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Tema: ¿Sínodo o tifón?

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  1. #1
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    Re: ¿Sínodo o tifón?

    La tendencia del sínodo


    De todo lo que llevo leído a propósito del próximo y pre-polemizado Sínodo sobre la Familia, uno de los textos que más me han preocupado es este, del obispo francés, ex-provincial de los dominicos de Francia, Jean Paul Vesco: Pour en finir avec la notion de persistance obstinée dans un état de péché grave (Para hacer desaparecer el concepto de 'persistencia obstinada' en un estado de pecado grave).

    En resumen, el obispo dominico postula la distinción entre indisolubilidad y singularidad; valora como un bien la estabilidad familiar de la segunda unión de un divorciado vuelto a casar; pide la superación del concepto de adulterio persistente en estos casos, cuya consideración debería ser otra, de tal forma que no impidiera la práctica sacramental ordinaria. He aquí algunas citas de su artículo:

    (...)Esta noción de persistencia obstinada en un grave estado de pecado es, por supuesto, irrelevante para la vida de muchas de las parejas que ponen su corazón para reconstruir día a día un matrimonio verdadero y fructífero. Su vida no tiene mucho que ver con el desorden y la duplicidad de una vida que requiere relación adúltera simultánea con dos personas, que no es su caso.

    (...)la posición del magisterio parece injusta, legal en exceso, por lo que hay espacio para la expresión de la misericordia divina. Se sienten excluidos, o peor auto-excluyen de la Iglesia, y muchos de ellos pierden el camino de la fe.

    (...)es necesario volver a las fuentes de la indisolubilidad y distinguir entre la singularidad y la indisolubilidad.

    (...)Para recibir el sacramento de la reconciliación, y por lo tanto a continuación, tener acceso a la comunión eucarística, los "divorciados vueltos a casar-" se colocan cara una decisión imposible: romper una unión feliz, un matrimonio del que pueden nacer hijos. Esta decisión no puede ser tomada no por falta de coraje o de la falta de fe. Es imposible porque deciden participar en una segunda alianza crearon un segundo enlace del mismo modo indisoluble como la primera.

    (...) se asocia con demasiada facilidad la indisolubilidad y la singularidad.

    (...) Las viudas que deciden, después de un tiempo, volver a casarse tienen a menudo la experiencia desagradable e inquietante de poder amar a dos personas con un amor diferente, pero total. Ellas descubren que su segundo amor no disolvió al primero, que conserva su lugar con todo su valor único
    (se pretende equiparar la experiencia de las viudas que vuelven a casarse, cuyo primer matrimonio, aun sin existir, propiamente, por la muerte del cónyuge, no pierde su propiedad de indisolubilidad, aunque después de un nuevo matrimonio ya no sea 'singular')

    El obispo dominico pone a su artículo este subtítulo: 'Aproximación teológico-legal a la cuestión del acceso de "los divorciados vueltos a casar" a los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía', encuadrando su reflexión en el centro preciso de la polémica sinodal. (Aquí una entrevista al autor, sobre el mismo tema: Une proposition pour sortir de l’impasse sur les divorcés remariés )

    Una polémica novedosa en cuanto ninguno de los Sínodos de los Obispos habido hasta ahora estuvo precedido de alguna discusión que los hubiera puesto al nivel de la opinión de los medios, o de la gente de la calle; ni siquiera a las parroquias llegaba apenas el eco efectivo de los temas y trabajos sinodales, salvo la habitual comunicación de las noticias religiosas o el interés particular de algunos expertos, sacerdotes o teólogos. No recuerdo ningún sínodo que haya sido debatido en la prensa antes de su celebración. Pero en este caso, los documentos de trabajo se difundieron junto con las encuestas consultivas que se enviaron a los obispos y que en muchos casos llegaron a estudiarse y responderse en las parroquias y otros ámbitos eclesiales ajenos ordinariamente al proceso de preparación del trabajo sinodal. Lo más sorprendente es que se entendió que todo ello se había hecho intencionadamente, como una puesta en práctica del 'hacer lio', la sorprendente propuesta/proclama del nuevo estilo francisquista.

    El tema del Sínodo interesa socialmente por referirse a la situación de numerosas familias católicas rotas por el divorcio y recompuestas desordenadamente, al margen de la ley eclesial, moral y canónica. Sin conocer estadísticas, me consta la extensión de la problemática, el desorden existe, sin que la Iglesia sepa, de hecho, cuántos divorciados se acercan a los Sacramentos y practiquen irregularmente, ocasional o habitualmente, sin una conciencia debidamente formada sobre la irregularidad canónica/moral de sus actos. Ítem más: En el ámbito familiar (de familias católicas practicantes) es rarísimo que los padres (o los familiares directos) censuren o adviertan a sus hijos (o hermanos, parientes etc.) divorciados cuando incurren en estos actos, obviando la prohibición eclesiástica por suponerla caduca o que no afecta al caso de su familia o allegado.

    De toda la polémica suscitada en estos últimos meses, sobresale el frente que postula la necesidad de nuevas normas que regulen el acceso a los Sacramentos de los divorciados. El problema pastoral es importante porque afecta a tres Sacramentos: Eucaristía, Penitencia y Matrimonio. Lo que se discuta y elabore en el aula sinodal repercutirá en la pastoral de la administración de estos Sacramentos (¿afectando también a su doctrina?). Lo preocupante es que, según parece, se tiene ya decidido optar por una mitigación de la actual disciplina que no permite el acceso de los fieles divorciados y vueltos a unir irregularmente, fuera de la Iglesia. El Cardenal W. Kasper, desde el curso pasado, se ha constituido en el paladín de esta causa, dejando entender incluso que su propuesta ha sido previamente concertada con PP Franciscus, quien sería el verdadero promotor de la iniciativa reformista.

    Es aventurado concluir anticipadamente cuales serán las consecuencias del Sínodo, pero no es temerario intuir que ya está marcado por una muy determinada tendencia, la misma que Kasper se ha encargado de exponer y alentar durante todos estos meses, con extenso eco en los medios.

    De los 191 asistentes al Sínodo, 162 son ex officio (presidentes de conferencias episcopales, prefectos de dicasterios romanos, prelados miembros del Consejo del Sínodo, y sinodales de Patriarcados Orientales católicos), 3 ex electione (superiores mayores de órdenes y congregaciones religiosas) y 26 ex nominatione pontificia, electos directamente por el Papa. Por su procedencia, 78 son europeos, 42 africanos, 38 americanos, 29 asiáticos y 4 de Oceania.

    ¿Cuáles serán sus puntos de vista, criterios, propuestas? ¿Qué voces serán las más escuchadas, las más prestigiosas, quienes hablarán con más autoridad?

    Obviamente, las sociedades que más han sentido el impacto de la modernidad son las más afectadas por la descomposición del matrimonio católico y la desestructuración del modelo tradicional familiar, Europa y Norteamérica, principalmente. Pero también Iberoamérica, el gran continente católico, siente gravemente la crisis del matrimonio católico y la familia, y lo mismo, con sus peculiaridades socio-culturales, las emergentes y prolíficas iglesias africanas.



    El documento del obispo dominico Jean Paul Vesco con el que he empezado este articulete, reflexiona desde los supuestos socio-pastorales que, previsiblemente, serán los mismos que afloren en el aula sinodal. Lo preocupante no son los hechos, sino su interpretación y las propuestas que se articulen como remedio o solución. En la exposición del obispo francés se llega a plantear, de hecho, una nueva visión del matrimonio como estado y de su ruptura (en caso de divorcio y nueva unión de unos de los cónyuges divorciados con otra persona) como generadora no ya de un adulterio consumado y persistente que impide el acceso a los Sacramentos, sino de otro nuevo estado matrimonial, distinto y merecedor de valoración y atención pastoral. Al fin, se elabora una nueva doctrina sobre el Sacramento, bajo la hipócrita salvedad de no atentar contra la indisolubilidad del matrimonio sacramental, cuya propiedad se mantiene indiscutida en cuanto tal, pero reconociendo el 'bien conyugal' de la nueva unión extra-canónica y reclamando para ella una atención pastoral reconciliadora, sin enjuiciarla como estado (persistente) de pecado (adulterio).

    Concluyendo: El peligro de la propuesta/tesis de Kasper & cía es que, de ser reconocida y aprobada, la admisión pastoral de los divorciados re-casados se traducirá, más pronto o más tarde, en una nueva doctrina sobre el matrimonio sacramental y sus propiedades.

    Esta mañana, hace un par de horas, el Cardenal Baldisseri hacía ante los medios una breve presentación del Sínodo.

    También se ha abierto una web especial, con información, resúmenes, reportajes, etc.

