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Tema: El Postconcilo español analizado por un obispo

  1. #1
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    El Postconcilo español analizado por un obispo

    Radiografía de diez años de postconcilio en España (1975)

    (Mons J. M. Cirarda, obispo de Córdoba)

    "Los católicos españoles -obispos, sacerdotes y seglares con muy pocas excepciones— llegamos al Concilio sin la debida preparación. Nos pilló de sorpresa su planteamiento. El largo aislamiento consiguiente a nuestra guerra civil no nos permitió sintonizar con movimientos que, en otras partes, fueron aIIanando los caminos conciliares. Y el haber vivido las últimas décadas, como remate de larga historia secular, en una aparentemente firme unidad catóIica, amparada en una legislación confesional y en tradiciones antiquísimas, nos hizo marcar un ritmo ecIesiaI distinto del que se daba en otras naciones sometidas a un rápido proceso secularizador. Por eso, y por otras razones concomitantes, nuestro episcopado no fue demasiado influyente en el Vaticano II, contra lo que era de esperar de una comunidad cristiana de tan grande peso específico católico como la española, y de tan decisiva influencia en otros concilios, sobre todo en Trento.

    "Se dice, por lo contrario, que nuestra Iglesia figura hoy entre las más decididas en la marcha renovadora posconciliar. La natural facilidad de nuestro temperamento para la improvisación, la firme y tradicional adhesión de nuestro pueblo a la Santa Sede y a la jerarquía toda, y en algunos hasta el prurito de no quedar atrás, pueden explicar el inesperado cambio de cosas, que a muchos trae sorprendidos. Tanto más cuanto que las más de las transformaciones posconciliares se han producido entre nosotros sin grande turbación, al paso que en otras comunidades han supuesto anchas y peligrosas conmociones.

    "Claro es, por lo dicho, que ha habido factores buenos y otros no tan buenos, y hasta malos, en nuestras vivencias posconciliares. Nuestra realidad presenta, en consecuencia, unos aspectos gozosos y otros tristes: luces y sombras.

    Los aspectos más positivos

    "Paréceme que entre las cosas más positivas de nuestra postconcilio debemos señalar la renovación litúrgica casi increíble por lo rápida, por lo honda y por la serenidad con que se ha realizado la colaboración que va cuajando en las relaciones entre los obispos, a nivel de la Conferencia Episcopal y en otros niveles inferiores, superado el antiguo y casi institucionalizado aislamiento de las diócesis; el nuevo estilo, cada día más sencillo y fraterno, en las relaciones entre obispos y sacerdotes mutuamente, y entre ellos y los fieles seglares; el descubrimiento de su ser y de su misión específica en la comunidad eclesial por parte de muchos fieles seglares; el respeto al pensamiento de otros, sean de la propia confesión católica, o pertenezcan a otros grupos religiosos o increyentes, dentro de un sano pluralismo y del espíritu de la libertad religiosa; la preocupación por fermentar en cristiano el orden temporal…

    "Y lo mejor de todo es que estas metas, y otras que pudieran alargar la enumeración, no obedecen a modas circunstanciales ni a tácticas apostólicas. En la conciencia de los más formados, y, poco a poco, en la de todos, los cambios van apareciendo como elementos de una nueva psicología cristiana, cuyas raíces más hondas se adentran en dos verdades: una idea altísima de la dignidad de toda persona humana llevada hasta sus últimas consecuencias, y un concepto renovado del misterio de la Iglesia como pueblo de Dios: un pueblo extendido por todo el mundo, pero que se realiza misteriosamente en la intimidad de toda porción suya presidida por un obispo, y en el que lo común a todos los bautizados es mucho más importante que lo que les diferencia en su quehacer dentro del pueblo de Dios.

    Sombras

    "En el cambio, muchas realidades han sufrido indebidamente. No pienso en las cosas que tenían que desaparecer por rutinarias, ni en la purificación de aquellas otras que tenían altos quilates de cristianismo entreverados con impurezas. De unas y de otras había; y hay todavía, en todas partes. Se daban muy concretamente en nuestra comunidad eclesial española, de tan larga historia, tanto en usos y costumbres de nuestra religiosidad popular,como en normas y prácticas de nuestras instituciones, en que la rutina se disfrazaba muchas veces de tradición. Su revisión era ineludible. Su desaparición o enmienda no ha podido hacerse sin sufrimiento de algunos. Pero ese es un sufrimiento necesario y fecundo.

