Re: ¿La madre patria es España para un hispanoamericano o sólo para un español?
Yendo al mismo título del hilo que abre Vainilla ya presenta alguna peculiaridad en la que nadie caería así "a priori":
¿La madre patria es España para un hispanoamericano o sólo para un español?
¿Y cómo comemos esto? 
A ver porque lo digo:
1.- ¿Qué significa "Madre Patria"? Para todo hispanoamericano significará que tiene dos patrias: su país, el de su gente, y España, de donde provienen más o menos. (depende de su composición étnica).
2.- ¿En España usamos dicha expresión entre nosotros, o cuándo la oímos pensamos inmediatamente en los hispanoamericanos? Lo cierto es que entre nosotros usamos unas cuantas formas: España, el país, nuestro país, la nación, la patria y la "patria chica" para referirnos al lugar de origen exacto.
Rizando el rizo, podríamos llegar a la conclusión de que los hispanoamericanos tienen dos patrias y los españoles una. Sin embargo, aunque de un modo muy esporádico, un tanto reducido si se quiere y entre algunos entusiastas de la cultura romana, si es posible ver a veces como se llama "madre patria de España a Roma. Insisto, en casos muy contados.
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
Marcadores