. Reinando Luis XV fueron expulsados de Francia en 1764 como resultado de las presiones de Choiseul, los jansenistas, los “filósofos” y los “iluminados” (todos ellos con decidido apoyo real: Luis XV es el sembrador de lo que cosecharán los franceses con su Revolución). Lo mismo haría España con la Pragmática de Carlos III de fecha 27 de febrero de 1767, culpándolos del Motín de Esquilache y de otros actos panfletarios y subversivos que, hasta el día de la fecha, siguen siendo imposibles de verificar. Meses después lo fueron de Nápoles y en 1768 se reproduciría este caso en Parma.
    Sin embargo los países citados no quedaron conformes con estas medidas, y pidieron a Clemente XIII (Carlos Rezzonico, Papa de 1758 a 1769), la disolución de Compañía de Jesús del Santo Iñigo de Loyola. Pero la obtuvieron de Clemente XIV (Juan Antonio Vicente Canganelli, Papa de 1769 a 1774), quien promulgó el breve Dominus et Redemptor (1773), que en sí constituye una rareza: nunca fue publicado, pero se llevó a cabo puntualmente.
    No comentaré el golpe terrible que el Borbón Carlos III y su Ministro Aranda le asestó a nuestra patria con el injusto extrañamiento de los Padres Jesuitas. La expulsión de los Jesuitas significó, andando el tiempo, la pérdida de todo el actual Río Grande del Sur por el fallo de un presidente norteamericano (Memoria de Gonzalo de Doblas y Relación Geográfica de don Diego de Alvear). No le alcanzó a España con desatar las Guerras Guaraníticas de las que también culpó a los religiosos de la Compañía. Como no le había alcanzado el mantenernos por cientos de años en la condición de arrabal orillero del Imperio Español, agravado luego con el mote borbónico de Colonias. Con ellos y por ellos dejamos de ser parte de España como fuimos con los Austria, y pasábamos a ser una dependencia de servicio.
    La dureza de aquella expulsión, es la que no se vio por parte de la Corona Española con los prisioneros ingleses en 1806 y 1807, ni con los contrabandistas, usureros y portugueses que sacaban la plata del Potosí para enviarla a Inglaterra. Y tan violenta fue, que hubo casos en que no los dejaron tomar sus pertenencias ni sus medicinas. Entre los expulsos había muchos Padres que eran ancianos y otros enfermos: la mayoría de estos moriría en alta mar. Para septiembre de 1767 se los despachó, desde la islita que hace actualmente el Riachuelo en la Vuelta de Rocha, una versión antigua de un campo de concentración, con rumbo a Cádiz, y llegaron los sobrevivientes a esta ciudad (ya constituida en un verdadero lupanar) a principios de 1768. Pero allí habrían de enterarse de una nueva y, enseguida, se produciría un milagro.

    El confesionario
    La nueva fue que el clemente Papa Clemente XIV no los quería en Roma. Advertidos los demás puertos del Mediterráneo de esta piadosa decisión del Sumo Pontífice, ellos también se negaron a recibir a los sacerdotes. De manera que las embarcaciones salidas de Cádiz, no pudieron hacer arribada en la costa italiana ni en sus adyacentes, por lo que quedaron boyando a la deriva. Allí murió más de la mitad de los embarcados de hambre, sed y pestilencias que se desataron por el hacinamiento. Pero estos ya no eran viejos o enfermos. Eran hombres sanos con meses de martirio sobre sus espaldas. No conozco que la Iglesia haya hecho santo a alguno de ellos por este martirio propinado por los propios cristianos.
    El milagro fue que, a pesar de la prohibición existente en Cádiz de no dejar desembarcar a los sacerdotes y de que nadie tomase contacto con ellos como infectocontagiosos en cuarentena, más de la mitad de los expatriados desaparecieron mezclados con las brumas matinales de la marina. Fueron los ingleses instalados en Gibraltar los que se llevaron, con chalupas y bateles por el agua, a esta preciosa carga humana. No sería extraño que también lo hayan hecho por tierra con la ayuda española. De allí los cargaron en barcos de guerra y mercantes transportándolos a Londres en el mayor secreto. De esta manera Su Graciosa Majestad y el Almirantazgo se juntó con centenares de informantes de primera categoría. Hombres que habían estado en la América Española entre 10 y 40 años, sirviendo a la Fe y al Rey, contra quienes ahora tenían un gran resentimiento por haberlos hecho víctimas de una injusticia.
    Los Jesuitas eran conocedores del clima Hispanoamericano; estudiosos de su flora, su fauna e hidrografía; de los idiomas que hablaban los naturales de aquellas regiones y de sus idiosincrasias; de su historia, cosmogonía y teogonía; de caminos, pasos, sendas, montes, llanos, quebradas y sierras; muchos de ellos eran astrónomos y cartógrafos. Inglaterra sin ningún esfuerzo se juntó con este regalo de España que en aquel momento fue invalorable. Para evitar los siempre pesados e inoportunos interrogatorios que predisponen mal al expositor, seguramente los británicos les pidieron a los Padres que redactasen un informe con toda libertad, recluyéndolos en monasterios, abadías y casas de campo. Pienso que de allí debieron salir Descripción de la Patagonía del Padre Tomás Falkner (que además era británico nacido en Manchester, según nos contaba don José Luis Molinari; la obra se encuentra incorporada a la Colección de don Pedro de Angelis y fue publicada en Buenos Aires en 1835), y Hacia allá y para acá del Padre Florián Paucke (que era de Silesia, cuando ésta formaba parte de la Prusia de Federico II; obra que fue traducida y comentada íntegramente por el abnegado Edmundo Wernicke, y editada por la Universidad Nacional de Tucumán en cuatro tomos).
    Pero sin duda la obra que nos orienta sobre lo que debieron haber sido aquellos testimonios de los deportados, es la de Falkner, que fue traducida al castellano por Manuel Machón, un oficial español destinado en Londres. La imbecilidad de los Borbones prohibió la circulación de esta obra en España, lo que carece de sentido porque, si bien se tenían recelos de la divulgación de las noticias sobre los puntos vulnerables de las colonias, de nada servía el ocultarlas en la península, mientras que circulaban libremente por el resto del mundo. Un mundo que, justamente quería arrebatarle las colonias a España.
    Decía don Diego Luis Molinari (Orígenes de las fronteras) “que la versión (de Falkner) dada a conocer en 1774, era la fuente de inspiración para numerosos aventureros al servicio de la corona inglesa”. Y don Andrés M. Carretero agrega (Colección de Obras y Documentos) “que las alusiones referentes a las posibilidades de ocupación no escaparon a la percepción de los primeros ministros ni de los estrategas de la política exterior británica pues numerosos planes de expansión tenían como objetivo secundario o principal la ocupación de la Patagonia en su totalidad o en alguna parcialidad.”
    En cambio don Pedro de Angelis en el prólogo de la edición de 1835 es muy duro con Falkner: “Sean cuales fueron los motivos de disgusto que tenga un extranjero (de Angelis también lo era) contra el país que le acoge –dice-, nunca debe conspirar contra él, ni proporcionar armas a los que aspiran a invadirlo o usurparlo; y tal fue el objeto que se propuso Falkner al emprender la descripción de la Patagonia.” Y sinceramente creo que don Pedro, el publicista de don Juan Manuel, en esto tenía razón: si se toma la obra de Falkner y las invasiones inglesas de 1806 y 1807, se verá con sorpresa, que los invasores siguieron los caminos descriptos por él. De manera que el odio a España, a la que había servido 40 años, se tradujo en un odio hacia nosotros que no teníamos nada que ver. Más aún: contra un pueblo que lloró la partida de los Padres Jesuitas y que él sabía porque los vio llorar.
    Los Padres Jesuitas se desparraman y los ingleses se aprovechan
    Conjeturo que por 1780, o quizá un poco antes, la mayoría de aquellos Padres Jesuitas cobijados por los ingleses se habían repatriado. Al parecer el conjunto optó por regresar, cada uno, a su tierra natal (por ejemplo: Falkner murió en Worcester desempeñándose como capellán y algo parecido ocurrió con Paucke en su pueblo de la Silesia, el Slansk de los polacos). En 1774 había muerto el Papa Clemente XIV y asumió Pío VI (Juan Angel Braschi, Papa de 1774 a 1799), pero en estos 25 años de papado murieron Luis XV en 1774; Pombal en 1782; Choiseul 1785; Carlos III en 1788; etc. Es decir: todos los acérrimos enemigos de los Jesuitas fueron desapareciendo secados por la Parca inclemente, y ello permitió que, indulgente, el Papa Pío VI, permitiese el regreso subrepticio de algunos Jesuitas a Roma y, en otros casos, el mismo Papa, sabiéndolos hombres sabios y valiosos, los mandó a llamar para integrarlos a su elenco de notables.
    Como ya he dicho Sir John Coxe Hippisley vivió muchos años en Roma haciendo tareas de espionaje. Allí obtuvo información proporcionada por los jesuitas expulsados de España y otras posesiones de ultramar y regresados o confinados en territorio Vaticano. Entre estos sacerdotes exiliados, los más conspicuos conspiradores contra España (posiblemente pasados previamente por Londres), eran Juan José Godoy y Juan Pablo Viscardo. Pero Godoy era mendocino, junto con los jesuitas Miguel, Javier y Bernardo Allende.
    Hippisley “debió recibir de ellos información muy precisa –apunta Terragno-, acerca de Cuyo, incluyendo detalles sobre los pasos cordilleranos que unían Mendoza con Chile”. Tal vez sea esto lo que influyo decisivamente sobre Maitland para que considerara a Mendoza como “la indudablemente indicada”.
    En 1800 Hippisley escribió un memorial para Dundas sugiriéndole una rápida acción sobre las colonias españolas. Pero, antes de ello, extendió una copia del memorial a Maitland, ya embebido éste de todo aquel fárrago de documentación disponible, y enfrascado en la confección de un plan militar.
    Maitland, que seguramente ya tendría algunos borradores sobre este asunto, confeccionó un Plan Tentativo o Esquemático, agregando la información provista por Hippisley. Lo que no se ha dicho es si, con estas informaciones a la mano, Maitland, un andariego incansable, no vino hasta la Rivière de la Plate, como él llama en su Plan al Río de la Plata o Buenos Aires, para constatar en el terreno la posibilidad cierta de ejecutar la maniobra estratégica. Aunque también pudo entrar por Chile o el Perú. O bien trabajar con los espías de Inglaterra diseminados, como ahora, por todo el Virreinato, sacando luego la información vía de algún puerto brasilero. Esto no está escrito en ningún lado y es imposible de verificar.
    Y digo esto, porque me cuesta creer que Maitland, teniendo tan valiosa documentación de primera mano, estuviera 20 años sin mover el asunto (de 1780 a 1800 aproximadamente). Además observe el lector que Hippisley, antes de entregar su memorial a Dundas, le extendió una copia primero a Maitland, de donde éste viene a resultar a ojos legos como los míos, como la espina dorsal sobre la que se movía o descansaba todo este expediente.
    Con este Plan Tentativo, Maitland fue a ver a Dundas (llamado por los escoceses El Rey sin Corona). Pero éste prefirió discutirlo más tranquilo con su autor, porque estaba de acuerdo en la importancia de “asegurar nuevos y extensos mercados para las manufacturas inglesas”, pero, “con la independencia de un beneficio parcial”, quería adoptar “una visión general de la cuestión” y considerar un plan para tomar “toda Hispanoamérica”.
    En líneas muy generales el Plan Tentativo (o esquemático) de Maitland consistía en: la toma de Buenos Aires; marchar luego hacia la costa occidental y de allí, con una flota de la Compañía de Indias Orientales que comandaría Sir Richard Husey Bickerton, saltar al Perú. Con la costa occidental de Sudamérica en manos inglesas la derrota de España estaría asegurada. Hubo más discusiones con Dundas porque deberían existir, simultáneamente, acciones secundarias que coadyuven a la principal. Finalmente se decidió que esas acciones de distracción se llevarían a cabo sincrónicamente desde Caracas y Santiago de Chile; “pero todas ellas convergentes sobre Lima, Perú”, pedía Maitland.
    Sin embargo el centro de gravedad del Plan siguió siendo, inmutable, el eje Buenos Aires, Mendoza, Chile, Perú, a pesar de que a una mirada mundana parecería que se hubiesen abierto tres frentes. Digamos que un velo y engaño para que el enemigo (España) no supiese cuál era el centro de gravedad y dónde se buscaría la decisión. Fue entonces, y de esta manera, que Maitland concibió su Plan definitivo que lleva su nombre, que es el encontró el doctor Terragno en Edimburgo en 1981, escrito de su puño y letra.
    El Plan con su redacción definitiva, finalmente fue aprobado y se sabe que fue presentado Su Majestad. Sin embargo no hay constancia de su aprobación, desaprobación, ni pedido de enmienda. Nada. Tampoco se le puede seguir el rastro porque el gobierno de Pitt cayó enseguida: febrero de 1801.
    Las proposiciones de Maitland en su Plan de Operaciones
    A diferencia de planes ofrecidos por el venezolano Miranda o el del inglés Vansittart (aprobado, y cancelado de no muy buena gana en febrero de 1797), que resulta el más parecido al Plan Tentativo que estamos examinando, Maitland, de 42 años entonces, creía que un ataque sobre Buenos Aires o Caracas, por exitoso que fuese, no quebraría el dominio español sobre América. El sostenía que “una Expedición a Caracas desde las Indias occidentales, y una fuerza enviada a Buenos Aires podrían en verdad tender la emancipación de los Colonos Españoles en las posesiones orientales, pero el efecto de tal emancipación, aunque considerable, no podría jamás ser tenido por seguro en las más ricas posesiones hacia el occidente, y es menester observar que la única utilidad y principio por el cual los Españoles han asignado consecuencia a sus posesiones orientales es que, reteniéndolas, ellas actúan como una defensa para sus más valiosas posesiones en occidente.”
    Con la finalidad de tomar esas “valiosas posesiones”, Maitland propuso:
    1. Ganar el control de Buenos Aires. “Debería realizarse un ataque sobre Buenos Aires”. Para eso, Maitland consideró que harían falta 4.000 soldados de infantería; unos 1.500 de caballería; “con una proporción de artillería”.
    2. Tomar posiciones en Mendoza. “Subsecuentemente a la captura de Buenos Aires el objeto debería ser enviar a un cuerpo a tomar posiciones al pie de la ladera oriental de los Andes, propósito para el que la ciudad de Mendoza es indudablemente la más indicada.”
    3. Coordinar acciones con un ejército de Chili (así llama a Chile). Este otro ejército debería consistir en 3.000 soldados de infantería y 400 de caballería “con una proporción de artillería”. La mitad de la infantería debería “proceder de Inglaterra al Cabo de Buena Esperanza en barcos destinados últimamente a (…) Sudamérica”. La otra mitad debería ser “dotada por India, y proceder, cuando esté lista, directamente a la Bahía Botany”, en Australia, a los efectos de navegar luego a Sudamérica. El objetivo de tal ejército debería ser “indudablemente el Reino de Chili”. Debía atacar Valparaíso o Santiago o, “si encontrara que los Españoles se hallen en fuerza tal como para hacer que un inmediato ataque sobre Valparese o St. Iago sea imposible en el primer momento, actuar sobre el Río Bíobío y fortificarse mediante una inmediata conexión con los indios.”
    4. Cruzar los Andes. “El cruce de los Andes desde Mendoza a las partes bajas de Chili es una operación de cierta dificultad (…) Aún en verano el frío es intenso; pero con tropas de cada lado cuesta suponer que nuestros soldados no pudieran seguir una ruta que ha sido adoptada desde hace mucho como el más deseable canal para importar negros al Reino de Chili.”
    5. Derrotar a los españoles y controlar Chile. El objetivo de esta etapa era “aniquilar el gobierno (español) del Reino de Chili” y convertir a ese pueblo en “un punto desde el cual podríamos dirigir nuestros esfuerzos contra las provincias más ricas”. Esta era la tarea a cumplir por las fuerzas unificadas del ejército que debía cruzar los Andes y el que llegara por mar.
    6. Proceder por mar a Perú. “Si este Plan tuviese éxito en toda su extensión, la Provincia del Perú debería quedar pronto expuesta a una captura segura.” y “últimamente nosotros podríamos extender el sistema colonial, usando la fuerza si fuere necesario.” Lo indicado era para evitar toda violencia innecesaria. “Un coup de main (en francés en el original) sobre el puerto del Callao y de la ciudad de Lima podría en verdad probablemente ser exitoso y mucha riqueza sería ganada por los captores, pero este mero éxito, a menos que fuera asistido por nuestra capacidad de mantenernos en el Reino de Perú, podría terminar últimamente excitando la aversión de los habitantes contra cualquier futura conexión, de cualquier clase, con Gran Bretaña.”
    7. Emancipar Perú. “El fin de nuestra empresa debía ser indudablemente la emancipación de Perú y Quito.”