    "Me refería, más bien, a contravalores que tenemos que lamentar en nuestra situación postconciliar. Algunos cambios en lo litúrgico se han realizado con más superficialidad que hondura; se han sacrificado tontamente algunas riquezas artísticas en templos y en música, por ejemplo; la búsqueda de un estilo nuevo en las relaciones mutuas dentro de la Iglesia ha resquebrajado algunos aspectos de la obediencia; el respeto al pensamiento de los demás ha degenerado aquí y allí, en un indiferentismo o en un irenismo esterilizantes; la defensa de un pluralismo, en sí legítimo, ha dado ocasión a actitudes no conformes con Ia caridad y, a veces, ni siquiera con la comunión eclesial; se han desmontado o empobrecido innecesariamente algunas asociaciones de apostolado seglar; el número de vocaciones consagradas ha disminuido, no sólo por la exigencia de una mayor calidad, sino también por un menor aprecio, que a veces degenera en menosprecio, de lo sacerdotal y religioso en un mundo que supervalora lo secular…

    "No son hechos exclusivos de nuestro postconcilio español. Se dan en casi todas partes, al menos en el mundo libre. Pero también son nuestros. Y presentan aquí características especiales en contraste con la recia historia de una comunidad, que se glorió durante siglos de su unidad católica.

    Entre el inmovilismo y el progresismo

    "El mismo día en que se clausuró el Vaticano II —8 dediciembre de 1965— los obispos de España dirigimos un mensaje, desde Roma, a los españoles. Es un documento demasiado olvidado, a pesar de que tiene todavía hoy una viva actualidad. En él nos mostrábamos preocupados, ya entonces, ante las tensiones que aparecían entre dos grupos extremos de nuestra comunidad cristiana: los que hoy llamamos ultras inmovilistas o progresistas. Los describíamos así: “la inercia que se aferre al pasado por miedo a las desviaciones que pueden seguirse de los cambios, y el afán de novedades que da valor a lo nuevo por la única razón de su novedad”.

    "Han pasado diez años. El problema sigue vivo y preocupante. No ha afectado a la gran mayoría de nuestro pueblo. Le salvan, aparte la Providencia de Dios, su buen sentido tradicional y una connatural prontitud para sentir con la Iglesia Jerárquica. Pero en grupos extremistas de signo contrario, la tensión se ha enconado con los años y se han agriado las relaciones entre ellos y las que ambos tienen con la Jerarquía.

    "El ultraísmo inmovilista achaca al Vaticano II casi todos los males del momento eclesial. Hubiera preferido que no hubiera habido Concilio y trata de resguardarse de sus consecuencias. Se ha agravado cada vez más con una mezcla explosiva de un nacionalismo exacerbado y de un anticlericalismo de derechas, que se dio siempre en otras Iatitudes, pero era desconocido hasta ahora entre nosotros. El ultraísmo progresista, por su parte, se ha activado peligrosamente en algunos con el contagio de un temporalismo imbuido de ideologías marxistas y, en muchos más con una actitud contestataria frente a la Jerarquía. Apelan a un pronto Vaticano III.

    "Hoy como hace diez años es preciso recordar lo que los obispos decíamos al término del Concilio: “Estas actitudes nacen de dos sentimientos que siendo legítimos, degeneran al extremarse y excluirse el uno al otro; el amor a la tradición y el anhelo de progreso. Hay que sacudir la inercia de quienes se resisten a acomodarse a la nueva marcha de las cosas y frenar las intemperancias de aquellos que condescienden más de lo justo con las novedades de origen privado”. Esos grupos de lo contrario, pueden romper la unidad, descarrilar la historia o frenar su marcha.

    Cooperación e independencia entre Iglesia y Estado

    "Los obispos españoles salimos del Concilio convencidos de que entrábamos en una era nueva en las relaciones entre la Iglesia y la comunidad política española. Sabíamos de siempre lo que enseña el Vaticano II, que la comunidad política y la lglesia son independientes y autónomas cada una en su propio terreno. Pero la Historia de España había ido trenzando estrechamente lo católico y lo nacional, lo solamente eclesiástico y lo civil. No era cosa de los últimos años. Tenía antigüedad de muchos siglos. Muchos bienes se habían seguido de tal situación. Pero también males. Los Obispos escribimos en nuestro citado mensaje del 8 de diciembre de 1965: «Hemos de confesar que nos hemos adormecido a veces en la confianza de nuestra unidad católica, amparada por las leyes y por tradiciones seculares. Los tiempos cambian. Es necesario vigorizar nuestra vida religiosa, dentro del espíritu renovador del Concilio.

    "A poco, de acuerdo con lo que habíamos aprobado en el Vaticano II, hicimos pública nuestra prontitud para renunciar a los privilegios que pudiera tener la Iglesia en España, y aún al ejercicio de ciertos derechos legítimamente adquiridos tan pronto como conste que el uso puede empañar la pureza de testimonio o las nuevas condiciones de vida exijan otra disposición.

