AFICIÓN:
Inclinación, amor a persona o cosa; también, afecto, apego, cariño, gusto. Un sinónimo sería propensión.

AFICIONADO:
Que cultiva un arte sin tenerlo por oficio.

CIENCIA:
Conocimiento cierto de las cosas por sus principios y causas.

PROPENSIÓN:
Inclinación o tendencia. La propensión la encontramos en el entendimiento o en los hábitos; la inclinación está en la voluntad o en el carácter.

Después de estas pequeñas precisiones de diccionario, siempre limitadas y estáticas, entro directamente en la cuestión. Encontrar afirmaciones tales como : yo es que soy aficionado a la ciencia, provocan que me ponga en guardia en el acto, no lo puedo evitar. Los "porqués" es lo que pretendo dilucidar a continuación.

Primero, y antes de analizar las razones e intenciones de tales pretendidos aficionados quiero justificar la inclusión de este tema en el Foro. La pretendida afición a la ciencia suele conllevar con creciente intensidad, y en excesivas ocasiones, actitudes abiertamente hostiles hacia Dios y hacia la Iglesia Católica. La justificación de un pretendido gusto por el supuesto interés por los avances científicos, da lugar a la rienda suelta de toda clase de barbaridades, falsedades, e inquinas personales anticristianas, de un determinado perfil de individuos que creen que así, con su ciega y total ignorancia, van a pasar por personas cultas, entendidas y modernas.

¿Quiénes son estos individuos, a qué rasgos o características responden?. Digamos que podemos tener una cierta seguridad de que cuando estamos ante alguien que pronuncia la frase citada, se trata de persona con un bajo o muy bajo nivel formativo.

Evidentemente, quien vive de la Ciencia no es un aficionado a la Ciencia, aunque ésta le guste muchísimo y disfrute con su labor empírica. Hablamos de un científico, de un profesional, que ha hecho de una rama específica de cualquiera de las ciencias particulares, o de la Ciencia ( Filosofía, Ontología, Cosmología, Teología, Epistemología..., los menos), una forma de vida, es decir trabajan en campos relativos a ello y cobran en consecuencia.

Tampoco es un aficionado quien ha estudiado alguna ciencia, la que sea, aunque no ejerza profesionalmente como científico o investigador de un campo de conocimiento determinado. Es el caso de la mayoría de los titulados superiores que, después de su paso por la universidad, se orientan hacia cualquiera de los campos de las actividades socioeconómicas de la vida hoy en día. Sí podemos considerar como profesionales de las ciencias, a aquellos que se orientan hacia la enseñanza. Sería una dedicación de variable intensidad, según el nivel educativo en el que trabajen y a quienes se demanda un permanente reciclaje, pues practican diariamente lo que se ha dado en llamar ciencia ordinaria por oposición hacia la ciencia extraordinaria que se da en los centros de investigación ( T.S. KUHNN La estructura de las revoluciones científicas. FCE).

Incluso en el caso de personas autodidactas tampoco serían aficionados a la Ciencia, pues no emplearían el genérico, sino que se manifestarán como "interesados" por una ciencia particular: ecología, farmacopea, etnografía, historiografía, arqueología, geología o cualquier otra actividad concreta, específica.

Por tanto, y por eliminación, podemos ir delimitando el perfil de ese personaje objeto del tema y aun podemos ir más lejos todavía. El hecho de emplear el genérico y el hecho cierto de excluir de la consideración científica a aquellas llamadas particulares, o de tipo especifico, considerando exclusivamente como tal Ciencia a la Física y a la Biología, (casualmente las que entienden de lo exclusivamente material), mientras menosprecian abiertamente a casi todas las demás, ya sea considerando que se trata de pseudociencias, o ni siquiera eso, y no digamos si se habla de Filosofía. Este hecho nos confirma que esta gente no ha estudiado ni siquiera el bachillerato, pues de todos es sabido que en las asignaturas de Filosofía se inicia la formación de los posibles futuros investigadores científicos.

Ya hemos llegado al punto en el cual podemos afirmar que, en su mayor parte, esta gente tiene una formación básica únicamente. En muchos casos la realidad es clamorosa: redacción sumamente deficitaria, extrema pobreza de lenguaje, ausencia de dicción, comisión excesiva de faltas de ortografía..., todos los elementos clásicos que definen a lo que vulgarmente se conoce por ignorante.

Por supuesto, y como no puede ser de otro modo, exhiben un absoluto desconocimiento del proceso científico, ignoran las más elementales características que definen y especifican los métodos empíricos, ya sea el basado en la inducción formal y la amplificadora o extensiva, o se trate del deductivo.

Pues bien, tales personajes se controlan unos a otros, se autoenseñan y deciden que, en base a lo que han logrado digerir a su manera, Dios no existe, que la religión es propia de fanáticos iletrados, que el Catolicismo es superstición. Esta lamentable realidad de los aficionados a su propia ignorancia es una plaga en un buen número de Foros de la Red. Siempre han existido, pero hasta hace pocos años no habían tenido la ocasión de desahogarse abiertamente como hoy lo hacen. Y la cuestión, que a muchos deja indiferentes, es que resulta más grave de lo que parece: una mentira repetida mil veces acaba por convertirse en una verdad. Pues esta gente está difundiendo mentira tras mentira, error tras error, y éstos se están transformando en verdades. Yo estoy aburrido de combatirlos, no sirve de nada denunciar los hechos, rebatirles, dejarlos públicamente en ridículo, si no hay una legión de otros que hagan lo propio. Es un cáncer social que no sólo afecta a España, pero esto no es ningún consuelo.

La mejor vacuna, desde mi punto de vista, es que a esa gente les llegue la noticia de que se les conoce, se sabe qué y quiénes son, y que sepan que no hacen sino el ridículo, que se les ven las plumas más que a los indios.