Creo que el alma hispana está plasmada por excelencia en el Officium Defunctorum, de 1605, de Tomás Luis de Victoria. Basta con apreciar el estremecedor último kyrie para advertir la insuperable categoría teológico-musical de este poema; o bien, el conmovedoramente esperanzador "...et tibi reddetur votum in Ierusalem" del Introito.
Esta obra maestra que, en su género, estimo inalcanzable, solemniza el momento crucial de nuestra vida ataviado de un luto tejido con las proverbiales Fe y austeridad españolas.
Ecce splendor formae.
LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI
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