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Tema: Los conquistadores españoles de raza negra

  1. #21
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    Re: Los conquistadores españoles de raza negra

    Juan Garrido, el negro africano que participó en la conquista de México y fue nombrado Dios por los aztecas





    Un negro portando armas y al servicio de la expansión territorial de la corona española. ¿En pleno siglo XVI? Sí, por sorprendente que pueda parecer, Juan Garrido, también conocido como Juan el Guapo, viajó por medio mundo junto a exploradores y conquistadores como Diego de Velázquez, Ponce de León o el mismísimo Hernán Cortés, con el que participó en la conquista de México.

    Tomado como un dios por los aztecas, fue portero, vigilante y pregonero en México y la primera persona en cultivar trigo en América. ¿Esclavo o príncipe africano? Hoy os contamos la historia de este personaje de origen desconocido y vida de leyenda.


    El origen de Juan Garrido

    Nuestro protagonista nació (no como Juan ni como Garrido, claro ) en 1487 en algún lugar de la costa occidental africana y viajó a Portugal muy joven. Su situación de liberto es todavía un misterio. El historiador Ricardo Alegría creía de que el padre de Garrido era un rey tribal que lo envió a la capital lusa para que adquiriese una educación portuguesa y cristiana y pudiese servir de enlace comercial en el futuro. Otros historiadores opinan que en realidad se trataba de un esclavo liberto, dada la coincidencia de su apellido con uno de los tripulantes españoles en su primer viaje a América, Pedro Garrido, que podría haber sido su dueño.

    Junto a éste, había zarpado desde Sevilla en 1503, uniéndose a una expedición a La Española, donde pasó seis años. Participó en la conquista de Cuba al servicio de Diego de Velázquez y en la de Puerto Rico, además de en el descubrimiento de la Florida junto a Ponce de León. En esta última ocasión, sin las fuerzas necesarias para conquistar la península, los expedicionarios volvieron a su base de operaciones. Garrido, que no se perdía una, llegó a tiempo para participar en la represión del levantamiento de los indios caribes. En total, el aventurero africano pasó trece años al servicio de de León, explorador y conquistador vallisoletano famoso por su hipotética búsqueda de la Fuente de la Eterna Juventud y que moriría herido por una flecha envenenada en su segundo viaje a la Florida.





    En la Conquista de México

    Aburrido, el también llamado José El Guapo recibió interesantes noticias sobre el extremeño Hernán Cortés, al que conocía de la conquista de Cuba . Este preparaba una expedición en busca de oro que les llevaría a conquistar una ciudad de nombre impronunciable: Tenochtitlan. Eran tantas las riquezas que se esperaban conseguir que no se lo pensó demasiado y el 18 de noviembre de 1518, partía embarcado a las órdenes del conquistador metelinense.

    Casi un año después, el 8 de noviembre de 1519, entraban los españoles en la capital del Imperio Mexica. Los aztecas sin duda quedaron impresionados ante la visión de Garrido, con su piel negra, con lo que, entre los dioses blancos recién llegados, fue considerado un dios oscuro, como el local Tezcatlipoca, dueño de las batallas y temido por que se le relacionaba con las Fuerzas del Mal y la Destrucción.





    La Noche Triste

    A pesar de la conquista inicial, los dueños de aquel imperio se levantaron un día en armas contra los hombres barbudos a los que habían confundido como enviados de Quetzacoatl, la serpiente emplumada. A base de flechas, piedras y afilados cuchillos de obsidiana causaron una escabechina entre los invasores de tez pálida. Los españoles huyeron de forma caótica bajo una fuerte lluvia en lo que recuerda como la Noche Triste, entre el 30 junio el 1 de julio de 1520. Según leemos en Ecce Christianus, Garrido logró salvar la vida mientras muchos de sus compañeros la perdían.

    Tras el contraataque y la caída definitiva de la metrópolis azteca, nuestro protagonista enterró, en tierras que le concedió Hernán Cortés, los cuerpos de algunos de los españoles muertos, levantando allí una pequeña capilla de adobe. El conquistador extremeño, con el fin de recordar a los españoles caídos en la batalla, ordenó más tarde construir en el lugar una hermita, conocida como la de los Mártires. Hoy se alza sobre ella el Templo de San Hipólito y Casiano.





    El primero en plantar trigo

    Garrido adquirió algunos indios y esclavos africanos y se convirtió en la primera persona en cultivar trigo en América. Según leemos en 1493 : una nueva historia del mundo después de Colón (Charles C. Mann), Cortés se encontró tres granos de trigo en un saco de arroz llegado desde España. Se los entregó a su querido Garrido y le encargó que los plantase. Prosperaron dos de ellos y al poco tiempo el negro Juán cultivaba el cereal con éxito y producía harina con él. Y es que muchos españoles desconfiaban del maíz, otros soñaban con beber cerveza y, sobre todo, la iglesia lo necesitaba para garantizar una correcta liturgia. Garrido se forró. Tenía 37 años.

    En 1525 se le concedió un inmueble en la nueva Ciudad de México, donde trabajó de portero, pregonero (un puesto en el que también cumplía las funciones de verdugo, gaitero y responsable del correcto peso del oro y la plata) y de vigilante del acueducto de Chapultepec, que surtía de agua a la ciudad. Podía haber tenido una vida de lo más tranquila, pero a aquel hombre que había vivido en tres continentes distintos era culo de mal asiento. En 1528 volvió a las andadas, esta vez al mando de una expedición para explotar las minas de oro de Zacatula (en el estado actual de Guerrero). Esta vez la suerte no le sonrió y volvió a su hacienda con las manos vacías.