    A pocas horas de su inauguración, in Communio Sanctorum, oremus!


    p.s. Otro tema importante latente en el Sínodo y que podría dar una sorpresa: Un replanteamiento de la práctica anticonceptiva. Lean este articulete, para que se hagan idea del ambiente: The Synod and birth control


    +T.

    EX ORBE

  2. #2
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    Re: ¿Sínodo o tifón?

    Comunión para todos y todas



    El tema que más temíamos, hasta ahora, del Sínodo sobre la Familia que comenzó hoy en Roma, es que en é, a instancias de Francisco y de un grupo de cardenales progresistas, se decidiera admitir a la sagrada comunión a las personas divorciadas y vueltas a casar civilmente, es decir, a los adúlteros.
    Pero eso no será todo. El diario La Nación publica hoy una entrevista realizada por el periodista Joaquín Morales Solá, argentino y sodomita, al Papa Francisco. En ella, el pontífice afirma lo siguiente:


    "Se ha puesto mucho énfasis sobre el tema de los divorciados. Un aspecto que, sin duda, será debatido. Pero, para mí, un problema también muy importante son las nuevas costumbres actuales de la juventud. La juventud no se casa. Es una cultura de la época. Muchísimos jóvenes prefieren convivir sin casarse. ¿Qué debe hacer la Iglesia? ¿Expulsarlos de su seno? ¿O, en cambio, acercarse a ellos, contenerlos y tratar de llevarles la palabra de Dios? Yo estoy con esta última posición".


    Me parece a mí que resulta claro cuál es la nueva movida de Bergoglio: admitir a la sagrada comunión a quienes viven en estado permanente de fornicación.
    Agarrémonos, que todo es peor de lo que parecía.

    The Wanderer

  3. #3
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    Re: ¿Sínodo o tifón?

    El Sínodo de Francisco

    PP Franciscus ha repetido (se repite mucho) que no se debe criticar, que la crítica hace tanto daño a la Iglesia, que la murmuración intra-eclesial es tan nociva, etc. etc. etc. Sin embargo, él mismo no deja de criticar, lanzar puyas (siempre en la misma dirección) y arremeter contra algún bando bien caracterizado...pero que al final no identifica. PP Franciscus pide claridades que él no da.

    Comenzar el Sínodo llamando 'fariseos' a los obispos no es alentador. Cuando en la Misa de apertura del Sínodo PP Franciscus espetó a los cardenales y obispos presentes (concelebrantes y asistentes) que "...(para saciar su avidez de poder y dinero) los malos pastores cargan los hombros de las personas con pesos insoportables que ellos no mueven ni siquiera con un dedo", PP Franciscus estaba perfilando tan peyorativamente a la Jerarquía que cuesta no creer que mantenga un prejuicio muy negativo sobre, por lo menos, una parte notable de los asistentes al Sínodo. Si no, ¿por qué les lanzó esa tremenda crítica?

    Ayer Domingo, en la parroquia, predicando la Parábola de los Viñadores Homicidas, comencé explicando lo que el mismo Evangelio deja muy claro al principio: Que el Señor dirigió aquella parábola a los 'principes sacerdotum et seniores populi' (Mt 21,23) y también al final del texto se recalca que "...Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos". (Mt 21,45). ¿Sintieron lo mismo los prelados presentes? Confieso que me parece terrible.

    ¿De verdad cree PP Franciscus que la Jerarquía es un sanedrín de saduceos y fariseos ávidos de poder y dinero que cargan los hombros de los fieles con pesos insoportables? ¿Se refería...a quién, a qué?

    Pensando en la campaña pre-sinodal de Kasper, se podría suponer que PP Franciscus se refería a la onerosa carga espiritual de vetar la Comunión a los divorciados mal-casados. ¿Sería eso?

    La Comunión, el Sacramento de la Eucaristía, se implica en el desorden del divorcio y el adulterio de manera - entiendo yo - muy ligera. El Sacramento de la Comunión ha sufrido desde los años '50 una contínua rebaja pastoral-espiritual tan enorme que (es un detalle elocuente) se ha pasado en cincuenta años de la tradicional práctica del ayuno eucarístico desde la noche-víspera de la Comunión al actual ayuno de una quasi-hora que supone, prácticamente, la anulación del ayuno eucarístico con la consiguiente pérdida de conciencia eucarística y del práctico (quasi universal) incumplimiento de las tres cosas necesarias para comulgar bien: 1. Estar en gracia de Dios 2. Guardar el ayuno eucarístico 3. Saber a Quien se recibe

    Los numerosísimos comulgantes del catolicismo postconciliar 1. han perdido la conciencia de pecado-gracia, 2. ignoran y no practican el ayuno eucarístico, 3. no tienen recta, formada y devota consciencia de la Presencia.

    Como para la eclesiología y teología sacramental del post-concilio la Misa, más que Oblación-Sacrificio-Acción-Comunión, es, sobre todo, sinaxis-reunión-fiesta-asamblea comunitaria, la recepción del Sacramento es, más que nada, un acto comunitario, social. Por eso la insistencia en la admisión-acogida de los excluidos que, por enfatizarse el comunitarismo de la Misa (y los Sacramentos) quedan más señalados como excluidos. Cuando se entiende la Comunión (y la Misa) como un sacramento social, otras consideraciones morales-espirituales quedan minimizadas y relegadas. Exigen desde la perspectiva de la comunidad-comunión la admisión a la eucaristía como expresión comunitarista y superación de disciplinas, penas y exclusiones canónicas.

    Si el Sínodo admitiera a los divorciados malcasados a la Comunión, el golpe lesivo, muy grave, sería doble: Al Matrimonio y a la Eucaristía. A los ojos de los fieles, quedarían devaluados los dos Sacramentos; de hecho, sería así. Las consecuencias también serían degenerantes, afectando a la moral familiar, la pastoral sacramental y la doctrina-teología de ambos Sacramentos.,

    El timón de la Iglesia está en manos de jerarcas que sintieron la frustración de no ver puesto en práctica el V2º en toda su plenitud, desplegado en todas sus posibilidades y alcances (reales o supuestos), según la variopinta gama de reformas y novedades alentadas por el espectral 'espíritu del concilio'. El estímulo francisquista está removiendo todo aquel mundo.

    Hasta dentro de dos semanas no sabremos en queda el Sínodo. Y luego un largo año hasta el otoño del 2015, a la espera del documento final.

    Hasta entonces, sin exageradas aprensiones, oremus pro Ecclesia (et trememus etiam).


    p.s. Del cartel con la pintura de Marc Chagall sólo me gusta que el novio es macho y la novia hembra.


    +T.

    EX ORBE

  4. #4
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    Re: ¿Sínodo o tifón?

    El que hacía falta, Nicolás

    Nicolás, el prepósito de la degenerada y degenerante Societas I. ha dicho una de esas cosas que dicen los perturbadores cumpliendo su oficio, una de esas cosas que escandalizan y que merecen piedra de molino al cuello:

    Eso ha dicho Nicolás (con la sombra de Martini revoloteándole por encima de la coronilla).

    Siendo Nicolás el jesuita cabeza de la jesuitez, lleva en sus genes jesuíticos aquel perverso equívoco que afloró ya en Ricci y remató en de Melo, esa especie de pancristismo indiferentista que ve asimilable a Confucio, compatible a Brahma y cotangente al Shinto. Todo es digerible, traducible, intercambiable (siendo Cristo el sustituible/transferible).

    Por eso pronuncia esa sentencia escandalizante que lleva implícita su lógica premisa: Al decir que en una unión pecaminosa puede haber virtud cristiana, dice también que en el Sacramento del Matrimonio podría no haber gracia. Ergo Nicolás está diciendo que quizá sea mejor un estado de pecado que una vida en gracia. Ergo ¿para qué sirve el Sacramento, si el fornicar de los enamorados es virtud?

    Se permite Nicolás bromear recordando los problemas de San Ignacio con la Inquisición, como si él (o quizá estuviera pensando en otro más conspícuo) se equiparara en la actualidad, verbis operibusque, con el Santo de Loyola.



    Cuando el otro dia PP Franciscus celebraba los 200 años de la restauración de la Compañía de Jesús, yo me preguntaba si no hubiera sido mejor haberla dejado extinta, tal y como quedó con el Papa Clemente XIV, sin la rehabilitación graciosa de Pio VII. Porque me preguntaba qué pesaba más, si el bien obrado por la Compañía a la Iglesia entre Pio VII y Pio XII o el daño infligido a la Iglesia por los jesuitas desde Juan XXIII al presente PP Franciscus.

    Que el Cielo lo juzgue. Pero si al árbol bueno se le reconoce por sus frutos, los frutos del árbol contemporáneo-postconciliar de la S.I. son nocivos sin comparación.

