Reke Ride, qué hermosa imagen, ¿ de dónde la sacaste ?
Los Pincheira
La leyenda los ha presentado como asesinos sanguinarios, ladrones sin cuartel y secuestradores de mujeres, pero "no fue una gavilla de bandidos; manejaban aspectos del bandidaje, como los saqueos, pero se trataba de una guerrilla cuyo objetivo era la defensa de la autoridad del rey", dice la historiadora Ana María Contador.
La primera noticia sobre ellos es en 1817, cuando asaltan Chillan comandados por Antonio Pincheira, el mayor; Santos, Pablo, José Antonio y dos mujeres completaban la descendencia de Martín Pincheira, empleado en la hacienda de Manuel Zañartu, en Parral.
Educados con los frailes franciscanos, los hermanos chilenos Pincheira fueron parte de la resistencia al nuevo orden que querían imponer O'Higgins y compañía. Despues del triunfo patriota de Chacabuco (1817), el Ejercito realista se disperso al sur y en toda esa zona los civiles se alzaron en armas para defender la causa del rey
La historiadora recuerda que los religiosos del sector eran contrarios a los principios patriotas y se mantenian fieles a la monarquia y la iglesia. Y para los lugareños, atentos seguidores de la palabra católica, era su deber de cristianos defender al monarca. Asi fue como los Pincheira se alzaron en armas.
Y no estaban solos. Recibieron ayuda económica de hacendados, como el mismo Manuel Zañartu, quien fue declarado enemigo de la patria. Clemente Lantoño, otro terrateniente de la zona, tambien apoyo al grupo y en 1827 todo el Cabildo de Chillan fue acusado de colaborar con los "facinerosos".
EJÉRCITO GUERRILLERO
Si en un principio la banda la integraron principalmente campesinos, pronto se unieron otros miembros. La persecución de sospechosos realistas por parte de los patriotas y los infaltables abusos de poder llevaron a muchos a unirse a los rebeldes. Parte de la tropa independentista, "exasperada de la necesidad y falta de sueldo", según informes de la época, fue a dar también a sus filas.
De esa forma, el contingente de Los Pincheira creció y se transformó en una gran fuerza. Los informes hablan de entre 500 y 1000 hombres. En sus huestes también entraron bandidos netos, ex presidiarios y una fauna de fugados de la ley. Pero pese a ello, subraya Ana María Contador, la banda mantuvo una estructura militar, donde el mas alto rango lo ocuparon siempre los hermanos Pincheira.
Entre 1817 y 1832 asaltaron numerosas veces Chillan, Parral, Linares hasta llegar a Talca, Curico y San Fernando. Durante dos años, y tras una emboscada patriota, se radicaron en Argentina y sus correrías alcanzaron a "Mendoza, San Luis, Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires", segun Barros Arana.
Ésa fue la época en que el gobierno de Mendoza firmó el acuerdo con José Antonio Pincheira, quien "desde el dia de la fecha -dice el tratado- es reconocido en la provincia de Mendoza por tal coronel, y jefe de la Fuerza del Sur".
El inédito documento, sostiene la historiadora, revela el caracter militar y político de la banda. Es mas, ella asegura que los Pincheira llegaron a establecer una suerte de comunidad social, con familias, un cura que oficiaba misa y una economia basada en el pillaje.
Asaltaban, saqueaban y raptaban mujeres a cambio de recompensa, como fue el caso de Trinidad Salcedo, por cuya libertad exigieron "una carga de vino, dos cargas de harina (sic) y 200 pesos en Plata", según consta en el archivo del Ministerio de Guerra. Y aunque su fama habla de brutales asesinatos y descuartizamiento de niños, Contador dice que no hay documentación que pruebe tamaña crueldad.
EL FIN
Los Pincheira fueron un problema sin solución para el gobierno. Además de los enfrentamientos armados, el Ejercito recurrió a multiples tácticas para destruirlos, desde infiltrar espías para crear intrigas entre los hermanos hasta introducir botellas de alcohol con el virus de la viruela en sus filas. Pero nada lograba resultados.
Hacia 1832 Antonio habia muerto en una batalla y Santos en un accidente en la cordillera, y los Pincheira se mantenían como el último bastión realista de Sudamérica. El gobierno propuso conversar de paz y José Antonio accedió. Fatal error; Manuel Bulnes aprovechó la confianza establecida y en una emboscada arrasó con ellos. Pablo fue fusilado y José Antonio escapó, pero al final se entregó.
Contratado como empleado en la hacienda del presidente José Joaquín Prieto, el último de los Pincheira murió anciano, rodeado de hijos y de leyenda.
Publicado por Reke Ride en 7:45
Reke Ride, qué hermosa imagen, ¿ de dónde la sacaste ?
Uff! Tantísima historia por descubrir, tantos hechos por aclarar, tantos temas a debatir y problemas a solucionar; y sin embargo, la respuesta se antoja tan simple, tanto como que se encuentra en el nombre de la lengua misma en que hemos de tratar éstos menesteres: En Español.
A la larga, tengo fé en Dios, pesaran más todas éstas cosas que compartimos: historia, lengua, cultura etc. Que aquéllas que nos han separado a través de los siglos que llevamos separados. Se escuchan levantiscos con absurdos discursos "Indigenistas" por todos lados, sin embargo la lengua Española es hablada cada día por más individuos y las lenguas prehispánicas cada vez menos usadas, los medios de comunicación modernos nos ayudan a permanecer juntos en pensamiento y sentimiento a pesar de las distancias y nos permitirán ir estrechando lazos y contarnos mutuamente nuestra verdades para desenmascarar las mentiras que se nos han dicho. No será fácil en absoluto, pero poco a poco... el Hispanismo deja sentir su influencia y crecimiento en todos nosotros.
Que ésta celebración de 200 años de separación, nos haga abrir los ojos y marque el inicio de una nueva era para los países Hispanos, con miras a recuperar lo perdido e identificar nuestros verdaderos enemigos en los países ajenos a nuestra cultura, sean angloparlantes, musulmanes ó africanos. ¡Que viva por siempre la Hispanidad en América!
Última edición por Smetana; 02/10/2009 a las 06:08
¡Viva la Nueva España! ¡Viva la madre patria Española! ¡Viva la santísima virgen de Guadalupe!
Por cierto Ordoñez que hermosas poesías nos has compartido ¿Podrías decirme el nombre del autor o autores? me ha gustado mucho la "epístola a los Españoles americanos" no me digas que es de tu autoría... es muy conmovedora.
Por cierto me he dado cuenta que los Españoles tenéis más relación con los Peruanos, al menos ésa impresión me da, tal vez sólo sea mi imaginación; en fin, con ayuda de ésta página entre las cosas que he ido leyendo y las verdades ocultas en la historia con las que me he ido documentado, espero en Dios tener ahora sí una plataforma desde la cual poder promover el Hispanismo en mi país y combatir así la leyenda negra antiespañola para dar un pequeño pasito hacia esa hermandad Hispana deseamos.
¡Viva la Nueva España! ¡Viva la madre patria Española! ¡Viva la santísima virgen de Guadalupe!
Pues sí Smetana, son de mi cosecha![]()
Ooooh!! si ya veo, ya estuve leyendo varios también en el tema "mis poesías" hermosos en verdad ¿Me darías permiso de darlos a conocer por acá? Por supuesto te voy a dar tu crédito como autor. verás tengo intención de seguir promoviendo el hispanismo pero a un nivel mas de calle, mas personal con panfletos y volantes para no estar sujeto sólo al internet y tus poesías son en verdad dignas de conocerse ¿Qué te parece?
¡Viva la Nueva España! ¡Viva la madre patria Española! ¡Viva la santísima virgen de Guadalupe!
Muchas gracias Smetana. Pues sí, por qué no...Y de paso expones como referencia el foro.
Ya que estamos, así como el que no quiere la cosa, ¿ qué semblanza nos harías de la independencia mexicana ?
Mejor que éso, me tomaré la libertad de traer los temas que tenía en el foro México Hispano para publicarlos acá ¿Qué os parece?
