VII - EVOLUCIÓN Y FE1 - El problema de la Evolución para la Fe
En la Historia de la Iglesia, siempre que aparece una herejía, surge, en seguida, una corriente que pasa a defender una posición intermedia entre la ortodoxia y la herejía condenada. Y, normalmente, es más peligrosa la “semi”-herejía que la herejía primera rotundamente propuesta. Evidentemente, no existe una “semi”- herejía. O una tesis es ortodoxa o es herética. Pero la Iglesia, sabiamente siempre distinguió, en la herejía y en el error, matices más o menos graves. Es con la “semi”-herejía, con las afirmaciones veladas y tortuosas, con las tesis sospechosas y con sabor de herejía que los herejes buscan, siempre y astutamente, infiltrar sus doctrinas más heterodoxas.
Por otro lado, así como hay personas más comedidas y tendientes al equilibrio, hay otras que, fingiendo combatir exageraciones y posiciones extremas, en verdad, están siempre buscando acuerdos con el error y con el mal. Estas últimas son los más peligrosos vehículos del error, pues su aparente moderación les da un crédito que les facilita la introducción de errores velados. La herejía oculta o velada es siempre la más peligrosa.
Con la aparición de la tesis herética de Darwin -- y herética porque negadora de que hay un sólo Dios "creador de todas las cosas visibles e invisibles” -- luego surgieron católicos que procuraron defender una conciliación entre el evolucionismo darwinista y el catolicismo.
Evidentemente, es preciso distinguir entre aquellos que procuraban estudiar la cuestión, buscando escoger lo que talvez pudiese haber de verdad científica en lo que decían los evolucionistas y la doctrina católica. Estos merecen loor, en cuanto procurando salvar a verdad, tenían en mira la condenación clara y total de la herejía.
Con todo, hubo otros que, so pretexto de salvar la verdad, buscaban y buscan, de hecho, una aprobación de la tesis errónea. Es este “evolucionismo cristiano” -- el evolucionismo mitigado -- que pretendemos criticar.
La herejía que dio acogida abierta al evolucionismo aplicado hasta mismo a la metafísica y a la Teología fue el Modernismo, la herejía más sutil y camaleónica como jamás hubo otra. El Modernismo defendió la tesis de que la propia Divinidad evolucionaba, y, siendo así, todo ser evolucionaba también. En consecuencia, la verdad sería constantemente mutable y jamás podría afirmarse algo como estable. Por eso, los propios dogmas de la Iglesia evolucionarían, en el tiempo. Todo entonces sería relativo e inestable. Credo, Moral, Estética, verdad, bien y belleza, todo sería mutable. Es sobre este relativismo metafísico que se construyó la Babel del siglo XX, con su incertidumbre doctrinaria, su relativismo moral, sus anti-arte, y mismo - después el Vaticano II -- su nueva Iglesia evolutiva, humanista e inestable.
En la base de todos estos errores del siglo de Auschwitz y del Gulag está el evolucionismo darwinista.
Recordemos entonces que:
1) Darwin lanzó su teoría de la evolución de las especies como tesis comprobatoria del materialismo y del ateísmo. Fue por eso que ele recibió la admiración y el apoyo de Karl Marx.
2) Además de esto es absolutamente necesario frisar que el evolucionismo es fruto de una concepción metafísica de cuño gnóstico, pues que la tesis de que todo ser evoluciona está en la esencia de la Gnosis, y exige una metafísica dialéctica inconciliable con el catolicismo.
3) La herejía Modernista - condenada por San Pío X en la encíclica Pascendi -- era gnóstica y, como tal, tenía que defender una metafísica evolucionista que ella aplicaba ya sea a la Divinidad, ya sea a los seres creados.
4) Condenado el Modernismo, no desapareció. Por el contrario está hoy triunfante, ya sea en los ambientes teológicos, ya sea en los boletines parroquiales, desde el simple sacristán hasta en los documentos episcopales, desde las simples beatas que repiten lo que dice el vicario como si fuese palabra infalible, hasta en los documentos del Vaticano II, concilio pastoral, por tanto falible.
Vimos, en los capítulos anteriores de este trabajo, que el evolucionismo jamás fue comprobado científicamente. En los medios científicos más idóneos, sufrió, y sufre aún más hoy, después de los descubrimientos bioquímicos, contestaciones contundentes. Paradójicamente, en los medios religiosos su prestigio creció. Entre los científicos, el evolucionismo es tenido como tesis no comprobada y hasta como bazofia. Desgraciadamente, en las filas del clero, es tenido por muchos eclesiásticos casi como un dogma. Ciertos padres temen más atacar la evolución que a la existencia del infierno.