    "En este orden de cosas, nuestro postconcilio aporta un hecho histórico quizás sin par. Cuando la Iglesia y el Estado han estado muy unidos, aquí o en otras partes, su alejamiento ha sido forzado normalmente por iniciativa de los Estados, bien por prejuicios laicistas o persecutorios, bien por estatismos agudos exacerbados. En la última década española es la Iglesia quien viene esforzándose por garantizar y salvaguardar su plena libertad, cueste lo que costare, a la vez que cuida de seguir ofreciendo y practicando aquella sana colaboración con la comunidad política, que conviene al pueblo, a quien tanto el Estado como la lglesia sirven desde ángulos distintos complementarios.

    Palabras de Mons. Tarancón al rey Juan Carlos

    "El cardenal arzobispo de Madrid, presidente de la Conferencia Episcopal, ha expresado esta doble actitud de la Iglesia con palabras medidas en ocasión tan alta como la de la exaltación de don Juan Carlos como Rey de España. Bueno es recordar algunas de sus ideas: “Son muchos los que tienden la mano hacia la Iglesia pidiéndole lo que la Iglesia no tiene ni es misión suya dar... La Iglesia sólo puede dar mucho más: el mensaje de Cristo. Ese mensaje de Cristo que el Concilio Vaticano II actualizó y, que recientes documentos del Episcopado español han adaptado a nuestro país, no patrocina ni impone un determinado modelo de sociedad. La fe cristiana no es una ideología política ni puede ser identificada con ninguna de ellas... La Iglesia no patrocina ninguna forma ni ideología política, y si alguien utiliza su nombre para cubrir sus banderías, está usurpándolo manifiestamente...”

    "De otro lado, «la Iglesia no pide ningún tipo de privilegio. Pide que se le reconozca la libertad que proclama para todos; pide el derecho a predicar el Evangelio entero incluso cuando su predicación pueda resultar crítica para la sociedad concreta en que se anuncia; pide una libertad que no es concesión discernible o situación pactable, sino el ejercicio de un derecho inviolable de todo hombre... Y, de esta manera, la Iglesia ayuda a la comunidad política, proyectando “la palabra de Dios sobre la sociedad, especialmente cuando se trata de promover los derechos humanos, fortalecer las libertades justas o ayudar a promover las causas de la paz y de la justicia con medios siempre conformes al Evangelio”.

    "Y concluía el cardenal Tarancón: “Que nosotros, como hombres de Iglesia, y Vos, como hombre de Gobierno —hablaba directamente con Su Majestad el Rey—acertemos en unas relaciones que respeten la mutua autonomía y libertad, sin que ello obste nunca para la mutua y fecunda colaboración desde los respectivos campos.

    "Mucho se ha avanzado en esta línea en nuestro postconciIio.No sin dificultades ni sin sufrimientos, porque ha habido muchas incomprensiones que acusaban de oportunismo lo que es convicción independiente de situaciones políticas y de ideologías concretas. Lo logrado en este campo es —pienso-- una de las cosas más positivas de nuestros diez años postconciliares."

    (La Vanguardia 6 -12-1975)
    Última edición por ALACRAN; 17/05/2017 a las 14:16

  2. #2
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    Re: El Postconcilo español analizado por un obispo

    Si he enviado este panfleto, por supuesto, ha sido con la única mira de criticarlo. Y de paso, hacer ver las mentiras, sofismas y medias verdades con que estos prebostes posconciliares camuflan con desenvoltura las mayores barbaridades, llevando al huerto al lector incauto. Empezamos:

    1
    ...Los católicos españoles -obispos, sacerdotes y seglares con muy pocas excepciones—llegamos al Concilio sin la debida preparación. Nos pilló de sorpresa su planteamiento…
    Nada de eso; llegasteis al Concilio con la preparación correcta, con la de toda la vida, la secularmente enseñada por el Magisterio en los seminarios, en las casas religiosas y en los catecismos de siempre. Lo que ocurre es que tanto a vosotros como a los demás conservadores os pilló de sorpresa “el planteamiento” del Vaticano II, y en vez de reaccionar llamando al pan, pan, y a la herejía, herejía, volviéndoos perros mudos, consentisteis las tropelías y barbaridades que, con el aval de las altas instancias, allí se vociferaban. Y luego, disimulando, cambiasteis aceleradamente el chip, mutándoos en correveidiles pseudo-luteranos.

