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"El alma de Castilla en su literatura" (1700-1800)
I La opinión;
II La moral;
III El amor;
IV La moda;
V Los literatos;
VI La crítica;
VII Conclusión
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I
La opinión
...Influye Descartes poderosamente en la filosofía francesa; influye en la española. Viva ansia de conocer se apodera de los espíritus. Cartesianos, maignanistas, gassendistas, todos batallan por la «filosofía moderna». Citan las damiselas a Descartes; hojean los petimetres los libros extranjeros. «Nuestras señoritas, y aún las más jóvenes — se lee en El tocador o el libro a la moda — hacen vanidad a veces de nombrar a Newton y de citar a Descartes.» «Nuestros petimetres— añade el autor — forman algunas veces una especie de muralla en su tocador con una porción de libros, la mayor parte extranjeros.»
Propugnan las nuevas ideas aristócratas y literatos. Novador es el marqués de Villena, «que sabe con la mayor perfección y pureza que cabe la filosofía moderna»; novador Alvarez de Toledo, Primer Bibliotecario del Rey, en su famosa Historia de la iglesia y del mundo; novador el Dr. Diego Mateo Zapata, presidente de la Sociedad Médica de Sevilla; novador Fray Juan de Nájera, el más ferviente defensor del atomismo; novadores, en fin, los contertulios del duque de Montellano, Presidente de Castilla, «en cuya presencia se conferían los sistemas filosóficos de Cartesio y Maignan, en que todos los doctos que asistían discurrían».
La polémica propaga las ideas. Defienden unos el viejo peripato; exaltan otros el atomismo. Célebres son las contiendas entre el obispo Palanco y el P. Nájera. De Nájera es una obra casi desconocida, los Diálogos philosóphicos, publicada con el nombre de Alejandro de Avendaño, Es interesante este libro para la historia de nuestra filosofía; es interesante, más que por el libro mismo, por la aprobación del Dr. Zapata, prolija y entusiasta defensa del «siempre grande Renato Descartes.»
Propágase la prensa. Corren por España las revistas extranjeras: las Memorias de Trevoux, las Memorias de la Academia de París, las Actas de Menkenio. Se habla y se discute de todo; se investigan pacientemente las leyes naturales; se examinan los más extraños casos para descubrir otras nuevas y desconocidas. Se escribe largamente de una «pluma nacida en la cabeza de un niño»; de una piedra que muda de color como el camaleón; de una joven «a quien nacieron cuernos por todo el cuerpo»; de una señora que amaneció reducida a pavesas; de unas llamas flotantes que un señor de Huete vio en la cama al acostarse... Se discute apasionadamente sobre las mutaciones del barómetro, sobre «la patria del rayo», sobre la aurora boreal del 37. El cisterciense Rodríguez escribe disertaciones «físico-matemáticas» sobre la respiración; Solano descubre el pulso; Sarmiento hace la historia de las bubas; Vicente Pérez, el médico del agua, propaga la hidroterapia; Francisco Fernández Navarrete, en interesante estudio sobre los españoles, se adelanta a Montesquieu y establece que las causas del carácter de los pueblos «se encuentran en el suelo y cielo de un país»; hasta el Mercurio literario dedica la sección de «Novedades literarias» de uno de sus números, el 2.º, a hablar de la preparación de unos polvos, píldoras y jarabe «contra el mal de piedra».
El espíritu de observación y realidad propágase de las ciencias a la política. Acláranse las relaciones entre la Iglesia y el Estado; robustécese más que nunca el regalismo; hace progresos la idea republicana entre altos burócratas y escritores. «En Mayo del 97 — dice un papel de la época — reinaba entre nuestros sabidillos mucha pasión de republicanismo.» Alcalá Galiano habla en sus Memorias de dos deudos suyos, uno Consejero de Hacienda, otro alcalde de Casa y Corte, que eran «republicanos acérrimos y duros»...
La tolerancia religiosa se abre paso. Demostró Feijóo, en uno de sus discursos, la compatibilidad del ateísmo con la hombría de bien; escribe años más tarde, en 1784, un exjesuita, Juan Andrés, lo siguiente: «Veo que puede un filósofo estar abandonado de Dios según los deseos de su corazón y tener, sin embargo, sutil ingenio y fino discernimiento y pensar justa y verdaderamente en las materias literarias.»
Franceses de todas cataduras recorren la Península haciendo propaganda hablada; vienen unos en busca de pinturas o en requisición de caballos; venden otros estatuas de yeso o abren suscripciones a colecciones de estampas. «Donde se cometen más delitos de blasfemia es entre la tropa», decía Macanaz en sus Auxilios, ¡Qué copiosa siembra de impiedad no debieron de dejar en España los ejércitos que durante todo el siglo la recorrieron! «En Enero del 98 — escribe el P. Vélez — vine embarcado desde Sevilla a Sanlúcar con un capitán francés y otros cuatro de su nación. En dos días que duró la navegación, no hablaron más que de nuestra religión y de nuestros reyes; publicaban cuantos defectos sabían del gobierno, reina, Godoy, etc. Se empeñó el uno en probarme que no era lícito el voto de castidad que hacen los regulares; me negó la existencia de la otra vida y sostuvo otros errores.»
Aumenta la libertad en las ideas y en las costumbres; aumenta al propio tiempo en los gobernantes la opresión. Todo se reglamenta, se inspecciona, se prohíbe. Se prohíbe juntarse discípulos varones y discípulos hembras en casa de los maestros de danzar; se prohíbe bailar de noche en el Prado o en otro cualquier paseo, o «en las eras en el campo»; no se permite hablar de política en fondas y cafés, ni jugar a los naipes, ni leer gacetas u «otros papeles públicos», ni «tampoco fumar»; oblígase en algunas partes a los vecinos a encerrarse en sus casas a la hora de la queda; en otras a no salir a la calle sin luz, a no pararse en las esquinas, a no juntarse en corrillos...
«Se dirá que todo se sufre — añade el prudente Jovellanos —, todo se sufre, pero se sufre de mala gana; todo se sufre, pero, ¿quién no temerá las consecuencias de tan largo y forzado sufrimiento?»
Las consecuencias llegan; el conflicto estalla. La monarquía absoluta pasa a la historia...
Fuentes:
DR. DIEGO MATEO ZAPATA. Aprobación en los Diálogos philosóphicos en defensa del atomismo, de Alejandro de Avendaño o sea Fr. Juan de Nájera (Madrid, 1716.)
Periódicos y papeles de la época.
FRANCISCO FERNÁNDEZ NAVARRETE. Disertación sobre el carácter de los españoles, en los Fastos de la Academia de la Historia, tomo I. (Madrid, 1739)
FEIJÓO. Apología de algunos personajes famosos en la historia, en el Teatro critico, tomo VI, discurso II. (Madrid, 1734.)
JUAN ANDRÉS. Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, tomo II. (Madrid, 1784.)
RAFAEL VÉLEZ. Preservativo contra la irreligión. (Valencia, 1813.)
Novísima Recopilación.
JOVELLANOS. Memoria sobre la policía de los espectáculos y diversiones públicas, y su origen en España.
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