Un siglo después de la muerte de Darwin, sus teorías continúan en el estado de hipótesis. Y de una hipótesis sobre la cual cayó la deshonra de varias acciones fraudulentas. Pero, si el evolucionismo materialista padece de tantas hipotecas y fraudes, el evolucionismo mitigado hizo carrera. Y carrera eclesiástica.
Embobados ante el progreso científico, extasiados ante los avances de la técnica, y en el ansia de conciliar la Iglesia con el mundo moderno - tesis condenada por el Syllabus de Pío IX -- muchos católicos procuraron armonizar Darwin y Moisés, el evolucionismo y el creacionismo. Se inventó el evolucionismo mitigado, un darwinismo “cristiano”.
Para el evolucionismo mitigado, la tesis central del darwinismo sería cierta: la evolución, de hecho, existiría y estaría ya comprobada. Entretanto, ellos procuran bautizar el darwinismo, afirmando que Dios habría ya creado el mundo bajo la ley de la evolución. En determinado momento de la evolución, Dios habría tomado un animal y le habría infundido un alma inmortal. De este modo, Darwin podría recibir el “Nihil Obstat” y el “Imprimatur” episcopal e, inclusive, pontifício.
El principal “evolucionista cristiano” fue el Padre jesuita Pierre Teilhard de Chardin, famoso por su participación en los fraudes del Hombre de Piltdown y del Sinanthropus Erectus, como también por su sistema gnóstico - panteísta - cristiano, enteramente afín con la herejía modernista.
Otro importante defensor del evolucionismo mitigado fue el famoso Cardenal Agustín Bea, también jesuita, confesor de Pío XII, de quien fue muy amigo, y, después, uno de los principales responsables por los errores ecuménicos del Vaticano II, especialmente en los documentos sobre ecumenismo y sobre los judíos. Habría sido el Cardenal Bea el inspirador de la encíclica “Divino Aflante Spiritu”, de Pío XII, que entreabrió suave y silenciosamente las puertas de la Iglesia a errores muy graves. Habría sido también el inspirador de Pío XII en la redacción de la encíclica “Humani Generis”, particularmente en la parte que trata de la evolución.
En la “Humani Generis” Pío XII hace restricciones a las tesis evolucionistas, especialmente cuanto a las consecuencias que decorrerían de la aceptación del origen simiesco del Hombre.
En efecto, si el hombre vino del macaco -- o de cualquier otro animal que fuese -- sería lógico admitir que varios macacos habrían evolucionado hasta el estadio humano. De este modo, los hombres no descenderían de una sola familia. Habrían existido varias familias originales de las varias razas humanas. No habría existido el monogenismo, sino un poligenismo.
En consecuencia, la tesis del pecado original de Adán y que fue heredado por todos los hombres quedaría comprometida. Y, con el poligenismo y la negación del pecado original, eran comprometidas la Redención por Cristo, el Bautismo, la Iglesia y toda la revelación. Por eso, Pío XII, en la Humani Generis, afirmó que el poligenismo de ningún modo podría ser aceptado.
Pío XII, inicialmente en esa encíclica, tomó posición firme contra el evolucionismo al decir:
“Hay efectivamente, algunos que, admitiendo sin prudencia y discreción el sistema que llaman de la evolución, que aún no está probado de modo indiscutible en el propio campo de las ciencias naturales, pretenden extenderlo al origen de todas las cosas , y audazmente sustentan la opinión monística y panteísta de un universo sujeto a continua evolución; opinión que los fautores del comunismo aceptan con fruición, para defender y propagar más eficazmente su materialismo dialéctico, arrancando de las almas toda noción teísta.
“Los delirios de semejante evolución por los cuales se repudia todo lo que es absoluto, firme e inmutable, abrirán camino para la nueva filosofía aberrante que, en concurrencia con el “idealismo”, “inmanentismo” y “pragmatismo”, recibió el nombre de “existencialismo”, como quiere que, desdeñadas las esencias de las cosas , sólo se preocupa con la existencia de cada una singularmente.”