    El final de Juan Garrido

    Lastrado por las deudas, aceptó en 1533 unirse a una nueva correría de la mano de Cortés, que le había hablado de una isla llena de oro, perlas y mujeres zaínas. Pidió un préstamo para costearse la gesta y se acabó pasando dos años vagando por la estéril península de Baja California. Durante el árido deambular, solo encontraron aldeas míseras y diezmadas por epidemias. Volvió a su hogar en 1535, arruinado. Decidió solicitar una pensión a la Corona Española.
    Casado con Francisca Ramírez (de la casa del conquistador Rodrigo Rangel) y con tres hijos, alrededor de 1550, a los 67 años de edad y en la más absoluta pobreza, los ojos del príncipe africano se cerraron para siempre.

    ¡Pero habían visto tanto!



    Con información de Blackpast.org, Accioncultural.es, Ecce Christianus y 1493 : una nueva historia del mundo después de Colón.




    _______________________________________

    Fuente:

    https://historiadeafrica.com/juan-ga...s-los-aztecas/

  2. #22
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    Re: Los conquistadores españoles de raza negra

    La historia oculta de María Remedios del Valle “Madre de la Patria” Argentina.





    María Remedios nació en Santa María de los Buenos Aires un día incierto de 1766, Combatió junto al Tercio de Andaluces, uno de los varios grupos de milicianos que expulsó a los ingleses durante las segundas invasiones. Luego de la Revolución de Mayo, marchó al Alto Perú con el Ejército del Norte. Con su marido y sus dos hijos, uno de ellos adoptado, se incorporó al Regimiento de Artillería de la Patria. Volvió sola. Belgrano pasa revista de la tropa en formación y al llegar a ella, se detiene, le tiende la mano y la nombra capitana de su ejército y Madre de la Patria

    Belgrano pasa revista de la tropa en formación y al llegar a ella, se detiene, le tiende la mano y la nombra capitana de su ejército y Madre de la Patria

    María Remedios del Valle fue una de las llamadas «niñas de Ayohúma», aquellas que asistieron al derrotado ejército de Manuel Belgrano en la batalla de Ayohúma. Afrodescediente argentina, actuó como auxiliar en las Invasiones Inglesas y tras la Revolución de Mayo acompañó como auxiliar y combatiente al Ejército del Norte durante toda la guerra de Independencia de la Argentina lo que le valió el tratamiento de «capitana» y de «Madre de la Patria» y, al finalizar sus días, el rango de sargento mayor del Ejército.

    Nacida en la ciudad de Buenos Aires, entonces capital del Virreinato del Río de la Plata, parda según el sistema de castas. Durante la Segunda invasión inglesa al Río de la Plata, María Remedios del Valle auxilió al Tercio de Andaluces, uno de los cuerpos milicianos que defendieron con éxito la ciudad, y según el parte del comandante de ese cuerpo «Durante la campaña de Barracas, asistió y guardó las mochilas para aligerar su marcha a los Corrales de Miserere».

    Al producirse la revolución del 25 de mayo de 1810 y organizarse la primera expedición auxiliadora al Alto Perú, conformando lo que luego se denominaría Ejército del Norte, el 6 de julio de 1810 Del Valle se incorporó a la marcha de la 6° Compañía de artillería volante del Regimiento de Artillería de la Patria al mando del capitán Bernardo Joaquín de Anzoátegui, acompañando a su marido y sus dos hijos (uno adoptivo), quienes no sobrevivirían a la campaña.

    María Remedios del Valle continuó sirviendo como auxiliar durante el exitoso avance sobre el Alto Perú, en la derrota de Huaqui y en la retirada que siguió. En vísperas de la batalla de Tucumán se presentó ante el general Manuel Belgrano para solicitarle que le permitiera atender a los heridos en las primeras líneas de combate. Belgrano, reacio por razones de disciplina a la presencia de mujeres entre sus tropas, le negó el permiso, pero al iniciarse la lucha Del Valle llegó al frente alentando y asistiendo a los soldados quienes comenzaron a llamarla la «Madre de la Patria».

    Tras la decisiva victoria, Belgrano la nombró capitana de su ejército.Tras vencer en la batalla de Salta, Belgrano fue derrotado en Vilcapugio y debió replegarse. El 14 de noviembre de 1813 las tropas patriotas se enfrentaron nuevamente a las realistas en la batalla de Ayohúma y fueron nuevamente derrotadas.


    Nueve días de azotes públicos que le dejarían cicatrices de por vida.


    María de los Remedios del Valle combatió, fue herida de bala y tomada prisionera. Desde el campo de prisioneros ayudó a huir a varios oficiales patriotas. Como medida ejemplificadora, fue sometida a nueve días de azotes públicos que le dejarían cicatrices de por vida. Pudo escapar y reintegrarse al ejército argentino donde continuó siguiendo a las fuerzas de Martín Miguel de Güemes y Juan Antonio Álvarez de Arenales, empuñando las armas y ayudando a los heridos en los hospitales de campaña.

