Cuestiones para ateos: preguntas y dudas.
Dice BALMES que no hay verdaderos ateos y para ello se apoya en San AGUSTÍN, cuando éste afirmaba "Nemo Deum negat, nisi cui expedit Deum non ese", que traducido significa "Nadie niega la existencia de Dios, sino aquél a quien conviene que no le haya."
Pero dejemos de lado estas cuestiones ya que a usted, que es ateo, no le interesan y menos si son opiniones de uno de esos a los que los creyentes cristianos llaman "santo", así, pues centrémonos en lo que aquí conviene.
AZAR.
Usted, Sr "X" que se autodefine como ateo es de los necesariamente convencidos de que si Dios no existe, algo debe sustituirlo. Y ese "algo", como seguramente le habrán enseñado por activa o por pasiva, es el AZAR. Y de aquí, sin más preámbulos surge la primera de mis preguntas: ¿Sabe usted QUÉ es el azar?
Seguramente si usted está leyendo estas líneas habrá respondido inmediatamente "Pues claro que lo sé ¿qué se habrá creído éste? Me parece que como me registre se va a enterar."
Si así fuera, no me queda otra que volver a la pregunta: ¿sabe usted QUÉ es el azar?. Y es que lo que pregunto es si sabe usted definirlo de acuerdo con las reglas de la matemática que lo rigen, es decir, ¿si conoce usted la Ley de los grandes números, enunciada por Jacob BERNOULLI, continuador de PASCAL y FERMAT?
Y es que dicho conocimiento, junto al de probabilidad, es absolutamente imprescindible para que usted pueda aplicar el azar como parte de la explicación de la existencia del TODO desde un prisma materialista. Y lo que planteo fundamenta este principio esencial del azar en:
Ley de Laplace, que afirma que la probabilidad de un suceso compuesto es la suma de las probabilidades de los sucesos elementales que lo componen.
Por ejemplo, si se trata de comprobar la probabilidad de obtener un número impar al lanzar un dado de 6 caras: P (impar) = P (1) + P (3) + P (5) = 1/6 + 1/6 + 1/6 = 3/6 = 0'5
Al igual que en este sencillo ejemplo, todos los sucesos elementales son equiprobables, es decir, tienen la misma probabilidad de suceder, y se puede calcular la probabilidad de cualquier suceso. Para ello hay que dividir el número total de sucesos que incluye, o casos favorables, entre el número de sucesos elementales del espacio muestral o casos posibles.
P(S) = nº de casos favorables/ nº de casos posibles
Partiendo del principio que establece que "la materia ni se crea ni se destruye, solamente se transforma y sabiendo que el número total de partículas que componen el Universo es de potencia 10 elevada a 113 ¿podría usted estimar CÓMO intervino el azar en la génesis de éste?
Estoy totalmente seguro de que no puede. Por tanto, cuando usted afirma que todo se debe al azar y no a la intervención de ningún Dios imaginario, usted está expresando una opinión de fe materialista. Además, no debemos olvidar que usted considera que todo está causado por el azar, incluida la vida sobre la Tierra, es decir, todo a lo largo de 3.500 millones de años aproximadamente, 35 millones de siglos.
Y, es que tanto usted como los que mantienen posiciones similares, adoptaron ya hace tiempo el recurso de pretender que el creyente en Dios aporte la carga de la prueba. Y verá, la cuestión no es así ya que según la navaja de Occam que tanto le gusta (por cierto, OCCAM era un fraile católico, ¿lo sabía?) entre dos explicaciones posibles de un mismo suceso, la más sencilla es la verdadera.
Pues resulta que la fe en Dios es muchísimo más sencilla que los cálculos precisos para demostrar que el azar es la causa de todo, infinitamente más sencilla.
Y ahora le planteo una pregunta más, que es consecuencia directa de la anterior: ¿sabe usted como interviene la probabilidad en el azar? Y se imagina que se lo voy a decir ¿verdad?, pues acierta usted.
Toda probabilidad encierra una ley empírica, aunque también lógica, es decir, metaempírica o metafísica, a la cual se somete al azar:
"En una sucesión ilimitada de repeticiones de un fenómeno aleatorio, las frecuencias de cada uno de los acontecimientos posibles, observados tras cada repetición, se estabilizan hacia valores límites que son los que se expresan mediante la probabilidad de cada acontecimiento."