Pío XII recuerda, después que, muchos católicos pedían que la Iglesia tuviese lo más posible en cuenta los nuevos descubrimientos de la Ciencia. El Papa dice entonces que, cuando se tratase de verdaderos descubrimientos científicos, ciertamente la Iglesia debe tenerlos en cuenta. Pero, cuando se trata de meras hipótesis aún no comprobadas, se debe actuar con bastante prudencia.
“... el magisterio de la Iglesia no prohíbe que, conforme al estado actual de las ciencias humanas y de la sagrada Teología, se trate en las investigaciones y disputas de los entendidos en uno y otro campo, de la doctrina del “evolucionismo” en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente - pues las almas, nos manda sustentar la fe católica que son creadas inmediatamente por Dios -- ; sin embargo, de manera que con la debida gravedad, moderación y temperancia, se sopesen y examinen las razones de una y otra opinión, esto es, de los que admiten y de los que niegan la evolución, y desde que todos estén dispuestos a obedecer al juicio de la Iglesia, a quien Cristo encomendó el encargo de interpretar auténticamente las Sagradas Escrituras y defender los dogmas de la Fe”.
Estas palabras de prudencia fueron dichas para un mundo impregnado de principios y de mentalidad evolucionista y relativista. Fue como si alguien permitiese la discusión, en un club en que hubiese muchos alcohólicos, de los posibles beneficios del vino, ya que la Escritura dice “El vino alegra el corazón del justo “.
La posición asumida por la Humani Generis, aun que habiendo condenado el poligenismo, abrió la puerta para una quizá posible comprobación del evolucionismo por la Ciencia, y de ahí su aceptación por la doctrina católica.
Pío XII constataba que, ya en su tiempo, muchos pensadores católicos habían ultrapasado los limites prudenciales de una simple discusión sobre la hipótesis evolucionista, tratando del problema, como si fuese ya tesis científicamente comprobada. El Papa lamentaba esa actitud imprudente, pero recordaba a estos que el poligenismo no era admisible.
“Pero, cuando se trata de otra hipótesis, la del llamado poligenismo, los hijos de la Iglesia no gozan de la misma libertad. Porque los fieles no pueden abrazar la sentencia de los que afirman que después de Adán existieron en la tierra verdaderos hombres que no procedían de aquel como del primer padre de todos por generación natural, lo que Adán significa es una especie de multitud de primeros padres” (Pío XII, Humani Generis, Denziger 2328).
Son, pues, dos las tesis consideradas inadmisibles por Pío XII:
1) que después de Adán no todos los hombres descendieron de él, por generación natural;
2) que el nombre de Adán designa una multitud de padres, y no apenas una sola persona humana.
El texto, sin embargo, es bastante sutil.
Se debe admitir que después de Adán todos los hombres descienden de él.
¿Y antes de Adán?
¡El texto de Pío XII deja abierta la posibilidad de que hubiesen existido hombres antes de Adán!!!
Y esta posibilidad permitiría conciliar el evolucionismo con el catolicismo. Y fue por esta brecha que los evolucionistas y modernistas se precipitaron, para invadir la fortaleza católica. Y la invasión fue de tal porte, y de tal importancia que Juan Pablo II, en el discurso que ya citamos a la Academia Pontificia de Ciencias en octubre de 1996 admite que el evolucionismo dejó de ser hipótesis para ser tesis científicamente demostrada, cuando para la ciencia más “up to date” el evolucionismo darwiniano es “BAZÓFIA”.
El propio Cardenal Bea -- de tan triste memoria -- afirmó que el evolucionismo enfrenta obstáculos intransponibles para conciliarse con los datos de la Escritura. Aún cuanto al ORIGEN DEL cuerpo de Adán, dice el Cardenal Bea, sería posible haber una tentativa de harmonización entre Evolucionismo y catolicismo. ¡El problema es Eva!
Porque la Sagrada Escritura afirma que Eva fue sacada de Adán, y para el evolucionismo, ella también tendría que haber tenido origen de un animal preexistente. Imposible armonizar Escritura y evolución.
¡La Sagrada Escritura dice ”¡No!” al evolucionismo!
Veamos entonces ahora, sintéticamente, lo que se puede argumentar contra el evolucionismo mitigado.
Evidentemente, todos los argumentos de carácter metafísico que enfilamos contra el evolucionismo valen también contra el evolucionismo y en su forma mitigada, modernistamente cristiana. Y, en primer lugar, el principio de que de lo menos no puede provenir lo más.