    Finalizada la guerra y ya anciana, Del Valle regresó a la ciudad de Buenos Aires, donde se encontró reducida a la mendicidad. Relata el escritor, historiador y jurisconsulto salteño Carlos Ibarguren (1877-1956), quien la rescató del olvido, que vivía en un rancho en la zona de quintas, en las afueras de la ciudad, y frecuentaba los atrios de las iglesias de San Francisco, Santo Domingo y San Ignacio, así como la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo) ofreciendo pasteles y tortas fritas, o mendigando, lo que junto a las sobras que recibía de los conventos le permitía sobrevivir.


    “La Capitana, la que nos acompañó al Alto Perú “


    Se hacía llamar «la Capitana» y solía mostrar las cicatrices de los brazos y relatar que las había recibido en la Guerra de la Independencia, consiguiendo solo que quienes la oían pensaran que estaba loca o senil. En agosto de 1827, mientras Del Valle ―de 60 años ― mendigaba en la plaza de la Recova, el general Juan José Viamonte ― entonces diputado en la Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires en representación de los pagos de Ensenada, Quilmes y Magdalena ― la reconoció. Tras preguntarle el nombre, exclamó: «¡Usted es la Capitana, la que nos acompañó al Alto Perú, es una heroína!».
    Del Valle le contó entonces cuántas veces había golpeado a la puerta de su casa en busca de ayuda, pero que su personal siempre la había espantado como pordiosera. Viamonte tomó debida nota y el 11 de octubre de ese mismo año presentó ante la Junta un proyecto para otorgarle una pensión que reconociera los servicios prestados a la patria. Pero la presidencia de la Junta decidió que tenían temas más importantes que atender, por lo que el expediente quedó en comisión.

    Se luchaba aún en la guerra del Brasil y Buenos Aires permanecía bloqueada por segundo año consecutivo por las fuerzas navales del Imperio del Brasil. El 9 de junio de 1828, Viamonte fue elegido vicepresidente primero de la renovada legislatura y decidió insistir con su propuesta.

    Según el Diario de sesiones n.º 115 de la Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires, al abrirse el tratamiento, Marcelo Gamboa (diputado por la ciudad) solicitó documentos que acreditaran el merecimiento de la pensión, a lo que Viamonte respondió:“Yo no hubiera tomado la palabra porque me cuesta mucho trabajo hablar, si no hubiese visto que se echan de menos documentos y datos. Yo conocí a esta mujer en el Alto Perú y la reconozco ahora aquí, cuando vive pidiendo limosna. Esta mujer es realmente una benemérita. Ella ha seguido al Ejército de la Patria desde el año 1810. Es conocida desde el primer general hasta el último oficial en todo el Ejército. Es bien digna de ser atendida: presenta su cuerpo lleno de heridas de balas y lleno, además, de cicatrices de azotes recibidos de los españoles. No se la debe dejar pedir limosna […] Después de haber dicho esto, creo que no habrá necesidad de más documentos”. General Juan José Viamonte. El diputado por la ciudad Diego Alcorta insistió entonces en que hacía falta presentar documentación respaldatoria con lo que el debate se tornó áspero.

    Luego de un arduo debate se decidió otorgarle “el sueldo correspondiente al grado de capitán de infantería, que se le abonará desde el 15 de marzo de 1827 en que inició su solicitud ante el Gobierno”.Los diputados votaron el otorgamiento de una pensión de 30 pesos, desde el mismo día que María Remedios del Valle la había pedido (sin pagarle retroactivos por todos los meses en que no había cobrado nada). Para tener una idea de la escasa generosidad para con una heroína revolucionaria, vale precisar que una lavandera ganaba 20 pesos al mes, mientras que el gobernador cobraba 666 pesos. La libra de aceite rondaba 1,45 pesos, la libra de carne 2 pesos y la libra de yerba 0,70 pesos. A María Remedios le otorgaron 1 peso al día.

    El 16 de abril de 1835 fue destinada por decreto de Juan Manuel de Rosas (que el 7 de marzo de 1835 había asumido su segundo mandato como gobernador de Buenos Aires) a la plana mayor activa con su jerarquía de sargento mayor. Le aumentó su pensión de 30 pesos en más del 600%. En la lista de pensiones de noviembre de 1836 María Remedios del Valle figura con el nombre de Remedios Rosas (quizá por gratitud hacia el gobernador que la sacó de la miseria). En la lista del 28 de octubre de 1847 aparece su último recibo, de una pensión de 216 pesos.

    En la lista del 8 de noviembre de 1847, una nota indica que “el mayor de caballería Dña. Remedios Rosas falleció”.




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    Fuente:

    https://historiadeafrica.com/la-hist...ria-argentina/

  3. #23
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    Re: Los conquistadores españoles de raza negra

    Conquistadores africanos

    De los pasajes menos conocidos de la empresa de conquista que emprendió Hernán Cortés, es la participación de africanos como activos conquistadores. Una de las razones de dicho desconocimiento se debe a que en las crónicas de conquista de origen español la mención de los africanos es marginal, ya que regularmente son sólo nombrados como negros, esclavos o siervos.

    Aunque es importante subrayar que sí existió la participación involuntaria de esclavos africanos en dicha empresa, no puede decirse que haya sido la única. En este caso, en los últimos años, gracias a investigaciones académicas, se han podido rescatar desde historias de vida, hasta información más general que sustenta la participación de africanos y afrodescendientes dentro de la conquista y colonización que realizaron los españoles por distintas regiones del continente americano.

