Bueno...
La fijación del canon por parte del Concilio de Trento fue necesaria en su día, sin lugar a dudas, ya que se había llegado a graves abusos en la celebración de la Eucaristía, en parte fruto de la ignorancia de la mayoría de los clérigos.
Sin embargo, esa fijación resultaba novedosa en la historia del sacramento. Desde el primer momento de la vida de la Iglesia, las plegarias eran muy espontáneas, existiendo tan sólo pautas para su conducción, nunca un canon fijo.
Si el canon se fijó en el siglo XVI fue porque en ese momento era procedente. Pero en ese momento. No tiene por qué ser para siempre.
En realidad, no comprendo que se llame modernistas a los que sólo pretenden recuperar una Eucaristía viva, participativa y reveladora del Misterio de Pascua de Jesús. Insisto: Recuperar, no inventar. Recuperar esas características pero sin caer en arqueologismos, pues las cosas no se entienden igual ahora que hace casi veinte siglos. Las formas, por tanto, deben cambiar, pero siempre en fidelidad al espíritu inicial.
El sentimiento de inmutabilidad del rito es muy propio de casi todas las religiones, pero no del cristianismo. No hay más que ver la Historia de la Salvación y la propia historia de la Iglesia. No se puede considerar intocable lo que sólo tiene unos poquitos siglos de vida.
Un saludo.