Los evolucionistas mitigados admiten que Dios habría creado la materia bajo la ley de la evolución, y que, de la materia bruta hasta la célula, y de la célula hasta el animal, habría existido, de hecho, evolución de lo menos para lo más. Afirman aún que, en cierto momento de la evolución, Dios habría infundido un alma racional en un animal ya existente.
Ahora bien, si Dios habría creado toda la naturaleza bajo la ley de la evolución, ¿para qué precisaría haber intervenido El para crear el alma humana? ¿No sería el alma racional, también, fruto de esa evolución?
Y, para estos evolucionistas, lo que dice la Escritura no sería obstáculo a su teoría, porque, si se puede discutir, como dice Pío XII, el origen simiesco del Hombre, a pesar de los datos de la Escritura, ¿por qué estos datos deberían ser aceptados cuando se trata del alma humana?
Dios creó el universo a su imagen y semejanza . Todas las cosas visibles fueron hechas para reflejar las cualidades invisibles de Dios. Es lo que enseña San Paulo en la Epístola a los Romanos: “Porque las cualidades invisibles de Dios, después de la creación, hacerse visibles, siendo comprendidas a través de las cosas creadas" (Rom. I,20).
Ahora bien, Dios es inmutable, y su inmutabilidad tiene que ser reflejada por alguna cosa en las cosas mutables criadas. Y una de las cosas por las cuales se refleja la inmutabilidad de Dios en las cosas mutables es a inmutabilidad de las formas y de las especies. Dios hizo las cosas accidentalmente mutables, con esencias o naturalezas inmutables. (Cfr. Collin, Manual de filosofía Tomista, Gilli, Barcelona, 1950, n. 65, I vol, p. 107).
El evolucionismo mitigado, admitiendo la evolución apenas de la materia, no escapa de las condenas hechas por la Iglesia contra o Relativismo y el Modernismo. Pues, si hay evolución continúa de la materia, entonces es imposible formar-se idea estable del que sea cualquier cosa. No se podría tener idea de lo que cada cosa es. No existiría entonces verdad, adecuación de la idea del sujeto conocedor al objeto conocido, porque tanto el objeto cuanto el sujeto observador estarían en continuo cambio. No existiría la verdad. El evolucionismo- mitigado o bruto - lleva al relativismo heracliano, destruyendo toda la Criteriología católica, con desastrosas y heterodoxas consecuencias teológicas.
Es porque el evolucionismo conduce lógicamente al materialismo y al relativismo que los marxistas lo apoyan totalmente. El evolucionismo mitigado abre entonces las puertas para a introducción del relativismo y del socialismo entre los católicos. Además, fue lo que se registró en toda la conturbada Historia del siglo XX
En el decreto Lamentabili, el Papa San Pío X condenó las siguientes tesis como expresiones de la herejía y de la mentalidad Modernista:
“LVIII: La verdad no es menos inmutable del que el hombre, puesto que evoluciona con él, en él y por él”.
“LXIV: El progreso de las Ciencias exige que se reformen los conceptos de la doctrina cristiana sobre Dios, la creación, la Revelación, la Persona del Verbo Encarnado y la Redención”.
(Notese que San Pío X condena la idea modernista de la revisión del concepto católico sobre la creación, que los Modernistas deseaban conciliar con la “Ciencia” evolucionista).
Conviene recordar aún que la doctrina de la inmutabilidad de las esencias creadas se encuentra respaldada por el propio texto sagrado, ya que en el Génesis se repite por diez veces que Dios creó las cosas “según su especie’, al decir que cada planta y cada animal tenía frutos e hijotes “según su especie” esto es, de acuerdo con su DNA.
Por otro lado, es preciso tener grandemente en cuenta que, en la Sagrada Escritura el verbo “Bara” -- creó -- sólo es utilizado cuando el su sujeto es Dios, y que ese verbo significa siempre el hacer de Dios. Bara significa siempre que Dios hizo algo que transciende al orden natural, o que hizo algo nuevo. (Cfr. Num. XVI, 30 y Jer. XXXI, 22).
En el capítulo I del Génesis, el verbo “Bara” es empleado para decir que Dios hizo algo nuevo, que hizo algo de la nada, esto es, que Dios creó. Entonces, cuando se lee, en ese capítulo I del Génesis, que Dios dice: “Hagamos -- (Bara) -- el hombre a la nuestra imagen y semejanza " (Gen. I, 26), se debe entender que Ele creó el hombre.