    De esta forma, se sabe que Juan Valiente participó en la conquista de Perú y de Chile, Juan Bardales en la de Honduras y Panamá. Antonio Pérez es mencionado como jinete y capitán en la conquista de Venezuela, donde también participa Juan Portugués. Pedro Fulupo, por su parte, aparece en la conquista de Costa Rica, y Sebastián Toral en la conquista de Yucatán, México (1540), sólo por mencionar unos casos. Algunos de estos conquistadores cruzaron el Atlántico como hombres libres buscando explorar y encontrar riqueza en los nuevos territorios. Otros, emprendieron el viaje como esclavos, pero después de su participación en las diversas conquistas obtuvieron como recompensa su libertad, así como cargos, oro, tierras, encomiendas y pensiones.

    En el caso de México, existen evidencias de que Juan Garrido participó en la caída de Tenochtitlan, aunque en momentos no tan favorables para la empresa de conquista, pues su mención se da tras la derrota de la “Noche triste” (1520). Garrido fue uno de los conquistadores que ayudó a rescatar los cuerpos de sus compañeros caídos y posteriormente a construir una capilla para darles entierro.

    Al parecer, este conquistador, desempeñó además un papel cercano a Cortés, al ser mencionado como el “siervo” al que se le encomienda sembrar las primeras semillas de arroz y trigo. Asimismo, integró la expedición de reconocimiento y control que envía Cortés a la región de Michoacán y a las costas de Zacatula (1523-1524), localizadas en lo que es ahora la Costa Grande del estado de Guerrero. Posteriormente Garrido regresó a dicha región (1528), en una expedición personal en búsqueda de oro, después de adquirir un crédito que le permite adquirir esclavos y equipo de mina.

    Las investigaciones en torno a su vida señalan que también ocupó el oficio de portero de la Ciudad de México (1524-1526), de pregonero y de cuidador del acueducto de Chapultepec. Los últimos datos que se pueden rastrear sobre Juan Garrido, refieren a que en 1540 seguía aún con vida, pues en este año elabora su “probanza de mérito” (documento que forma parte del Archivo General de las Indias, ubicado en Sevilla, España), que envía a la corona, para informar sobre sus contribuciones en las conquistas en el Nuevo Mundo. En este informe, menciona que está casado y tiene tres hijos; sin embargo, la suerte parece haberle cambiado, pues también menciona que es muy pobre. Seguramente Juan Garridó envió esta descripción de su hazañas como conquistador con la esperanza de recibir alguna recompensa en los últimos años de su vida.

    Por las características de su historia de vida, es muy posible que Juan Garrido haya sido el conquistador africano representado en el Códice Azcatitlan, sujetando a un caballo y siendo parte de la descripción indígena de la empresa de conquista. En esta imagen es el africano, entre todos los conquistadores, incluyendo al propio Cortés, quien es llevado a un primer plano de importancia visual a través del uso del color empleado por el pintor indígena.

    El conquistador africano del Azcatitlan, más allá de poder ser Juan Garrido, es sin duda uno de los personajes de la empresa que quedaron en la memoria indígena como uno de los integrantes que más les impactaron. Situación que coincide con la narración vertida en el libro XII de la Conquista, del Códice Florentino, de Fray Bernardino de Sahagún, donde los informantes indígenas mencionan que los hombres negros y no sólo los hombres blancos españoles, fueron tomados como “dioses” (ver ficha).

    Esta mención encuentra concordancia con las impresiones que tuvieron los indígenas tlaxcaltecas de los cuerpos negros de los hombres africanos que acompañaban dicha empresa. Así, Muñoz Camargo menciona que en los primeros momentos del encuentro, los tlaxcaltecas no sabían si esos hombres negros se pintaban de ese color, como los mismos indígenas solían hacerlo, o si se trataba de los dioses del agua; que también eran pintados de este color (ver ficha).

    Como se puede observar, la importancia de los conquistadores africanos no solo devela la inconsistencia de una conquista militar sólo lograda por hombres españoles, sino que también abre un panorama más amplio de las primeras impresiones causadas en los indígenas, por esos hombres que arribaron por el Oriente.

    Referencias bibliográficas:

    Gerhard, Peter, “A Black Conquistador in Mexico”, en: Slavery and Beyond. The African Impact on Latin America and the Caribbean, editado por Darién J Davis. Wilmington, Delaware: Jaguar Books on Latin America, 1995.

    Muñoz Camargo, Diego, Descripción de la ciudad y provincial de Tlaxcala de las Indias y del Mar Océano para el buen gobierno y ennoblecimiento dellas, Ed. facsímil de Manuscrito Glasgow, estudio René Acuña. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filológicas, 1981.

    Restall, Matthew, “Black Conquistadors: Armed Africans in Early Spanish America”. The Americas 57, No. 2, (2000): 78-114.