    God save the Queen!

    FIN DE ESTA PARTE
    El Tercio de Lima dio el Víctor.

  8. #148
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    .
    Última edición por Ordóñez; 19/09/2013 a las 04:50

  9. #149
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Cita Iniciado por Erasmus Ver mensaje
    Muy buenos aportes. Bouchard y Azopardo son los referentes de la Prefectura Naval Argentina; son como San Martín para el Ejército, Brown para la Armada y Newbery para la Fuerza Aérea.
    Ahora que lo pienso, creo que el ejército mexicano no tiene muchos referentes en los caudillos de la guerra de independencia. De nuestros denominados “héroes” insurgentes, del que más se habla por sus dotes militares es José María Morelos, se podría aguegar quizás a Vicente Guerrero, este último fue uno de los revolucionarios que más tiempo se mantuvo en pie de lucha, no había podido ser capturado por los realistas y sin embargo ya al final de la guerra, sus huestes no tenían poder alguno para hacer tambalear al gobierno virreinal.

    Gracioso es que muchos de los más reconocidos militares que tuvo este país terminaron formando parte de los villanos de la historia oficial, (Agustín de Iturbide, Porfirio Díaz, Santa Anna o Miguel Miramón).
    Última edición por Mexispano; 21/09/2013 a las 22:47

  10. #150
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    CUANDO LA REPÚBLICA DOMINICANA QUISO VOLVER A SER ESPAÑA

    Tal acto de anexión, como se especifica en la Exposición a su Majestad que acompaña al Real Decreto de Incorporación á la Monarquía Española la República de Santo Domingo, resultaba ...único:

    «Un acontecimiento fausto, altamente honroso para España, y pocas veces visto en la historia de los pueblos, ha ocurrido recientemente en una de las antiguas posesiones de la Monarquía. La Isla Española, la primera que ocupó el gran Colón, la predilecta de la inmortal Reina á cuya inspiración sublime se debió el descubrimiento de un Nuevo Mundo, dueña de su independencia, arbitra de sus destinos, invoca el nombre augusto de España y pone á Vuestros Reales pies la misma soberanía que Vuestra Majestad reconoció hace pocos años»

    El 4 de abril de 1861 y de forma unilateral, después de varias negociaciones en Madrid y Cuba, Pedro Santana, el primer presidente constitucional de la república independiente, declara la anexión a España, la cual sería oficial por Real Decreto de Aranjuez el 19 mayo de 1861. Según el Artículo 1º, de dicho documento, «El territorio que constituía la República Dominicana queda reincorporado a la Monarquía».

    «En la muy noble y muy leal ciudad de Santo Domingo á los 18 días del mes de Marzo del año de 1861. Nos, los abajos firmados, reunidos en la sala del palacio de justicia de esta capital declaramos: que por nuestra libre y espontánea voluntad, en nuestro propio nombre y en el de los que nos han conferido el poder de hacerlo por ellos, solemnemente proclamamos como Reina Señora á la excelsa Princesa Doña Isabel II en cuyas manos depositamos la soberanía que hasta ahora hemos ejercido como miembros de la República Dominicana. Declaramos igualmente que es nuestra libre y espontánea voluntad así como la del pueblo á quien por nuestra presencia en este lugar representamos, que todo el territorio de la República sea anejado á la Corona de Castilla á que perteneció antes del tratado de 18 de Febrero, de 1855, en que S. M, la Reina reconoció como Estado soberano al que hoy por espontánea voluntad de todos los pueblos, le devuelve esa soberanía y como va dicho, la reconoce por su legítima soberana. En fe de lo cual lo firmamos y rubricamos con nuestras propias firmas-Pedro Santana -general Antonio Alfau -ex-ministro Felipe Dávila- F. De Castro -ex-ministro Jacinto de Cristian Castro Oficial».

    Gregorio Luperón, uno de los líderes de la segunda independencia, escribió: «España no tiene hoy enemigos en las naciones que fueron sus colonias de América, sino hijos emancipados que son para los españoles verdaderos hermanos».






    Enlace:
    Somos hijos de España - Hispanofilia


  11. #151
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Me estoy leyendo este libro y ya huele a imprescindible:

    Demonios del Pacífico sur de José Pancorvo se presentará en el Instituto Raúl Porras Barrenechea | www.ovejanegra.com

    Lima. José Pancorvo presenta su más reciente libro llamado Demonios del Pacífico Sur este 12 de junio a las 7pm en el Instituto Raúl Porras Barrenechea. Este es el 7mo libro de Pancorvo entre los que se encuentran Profeta el Cielo (1997), Tratados Omnipresentes – Perfect Windows (2000), Pachak Paqari (2003), Estados Unidos celeste (2006),Boinas rojas a Jerusalén (2008), Amanecidas violentas de Mundos (2009), Los éxtasis del incarrey – Antología Poética 1989-2009.En Demonios del Pacífico Sur hay 2 historias que transcurren en tiempos diferentes. Una en el año 1810 y otra en el presente. En la primera, encontramos al ejército del Virreinato peruano yendo en dirección al sur para buscar a las juntas del Gobierno de Chile. Los peruanos quieren hacerlas caer y terminar con las ideas independistas que tenía la antigua Capitanía de Chile por motivos de la invasión francesa a territorio español. La segunda historia transcure muchos años después en la Lima de ahora. Una niña – sobrina de un capitán de la Fuerza Aérea Peruana – se ve encuelta en una situación peligrosa por jugar ouija. El único que puede salvarla es un sacerdote chileno experto en exorcismos y que es el más reconocido de la región.Un libro presentado por el Grupo Editorial Mesa Redonda.


