Radicalmente de acuerdo con valmadian. Es preferible lidiar con enemigos declarados.
Radicalmente de acuerdo con valmadian. Es preferible lidiar con enemigos declarados.
No es cuestión de hacer del pobre Gustavo Bueno un "cruzado" ni un ogro. Simplemente hay que quedarse con lo que en su obra sea de interés e ignorar (o atacar, cuando proceda) lo demás. Creo que de su libro El fundamentalismo democrático podemos sacar interesantes claves sobre cómo abordar y atacar este fanatismo tan extendido en la sociedad.
Militia est vita hominis super terram et sicut dies mercenarii dies ejus. (Job VII,1)
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
Me choca que esa afirmación parta de Vd, que en algún que otro hilo ha mostrado simpatías nada menos que por el acatólico y anticlerical Ortega y Gasset.
Por ejemplo: “Él y su circunstancia”
"... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)
GUSTAVO BUENO: UN INCORDIO PARA TODOS LOS ACOMODATICIOS
Gustavo Bueno el 18 de julio de 2016 en Niembro: fotografía realizada por Lino Camprubí y enviada a los participantes en el XIII Curso de Filosofía en Santo Domingo de la Calzada, inaugurado ese día sin su presencia. Fuente: Ante el fallecimiento de Gustavo Bueno
UNA REFLEXIÓN AL HILO DE LA MUERTE DEL FILÓSOFO ESPAÑOL
Manuel Fernández Espinosa
En el de por sí desolador panorama intelectual español ha sido un mazazo el fallecimiento del filósofo D. Gustavo Bueno Martínez (1924-2016). Recuerdo, pues no ha pasado una semana, que el mismo domingo en que se anunciaba su muerte, ajenos a su exitus letalis que se había producido o estaba produciéndose en esos momentos, unos amigos míos y yo hablábamos de Gustavo Bueno en nuestra Tertulia del Ángelus dominical. Cuando llegué a casa, me enteré de tan luctuoso acontecimiento y algún mensaje telefónico recibí de alguno de los que al mediodía hablaba conmigo, para darme parte.
En justicia, podemos decir que Gustavo Bueno era uno de los pocos que mantenía, desde la lucidez de un hombre de su generación (las generaciones que sufrieron la postguerra han sido las más recias que ha dado la España del siglo XX) y su venerable ancianidad, una posición filósofica frente a los problemas reales derivados de la nebulosa "ideología" predominante que, con toda su insolvencia e incoherencias, subyace a los lugares comunes que la gente repite. Gustavo Bueno siempre ha sido un incordio para todos los que prefieren no pensar.
No es mi intención ofrecer con estos renglones ni siquiera una aproximación al pensamiento de D. Gustavo Bueno, pero sí invitar a la reflexión de lo que, a pocos días de su muerte, ha significado su labor y las posibilidades que se abren tras su triste desaparición física. No he estudiado el pensamiento de Gustavo Bueno tan a fondo como para emitir juicios sobre el mismo, la percepción que tengo del fenómeno filosófico de Gustavo Bueno está mediada por la simpatía personal que siempre me ha inspirado el filósofo cuando lo he visto debatir en televisión con otros personajes: con José Antonio Marina, con Santiago Carrillo... Y, ahora que lo pienso, casi nunca faltaba Fernando Sánchez Dragó, con sus gafas a horcajadas de la nariz, sus ojos mirándonos por encima de la montura y la sonrisa aflorándole por saber que estaba haciendo lo que pocos, por no decir que ninguno, hace hoy en televisión: contribuir a un debate de ideas.
Las contribuciones más difundidas de Gustavo Bueno han sido las que, desde el año 2000, han visto la luz, libros como: "España frente a Europa", "El mito de la izquierda: las izquierdas y la derecha", "Zapatero y el pensamiento Alicia: un presidente en el país de las maravillas", "El fundamentalismo democrático: la democracia española a examen"... entre otros títulos, tienen todos los ingredientes para suscitar un profundo debate, si fuese el caso de encontrar interlocutores válidos. Pero no es tal el caso: lo que constatamos es que, por la pereza intelectual que se reduce al postureo de algunos y el indiferentismo generalizado, faltan quienes pudieran seguirle el discurso para, por ejemplo, rebatirle.