¡Viva la Nueva España! ¡Viva la madre patria Española! ¡Viva la santísima virgen de Guadalupe!
Excelente idea Smetana, nos ilustraria mucho. Aqui pongo un video que lo colge en un hilo aparte, pero creo que aca encaja mejor. Se trata sobre el Ejercito Real del Peru y sus heroes, aqui lo dejo:
YouTube - Ejército Real del Perú 1810-1824
Las independencias en América hispana
Por el Padre José María Iraburu
Las Trece Colonias primeras de los Estados Unidos se independizan en 1776. Y el estallido de la Revolución francesa se produce en 1789. No hay, sin embargo, por esas fechas en la América hispana un ansia de independencia respecto a la metrópoli, aunque sí es cierto que durante el siglo XVIII, vigente cada vez más el espíritu de la Ilustración, la acción de España en América pierde en buena parte su sentido evangelizador y se va endureciendo más y más, con lo que crecen las tensiones entre criollos y peninsulares.
Sin embargo, los hispanoamericanos reaccionan todavía en favor de la Corona española con ocasión de la invasión napoleónica de la península (1807-1808), y constituyen Juntas que, acatando la autoridad de Fernando VII, pronto derivaron a ser auténticos gobiernos locales. En efecto, poco después la debilitación política de la lejana metrópoli y el sesgo liberal de las Constituciones de 1812 y de 1820, hacen que los grupos dirigentes criollos -políticos locales, clero, comerciantes y hacendados- se decidan a procurar las independencias nacionales. Y el pueblo llano, que se veía forzado a repartirse o bien al servicio de los dirigentes independentistas liberales o bien al de los realistas, más tradicionales, hubo de sufrir una serie de guerras civiles muy crueles, de las que salieron las independencias de las nuevas naciones.
De este modo, en muy pocos años, y generalmente de forma improvisada, se decidió la suerte de un continente. El proceso no fue fácil. Los libertadores hubieron de enfrentarse muchas veces a las masas populares, que no veían claro aquel salto en el vacío, y que con frecuencia, por instinto, temían más la próxima oligarquía criolla que la lejana Corona española. Los propios dirigentes criollos se mantuvieron muchas veces dubitativos hasta última hora, cuando, ante la debilidad de Fernando VII, optaron por acrecentar su propio poder con la independencia.
Por otra parte, los nuevos generales Bolívar, Sucre, San Martín, imitando a Napoleón -el héroe de la época, el que llevó sus banderas hasta Rusia, Egipto y España-, atravesaron también ellos los Andes y las fronteras incipientes, decididos a escribir la historia a punta de bayoneta, rubricándola con el galope de sus briosos caballos.
No olvidemos, por lo demás, que unos y otros, políticos y generales, se vieron decisivamente apoyados por agentes extranjeros, principalmente ingleses, norteamericanos y franceses, hambrientos desde hacía siglos de la América hispana. Las logias masónicas, que ya en el XVIII habían difundido por el continente el espíritu de la Ilustración, anticristiano, racionalista y libertario, constituyeron entonces la red eficaz para todas estas conexiones e influjos convergentes.
Bolívar, San Martín, Sucre, O’Higgins, fueron masones de alta graduación, lo mismo que Miranda y otros líderes de la independencia; y también lo eran en España muchos de los políticos liberales y de los militares que favorecieron la emancipación.
Por último, como señala Salvador de Madariaga (Bolívar I,53), la invasión napoleónica de la península «impidió a España que reforzara a tiempo con sus armas la mayoría que en el Nuevo Mundo, hasta 1819, fue favorable a la unión».
Fragmentación territorial
A partir sobre todo de 1821 las independencias de las nuevas naciones de la América hispana se producen en cascada. Pero hasta última hora, hubo una posibilidad, y quizá una probabilidad, de que Hispanoamérica permaneciera unida, formando de una u otra forma una especie de Common wealth. Muy rápidamente, sin embargo, se produjo la descomposición del mundo unido hispanoamericano.
Así fueron naciendo un buen número de Estados, que correspondían más o menos a las partes menores del imperio hispano, audiencias, capitanías generales o intendencias. Desde un principio, Miranda, Bolívar, Artigas, San Martín o Rodríguez de Francia, pensaron en una gran unión de naciones hispánicas; pero aquello era entonces sólo un sueño. La unidad real de México a la Patagonia había existido durante tres siglos, pero una vez rota, era ya irrecuperable. El presente de la América hispana estaba sellado por la división, y con relativa frecuencia por el enfrentamiento fratricida entre naciones vecinas.
Historia falsa para naciones nuevas
En todos los lugares ocurrió lo mismo: se hacía preciso y urgente crear una nueva identidad nacional. Pero la tarea que recaía sobre la oligarquía local era realmente muy difícil. ¿Cómo hacerlo? Era imposible fundarla en indigenismos ancestrales, menospreciados entonces, a veces múltiples y contradictorios, y en todo caso, a la vista de ciertas insurrecciones recientes, de muy peligrosa exaltación. Tampoco era posible acudir a la raíz hispánica, pues la emancipación se había hecho precisamente contra ella.
Quedaba, pues, solamente afirmar la propia identidad nacional contra los países vecinos y más hondamente contra España, rompiendo lo más posible con el pasado, con la tradición, partiendo de cero, y procurando eliminar de la memoria histórica aquellos tres siglos precedentes de real unidad hispano-americana, que en adelante no serían sino un prólogo oscuro y siniestro del propio logos nacional luminoso y heroico.
Todo esto, claro está, no podría hacerse sin una profunda y sistemática falsificación de la historia, que en la práctica habría de llegar a niveles sorprendentes de distorsión, olvido e ignorancia. Así, por ejemplo, sería preciso fingir que en las guerras de la independencia las naciones americanas se habían alzado, como un solo hombre, contra el yugo opresor de la Corona hispana. Sería urgente también engrandecer los hechos bélicos, y más aún mitificar los héroes patrios recientes, aunque a veces presentaran rasgos personales sumamente ambiguos.
Es el caso, por ejemplo, de un Simón Bolívar, rico terrateniente, mujeriego notorio, hombre que declara «guerra a muerte» a quienes no conciben como él el futuro de América, mata a prisioneros, ordena en 1823 la deportación masiva de los habitantes de Pasto, rebeldes a su causa: «Los pastusos deben ser liquidados -escribe el 21-10-1825-, y sus mujeres e hijos transportados a otra parte, dando aquel país a una colonia militar» (Lucena Salmoral 82-83).
En realidad, su manera de concebir mentalmente América es, como en tantos otros patriotas del momento, muy improvisada, confusa y cambiante. Bolívar es un hombre que, en medio de sus apuros militares y políticos, piensa entregar a Inglaterra «las provincias de Panamá y Nicaragua, para que forme en estos países el centro del comercio de universo, por medio de la apertura de canales» (49); o proyecta colocar a Colombia, o incluso a Hispanoamérica en su conjunto, «bajo los auspicios de una nación liberal que nos preste su protección», Inglaterra, concretamente; o somete al Congreso de Colombia la decisión de instaurar allí la monarquía; o idea un Senado vitalicio, «hereditario, como el que propuse en Angostura, incluyendo los arzobispos y obispos» (148-149).
No es, pues, extraño que Bolívar confesara a Mosquera poco antes de morir: «No sé si he hecho un bien o un mal a América en haber combatido con todos mis esfuerzos por la causa de la independencia» (149)... Y que en una carta a su amigo Urdaneta (5-7-1829) le dijera: «Yo vuelvo a mi antigua cantinela de que nada se puede hacer bueno en nuestra América. Hemos ensayado todos los principios y todos los sistemas y, sin embargo, ninguno ha cuajado... En fin, la América entera es un tumulto, más o menos extenso... Éste es un caos, mi amigo, insondable y que no tiene pies, ni cabeza, ni forma, ni materia; en fin, esto es nada, nada, nada» (150). Como muchos otros masones de la época, murió Bolívar cristianamente.