Nótese aún que no está dicho: “Hagamos el alma del Hombre”, y sí “Hagamos al hombre”. Ahora bien, el hombre no es apenas el alma. Es también el cuerpo. Se debe entonces entender que Dios creó el hombre - cuerpo y alma.
Evidentemente, se debe recordar que el texto sagrado dice expresamente que Dios hizo el cuerpo del Hombre del limo de la tierra, esto es, que el cuerpo del Hombre no fue creado de la nada, Pero que el Creador utilizó una materia creada precedentemente. Y el evolucionismo mitigado pretende entonces que por “limo de la tierra” se puede entender un animal ya existente.
Esta interpretación es bastante forzada, pues se hubiese Dios usado el cuerpo de un animal ya existente para hacer del él el cuerpo del Hombre, lo normal seria haber dicho eso mismo. ¿Para qué y por qué llamar al macaco de limo de la tierra? Afirmar que “limo de la tierra” debe ser entendido como macaco el primate, es apenas un “wishfull thinking" del evolucionismo mitigado, sin cualquier base lógica o exegética.
Además, el alma humana debía ser infundida en un cuerpo material que le fuese proporcionado. El cuerpo está para el alma, así como la materia está para la forma substancial. Infundir un alma humana en un cuerpo de un primate seria tan incoherente como por un programa sofisticadísimo de computador no primitivo modelo AT. O programa no funcionaria, pues o “hardware" no seria proporcionado a un más sofisticado “software”. O cerebro y el sistema nervoso de ningún animal es suficiente para permitir o “funcionamiento” de la alma humana. Luego, Dios no utilizó el cuerpo de ningún animal para infundir en ella el alma humana racional.
El cuerpo sirve el alma captando, a través de los sentidos materiales, las informaciones necesarias para que a potencia intelectiva de la alma abstraía o conocimiento racional. Además de esto, el alma usa el cuerpo para expresar ideas y sentimientos. Ora, todo órgano usado para ejercer una función tiene que ser proporcionado a ella, a fin de que a función pueda ser convenientemente ejercida por ele. Ningún cuerpo animal es proporcionado y capaz de ser usado por el alma racional humana. Luego, Dios no infundió alma humana en un animal ya existente, para crear el hombre. El hizo de la tierra un cuerpo especialmente apto para recibir el alma racional. (Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, I, q 76, a. 5).
Por eso también es que San Pablo enseñó: “Ni toda carne es la misma carne, mas una es ciertamente la carne de los hombres, y otra la de los animales; una la de las aves, y otra la de los peces" (I Cor. XV, 39).
Si la carne de los hombres no es la misma que la de los animales, esto significa que el cuerpo de los hombres no es el mismo que el de los animales, y que, por tanto, Dios no infundió el alma humana en un animal ya existente, para crear el hombre. trina teológicamente común, sancionada por un decreto de la Comisión Bíblica, que la narración del Génesis enseña la formación inmediata del cuerpo de Adán, y, sobretodo, o de Eva, o que descarta a producción del cuerpo humano por vía de evolución”.
(E. Collin, Manual de filosofía Tomista, Luis Gillii editor, Barcelona, 1950, vol I, n. 145, p. 208).
Además, se Dios hubiese utilizado un ser ya vivo, y en cuyo cuerpo habría infundido una racional, es evidente que el hombre y este animal tendrían el mismo código genético, y entonces sería posible un cruzamiento entre ellos. Ora, el macaco no tiene código genético idéntico al del Hombre. Son dos especies diferentes, y, por eso mismo, es imposible un cruzamiento entre ellos.
Otra dificultad con que se depara el evolucionismo mitigado es que la narración bíblico dice:
“El Señor Dios formó, pues, el hombre del barro de la tierra y inspiró en su rostro un soplo de vida, y el hombre se hizo alma viviente" (Gen. II, 7).
Póngase atención en que el texto dice claramente que Dios inspiró en el rostro del Hombre “Un soplo de vida, y el hombre se hizo alma viviente”. luego, el cuerpo plasmado de barro no tenía vida. No era, pues, el cuerpo de un animal ya existente. A menos que se quiera decir que Dios utilizó el cuerpo de un macaco o primate ya muerto, lo que sería bien ilógico -- pues tendría que admitirse la evolución de un cuerpo animal muerto para un cuerpo vivo y más perfecto que el del animal -- y poco digno.