A la izquierda (que tan bien caracterizó Gustavo Bueno en "El mito de la izquierda"; y tal vez con la excepción de Jorge Verstrynge), el debate intelectual profundo apenas le interesa, pues lo que ambiciona es el poder político con sus prebendas, mientras lo tiene fácil para movilizar al electorado, activando los resortes del conductismo más primario para que unas masas iletradas reaccionen, salivando como el perro de Paulov, a las palabras-fetiche que operan en el imaginario colectivo de lo políticamente correcto: Franco, fascismo, memoria histórica, libertad, solidaridad, etcétera (como los niños que repiten cansinamente "caca, culo, pedo, pis").
En cuanto a la derecha (si es que eso ha existido alguna vez en España, hoy por supuesto que no), ¿qué podemos decir? No existe "derecha intelectual" (eso, en España, es un oxímoron); pero sí que podemos localizar a una derecha llamémosle "social", aunque es muy probable que la parapsicología la pueda estudiar mejor que cualquier ciencia o pseudociencia. A esa derecha "social" lo único que le interesa es lo económico: el Estado-Gestoría, habiendo llegado a un estado tal de pasividad y vaciedad que, por más que la sodomicenes incapaz de reaccionar... ¿le habrá encontrado gusto a tan nefando vicio? El debate intelectual es algo a lo que la "derecha política" va vendida, entre otras cosas por carecer de cualquier atisbo de discurso intelectual: ni para fortalecer su identidad (que no la tiene), ni para defenderse de los hostigamientos de la izquierda infatigable. Ha dejado en el camino, convencida de que era necesario para sobrevivir, todos los argumentarios.
Y ni siquiera el que pudiéramos llamar último bastión del "conservadurismo" (esto es, la Iglesia) está en sus mejores momentos: tras el Concilio Vaticano II y sus claudicaciones continuas, la Iglesia se ha apartado de todo debate de ideas y sale a escena con la nariz de payaso para por todos los medios tratar de resultar simpática a quienes están más que dispuestos a cortarle las orejas y la cabeza. O sale a la palestra cuando sus enemigos la sacan, aireando los trapos sucios lo mismo los del pasado que los del presente. En los refugios blindados de la Iglesia, permítasenos llamarle conservadores (incluso tradicionalistas, si lo prefieren, que no es lo mismo, pero a mí ya me da igual): ¿qué hay? Sedicentes tomistas y neotomistas (que en el mejor de los casos leyeron una colección de citas de Santo Tomás, dudo que más de una frase de Réginald Garrigou-Lagrange; eso sí, presumen de leer mucho a Chesterton, claro, a Chesterton siempre, que para eso es inglés). El pensamiento de Gustavo Bueno, para esos más puristas, tiene que ponerles el pelo como escarpias, pues les basta con ver la etiqueta de "materialismo filosófico" para, sin haber hecho ni el mínimo esfuerzo por adentrarse en el pensamiento de Gustavo Bueno, salir corriendo o atronar con el "Vade retro".
El panorama es deplorable, ya digo. El pensamiento de Gustavo Bueno no tiene interlocutor, pues en España apenas hay mentes capaces de interesarse lo más mínimo por la filosofía, prueba de ello es que nos la pueden retirar de los planes de estudio y aquí la gente sigue viendo el fútbol o cazando pokemons. Pero algo tiene la filosofía de Gustavo Bueno.