La revolución liberal en Hispanoamérica
El caos político que en el XIX se va haciendo crónico y el subdesarrollo económico consecuente no proceden en América principalmente del hecho de la independencia, o del temperamento, o del clima, o de la cultura de tradición hispana: provienen del paso en la vida pública del Evangelio a la Ilustración liberal: es decir, nacen, ya desde finales del XVIII, de la ruptura con la tradición, del liberalismo político y del liberalismo económico, es decir, del capitalismo salvaje que a partir de la independencia se impone en sus formas más puras. En España, que no está en América, las cosas del XIX no van mejor, pues el país padece la misma enfermedad política.
Miquel Izard, en Latinoamérica, siglo XIX; violencia, subdesarrollo y dependencia, aunque lo explica todo a la luz de «la lucha de clases», y piensa que en las Indias «se encomendó a la Iglesia la represión ideológica» (73) -es decir, aunque denota en sus análisis una mentalidad marxista y anticristiana-, tiene interesentes observaciones críticas sobre la Revolución liberal allí cumplida.
Éste fue, afirma, «el conjunto de medidas que podríamos llamar ilustrado o liberal. A nivel material, todas las reformas propuestas giraban alrededor de un eje: el tránsito del abastecimiento a la producción [excedentaria], asunto en el que estaban absolutamente de acuerdo todos quienes querían y pensaban beneficiarse del cambio; se trataba de liquidar los últimos restos de la trama autosuficiente, acabar con el usufructo comunal de las tierras, las praderas y los bosques (en las Indias, esencialmente los llamados resguardos), donde podían obtener lo necesario para sobrevivir, permaneciendo así bien poco vulnerables y apenas dependientes. Con estos cambios los naturales se verían obligados a convertirse en trabajadores, muy vulnerables ahora ya, pues si no podían trabajar no podían comer, y, posiblemente, se convertirían también en compradores. El programa implicaba además la desamortización, para liquidar los vestigios de las tierras no privadas, permitir la construcción de redes de transporte y el drenaje de la producción autóctona, y asegurar la entrada de productos industriales, procedentes de la periferia local o del todo forasteros. Un desarme arancelario, para derribar las viejas trabas aduaneras impuestas por el mercantilismo, que congestionaban entradas y salidas, completaba el proyecto transformador.
«En conjunto, se trataba de imponer la nueva cultura... una moral nueva, la occidental, que habla de las excelencias del crecimiento material, del triunfo y del éxito individuales, de una sola idea válida de progreso, o de los beneficios del ahorro y de la laboriosidad, frente a una moral coherente, basada en la solidaridad, la reciprocidad y la cooperación. El ocio, que era en aquellas comunidades participativo y variado, se vio convertido en una mercancía de consumo para continuar la tarea desarticuladora iniciada en la familia y en la escuela. La culminación vendrían cuando, en pleno siglo XIX, se instaura, falsamente, el engaño del parlamentarismo, como única forma posible de gobierno democrático» (9).
La política del liberalismo
Analizaremos por partes, siguiendo también a Miquel Izard, algunos de los rasgos fundamentales del liberalismo en la América hispana, ateniéndonos sobre todo al siglo XIX:
Imposición de una nueva cultura. -El liberalismo «establece patrones estéticos, legales, religiosos y económicos», y les da «condición normativa» sobre las masas. «La cultura liberal controla la información, decide lo que puede llegar a la gente del pueblo» (147). Siendo a un tiempo antitradicional y antirural, el liberalismo está convencido de «la ignorancia de los campesinos, a los que además tacha de retrógrados» (148). Trata, pues, en general de redimir al pueblo sencillo de su oscurantismo secular mediante la escuela laica, gratuita y obligatoria. Y no tolera que nadie escape a su influjo. De este modo «los sectores sin poder se ven a sí mismos como carentes de saber en todos los ámbitos y, por consiguiente, interiorizan la posición desfavorable que ocupan en la estructura social como una consecuencia de sus propias limitaciones... Los miembros de las clases populares saben que no saben» (148-149).
Democracia falsificada. -Como la emancipación de la América hispana no había sido preconcebida, hubo que improvisar las nuevas formas políticas entre prisas y provisionalidades, al paso de los acontecimientos. En este apuro, las clases dirigentes criollas, más bien perplejas, fueron pronto orientadas por liberales, radicales y logias, y así no pensaron en construir, al viejo modo de la tradición hispana, una democracia real y orgánica -concejos y gremios, juntas y fueros-, sino que, siguiendo la vía inglesa, o mejor, francesa, adoptaron formas de democracia aparente e inorgánica.
De esta manera, bajo lemas de progreso y modernidad, se hizo cuanto fue posible por eliminar todos los núcleos naturales y todas las formas tradicionales, indígenas o hispanas, de asociación, para transformar así al pueblo en unamasa, perfectamente manipulable al haber perdido sus raíces históricas. Se consiguió, pues, que unos pequeños grupos oligárquicos, con Bancos y prensa, logias y partidos, usurpasen para mucho tiempo un poder político omnímodo: el poder que dió lugar al Estado liberal moderno.
Es cierto que «su programa político era en principio el de cualquier liberalismo: libertades básicas (de culto, de imprenta, de palabra, de pensamiento, etc.), abolición de la esclavitud, secularización legal y moral, reforma del sistema judicial y del tributario. Pero también propugnaban, lo que enmascaraba racismo y deslumbramiento ante lo europeo, blanquear la población, intentando la atracción de inmigrantes. Sin embargo, y suponiendo que en verdad desearan estas libertades, pensaban, aunque no lo dijesen abiertamente, que sólo la élite estaba capacitada para ejercerlas» (55).
Con todo ello, «en todas las nuevas repúblicas latinoamericanas -y por supuesto en el resto de Occidente- las masas fueron explotadas y nadie pensó que pudieran ser consultadas para conocer su parecer sobre la organización estatal. En el caso de México, y quizás en alguna otra república de población mayoritariamente de color, las masas no sólo fueron marginadas, sino que fueron derrotadas a principios de siglo en las guerras que siguen llamándose de la independencia, y a partir de este momento, los rurales y las masas urbanas serían no sólo tenidos como seres inferiores, sino también como enemigos a los que se había vencido y a los que debía tenerse constantemente bajo vigilancia para poder sofocar cualquier nueva revuelta antes de que se extendiera» (61).
Los liberales hallaron con frecuencia enel positivismo la justificación filosófica de la violencia política sobre las masas. Señala François Chevalier que «desde la España ilustrada y el final de los imperios ibéricos ningún movimiento intelectual americano ha tenido la importancia que cobró el positivismo, aunque este término encierra en realidad ideas diversas, a veces muy distintas de las de Auguste Comte» (América Latina... 282).
Es muy significativo que «durante más de medio siglo desde el último tercio del siglo XIX, la mayoría de los gobiernos de América latina sean dictaduras que se califican a sí mismas de Orden y Progreso»; el lema, por ejemplo, de la bandera del Brasil.
Efectivamente, «Augusto Comte era partidario de un poder fuerte, capaz de mantener la cohesión social en el difícil paso del estado metafísico al estado positivo -una especie dedespotismo ilustrado, en cierto modo-. En la realidad, sería interesante analizar desde el punto de vista sociológico e histórico estas dictaduras, curiosa mezcla de espíritu progresista o novador, de ideal masónico, y de caciquismo o caudillismo, marcado a veces con el cuño de los peores abusos del poder personal» (286).
Enriquecimiento de los ricos y dependencia extranjera. -El pleno desarrollo del capitalismo liberal exigía la formación de grandes capitales y de mucha mano de obra barata. Se eliminó entonces casi totalmente la propiedad comunal (resguardos, ejidos, etc.), y totalmente la propiedad eclesiástica. Lógicamente, «la vieja oligarquía virreinal se llevó la parte del león en la desamortización» (Izard 62). De hecho, «el resultado final de la Reforma [liberal] fue no una expansión de la mediana propiedad, sino, contrariamente, el fortalecimiento del latifundismo» (60). Llegaron así a producirse grandes latifundos y poderosas empresas, controladas frecuentemente por capital extranjero.