Esto quiere decir que, por ejemplo, en el lanzamiento al aire de una moneda a medida que el número de veces que sea lanzada se incremente, la frecuencia de las caras (o de las cruces, tanto da para el caso) oscilará, de modo alterno, una y otra vez, primero a 1/4 y después a 2/3, en vez de presentar fluctuaciones como cabría esperar y que fueran cada vez más pequeñas entorno a un valor intermedio, por ejemplo 1/2.
La existencia de esas oscilaciones es totalmente ilógica, ¿cómo se puede proceder a considerarlas? De ningún modo es esto posible, sólo cabría repetir todo el experimento para comprobar que no se puede tomar como algo empírico.
Y la razón de ello está en que el término ilimitado (referido a series) o indefinidamente larga que se exige a toda sucesión de repeticiones de un fenómeno, es una barrera infranqueable para poder conocer la probabilidad del azar por observación directa.
Y no hay una regla que sea universalmente válida para poder prever la probabilidad de los acontecimientos inherentes a toda posible variación de situaciones aleatorias que puedan darse.
Me gustaría saber ¿cómo se resuelve este problema desde el razonamiento ateo del azar?
¿A través de todo esto se demuestra la existencia de Dios? No, para nada, pero si se demuestra que el argumento del azar es un IMPOSIBLE y que carece de lógica alguna para constituir una explicación alternativa a la existencia de Dios.
Y ahora viene la tercera de las grandes cuestiones: Dios y el Hombre.
Supongo que no negará usted que el "Hombre" es todo un misterio. Ni azar, ni evolución han explicado ese misterio hasta el momento. "Lo harán, seguro que lo hacen, sólo hay que esperar, hay que dar tiempo al tiempo y mantener la confienza en la capacidad científica de los investigadores." Esta es una "respuesta-tipo" fácil de obtener de cualquier materialista "leído". Pero mire usted, Sr. "X", es que esa respuesta la da quien tiene fe, aunque sea en algunas ciencias, no es una respuesta empírica, es decir, no es una respuesta científica.
¿Pero qué le pasa al Hombre? Toda ciencia para prosperar necesita no sólo del método empírico, resulta imprescindible plantear los problemas antes de abordarlos. En otros términos, hay que delimitar el objeto, o sea QUÉ, que abre un turno de preguntas epistemológicas: CÓMO, DÓNDE, CUÁNDO, POR QUÉ, PARA QUÉ, QUIÉN... que sirven a la metodología como plantilla a seguir. Así que podemos reflexionar sobre el Hombre en base a dichos planteamientos.
¿Quién de entre los homínidos es hombre? ¿admite usted que aquél que es capaz de poseer y dominar el logos?
Pero ¿cuáles son las capacidades mínimas que reúne la racionalidad?
En el hombre, la razón tiene tres dimensiones: razón técnica, razón teórica y razón práctica. Lo que se traduce en técnica, lenguaje y costumbres.
La capacidad de aprendizaje en el Hombre es ilimitada, según afirmaba Anaxágoras, el nous o intelecto humano en tanto que razón o logos autoconsciente puede aprenderlo todo, porque puede comprenderlo todo ya que el logos no tiene naturaleza alguna y ¿cuál es la naturaleza de Dios?
Desde el punto de vista de su naturaleza, el organismo humano es la expresión viva de la inespecialización biológica, o si se prefiere de la indeterminación biológica. A diferencia de todas las demás especies vivas de este mundo, el ser humano en su aspecto biológico es deficitario.
Tan deficitario que el Hombre carece de aparato fonológico especializado alguno, las propias cuerdas vocales no tienen función lingüística, sólo sirven para emitir sonidos guturales ¿Cómo es posible que hable?
Vuelvo al punto de partida: ¿el azar es capaz de hacer esto?, y... ¿también lo puede la evolución?
En sus esquemas, ambas están indisolublemente unidas. Las preguntas no terminan aquí, tengo otras preparadas, pero prefiero dar tiempo a la lectura y crítica de mis planteamientos anteriores antes de volcar una segunda parte.
Última edición por Valmadian; 13/09/2010 a las 18:28
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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