    2
    …El largo aislamiento consiguiente a nuestra guerra civil no nos permitió sintonizar con movimientos que, en otras partes, fueron allanando los caminos conciliares.
    Dilo claro: no os “permitió sintonizar” con los movimientos…heréticos, que ya campaban a sus anchas, bajo cuerda episcopal, en Francia, Alemania y el Benelux. Y no se sabe de ningún clérigo que se quejara de no poder “sintonizar”, en los años 50, con aquellas barbaridades de la (entonces llamada) “Nueva Teología”. El “largo aislamiento” lo fue solo frente a aquellas herejías, que luego tendrían manga ancha gracias al Vaticano II.

    Además, el “aislamiento de la guerra civil” no afectaba en absoluto a la doctrina de la Iglesia, que oficialmente seguía siendo la misma desde los tiempos de Maricastaña. Esa mención a la “guerra civil” (…como dando a entender que Franco impedía al clero viajar a Europa o introducir aquí aquellos textos) no pasa de ser una payasada. Aquellas heréticas doctrinas no llegaban a España, simplemente, porque los obispos preconciliares, con todo derecho, lo impedían.

    3
    …Y el haber vivido las últimas décadas, como remate de larga historia secular, en una aparentemente firme unidad catóIica, amparada en una legislación confesional y en tradiciones antiquísimas, nos hizo marcar un ritmo ecIesiaI distinto del que se daba en otras naciones sometidas a un rápido proceso secularizador.
    ¡¡Vaya desvergüenza la de este hombre!! Aquella “unidad católica”y “larga historia secular” no era capricho de los reyes españoles, sino que se amparaba en la propia doctrina católica milenaria que siempre condenó todo lo que no fuera un fundamento católico del orden político; su base no eran las “antiquísimas tradiciones”, sino que esas tradiciones eran antiquísimas por ser antiquísima la doctrina católica en que se apoyaban.

    ¡¡...A ver si ahora va a resultar que los papas medievales, renacentistas y de la época borbónica no tenían nada que decir sobre la catolicidad política y legislativa de los reinos cristianos!! ¿Es que acaso no amenazaban con excomuniones a los monarcas en caso contrario??
    ¡¡Siempre usando medias verdades este obispo, para liar y llevar el agua a su molino!!

    4
    …Por eso, y por otras razones concomitantes, nuestro episcopado no fue demasiado influyente en el Vaticano II, contra lo que era de esperar de una comunidad cristiana de tan grande peso específico católico como la española, y de tan decisiva influencia en otros concilios sobre todo en Trento.
    No; di claramente que lo que pasó fue que todo “el pescado” lo partían entre alemanes y franceses (obispos y peritos) con Juan XXIII y luego Pablo VI. La “decisiva influencia” española, en la línea de Trento, hubiera sido dar allí cuatro voces, poner a caldo a los seis sinvergüenzas que mangoneaban aquel contubernio y haberse vuelto a España dando un portazo.

    5
    …Se dice, por lo contrario, que nuestra Iglesia figura hoy entre las más decididas en la marcha renovadora posconciliar. La natural facilidad de nuestro temperamento para la improvisación, la firme y tradicional adhesión de nuestro pueblo a la Santa Sede y a la jerarquía toda, y en algunos hasta el prurito de no quedar atrás, pueden explicar el inesperado cambio de cosas, que a muchos trae sorprendidos.
    No; lo que ocurrió fue que “vuestro pueblo” resultó ser tan aborregado como los obispos; era un pueblo acostumbrado a obedecer por que sí, sin ningún sentido crítico. Y por lo mismo que vosotros no pedisteis cuentas de los excesos al papa, el pueblo tampoco os la pidió a vosotros. El resultado acabaría siendo: si los obispos hacen lo que quieren, los fieles también lo haremos, creeremos lo que queramos creer y haremos lo que mejor nos parezca. O sea, la debacle.

    6
    … el respeto al pensamiento de otros, sean de la propia confesión católica, o pertenezcan a otros grupos religiosos o increyentes, dentro de un sano pluralismo y del espíritu de la libertad religiosa; la preocupación por fermentar en cristiano el orden temporal
    Dice “…respeto al pensamiento de… otros grupos religiosos o increyentes (¿marxistas?)”…. Bueno, el pensamiento de esos grupos siempre se respetó; otra cosa es el nuevo derecho que les otorgasteis para ejercer el proselitismo y la libertad religiosa en un país católico (entonces) en un 99%, para descristianizarlo y pulverizarlo espiritualmente.

    Y por cierto, ¿es ”sano pluralismo” conceder los mismos derechos y dialogar de tú a tú al representante del 99% católico de la población que a representantes protestantes del 0,9%, o del 0, 2% de la población, etc?

    7
    “…la preocupación por fermentar en cristiano el orden temporal…”
    Debe referirse al “fermento” clerical… etarra, sindicalista, contestatario, liberacionista, etc, contra el “orden temporal” franquista… La verdad es que, cuando llegue el totalitarismo partitocrático del juancarlismo, de ese “fermento cristiano“ no se conocerá el más mínimo éxito.

