Re: Atrocidades en Londres bajo el nombre de comida española
Pienso que os estáis dejando llevar de vuestros prejuicios. Personalmente conozco españoles que echan ketchup a los espaguetis y aun te dicen que es marca "Heinz". Por otro lado, esas "cocinas" de "comistrajos" -ya se ha olvidado el término-, no salen de manos de ingleses, sino de españoles que friendo los huevos sin romper la cáscara te montan un chiringuito en cualquier playa o en cualquier local de Londres. También salen de manos exóticas, tal como apunte en mi anterior mensaje, procedentes de la India, Pakistán, cualquier país árabe, o de China. Es decir, de toda una especie de cultura universal en la que los "artistas" de la sartén y la cacerola se lían a meterse en cualquier harina.
Desde hace muchos años soy un bebedor de té, digo de té, no de esas aguas sucias, sino de infusiones fuertes con textura y color cognac francés. Pues mi última anécdota al respecto fue pedir en la cafetería de un hotel de 4 estrellas en Madrid un té con leche. El camarero muy dispuesto, templó una taza de leche y echó una bolsa de té en ella... ¡¡¡toma del frasco !!! Por supuesto, le pagué y me fui echando humo. Para mierda ya la hay en muchas ocasiones y en todas partes y es que os puedo asegurar que hay ingleses que se reirían de vuestras imaginaciones con la fabada. Preguntádselo a los que llevan años pasando sus vacaciones en sus propias casas en Santander o en Asturias. Un plato, o una gastronomía entera, no hace ni mejor ni peor a ningún pueblo. Los ingleses no se caracterizan por su gastronomía especialmente, pero si por sus dulces, mucho más exquisitos y delicados que mucha bollería bastorra que podemos encontrar en muchos sitios.
Y yo no pido nunca, en ninguna parte, platos ingleses, pero tampoco las grasas hasta la náusea que caracterizan muchos de nuestros platos nacionales. Prefiero ver a un inglés tomándose una hamburguesa que a un connacional nuestro engullendo un bocadillo de tocino blanco, y eso lo he visto en persona. Prefiero ver a un británico tomando una sopa con toda corrección, que una mesa nacional llena de mierda, y eso quienes si hicimos la mili y nos tocó cocina en la etapa de reclutas lo tuvimos que aguantar unas cuantas veces, pues en lugar de mesas parecían cochiqueras y era nauseabundo.
Todo el que ha hecho camping de verdad, no pasar algún fin de semana que otro debajo de una "canadiense", sabe que en los lavaderos los más guarros son los franceses, que siempre están lavando allí sus "escargotes". O que resulta alucinante observar como alemanes y holandeses preparan un pollo íntegro en una cazuela en la que antes han derretido una tarrina entera de margarina. O si vas a Italia como se quejan los pobres porque afirman que su cocina es enormemente más rica y variada que las pastas y la pizza. Claro que si estás en Valencia no pidas un arroz con leche, porque te pondrán cara de asco y te dirán que eso son "papas". Y no les falta razón, porque saber, lo que es saber, hacer un arroz con leche de verdad en este país nuestro, no está al alcance de muchos. Y así, hace unos años en Asturias, entre Cangas de Onís y Covadonga, habiendo pedido un arroz con leche como postre y sobre el que me había informado previamente de que no se trataba de un arroz industrial sino casero, una vez servido llamé a la camarera para preguntarle si tenían gato. Al decirme que si, le respondí: "pues llévele este arroz de mi parte". Los miembros de mi familia que estaban conmigo luego me echaron la bronca, ¡qué vergüenza!, ¡cómo dices eso!, pues no fue más que la verdad y alguno de vosotros seguro que hubiese preguntado si el cocinero era inglés.
Lo dicho, mucho prejuicio y poca sensatez. Las cosas no se deben mezclar, el no tener simpatía por los ingleses no implica achacarles toda clase de males, cuando luego se les imita hasta en la sopa. Esto me recuerda esa inveterada costumbre izquierdosa de poner verdes a los americanos sin renunciar a los pantalones vaqueros. Hay que ver cuántos españolitos ponen a caer de un guindo a los ingleses con un vaso de whisky de malta en las manos; y cuantos se pirran por ciertas marcas de coches ingleses.
En cambio, mientras todo "perropichichi" se acuerda de "Morolandia", nadie se acuerda de que dos ingleses juntos montan un club, mientras que tres lo que hacen es un imperio. Y resulta que la comunidad más nutrida no nacional de España es la británica con más de un millón de residentes,
, y un cuarenta por ciento de ellos quieren venir a vivir aquí, o sea, 17 ó 18 millones más (hago el cálculo sobre los autóctonos de la isla, no incluyo pues a los procedentes de sus colonias).
Última edición por Valmadian; 11/08/2013 a las 02:49
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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