    Grupo Editorial Mesa Redonda

    Sobre "Demonios del Pacífico Sur" de José Pancorvo:

    El Ejército del Virreinato peruano sale con dirección al Sur en busca de las juntas de gobierno de Chile para hacerlas caer y terminar con las ansias independentistas que por entonces, 1810, se comenzaban a vislumbrar a propósito de la invasión francesa a territorio español.
    En Lima, una niña, sobrina de un importante capitán de la Fuerza Aérea Peruana, se ve envuelta en una situación de vida o muerte por jugar la güija. El único que podría salvarla es un sacerdote experto en exorcismos y, por esas vueltas del destino, el más reconocido de la región es chileno.

    Demonios del Pacífico Sur de José Pancorvo es una novela que comparte dos historias: una que se desarrolla a comienzos del siglo XIX, y otra en el presente.




    "Demonios del Pacífico Sur" de José Pancorvo está disponible en librería Época.

  12. #152
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Es increíble como la versión totalmente ideologizada y manipulada de la historia (en lo cual siguen participando los llamados nacionalistas) ha cambiado y desfigurado hasta a los propios personajes, que fueron bien claros.

    Gracias a los datos que aporta José Pancorvo:

    "Destruimos tres siglos de cultura e industria".

    Simón Bolívar.

    "Yo sé cuanto pasa en lo más recóndito de vuestras casas. Temblad, si abusáis de mi indulgencia. Sea esta la última vez que os recuerde que vuestro destino es irrevocable y que debéis someteros a él."

    José de San Martín.

    Bando aparecido en La Gaceta del Perú Independiente, Lima, 4 de agosto de 1821.

    Como se ve, Chávez y Maduro han tenido buenos maestros.

    Donoso, "nosotros los liberales somos hermanos en todas partes del mundo" y "lo demás no importa nada"....

  13. #153
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    "Los españoles huyen despavoridos abandonando las más fértiles provincias, mientras el general Olañeta ocupa el Alto Perú con un ejercito verdaderamente patriota y protector de la libertad."

    Bolívar, 13 de agosto de 1824.

    Bernardo de Monteagudo, que tras este episodio mostraba públicamente en Guayaquil, a modo de trofeos, las joyas sustraídas a Goyeneche, confesó poco después, en un manifiesto fechado en Quito el 17 de marzo de 1823, que "yo empleé todos los medios que estaban a mi alcance para inflamar el odio contra los españoles; sugerí medidas de severidad, y siempre estuve pronto a apoyar las que tenían por objeto disminuir su número y debilitar su influjo público o privado. Este era mi sistema y no pasión"
    Última edición por Ordóñez; 09/10/2013 a las 22:37

  14. #154
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    La familia arequipeña Goyeneche siempre se consideró española y no reconoció la separación del Perú. Una muestra:

    Pedro Mariano de Goyeneche - Wikipedia, la enciclopedia libre

    Pedro Mariano de Goyeneche y Barreda (Arequipa,Virreinato del Perú, 22 de febrero de 1772 - Burdeos,Francia, 30 de noviembre de 1844). Abogado ymagistrado realista peruano.
    Época virreinal[editar · editar código]

    Su padres fueron el hacendado navarro Juan de Goyeneche y Aguerrevere y de María Josefa de Barreda y Benavides. Sus hermanos fueron José Manuel, José Sebastián y Juan Mariano de Goyeneche y Barreda.
    Su familia fue una de las más importantes de Arequipa, donde transcurrieron sus primeros años, criándose en el Palacio de Goyeneche. Realizó sus primeros estudios en Arequipa, donde obtuvo el grado de Bachillerato en Artes. Ingresó posteriormente en la Universidad de San Marcos (de Lima) donde terminó los estudios de Derecho alcanzando el grado de Doctor en Jurisprudencia.
    Se recibió de Abogado en la Real Audiencia de Lima el 5 de noviembre de 1798. Poco después fue nombrado Asesor del Tribunal del Consulado y del de Minería.
    En 1807 fue nombrado Oidor de la Real Audiencia de Cuzco y en 1814 de la de Lima (hasta su jubilación en 1819).
    Su familia, profundamente ligada al bando realista durante las guerras de independencia en Sudamérica, sufrió la persecución de los patriotas. Tras la pérdida de la causa realista la Familia Goyeneche se trasladó a España, donde consiguió como recompensa y tras sucesivas uniones matrimoniales laGrandeza de España y los condados de Guaqui y Gamio, los marquesados de Casa Dávila, de Balbueno y Villafuerte y el ducado de Goyeneche, entre otros títulos nobiliarios.
    En 1818 fue nombrado Consejero Honorario del Consejo de Indias y en 1819 de la Cámara de este Consejo. En 1807 fue nombrado Caballero de la Orden Militar de San Juan de Malta y en 1824 el ReyFernando VII le otorgó la Gran Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica.
    Guerra de independencia y persecución.[editar · editar código]

    Durante la guerra de independencia del Perú, el oidor Goyeneche (ya jubilado) fue probablemente el miembro de esta familia tan significada en el bando Realista quien sufrió la mayor persecución de los patriotas independentistas.
    Tras la entrada de José de San Martín en Lima, en 1822, el marqués de Torre Tagle le impuso una contribución de 320.000 reales a causa de su conocida lealtad al Rey de España, para sostener la guerra contra los españoles. Goyeneche ni siquiera respondió a este requerimiento. Un mes después, el 13 de abril de 1822, el ministro Bernardo de Monteagudo, tras haberse apoderado de 40.000 pesos que Goyeneche tenía depositados para algún caso de extrema necesidad en manos del padre Manuel José Pedemonte, reiteró esta reclamación concediéndole un plazo de tres días para hacer efectiva la suma. Pero, sin dejar transcurrir este plazo, Monteagudo ese mismo día 13 instó a Goyeneche a pagar en el término de 3 horas o ir a la cárcel.
    Pedro Mariano de Goyeneche incumplió el requerimiento por lo que Monteagudo ordenó el inmediato arresto del oidor jubilado y su traslado a la cárcel pública, haciéndole vestir el uniforme presidiario, esposado y con grilletes, por las calles de Arequipa con asistencia de cientos de independentistas a quienes Monteagudo había excitado en contra de la Casa de Goyeneche. Incluso su pensión de funcionario jubilado fue incautada por orden de Monteagudo.
    Al fin, el 12 de mayo de 1822 Pedro Mariano acordó ceder algunas joyas, libros y muebles más 2.000 reales de plata, tras lo que Monteagudo ordenó su traslado a la casa de locos de San Andrés y posteriormente, bajo pena de deportación a la isla de Juan Fernández, se le obligó a abandonar el Perú de manera inmediata.
    Bernardo de Monteagudo, que tras este episodio mostraba públicamente en Guayaquil, a modo de trofeos, las joyas sustraídas a Goyeneche, confesó poco después, en un manifiesto fechado en Quito el 17 de marzo de 1823, que "yo empleé todos los medios que estaban a mi alcance para inflamar el odio contra los españoles; sugerí medidas de severidad, y siempre estuve pronto a apoyar las que tenían por objeto disminuir su número y debilitar su influjo público o privado. Este era mi sistema y no pasión" El magistrado Goyeneche fue una de las más conocidas víctimas de este sistema
    Exilio[editar · editar código]

    Pedro Mariano se trasladó a España en un buque inglés que se dirigía a Río de Janeiro para pasar de ahí a Gibraltar y luego a Madrid, donde el propio rey Fernando VII quiso imponerle personalmente en elPalacio Real la gran cruz de la Orden de Isabel la Católica por su heroico comportamiento y su lealtad inquebrantable a España.
    La situación convulsa e inseguridad que vivía España en aquella época hizo que en 1825 decidiera trasladarse a Burdeos (Francia), donde murió en 1844 en una pequeña mansión que sirviera de consulado peruano. Fue enterrado en Burdeos.
    En su testamento, además de las tradicionales mandas pías y abundantes legados para instituciones peruanas, quiso dejar constancia de su lealtad a España:
    "Declaro que he vivido, vivo y protesto morir fiel español, cuyo título me ha honrado en vida y me honrará en muerte, y que jamás he hecho acto ni cometido acción por la que haya desmerecido gozar del derecho de nacional español, en cuyo ejercicio estoy, pues a pesar de que mi país natal se declaró independiente de su metrópoli, preferí a mis conveniencias guardar como caballero y como funcionario público español el juramento de fidelidad a Su Majestad Católica, el mismo que supieron guardar mis padres y ascendientes" (Burdeos, 13 de junio de 1844)
    El Tercio de Lima dio el Víctor.

  15. #155
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Mariano Osorio - Wikipedia, la enciclopedia libre

    Mariano Osorio (Sevilla, España, 1777 - † La Habana,Cuba, 1819) fue un militar español y gobernador de laCorona Española en la Gobernación de Chile. Es una de las figuras fundamentales de la Independencia de Chile y sobre todo del periodo de la Reconquista española, dado que fue el comandante de las fuerzasleales a España que triunfaron en la Batalla de Rancagua y Batalla de Cancha Rayada (1818). Fue el penúltimo Gobernador español entre 1814 y 1816.
    Índice

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    Carrera militar[editar · editar código]

    Desde muy joven inició su carrera militar en el arma deartillería. Combatió de manera notable durante lainvasión napoleónica a España en 1808. Posteriormente, en 1812, fue trasladado a Lima como Comandante General de Artillería y profesor de matemáticas de la Escuela Militar.
    Reconquista de Chile[editar · editar código]

    Cuando el Virrey del Perú José Fernando de Abascal y Sousa desconoció el Tratado de Lircay, este puso a Osorio al mando de la fuerza expedicionaria que reconquistaría la Gobernación de Chile para devolverla al Imperio Español, compuesta por el batallón Talavera, recientemente llegado de la península con 374 plazas1 que antes de su partida a Chile fueron elevadas a 600 con reclutas locales, dos compañías del regimiento Real de Lima con 200 plazas y 6 piezas de artillería con 70 servidores.2 3 La expedición zarpó del Callao el 19 de julio de 1814 y tras 14 días de navegación desembarcó en Talcahuano, desde donde avanzarían hacia el norte reconquistando los territorios de Chile para la Corona Española. El último enfrentamiento se produjo el 1º y 2 de octubre de 1814, en la famosa Batalla de Rancagua, donde Osorio y sus huestes realistas derrotaron a las tropas patriotas del general Bernardo O'Higgins. De esta manera Osorio entró triunfante en Santiago de Chile.
    Osorio, Gobernador de Chile[editar · editar código]