    8
    …nueva psicología cristiana, cuyas raíces más hondas se adentran en dos verdades: una idea altísima de la dignidad de toda persona humana llevada hasta sus últimas consecuencias, y un concepto renovado del misterio de la Iglesia como pueblo de Dios
    Lo de que esos dos disparates sean nada menos que “verdades” tiene guasa: “la dignidad de toda persona humana llevada hasta sus últimas consecuencias” es, en la práctica, la sustitución de la teología por la antropología en la Iglesia, y cambiar el culto a Dios por el culto al Hombre. Y el tal “misterio de la Iglesia como pueblo de Diosno pasa de ser un invento de la “nueva teología" herética centroeuropea de los años 40-50 que implantaría el Concilio a bombo y platillo.

    9
    “…preocupados, ya entonces, ante las tensiones que aparecían entre dos grupos extremos de nuestra comunidad cristiana: los que hoy llamarnos ultras inmovilistas o progresistas. Los describíamos así: “la inercia que se aferre al pasado por miedo a las desviaciones que pueden seguirse de los cambios, y el afán de novedades que da valor a lo nuevo por la única razón de su novedad”.
    ¡Vaya! He aquí al típico buenecito tibio atacando a los “ultras” y metiéndolos en el mismo saco que a los herejes: o sea, igual es de malo, para éste tibio, la defensa intransigente de un dogma (“inmovilistas”) …, que el ataque a todos los dogmas en bloque (“progresistas”). Pero, claro, ya sabemos que ser tibio (como estos obispos), es la condición sine qua non para acabar siendo “progresista”.

    Cooperación e independencia entre Iglesia y Estado

    10
    ...Los obispos españoles salimos del Concilio convencidos de que entrábamos en una era nueva en las relaciones entre la Iglesia y la comunidad política española. Sabíamos de siempre lo que enseña el Vaticano II, que la comunidad política y la lglesia son independientes y autónomas cada una en su propio terreno.
    He aquí una
    falaz media verdad pues, según la milenaria doctrina católica y por supuesto, de los papas anteriores al Vaticano II, la comunidad política y la Iglesia aunque son independientes entre ellas están llamadas a cooperar al mismo fin en su trasfondo y en materias comunes; por lo que las leyes del Estado deben adecuarse y no contradecir a lo dispuesto por la Iglesia. No basta con definirlas solo como "independientes y autónomas en su terreno".

    Esa y no otra es la verdad que los “obispos españoles” (y de todo el mundo) “sabían de siempre”: la colaboración entre ambas sociedades perfectas. Miente, por tanto, Cirarda al fingir que la tesis de “la (sola) independencia y autonomía de cada una en su terreno” (puro liberalismo asumido por el Vaticano II) es algo como de derecho divino… y, además, miente al decir que tal barbaridad ellos la “sabían desde siempre”. Sí acierta en decir que el Vaticano II dogmatizó la barbaridad en cuestión.

    11
    …Pero la Historia de España había ido trenzando estrechamente lo católico y lo nacional, lo solamente eclesiástico y lo civil. No era cosa de los últimos años. Tenía antigüedad de muchos siglos. Muchos bienes se habían seguido de tal situación.Pero también males.
    Vuelve otra vez a exculpar del catolicismo en España a la Santa Sede (y a su magisterio milenario y a su derecho canónico), remitiéndolo todo, falazmente, como a asunto interno exclusivo y caprichoso de los monarcas y gobernantes españoles y de la Historia de España; ¡¡como si los privilegios y derechos del catolicismo en España no hubieran sido asuntos que implicaron a la Historia de la Iglesia, a sus papas, nuncios, magisterio, derecho canónico, etc.!! Si “la Historia de España había ido trenzando estrechamente lo católico y lo nacional”, por lo mismo, también había trenzado al Vaticano y a España… ¡¡O acaso está insinuando que lo católico de España era algo ajeno a Roma y a sus papas!! Vaya jeta que tiene el tipo.

    Dice: “Muchos bienes se habían seguido de tal situación. Pero también males.” Bueno; podía haber especificado, por lo menos, algunos de esos “males”; y decir si fueron más que los bienes o y si valieron la pena para lograr los bienes”. Pero, lógicamente, dice que hubo “males”… sólo para justificar la renuncia a los bienes que decretó su amadísimo Vaticano II ( que es de lo que trata toda su perorata).