A bote pronto, digamos que aunque uno no comparta el pensamiento de Gustavo Bueno (entre otras cosas, por tener uno todavía una idea muy poco precisa del total de su obra), lo que Bueno ha aportado a la filosofía ha sido un sistema que se ha dotado de un vocabulario técnico propio, con el que trata de explicarse y explicarnos la realidad (Emic/Etic, Eutaxia, Holización, Cierre Categorial, Metábasis... Son algunos de los vocablos empleados en la escuela de Gustavo Bueno), esto -por una parte- puede aportar precisión y rigor al estudio de los fenómenos que se consideren, pero también espanta al lego con la eficacia que toda dificultad tiene para un perezoso. Hemos dicho bien, Gustavo Bueno no sólo fue capaz de elaborar una filosofía propia (por mucho que a mí me disguste todo "materialismo"), sino que ha sido capaz de formar toda una escuela que tiene a día de hoy prometedores filósofos como Atilana Guerrero, Pedro Insúa... Y muchos más: cito a dos de ellos que he leído y que me perdonen los que no cito por no haberles leído nada todavía.
En este sentido, digamos a lo primero que todo el instrumental de la filosofía de Gustavo Bueno, por complicado que pueda parecer a simple vista, supone y pone en nuestras manos unos recursos que muy probablemente puedan seguir dando resultados en algunos campos. Y no es poca cosa, en los tiempos que corren, haber sido capaz de haber entusiasmado con la filosofía a tantos jóvenes y menos jóvenes. En eso se reconoce un maestro, en ser capaz de transmitir por vivirlo, una pasión: en el caso de Gustavo Bueno, esa pasión fue la pasión por la filosofía.
En cuanto a los que no somos de su escuela y, sin embargo, amamos la filosofía nos queda una asignatura pendiente: leerlo a fondo, tal vez para refutarlo. Pero, eso sí, si alguna vez lo intentáramos -refutarlo- sería bajo dos condiciones:
-La de haberlo leído como merece ser leído alguien que ha trabajado honestamente con un alto sentido de la responsabilidad pública y patriótica.
-Y la de hacerlo desde la simpatía que siempre nos despertó a los que lo vimos pelear con bravura contra la tontería ambiente, con ese convencimiento que él mismo conquistó intelectualmente y que expresó con pasión.
Y todo lo demás no dejará de ser aquello que Nietzsche tomó prestado por ahí:
"Opiniones públicas, perezas privadas".
RAIGAMBRE
¿Qué tendrá la princesa que tanto se irrita en su Raigambre?, ¿qué será, sera? me pregunto como se puede verter tal colección de prejuicios personales a la vista de que ha debido producirse una cierta reacción con estos panegíristas "bueno-pseudo-católicos que afirman ser de su escuela materialista-atea, que es como él mismo se define, no como lo definen otros, y lamentan no haberlo leído bastante, al tiempo que deploran por que no hay una corriente de pensamiento único hacia este señor. ¿Qué tiene que ver el culo con las temporas, me pregunto, qué tiene que ver que a uno le guste y al otro no, siendo el primero el bueno y el otro el malo. Menuda colección de pensamientos (?) prejuiciosos (el autor debería leer La naturaleza del prejuicio de ALLPORT) para descalificar a todo bicho viviente que no opine como su sentido y adorado pensador. Esto me recuerda la dosis de patriotismo que se vende con cada entrada a los toros. Pero que sabrá el pez lo que canta el ave.
Amando de Miguel - El filósofo bueno - Libertad Digital - Cultura
José Sánchez Tortosa - El legado vivo del pensamiento de Gustavo Bueno - Libertad Digital - Cultura
Agapito Maestre - España no es un mito - Libertad Digital - Cultura
Gustavo Bueno, 'praeceptor et excitator Hispaniae' - Libertad Digital - Cultura
Y no contentos con tanta "coincidencia", además, ya es hasta nada menos que "el mayor filósofo en lengua española", ¡ahí es nada!