En efecto, con el enriquecimiento de la oligarquía se fue produciendo a lo largo del siglo XIX un crecimiento de la dependencia del poder económico extranjero. Empresarios y comerciantes, y lo mismo políticos o caudillos en apuros -y tantas veces se veían en apuros-, buscando sus ventajas personales, se hicieron con mucha frecuencia meros abogados de los intereses forasteros.
Sin duda, «los nuevos gobernantes no pudieron imaginar que, tras las guerras que llamaron de la independencia, las nuevas repúblicas se iniciaran mucho más dependientes de lo que lo habían sido durante el período colonial. Porque las decisiones esenciales, la incorporación de nuevas tierras, la exportación de nuevas materias primas, la apertura de nuevos mercados, serían tomadas en Londres, New York o París, al margen, por supuesto, de las aspiraciones o deseos de los gobiernos de los países capitalistas periféricos» (40).
La invasión del poder económico extranjero se produjo, a mediados sobre todo del XIX, por la implantación local de filiales de Bancos extranjeros, británicos primero (London Bank of South America, Mexican Bank, Anglo-Argentine Bank, etc.), alemanes después, y en seguida franceses e italianos, belgas y norteamericanos (47). «A otro nivel, capitales forasteros se dirigían hacia los servicios: así, el puerto de Buenos Aires era de una compañía británica, como los ferrocarriles del mismo país y los del Brasil, Chile, México o Perú. También controlaban -ingleses, franceses o alemanes- los transportes urbanos, el agua, gas o telégrafo y, más tarde, la electricidad» (49). Añádase a esto el control británico de grandes actividades agropecuarias en Argentina o Brasil, el capital norteamericano introducido en la explotación del azúcar o la fruta, y el dominio de unos y otros sobre la producción y el comercio de nitratos o cobre, café, máquinas...
«El paquete de medidas económicas convertía a los liberales en abogados del capitalismo exterior, en correveidiles, conscientes o no, de los intereses forasteros, favoreciendo la navegación fluvial a vapor, el librecambio o lo que el profesor Jordi Nadal ha llamado la desamortización del subsuelo (la cesión de los yacimientos mineros a empresas extranjeras, en la mayoría de los casos a cambio de nada para el gobierno), la exportación de bienes primarios sin elaborar o la introducción de manufacturados que arruinaron los obrajes autóctonos» (55).
En esa misma lógica se inscriben ciertas pérdidas territoriales, a veces enormes, como las producidas en México. Ya en 1803 el gobierno español devolvió la Louissiana a Napoleón, y éste la vendió a Washington. Pues bien, en 1848, en la guerra con los Estados Unidos, México cede casi la mitad de los territorios que tenía al emanciparse, Texas, Nuevo México, Arizona, California, Utah, Nevada y parte de Colorado, gracias a la complicidad de políticos liberales, como ya vimos más arriba (317).
Subdesarrollo e injusticia social. -Con todo esto, «la secesión [más exactamente el liberalismo económico] exacerbó los antagonismos sociales» (Izard 96), y condujo a la gente pobre y a los indios a situaciones masivas de miseria, antes desconocidas. «No estoy defendiendo la feudalidad -sigue diciendo Izard-, ni cosa que se le parezca; me limito a insinuar que durante aquel período [medieval], viviéndose bajo la opresión, no hubo condiciones tan degradantes como se dieron desde finales del siglo XVIII, a partir de la consolidación de la sociedad excedentaria o capitalista» (96).
En efecto, «las reformas liberales podrían resumirse en algunas características: total desarticulación de las sociedades aborígenes, creciente vulnerabilidad de su componentes que, en el mejor de los casos, conseguirían proletarizarse en unas condiciones calificadas de feudales, aunque insisto, una vez más, jamás se había alcanzado esta degradación en la edad media; expansión de los latifundios coloniales» (107)... Y dependencia creciente, como hemos visto, del poder económico de extranjeros. Políticos, empresarios y comerciantes de la burguesía liberal americana fueron «las más de las veces meros abogados de intereses forasteros» (97).
Todo esto explica que «casi coincidieron cronológicamente guerra de la independencia e inicio del creciente atraso material» (37), pues «la liquidación del poder colonial en beneficio de los grandes propietarios, y la apertura al mercado mundial no condujeron al crecimiento económico y al progreso material, sino a todo lo contrario» (38). En efecto, «terminadas las guerras, la oligarquía, que ya controlaba de hecho el mando en el período colonial, pasó a hacerlo también de derecho. Los gobiernos representaron y defendieron exclusivamente los intereses del reducido grupo de grandes propietarios de la tierra, más algunos mineros, comerciantes u obrajeros, despotismo jamás amortiguado por la democracia parlamentaria aparente, que los beneficiarios finales de la contienda estuvieron dispuestos a otorgar» (39).
El nuevo ejército. -En los siglos hispanos, como es sabido, «no fueron necesarios ejércitos permanentes» en las Indias (76), pero con las guerras de independencia se fueron formando poderosos ejércitos nacionales, que cumplían varias funciones importantes: acentuar la nueva identidad nacional, afirmar las inciertas fronteras, y controlar todo el territorio nacional, que hasta entonces, en buena parte, había estado dejado más o menos al uso libre de los indios no asimilados. Políticos, empresarios y terratenientes, decidieron ahora, sirviéndose del ejército, hacerse con todo el territorio nacional. Estas campañas se justificaron «hablándose de «recuperar nuestro territorio», «llevar la soberanía del Estado hasta sus verdaderos confines» o «civilizar las zonas más deshabitadas del país»» (77).
Los indios. -Puede decirse que en el período hispano la Corona hizo grandes esfuerzos por asimilar a la población india, trayéndola a vida cristiana y civilizada; pero dejó normalmente a su albedrío a los indios de las regiones más hostiles y resistentes. Por eso «las comunidades conservaron los principales elementos de su cultura; pongo por caso, la Corona sólo empezó a pensar que los aborígenes debían ser obligados a aprender el castellano y abandonar su lenguas, a finales del período colonial [en los gobiernos de la Ilustración], lo que por supuesto ni empezó a poner en práctica. A lo largo [en cambio] del siglo XIX recibieron el embate, cada vez más impresionante, del proyecto liberal» (121-122).
Este embate, como ya hemos comprobado en otros lugares de nuestra crónica, comenzó ya en el XVIII, cuando la Ilustración decidió liberar los poblados de indios, sustituyendo la tutoría de los misioneros por funcionarios civiles, con los resultados que ya conocemos. Pero ahora ya, en el siglo XIX, esas bolsas, a veces muy extensas, de población indígena no asimilada, no podían ser ya consentidas, «sino que debían asimilarse o liquidarse los aborígenes independientes, que señoreaban los territorios de expansión posible, no ocupados todavía por otros estados, que fueron víctimas, como en el resto del continente, de una política agresiva que tenía varios objetivos: ampliar el territorio dominado por los terratenientes; liquidar economías competitivas (los aborígenes cazaban ganado orejano o libre); convertir a los aborígenes, una vez domesticados, en mano de obra barata; acabar con sociedades resistentes y alternativas, que era un muy mal ejemplo e, incluso, un santuario para los refractarios internos» (123-124).
«Los liberales no podían tolerar que grupo alguno -de lo que ellos llamaban la nación- rechazasen su paquete. Por ello continuó la violenta acometida contra pueblos que, uno tras otro, iban quedando en las fronteras reales» (124).
En adelante, el trato que los políticos hispano-americanos van a dar a los indios no va a ser muy diferente de la política de los anglo-americanos con los pieles-rojas. Un mismo espíritu ilustrado -liberalismo político y económico, positivismo jurídico, capitalismo salvaje- estaba vigente de Alaska a la Patagonia, aunque en el sur se viera más suavizado por el catolicismo.