Si Dios inspiró vida al cuerpo que plasmara, ese cuerpo era inanimado y no muerto. Por eso la Escritura dice que Dios hizo al hombre del limo de la tierra, esto es, de una materia inorgánica y no muerta.
Y si fuese legítimo dar a la expresión “limo de la tierra” tal amplitud que podría ser entendida como “animal ya existente”, ¿qué se debería entender, -- y que restaría de la Fe --aplicandose la misma amplitud al ángel de la anunciación, o al sentido de resurrección?
Se llegaría lógica y heréticamente dónde llegaron Loisy y Hans Kung. Este último afirmando que la resurrección de Cristo fue el mayor fraude de la Historia.
Si Dios hubiese actuado como interpretan los evolucionistas mitigados, toda la narración de la Escritura sobre la formación del cuerpo de Adán por Dios sería inútil y engañadora.
El nombre de Adán y la palabra hebraica que significa tierra - adamá -- están evidentemente relacionados. Si Dios hubiese hecho al hombre de un animal ya existente, el uso del término adamá habría sido ilógico. Adán provino entonces de la tierra y no de un animal ya existente.
Como vimos, el evolucionismo mitigado desemboca lógicamente en el poligenismo. Vimos también que Pío XII condenó el poligenismo, como contrario a la Fe, en la encíclica Humani Generis.
“Ahora, no se ve, de modo alguno, como estas afirmaciones [de los que admiten el poligenismo] se puedan conciliar con lo que las fuentes de la revelación y las actas del Magisterio de la Iglesia nos enseñan, acerca del pecado original, que proviene de un pecado verdaderamente cometido individualmente por Adán, y que, transmitido a todos por generación, es inherente a cada uno como propio" (Cfr. Rom. V, 12-19; Concilio de Trento, Can. 1-4, Pío XII, Humani Generis, n. 36).
Por otro lado, si el poligenismo fuese verdadero, no sólo el dogma del pecado original quedaba destruido como demostró Pío XII, -- y con él toda la doctrina católica sobre la Redención y el Redentor -- como también no se podría afirmar que los hombres son todos hermanos. Lo que negaría el “dogma” de la fraternidad universal masónica, así como todo el sentimentalismo humanitario. Este es un argumento apenas “ad haereticos”, pero que viene al pelo.
Muchos se impresionan por ciertas semejanzas accidentales entre el macaco y el hombre. Ora, hay otros animales que tiene otras semejanzas accidentales con el Ser humano. Por ejemplo, el papagayo “habla”; el delfín es capaz de aprendizaje extraordinario; el elefante tiene una memoria muy grande.
Estas semejanzas, así como otras semejanzas que recuerdan virtudes o vicios humanos sólo muestran que Dios hizo los animales representando simbólicamente virtudes o pecados de los hombres, para que el hombre, considerando el comportamiento animal, actuase mejor racionalmente. Por eso dice la Sagrada Escritura: “Repara en la forma de ciertos animales, porque hasta su forma no indica en ellos nada de bueno, porque la bendición de Dios se retiró de ellos después del pecado" (Sab. XV, 19).
Ahora, la figura del macaco es una caricatura grotesca del Hombre pecador, del Hombre animalizado y vuelto ridículo por sus pecados. Esta es la relación de semejanza entre los dos, y no la que existe entre causa y efecto. Decir que el macaco es parecido con el hombre, y que, por eso, debe ser su antepasado, es confundir la caricatura de alguien con su causa eficiente segunda.
El hombre fue creado por Dios como rey de toda la creación: “Dominad sobre los peces del mar y las aves del cielo, y sobre todos los animales que se mueven sobre la tierra" (Gen. I, 28) ordenó Dios al hombre.
Ahora, el término ”dominad” indica que Dios dio al hombre un señorío sobre los animales, señorío que implica una trascendencia sobre ellos, inclusive el macaco.
Habiendo el hombre sido hecho del limo de la tierra y de alma espiritual racional, él es un resumen de toda la creación, cosa que no sería tan clara si Dios hubiese utilizado un cuerpo de animal para hacer de él el cuerpo del Hombre. Si hubiese sido así, el hombre tendería a despreciar a los seres inferiores al mundo animal.
Cuando Cristo se encarnó, El dignificó a toda la creación, porque en el hombre se sintetizaba todo el universo creado, desde la materia bruta hasta el espíritu.