    _____, Los siete mitos de la conquista española. España: Ediciones Paidós Ibérica, 2004.



    Para citar: Rosario Nava Román, Conquistadores africanos, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/442/463. Visto el 26/04/2019
    Rosario Nava Román




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    Fuente:

    https://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/442/463

  4. #24
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    Re: Los conquistadores españoles de raza negra

    A 500 Años de la Presencia de Africanos en el Mayab

    febrero 22, 2019


    Jorge Victoria Ojeda*


    A. Crosby, en su libro The Columbian Exchange. Biological and Cultural Consecuences of 1492, señala que en el siglo XVI se experimentó en el continente americano una gran revolución biológica que, además de seres humanos, trajo oleadas migratorias de animales y plantas que modificaron, con el paso del tiempo, sistemas alimentarios y agrícolas en muchas partes del continente (1972: 64-66). De los grupos de personas que se trasladaron al Nuevo Mundo, ninguno emula en cantidad a los cerca de 12 millones de esclavos sacados del Africa y trasladados de manera forzada, entre el siglo XVI al XIX.

    En el caso de Yucatán, dado que de las expediciones de Francisco Hernández de Córdoba en 1517,1 y la de Juan de Grijalva al año siguiente, no se cuenta con datos precisos de la conformación de los navegantes, se desconoce si entre ellos hubo un sujeto de procedencia africana, o nacido en la Península Ibérica.

    De tal forma, queda a la expedición de Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano que arribó a la isla de Cozumel el 21 de febrero de 1519 -hace ya cinco siglos-, el haber traído a territorio de la futura Nueva España (y a tierra firme continental), a la primera persona de tez negra. El cronista Díaz del Castillo –o si el lector prefiere Cortés en el anonimato, según Duverger–,2 señala que después de tres días de estancia en esa isla, el capitán extremeño hizo un recuento de su gente, naves y animales, y reportó contar con quinientos ocho soldados, ciento nueve personas entre maestres y pilotos y marineros, y dieciséis caballos y yeguas, “e once navíos grandes y pequeños, con uno que era como bergantín que traía a cargo un Ginés Nortes; y eran treinta y dos ballesteros y trece escopeteros” (Díaz, 1966: 82).

    De un listado de las bestias señaladas en esa expedición, Díaz destacó lo siguiente: “Juan Sedeño, vecino de La Habana: [pasó] una yegua castaña, y esta yegua parió en el navío. Este Juan Sedeño pasó [como] el más rico soldado que hubo en toda la armada, porque [trajo] navío suyo y la yegua y un negro […], porque en aquella sazón no se podía hallar caballos ni negros, si no era a peso de oro…” (Díaz, 1966: 70). No obstante la mención, se sabe que los negros en la expedición de Cortés fueron varios, aunque imposible de evaluar la cifra por la propia invisibilidad de esa gente en las fuentes3 (Restall, 2005: 30).

    De acuerdo al contexto de la época, ese sujeto, al igual que sus demás compañeros de color, pasó desapercibido en las listas de soldados u otros sujetos procedentes de ultramar, sin embargo se convirtió en la primera persona africana que oficialmente pisaba tierras yucatecas.4 Y aunque Díaz no apuntó nombre, éste quizá fue el llamado Juan Garrido cuya imagen aparece en dos ocasiones en los dibujos de fray dominico Diego Durán, conocido como Códice Durán (Durán, 1880, caps. 73 y 74), proveniente del último tercio del siglo XVI (Ilustración 1), y en el documento mexicano conocido como Códice Azcatitlán (quizá finales del siglo XVI) (Ilustración 2). Sin embargo, existe la duda si el negro Garrido fue el mismo a quien se le conoció como Juan Cortés. Ricardo Alegría sugirió que el cronista Antonio de Herrera pudo cambiar el apellido y llamar Juan Cortés al negro que acompañaba al conquistador de México, aunque en verdad se tratase de Garrido5 (1990: 117).

    Según los datos que Restall aporta, en unión a los de otros investigadores como el citado Alegría y Richard Gerhard (1978), se sabe que el primer africano que pisó tierras mayas nació en (c.a.) 1480 en el Africa Oriental y pasó después a Portugal, quizá como esclavo o por voluntad propia. Tal vez en 1495 arribó a Lisboa y se convirtió al cristianismo, pasando luego a Sevilla. Su libertad no se sabe en cuál de las dos ciudades la obtuvo. Cerca de 1503 pasó a la isla de Santo Domingo acompañando al español Pedro Garrido, del cual fue sirviente, no esclavo (2005: 27).

    Las acciones de Juan Garrido en tierras americanas no quedaron únicamente en el papel de acompañante libre, sino que su actuar en las tareas de batalla contra los pueblos originarios, al igual que otros negros en América hispana, le ha llevado a ser integrante de los llamados “conquistadores” de color. De tal manera, entre 1508 y 1519 participó en las conquistas de las islas de Cuba y Puerto Rico, en las de Guadalupe y Dominica, y en el “descubrimiento” de la Florida. En ese último año apareció en la expedición de Hernán Cortés. Entre otros asuntos de interés, marchó con Cortés a Baja California (1533-1536). Murió en la Ciudad de México en 1547, dejando a su viuda con tres hijos. En su Probanza de Méritos Garrido apuntó que fue la primera persona en sembrar trigo en México (Restall, 2005: 19, 26).

    A pesar de ser el más conocido, otro de los negros que vino con Cortés fue el llamado Francisco de Erguía, a quien se le atribuye, sin datos que lo confirmen, el haber introducido la viruela y el sarampión al México del siglo XVI (Restall, 2005: 29).

