A LA NOBILISIMA Y FIDELISIMA CIUDAD DE NAPOLES,
POR EXCELENCIA GRANDE, RICA Y HERMOSA.
Ciudad honor de Italia, corona y cabeza de tan poderoso reino, la más favorecida de naturaleza por el sitio, la más admirada del mundo por el valor; tú, que has merecido el comercio del cielo , de donde invia en peregrinacion á san Francisco Javier, apóstol del Oriente, para que haga oficio de médico en un hijo tuyo, dándole entre las ansias de la muerte salud milagrosa y disponiéndole á que con mayores ansias lleve la vida que recibe, á la muerte que desea (cuando te le aparta hijo, te le restituye padre): soberanas obligaciones carga sobre tu grandeza España; pues el grande apóstol de la India san Francisco Javier, siendo español, prefiere para la corona de tan insigne martirio tus hijos á los suyos. Inmenso amor le debe el Japon, pues navegó tantos mares y peregrinó, viviendo, tantas provincias y regiones por ilustrarle; empero es incomparable fineza la que por ti obró; pues viviendo, era peregrino y caminante en este mundo, que es venta; mas estando glorioso en la patria, venir desde el cielo peregrino al colegio de la compañía de Jesus, que te fertiliza con celestial doctrina, fue demostracion de incomparable amor.
No te fueran malquistas las quejas y la invidia nuestra, viendo que su eleccion te prefirió á nosotros, siendo nuestro; ni dejará de serte agradable este recuerdo que de tan altos beneficios te hacemos. No eligiendo por patrones (con los que tienes) tu hijo y nuestro padre, sino conociéndolos por dados de la mano de Dios, si otros hiciste patrones para con Dios, estos recibes dél. Tu blason es la sangre de san Genaro, milagro perpétuo, que cada año asistida de invisible corazon, líquida tiene hervores de vida. La compañia de Jesus la da compañia en la sangre de tu hijo el glorioso mártir Marcelo Francisco Mastrili, sangre en que se corona con laureola, por parentescos, toda la de tu nobleza.
Quien, como tú, pudo ser merecedora de tan raro milagro, afianza que sabrá ser agradecida con las demostraciones equivalentes, y decir con David en tus aprietos y trabajos, viendo dentro de tus muros á san Francisco Javier de peregrino con bordon : «Virga tua et baculus tuus, ipsa me consolata sunt, (Psal. 22, v. 4.), Y vean los enemigos de la fe, pues somos hermanos en armas y vasallos de un mismo monarca, que en San Francisco Javier y en Santiago tenemos los napolitanos y los españoles patronos peregrinos. (…)
|
Marcadores