2 - Eva
La doctrina del evolucionismo mitigado trae graves consecuencias con relación al origen de Eva y sus relaciones con la posición de la Iglesia frente a Cristo.
La primera pregunta a los que defienden el evolucionismo mitigado es: “¿Y Eva? ¿Cómo surgió la mujer? ¿habría sido también hecha de un animal ya existente? ¿no provino entonces Eva del Hombre? y ¿cómo queda entonces la doctrina del pecado original? pues si Eva no vino de Adán, tampoco todos los seres humanos provienen de él.
El texto de la Escritura que narra la formación del cuerpo de Adán es leído por los evolucionistas mitigados como siendo un relato puramente simbólico. Ellos tienen mucho más respeto humano en cuanto al relato de la creación de Eva. ¿Como defender ante una asamblea de universitarios ateos que Eva fue hecha de una materia sacada del costado de Adán? y luego el respeto científicamente humano los lleva a ridicularizar la narración bíblica, preguntando si el hombre tiene una costilla menos que la mujer.
No. el Ser humano -- tanto el hombre cuanto la mujer - tiene doce costillas, así como Cristo tuvo doce apóstoles, el año doce meses, y el día doce horas. Y uno de los apóstoles traicionó a Cristo, así como Eva traicionó a Adán, llevándolo a pecar.
La Sagrada Escritura cuenta que Adán puso el nombre conveniente a todos los animales (Cfr. Gen. II, 20). En la Escritura, dar nombre significa expresar su esencia, y, al mismo tiempo, expresar dominio sobre lo nombrado, porque sólo el señor de algo puede nombrarlo.
Adán dio nombre a los animales, después que Dios dijo que no era bueno que el hombre estuviese solo: “No es bueno que el hombre este solo; hagámosle un adjutório semejante a él" (Gen. II, 18).
¿Y por qué no era bueno que el hombre estuviese solo?
En primer lugar, porque el hombre es un ser social al cual Dios dio lenguaje capaz de expresar sus pensamientos. Si el hombre viviese solo, el lenguaje sería no sólo un don inútil, sino prejudicial, porque tener pensamientos y no poder expresarlos, o ser inútil expresarlos, sería más un peso que una ventaja.
Además de eso, Dios hizo el hombre sexuado, para poder generar. Y así como hiciera los animales macho y hembra, así también debería hacer un ser humano femenino, a fin de que fuese posible la generación. Por eso dice Dios que haría para el hombre un “adjutório semejante a él”, y comenta Santo Tomás, que este adjutório sólo podría ser para la generación, pues que, si fuese para trabajo, habría hecho otro hombre que le sería más útil que la mujer, más débil físicamente.
Dice el texto sagrado que Dios hizo pasar delante de Adán a todos los animales, y añade: “ pero no se encontraba para Adán un adjutório semejante a él" (Gen.II, 20). Fue entonces que Adán nombró a todos los animales y no vio entre ellos ninguno que le fuese semejante. Ni el macaco, aun que de código genético aparentemente tan próximo.
Y cuando Dios hizo a Eva de una costilla de Adán éste, al verla exclamó:
“He aquí, ahora el hueso de mis huesos y la carne de mi carne" (Gen. II, 23)
¿Por qué “ahora”? Porque, de esta vez, Adán veía que Eva le era semejante, aun que no tuviese el examen de su código genético. Eva era carne de su carne, hueso de sus huesos, esto es, tenía su misma naturaleza, su mismo código genético.
Y “ella era llamada Virago, porque del varón fue sacada" (gen. II, 23).
El texto del Génesis es entonces bien explícito: Eva fue sacada de Adán. Fue hecha de su materia, y no de un ser animal anterior y predecesor del Hombre. Y Pío XII repite esta misma lección: “El auxilio dado por Dios al primer hombre procede del Hombre y es carne de su carne, formada como compañera, que del Hombre recibe su nombre, porque fue sacada del Hombre" (Pío XII, Alocución a la Pontificia Academia de Ciencias, 30 / XI / 1941, Acta Apostolicae Sedis, XXXIII, 506, apud D. Estevão Bettencourt, OSB, Ciencia y Fe, río de Janeiro, 1958, p. 105).
