A pesar de su innegable belleza, el lobo es un animal rapaz y peligroso, que ataca al ganado y a los seres humanos. No voy a negar que si un lobo criado desde pequeño puede ser tan dócil y bien comportado como un perro y al mismo tiempo defender la propiedad mejor que nadie. Por algo el lobo siempre es el malo, y no sólo en los cuentos, sino también en las parábolas bíblicas simbolizando el diablo. El lobo se puede conservar en zoológicos, e incluso si las poblaciones de lobos están bien controladas y lejos de los lugares habitados por el hombre y frecuentados por los ganados, no me parece mal que queden algunos ejemplares. Pero yo también me opongo tajantemente a la defensa del lobo tan en boga actualmente. En realidad, es más de lo mismo: qué malo es el hombre, qué buenos los animalitos. Ponen el grito en el cielo cuando un lince muere atropellado, y bueno, son animales simpáticos y no me parece mal conservarlos, pero luego ni palabra de una especie que está muchísimo más en peligro: la humana. Mucho salvar a los linces, a las ballenas y a cualquier otro bicho, y sin embargo no les parece mal que se lleve a cabo un verdadero genocidio contra nuestra propia especie por medio del aborto. La naturaleza por encima del hombre, que en realidad está por encima de ella porque es el rey de la Creación. Pero quieren eliminar la jerarquía natural, en la que Dios está sobre el hombre y el hombre sobre la naturaleza. A mí me encanta la naturelaza, me gustan mucho los animales y las plantas, pero todo dentro de un orden, y no vacilo en deshacerme de un animal peligroso. Con mucho gusto mato moscas, cucarachas, ratas, y si fuera necesario un lobo o lo que haga falta. Algunos llegan al extremo de decir que no sería ningún drama que se extinguiera el hombre, pero sí que se extinguieran las hormigas. Ya sólo falta que quieran defender a los microbios y los virus, que también tienen derecho a vivir los pobrecitos.