    12
    …A poco, de acuerdo con lo que habíamos aprobado en el Vaticano II, hicimos pública nuestra prontitud para renunciar a los privilegios que pudiera tener la Iglesia en España, y aún al ejercicio de ciertos derechos legítimamente adquiridos tan pronto como conste que el uso puede empañar la pureza de testimonio o las nuevas condiciones de vida exijan otra disposición.
    Hay que aclarar eso. Lógicamente, la renuncia a esos“privilegios”, estos bigardos la acompañaron con la renuncia a unos deberes que secular y canónicamente tenían encomendados: dejaron de vigilar y denunciar la inmoralidad de costumbres, de prensa y de ideas en cada diócesis y cada ciudad; hicieron la vista gorda con el proselitismo de las sectas, pasaron a quitarse los hábitos y las sotanas para camuflarse (¿…y poder así pecar mejor?), menos catequesis y clases de religión, menos misas y confesiones, menos procesiones etc. Por supuesto, la renuncia a esos deberes la hacían a la chita callando…

    13
    En este orden de cosas, nuestro postconcilio aporta un hecho histórico quizás sin par. Cuando la Iglesia y el Estado han estado muy unidos, aquí o en otras partes, su alejamiento ha sido forzado normalmente por iniciativa de los Estados, bien por prejuicios laicistas o persecutorios, bien por estatismos agudos exacerbados. En la última década española es la Iglesia quien viene esforzándose por garantizar y salvaguardar su plena libertad, cueste lo que costare
    Efectivamente, el alejamiento hacia la Iglesia partía siempre del Estado. Algo lógico: de un lado, porque la doctrina eclesial siempre postuló lo contrario, como sabemos. Y de otro, porque los estados liberales tenían sus propios principios exclusivistas y anticlericales. Pero que mons. Cirarda se vanagloriase de ser ahora la cúpula de la Iglesia la que imita el gamberrismo de los postulados liberales solo es indicio de la degeneración y podredumbre de las jerarquías eclesiales.

    14
    ...En la última década española es la Iglesia quien viene esforzándose por garantizar y salvaguardar su plena libertad, cueste lo que costare, a la vez que cuida de seguir ofreciendo y practicando aquella sana colaboración con la comunidad política, que conviene al pueblo, a quien tanto el Estado como la lglesia sirven desde ángulos distintos complementarios.
    ¿Y en qué aspecto no era “libre” la Iglesia con Franco si todo eran privilegios para ella? ¿Acaso en esconder etarras, explosivos y metralletas en sacristías y sagrarios? ¿En predicarse el marxismo en homilías de muchos sacerdotes? ¿En acoger a huelguistas y alborotadores marxistas en iglesias? Mira por donde, me parece que el freno a esas “libertades” políticas para alborotar, no era solo cosa de Franco; jamás ningún Papa preconciliar y ni el mismo Pío XII las hubiera consentido (y ni aun imaginado). Cirarda sabía eso de sobra.

    ¿Y como serían esos tales "ángulos distintos complementarios" ? ¿habrán podido conciliar la retirada del crucifijo en edificios oficiales?; ¿habrán dado poder al Estado para censurar temarios de religión de escuelas públicas?; ¿servirán para arreglar el escandaloso acceso al divorcio de los casados por la Iglesia? ¿y el matrimonio civil de homosexuales católicos? ¿y la obligación de fiestas religiosas que el Estado quiera ignorar? ¿ y para no gravar con impuestos los bienes de la Iglesia? ¿y sabrán condenar a monarcas "católicos" firmadores de leyes abortistas? ¿impedirán a los obispos rendir honores a reinas "católicas" que abortan como si tal cosa?... etc.
    Muy aguda, la nueva teoría, sí señor...
    Última edición por ALACRAN; 18/05/2017 a las 21:41
    Hyeronimus, DOBLE AGUILA, raolbo y 1 otros dieron el Víctor.

  3. #3
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    Re: El Postconcilo español analizado por un obispo

    Verdaderamente, es un texto interesante. Muestra hasta qué punto la jerarquía eclesial española, se quedó fuera de juego ante esa inmensa sacudida que vino del norte de Europa (del Rhin diría alguien) que se llamó Concilio Vaticano II. No tuvieron el más mínimo peso (desconozco ninguna intervención destacable en este sentido). Todo vino "precocinado", y todo fue consumido acríticamente.

    Ya fuera por secreta afinidad, por miedo o estupefacción, aquí de los representantes principales, nadie dijo nada ¿quizá Guerra Campos? ¿el muy mayor Plá y Deniel? ¿Moro Briz? lo desconozco.


    Sus consecuencias son difícilmente resumibles, su alcance aún no lo conocemos; y todo partiendo de una definición previa como puramente "pastoral"......