    La Iglesia sería hoy mejor sin la Compañía de Arrupe y de Nicolás (y demás).


    +T.






    EX ORBE

  5. #5
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    Re: ¿Sínodo o tifón?

    El Sínodo pinta mal



    Bloqueo de prensa desde el principio

    El grupo de tareas Kasper avanza


    Agnus Dei, miserere nobis

    El 3 del corriente, los periodistas acreditados ante la Sala de Prensa del Vaticano se sorprendieron al saber que las ponencias de los padres sinodales no iban a ser publicadas íntegramente, como era costumbre. Sólo se conocería un resumen diario, el que no especificaría quién dijo qué cosa.

    La razón de tal medida quizá sea el marcado enfrentamiento que, probablemente, vaya a acontecer entre los "tradis" y "proges". O puede deberse al ansia de filtrar lo que se dará a conocer, de manera que sólo trasciendan las posturas favorables a determinadas posiciones, que luego serán amplificadas por los medios para extraer conclusiones contrarias a la doctrina católica. O..., etc.

    El periodista Andrés Beltramo da una posible razón en un tuit que copiamos:


    Andrés Beltramo A. @sacroprofano · 3 de oct.

    El Vaticano no quiere dar los discursos de los obispos durante el Sínodo, dicen q es porque buscan dar libertad para cambiar intervenciones
    0 respuestas









    Andrés Beltramo A. @sacroprofano · 3 de oct.

    Polémica en la sala de prensa del Vaticano porque no quieren dar a los periodistas los textos de los discursos de los padres sinodales





    Por lo que se va conociendo, parece que los "kasperianos" llevan la batuta. He aquí algunas perlitas:


    En diversas intervenciones se ha abordado la necesidad de adaptar el lenguaje de la Iglesia para que la doctrina acerca de la familia, la vida y la sexualidad se entienda correctamente. O sea que hasta ahora la Iglesia se comunica en un lenguaje que nadie entiende correctamente, ¡y eso luego de 50 años de aggionamiento y mundanización! Menos mal que se dieron cuenta a tiempo.

    El reto, se ha dicho, es pasar de una situación defensiva a una propositiva y activa, relanzando el patrimonio de la fe con un lenguaje nuevo...
    El ser humano aspira a la felicidad y el cristiano sabe que la felicidad es Cristo, pero ya no encuentra el lenguaje adecuado para decírselo al mundo. La Iglesia, sin embargo, debe ser ''magnética'', trabajar por “atracción”, con una actitud de amistad hacia el mundo. Más de lo mismo pero:

    Pero atenti, porque el cambio que piden hacer en el lenguaje, para que se entienda correctamente, no es cualquiera; tienen sus reglas muy precisas y las hemos sabido por algún espía:
    Hablando sobre el resumen de prensa del Sínodo de la Familia, el portavoz de ese organismo para la lengua Inglesa, Padre Thomas Rosica, ha dicho que hubo muchísima discusión acerca del lenguaje en las deliberaciones.
    Al explicar la que para él ha sido una de las intervenciones más destacadas del día, el padre Rosica señaló que, de acuerdo al expositor (que por la política de prensa tomada no sabemos quién fue), "frases como -vivir en pecado-, -intrínsecamente desordenado-, o "mentalidad contraceptiva", no son palabras que inviten necesariamente a la gente a aproximarse a Cristo y a la Iglesia. Hay un gran deseo de que nuestro lenguaje cambie para satisfacer situaciones concretas. Muchos ya ven al Matrimonio como algo que hay que eliminar del duro lenguaje de la Iglesia. ¿Cómo podemos hacer que nuestro lenguaje sea atractivo, cariñoso, y acogedor? No estamos hablando de reglas y leyes; hablamos de una Persona, Jesús, la fuente de nuestra fe, el conductor de la Iglesia; Él nos invita a penetrar en el misterio".
    ¿Qué se puede contestar a éste mensaje que sale de la boca de un Obispo, quizá un cardenal? Sólo se nos ocurre el contundente mensaje del Señor: ¡Sí, sí, no, no!
    Y sigue el resumen de esta Segunda Congregación:
    Hay que entablar un diálogo con el mundo, siguiendo el ejemplo del Concilio Vaticano II, es decir con una apertura crítica pero sincera. Porque si la Iglesia no escucha al mundo, el mundo no escuchará a la Iglesia. Por supuesto, antes del famoso Concilio la Iglesia estaba encerrada en un armario y no "dialogaba" con el mundo; pero el número de conversiones, el número de hijos por familia y el número de seminaristas iba en aumento. Es decir, el mundo que la iglesia no atendía, por estar encerrada, se iba cristianizando. Además: ¡No hace acaso 50 años que estamos hablando con el mundo, con las piernas... perdón, con la mente muy abierta para escuchar y consentir sus obcenidades? ¿Qué más quieren hacernos abrir? Ahh cierto, no usamos el lenguaje adecuado hasta ahora...
    Y el diálogo puede basarse en cuestiones importantes, como la igual dignidad de hombres y mujeres y el rechazo de la violencia. ¡Vaya! ¿No habrá nada menos trillado para hablar? Y ¿no habrá en el Sínodo alguien que no cometa la mariconería de utilizar el lenguaje de género (hombres y mujeres) en su discurso?


    El matrimonio es y sigue siendo un sacramento indisoluble; sin embargo, ya que la verdad es Cristo, una Persona, y no un conjunto de reglas, es importante mantener los principios, no obstante cambien las formas concretas de su actuación. En resumen, como decía Benedicto XVI: novedad en la continuidad: el Sínodo no cuestiona la doctrina, pero reflexiona sobre la pastoral, es decir sobre el discernimiento espiritual para la aplicación de la misma para enfrentar los retos de la familia contemporánea. En este sentido, la misericordia no elimina los mandamientos, sino que es su clave hermenéutica.
    Cristo es una Persona, divina en este caso, y Él mismo ha llevado a la plenitud las leyes del Antiguo Testamento. Es por lo tanto falaz contraponer la Persona del Señor a las "reglas" que ha confirmado con su divina autoridad; entre las cuales no puede haber contradicción alguna, como no sea en la mente calenturienta de los que se aprestan a demoler la moral católica. Como tampoco puede haber contradicción entre la doctrina y la práctica que de ella se deriva. Si, Dios no lo permita, de esa "reflexión sobre la pastoral", saliera la posibilidad de dar la Sagrada Comunión al que vive en pecado, la pastoral habrá quebrado la doctrina sin que nadie pueda negarlo.

    Por otra parte, se ha observado que incluso las situaciones imperfectas deben tratarse con respeto, por ejemplo, las uniones de hecho en que se convive con lealtad y amor, presentan elementos de santificación y de verdad. Lo esencial es, por tanto, considerar ante todo los elementos positivos, para que el Sínodo infunda valor y esperanza también a las formas imperfectas de familia, que pueden ser valoradas según el principio de gradualidad . Hay que amar realmente a las familias necesitadas.
    Bueno, aquí cae la careta: el expositor dice sin miramientos que hay santificación y verdad en una unión basada en el pecado mortal. Es decir en la rebelión del hombre contra Dios, puesto que conscientemente decide rechazar sus leyes. ¡Y aconseja al Sínodo infundir valor a estas formas pecaminosas de vida! ¡Qué más se puede decir!

    Hay algo muy curioso en la parte final de este resumen; curioso y que podría mover a risa:

    También se ha abordado la cuestión del valor esencial de la sexualidad dentro del matrimonio. Efectivamente, se habla tanto, críticamente, de la sexualidad fuera del matrimonio que la sexualidad conyugal parece casi la concesión a una imperfección.
    Pero, desafortunado escritor, ¿te atreves a sugerir que la Iglesia, pues quien otro puede hablar en estos días aconsejando la castidad fuera del matrimonio, con su prédica "represora" acerca del sexo, ha logrado que la unión carnal de los esposos sea vista como una imperfección? Deberías leer las Sagradas Escrituras, por ejemplo el libro del Cantar de los Cantares, así te desasnas un poco.

    En un diario se puede leer las palabras que dijo éste expositor antes de la frase que comentamos, y que no están en el informe:
    En su discurso ante el pleno, uno de los obispos reconoció que los católicos se han enfocado de manera excesiva "en el justo rechazo del matrimonio homosexual", pero han descuidado transmitir el valor de la sexualidad en el matrimonio. ¡De manera excesiva? No en Santiago del Estero, al menos.

    Página Católica: El Sínodo pinta mal

  6. #6
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    Re: ¿Sínodo o tifón?

    El Sínodo aberrante ???

    El otro día, cuando un papá y una mamá contaban entusiasmados y enternecidos la entrañable acogida hogareña de su nene gay y su noviete, la asamblea sinodal se puso en pie y les aplaudió con fervor. Increíble, pero pasó.