Gustavo Bueno, nuestro mayor filósofo - Libertad Digital - Cultura
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
Definitivamente habrá rendido cuentas ante el Altísimo en quien no creía, ¡allá él! y acá quedan sus obras para quien las aprecie y guste de leer sus contradicciones internas, pues en este mundo nadie es perfecto y todo el mundo se equivoca, como diría el maestro, "hasta Cervantes echaba borrones". ¿Leerlas y discutirlas? ¿cree alguien que nuestro tiempo está para complacerlos a ellos? Yo seguiré leyendo a mis pensadores favoritos, por citas, por ideas o a través de sus obras completas, ¿a ver si es que ahora nos vamos a tener que examinar de ellos a estas alturas para demostrar el grado de conocimiento que se tenga de su respectivos pensamientos? la cosa es decir tonterías y todo por no callar.
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
15SábadoOct 2016Fallece Gustavo Bueno: la izquierda pierde su último referente del sentido común
Ha fallecido recientemente Gustavo Bueno, filósofo, de formación clásica, ateo, pero inteligente y –lo más importante- honesto intelectualmente. Todo ello le convirtió en un intelectual molesto tanto para las derechas como para las izquierdas. A modo de ejemplo, y para ver lo fino que se hilaba antaño, en 1975, en la Universidad de Barcelona, unos estudiantes maoístas le echaron un bote de pintura por defender a la URSS frente al comunismo chino. Pero ese Gustavo Bueno, fue madurando y abandonó las tesis soviéticas sin querer dejar de ser de izquierdas. No obstante era un “izquierdista” demasiado especial para pasar desapercibido y se fue ganado poco a poco las iras de los intelectuales de izquierdas.
Otra forma curiosa de clasificarse era de “tomista no creyente”. Siempre fue un defensor –y reconoció el enorme valor- de la profundísima y riquísima tradición escolástica española.El personaje fue tan peculiar debido a su solidísima formación clásica de la que no quería renegar aunque fuera incompatible con sus posiciones políticas. Por ejemplo se le consideró un propulsor del “ateísmo católico”, esto es, la voluntad de ser ateo pero reconociendo el valor del entorno cultural del catolicismo y agradeciendo la impronta recibida por él. También le consideraban un marxista heterodoxo pues se daba cuenta de la pobreza intelectual de los marxistas españoles y les acusaba de sus flaquezas intelectuales. Otra forma curiosa de clasificarse era de “tomista no creyente”. Siempre fue un defensor –y reconoció el enorme valor- de la profundísima y riquísima tradición escolástica española.Como los “intelectuales” de izquierdas no entendían nada de nada respecto a estos posicionamientos, le empezaron a acusar de conservador e incluso de nacionalista español. Poco a poco, dejo de ser un referente incluso en el mundo universitario y sólo lo han reconocido como el potente pensador que fue, aquellos que –independientemente del posicionamiento político- buscan la verdad. La obra de Gustavo Bueno es inmensa y difícil de resumir en un breve artículo, pero intentaremos destacar aquello que motive a leer sus enjundiosos libros. A nuestro entender son muy interesantes sobre todo las últimas, donde más se percibe ese sentido común aplastante, la profundidad intelectual y –cosa rara para los tiempos que corren, la búsqueda de la verdad.
Defendía que el catolicismo era la religión más racional de todas, y que el dogma de la Encarnación, Dios hecho carne, permitía la aparición del materialismo, frente a las otras religiones gnósticas y alejadas de la realidad.En 1997 aparecía El mito de la cultura: ensayo de una teoría materialista de la cultura y poco después, en el año 2000, España frente a Europa. En ellos se nota claramente un abandono del marxismo como herramienta de interpretación histórica y empezó a ganarse las acusaciones de “derechista” o “nacionalista español”. Dos años después aparecía Telebasura y democracia (2002), una crítica feroz a la cultura de masas y la debilidad de una democracia fundamentada en ella. En esta fase de su vida, ya no se cortaba y afirmaba cosas que escandalizaban a los defensores de la corrección política. Por ejemplo, no tenía miedo en afirmar que la inteligencia había muerto en España. Denunciaba que España era una democracia débil y demagógica. Denunció sin piedad la devastación institucional de la enseñanza pública, y por tanto la inevitable decadencia intelectual.