    Aparte de ese hecho, los inicios de la llegada de gente africana al Mayab se encuentran en el conjunto de hombres que el conquistador Francisco de Montejo, el Mozo, trajo a tierras americanas para su labor de conquista (1527-1545), entre los cuales se encontraban algunas personas de esa procedencia. Se sabe de ellos ya que, en correspondencia a su valentía y coraje, se dio el caso de que alguno como Sebastián Toral, esclavo en 1530, lograra su libertad por su participación en los combates contra los mayas (Victoria, 2015: 26).

    Las crónicas de la Colonia también recogieron la presencia de aquella gente. De tal forma, en 1547 se dio el naufragio de un buque cargado de africanos en Ecab, y el texto maya que lo recoge, la Crónica de Chac Xulub Chen, cuya escritura se atribuye a Ah Nakuk Pech, cacique de dicho sitio, los apunta como “ek boxe”: estrella negra, o como algo o alguien sucio, en lengua maya (Victoria, 2015: 26).

    La gente africana que acompañó a los europeos y que siguió fluyendo a la región durante todo el período colonial, sea como esclava o libre, se encontró con una densa población autóctona en Yucatán lo que permitió el fomento de intercambios biológicos y (seguramente) culturales entre ellos, configurando un espacio de mestizajes e hibridaciones extendido, tanto entre los nativos como en los africanos. De modo que desde tiempos tempranos de la Colonia se dio un proceso de convivencia que impidió de alguna manera la separación étnico/racial programada por la corona española. En tiempos independientes de México y de Cuba, el flujo con esa isla también trajo consigo la migración de gente de procedencia africana.

    A pesar de la “invisibilidad” (física y aposta) de lo africano en Yucatán, su presencia se refleja en el resultado de los estudios del material genético de la población nacional efectuado hace pocos años (2009), donde se concluyó que en Yucatán, uno de los estados estudiados, un 18% de la población tiene antecedente en el Africa Occidental.6

    A 500 años de la venida de los africanos a la península, cabe reflexionar si acaso conocemos lo suficiente de ellos. Valiosas han sido las aportaciones de diversos académicos locales, nacionales y extranjeros en las últimas dos décadas, pero hay mucho por trabajar aún, Parece que el tema no encuentra eco en autoridades para su investigación y difusión de manera más allá de un trabajo académico. Falta difundir y dar a conocer la presencia africana y afrodescendiente en los espacios urbanos que convivimos cotidianamente, olvidarnos de ideas caducas como que Santa Lucía era barrio de negros, que el centro de la ciudad era exclusivo para “blancos”, o que simplemente “nunca hubo negros en Yucatán”.

    Estamos aún en el Decenio de los Afrodescendientes 2015-2014 (resolución 68/237) pronunciado por la Asamblea General de la ONU, que en el apartado de Reconocimiento, insta, entre otras cosas, a la investigación de esos grupos sea en su historia del pasado o en la actualidad, con miras a que los… “libros de texto y otros materiales educativos reflejen con precisión los hechos históricos relativos a tragedias y atrocidades del pasado, en particular la esclavitud, la trata de esclavos, la trata transatlántica de esclavos y el colonialismo, a fin de evitar los estereotipos y la tergiversación o la falsificación de esos hechos históricos, que podrían propiciar el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia”.7

    Esperemos que las autoridades de gobierno(s) vuelvan la mirada a ese grupo puesto que, según encuesta del INEGI del 2015, Yucatán tiene un 11.5% de personas mayores afrodescendientes, bajo el enfoque de autorreconocimiento8 (Ilustración 3). Pero ¿quién ha escuchado hablar de ellos? Falta visibilizarlos en la historia y el presente, y garantizar sus derechos humanos y necesidades en las políticas públicas.



    Bibliografía

    Alegría, Ricardo, Juan Garrido, el Conquistador negro en las Antillas, Florida, México y California, C.A. 1503-1540, Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico, San Juan, 1990.

    Crosby, Alfred, The Columbian Exchange. Biological and Consequences of 1492. Greenwood, Connecticut, 1972.

    Díaz del Castillo, Bernal, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Editorial Porrúa, México, 1966.

    Durán, Diego, Historia de las Indias de la Nueva España e Islas de Tierra Firme, Imp. Ignacio Escalante, México, 1880.

    Duverger, Christian, Crónica de la eternidad, Taurus Editorial, Madrid, 2012.

    Gerhard, Peter, “A Black Conquistador in Mexico”, Hispanic American Historical Review, núm. 58, vol. 3, 1978.

    Restall, Matherw, “Conquistadores negros. Africanos en la temprana Hispanoamérica”, https://www.academia.edu/24381230/Co..._Restall_2005_
    Victoria, Jorge, Africanos y afrodescendientes en el mundo de los mayas, en Jorge Victoria y José Juan Cervera, ed, en Yucatecos de otros rumbos, Sedeculta, Conaculta, Mérida, 2015.

    * Profesor-Investigador de la UCS-CIR-UADY

    1 Díaz (1966: 80), señala que esta expedición se conformó por 110 soldados y la de Grijalva por 240, más únicamente se apuntan españoles en el texto.

    2 El investigador francés Christian Duverger, en su libro, Crónica de la eternidad (2012), sostiene que Cortés escribió el texto que después fue atribuido “al soldado raso” iletrado, Bernal Díaz del Castillo.