    Ahora el síndrome filo-homosex-familiar sube un nivel (o varios) y ha sido un cardenal, el brasileño Assis, obispo de Aparecida, quien destapa su proclividad y reclama que la Iglesia sea la casa paterna también para las parejas gays.

    Es muy tremendo lo que voy a decir, pero el Emmº y Revmº Assis quiere, ni más ni menos, que la Iglesia sea Sodoma: Sodoma, la ciudad vecina de Gomorra, donde habitaban y vivían aquellos legendarios sodomitas y gomorritas. Huelga contar cómo acaba el relato del Génesis (Gn 18,16-19,29) que cuenta aquello, con el prólogo de la bella escena del regateo de Abraham con el Señor, rebajando la cuenta castigadora hasta los 10 justos sodomitas, que no se hallaron ni siquiera esos diez. En Sodoma no había ni diez sodomitas decentes.

    La pregunta (retórica) a propósito del Sínodo y sus desviaciones no es si podrá jamás haber diez sodomitas justos. La pregunta es si caben en la Iglesia con todos los parabienes, como pide el purpurado brasileñí. ¿Cabrían?

    Respondo: Como pecadores, sí; como justos, sólo si dejan su pecado, que no sólo es no practicar sodomías, sino no reconocerse en la tal condición y desprenderse, externa e internamente, de la categoría. Si no, si persistieran en la práctica nefanda y/o mantuvieran el gay pride, su lugar en la Iglesia es la lista de los pecadores, con las condiciones y privaciones anejas a su estado y su pecado.

    Resulta repugnante que un cardenal confunda misericordia con tragaderas. El Hijo Pródigo, cuando volvió a la casa paterna, no se llevó a las putas ni a los cerdos. Se le admitió porque llegó arrepentido (con atrición, por lo menos).

    Confundir a la Iglesia con Sodoma y Gomorra es muy grave. Pero en esas estamos. A eso hemos llegado.

    Por lo demás, todo normal. Si en siglo IX hubo un Concilio Cadavérico, que en el XXI pueda haber un Sínodo Aberrante entra dentro de nuestra normalidad histórica. Nihil novum sub sole.

    Ya vendrán tiempos mejores y correctores.

    Te rogamus, audi nos !!!


    +T.

    EX ORBE

  7. #7
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    Re: ¿Sínodo o tifón?

    a = F / m


    Añoro los tiempos en que publicaba en este blog una o dos entradas semanales y discutíamos algún texto de Newman o de Knox, o alguna opinión teológica siguiendo a Santo Tomás o a sus comentadores. Ahora, en cambio, en conciencia no puedo hacer más que comentar lo que día a día estamos viviendo.
    Esa es la razón del título de este post: la fórmula la aceleración, porque la velocidad con que se están sucediendo los hechos asusta. Y asusta porque todas las tradiciones religiosas afirman que, en los tiempos postreros, todo sucederá aceleradamente, como la masa que, cuanto más cerca está del centro de gravedad, mayor velocidad adquiere.
    Comentaré en este caso los acontecimientos que hemos visto no el último año, ni el último mes, ni siquiera la última semana. Comentaré lo que ha pasado en los últimos tres días.
    1) El primero caso llegó a mis manos el lunes, aunque seguramente era conocido con bastante anterioridad por los párrocos. Se trata de un documento elaborado por la Conferencia Episcopal Argentina sobre “El acompañamiento pastoral de los fieles que han hecho cambio civil de género”. Puede bajarlo aquí. Amparados en la encíclica Chantae Gaudium, en la que el papa Francisco dice que “… hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día”, los obispos instruyen a los curas para que, cuando se acerque algún tipo de personas que se encuentran en esta “etapa de crecimiento y construcción personal” a solicitar los sacramentos de la iniciación cristiana “que no serán negados por los ministros sagrados”, se informe primero por escrito al Ordinario del lugar, quien dará la autorización a condición de que se coloque una nota marginal aclaratoria en los libros parroquiales.
    El caso puede ser de dos personas del mismo sexo que se han casado o de un “matrimonio” en el que uno de los “cónyuges” hizo cambio de sexo, y quieren bautizar a su hijo. No se les negará. Sobre esto puede haber discusión, y verán los canonistas y quienes tienen cura de almas, si es o no lícito negar el bautismo a un niño que crecerá en esas condiciones contra-natura.
    Pero lo que resulta indignante es que los obispos, con aprobación de la Congregación para la Doctrina de la Fe, estipulan que si un casado civilmente con otra persona de su mismo sexo o alguien que hizo cambio de sexo, se acerca a recibir el bautismo o la confirmación, se les concedan estos sacramentos, eso sí, con nota marginal.
    A ver: pellizquémonos. Un tipo que nació varón pero se “hace” mujer civilmente, o civilmente se “casa” con otro varón y que, permaneciendo en esa situación, un día se le da por recibir los sacramentos de la iniciación cristiana (bautismo y confirmación) lo puede hacer sin problemas. ¡Es un disparate! A los excelentísimos prelados argentinos les convendría releer las Catequesis bautismales de San Cirilo de Jerusalén, Padre y Doctor de la Iglesia, del siglo IV, tan cercano a la “simplicidad evangélica” a la que gusta referirse el papa Francisco. Cuando los catecúmenos eran considerados aptos para recibir el bautismo, es decir, cuando habían dejado los hábitos pecaminosos, la iglesia los hacía formar parte de los photizómenoi, los que van a ser iluminados, y allí recibían las enseñanzas del obispo que, entre otras cosas, les decía: “El pecado es una cosa terrible y la transgresión de la ley es una enfermedad del alma que al mismo tiempo que destruye su vigor se convierte en cómplice del fuego eterno” (Catequesis II, 1). Señores obispos, cambiarse de “género” o vivir en concubinato con una persona del mismo sexo, ¿no es transgredir la ley? ¿Cómo una persona, por más que se encuentre en una etapa de “crecimiento y construcción personal”, y que vive en esas condiciones de pecado puede ser “iluminado” con el bautismo y la confirmación? ¿Ustedes creen, acaso, que con una nota marginal se soluciona el problema? Pastores de esta calaña no merecen sino la maldición de Dios.
    2) Pasemos ahora al sínodo que se está celebrando en Roma. Llama la atención de que el mismo Papa que ha pedido una Iglesia de puertas abiertas, organice un sínodo de puertas cerradas: nadie puede saber qué se dijo ni quién lo dijo. Lo único que se sabe es lo que la oficina de prensa de la Santa Sede informa diariamente a través de un escueto boletín. Es decir, se sabe lo que Bergoglio quiere que se sepa. No me extrañaría en, en algún tiempo, comience a hablarse del “sínodo de los padres” y del “sínodo de la prensa”.
    Hace un mes, yo me hubiese sumado al lector del blog que se jugó una vaquillona tierna a que el documento final del Sínodo iba a ser un largo ni fú ni fá, en el que se reafirmaría la doctrina de siempre y se haría la vista gorda a prácticas pastorales concretas. Ahora, no me jugaría ni el osobuco de la vaquillona, porque seguro que lo pierdo.
    El domingo publicaba en el blog un comentario sobre las afirmaciones del papa Francisco en su entrevista con Morales Solá: “La juventud no se casa. Es una cultura de la época. Muchísimos jóvenes prefieren convivir sin casarse. ¿Qué debe hacer la Iglesia? ¿Expulsarlos de su seno? ¿O, en cambio, acercarse a ellos, contenerlos y tratar de llevarles la palabra de Dios? Yo estoy con esta última posición”. No lo afirmaba, pero dejaba entrever que se podría admitir al sacramento de la eucaristía a los jóvenes que conviven sin casarse porque la Iglesia no puede expulsarlos de su seno. Muchos me dijeron que mi interpretación era descabellada.

