No es cuestión de hacer del pobre Gustavo Bueno un "cruzado" ni un ogro. Simplemente hay que quedarse con lo que en su obra sea de interés e ignorar (o atacar, cuando proceda) lo demás. Creo que de su libro El fundamentalismo democrático podemos sacar interesantes claves sobre cómo abordar y atacar este fanatismo tan extendido en la sociedad.
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