    3 Sin soporte documental, en su link C. Taylor apunta que Cortés viajó con “200 indios y negros aproximadamente”, La llegada de Hernán Cortés – Toda Historia | El lugar donde discutir y aprender sobre Historia (Consulta: 16/02/2019).

    4 Se dice que en el viaje de Cristóbal Colón de 1492 el piloto de la carabela La Niña, y en el viaje de 1502 tenía un camarero negro llamado Diego (Restall, 2005: 26-27).
    5 La confusión más bien debió provenir se alguno de los informantes orales de los que se Herrera se valió para escribir su historia.

    6 ttps://www.mural.com/aplicaciones/articulo/default.aspx?id=259946 (Consulta: 10/11/2018).

    7 “Decenio para los Afrodecendientes. Reconocimiento) http://www.un.org/es/events/africand...ognition.shtml (Consulta: 12/01/2019).

    8 https://www.iis.unam.mx/blog/vejez-afrodescendiente/ (Consulta 17/02/2019).




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.poresto.net/2019/02/22/a...s-en-el-mayab/

  5. #25
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    Re: Los conquistadores españoles de raza negra

    Estebanico, el primer africano en América

    Estebanico, también conocido como Estevanico, Esteban, Esteban el Negro o Esteban el Moro

    Miguel Ángel Ferreiro 17/02/2018




    Estebanico (o Estevanico) era originario de Azemmour, una pequeña localidad que aquel entonces formaba parte del Reino de Fez, pero que durante su infancia había sido ocupada por Portugal (desde 1513).





    La historia de Estebanico

    El africano llegó a España, no se sabe cómo ni cuándo, pero antes de 1527 siendo convertido al cristianismo y pasando a formar parte de la servidumbre de un noble bejarano llamado Andrés Dorantes de Carranza; que posiblemente lo compró a los portugueses. Para 1527 ya se encontraba embarcado en la desgraciada expedición de Pánfilo de Narváez, junto a su amo. De los más de 300 hombres que zarparon en junio de 1527, de Sanlúcar de Barrameda, sobrevivirían solamente 4, él fue uno de ellos.

    En el camino a las Américas un barco se perdió en un temporal, en la primera escala (en La Española) 140 hombres desertaron, pero los contratiempos no terminarían ahí. Tras pasar por Cuba y recuperar efectivos llegarían a mediados de abril de 1528, a la actual Bahía de Tampa, allí tomó posesión de las tierras en nombre del rey y se adentró por la costa hacia interior de la Florida buscando oro y riquezas. Pero la riqueza esperada no apareció.

    Tras largas jornadas camino de los Apalaches, en las que pasaron penurias, hambre, sed, accidentes e innumerables ataques de nativos que les causaron muchas bajas —incluida la captura de varios de sus hombres por el cacique Hirrihigua—. El capitán español sacrificó a sus caballos, hizo construir cinco canoas para dejar Florida por río hacia el mar. Bordeando la costa trató de llegar a México, pero las frágiles embarcaciones no aguantaron el largo viaje y una fuerte tormenta, cerca del delta del Misisipi, volcó las embarcaciones. Narváez y la mayoría de sus acompañantes perecieron ahogados. Solamente sobrevivieron 15 personas.





    Cabeza de Vaca, Dorantes, Estebanico y Alonso del Castillo

    Entre aquellos supervivientes estaba Estebanico. Meses después otra tormenta los arrojó a las costas de la actual isla de Galveston, frente a Texas. Tras recuperarse, en 1529, los supervivientes trataron de encontrar una ruta por tierra para llegar a Mexico con Dorantes al mando, Cabeza de Vaca no estaba en condiciones de continuar y lo dejaron atrás.

    Varios murieron en aquella expedición de regreso a Nueva España, y el resto fueron capturados por nativos en la Bahía de San Antonio. Para otoño de 1530, solo Dorantes, Estebanico y Alonso del Castillo estaban vivos. Fueron tratados con dureza por sus captores, los vejaban y torturaban. Dorantes logró escapar dirigiéndose tierra adentro en donde encontró una aldea de la tribu Mariame que lo acogió amistosamente. En la primavera de 1532 Estebanico y Castillo también lograron escapar y llegaron a la aldea de Dorantes.


    El trato con los nativos

    Cuando ya llevaban un año residiendo en aquel poblado, en la primavera de 1533, se sorprendieron al ver aparecer a Cabeza de Vaca, que había sobrevivido como comerciante entre las diversas tribus de la zona. Los cuatro hombres no pudieron organizar una fuga hasta el otoño de 1534. Entonces llegaron a un poblado, de la tribu Avavares, en donde fueron recibidos como poderosos magos curanderos. Allí se quedaron hasta 1535, en donde Estebanico destacó por su capacidad para aprender los idiomas indígenas y el uso del lenguaje de señas.




    Los cuatro supervivientes


    Su reputación como magos les precedió, y fueron recibidos con hospitalidad dondequiera que llegaban. Continuaron su viaje en busca de la Nueva España siendo testigos de las diferentes culturas que habitaban aquellas tierras. En esta ruta, Estebanico, se hizo con una especie de “calabazas metálicas” que utilizaría en sus rituales como curandero desde entonces y con las que aparece en numerosas representaciones.