    Pues bien, lean ustedes aquí lo que declaró ayer el Superior General de la Compañía de Jesús, P. Adolfo Nicolás, que ven ustedes en la foto de la izquierda abrazándose efusivamente con Bergoglio. Son muchas las barbaridades que dice el jesuita, pero que quedo con la siguiente: “Puede haber más amor cristiano en una unión irregular que en una pareja casada por la Iglesia”. Léanlo nuevamente y pellízquense. Esto lo acaba de decir un “padre sinodal”. Como bien comenta el blog Ex Orbe, al decir el P. Nicolás que en una unión pecaminosa puede haber virtud cristiana (“amor cristiano”), dice también que en el Sacramento del Matrimonio podría no haber gracia. Ergo, Nicolás está diciendo que quizá sea mejor un estado de pecado que una vida en gracia. Ergo, ¿para qué sirve el Sacramento, si el fornicar de los enamorados es virtud?
    No me extrañaría que los Padres Sinodales terminaran abriendo la manga más de lo que pensábamos: a fin de alcanzar una Iglesia inclusiva, que acompaña al hombre en su camino de construcción personal, y habida cuenta de que la comunión es “remedio” para los enfermos y no “premio” para los perfectos, no se negará el sacramento de la eucaristía a los divorciados y vueltos a casar ni a los convivientes. Y, como quien dice “a” dice “b”, tampoco se negará aún si los convivientes son del mismo sexo.
    c) Pueden leer aquí el boletín que reporta lo actuado en el sínodo el día de ayer. Obsérvese como se machaca con insistencia en el bergoglema: “La eucaristía no es el sacramento de los perfectos, sino de aquellos que están en camino”. Sumemos a este latiguillo la intervención en el sínodo de un matrimonio australiano, Ron y Mavis Pirola, codirectores del Consejo Católico de Australia para el Matrimonio y la Familia: “Unos amigos nuestros estaban planeando su reunión familiar para Navidad, cuando su hijo gay les dijo que quería invitar a su compañero. Ellos creían profundamente en las enseñanzas de la Iglesia y sabían que a sus nietos les habría gustado ver que acogían a su hijo y a su compañero en la familia. Su respuesta podría ser resumida en tres palabras: “Es nuestro hijo”. Este, explicaron Ron y Mavis Pirola, es un «modelo de evangelización para las parroquias, puesto que responden a situaciones semejantes». El papel de la Iglesia es el de «hacer conocer al mundo el amor de Dios»”. Nuevo pellizco por favor. Esto se dice en el aula sinodal.
    d) Y termino con lo que dijo hoy mismo el Papa Francisco en la Audiencia General de los miércoles: “…hoy estoy muy agradecido al Señor, porque hoy ¡hace 70 años que hice la Primera Comunión! Pero, hacer la Primera Comunión todos nosotros debemos saber que significa entrar en comunión con los otros, en comunión con los hermanos de nuestra iglesia, pero también en comunión con todos aquellos que pertenecen a comunidades diferentes, pero creen

    en Jesús. Agradezcamos al Señor, todos, por nuestro bautismo, agradezcamos al Señor todos, por nuestra comunión, y para que esta comunión sea al final una comunión de todos juntos”.
    Por favor, lean el texto nuevamente y díganme si lo que el Pontífice de la Santa Iglesia ha dicho es doctrina católica. ¿Ni una mención siquiera a la presencia real del Señor en la Eucaristía? No vale la pena rebatirlo. Un niño de primer año de catequesis lo puede hacer.
    Conclusión: Se comenta en círculos cercanos al Vaticano que ayer, luego de unas de las intervenciones de Francisco en el sínodo, dijo el cardenal Gerhard Müller, con claridad aunque en voz baja: “Ma come puó dire tante stronzate!”, en criollo: “¡Pero cómo puede decir tantas boludeces!” Eminencia, las seguirá diciendo. Pero no se quejen; ustedes lo eligieron.
    Yo creía que un palurdo como Bergoglio no iba a hacer más que un pontificado berreta, pero ahora me está pereciendo que estaba equivocado. Estoy viendo algo mucho más oscuro y escalofriante detrás.

    ¿Bergoglio terminó de levantar la compuerta? ¿Habrá sido quitado el katejon?

    The Wanderer

  8. #8
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    Re: ¿Sínodo o tifón?

    EN EL FOCO DE LA TORMENTA SINODAL

    Si el antiguo imperio había arrastrado a los cristianos al circo para hacerlos pasto de las fieras, la Iglesia postconciliar, cumpliendo un designio circular, quiso ser ella misma el circo. Y como todo espectáculo que se precie, éste también tiene sus números congruos: payasos, representados por aquella Jerarquía que gustó estropear su dignidad en público ora con estolas multicolores, ora con narices de clown; malabaristas y equilibristas consumados, como aquellos clérigos que pretextan su adhesión a la doctrina cristiana pero consienten todos los excesos que, en el orden de la fe y de la moral, cunden bajo su jurisdicción. Ni hace falta recordar cuánto se haya multiplicado en nuestros días el oficio del tragasables.

    Se sabía que el malfamado Sínodo sería otro tanto coliseo para triturar a la ortodoxia, una finta de disertaciones y disputas para las que se invocó un presunto clima de parresia, pero que en realidad tendría sus conclusiones ya prescritas antes de empezar. La democracia y el parlamentarismo nos han enseñado a desconfiar; llevados ambos a la Iglesia bajo el alias de «sinodalidad permanente», nos han instado a invocar más a menudo a san Miguel Arcángel.

    Porque tras de la acepción hoy instaurada de «sínodo» (como de la de «comunión episcopal» y otras mistificaciones de similar tenor) asoma la cabeza inclemente del tirano, del arribista elevado por la complicidad de sus pares a expensas del criterio de la "selección al revés". La retahíla de detonaciones que se le escucharon a Francisco en los días inmediatamente previos a la apertura del Sínodo confirma -por si no hubiesen bastado los sonoros antecedentes de los Franciscanos de la Inmaculada y de monseñor Livieres- que el papa bonachón recobraría el triregno depuesto por Paulo VI, pero esta vez para fulminar anatemas contra aquellos «que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús» (Ap 14,12). No será una licencia literaria apelar a este pasaje de la Escritura tantas veces leído y hoy al fin tan apremiante.

    Muy contra Alcuino, que recomendaba enfáticamente: «no des crédito a quien suele decir "Vox populi, vox Dei", ya que el alboroto del vulgo se halla siempre a un paso de la locura», Bergoglio restableció esa identidad conculcada por el teólogo carolingio pidiendo al Espíritu Santo «escuchar a Dios y al clamor del pueblo», todo en una. Clamor cuyo contenido debía explicitarse por vía indirecta con las siguientes exhortaciones, en frenética progresión:

    - a la Iglesia, a «no encerrarse en supuestas interpretaciones del dogma», ya que «el mundo ha cambiado»;
    - contra los malos pastores, «que cargan sobre los hombros de la gente pesos insoportables que ellos no mueven ni siquiera con un dedo»;
    - contra los jefes del pueblo, según los cuales «todo se reduce al cumplimiento de los preceptos creados por su fiebre intelectual y teológica».
    Murillo, Sagrada Familia.
    Justo aquella que no está representada en el Sínodo
    Todo adobado por las intervenciones del superior de los jesuitas que, convidado a roznar a la asamblea, distinguió que «puede haber más amor cristiano en una unión irregular que en una pareja casada por la Iglesia», y por la apelación del cardenal Assis a la causa gay: «lejos de encerrarnos en una mirada legalista, queremos bajar a lo profundo de estas situaciones difíciles para acoger a todos aquellos que están implicados». Al paso que con esa ambigüedad ya tan transitada en las últimas décadas, y que tan magra cosecha evangelizadora reportara, la Segunda Congregación del sínodo sentenció que «el matrimonio es y sigue siendo un sacramento indisoluble; sin embargo, ya que la verdad es Cristo, una Persona, y no un conjunto de reglas, es importante mantener los principios, no obstante cambien las formas concretas de su actuación». Al fin lo sabemos: no se cuestiona la indisolubilidad del matrimonio, simplemente se erigen múltiples y divergentes formas de actuarla. Incluida, tras la abolición de la lógica, la disolución de la sociedad conyugal.

    Es demasiado para tan pocos días. Tanto, que Alessandro Gnocchi supo resumir en un reciente artículo: bajo Francisco «se ha difundido por todo el orbe católico un cierto fastidio liberatorio por cuanto de sacramental y de doctrinal informa el yugo suave que Jesús promete a sus seguidores [...] Difícilmente el Sínodo extraordinario de la familia tome otros rumbos que aquel de la pastoral abierta a las ganas locas del mundo». Se cumple al fin aquel sueño del Tucho Fernández, doctor superfluus: la colectivización del individualismo, o bien el "viva la pepa" escanciado a todos los estratos, para que a nadie falte su pasaporte a la Gehenna.

    Estamos convencidos de que esta farsa no irá a concluir -según algunos aventuraban- en un montón de documentos irrelevantes, con formulaciones ambiguas y amplio margen para su aplicación pastoral. Que la astucia sea principalísimo entre los atributos del Maligno es cosa innegable, pero no es menos cierto aquello de que "el demonio hace las ollas pero no las tapas". Pudiera dejarse a la Iglesia zozobrar indefinidamente hasta su extinción, si esto fuera posible, y quizás fuera esta la estrategia más conducente a los intereses del enemigo. Pero hay algo que caracteriza al trágico afán de estos prelados infieles: su hipertelia, su incontinencia, la ardiente necesidad de patear el tablero al tiempo que acarician la victoria.

