Adán fue el primer hombre, en el tiempo.
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Cristo es el primero de los hombres en valor.
Dios dio a Adán un profundo sueño, imagen de la muerte.
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Cristo murió en la cruz.
En cuanto Adán dormía, Dios abrió su costado.
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Después de que Cristo murió en la cruz, el centurión le abrió el costado con la lanza.
Do lado de Adán Dios retiró una materia.
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De la llaga del pecho de Cristo salieron sangre y agua.
De la materia retirada de Adán Dios hizo el cuerpo de Eva.
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Do lado de Cristo nació la Iglesia, divina y humana. Divina por su cabeza -- Cristo, representado por la sangre. Humana por sus miembros -- los hombres-- representados por el agua.
Eva fue la única esposa de Adán.
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La Iglesia es la única esposa de Cristo. Lo que -- diga-se de paso, más bien a propósito - -- condena el ecumenismo.
Adán y Eva se unen y tienen los hijos de la carne.
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Cristo y la Iglesia se unen para tener los hijos de Dios. Dios podría salvar a los hombres hablándoles, por la gracia, directamente al corazón. No lo hizo y no lo quiere hacer. El quiere salvar a los hombres por medio de otros hombres en cuanto miembros de la Iglesia.
Adán sólo tuvo una única esposa.
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Cristo sólo tiene y sólo puede tener una única Iglesia, una única esposa, un único cuerpo místico, del cual es imposible separarlo.
Por eso también Adán no puede separarse de Eva. El divorcio es ilegítimo.
En el caso de que la narración de la Sagrada Escritura sobre la formación del cuerpo de Eva no fuese histórica, toda la doctrina de la Iglesia como cuerpo Místico de Cristo caería por tierra, con graves consecuencias para la Fe, para el sacramento del matrimonio, así como para el celibato sacerdotal. Además es interesante constatar que la substitución de la doctrina de la Iglesia como cuerpo Místico de Cristo por la doctrina de la Iglesia como pueblo de Dios en el Vaticano II, al abrir las puertas para el ecumenismo, abrió también enorme brecha para una mayor facilidad en los procesos de nulidad matrimonial -- que hoy equivalen casi a la aceptación práctica del divorcio -- tanto cuanto para el abandono del celibato sacerdotal.
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