El propio e insospechable Cardenal Bea -- de triste, ecuménica y poco ortodoxa memoria -- ex Rector del Pontifício Instituto Bíblico, escribió “ no se ve otra solución posible bajo el punto de vista exegético y teológico sino afirmar que Eva fue formada de una parte del cuerpo de Adán por especial intervención de Dios, y esto a fin de que fuesen inmaculados mediante tal proceder, algunas verdades religiosas fundamentales y de suma importancia” (Agustin Bea, Questioni Bibliche, II, 52, apud D. Estevão Bettencourt, op. cit. p. 104).
La teoría de la evolución contraría directamente el texto de la Sagrada Escritura. Y no se trata de tener un sentido apenas literal de la Biblia, o de darle lo que los racionalistas llaman de “interpretación fundamentalista”.
Veamos, entonces, si el sentido analógico del Génesis es favorable a la evolución.
Al tratar del significado del matrimonio cristiano y del sentido de la unión conyugal, San Pablo nos enseña: “Este misterio [sacramento] es grande, mas lo digo en relación a Cristo y a la Iglesia" (San Pablo, Ef. V, 32)
¿Por qué San Pablo dice esto?
La descripción de la formación del cuerpo de Eva a partir de una materia retirada del costado de Adán siempre fue tenida como una imagen profética no sólo de lo que ocurriría con Cristo en el Calvario, como también de la relación de Cristo con la Iglesia.
Así:
Adán fue el primer hombre, en el tiempo.En el caso de que la narración de la Sagrada Escritura sobre la formación del cuerpo de Eva no fuese histórica, toda la doctrina de la Iglesia como cuerpo Místico de Cristo caería por tierra, con graves consecuencias para la Fe, para el sacramento del matrimonio, así como para el celibato sacerdotal. Además es interesante constatar que la substitución de la doctrina de la Iglesia como cuerpo Místico de Cristo por la doctrina de la Iglesia como pueblo de Dios en el Vaticano II, al abrir las puertas para el ecumenismo, abrió también enorme brecha para una mayor facilidad en los procesos de nulidad matrimonial -- que hoy equivalen casi a la aceptación práctica del divorcio -- tanto cuanto para el abandono del celibato sacerdotal.
—Cristo es el primero de los hombres en valor.
Dios dio a Adán un profundo sueño, imagen de la muerte.
—Cristo murió en la cruz.
En cuanto Adán dormía, Dios abrió su costado.
—Después de que Cristo murió en la cruz, el centurión le abrió el costado con la lanza.
Do lado de Adán Dios retiró una materia.
—De la llaga del pecho de Cristo salieron sangre y agua.
De la materia retirada de Adán Dios hizo el cuerpo de Eva.
—Do lado de Cristo nació la Iglesia, divina y humana. Divina por su cabeza -- Cristo, representado por la sangre. Humana por sus miembros -- los hombres-- representados por el agua.
Eva fue la única esposa de Adán.
—La Iglesia es la única esposa de Cristo. Lo que -- diga-se de paso, más bien a propósito - -- condena el ecumenismo.
Adán y Eva se unen y tienen los hijos de la carne.
—Cristo y la Iglesia se unen para tener los hijos de Dios. Dios podría salvar a los hombres hablándoles, por la gracia, directamente al corazón. No lo hizo y no lo quiere hacer. El quiere salvar a los hombres por medio de otros hombres en cuanto miembros de la Iglesia.
Adán sólo tuvo una única esposa.
—Cristo sólo tiene y sólo puede tener una única Iglesia, una única esposa, un único cuerpo místico, del cual es imposible separarlo.
Por eso también Adán no puede separarse de Eva. El divorcio es ilegítimo.
Hace más de un siglo, se ha procurado adaptar el texto revelado a fábulas y delirios pretendidamente científicos. Michael Behe dirá a bazofias, que es como él llama la teoría darwinista.
Hoy, es la propia Ciencia que desmiente esas bazofias, fábulas y delirios.
São Paulo, Septiembre de 2.003
Orlando Fedeli
Fábio Vanini, biólogo
Marina Marques Vanini, doctoranda en Biología
Marcelo Murai, Maestro en Biología
Luciana Kauer Murai, mestranda en Biología
Dr. Daniel Almeida de Oliveira, Médico
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Fedeli, Orlando - "EVOLUCIONISMO:¿DOGMA CIENTÍFICO O TESIS TEOSÓFICA?"
MONTFORT Associação Cultural
http://www.montfort.org.br/index.php...nismo&lang=esp
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