    Algún doctor sacro enseñó oportunamente que si Satanás hubiese sabido que la crucifixión de Cristo le acarrearía la derrota, no habría inducido a los Sumos Sacerdotes, ni al populacho, ni a Judas ni a Pilatos a intervenir como lo hicieron. Aventuramos, a este respecto, una pronta salida de las ambigüedades de rigor a través de una explícita traición al depositum, rotunda e inequívoca, de parte de los compadres sinodales, y esto para dividir de una buena vez los campos. Quizás este zarpazo con el que la herejía enquistada intentará de paso quedarse con las temporalidades de la Iglesia -expulsando para ello a los refractarios- constituya, en breve, su más aciago fracaso.

    In exspectatione: EN EL FOCO DE LA TORMENTA SINODAL

  9. #9
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    Re: ¿Sínodo o tifón?

    ¡¡ Malditos Dogmas !!


    La verdad es que si no fuera por los dogmas que han quedado fijados por la Iglesia Católica a lo largo de los siglos, algunos estarían obligándonos desde hace tiempo a estar arrodillados ante Mahoma, Buda y todos los Dioses del Olimpo. Los dogmas están ante nosotros, definidos por la Iglesia a partir de la Revelación y por tanto, son parte esencial de la Enseñanza Divina a los hombres. Claro que si se empieza a no creer en la Revelación, se acaba pensando irremediablemente que tampoco es creíble lo que deriva de Ella. Los enemigos de los dogmas, siempre han atacado a los contrarios llamándolos dogmáticos, apelativo que para ellos es el insulto mayor que pueda hacerse, una vez que ha salido todo el mundo del armario y no se puede llamar a nadie mariquita o mariposón, sin peligro de que te metan en la cárcel. Señalar a alguien como dogmático o acusarle de que está encerrado en los dogmas, es para ellos una afrenta o un agravio capaz de mermar las fuerzas del peor enemigo.
    Oigo muchas veces ahora hablar en contra de los dogmas de la Iglesia. Hasta hace poco, venía al convento un panadero que por lo visto se empapaba de programas de televisión mientras horneaba los panes, y se despachaba a gusto con el hermano portero sobre la necesidad de superar estas cosas del pasado, que ya no se estilan. Lo decía con tal prosopopeya y engolamiento, que el pobre hermano tenía que sufrir pacientemente los minutos que duraba la disertación del citado ignorante. Lo mismo ocurre con algunos de mis novicios, que dogmatizan inconscientemente sobre la necesidad de que no haya dogmas y se quedan tan panchos. Vuelven de la universidad o de sus reuniones catequéticas, siempre con el mismo sonsonete. Y no digamos cuando vuelven de algún cursillo sobre teología. Mi capacidad de reir con estas gentes ante tamaños disparates es infinita, y ni siquiera me preocupo de hacerles ver su error, ya que sería inútil, dado que proviene de cerebros tan escasos de materia como abundantes en criterios televisivos, lo cual ya de por sí hace imposible la tarea. Sin embargo, esta mañana me he desayunado el picatoste escuchando a algunos monjes comentar que el Santo Padre ha dicho que la Iglesia no puede encerrarse en supuestas interpretaciones del dogma. No puede ser verdad, me he dicho a mí mismo. Y he de reconocer que esto ya no me ha dado ninguna risa. Porque las barbaridades dichas por el panadero pueden pasar, las dichas por los jovenzuelos novicios mal formados, también. Pero dichas por el Sumo Pontífice, adquieren un tono de preocupación, inquietud e intranquilidad, que raya en lo trágico. ¡Quién me iba a decir a mí que escucharía estas palabras de labios de un Pontífice, antes de morirme! Porque lo que reflejan estas consideraciones hechas (además) a un periodista -otra vez las declaraciones a los periodistas-, llevan una carga malévola y malintencionada de la que no puede salir nada nuevo. Y si me lo permiten, retrata de arriba abajo al que las pronuncia. Porque se supone que el que las perpetra es justamente el encargado de guardar los dogmas como algo intocable. Pero no. Hay que reinterpretarlos, o sea, hay que darles la vuelta, manipularlos, sobarlos, zarandearlos y torcerlos. Dios sabe cuál podrá ser el resultado final, pero desde luego no será nada bueno. La insistencia machacona en que este Sínodo de la Anti-Familia es pastoral (ya estamos como en el Concilio Vaticano II), no puede presagiar buenos resultados. No hay más que ver los reportajes aparentemente ingenuos que ya van surcando internet, con las primeras declaraciones de unos, con las exposiciones iniciales de otros y las chorradas de una experta española declarando que todo va muy bien y que promete. Me llama la atención que todavía no haya sacado la cabeza el cardenal Kasper, pero tal cosa está prevista, para que veamos que también hay muchos otros cardenales que piensan así. Y no sólo él. Bueno, por lo visto así piensa también el Santo Padre, sin lugar a dudas. Así las cosas, queda declarada la guerra a los dogmas, esas malditas verdades que quisieron imponernos en otros tiempos, pero que ahora vamos a reinterpretar, renovando los lenguajes de la fe. Obsérvese el palabro que se utilizará para encandilarnos cuando salgamos del armario de los dichosos dogmas. Y como tampoco creen en el pecado, lo minimizan considerando que la Eucaristía es para los imperfectos, no para los que hacen todo bien. O sea, la Eucaristía es para los que pecan, no para los que están en gracia de Dios. Otra chocarrería de Su Santidad, dicha ya hace tiempo y repetida ahora por todos los bobos y majaderos eclesiales. Eso sí. Todo esto se ha montado para ayudar y acompañar a estas pobres gentes que pecan y que no se quieren bajar del burro. Y tenemos que abrir nuestros ojos a la realidad, por supuesto. Como si la Iglesia nunca hubiera ayudado a los que de buena fe se sienten agobiados por situaciones penosas. Ahora todo es distinto a los tiempos anteriores: ahora es cuando se comprende a los pecadores, ahora es cuando la misericordia ha hecho su aparición, ahora es cuando la verdad va a estar fuera de la hornacina de los dogmas estables y tiesos, para encontrarla a cada paso en el peregrinar del amor fraterno. Menos mal que el Cardenal Maradiaga (otra vez ante los focos), nos ha tranquilizado diciendo que el Espíritu Santo no está de vacaciones ni durmiendo la siesta, lo cual es un mensaje para que veamos que realmente lo que salga de ahí será obra del Espíritu Santo. Pobre del que lo ponga en duda. Pero me gustaría que Su Eminencia no fuera tan gracioso y tan superficial. Mientras rezaba Tercia en el Coro, he pedido a nuestro Señor por su Iglesia. Y cuando he celebrado la Santa Misa y he llegado al lugar en que se pide por la Iglesia Santa y Católica quam pacificare, custodire, adunare et regere digneris toto orbe terrarum, una cum famulo tuo Papa nostro…, no he podido evitar que se me saltaran las lágrimas.

    Fray Gerundio de Tormes

  10. #10
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    Re: ¿Sínodo o tifón?

    Entrevista a Mons. Fellay luego de su encuentro con el Cardenal Müller



    La pastoral debe necesariamente ser el resultado de la doctrina



    Ud. fue recibido por el Cardenal Müller el 23 de septiembre pasado. El comunicado de la sala de prensa del Vaticano retoma los términos del comunicado de 2005, luego de su encuentro con Benedicto XVI, en el que ya se hablaba de “proceder por etapas y en un plazo razonable”, con “el deseo de llegar a la plena comunión”
    ; – el comunicado de 2014 habla de “plena reconciliación”. ¿Significa esto que se regresa al punto de partida?

    Sí y no, según el punto de vista en el que uno se sitúe. No hay nada nuevo en el sentido que hemos verificado —nuestros interlocutores y nosotros— que permanecen las divergencias doctrinales que se habían manifestado claramente con oportunidad de las discusiones teológicas de 2009-2011, y que, por tanto, no podíamos firmar el Preámbulo doctrinal que nos ha sido propuesto por la Congregación para la Doctrina de la Fe desde 2011.

    Pero, ¿qué hay de nuevo?

    Hay un nuevo Papa y un nuevo Prefecto al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y este encuentro muestra que ni ellos ni nosotros deseamos una ruptura de las relaciones: las dos partes insisten sobre la necesidad de esclarecer las cuestiones doctrinales antes de un reconocimiento canónico. Por eso, de parte de ellos, las autoridades romanas reclaman la firma de un Preámbulo doctrinal que, de nuestra parte, no podemos firmar en razón de sus ambigüedades.

