Muy a propósito la idea de citar a Plotino; precisamente en las Enéadas explica que lo inteligible, el Nous, sólo se percibe por el arte.
A. Grabar, en "Los Orígenes de la Estética Medieval", refiere que el mismo Plotino habría arribado a este punto a raíz de una experiencia mística citada en la Enéada V, 1, 6: "Para contemplar a este dios, es preciso recogerse en uno mismo, como en el interior de un templo, y permanecer en silencio más allá de todas las cosas de este mundo, como si considerara las estatuas [...] sobre todo la estatua que brilla la primera". Plotino se refería a la estatua del Adyton, el lugar más apartado del templo, donde el epopté, el neófito, pasaba a ser un iniciado. Esta sabiduría simplemente natural fue capaz de producir la materia apta para el cristianismo. Una humanidad ávida de Mysterion, consciente de la absoluta insuficiencia de la sola vida natural. Sin este elevado concepto del arte y su relación con la vida interior resulta inexplicable el entramado artístico religioso de la Cristiandad, que por y con la liturgia llega a hacerse uno. El desarrollo del arte occidental es inseparable del desarrollo teológico. Cuanto ofrenda a Dios, el hombre occidental, lo hace a través de un arte, sobrenaturalizado eso sí por la gracia.
El apartamiento, la vida retirada, la contemplación, elementos que nos son tan familiares. El gusto de buscar lo esencial a través de sus accidentes. Con razón es llamada la nuestra cultura Greco-Latina, no solo material sino formalmente.
Fue en la cultura mediterránea donde se verificó la Plenitud de los Tiempos. Otro motivo para agradecer a Dios y con Él a nuestros mayores que, siendo sus instrumentos, nos legaron una Paideia salvífica, tal como lo advirtiera W. Jaeger (Paideia Griega y Cristianismo).
El enemigo sabe donde atacar, sin el sustrato greco-latino no es posible la Ciudad Católica; ese hombre de cultura (no instrucción) superior es materia óptima para la Fe.
La Música, cuyo desarrollo en el Occidente Cristiano no tiene parangón ni por asomo, es el arte abstracto por excelencia y como tal un medio óptimo para contemplar lo bello, el splendor formae, y con él lo bueno y lo verdadero.
LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI
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