Por esos años, pues, los gobiernos ilustrados resolvieron definitivamente el problema de los indios no asimilados. «A mediados del XIX el gobierno mexicano, copiando una idea del colonialismo inglés en el Norte, compraba cabelleras de indígenas, pagando cien dólares por la de un guerrero, cincuenta por la de una mujer y veinticinco por la de un niño... En Guatemala, para someter a los quichés, se incendiaban aldeas o se obligaba coercitivamente a consumir alcohol... Poco más tarde, se cazaron lacandones que fueron conducidos, encadenados, a la ciudad de Guatemala y enjaulados en el zoológico. En el Brasil, a finales del siglo XIX, se inició el exterminio sistemático de los aborígenes amazónicos; eran todavía unos dos millones y han quedado reducidos a unos doscientos mil» (124).
Los araucanos en Chile, en una guerra terrible, no fueron vencidos hasta 1885. La campaña contra los indios de la Patagonia argentina duró de 1876 a 1881. En México, la guerra con los yaquis, iniciada en 1825, duró casi un siglo, y en ese tiempo se peleó también contra los coras; de mediados de siglo fue la rebelión de los indios de Sierra Gorda, que se extendió por buena parte del centro de la nación; también por esa época la insurrección masiva de los mayas del Yucatán fue resuelta en una guerra terriblemente sangrienta; miles de ellos fueron vendidos como esclavos en Cuba.
Finalmente, muchos pueblos de indios o cimarrones de la Amazonia o del Llano venezolano no fueron sujetos o eliminados hasta hace pocos años (78-79). Acerca del tratamiento aplicado a indios y gente pobre durante el período de Porfirio Díaz (1876-1911) John Kenneth Turner refiere verdaderas atrocidades en la obra México bárbaro, escrita en 1911.
Bueno retomando tu petición, la independencia de México y en general de Hispanoamérica, es un tema que me atrae muchísimo; pero es tan amplio que es muy difícil al menos en mi caso particular, poder llegar a una sola conclusión o bien tener una ideología bien definida.
En un comienzo el primer levantamiento, es decir, el de el cura Don Miguel Hidalgo y Costilla, ni siquiera podríamos considerarlo como un movimiento independentista contra España, ¡si hasta proclamaba a Fernando VII como el legítimo rey de la Nueva España! y sin embargo es justamente el 16 de septiembre "el día del grito de Dolores" el que festejamos como el inicio de la independencia.
Creo que no puedo culpar a los padres de la independencia por buscar que la Nueva España fuera para los novohispanos, pero en general me parece que aquélla época fue todo un caos político muy bien aprovechado por toda clase de aves de rapiña que buscaron sólo sus intereses inmediatos. Yo la verdad, desde muy chico que comenzaban a enseñarnos de historia siempre pensé que hubiera estado del lado conservador si hubiera vivido en aquélla época.
Lo que me causa muchísima tristeza fué que al final la relación entre dos países hermanos como la Nueva España y España haya quedado tan lastimado, éso es lo que más lástima me da.
La historia en México está severamente manipulada, la gente parece de plano preferir no saber la verdad porque es demasiado el choque ideológico ¿Seguimos sintiendo rencor por le país que nos dió la patria y la cultura hispana pero llevamos una relación de las mil maravillas con el país que nos arrebató medio territorio y quienes para colmo tienen una cultura totalmente antagónica a la nuestra? Me parece demencial lo que ocurre en verdad.
¡Viva la Nueva España! ¡Viva la madre patria Española! ¡Viva la santísima virgen de Guadalupe!
- Gente, han salido 2 títulos sobre esta temática muy prometedores:
Novedades Editoriales - Octubre de 2009
Ediciones Nueva Hispanidad
PRESENTALuis Corsi OtáloraLos realistas criollosPor Dios, la Patria y el Rey
Colección El "otro" bicentenarioCon el patrocinio de la Fundación Francisco Elías de Tejada - Madrid
144 págs. I.S.B.N.:978-987-1036-44-8Argentina: $ 40.00.- España y resto de Europa: € 12.00.-
“La España nos ha hecho la guerra con hombres criollos, con dinero criollo,con provisiones criollas, con frailes y clérigos criollos y casi todo criollo” .(German Roscio a Bolívar en 1820).
Este texto constituye un arduo y original esfuerzo por hacer comprender el proceso de independencia como el de la más devastadora Guerra Civil que haya arrasado a Hispanoamérica, tanto económica como espiritualmente, hecho condicionado e inducido por el voraz capitalismo inglés, al que sirvieron -en general de manera consciente- las nuevas clases dirigentes criollas surgidas de este proceso revolucionario. Sin embargo, no todos los americanos se sumaron a la revuelta, como generalmente se afirma, sin demasiado conocimiento. Los hubo en cantidad y calidad que permanecieron leales a su rey, y pelearon hasta el exterminio. A rescatar su memoria, y a indagar sobre sus razones, dedica el autor este lúcido trabajo.
José Manuel GonzálezLa "cueca larga" de los PincheiraUna montonera realista en la independencia sudamericanaPrólogo de Luis Corsi OtáloraColección El "otro" bicentenarioCon el patrocinio de la Fundación Francisco Elías de Tejada - Madrid
192 págs. 978-987-1036-49-3Argentina: $ 49.00.- España y resto de Europa: € 14.00.-
Los Pincheira fue el nombre por el cual se conoció, durante la Guerra de la Independencia o de Secesión hispanoamericana, a una montonera, partida o guerrilla en la que militaron algunos oficiales del ejército realista de Chile, pero que, esencialmente, estuvo constituida por criollos de aquel país, como los hermanos Pincheira, quienes acaudillaron y dieron nombre a la hueste que luego de las derrotas de Chacabuco y Maipú, compartiendo, quizás la convicción del personaje de Ionesco en El Rinoceronte: “Soy el último hombre (...) Nunca capitularé”, permanecieron leales a las banderas del rey, apoyándose en numerosas comunidades indígenas de ambos lados de la cordillera e iniciando un combate que se prolongó hasta 1832, en la provincia del Neuquén, en suelo argentino.
Estos títulos pueden adquirirse en"Nueva hispanidad"o en las librerías habituales,
Consultas por mail a:
Naturalmente, en Nueva Hispanidad
" LOS REALISTAS CRIOLLOS ", DE LUIS CORSI OTÁLORA
Ediciones Nueva Hispanidad
- Llevaba mucho tiempo esperando este libro. Supe de su génesis a través de mi amigo Félix Della Costa. De Corsi ya tenía Bolívar, la fuerza del desarrago y " ¡ Viva el Rei ! Los negros en la independencia. Tuve con él varias conversaciones telefónicas y hasta le " presenté " el de los negros de la independencia en la televisión local. Fueron libros que me entusiasmaron mucho, y comprendí por qué Menéndez Pelayo recordaba el buen hacer de los colombianos para con la lengua castellana, apuntando que la Bogotá decimonónica era considerada la Atenas de Sudamérica. Pablo Victoria refrenda ello en su obra Al oído del rey.
Los realistas criollos es acaso el trabajo culmen de esta trilogía de revisión histórica, donde Corsi se centra en las amplias áreas venezolanas y neogranadinas en una parte de la historia tan importante para todos los hispanos y de la cual sólo hemos podido escuchar una versión, y quizá más desde España, donde en plena puerta de Indias existe un monumento a Bolívar que fue traído por Juan Carlos....Para esta pieza historiográfica, Corsi se centrará en la frase de Germán Roscio a Simón Bolívar: " La España nos ha hecho la guerra con hombres criollos, con dinero criollo, con provisiones criollas, con frailes y clérigo criollo y casi todo criollo ". A saber, que las llamadas " guerras de emancipación " no fueron tales, sino grandes guerras civiles hispanoamericanas, donde pelearon americanos contra americanos, con muy poca presencia peninsular/isleña. Que si esas dolorosas guerras se prolongaron tanto, y que si Bolívar llegó a llamar a Venezuela " la Vendée de América " fue por algo. Como fue por algo que Torre Tagle o Riva Agüero volvieran a la causa realista hasta resistir en el Callao; como fue por algo que el general Santander " reculara " ante la política bolivariana y que los que habían luchado en el bando realista lo proclamaran como su hombre de orden a los años. Que si Simón Bolívar fue independentista y masón, murió bastante arrepentido, y su hermana María Antonia fue realista leal, " la criolla principal ". Que hubo colaboradores de Bolívar como F. Zea, acaso un " Talleyrand hispano ", que intentaron hacer a los años una " Commonwealth hispánica ". Y que uno de los más grandes apoyos que tuvo el realismo americano fue la indiada, a los años tan despreciada por las distintas repúblicas. La indiada y las " castas " que a los años apoyarían con fervor a Juan Manuel de Rosas en la Argentina o a García Moreno en el Ecuador. Los grandes derrotados de la guerra a muerte de Bolívar, como tantos españoles que fueron exterminados o exiliados.