    Las Siete Ciudades de Cibola

    Al llegar al Río Grande, ante uno de los pueblos de la tribu Jumano, Estebanico y Castillo se adelantaron. Cuando los otros los alcanzaron, encontraron al africano rodeado de indios, que lo trataban como a un dios. Mientras descansaban en aquel poblado, los españoles, escucharon varias historias acerca de un grupo de ciudades repletas de riquezas que se conocían como las Siete Ciudades de Cibola. Continuaron su viaje, hasta que en marzo de 1536 se encontraron con una patrulla de exploradores españoles que los guiaron hasta la ciudad de México.




    Escena de la película Cabeza de Vaca (1991)


    Los cuatro hombres, incluido Estebanico, fueron bien recibidos por el virrey Antonio Mendoza, que estaba intrigado por su viaje, por las historias sobre lo que habían visto en el norte y especialmente si traían noticias de riquezas.

    Tras recuperarse, Cabeza de Vaca se despidió de sus compañeros y regresó a España mientras Castillo y Dorantes se casaron y se establecieron en México. Estebanico fue vendido (o cedido, no se sabe con exactitud) al virrey Mendoza para que este lo utilizase como guía en una expedición que quería enviar al norte. Un fraile español, Fray Marcos de Niza, estaría a la cabeza de la misma.


    Vuelta al norte de América

    Estebanico y Fray Marcos salieron de Culiacán el 7 de marzo de 1539. El 21 de marzo, Fray Marcos ordenó a Estebanico que se adelantase para asegurar el camino. Cuatro días más tarde, los mensajeros nativos volvieron con Fray Marcos para informar que Estebanico estaba a 30 días de camino de las ricas ciudades de Cibola y que pedía a Fray Marcos que se uniera a él.

    Fray Marcos se dirigió hacia el norte, pero Estebanico no lo esperó. Cada vez que el fraile entraba en un pueblo nuevo, se encontraba con un mensaje del africano que le decía que había continuado. Fray Marcos lo persiguió durante semanas pero no pudo alcanzarlo. Estebanico se dirigió a través de la gran región desértica de Sonora y el sur de Arizona; fue el primer occidental en pisar lo que ahora es Arizona y Nuevo México.




    Estebanico durante la expedición de Fray Marcos


    Antes de cada travesía, Estebanico enviaba a su boticario para anunciar su llegada, la mayoría de los poblados ya lo conocían, pero en mayo llegó al pueblo Zuni de Hawikuh, la primera de las “Siete Ciudades de Cibola”. Allí no lo conocían. Mostró su “calabaza mágica”, pero el jefe no confió en Estebanico y ordenó que lo apresaran y que ejecutaran a todos sus acompañantes. Varios de los acompañantes, que eran nativos americanos, escaparon logrando alcanzar a Fray Marcos.


    ¿La muerte de Estebanico?

    Tras recibir la noticia de la captura de Estebanico. En su informe a Mendoza, Fray Marcos afirmaba que había seguido viajando hacia el norte hasta Hawikuh, pero no entró al pueblo. En el informe ponía que era una ciudad inmensa, más grande que Ciudad de México y que parecía guardar enormes riquezas. Todo esto fue una mentira, el fraile al recibir la noticia de la caída del africano no se movió del lugar y remitió la misiva para excusarse. Lo peor no fue la mentira, sino que por culpa de este falso informe, Mendoza, creyó que había riquezas allí y envió la expedición de Coronado, con el propio fraile como guía.

    Cuando Coronado llegó al pequeño pueblo de Hawikuh, supieron que Fray Marcos había estado mintiendo. También descubrieron que el jefe —Zuni— se había apropiado de los objetos personales de Estebanico; encontraron sus perros galgos, su vajilla y sus famosas calabazas de metal.




    Coronado ante Hawikuh


    Cuando se le preguntó al cacique por qué había matado a Estebanico, Zuni dijo que había afirmado que había un gran ejército detrás de él con muchas armas. Los jefes se reunieron en consejo y determinaron que era un espía y que era más seguro matarlo. Una vez muerto, cortaron su cuerpo en pequeños pedazos y distribuyeron las partes entre los jefes.

    Todo lo que se sabe de Estebanico procede del informe que Cabeza de Vaca publicó tras su regreso a España titulado Naufragios así como los informes enviados a Mendoza por Fray Marcos. Incluso hay quién asegura que realmente no murió y se quedó a vivir entre los nativos como un hombre libre.




    Estebanico en el Memorial de historia afroamericana de Texas



    Fuentes:

    Naufragios

    Mora y Casarissa, Diego de. Los héroes y las maravillas del mundo: Dios, la tierra y los hombres. Anales del mundo desde los tiempos bíblicos hasta nuestros días, (Volumen 7)




    _______________________________________

    Fuente:

    https://elretohistorico.com/estebanico/

  6. #26
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    Re: Los conquistadores españoles de raza negra

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Miguel Ruiz

    Miguel Ruiz fue un conquistador afrohispano, de origen mulato, hijo de un español y de una esclava africana. Nacido en Sevilla. Miguel Ruiz participó como soldado en la conquista de los ramas y sumos, pueblos de la posterior Gobernación de Nicaragua, allí compró una sirvienta con su paga, con la que posteriormente mantendría una relación sentimental.

    Participó en la conquista del llamado Tahuantinsuyo luchando en los diferentes combates que se dieron. Recibió parte del botín del rescate de Atahualpa. En el Archivo General de Indias se conserva su foja de servicios y James Lockhart le menciona en su obra "Los de Cajamarca".





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