    Luego de la batalla de Rancagua, Mariano Osorio asume la gobernación de Chile. El gobernador reinstaura el antiguo régimen y todas sus instituciones. De igual forma disuelve todo lo instaurado por los "patriotas" durante el periodo de la Patria Vieja. Osorio, a pesar de haber ordenado la deportación de una centena de notables patriotas al archipiélago de Juan Fernández, intentó llevar a cabo conscientemente un gobierno de reconciliación entre los bandos enfrentados(patriotas y realistas); por eso ordenó el tribunal encargado de enjuiciar a posibles antiguos patriotas, con vecinos benevolentes que perdonaron en reiteradas ocasiones. Destacó también por una de sus más distintivas características: un humor socarrón que contribuyó a distensionar el ambiente de la época, plagado de violencias. En este sentido, muy citada es una de su sentencias, redactada frente a una petición de un acomodado residente de Santiago, llamado Juan Luco y Aragón, que pedía que no le cobraran impuestos porque había sido liberado de ellos con anterioridad; Osorio respondió al pie de la petición: "Como Luco y Aragón, libre de Contribución-Como vecino y pudiente, pagará al día siguiente".
    Pero al parecer, no controlaba por completo la situación de la gobernación. El Real Regimiento de Talavera de la Reina, a cargo del capitán Vicente San Bruno, reprimía con violencia a muchos patriotas, lo cual no hacía otra cosa que contribuir a oscurecer la fama del gobierno español y producir el traspaso a la causa nacionalista del grupo más moderado, que sería determinante en el futuro.
    En 1816, el virrey del Perú publica en un connotado periódico de Lima, que es él el principal responsable de la reconquista de Chile. Esto provocó que Osorio se molestase y enviara una carta al mismo periódico desmintiendo los dichos de su superior y haciéndose él acreedor de la responsabilidad en los triunfos realistas. Evidentemente esto causó la ira del Virrey, el cual lo destituyó y nombró en su lugar a Casimiro Marcó del Pont.
    Maipú y sus últimos días[editar · editar código]

    A principios de 1817 el director supremo de las Provincias Unidas Pueyrredón autorizó el envío delEjército de los Andes a la Capitanía General de Chile con el fin de reinstaurar el gobierno independentista, prevenir una posible invasión por el oeste y finalmente invadir Lima por el Pacífico.
    El ejército, de más de 5.000 hombres, fue dirigido por el capitán general José de San Martín siendo acompañado por sus comandantes: el brigadier general Soler y los brigadieres O'Higgins y Las Heras. El Ejército de los Andes emprendió el Cruce de los Andes el 19 de enero de 1817 y luego de distintas batallas lograron independizar a Chile de la Corona española. Sin embargo, esto no fue aceptado inmediatamente por la Corona Española, la cual ordenó una nueva expedición a cargo del antiguo gobernador de la colonia, el general Osorio.
    Osorio y sus tropas desembarcaron nuevamente en Talcahuano. Al igual que en 1814 avanzaron hacia el norte y sorprendieron a las fuerzas independentistas, conformadas por la unión del Ejército de los Andesy los cuerpos milicianos chilenos recién formados, en la Batalla de Cancha Rayada el 19 de marzo de 1818. El ejército de San Martín fue perseguido por las fuerzas de Osorio. No obstante, los rebeldes independentistas lograron organizarse en los llanos de Maipú, donde vencieron definitivamente a los leales a la Corona Española en la Batalla de Maipú. Mariano Osorio logró escapar con algunos colaboradores hacia Lima, donde es juzgado por las posibles responsabilidades que le pudieran caber en la derrota realista. Fue absuelto y emprendió viaje de regreso a su tierra natal, pero terminó sus días enLa Habana, víctima de la fiebre palúdica, en 1819.
    Referencias[editar · editar código]






    Casimiro Marcó del Pont - Wikipedia, la enciclopedia libre

    Francisco Casimiro Marcó del Pont Díaz Ángel y Méndez (Vigo, España; 1770 - † Luján, Argentina;1819), hijo de Buenaventura Marcó del Pont y Juana Ángel y Méndez, fue un militar español y gobernadorde la Corona Española en la Gobernación de Chile. Es una de las figuras de la Independencia de Chile dado que fue el último de los Gobernadores de Chilecuando fue hecho prisionero por fuerzas del Ejercito de los Andes, lideradas por José de San Martín yBernardo O'Higgins que ingresaron a Santiago luego de la Batalla de Chacabuco.
    Índice

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    Carrera militar en España[editar · editar código]

    Inició una carrera militar como cadete en el Regimiento de Infantería de Zaragoza en el año 1784. Estuvo en la guarnición de Oran en 1789. En 1802 estaba en el regimiento Tarragona. Durante el Sitio de Zaragoza el brigadier Marcó del Pont fue hecho prisionerio y llevado a Francia consiguió su traslado a Valençey, prisión de Fernando VII. Tras la restauración regresó a Madrid, donde a poco, su influencia en la corte le otorgó el gobierno de Chile. Este nombramiento se hizo contra el parecer del Consejo de Indias sin embargo. El nombramiento de Marcó del Pont como Gobernador de Chile culmina una brillante trayectoria militar que incluso Napoleón alabó concediéndole la Orden de la Flor de Lis y que tanto el General Palafox como el General San Martín alabaron en su día.
    Gobierno de Chile[editar · editar código]

    A fines de 1815, vía Panamá, y su posterior paso por Lima, arribó a Valparaíso. Su recepción en Santiago fue inicialmente favorable, sustituyendo en la jefatura de gobierno a Osorio, identificado con la austeridad del periodo de reconquista militar. Marcó del Pont pretendía una reconciliación a traves de actos demagógicos, sin embargo el ambiente de desconfianza y prevendas le llevó a copar de europeos y criollos peruanos los puestos clave y dar a la restauración un caracter represivo. El capitán Vicente San Bruno, venido con el regimiento Talavera, encargado de la actividad policial, pero llevando sus funciones más allá de la delincuencia común, montó un tribunal político cuya desorientación y arbitrariedad le llevó el descrédito y animosidad. Marcó del Pont erró su política de gobierno al incumplir las políticas de reconciliación venidas directamente de la corte de España, como el indulto general a los patriotas del 12 de febrero de 1816. Además su estado de permanente alarma agotó los recursos empleados en la defensa del mar y la cordillera de Chile. Envió varios espías a Cuyo para que recabaran información sobre el Ejército Libertador de los Andes.

    Marcó del Pont (en Revista Zig-Zag (1905).

    Está ampliamente demostrado que las medidas que tomó Marcó del Pont para reprimir a los insurgentes estaban ampliamente aceptadas en su día como el toque de queda o el secuestro de armas para garantizar la seguridad en la población civil.
    De otro lado cumplió correctamente su papel administrador, acreditando su lealtad, posponiendo sus sueldos a las posibilidades del estado. Entre sus obras urbanisticas están la mejora del paseo de Tajamar o la Alameda, reparó el Teatro y coliseo, construyó el canal de Maipú. Se dice que todo induce a pensar que Marcó del Pont llegó a Chile con buenas muy intenciones, y podría haber sido de beneficio en un país normal, pero el estado de revolución exigía un talento, energía y experiencia de los que carecía Marcó del Pont para llevar adelante en un gobierno convulsionado. Puso precio a la cabeza de Manuel Rodriguez.
    Puntos de vista[editar · editar código]

    Las descripciones que existen alrededor de la imagen de del Pont son 2 completamente diversas. Algunos historiadores chilenos lo describen como “... incapaz de realizar algo correcto, cobarde y carente del sentido de dignidad...”1 Mientras la página web de Icarito lo defiende: “A Marcó del Pont, que era un hombre fino, de los mejor educados y de excelente tronco, algo raro entonces, le dieron la fama de afeminado, simplemente por su limpieza, su elegancia y el pecado de haber traído ciertos adelantos a una ciudad cuyo estado entonces era indescriptible a causa de su atraso y suciedad. En Santiago no había vidrios, ni letrinas, ni más alumbrado que el de las velas de sebo, sostenidas en pelotas de barro que sacaban a mano de las acequias. El entretenimiento de los niños era la pedrea. Lo que ahora llamamos guate, de W.C., era el zambullo, un canco hediondo que sacaban de las casas y cantinas una vez al mes. En otras partes ponían el excusado encima de la acequia en el tercer patio. En la Plaza ocupaban todo un costado los vendedores de ojotas. Las ojotas viejas quedaban en el suelo y servían los domingos para la llamada guerra de ojotas. Con este calzado combatieron los ejércitos patriotas. A esta ciudad trajo el señor Marcó del Pont alguna escupidera, peines, cepillos, jabones finos, y algún carruaje con vidrios, todo lo cual pareció insólito. Le compararon con la Pompadour y le dieron fama de afeminado. Poco cuesta desfigurar a las personas...”2
    La familia y la educación de todos los Marcó del Pont fue elevada en su época que les llevaron a tratarse de igual a igual con miembros de la aristocracia como la duquesa de Osuna o de la realeza como el duque de Angulema y el rey Fernando VII. Marcó del Pont se limitó a seguir las indicaciones de su Gobierno, teniendo en cuenta el enorme rechazo que causaba en la metrópolis la inevitable independencia de los nuevos países americanos. La familia Marcó del Pont pertenecía a la Ilustración y por lo tanto fomentaban las artes, pero dado su status y el rechazo a la Revolución Francesa fomentaron siempre la lealtad al Antiguo Régimen.
    Fin de su gobierno, exilio y muerte[editar · editar código]

    Fin de gobierno[editar · editar código]

    San Martín, encomendó a su armero José Antonio Alvarez Condarco, en misión de espionaje, que fuese a entrevistarse con Marco del Pont, debiendo reconocer y memorizar en su viaje los accidentes del terreno. Marcó del Pont le expulsó del país anotando en el pasaporte del armero una expresión que hace referencia a la traición de José de San Martín a la monarquía española: Yo firmo con mano blanca y no como la de su general que es negra3 4
    Huida y captura[editar · editar código]

    Tras la caída del gobierno español de Santiago, Marcó del Pont huyó a Valparaíso dirigiedose primero aSan Antonio5 a través de la Cuesta de Lo Prado creyendo que en su bahía se encontraba surto el buque San Miguel,5 pero este había zarpado horas antes.5 Se encontró en la disyuntiva de seguir el camino de la costa pero quedaría a merced de los montoneros de Ramón Freire por lo que se decidió a seguirlo hacia el norte , a través de las actuales localidades de Cartagena,5 El Tabo, El Quisco , descansando enEl Totoral el 15 de febrero de 1817.5 Desde esta posición envió un inquilino para que le avisará respecto de la situación en Valparaíso.6 El hombre avisó a su jefe , el hacendado de Las Tablas el qe se concertó con el Capitán José Aldao para rodear la quebrada el 15 de febrero.6 En la Quebrada del Totoral , se le encontró con todos los oficiales que le acompañaron en su salida de Santiago;6 el teniente coronel Fernando Cacho , el coronel Ramón González y el fiscal Prudencio Lazcano.6 Todos entregaron sus espadas salvo él que pidió entregarla a un jefe de su condición.6 La virgen de su capilla particular todavía puede verse en la capilla del Eremitorio franciscano de El Totoral

    Virgen de Marcó del Pont en El Totoral.