Se centra, como digo, en las áreas neogranadinas, pero se expande por toda Hispanoamérica.
Lo cierto y verdad es que desde las primerizas proclamas de Miranda, se buscaba entregar Hispanoamérica a la Pérfida Albión; desde primera hora no se buscaba " libertarla ", sino entregarla por una minoría dominante y oscura; y no se buscaba " libertarla " porque no era un conflicto de invasores contra invadidos. Se buscaba " cambiarla "....
Lo cierto y verdad es que evoluciones y diferencias se dieron en ambos bandos, pues en los realistas no sólo hubo tradicionalistas, sino también liberales. Y en esto no entiendo ni comparto la visión de Corsi acerca de las Cortes de Cádiz; un tema tan complejo y tan a desarrollar. Y aun en eso se ve el amor hispanista de nuestro maestro de Tunja. Y es que como él dice, hubo realistas americanos en el Manifiesto de los Persas, y hubo masones españoles combatiendo con Bolívar. Hubo de todo en todo.
Lo cierto y verdad es que los criollos no estaban discriminados en nuestra América. Lo cierto y verdad es que el desorden copó a ambos bandos americanos, viviéndose verdaderas guerras internas, traiciones y ambiciones descaradas en su interior. Amén de entrevistas secretas que, como apuntaba Madariaga, acaso contienen la clave de hechos como Ayacucho....Y luego, muchos gerifaltes realistas en América, en la Piel de Toro serían violentamente antilegitimistas, desde Morillo a Espartero.
En todo ese maremagnum, hay que apuntar obligatoriamente hacias Las lanzas coloradas de Arturo Uslar Pietri; que según Luis Corsi y José Manuel González, constituyen el primer puente para una revisión histórica de las Indias Ibéricas.
En general, Corsi destaca el amor de los pueblos hispanoamericanos hacia las instituciones y tradición emanadas de la Corona Católica. Caso que se vio muy reflejado en México, que por obra y gracia de Yanquilandia y de sus traidores " propios ", se tuvo que ver republicano y sin tierra; y que no pudo ser con el emperador Maximiliano de Austria porque no era un problema de forma, sino de contenido.
En fin, un libro que creo de imprescindible como puente cercano hacia un encuentro historiográfico de las Españas Ultramarinas. Mientras veamos estos magnos hechos como si habláramos entre extraños y echándonos cosas en cara, y continuemos en " pasiones partidistas " ( Todos somos culpables de esto mismo ) nunca podremos lograr nada serio y nunca podremos reencontrarnos en nuestras comunes orillas. No fue una guerra de invasores contra invadidos, fueron guerras civiles hispanoamericanas; cuyos trágicos resultados aún no ha superado Hispanoamérica, ni tampoco la Vieja España. Pero como dijo Rubén Darío, aún quedan muchos cachorros sueltos del león español, y Amado Nervo decía que tuviéramos esperanza....
Luis Corsi Otálora ( Colombia )
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Última edición por Ordóñez; 05/12/2009 a las 12:19
"De ciertas empresas podría decirse que es mejor emprenderlas que rechazarlas, aunque el fin se anuncie sombrío"
Vaya. Pues vive Dios que es una hermosa imagen.
¿ El artículo en cuestión es de tu cosecha, amigo ? Te recomiendo vivamente, tras los de Corsi, La " cueca larga " de los Pincheira de José Manuel González ( Editorial Nueva Hispanidad ), que me estoy leyendo ahora y estoy disfrutando tela.
HUACHACA
¡ Navala victoria !
¡ Mamacha Rosario !
Antonio Huachaca,
Príncipe del Incario,
Van los iquichanos,
Feroces y leales,
Tremolando orgullosos,
Las banderas reales,
Por la Religión y el rey,
Los indios galopan,
Libres como cóndores,
Sudando su honra,
Nobleza hispánica,
Bien reconocida,
Adhesión popular,
Coraje realista,
Sin querer revoluciones,
Ni criollas ni peninsulares,
Por un imperio católico,
Braveza a raudales,
¿ Independencia de qué ?
¿ Libertad obligada ?
Sangrientos sofismas,
América aherrojada,
El Perú ya era libre,
Flor y nata de las Indias,
Su solera virreinal,
Provocó gran codicia,
Así, Huachaca, pues,
Fue el gran capitán,
De unas huestes indómitas,
Resistencia y fidelidad,
En las pampas de Quinua,
Aún se sigue escuchando,
¡ Navala victoria,
Mamacha Rosario !
Y así yo propongo,
Algo para Sevilla:
Estatua para Huachaca,
Abajo la de Bolívar.
GUERRILLEROS PINCHEIRINOS
- A Félix Della Costa, José Manuel González y Luis Corsi Otálora.
Guerrilleros pincheirinos,
Del rey vuestra bandera,
Váis cortando los vientos,
A ambos lados de la cordillera,
Caudillos de los Andes,
Con fama de bandoleros,
En ello no digo,
Que no haya algo de cierto,
Pero más bandido es Bolívar,
Y lo llaman libertador,
Cuando viene desangrando,
El americano corazón,
Váis teniendo en Neuquén,
El epicentro de vuestra guerrilla,
Capitanía chilena y argentino reino,
Es la monárquica correría,
Terror del tirano O´Higgins,
Fobia del " ilustrado " bonaerense,
Cabalga la mesnada de los Pincheira,
Mirando de cerca a la muerte,
Improvisados son los tercios,
De aquel Flandes indiano,
Aliados de los pehuenches,
Hacia Los Maitenes y Roble Huacho,
Como las hordas celtíberas,
Como el ínclito Ben Hafsún,
Tonadas conquistadoras,
Del extremeño y el andaluz,
De sangre galaica,
Encauzada en la tierra,
Que a la Patagonia mira,
Bastante de cerca,
Centauros aventureros,
Blancones, indios y mestizos,
En la gran guerra indiana,
Español vuestro destino,
Aún en dificiles tiempos,
De unitarios y federales,
La indómita Araucanía,
Con las banderas reales,
Y hasta la isla de Chiloé,
Y aún en las estancias,
Va soplando un perfume,
De fragancia roja y gualda,
José Antonio Pincheira,
Paréceme el mejor,
El que fue a descansar,
Su cristiano corazón,
¿ Leyendas ? Ni rosas ni negras,
Sólo la memoria americana,
Que no sea " exclusivista ",
Que no sea " interesada ",
España debería su gratitud,
Mas premia a sus enemigos,
¡ Pues algún día llegará la hora,
La hora de los pincheirinos !
CARTA A UN CHOLO PERUANO
- Querido cholo:
En primer lugar, te aclaro el encabezamiento de esta epístola, pues como " cholo " se conoce en amplios pagos de nuestra América del sur al mestizo indiado, y así como los hispanos nunca hemos tenido que recurrir a la hipocresía " de color ", puesto que todos tenemos alguno ( El campeón José Legrá dice que él es de color negro ), para situarnos, esta es la carta de un blancón andaluz, de un blancón rubiote, grandón y poco agraciado a un cholo del Perú que es de las pocas personas en el mundo que puede competir en el diámetro cabezón conmigo. Durante unos tres siglos tuvimos la misma Fe, la misma gran patria y el mismo rey, pero eso cambió hace mucho. Y de por qué y de cómo cambió es de lo que no te enteras. Sabes que hablamos esto amigablemente siempre que podemos, pero me gustaría que esta " carta pública " pudiera hacer pensar a más de uno, ya español, ya hispanoamericano.