    Lo que me parece claro, y ya lo dejé claro alguna vez, es que después de ese Concilio el franquismo como tal quedó herido de muerte; privado de su principal apoyo moral e internacional. El comunismo, y sobre todo el liberalismo-modernismo muy fortalecidos.

  4. #4
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    Re: El Postconcilo español analizado por un obispo

    …Se dice, por lo contrario, que nuestra Iglesia figura hoy entre las más decididas en la marcha renovadora posconciliar. La natural facilidad de nuestro temperamento para la improvisación, la firme y tradicional adhesión de nuestro pueblo a la Santa Sede y a la jerarquía toda, y en algunos hasta el prurito de no quedar atrás, pueden explicar el inesperado cambio de cosas, que a muchos trae sorprendidos.



    Me tiene intrigado esta frase: "nuestro temperamento para la improvisación".....¿a qué se referirá?. ¿A donde dije una cosa, ahora la contraria?

  5. #5
    Avatar de ALACRAN
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    Re: El Postconcilo español analizado por un obispo

    Cita Iniciado por DOBLE AGUILA Ver mensaje

    Sus consecuencias son difícilmente resumibles, su alcance aún no lo conocemos; y todo partiendo de una definición previa como puramente "pastoral"......
    Ya que sacas ese dato, convendría matizarlo porque ahí radica la clave del malentendido.

    El Concilio lo convocó Juan XXIII, "oficialmente", para ser pastoral: o sea, explicar claramente la doctrina católica al hombre moderno con un lenguaje asequible a éste. No para solucionar problemas ni controversias. (Tanto es así que se pidieron sugerencias a todos los obispos del mundo para ver de qué querían debatir).

    Esa era la disculpa y así se prepararon (con la mejor buena fe) decenas de esquemas completamente ortodoxos y católicos, entre 1959 y 1962 (que el Concilio, ya revolucionado, mandaría al cubo de la basura).

    Como digo, una vez comenzado el Concilio, los obispos centroeuropeos se amotinaron y con la complacencia de Juan XXIII, arrojaron a la basura los esquemas preparados "para explicar la doctrina de siempre al hombre moderno"; y a lo que se pasó, desde la II Sesión en 1963 en adelante, fue a debatir cómo dar la vuelta a la doctrina de la Iglesia adaptándola al mundo moderno ( dejándola en el estado desolador, que se ha comprobado).

    En resumen, que un Concilio convocado como "pastoral" en 1959... acabó, desde 1962-63, siendo revolucionario y subversivo de la doctrina de la Iglesia.

    Visto lo cual, el enigma es el propio Juan XXIII; y cabe plantearse con todo derecho si lo de Concilio "pastoral" fue un ardid de viejo zorro que él se sacó de la manga para no escandalizar por entonces a la Curia (super-conservadora) y engañándola, no obstaculizar un Concilio que él realmente quería revolucionario: y sabría que lo sería de sobra, cuando sus amigos los obispos del Rhin entraran en acción (que era lo que estaban deseando desde hacía años.)

    Por si acaso, Juan XXIII (en 1960) antes del Concilio, por su cuenta y riesgo al margen de la Curia, ya se había curado en salud, creando el "Secretariado para la Unidad de los Cristianos", poniendo al frente al cardenal Bea (judío ecumenista). Posteriormente, desde 1963 ya con la revolución triunfante, este Secretariado fiscalizará la totalidad de esquemas dándoles el característico toque herético y ecumenista que rezuman.

    Por ello, no queda sino apelar al abate Roca (ex sacerdote satanista) y su famosa profecía (hacia 1890) sobre un anhelado "Concilio futuro" que "por fin conciliaría a la Iglesia con el mundo moderno". Parece que Juan XXIII estaba en la onda, y son de sobra conocidas sus andanzas y simpatías (siendo obispo y cardenal) con masones de toda calaña... Por la red hay páginas que detalla sus correrías por logias y tugurios...
    Última edición por ALACRAN; 19/05/2017 a las 10:09

  6. #6
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    Re: El Postconcilo español analizado por un obispo

    Esa era la disculpa y así se prepararon (con la mejor buena fe) decenas de esquemas completamente ortodoxos y católicos, entre 1959 y 1962 (que el Concilio, ya revolucionado, mandaría al cubo de la basura).
    Sí, esto fue en el Sínodo de Obispos anterior, que según creo que incorporaba ideas sumamente interesantes para mejorar y modernizar el funcionamiento de la Iglesia dentro de la más pura ortodoxia. Fue completamente obviado, y sería bueno que al menos se pudiera encontrar en la red los documentos que lo conformaron.