Pero el libro que más daño hizo entre las filas de la izquierda fue El mito de la izquierda: las izquierdas y la derecha (2003). Era un ataque frontal a todos aquellos que hoy se dicen de izquierdas. Pasaba por donde pasara, declarara lo que declara o escribiera lo que escribiera, siempre levantaba ampollas. Por ejemplo, en 2007, los independentistas andaluces le acusaron de islamófobo por criticar que se mencionara a Blas Infante, en el nuevo Estatuto de Autonomía de Andalucía, como padre de la patria andaluza. Tras los atentados de las Torres Gemelas, afirmó que: «Hay que destruir las raíces del Islam con el arma del racionalismo». Defendía que el catolicismo era la religión más racional de todas, y que el dogma de la Encarnación, Dios hecho carne, permitía la aparición del materialismo, frente a las otras religiones gnósticas y alejadas de la realidad.Uno de sus últimos libros se titula El fundamentalismo democrático. La democracia española a examen (2010). En él critica la tendencia del fundamentalismo democrático a fiarlo todo a entidades metafísicas: Voluntad, Pueblo, Democracia o Libertad. Todo ello no puede ser más que un precedente del suicidio político. Por eso, veía en los nacionalistas, y en la clase política en general un peligro mortal para España. Algunas de sus frases lo dicen todo: “Para los nacionalistas, se trata de liquidar España, y para el resto no es que la nieguen, sino que la olvidan. La derecha y la izquierda se avergüenzan de España” o “Lo que llamamos ‘nacionalismos’ son nacionalismos fraccionarios. Catalanes y vascos nunca constituyeron una nación política. Aparecen en el siglo XIX como partidarios de una nación de carácter místico y segregatorio, sin aportar conceptos nuevos. Son un camelo. Se fundan en la mentira histórica. Brotan de unas élites económicas, de los hidalgos locales o de la burguesía, que se mueven por resentimiento ante la lucha de clases que determina la inmigración de trabajadores procedentes de España”. Como se nos acaba el espacio, sólo podemos invitar al lector a iniciarse en la lectura del que fue llamado el “Sócrates riojano”.Javier Barraycoa
Publicado en Reino de Valencia nº 101, septiembre/octubre 2016
https://barraycoa.com/2016/10/15/fal...sentido-comun/
«¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
𝕽𝖆𝖒𝖎𝖗𝖔 𝕷𝖊𝖉𝖊𝖘𝖒𝖆 𝕽𝖆𝖒𝖔𝖘
No tan chocante, partiendo del hecho de que Ortega y Maeztu eran íntimos amigos y, por otra parte, tampoco hay que exagerar con lo de las "simpatías". Ser acatólico no es lo mismo que mezclar las churras con las merinas de Afganistán ("ateismo católico", que "manda...") y aunque no era clerical, tampoco debía ser algo tan acusado cuando también era reivindicado por la Falange y lo bastante bien visto como para que los alcaldes franquistas de Madrid, uno tras otro, mantuviesen su nombre dado a una de las mejores calles de la ciudad en pleno Barrio de Salamanca, nada menos que en la que es la actual "milla de oro" debido al nivelazo de su comercio en la misma línea de firmas que París, Londres, Florencia o Nueva York. Vamos un detalle dedicado a su memoria.
En cuanto a su famosa frase de "yo soy yo y mi circunstancia", no sólo responde a una realidad manifiesta en cada persona de este mundo, sino que es una manifestación perfectamente asumible para cualquier católico: la no predestinación. No sé, pues, donde está el problema. Algo que no pasa igual que con el pensamiento del Sr. Bueno, que en paz descanse, el cual acorde con los términos de Los Evangelios más valdría ignorar.
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
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