No hay " motivo etnicista "; pues creo que sabes de mi babeo ante negritas, mulatonas y mestizas, y que prefiero a un hispanista americano a un español traidor por encima de fenotipos y haplogrupos, que desde hace mucho me importan tanto como la reproducción de los coleópteros.
Bueno, al grano: Recuerdo, cholo peruano, que te referí que los que más se resistieron a la mal llamada " independencia " fueron los indios, los más acérrimos enemigos de Bolívar. Sabes que esto no es cosa mía, sino que lo admitieron González y Arizmendi. ¿ Qué diremos de Roscio, aquel que dijo a Bolívar: " La España nos ha hecho la guerra con hombres criollos, con dinero criollo, con provisiones criollas, con frailes y clérigo criollo y casi todo criollo ". Hasta los historiadores más marxistas y más hispanófobos, como aquel profesor mío que me impartió Historia de la Esclavitud en América e Historia de América de quinto curso, miembro de la cofradía de San Che Guevara y cuasi asesor de Chávez lo admitía. Es una verdad, un hecho; y claro, no hay más fuerza que admitirlo. Lo que pasa es que tú dices que eso es así porque eran unos renegados....Y dices renegados porque te puse el ejemplo de Antonio Navala Huachaca, el caudillo iquichano que levantó a buena parte del Perú por el rey de España, a quienes los amerindios con entusiasmo llamaban el Inca Católico. Y dices renegados porque aludes a que muchos caciques indígenas tenían muchas prebendas con la Corona y que estaban muy bien, y que por eso, renegaban.....Y no voy a negar que recibieran prebendas. Es que no sólo eso, es que su nobleza fue reconocida por la Corona con títulos y tierras. Así como los criollos no estaban discriminados, y ostentaban muchos de los altos oficios así como la " independencia económica ". Lo mismito que hicieron franceses, ingleses y holandeses; lo mismito que hacían los aztecas con las tribus a las que sometían a sangre y fuego...Pero hablemos de renegar y esas cosas.
¿ Renegados de qué ?
Que un descendiente de nobles incas a principios del siglo XVI pudiera calificar de " renegados " a los cañaris o mochicas que entraron con Pizarro hartos del imperialismo incaico y más aún a raíz del traicionero usurpador Atahualpa, no lo comparto, pero lo podría entender. Que un descendiente de sanguinolentos aztecas calificara así a tlaxcaltecas, otomíes, zapotecas o tarascos que estaban hasta allí donde dijimos de los sacrificios humanos y demás historias pues....Pero que tú me califiques las Guerras Civiles Hispanoamericanas de eso....Pues no. No es cierto. No eso objetivo. Verás, cholo peruano, no fueron guerras de invasores contra invadidos. No fue tampoco, una guerra entre Revolución y Contrarrevolución, pues grosso modo, ambos aspectos se dieron en ambos bandos y en los distintos momentos de la contienda; ya te digo, liberales y tradicionales hubo en ambos bandos así como hubo cambios de bando; así como hubo realistas americanos firmando el Manifiesto de los Persas y españoles masones bajo las banderas de Bolívar; así como hubo realistas americanos y españoles amigos de las falsas cortes liberales, y lo que te rondaré morena. Se aró en el mar, querido cholo, y el maremagnum aún hace mucha mella, en una incomprensión que ya alumbra el par de siglos. Fue una guerra entre americanos, donde la presencia de hijos de la Península Ibérica y tierras adyacentes fue mínima, según no pocos historiadores, no llegó ni al 10 %. Fue una guerra entre americanos que quisieron seguir siendo españoles y entre americanos que quisieron ser otra cosa. Ganó la última opción, y como dice nuestro compatriota en la Hispanidad Pablo Victoria, la Nueva Granada conoció bajo el cetro español tres siglos de paz, y bajo la Colombia independiente, lleva dos siglos de guerras. En México por ejemplo se dio un caso curioso: Tanto realistas como patriotas no tragaron con el Trienio Liberal, y bajo la persona de Yturbide, se intentó formar un Imperio Mexicano Católico bajo la consigna de " Religión, Independencia y Unidad ", y en su " constitución ", la amistad con la Madre Patria española. A los pocos años, los republicanos masones le hicieron el juego a Yanquilandia, y así, quedó México republicano y sin tierras. Se aró en el mar, cholo, se aró en el mar, y no sólo tuvieron culpa los americanos, pues desde España, desde la España que se acababa de desangrar contra Napoleón, el veneno de las logias tras el despotismo " ilustrado " hizo todo lo que pudo. Despotismo ilustrado que fue el que ya comenzó a hablar de América no como reinos, sino como colonias, y eso provocó más de un alboroto. Sí, lo sé, lo sabemos. Si aquí se sabe todo....
Cholo: El que era un renegado era Bolívar, quien, siendo de la aristocracia esclavista, creíase blanco puro cuando tenía algún antecedente indio y negro. Dice el refranero español que hombre chiquitín, mentiroso y bailarín. Bolívar siempre renegó de sus antecedentes y eso le tuvo amargado toda su vida, tanto que desde pequeñito maltrataba a sus esclavos con crueldad, como decía su tutor, Simón Rodríguez. Como le pasó a O´Higgins, el hijo bastardo de aquel irlandés que tanto sirvió a España, cosa en la que se destacaron muchos gansos salvajes gaélicos, como creo que sabrás; que hasta en Bailén se lució el regimiento de los irlandeses. No será el mismo caso de San Martín y Belgrano, quienes tenían amplios sentimientos monarquistas, pero su propuesta de " monarquía incaica " no fue escuchada ni por los descendientes de incas. Belgrano acabó tachando a negros y mulatos de " canalla cobarde "; aunque en fin, palabras malsonantes decimos todos. ¿ Pero sabes que le pasó al general San Martín, aquel que se distinguiera por su valor en Bailén frente a Dupont ? Pues que tuvo que " obligar a la libertad " a los peruanos; y después de tan durísima empresa contraria a tu noble pueblo, Bolívar lo acabó arrinconando tras Guayaquil y acabó exiliado.
Los indios no fueron renegados. Ni lo fue Agualongo en la Nueva Granada, ni Juan de los Reyes Vargas en Venezuela, ni Huachaca en el Perú. Ni fueron renegados los negros y los mulatos como tropa del terrible astur Boves, ni lo fueron los Pincheiras entre la Argentina y el Chile, aliados del Arauco. Ni lo fue Vicente Benavides, ni Manuel de Zañartu, ni tantos otros.
Entérate que no fueron renegados, y los indios en especial, porque no pudieron; porque fueron leales a la Corona que les dio el ser, a aquella Corona federativa que fue la artífice de la unión de unas ínsulas y un continente bajo la Religión Católica y el rey de España. Las culturas prehispánicas, muchas de ellas dignas de estudio y admiración, jamás forjaron una unidad política; eso es un invento español, como la misma " idea de patria ". Las distintas etnias amerindias para entenderse han de usar la lengua de Cervantes, la misma que usó Arturo Uslar Pietri para su genial Las lanzas coloradas, primera piedra del monumento a la revisión histórica que merecen las Españas Ultramarinas. La misma lengua que tienen que usar, aun suponiendo a su pesar, Hugo Chávez, Evo Morales, el socialismo hereditario de los Castro en Cuba, Rafael Correa, el nicaragüense Ortega, el narco-Zelaya de Honduras....La misma que usó el Che Guevara y que tan bien escribe Gabriel García Márquez. La misma que usa en tono pedante y afeminado tu paisano Vargas Llosa. Hasta los indigenistas, para continuar una ideología fabricada en los ricos laboratorios revolucionarios de Europa, han de usar el español para ir de antiespañoles, y ser asesorados por españoles ( Como Chávez el petrogorila ) para eso. Hasta el lusófono Lula promociona el conocimiento de la lengua española en las escuelas brasileñas.