    Saludo de San Martín[editar · editar código]

    Conforme a los relatos entregó ceremoniosamente su espada a San Martín.6 Dice la tradición argentina que San Martín le saludó con la expresión: ¡Venga esa mano blanca, mi general!.
    Enviado a Argentina[editar · editar código]

    El 16 de abril de 1817 fue enviado a Mendoza. San Martín ordenó encarcelar a Marcó del Pont en San Luisjunto con los prisioneros tomados en Chacabuco. Tras un motín en 1819 en el que no tomó parte, pero fue igualmente acusado,6 tras la intervención de Monteagudo ordenó su traslado a otra prisión en la "La Estanzuela", más al interior de la provincia de San Luis, donde murió el 19 de mayo de 1819, a la edad de 49 años.
    Don Francisco Casimiro Marcó del Pont tuvo varios hermanos: don Ramón Genaro, dedicado a los negocios de su padre en Vigo, don Ventura Miguel, dedicado a los negocios de su padre en Buenos Aires y Síndico del Consulado de Comercio, fundador allí de la Escuela de Naútica, de la Escuela de Dibujo, del Tercio de Gallegos y de la Hermandad de Hijos y Oriundos del Reino de Galicia, hoy Centro Gallego, don Juan José, Consejero de Estado del Rey Fernando VII y Ministro de Hacienda del Pretendiente Carlos V, don Joaquín y don Juan Mateo que no llegaron a edad adulta, don Manuel María, General de Brigada y Medalla de Oro de la Batalla de Bailén, don Pedro Angel, General de Brigada y Comandante General de Orense, Ana Jacoba, esposa de Juan Fontan y del Pueyo, de Luna y Belvís de Moncada, y María Magdalena, dedicada al cuidado de su madre.
    Las residencias de la familia Marcó del Pont fueron el Pazo de Lourizán, el Pazo de Pousadouro, el Pazo de Baión o Granxa de Fontán, la casas grandes de Vigo y de Calella de Mar y la Casa-Palacio de Hortaleza de Madrid, conocido como palacio de Buenavista de Hortaleza y hoy parque Clara Eugenia.
    Con Francisco Marcó del Pont y su abuelo se inicia una saga de militares que llega hasta hoy en día en la familia Fontán.






  16. #156
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    De http://bicentenariodistinto.blogspot.com/



    «Los negros y los mulatos son una canalla que tienen tanto de cobarde como de sanguinaria... Solo me consuela saber que vienen oficiales blancos...»

    Carta de Manuel Belgrano a José de San Martín







    Motivaciones reales de la Revolución de Mayo (Virrey Cisneros)



    Es cosa bien sabida que, para sostener su "leyenda rosa", el revisionismo nacionalista provee citas con beneficio de inventario.


    Entre los documentos sistemáticamente silenciados, se incluye el que es, tal vez, el documento más importante acerca de la Revolución de Mayo: la deposición del Virrey de Buenos Aires, don Baltasar Hidalgo de Cisneros, y de los Ministros Togados de la Real Audiencia de la misma capital (los oidores Francisco Tomás de Anzoátegui, Manuel Sebastián de Velasco y Manuel José de Reyes, y los fiscales Manuel Genaro de Villota y Antonio Caspe y Rodríguez).


    En la tarde del 22 de junio de 1810, a casi un mes de iniciados los sucesos que desencadenarían la Independencia bonaerense, el Virrey y los Ministros fueron citados por la Junta revolucionaria en la Real Fortaleza. Allí son intimados a embarcarse con destino a la España peninsular en plazo perenterio a bordo de la balandra británica HMS Dart estacionada en el Puerto de Buenos Aires, prohibiéndoseles hacer escala en Montevideo o cualquier otro puerto americano.


    A su llegada a Canarias a fines de agosto de aquel año, Cisneros y los auditores expulsados por los revolucionarios hacen su deposición. Son 28 folios que se encuentran en la Biblioteca y Archivo de la Ciudad de Santa Cruz de Tenerife, caja 57.


    A continuación, copiamos algunos fragmentos (arreglando un poco la grafía original para facilitar la lectura) de dicho expediente que, claramente, destruyen la argumentación del revisionismo nacionalista.
    "...El Cabildo procedió al nombramiento de Vocales de esta Junta que quedó formada y reconocida en el día 24 de Mayo: pero no contentos los facciosos con que yo quedase de Jefe, pues sus ideas eran terminantes a otros reprobados intentos, procedieron revolucionariamente contra aquella resolución [del Cabildo], nombrando nueve personas de su facción que carecen las más de todo concepto y confianza pública [por haber participado de la fuga de Beresford, la revolución de 1809, etc.], y quedé separado absolutamente del mando, aunque con las distinciones y honores proprios de mi empleo y graduación."
    "Las providencias que empezó a adoptar la nueva Junta manifestaban muy bien sus ideas, pues fue una de ellas la de desarmar a los Europeos [excepto a los británicos, de más está decirlo]; mas no me hubiera prevenido en contra, si no hubiese visto otras demostraciones más categóricas, cuales fueron la resistencia a reconocer el supremo Gobierno de Regencia, la impugnación que en sus papeles públicos hacían a la legitimidad del nuevo Gobierno, el empeño de llevar adelante la convocación de un Congreso general del Virreynato en ocasión de estar llamados a las Cortes los Diputados de las ciudades de América, la expulsión de los oficiales de la Marina Real, yel propalar abiertamente los de su partido que contaban con la protección de la Inglaterra para sostener su independencia."
    "La Ciudad de Montevideo se decidió abiertamente contra estas ideas, y lo mismo practicó la de Córdoba: únicas principales de que se tenía noticia al tiempo de mi salida: La primera reconoció y juró el nuevo Gobierno de Regencia; y el Tribunal de la Real Audiencia excitó a la Junta para que igualmente procediese la Capital de Buenos Ayres [del virreinato] al expresado reconocimiento con el fin de conservar la unión y dependencia de aquellos Dominios con las Provincias de la Nación que están libres de la Tiranía francesa, evitar la división en asunto tan importante, y calmar los ánimos de los Europeos recelosos e inquietos por las señales que advertían en la Junta y tropas que seguían su causa, de abandonar la de la Nación, y dirigirse separadamente a un sistema de independencia bajo apariencias y simulaciones difíciles de conciliar con sus obras."

    ¿Son necesarias mayores pruebas?

    Don Baltasar Hidalgo de Cisneros y de la Torre (1758-1829), Teniente General de la Real Armada Española, Cruz de Caballero de la Real y Muy Distinguida Orden de Carlos III, Gentilhombre de Cámara de Su Majestad.






    Prueba de la traición de la Junta revolucionaria de Buenos Aires



    [Se ha arreglado la grafía y ortografía en cuanto ha sido posible para facilitar su lectura.]
    La Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata, y el Capitán Mark Bayfield han convenido en lo siguiente.

    [...] Concede el Gobierno al capitán Bayfield permiso para que introduzca sin derecho alguno en valor de la fábrica cien mil pesos de géneros y extraiga otros tantos en frutos del País igualmente libres.
    [...] Como cuando el Capitán Bayfield pueda hacer la introdución que se le concede pudiera haber habido alguna baja en los derechos se declara ya desde ahora por este Gobierno que se entiende que la introducción y exportación podrá extenderse hasta la suma que le proporcione el beneficio que ahora si hiciere uso del permiso.
    [...] La Junta y todos sus vocales garantizan el cumplimiento de estos convenios y aseguran su firmeza a cuyo fin se firmará el presente por triplicado en Buenos Aires a veintidos de Junio de mil ochocientos diez.
    Cornelio de Saavedra. Doctor Juan José Castelli. Manuel Belgrano. Miguel Azcuénaga. Doctor Manuel Alberti. Domingo Matheu. Doctor Larrea. Doctor Mariano Moreno. Mark Bayfield.
    "The Glorious Conquest of Buenos Ayres by the British Forces" (National Army Museum, Chelsea, Londres). Lo que no se logró en 1806 y 1807, se daría en 1810...

    Última edición por Ordóñez; 09/10/2013 a las 23:26

  17. #157
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    ESOTERISMO, ESPIONAJE, TRAICIÓN
    (El extraño caso de William Pius White)

