(…) Y con estudio (digamoslo asi) tan de su eterna sabiduría atiende Dios á esta prueba de su divina Providencia, que despues de tantas angélicas repúblicas en diferentes religiones monacales y mendicantes, en nuestros tiempos sacó en España, de la milicia en que fué blason, al nobilisimo cántabro, al grande patriarca san Ignacio de Loyola; para que en su sagrada religion, que ni aun se cuenta monacal ni la quieren mendicante, aunadas y juntas en una compañía, engarzado el un estado y el otro, compusiesen una joya , en que juntase luces tan sobe ranas, fabricasen un sol que rodease de rayos el nombre de Jesus ; atareada á la salud universal de las almas, espíritu de ejemplo y doctrina, dilatado para la salud comun por todo el orbe. De tal manera, que parece los describen aquellos versos del grande poeta :
Spiritus intus alit, totamque infusa per artus
Mens agitat molem.
Sus hijos, como fieles albaceas del Testamento Nuevo, infatigablemente trabajan en mostrar cómo se cumplió el Viejo, y en solicitar que las mandas del Nuevo, que son sus mandatos, se cumplan; gastando sus vidas en aclarar las trampas de los herejes y los robos de los idolatras. Desapropiólos el santo fundador de sí mismos, y vinculólos para todos. Ni en su órden quiso pudiesen pretender para sí, ni fuera della ; con las escuelas, desde el leer hasta las cumbres escolásticas y expositivas y en todas ciencias, criando sujetos que en todas las demás religiones merezcan las mitras y la tiara, coronándose con solo el mérito desta disposición. Antes que viniesen al mundo, hubo en todas las religiones, santísimos y doctísimos prelados; empero, no hubo estatuto ni religión que profesase la privación propia de todas las dignidades eclesiásticas ni seglares, y el criar sujetos para que en todas las universidades, iglesias y religiones las mereciesen.
Convino a la divina Providencia que se viese en sus rebaños había ovejas que no llevaban para sí la lana, aves cuyas plumas no hacían para sus hijos el nido, abejas que no fabrican para sí los panales, y labradores que no gemían detrás del arado para sus cosechas. Su tarea es, que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla en la tierra y en el infierno como en el cielo. Esto consiguen con la universal y no limitada enseñanza, con la predicación y el ejemplo en los hijos de la Iglesia; y en el infierno, militando contra los herejes incesablemente, hasta hacerlos arrodillar convencidos al nombre de Jesús, que les da el nombre y denominación; consiguiendo la misma victoria entre los idólatras, enviando al cielo innumerables mártires, que al nombre de Jesús y con él doblen las rodillas. Según esto, con las sagradas religiones previno la divina Providencia y con las obras piadosas al buen uso y logro de las riquezas y de las dignidades y honras; y con las universidades y colegios, a la disposición de la suficiencia: todo fundado del tesoro común de las repúblicas.
Estas cosas no puedo disponerlas humana fragilidad, que siempre las contradice; ordenamiento es de la eterna sabiduría, para vencer cuando sea juzgada.(…)
Quevedo, “Providencia de Dios”
|
Marcadores