¿Cuánto vale la vida?
Ayer, en una pausa en el partido de del Potro contra el japonesito (va a ser durísimo el próximo porque Murray está afiladísimo), en un noticiero se hablaba de la declaración del consejo deliberante de Rosario en favor del aborto. Puntualmente, uno de los concejales denunciaba haber sido víctima de amenazas por su voto.
Como para componer un poco la balanza, llamaron entonces a una que había votado contra el proyecto de apoyo al aborto. Aquí aparece el punto que me interesa.
Esta señora espetaba, una tras otra, verdades incontrastables en relación a lo horrendo del aborto. El problema surgió luego, cuando sin que mediara pregunta alguna del muchacho del noticiero, arrojó a la inmensidad comunicacional una frase más o menos así: "Yo estoy en contra de la pena de muerte, y por eso estoy en contra del aborto que es la pena de muerte de alguien que no se puede defender".
La argumentación en base a la comparación del aborto con la pena de muerte puede ser discutida desde muchos ángulos. Lo que me parece que, no sólo no es feliz sino que es directamente trágico, es la argumentación: "estoy en contra del aborto porque estoy en contra de la pena de muerte".
Es la segunda vez que le pasamos de refilón (la primera fue en Wanderer, el Atónito y el mal donde nos ligamos un reto de Sole en los comentarios) al tema de la pena de muerte y espero que algún día con un poco más de paciencia y dedicación (más allá de la respuesta puntual a Sole en esos comentarios) podamos abordarlo. Sin embargo me interesa señalar aquí que nada tiene que ver (más que como argumentación comparativa) con el aborto. La pena de muerte es, con sus bemoles y aclaraciones respecto del ángulo del problema, discutible; mientras que el aborto nunca es discutible.
Pero lo peor del caso es que no sólo se las iguala sino que, mucho peor, se funda el rechazo al aborto en el rechazo a la pena de muerte. Es decir, con indudables buenas intenciones se torna discutible una cuestión indiscutible.
Esto me recordó a mi profesor de Teología en la universidad (un cura buenísimo) que en una de sus clases pronunció la siguiente sentencia como si fuera un dogma: "el valor vida es el valor supremo para la teología católica".
Si fuéramos a preguntarle al Oráculo acerca de estos temas él nos contestaría diciendo que en lugar de valores hablemos de bienes y luego nos explicaría en detalle el texto metafísico de Santoto sobre ens simpliciter y bonum secundum quid y bonum simpliquiter y ens secundum quid. Como los lectores del blog no son metafísicos ni mucho menos (ni yo tampoco) vamos a abordar el tema desde otras argumentaciones aunque dejando sentado que el tema, en definitiva, se resuelve metafísicamente.
En el evangelio del Domingo pasado Cristo dice: "el que quiera salvar su vida la perderá, más el que la pierda por mí la ganará" (si bien la vulgata dice "anima" es evidente que se refiere al alma como vida como señala explícitamente Orígenes en el texto citado en la Catena Aurea).
La vida humana (terrena), para el católico, no tiene un valor en sí misma sino "en función de".
Si pensamos que "la vida es el valor fundamental de la teología católica" tenemos que pensar que los mártires son grandes pecadores.
Pongamos la situación: el soldado romano hace arrodillarse al cristiano frente a un ídolo, bajo amenaza de muerte.
Si la vida es el mayor valor, el cristiano no debe dudarlo, debe arrodillarse ante el ídolo. Máxime si pensamos que ni siquiera es pecado (estado de necesidad evidente con una voluntad forzada al máximo), ni ofende a Dios "que modeló cada corazón y comprende todas sus acciones" (¿cómo no va a entender?).
Es más, el negarse a arrodillarse sería pecado mortal ¿cómo va a exponer gratuitamente el sagrado don de la vida? ¿Para colmo van cantando y riendo? ¿Desean el martirio?
Todo esto es un horror si el valor supremo es la vida.
Pero no, ud. está hablando de teología. Si hablamos desde la perspectiva política y civil ahí no se puede negar que el valor supremo sea la vida (lo que sería, más o menos el individuo en el cocoliche mariteneano).
Si es así ¿por qué le cantamos al gran Cabral (a la figura, sin importar si era él, si no, si fue un soldado, un motoquero o lo que fuera)? ¿No tendría que haber preservado su valor fundamental?
Entonces descubrimos que, aún desde el punto de vista cívico (y hablando como no me gusta) hay valores más importantes que la vida (como la patria por ej.).
Hay "valores" mucho más grandes que la vida, no nos engañemos.
El aborto y todas sus pompas son un horror, un espanto, una aberración, etc. Estamos todos de acuerdo.
En lo que no estamos de acuerdo es en el modo de argumentar en contra o combatirlo. Un gran defecto que veo en innumerables grupos pro-vida es esa falta de racionalidad (como los ejemplos propuestos) en la polémica. Recurren a cuestiones efectistas que, en definitiva, lo único que hacen es ideologizar la cuestión.
Las buenas intenciones, despojadas de razones, conducen a los peores lugares.
Natalio
http://hombrecitogris.blogspot.com/2...e-la-vida.html
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