    Entre las novedades se encuentra también el agravamiento de la crisis en la Iglesia. En la víspera de un Sínodo sobre la familia se manifiestan críticas serias y justificadas, de parte de varios cardenales, contra las proposiciones del Cardenal Kasper sobre la comunión de los divorciados “vueltos a casar”. Desde las críticas de los cardenales Ottaviani y Bacci en el Breve examen del Novus Ordo Missae, en 1969, esto no se había visto en Roma. Pero lo que no ha cambiado es que las autoridades romanas siguen sin tomar en cuenta nuestras críticas del Concilio porque les parecen secundarias e incluso ilusorias, frente a los graves problemas a los que se enfrenta la Iglesia hoy. Estas autoridades comprueban claramente la crisis que sacude a la Iglesia al más alto nivel —ahora entre cardenales—, pero no conciben que el Concilio mismo pueda ser la causa principal de esta crisis sin precedentes. Se parece a un diálogo de sordos.

    ¿Podría dar un ejemplo concreto?

    Las proposiciones del Cardenal Kasper en favor de la comunión de los divorciados “vueltos a casar” son una muestra de lo que reprochamos al Concilio. En su discurso a los cardenales, en el Consistorio del 20 de febrero pasado, propone hacer nuevamente lo que ya se hizo en el Concilio, a saber: reafirmar la doctrina católica, ofreciendo al mismo tiempo aperturas pastorales. En sus diversas entrevistas con los periodistas, él realiza esta distinción entre la doctrina y al pastoral: recuerda en teoría que al doctrina no puede cambiar, pero introduce la idea que, en la realidad concreta, hay situaciones tales, que la doctrina no puede ser aplicada. Entonces, según él, solamente la pastoral está en condiciones de encontrar soluciones… en detrimento de la doctrina.

    Por nuestra parte, reprochamos al Concilio esta distinción artificial entre la doctrina y la pastoral, porque la pastoral debe necesariamente derivarse de la doctrina. Gracias a múltiples aperturas pastorales se introdujeron cambios sustanciales en la Iglesia y la doctrina se vio afectada. Es lo que pasó durante y después del Concilio, y denunciamos la misma estrategia utilizada ahora contra la moral del matrimonio.

    ¿Acaso no hay en el Concilio sólo cambios pastorales, que habrían indirectamente afectado la doctrina?

    No, nos vemos obligados a afirmar que se realizaron cambios graves en la doctrina misma: la libertad religiosa, la colegialidad, el ecumenismo… Pero es cierto que estos cambios aparecen de una manera más clara y más evidente en sus aplicaciones pastorales concretas, pues en los documentos conciliares son presentados como simples aperturas, de manera alusiva y con mucho sobrentendidos… Esto hace de ellos, según la expresión de mi predecesor, el R. P. Schmidberger, “bombas de tiempo”.

    En las proposiciones del Cardenal Kasper, ¿dónde ve Ud. una aplicación pastoral que haría más evidente un cambio doctrinal introducido en el Concilio? ¿Dónde ve Ud. una “bomba de tiempo”?

    En la entrevista que concede al vaticanista Andrea Tornielli, este 18 de septiembre, el Cardenal declara: “La doctrina de la Iglesia no es un sistema cerrado: el Concilio Vaticano II enseña que hay un desarrollo en el sentido de una posible profundización. Me pregunto si una profundización semejante a la que se dio con la eclesiología no es posible en este caso (de los divorciados vueltos a casar civilmente, ndlr): incluso si la Iglesia católica es la verdadera Iglesia de Cristo, hay elementos de eclesialidad también fuera de las fronteras institucionales de la Iglesia católica. En ciertos casos, ¿no se podría reconocer igualmente en un matrimonio civil elementos del matrimonio sacramental? Por ejemplo, el compromiso definitivo, el amor y el apoyo mutuo, la vida cristiana, el compromiso público, que no existe en las uniones de hecho (i.e. las uniones libres)”

    El Cardenal Kasper es muy lógico, perfectamente coherente: propone que los nuevos principios sobre la Iglesia, que el Concilio enunció en nombre del ecumenismo —existen elementos de eclesialidad fuera de la Iglesia—, se apliquen pastoralmente al matrimonio. Pasa lógicamente del ecumenismo eclesial al ecumenismo matrimonial. En este sentido, según él habría elementos del matrimonio cristiano fuera del sacramento. Para ver las cosas concretamente, ¡pregúntese, pues, a los esposos, qué pensarían sobre una fidelidad conyugal “ecuménica” o sobre una fidelidad en la diversidad! Paralelamente, ¿qué debemos pensar de una unidad doctrinal “ecuménica”, diversamente una? Esta es la consecuencia que denunciamos, pero que la Congregación para la Doctrina de la Fe no ve o no quiere ver.

    ¿Cómo se debe entender la expresión del comunicado del Vaticano “proceder por etapas”?

    Como el deseo recíproco, en Roma y en la Fraternidad San Pío X, de mantener conversaciones doctrinales en un marco amplio y menos formal que el de los precedentes intercambios.

    Pero si los intercambios doctrinales de 2009-2011 no aportaron nada, ¿para qué retomarlos, incluso de manera más amplia?

    Porque, siguiendo el ejemplo de Mons. Lefebvre, que nunca rechazó aceptar la invitación de las autoridades romanas, nosotros respondemos siempre a quienes nos interrogan sobre las razones de nuestra fidelidad a la Tradición. No podemos rehuir esta obligación, y siempre la cumpliremos en el espíritu y con las obligaciones que han sido definidas por el último Capítulo General.

    Puesto que Ud. mencionaba la audiencia que me concedió Benedicto XVI en 2005, recuerdo que entonces decía que queríamos mostrar que la Iglesia sería más fuerte en el mundo de hoy si mantuviera la Tradición, —incluso agregaría: si recordara con orgullo su Tradición bimilenaria. Repito hoy que queremos aportar nuestro testimonio: si la Iglesia quiere salir de la crisis trágica que atraviesa, la Tradición es la respuesta a esta crisis. De esta manera manifestamos nuestra piedad filial para con la Roma eterna, para con la Iglesia, Madre y Maestra de verdad, a la que estamos profundamente unidos.

    Ud. dice que se trata de un testimonio; ¿no es más bien una profesión de fe?

    Una cosa no excluye la otra. Nuestro fundador gustaba decir que los argumentos teológicos con los cuales profesamos la fe, no siempre son comprendidos por nuestros interlocutores romanos, pero ello no nos dispensa de recordarlos. Y, con el realismo sobrenatural que lo caracterizaba, Mons. Lefebvre añadía que las realizaciones concretas de la Tradición: los seminarios, los colegios, los prioratos, el número de sacerdotes, de religiosos y religiosas, de seminaristas y fieles… también tenían un gran valor demostrativo. Contra estos hechos tangibles, no hay argumento especioso que valga: contra factum non fit argumentum. En el caso presente, se podría traducir este adagio latino con la frase de nuestro Señor: “se juzga al árbol por sus frutos”. En este sentido, al mismo tiempo que profesamos la fe, debemos dar testimonio en favor de la vitalidad de la Tradición.

    (Fuente: FSSPX/MG – DICI 03/10/14)
    Última edición por Martin Ant; 09/10/2014 a las 12:49

  11. #11
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    Re: ¿Sínodo o tifón?