    Como digo, una vez comenzado el Concilio, los obispos centroeuropeos se amotinaron y con la complacencia de Juan XXIII, arrojaron a la basura los esquemas preparados "para explicar la doctrina de siempre al hombre moderno"; y a lo que se pasó, desde la II Sesión en 1963 en adelante, fue a debatir cómo dar la vuelta a la doctrina de la Iglesia adaptándola al mundo moderno ( dejándola en el estado desolador, que se ha comprobado).
    Hablando de Doctrina; acabo de venir de la multitudinaria misa que hemos tenido en la Iglesia de Santa María por la llegada de imagen de la Virgen de Fátima a Cartagena, y me ha sorprendido EXTRAORDINARIAMENTE la homilía verdaderamente espléndida que nos ha ofrecido el oficiante, arzobispo emérito de Burgos, Su Excelencia Reverendísima don Francisco Gil Hellín que ha recordado el estado calamitoso de la familia cristiana actual: "la Guerra Mundial que se anunció en Fátima, ahora ha descendido al corazón de la familia". Resaltando los frutos envenenados del sexo "desgajado del amor desde hace algunas décadas", sin vínculo conyugal, que "alimenta el odio dentro de las familias hasta llegar en ocasiones al asesinato", que "destruye a los hijos y a veces también los asesina". Me he quedado impactado con su discurso, tan duro y a la vez tan sabio, impartiendo con valentía y brillantez (en tono doliente, eso sí) la sana Doctrina.

    En el momento de la Consagración, para mi nueva sorpresa, ha utilizado la fórmula antigua (en español claro) "......Sangre que fue derramada por MUCHOS" (pro multis) en vez del conciliar "por todos los hombres". Ahí me he dicho a mi mismo: "este hombre es un verdadero sacerdote"; me he quedado admirado, nunca había presenciado algo así en una misa de Novus Ordo, delante de más de un millar de personas en ese templo de proporciones catedralicias donde no cabíamos.......

    Aún nos quedan ministros de Dios.
    Última edición por DOBLE AGUILA; 20/05/2017 a las 02:14

  7. #7
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    Re: El Postconcilo español analizado por un obispo

    Hace unos meses (¡a buenos horas, mangas verdes!) la Conferencia Episcopal publicó unas nuevas rúbricas del Novus Ordo en las que se dice "por muchos", como ya había mandado hace años Benedicto XVI. Pero el resto de la Misa sigue igual.

  8. #8
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    Re: El Postconcilo español analizado por un obispo

    Hace unos meses (¡a buenos horas, mangas verdes!) la Conferencia Episcopal publicó unas nuevas rúbricas del Novus Ordo en las que se dice "por muchos", como ya había mandado hace años Benedicto XVI. Pero el resto de la Misa sigue igual.

    Lo desconocía, porque todas las que he presenciado hasta esta dicen "por todos los hombres". De todas maneras, la homilía fue claramente sin concesiones; yo diría incluso preconciliar. Curiosamente, aquí a la gente parece que le ha gustado; yo pensé que le llamarían "retrógrado" porque sólo le faltó hacerla desde el púlpito.

    Fue misa cantada, con algunos cánticos en lengua latina del coro; desentonaba eso sí la aportación de un cantante (supongo de los "kikos") que nos ofreció un recital de alaridos con la guitarra, y acompañamiento de instrumentos poco ortodoxos.
    Última edición por DOBLE AGUILA; 20/05/2017 a las 20:08

  9. #9
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    Re: El Postconcilo español analizado por un obispo

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    Esa era la disculpa y así se prepararon (con la mejor buena fe) decenas de esquemas completamente ortodoxos y católicos, entre 1959 y 1962 (que el Concilio, ya revolucionado, mandaría al cubo de la basura).
    Cita Iniciado por DOBLE AGUILA Ver mensaje
    Sí, esto fue en el Sínodo de Obispos anterior, que según creo que incorporaba ideas sumamente interesantes para mejorar y modernizar el funcionamiento de la Iglesia dentro de la más pura ortodoxia. Fue completamente obviado, y sería bueno que al menos se pudiera encontrar en la red los documentos que lo conformaron.
    No, DOBLE AGUILA, el envío al cubo de la basura de los esquemas ortodoxamente preparados fue entre la sesion de 1962 y de 1963 . Solo se mantuvo el esquema de liturgia, elaborado por gente afín a los golpistas del Rhin. Solo llegó a debatirse un esquema ortodoxo sobre las "fuentes de revelación" que después de ser vapuleado a fondo fue retirado por Juan XXIII.
    Puedo referir la historia del Conciliábulo año a año y mes a mes, pues me lo he empollado a conciencia. Entre otras, tengo la obra clásica de Wiltgen 'El Rhin desemboca en el Tiber" subrayada a cuatro colores.
    Última edición por ALACRAN; 21/05/2017 a las 00:18
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

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