Cita Iniciado por edwardocerdanya Ver mensaje
La lectura del N.T. nos permite constatar que los evangelistas tenían ya en su momento la misma percepción que tenemos nosotros hoy, y que se equivocaron.
Salvo que sus palabras tengan un significado hermético que escape a la comprensión semántica del texto bíblico esta constatación puede ser aceptada fácilmente.

Todos lo creían:

PEDRO nos dice en su primera epístola (1.17 a 20)

Si llamáis “Padre a Dios, que juzga a cada cual según sus hechos y sin hacer diferencia entre unas personas y otras, debéis mostrarle reverencia durante todo el tiempo que viváis en este mundo. Pues Dios os ha rescatado de la vida sin sentido que heredasteis de vuestros antepasados; y sabéis muy bien que el costo de este rescate no se pagó con bienes corruptibles, como el oro o la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, ofrecido en sacrificio como un cordero sin defecto ni mancha. Cristo había sido destinado para esto desde antes de la creación del mundo, pero en estos tiempos últimos ha aparecido para vuestro bien.

Y mas lejos, en la misma epístola

Ya se acerca el fin de todas las cosas. Por eso, sed juiciosos y dedicaos seriamente a la oración. 8 Haya sobre todo mucho amor entre vosotros, porque el amor perdona muchos pecados 9 Recibíos unos a otros en vuestras casas, sin murmurar de nadie 10 Como buenos administradores de los diferentes dones de Dios, cada uno de vosotros sirva a los demás según el don que haya recibido

Qué pena que no haya seguido leyendo la epístola de SAN Pedro, no de "Pedro", (se ve que es Vd protestante ¿no?, aquí todos somos católicos, ya lo sabrá) para leer esto tan atinado y tan consolador :

Carta II de San Pedro, capítulo 3:

1 Esta es ya, queridos, la segunda carta que os escribo; en ambas, con lo que os recuerdo, despierto en vosotros el recto criterio.
2 Acordaos de las predicciones de los santos profetas y del mandamiento de vuestros apóstoles que es el mismo del Señor y Salvador.
3 Sabed ante todo que en los últimos días vendrán hombres llenos de sarcasmo, guiados por sus propias pasiones,
4 que dirán en son de burla: "¿Dónde queda la promesa de su Venida?
Pues desde que murieron los Padres, todo sigue como al principio de la creación".
5 Porque ignoran intencionadamente que hace tiempo existieron unos cielos y también una tierra surgida del agua y establecida entre las aguas por la Palabra de Dios,
6 y que, por esto, el mundo de entonces pereció inundado por las aguas del diluvio,
7 y que los cielos y la tierra presentes, por esa misma Palabra, están reservados para el fuego y guardados hasta el día del Juicio y de la destrucción de los impíos.
8 Mas una cosa no podéis ignorar, queridos: que ante el Señor UN DIA ES COMO MIL AÑOS Y MIL AÑOS COMO UN DIA.
9 No se retrasa el Señor en el cumplimiento de la promesa, como algunos lo suponen, sino que usa de paciencia con vosotros, no queriendo que algunos perezcan, sino que todos lleguen a la conversión.
10 El Día del Señor llegará como un ladrón; en aquel día, los cielos, con ruido ensordecedor, se desharán; los elementos, abrasados, se disolverán, y la tierra y cuanto ella encierra se consumirá.
11 Puesto que todas estas cosas han de disolverse así, ¿cómo conviene que seáis en vuestra santa conducta y en la piedad,
12 esperando y acelerando la venida del Día de Dios, en el que los cielos, en llamas, se disolverán, y los elementos, abrasados, se fundirán?
13 Pero esperamos, según nos lo tiene prometido, nuevos cielos y nueva tierra, en lo que habite la justicia.
14 Por lo tanto, queridos, en espera de estos acontecimientos, esforzaos por ser hallados en paz ante él, sin mancilla y sin tacha.
15 La paciencia de nuestro Señor juzgadla como salvación, como os lo escribió también Pablo, nuestro querido hermano, según la sabiduría que le fue otorgada.
16 Lo escribe también en todas las cartas cuando habla en ellas de esto. Aunque hay en ellas cosas difíciles de entender, que los ignorantes y los débiles interpretan torcidamente - como también las demás Escrituras - para su propia perdición.
17 Vosotros, pues, queridos, estando ya advertidos, vivid alerta, no sea que, arrastrados por el error de esos disolutos, os veáis derribados de vuestra firme postura.
18 Creced, pues, en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. A él la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.