    En nota anterior sobre este mismo tema, hicimos referencia al 250º aniversario de las primeras invasiones inglesas y su total fracaso ante la Colonia del Sacramento.
    Para quien esto escribe fue una especie de introito ya que Albión, que no deja cuentas sin cobrar, volvió por sus objetivos cuando las circunstancias internacionales le fueron propicias. Ellas se concretaron en dos hechos de armas: Trafalgar (1804) y Austerlitz (1805). Estas dos grandes batallas cumplieron su cometido como torres de babel en el ajedrez mundial británico.
    Mediante la primera, Inglaterra quedó dueña de los mares. Con la segunda, Bonaparte concretaba, su predominio total en Europa. “Las Españas donde no se ponía el Sol” con sus Reinos de América unidos a una Francia Jacobina, iniciaba un largo via crucis por la torpe política externa del ambicioso, sin ética, Manuel Godoy, que ocupaba el poder ministerial a través del favoritismo del matrimonio real español. La hegemonía continental napoleónica y la talasocracia imperial británica se enfrentaban. Esta última tenía sus ojos puestos en los Reinos Americanos como futuras y jugosas presas. Y lo consiguieron. Cuando entraba la tercera década del siglo XIX los ricos territorios, infiltrados por los “Hijos de Hiram”, consiguieron ser convertidos en satélites de la City londinense. La excepción fue la Argentina de Rosas y la República Oriental de Manuel Oribe, que resistieron al cañón de Gran Bretaña y Francia.
    Llegando a esta parte de nuestra investigación tropezamos con el nombre de William Pius White, parido en Massachusets (Boston, 1770), tierra herética que no habla español y que fue piráticamente engrandecida en setenta años (1778-1848) del océano Atlántico al océano Pacífico con guerras provocadas o maniobras indecentes y matanzas de indios, o recluyendo a los sobrevivientes en brutales campos de concentración como harían sus hijos con los holandeses boers al final de ese siglo.
    Decía Aristóteles, que el saber avanza gracias a las sorpresas. Cuando investigábamos, para estudiar las agresiones de la infame Albión tuvimos un encontronazo con el personaje, arriba citado, al cual habíamos visto pasar, pero esta vez pretendimos observarlo de cerca. En 1803 el fariseísmo inglés tenía numerosos espías confidentes y traidores en Buenos Aires, entre ellos al precitado White, norteamericano que con 33 años ya era un poderoso comerciante en contrabandos y tráficos de esclavos. Sus relaciones lo llevaron a intercambiar cartas con su amigo el Comodoro “Sir” Home Popham un jefe de la Armada británica que había ocupado el cargo de Edecán del Virrey en la India, Conde de Wellesley. Éste, para más datos era hermano del Duque de Wellington, futuro vencedor de Bonaparte en Waterloo. Pero, digresiones de lado, prosigamos con nuestro tema de esoterismo y traición.
    El complot que llevaría a Popham a ocupar la capital de nuestro Virreinato tenía data de años jugando siempre importante papel Mr. White. Sus amistades fueron claves. Según Florencio Varela, White “tuvo negocios poco honrosos” durante su permanencia en la India. Varios de ellos con el apoyo del Comodoro “Sir” Popham. En esos tiempos conoció y trabó amistad con Esteban Perichon y su esposa Juana Vandeuil. Una hija de éstos, la joven Ana, casó con un contrabandista irlandés de nombre Thomas O’Gorman. Ya residentes en Buenos Aires, en 1804, don Thomas vuelve de Europa acompañado del capitán irlandés James Burke quien revistaba como prusiano pero en realidad venía con mandato del Duque de York para contactar una posible intervención británica. Burke con el apoyo del círculo O’Gorman and White, fundó centros de captación y espionaje en su casa y en la de O’Gorman. En la “Posada de los Tres Reyes” se fundó la primera logia. Allí se reunían diferentes personajes entre los que se destacaban los miembros de la Sociedad Literaria y Patriótica como Juan José Castelli y Miguel de Azcuénaga. Ana Perichon Vandeuil de O’Gorman resultó un fuerte atractivo para conseguir información. La más importante noticia que obtuvo para White fue la llegada de una importante cantidad de oro y plata desde Potosí y Perú.
    Lo subrayable, considerado en las mesas de la logia, era que las ciudades de las zonas, aparte del amurallado Real de San Felipe y Santiago de Montevideo, base también de la Real Marina, no tenían defensas. Rápido como ave de rapiña con hambre, White escribió a su amigo Popham, a quien sabía ocupando el Cabo de Buena Esperanza (ex holandés), informándole la llegada del Tesoro. Esas importantes cantidades de metal precioso —seguramente le decía— proporcionarán al Comodoro Sir Popham, al Gral. Bair al igual que a su colega Beresford lo mismo que a quien ese papel firmaba (“Mr. White”) obtendrían muy buenos beneficios. La Batalla de Austerlitz fue para el Comodoro Popham la oportunidad deseada para ser el primero en ocupar y/o demoler el Imperio Sacro Romano Hispánico.
    En esos momentos (1806) fracasaba frente a Venezuela el masón, y vocacional traidor Francisco Miranda quien, financiado por Estados Unidos y Gran Bretaña, intentaba desembarcar para concretar el aberrante plan urdido en las Hermandades Esotéricas. La decisión de Popham fue rápida. Incluso desconociendo las jerarquías no pidió la venia del Foreign Office ni la del Ministerio de Guerra y puso proa hacia Buenos Aires. Su decisión reflotaba un plan de White que con su amigo el capitán negrero Murphy habían presentado al Premier Mr. Pitt, por el cual, con el apoyo de tropas británicas, se declararía la “independencia” de las inexistentes colonias, pero sí Reynos.
    El Plan rechazado por el Premier Pitt quien no creyó que era el momento oportuno volvió a la vida en esos meses. Estaba poco más o menos en la línea propuesta, por lo que el masón y anglófilo Carlos María de Alvear propondría en 1815 al Ministro inglés en Río para escarnio eterno de su memoria. La llegada y el desembarco de las fuerzas inglesas (1806) marcaron intensa actividad para White.
    Éste actuó de intérprete y como “Comisario de Presas” nombrado por Beresford, enviando doscientos hombres para retirar el Tesoro ubicado en Luján. Realizados los descuentos para los “libertadores”, el Tesoro de 1.500.000 en monedas de plata fue enviado a Londres donde sería paseado en ocho grandes carruajes engalanados con las Banderas de la Marina española, la Roja y Gualda y la Blanca con la Cruz de San Andrés que luego harían guardia en el tesoro del Bank Of London junto a lo robado en el Río de la Plata.
    Liberado Buenos Aires, White fue detenido y considerado por la Fiscalía un “extranjero corrompido”, pero delictivamente sólo un “infidente para facilitar la invasión”. El cargo era muy liviano por lo que fue enviado a la Guardia del Salto (hoy en la de Provincia de Buenos Aires) donde se comentaba que la justicia aplicaría la pena de muerte por traición y saqueo. Pero no fue así. En semanas a White se le permitió llegar a Luján donde estaba alojado el general Beresford junto con otros prisioneros como el perjuro coronel Pack y el Mayor Tolley del Regimiento 71 ubicado cómodamente en San Antonio de Areco. Estos “señores” entretenían sus ocios jugando al golf y al cricket. Entre partido y partido se comunicaban con vecinos y “Hermanos”… de Buenos Aires partidarios de una “independencia” a la malvinense por lo que Beresford dispuso los planes para una segunda invasión.
    En Buenos Aires los agentes de la red Saturnino Rodríguez Peña, Manuel Aniceto Padilla (estos sujetos recibirían una renta de por vida para premiar los servicios prestados) iniciaron los contactos con partidarios de una independencia (SIC) con Inglaterra. El 10 de febrero de 1807 el Cabildo presionó a la Real Audiencia para que destituyese al Virrey Marqués de Sobremonte. Una semana después Rodríguez Peña y Padilla consiguieron la entrega de Beresford quien pasaría al Real de Montevideo (ocupado por Auchmuty), junto con White. En Montevideo nuestro “ilustre” biografiado ocupó cargos muy cercanos al jefe británico general Whitelocke. Beresford informó por entonces al Ministro Castlereag que White había prestado importantes servicios la causa británica.
    “Business are business”, dogma para White que en esos meses importó a Montevideo grandes cantidades de telas desde Londres. Cientos de esos paquetes llegaron a manos de Liniers que los necesitaba para uniformar a sus tropas. No de balde los ingleses dejaron para la posteridad este concepto de su fiel amigo: “Es un hombre inteligente, bien informado, y que conoce la región”.
    Cuando Whitelocke fue obligado a dejar el Real de San Felipe y Santiago de Montevideo, el Gobernador Elío puso en prisión a White y consideró la posibilidad de ajusticiarlo por traición. Años después cuando la Provincia Oriental había sido entregada por el Director Pueyrredon a un Portugal tan satelizado que el Comandante Supremo de sus Fuerzas Armadas lo era el General Beresford, White estaba detenido en Montevideo, no precisamente por ser honesto en sus negocios. El invasor ocupante, el general Carlos Federico Lecor, recibió de William Carr Beresford, la orden de dejarlo en libertad de inmediato.
    Pero veamos un pantallazo del White durante la Revolución de Mayo a la que se vinculó con negocios de armas y barcos hasta la caída del “Hermano” Alvear, en 1815. Luego de ese espacio de tiempo aparece de tanto en tanto, en dificultosa situación pero siempre con la protección del delegado de Gran Bretaña en Portugal: Guillermo Carr Beresford. Estallado el movimiento de Mayo de 1810, White, arregló su chaqueta y se incorporó al Juntismo. Fletó entonces barcos para la causa, pero el negocio le produjo déficit. Ello lo hizo reaccionar reclamando al gobierno por sus gastos. Así le contestó el ministro Larrea: “Usted ha sufrido grandes desembolsos, todo será reparado por un gobierno que no puede desconocer justas reclamaciones”. Veamos como rehízo sus “ahorrillos” dando noticias de nuestras fuentes.
    Hace pocos meses en Montevideo, se publicó con el Sello de “Editorial Banda Oriental” un muy buen trabajo del Oriental doctor Luciano Alvarez titulado “Intrigantes, Valientes y Traidores”.
    En el capítulo que disecciona al “patriota”, el autor dice lo siguiente: “Especuló con los salarios de la tropa. Argumentando la falta de efectivo pagaba con mercadería de sus almacenes al precio que el mismo fijaba. Los soldados debían venderla para hacerse dinero y sus testaferros la recompraban a vil precio. Para cerrar el negocio, White reclamaba al gobierno los sueldos supuestamente adelantados de su peculio”. Ésta fue sólo una perla del “honestior”. Lo cierto es que su periplo fue un misterio hasta su regreso a Buenos Aires, en 1835. Dicen que murió pobre el 3 de enero de 1842. Pero sus descendientes tuvieron acceso a una importante fortuna. Los protegió un “caballero muy querido” por paraguayos y orientales dado que fue su “libertador”. Esa persona se llamó Bartolomé Mitre y es el mismo que el gran historiador mexicano Carlos Pereyra llamó “mediocridad engreída”. El “buen” señor firmó un acuerdo con Estados Unidos aprobado por ley del 3 de octubre de 1863 mediante el cual se pagaría a los herederos de White 350.000 pesos plata amonedada, expidiéndose en su favor títulos de fondos públicos al 6 por ciento anual y uno de fondo de amortización acumulativa. Desde 1893 su nombre lo detenta una calle en la porteña Villa Luro. La vía nace en Rivadavia 9202 y termina en Echeandía 4401. Esta es una forma subliminal de escribir “historia” para “La Pobre Gente”, como tituló uno de sus dramas, el Oriental Florencio Sánchez.

    Luis Alfredo Andregnette Capurro


    CABILDO - Por la Nación contra el caos

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    Hubo mucha intromisión extranjera en las guerras de independencia de Hispanoamérica, mientras en el sur fueron predominantemente los británicos, en la Nueva España accionaron los estadounidenses, sobre todo en la frontera con Texas.


    Peter Ellis Bean

    El Coronel Peter Ellis Bean (Pedro Elías Bean) (8 de junio de 1783, Bean Station, Tennessee3 de octubre de 1846, Jalapa, Veracruz) fue un militar estadounidense-mexicano.

    Bean nació en Tennessee en 1783 siendo hijo de Elizabeth Blair y William Bean. En 1800, a los 17 años de edad, su padre lo envió a Mississippi en bote, mismo que colapsó cerca de Muscle Shoals, Alabama, teniendo Bean que escapar sin nada mas que sus ropas. Continuó entonces el viaje hacia Natchez, Mississippi, donde se unió a la expedición de Philip Nolan a Tejas, con la promesa de conseguir oro y plata.

    El 21 de marzo de 1801, 120 hombres del Ejército español bajo el mando del Teniente Miguel Francisco Múzquiz, quién dejó Nacogdoches en busca de Nolan. Cuando finalmente fueron encontrados, muchos filibusteros de Nolan se rindieron inmediatamente, sobre todo luego de la muerte de su comandante Nolan. Bean, sin embargo, se opuso a la rendición, pero fue capturado. Bean fue el segundo al mando de la expedición.

    Índice


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    Origen familiar[editar · editar código]

    El abuelo de Ellis Peter Bean, William Bean, fue el primer colono americano en las orillas del río Watauga,en el Tennessee. Procedente del condado de Pittsylvania en Virginia, su asentamiento quedó ubicado cerca de lo que actualmente se conoce como Elizabethtown y pronto fue seguido por familiares y amigos. Durante la guerra de independencia de los Estados Unidos, construyeron el "Fuerte Watauga". En 1776, dicho fuerte fue defendido exitosamente contra los indios Cheroqui, aliados de los ingleses. Durante el combate, la abuela de Ellis Peter Bean, fue raptada junto con el joven Samuel Moore y llevados por los Cheroquis al pueblo de Tuskegee. Fueron condenados a morir quemados atados a un poste. Nancy Ward, hija de un oficial británico y conocida como "la mujer bien amada" en la tribu, salvó la vida de la Sra. Bean.

    William tuvo dos hijos con su mujer, Russell Bean y William Bean. Éste fue comerciante en Jonesboro y su mujer, Elizabeth Blair, dio a luz a un varón al que llamaron Ellis Peter Bean en 1783. Su madre casó por segunda vez con Mr. Shaw quien tenía un hijo llamado William.

    Russell Bean también vivió en Jonesboro pero desempeñando el oficio de armero, que aprendió en un viaje a Connecticut. De niño Ellis Peter Bean trabajó en el taller de su tío donde aprendió a fabricar pólvora y armas.

    Su papel en la expedición de Philip Nolan[editar · editar código]

    A sus 17 años quiso viajar por su cuenta pero su padre no le dio permiso debido a su corta edad. Cuando la ciudad de Natchez pasó a ser parte de Estados Unidos, se abrió el comercio y fue enviado por su padre a dirigir un barco con cargamento de harina y whisky por el río, permitió que un joven de su edad llamado John Word introdujera su cargamento y lo acompañara. En un lugar del río llamado Muscleshoals, su bote chocó con una roca y perdieron su cargamento. John Word quiso regresar pero Bean mejor se fue a Natchez, donde tenía parientes, subiendo a otro barco.

    Una vez en dicha ciudad, fue a vivir con una tía y después al rancho de un tío. Allí conoció a Philip Nolan que estaba organizando una expedición a Texas y lo invitó a sumarse. Su tío no le dio permiso pero cuando Nolan y sus expedicionarios pasaron por el rancho, los tíos de Bean no estaban y se escapó con ellos.
    Durante la expedición de Philip Nolan, conoció a diversas tribus de indios y cazó caballos salvajes. Pronto la expedición era perseguida por los españoles debido a irregularidades en el permiso para explorar el territorio y el temor que generaban para las autoridades españolas 21 aventureros bien armados.