    ESPERANZA FRENTE AL PELIGRO DE CISMA

    En la Misa de Apertura del Sínodo Extraordinario sobre la Familia el Papa Francisco llamó a los Obispos a colaborar con el plan de Dios y formar así un pueblo santo. Ofrezco estas reflexiones con el deseo de servir al Papa de la mejor manera que puedo.
    La Iglesia, fundada sobre la roca de Pedro, espera del Sínodo la promoción de la familia cristiana. Pero lo que la Biblia llama «el mundo» tiene una expectativa muy distinta: los medios de prensa vociferan cada día para que la Iglesia «se ponga al día». Un eufemismo para exigir que bendiga, y no condene, los desvíos morales cada día más frecuentes –entre otras razones, por la promoción sistemática desde la prensa y la industria del entretenimiento. La Iglesia sin embargo no fue establecida para sancionar lo que el mundo pretende, sino para enseñarnos lo que Dios quiere de nosotros y acompañarnos en el camino de la santidad. Porque es en la voluntad de Dios, que todo lo sabe y no puede engañarse ni engañarnos, donde nosotros encontramos la verdadera paz y felicidad. Ni la doctrina de la fe ni la práctica pastoral –consecuencia de esa doctrina– son el resultado de consensos de curas, aunque sean cardenales u obispos. Ya desde los primeros tiempos del cristianismo los Apóstoles y sus sucesores fueron presionados por poderosas élites religiosas y políticas para que tergiversaran la verdad y la misión evangélica que habían recibido de Cristo. Pero en vez de inclinarse ante otros dioses nos dejaron un testimonio de fidelidad incondicional a la verdad derramando su sangre. Porque «hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5:29). Estos días me consuela pensar en el ejemplo de san Atanasio. Fue expulsado de su Diócesis no una sino cinco veces, debido a las maquinaciones de sus hermanos obispos arrianos con los que no estaba «en comunión», precisamente porque quería promover «la fe católica y apostólica», como dice la Plegaria Eucarística I, o Canon Romano. Bendecir y aceptar «lo que todo el mundo quiere» no es ni misericordia ni amor pastoral. Más bien, es pereza y comodidad, porque estaríamos renunciando a evangelizar y educar. Y respetos humanos, porque nos importaría más el qué dirán que increpar proféticamente en la obediencia a Dios. Ya san Benito resumía, en otra época también signada por mucha confusión, el principio de vida eterna de la obediencia: «mi palabra se dirige ahora a ti, quienquiera que seas, para que renuncies a tus propias voluntades y tomes las preclaras y fortísimas armas de la obediencia…», «…así volverás por el trabajo de la obediencia a Aquel de quien te habías alejado por la desidia de la desobediencia» (Regla, Prólogo). Dentro de la Iglesia, y últimamente desde algunas de sus más altas esferas, «soplan vientos nuevos» que no son del Espíritu Santo. El mismísimo cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, entre otros, ha criticado la pretensión utópica de hacer cambios de fondo en la práctica pastoral sin por ello afectar la doctrina católica sobre la familia. Sin juzgar sus intenciones, que presumo las mejores, y con la tristeza de tener que mencionarlos por nombre, ya que son de público conocimiento, el cardenal Kasper y la revista jesuita Civiltà Cattolica son activos propulsores que lideran esta confusión. Lo que antes estaba prohibido como una grave desobediencia contra la ley de Dios ahora podría quedar bendecido en nombre de su misericordia. Justifican lo injustificable por medio de sutiles interpretaciones de textos y hechos históricos. Pero los que realmente conocen de estas materias han reducido a polvo estos sofismas. No olvidemos lo que nos aseguró el Señor: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mateo 24:35). Aprovechemos la extraordinaria oportunidad que nos ofrece el Sínodo para reafirmar de modo positivo lo que la Iglesia siempre y en todas partes ha creído sobre la familia y ha puesto en práctica en su disciplina. Esto nos exige, al mismo tiempo, defender la verdad frente a los que están dividiendo y confundiendo al Pueblo de Dios. La situación es gravísima y no soy yo el primero en advertir que desgraciadamente estamos frente al peligro de un gran cisma. Exactamente lo que el Señor y su Santísima Madre nos han prevenido en apariciones reconocidas y aprobadas por la autoridad de la Iglesia. Frente a los que están queriendo «dibujar» consensos y manipular estadísticas, como si el Pueblo de Dios estuviera pidiendo lo que en realidad se le quiere gravar por la fuerza de una autoridad abusiva, recordemos que la Iglesia no vive ni se define a partir de las opiniones de los hombres y el cambio de los tiempos sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. La historia de cómo se terminó imponiendo a todo un pueblo católico el cisma de la Iglesia de Inglaterra, junto con el testimonio martirial de san Juan Fischer y santo Tomás Moro, son una lección que hoy vale mucho profundizar. Roguemos por el Papa, por los Cardenales y los Obispos, para que todos estemos dispuestos incluso a derramar la sangre en la defensa y promoción de la familia contra las tormentas del engaño y la idolatría de la libertad sexual del hombre frente a Dios. No nos dejemos engañar ni apartar de la fe y de la práctica moral que Jesucristo nos enseñó. Sabemos que el mundo odió a nuestro Señor. El servidor no puede ser más que su amo. El mundo nos perseguirá, incluso invocando falsamente el nombre de Dios. Y a los eclesiásticos que hablen como el mundo quiere, los aplaudirá y los amará, «porque son de los suyos», no de Dios.


    ESPERANZA FRENTE AL PELIGRO DE CISMA | Mons. Rogelio Livieres

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    Re: ¿Sínodo o tifón?

    Tucho el Gradual


    Mons. Víctor “Tucho” Fernández es el Rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina. Fue propuesto para ese cargo por el entonces cardenal Jorge Bergoglio pero la Sagrada Congregación para la Educación Católica lo rechazó en varios oportunidades no sólo por el más que escaso nivel académico del candidato, sino por las dudas en cuanto a la ortodoxia de su doctrina. El en ese momento P. Fernández había hecho declaraciones públicas bastante vidriosos y ambiguas cuando se discutía en el Congreso la ley de matrimonio igualitario.
    Pero el arzobispo porteño no se dio por vencido. Movió cielos y tierras romanos y, a pesar de su desagrado por lo viajes, se allegó a misma Ciudad Eterna para presionar personalmente, y finalmente consiguió que el Tucho reemplazara a Mons. Zecca en el rectorado de la UCA. Habrá sido por este motivo que, el primer acto de su pontificado, fue nombrar al P. Fernández arzobispo in partibus, es decir, sin diócesis asignada, casi como un premio para él y una humillación para quienes se habían opuesto a sus intenciones. Mons. Tucho es ahora, además de amigo y consejero teológico de Bergoglio, “padre sinodal” y vicepresidente de la comisión que redactará el mensaje final del sínodo.
    Ayer brindó una conferencia que pueden leer aquí en la que, entre otras cosas afirma: “El matrimonio cristiano es un «ideal hermoso», pero cuando se habla de «gradualidad» se pretende decir que hay que tomar en consideración «la realidad concreta de las personas que no pueden llegar a aquel ideal», por lo que hay que recordar esa categoría del «bien posible» evocada por Papa Francisco en la “Evangelii gaudium”, a la que hay que aspirar «incluso con el riesgo de ensuciarnos en el lodo del camino».
    Pasemos en limpio: a la perfección cristiana a la que todos estamos llamados se llega gradualmente. Es un camino que los místicos dividen en tres etapas. Las mismas virtudes, que son hábitos, se adquieren gradualmente, y a veces lleva años el adquirirlas. Sobre estoy no dudas.
    Pero pareciera que Tucho el Teólogo confunde el estado de perfección cristiana o el estado de virtudes adquiridas con el estado de gracia. A la gracia –el Dios Uno y Trino habitando en el alma-, no se llega gradualmente: se llega o no se llega; se posee o no se posee; se encuentra o se pierde. El cristiano está en gracia o está en estado de pecado; nunca la teología católica escuchó que se puede estar “gradualmente” en gracia: media gracia o un cuarto de gracia no son medidas vigentes, hasta ahora.
    Lo que pretende hacer el Tucho es explicar por qué un divorciado que contrajo nuevas nupcias civiles y que, por tanto, vive en adulterio, puede comulgar: no ha llegado al grado de “matrimonio perfecto” sino que se está acercando gradualmente a él. Esto quiere decir que su alma en un estado gradual de gracia, inferior al máximo deseable, pero la suficiente para poder recibir la Sagrada Eucaristía sin cometer sacrilegio.
    “Cuando Jesús salía para irse, vino un hombre corriendo, y arrodillándose delante de Él, le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?” Jesús le respondió: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo uno, Dios. Tú sabes los mandamientos: ‘No mates, no cometas adulterio, no hurtes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre.’” (Mc. 10, 17-19)
    ¿Hace falta la exégesis? El Señor no le dijo al joven rico: “Gradualmente deja de matar; gradualmente deja de cometer adulterio; gradualmente…”. Lo de Mons. Tucho es, a mi entender, lisa y llanamente una falsificación del mensaje evangélico y una traición al depósito de la Fe, tal como la recibimos de nuestros padres.
    Pero no terminan aquí las noticias del día. Como nos advierte el blog In Expectatione, en la homilía diaria en Casa Santa Marta, el papa Francisco afirmó que: “Dios no existe: ¡no se escandalicen! ¡Dios así no existe! Existe el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: son personas, no son una idea en el aire… ¡Este Dios spray non existe! ¡Existen las personas!”.
    A ver: el sucesor de Pedro, encargado por el mismo Verbo de Dios hecho hombre de “confirmar a sus hermanos en la fe”, dice lo que ustedes acaban de leer. Si lo tomamos al pie de la letra, debemos decir que el papa Francisco no cree en la naturaleza ni en la esencia divinas. “Eso”, en lo que él no cree, no sería más que un “spray”. Él solamente cree en las personas divinas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, pero no en la Trinidad como unidad de personas.

    Le aconsejo a los tomistas que no se les ocurra hablarle del Ipsum Esse Subsistens porque, debido a que no entiende el concepto, seguro que les da una misericordiación de esas que él sabe dar.

    The Wanderer

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