    Los expedicionarios fueron rodeados y atacados muriendo en ese combate su líder, Philip Nolan. Fueron perseguidos los sobrevivientes hasta rendirse. Bean luchó valientemente hasta el final. Hubo una tregua, se negoció la rendición y fueron llevados a Nacogdoches, Tejas.

    Prisionero de la Nueva España[editar · editar código]

    A los expedicionarios se les había prometido repatriarlos, pero en vez de eso fueron llevados como prisioneros a Chihuahua a solicitud del gobernante de esa entidad. El caso de los expedicionarios fue llevado a los tribunales de España. A los prisioneros se les dio libertad condicional mientras recibían su sentencia, con la condición de dormir todos los días en las barracas de los soldados españoles. A Bean se le permitió ser fabricante de sombreros hasta volverse el más famoso de la ciudad. Con las ganancias Salió de deudas y ahorró para poder fugarse más adelante.

    A los cuatro años de su oficio como sombrerero hizo el plan para escapar. Dejó la sombrerería a un contramaestre y con su compañero Thomas House hizo desertar a dos soldados españoles, compró armas y caballos. Su carta donde especificaba la forma de escapar cayó en manos de otro compañero de la Expedición de Nolan llamado Tony Watters, quien denunció a los oficiales españoles el plan. A Bean le quitaron sus privilegios y fue encerrado en un calabozo con cepo por un tiempo.

    Al año, Bean planeó un viaje a Nuevo México con su amigo Thomas, recibiendo permiso de un General. La idea era fugarse con los indios comanches que encontraran en el camino. Sin embargo, Thomas enfermó gravemente y no pudo acompañar a Bean. Este fue alcanzado por un mensajero, regresó a chihuahua y de nuevo fue encerrado en un calabozo. También encerraron a sus ocho compañeros sobrevivientes de la expedición. La razón fue que había llegado la sentencia del tribunal de España: por haber disparado contra los soldados del Rey se ahorcaría un hombre entre cinco. Se decidió ahorcar sólo a uno y el sorteo fue por medio de dados, el número más bajo lo obtuvo Ephraim Blackburn y fue ejecutado.

    De los prisioneros, cuatro fueron liberados y otros cuatro fueron conducidos a la Prisión del Puerto de Acapulco. En el trayecto, en la ciudad de Salamanca, una viuda llamada María Baldonada se enamoró de Bean y quiso ayudarle a escapar pero él se negó creyendo que su liberación estaba próxima. En el Castillo de Acapulco fue separado de sus compañeros y encerrado solo en un calabozo, allí cazando moscas domesticó un lagarto que popularmente se le conocía como “quija”, al cual nombró “Bill”.

    Intentó dos fugas, en la primera se hizo pasar por enfermo para trasladarlo a un hospital donde enfermó de verdad, a su salida y durante el traslado al Castillo de Acapulco engañó a los dos guardias que lo trasladaban y escapó, contactó a unos corsarios irlandeses a quienes les pidió que lo rescataran pero un cocinero portugués lo reportó a las autoridades y fue capturado.

    Su segunda oportunidad llegó al hacer desertar a un guardia apellidado Corral y poniendo de acuerdo a algunos presos para amotinarse cuando hubiera oportunidad, ésta se presentó cuando hubo la necesidad de derribar unas peñas y sólo Bean conocía como colocar cartuchos de dinamita. El día del trabajo, Bean golpeó en la cabeza a un guardia y a su señal cuarenta presos se amotinaron contra veinte guardias a los que hicieron huir con piedras y luego escaparon en todas direcciones. Durante su huida contrató a un labrador como guía pero fue capturado en un pueblo y ellos fueron rodeados por setenta soldados, lograron abrirse paso a golpes de sable y garrote. Sin embargo, fueron alcanzados y rodeados por treinta soldados. Aunque se resistieron sí fueron capturados. Corral fue condenado a diez años de esclavitud en Veracruz.

    Guerra de independencia de México[editar · editar código]

    Permaneció en prisión hasta noviembre de 1811, cuando fue puesto en libertad después de ser voluntariado para luchar con los realistas en contra de los insurgentes del general José María Morelos, que había asediado Acapulco luego de la Batalla de Tres Palos. Sin embargo, en cuanto Bean encontró una oportunidad logró escapar, uniéndose a Morelos, y ayudando a la toma de la ciudad. En el ejército insurgente Bean fue ascendido en varias ocasiones debido en gran parte por sus profundos conocimientos en municiones. Estableció varias fábricas de pólvora y de los hornos de fundición de cañones."

    Regreso a los Estados Unidos[editar · editar código]

    Quince años después de haber dejado los Estados Unidos, Bean como Coronel del Ejército Mexicano y como emisario de José María Morelos para pedir apoyo estadounidense a la causa independentista, obteniendo muy poco éxito. En Nueva Orleans se reunió con el pirata Jean Lafitte, ofreciendo ambos sus servicios al General Andrew Jackson en la Batalla de Nueva Orleans contra los británicos, participando junto a las fuerzas estadounidenses. Es entonces que Bean entabla una gran amistad con Lafitte, quién le promete ayuda a las fuerzas mexicanas hostilizando barcos españoles.

    El 18 de febrero de 1815 Bean navegó en el barco Águila de regreso a México, sin embargo fue enviado de vuelto como emisario mexicano en los Estados Unidos por José Manuel Herrera y Juan Nepomuceno Almonte, hijo de Morelos. Mientras Bean regresaba al país, Morelos fue capturado y fusilado, por lo que junto dinero para comprar unas mulas y seguir la lucha de independencia.

    Bean se casó con Magdalena Falfán de los Godos, y juntos intentaron ir a los Estados Unidos. A pesar de ello, en 1816 Bean fue capturado por los realistas en Veracruz. Luego de su fuga, intentó regresar a Nueva Orleans, pero por consentimiento mutuo junto con su esposa permanecieron en México. Residió por un tiempo en territorio neutral, lugar donde escribió sus memorias. Luego de la muerte de su esposa se casó en 1818 con Candace Midkiff. En 1820 la pareja se mudó a Arkansas, donde su hijo Isaac Bean nació en 1821.

    De vuelta en México[editar · editar código]

    Al recibir noticias de la Independencia de México, Bean se mudó con su familia a Nacogdoches, Tejas, esperando ser reconocido y premiado por sus servicios durante la insurgencia. Luego se estableció en Mound Prairie, cercano al Río Neches en el Viejo Camino a San Antonio. En 1825 Bean fue a la Ciudad de México, donde se le reconoció su grado de Coronel y se le entregaron tierras. Fue agente mexicano ante la tribu cheroqui y ante otras tribus en Texas.

    Participó en apoyo mexicano en la Rebelión de Fredonia de 1826, logrando mantener a los Cheroquis como neutrales. Fue comandante de una línea militar en Fuerte Terán en 1831 ayudando a la comandancia central ubicada en Nacogdoches en 1832, convirtiéndose en jefe militar interino del Este de Tejas. A pesar de no haber participado en la Independencia de Texas, fue arrestado por el general Sam Houston en abril de 1836.
    Luego de la Independencia de Texas, Bean continuó viviendo en Nacogdoches hasta 1843, cuando regresó Jalapa, Veracruz. Murió en 1847, a los 63 años de edad.

    Enlaces externos[editar · editar código]










    Enlace:

    Peter Ellis Bean - Wikipedia, la enciclopedia libre



    Peter Ellis Bean


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    David Porter

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    David Porter
    Capitán de Navío Pedro David Porter
    Capitán de Navío
    Años de servicio 27 años
    Lealtad Armada de los Estados Unidos, 1799 - 1825
    Armada de México, 1825 - 1829
    Participó en Quasi-guerra:
    Guerras Berberiscas:
    Guerra Anglo-Estadounidense de 1812

    Intentos de Reconquista en México

    Nacimiento 1 de febrero de 1780

    Boston, Massachusetts, EE. UU.
    Fallecimiento 3 de marzo de 1843

    Constantinopla, Imperio otomano


    Capitán de Navío David Porter (1780-1843) fue un oficial de la Armada de los Estados Unidos y más tarde el comandante en jefe del Armada de México. Fue el padre del Almirante David Dixon Porter (1813-1891) y del oficial William D. Porter así como padre adoptivo del Almirante David Farragut (1801-1870), dos de los oficiales principales navales de la Guerra Civil Estadounidense.


    Inicios y Carrera en Estados Unidos[editar · editar código]

    Nació en Boston, Massachusetts, Porter sirvió en la Quasi-Guerra con Francia, primero como guardia marina a bordo USS Constellation, que participa en la captura de L'Insurgente el 9 de febrero de 1799; y también, ahora como 1er teniente de Experimento y más tarde en mando de USS Amphitheatre. Durante la Guerras Berberiscas (1801-07), Porter era el 1r teniente de la Empresa del Nueva York y Filadelfia, pero este fue tomado preso cuando Filadelfia corrió encallado en el puerto de Trípoli el 31 de octubre de 1803. Después de su liberación el 3 de junio de 1805 él permaneció en el Mediterráneo como Capitán interpretador de la Constitución estadounidense y el capitán posterior de Empresa que no conocía de ella. Él era responsable de las fuerzas navales en Nueva Orleans en el periodo 1808-10. Como el comandante de Essex en la Guerra de 1812, el Capitán Porter alcanzó la fama por haber capturando el primer buque de guerra británico del conflicto, el Buque Alarma, el 13 de agosto de 1812 así como varios buques mercantes. En 1813 él navegó junto al Essex alrededor del Cabo de Hornos y viajó en el Océano Pacífico en guerra con las empresas balleneras británicas. El 28 de marzo de 1814 Porter fue forzado a rendirse junto a sus fuerzas en Valparaíso después de una competencia desigual con las fragatas HMS Phoebe y Cherub de la Marina Real Británica.

    A partir de 1815 hasta 1822 él era un miembro de los Comisionados Navales. Desde este puesto apoyó la organización de la expedición montada por el patriota chileno José Miguel Carrera. Dejó este cargo para ordenar una expedición para suprimir la piratería en las Antillas en 1823-25. Mientras en las Antillas se suprimía la piratería, Porter invadió la ciudad de Fajardo, Puerto Rico (una colonia española) para vengar el encarcelamiento de un oficial de su flota, y es este acto por lo que la Marina estadounidense decidió inhabilitarlo 1 año en un juicio militar, por lo que él consideraba un fallo injusto, decidió pasar al servicio de la Armada de México, que en aquellos días se empeñaba en rechazar a los buques españoles en las aguas de Cuba y que al tomar esta decisión, él dejó a su familia en Estados Unidos.


    Carrera en la Armada de México[editar · editar código]

    Con la entrada de David Porter vinieron a México también sus parientes David Dixon Porter y Thomas. Protegió los barcos y las aguas mexicanas obligando a los buques españoles a retroceder sus límites marítimos y a llevar escoltas a sus buques. Porter decide tomar Florida para hacer uso de su terreno como refugio, por lo que esta acción genera tensiones políticas con Estados Unidos y España que desencadenan en 1828 en el combate entre el Guerrero, que comandaba su sobrino David Henry Porter, y la fragata española Lealtad, que terminó con la derrota de México. Con las difícultades de la economía de México se mete en problemas políticos en su contra y argumentando que se le habían presentado dos atentados en su contra decide finalmente regresar a los Estados Unidos, en donde se le nombra embajador ante el gobierno de Turquía, y posteriormente a los 63 años de edad fallece en Constantinopla, el 3 de marzo de 1843.





    Enlace:

    David Porter - Wikipedia, la enciclopedia libre







    EL VALPARAÍSO DE DAVID PORTER



    David Porter fue un destacado marino de los Estados Unidos; comandante de la fragata Essex que zarpó desde Filadelfia con el propósito de hostigar a la marina mercante inglesa del pacífico a raíz de la guerra entre ambos países declarada en junio de 1812.

    La primera recalada de la Essex en el puerto de Valparaíso se registró en marzo de 1813, no sin antes atravesar el “Cabo de Hornos” convirtiéndose en la primera nave en la historia de la armada estadounidense en cruzar el más austral de los tres grandes cabos de la zona meridional del planeta.

    La Aurora de Chile escribiría:
    “el día 21 de marzo de 1813 dio fondo en Valparaíso una fragata de guerra anglo-americana con 40 cañones y 350 hombres de tripulación procedente de Filadelfia, con cuatro meses y medio de navegación. Su capitán y comandante es Mr. Porter: el nombre del buque es la Essex, y viene con destino de proteger el comercio de su nación".

    Tan sólo ocho días estaría la Essex recalada en el puerto siendo su tripulación amablemente atendida por los habitantes del puerto, quienes hasta nuestros días sufren de una singular efervescencia al enterarse de la llegada de alguna nave extranjera, principalmente si lo es del norte del continente.La estadía en costas sudamericanas hubo de ser fructífera para el capitán Porter, logrando para si doce naves y un suculento botín.

    El 15 de febrero de 1814 volvía Porter a Valparaíso para abastecerse y tomar rumbo a su país, no sin ser asechado atentamente por los ingleses, situación no desconocida para el capitán Porter. El 28 del mismo mes encontrándose la Essex en nuestra bahía vio aparecer en el horizonte los buques fragata ingleses Phoebe y Cherub, comandados por el comodoro James Hillyar, cuyo poderío sobrepasaba al suyo.El comandante Hillyar exigió la rendición de Porter, rendición que no fue acatada preparándose la Essex para el combate que se libraría frente a los cerros Barón y Los Placeres.

    La batalla fue cruenta y se prolongó por más de tres horas dando muerte a casi todos los oficiales y tres cuartas partes de la tripulación de la Essex, situación que obligó a Porter a rendirse.Cuando James Hillyar subió a la Essex para recibir la rendición pudo observar el desgarrador escenario que mostraba una cubierta inundada de sangre y atestada de cadáveres. Los norteamericanos perderían 58 hombres, cerca de 31 desaparecidos y 65 heridos. Los británicos en cambio sólo perderían 5 hombres y registrarían 10 heridos.

    Este combate es considerado uno de los hitos de la historia naval de los Estados Unidos.En el cementerio de disidentes del cerro Panteón se encuentran enterrados los caídos del Essex.

    Destacada fue la trayectoria que tendría David Porter sirviendo a la marina de los Estrados Unidos, razón por lo que una vez retirado del servicio se lo homenajea otorgando su nombre a un pueblo en el estado de Indiana el que sería llamado “Porterville”.

    Pero Porter nunca hubo de sentirse cómodo con el nombre asignado en su honor y algunos años antes de su muerte solicitó a las autoridades se diera a Porterville otro nombre, uno que para él representaba gran importancia pues allí había librado su batalla más memorable.

    Desde aquel entonces en el estado de Indiana hay un pueblo nombrado a honor y voluntad del marino David Porter que recibe por nombre el de “Valparaíso".






    Enlace:

    VALPARAÍSO EN EL TIEMPO: EL VALPARAÍSO DE DAVID PORTER



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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    MINIATURAS MILITARES POR ALFONS CÀNOVAS: GUERRA DE LA EMANCIPACIÓN AMERICANA, (Nº 5 ) Uniformes y Banderas de los Ejercitos Realistas , por Antonio MANZANO. fuente = Biblioteca Militar de BARCELONA.,

    GUERRA DE LA EMANCIPACIÓN AMERICANA, (Nº 5 ) Uniformes y Banderas de los Ejercitos Realistas , por Antonio MANZANO. fuente = Biblioteca Militar de BARCELONA.,




    LAMINA 26.- CAPITÁN (GRADUADO DE TENIENTE CORONEL) AYUDANTE DE ORDENES DEL GENERAL EN JEFE. 1815.

    Esta lamina presenta el uniforme que podria llamarse "pequeño " de los Ayudantes de la maxima categoria . El color celeste debe tener el mismo origen conceptual de la exclusiva faja azul que habia utilizado el favorito del Rey Carlos IV , D. Manuel Godoy en calidad de Generalisimo.

    El uso de uniformes de diferente colorido para los Ayudantes de los diferentes empleos de General , servía para expresar la superior autoridad de las órdenes o contraórdenes que estaban encargados de trasmitir.










    LAMINA 27.- CAPITÁN Y TAMBOR DEL REGIMIENTO DE INFANTERIA Nº 1 , DEL ALTO PERÚ. 1814.


    Excepto en un infrecuente empleo como divisa regimental , el color negro no ha sido utilizado en los uniformes del Ejercito Español . Este caso sólo cabe como un uso ocacional ante la falta del más propio tejido azul turquí , motivado por los efectos destructores de la guerra.

    El galón de plata ( no previsto en la Ordenanza , pero constituyendo un "viejo uso " previo )que este Oficial lleva en el cuello y las vueltas está indicando su Categoria , y reforzando las diferencias militares y hasta sociales respecto de la Tropa. La Categoria quedaba detallada a su vez , empleo a empleo , por las divisas de cada uno de ellos.

    Como en otras Unidades el Tambor viste casi como un húsar , con un dolman rojo galoneado de blanco, invirtiendo ( " trocando ")el colorido general del uniforme de su Regimiento.









    LAMINA 28 .- SUBTENIENTE Y FUSILERO DEL REGIMIENTO DE INFANTERIA "UNIÓN PERUANA ". 1819.

    El Oficial viste el uniforme de 1817, y el Soldado el que recibieron en 1819 para campaña.
    El primero ha añadido a la escarapela roja otra pintada con la efigie del Rey Fernando VII. Del cuello lleva colgando la gola ,pieza metalica en forma de media luna que era el resto simbolico de la armadura que ,en siglos precedentes , los Oficiales retenian para expresar su jerarquia . Se empleaba en las ocasiones en que estaban de "facción "esto es ,guardias ,paradas y, en general , cuando se estaba sobre las armas.

    El adorno más habitual de las golas en estos años era una pieza de plata en relieve,con las armas reales rodeadas por armas de asta y de fuego, banderas y estandartes, etc.









    LAMINA 29 .- BRIGADIER CORONEL JEFE DEL BATALLÓN DE CAZADORES DE INFANTERIA LIGERA DEL EJERCITO DEL ALTO PERÚ, D. ANTONIO DE OLAÑETA Y SU ESPOSA Dº. PEPITA MARQUIEGUI.


    No era insolito que en un mismo Regimiento hubiera hasta tres Coroneles , uno en calidads de "Vivo " a su mando y los otros como "Reformados " o "Agregados ". En guerra estas situaciones administrativas quedaban en un segundo plano , y ante la necesidad de operar , podian pasar a mandar los varios Batallones , incluso adquiriendo el "grado" de Brigadier.

    Un caso parecido lo constituye esta Unidad . El Brigadier viste el uniforme de su Batallón al estilo de los Oficiales : sombrero apuntado ( o de "tres picos ", se decia a pesar de haber evolucionado a dos ) con un medallón de Fernando VII sibre la presilla de la escarapela , casaca larga ,pantalón ceñido, botas "a lo húsar ", etc.

    Lleva la Cruz de San Hermenegildo ( por sus largos años como Oficial ), la de los "Emigrados " y la de la batalla de "Ayohuma ". Ademas lleva en el antebrazo izquierdo los Escudos de Distinción de "Vilcapuquio" y "Ayohuma ".

    Su esposa viste "a lo dama realista ", pues se adorna con cintas blancas en lo alto del talle y combinada con otra roja , en el sombrero ( como las corbatas de las banderas),con remate de plumas rojas y blancas . Tambien lleva la Medalla de los "Emigrados" en la clase de lazo para damas.

    Lo más llamativo de su vestuario es el batón de color rojo ( por realista , como la escarapela militar),adornado con el entorchado de plata que señala el "grado de Brigadier de su marido , y se correspondecon las divisas militares llevadas en los vestidos de otras damas de su épocaque han llegado hasta nosotros a traves de retratos de pintores como Goya.

    Estas damas llevan en el peinado una gran escarapela roja , o en la cintura la faja roja de los Generales , con sus lazadas y caidas con entorchados, los tres galones de Coronel, etc.

    Ello revela aspectos más amplios que los que cita D. Luis Bermudez de Castro en su obra "Arte del buen mandar español " ( pag. 121 ) " A principios del siglo pasado ( el XIX ) las señoras de los Generales tenian .... el derecho y el deber de usar en los vestidos de corte y para montar a caballo cuando acompañaban a sus maridos de uniforme , los entorchados en las bocamangas de los vestidos "









    LAMINA 30.- TENIENTE PRIMERO (GRADUADO DE TENIENTE CORONEL ) Y CABO ( GRADUADO DE SARGENTO), DEL BATALLÓN DEL GENERAL DEL EJERCITO DEL ALTO PERÚ. 1814.

    Los Batallones denominados "del General" derivan de los que en el siglo XVIII eran los "Cuerpos del General"., Estos se organizaban al comienzo de una Campaña tomando de los Regimientos que hiban a participar , a los Soldados mas mayores o faltos , por resultas de heridas de otras acciones , de la energia y capacidad necesarias para afrontar una nueva guerra.

    Por su menor operatividad se les asignaban misiones a su alcance: dar guardia inmediata a los Generales ( excepto al Capitan General , que tenia Guardia personal) y a la custodia de los bagajes y convoyes.

    El cromatismo de la uniformidad en estos momentos , deriva del que les distinguia en el siglo anterior : verde con divisa roja.

    El Oficial con 25 años de servicio como lo acredita la Cruz de San Hermenegildo, ha sido representado , a titulo de hipótesis , con una charretera de Teniente en el hombro y una "capona "( charretera sin flecos en el izquierdo , puesto que mientras existieron los empleos de Teniente Primero y Teniente Segundo debvian tener una leve diferencia en sus divisa , que expresara su relación jerarquica. D. Jose Almirante, en su "Diccionario militar " dice que la capona empezo a usarse hacia 1812.

    El Cabo ( un galón en las bocamangas ), galardonado con el "Premio Medio", y tambien con 25 años de servicio( tres galones en la manga ), se ha ganado al cumplirlos , la charretera del grado de Sargento llevada en el hombro izquierdo.








    BANDERA DEL BATALLÓN DE INFANTERIA DE CHILE ( O DE CONCEPCIÓN ).




    BANDERA DEL BATALLÓN DE INFANTERIA DE MILICIAS DE VOLUNTARIOS DE MONTEVIDEO.



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