También pasa que decir que un apache ha de entenderse mejor con un patagón por el " hecho racial " es la misma estupidizada y racistoide idea del europeísta que piensa eso del argivo y el escandinavo. No, cholo, si los amerindios se entendieron fue imprimiendo su propio sello como reinos de las Españas. Como fue el catecismo quechua y como fue la cátedra de quechua en la universidad peruana, fue el arte indio-cristiano en el México de los franciscanos.
¿ Renegados ? No, repetimos. Leales. Leales a una esencia, leales como conductores de su pueblo, leales y libres para amar y reconocer una realidad. Una realidad que vio la luz cuando al indio Juan Diego se le apareció Nuestra Señora en su Advocación Guadalupana. Una realidad que los indios defendieron con uñas y dientes y así se les creó Bolivia, como estado tapón, rellenando la megalomanía de Bolívar, para perjuicio incluso de los futuros estados suramericanos.
¿ Renegados ? Pues amigo cholo, que yo sepa, tú no hablas ni quechua ni aymará, sino español, y estás casado con una española, la misma que te dio los papeles y que a mi parecer es más bien feota. Tú te has venido a España, así que no has conservado nada del purismo racial indio. Tu antepasado blancón debe proporcionarte graves crisis de conciencia por renegar de la posibilidad de darte una pura raza amerindia. Porque amigo, veo que tu " teoría ", que no objetividad, se empieza a regir por principios racistoides; es decir, cañaris y mochicas tenían que haber aceptado a Atahualpa, aun siendo este un tirano que tiraba de esclavitud, por el hecho de que era de su raza. Pues no, amigo, no es eso. Y como la realidad no os gusta, tenéis que justificarla de algún modo, y si puede ser con leyenda negra salida de España, mejor que mejor. Leyenda negra que pueden ver los miles y miles de ecuatorianos, colombianos, bolivianos, argentinos, etc., que emigran a la malvada España que tanto supuesto daño les hizo. Así como tantos españoles emigraban a las Indias, a las Indias donde supuestamente, a los chapetones y gallegos brutos no se nos puede ni ver porque fuimos unos sanguinarios invasores que sólo buscábamos oro. Pues no amigo, tampoco es esa la realidad. Tú dices ser ateo, pues tú sí que eres renegado, porque ni incas ni españoles fueron ateos, tu tierra nunca fue atea. Y aún en Ayacucho y en Arequipa vibra el barroco cofrade como expresión lógica de un pueblo hondamente espiritual, que vivió en la Catolicidad su plenitud como flor y nata de las Indias.
Si se conservan el náhuatl, el quechua, el aymará, el maya o el guaraní fue por la acción de los misioneros españoles, los cuales tenían como obligación aprender una lengua indígena para catequizar, y así, mi antepasado y paisano Fray Juan Calero fue el primer español en aprender la lengua náhuatl. Te recuerdo que los indios peruanos no usaban la escritura como no usaban la rueda; mientras que, cuando se asentaba la universidad en Santo Domingo, las tropas de Hernán Cortés introducían la imprenta en México. Renegado serías por tu lógica, ya que escribes y usas la rueda. Escribes sólo en español, aunque si escribieras en quechua, serías un renegado, pues eso es un invento español. Renegados los indios que usaron las bestias europeas y aliviaron la carga de las espaldas. Renegados los que añadieron a su dieta mediterránea la papa y el maíz y los que aliñaron su dieta amerindia con trigo y aceite. Que no cholo, que ni las llamas ni los caballos renegaron, ni los chihuahuas ni los mastines. Y que si existe el joropo, es por los españoles, así como si existe el flamenco es por la influencia americana, de los tangos al tango, que tanto viene estudiando un tal Ortiz Nuevo. Y que la flauta del Incario se complementa con la flauta rociera, al igual que la cueca chilena y la marinera peruana recuerdan a las sevillanas, y éstas recuerdan a las seguidillas manchegas; como las alegrías de Cádiz parecen evocar a la jota, como el fandango de Huelva y las verdiales de Málaga conservan similar métrica; como la rumba es caribeña.
¿ Renegados ? ¿ Y cómo llamaremos entonces a los que fusilaron a Santiago de Liniers, aquel auténtico prócer que derrotó al invasor británico, invasor británico que luego sería camarada de muchos separatistas ?
¿ Renegados ? ¿ De qué, de gorros frigios que nunca vieron las Indias hasta el veneno masónico ?
Amigo, entérate: Los cholos no pintaron nada en la mal llamada " independencia ". La independencia fue mayormente una cosa de blancos. Un blanco que sirvió en el ejército español, luego en la Revolución Francesa, luego como agente inglés y también en imperiales lechos de la Eslavia Oriental, un tal Miranda, quería separar a América de España para entregarle el Nuevo Mundo a los británicos como protectorado; y los británicos, cholo peruano, desde que fueron humillados por el vasco Blas de Lezo en Cartagena de Indias y por el malagueño Bernardo de Gálvez desde la Luisiana estaban esperando su oportunidad dorada. Británicos, franceses y yanquis que se morían por controlar comercios, políticas, aduanas y ejércitos. Aquel Miranda a quien el renegado Bolívar traicionó, aquel Miranda que murió arrepentido mirando a la isla de San Fernando. Un hijo de españoles, como hijo de españoles sería José Martí. Aquel blanco elitista que tan amigo fue de prostíbulos y contrabandos, y que ya empezó sus correrías masónicas probablemente con Cagigal. Fue otro blanco, y colorado para más señas, hijo bastardo de un irlandés servidor de España, el que luego inauguraría su dictadura en el Chile. Fue otro blanco, San Martín, quien siendo bravo militar español, os " obligó a la libertad " a los cholos, indios y demás peruanos; y siendo más humanitario, rechazando de plano la blasfemia y la esclavitud, fue arrinconado por otro blanco que renegaba de sus antecedentes indios y negros: Bolívar, cuya hermana María Antonia, " la criolla principal ", fue realista. Bolívar, el mismo que declaró la guerra a muerte a todo peninsular y canario, el mismo que dijo que se tomaran esclavos para sus ejércitos, el mismo que reconocía la impopularidad de su causa, el mismo gran dictador que vetó a un Haití que le ayudó por racismo, el mismo que entregó a Miranda y que quiso ser servil a las autoridades españolas con mentiras hipócritas, el mismo loco partidista y fanático masón que amenazó a todos los españoles, españoles que muchos llevaban siglos allí, con la muerte; provocando matanzas y éxodos cuyos resultados aún repercuten en nuestra América. ¿ Aquellos no eran pobres inmigrantes, amigo, o sólo es inmigrante el sudamericano en la España del siglo XXI ? El mismo que dijo haber arado en el mar, el mismo que dijo que América era ingobernable, y el mismo que no supo si torpedear el intento de Commonwealth hispánica del veleta Zea, acaso un Talleyrand indiano. El mismo que murió arrepentido maldiciendo a la masonería, tras reconocer años antes que ya sólo luchaba por su propia gloria. El mismo que tenía en el lunático Lope de Aguirre como ejemplo de primer independentista americano, y el mismo que tanto alababa a ese falsario, esquizofrénico y esclavista que fue Bartolomé de las Casas, tan bien refutado por Enrique Díaz Araujo o Ramón Menéndez Pidal, entre tantos.
El mismo, querido cholo, que, siguiendo a nuestro colombiano Luis Corsi, acaso encabezó la secular lucha entre encomenderos y Corona, que mucho de eso hubo en la mal llamada " guerra de la Independencia ", realmente gran guerra hispanoamericana.
¿ Renegados ? Pues también hubo muchos españoles. Los que los carlistas en la Argentina llamaban " los ayacuchos ". Sí, cholo, Espartero, Morillo; después fervientes liberales. O el Rodil que resistió en el Callao con Riva Agüero y Torre Tagle, después radical anticarlista en España y combatiente contra el miguelismo portugués al servicio de la Europa revolucionaria. O el masón republicano Picornell. O el venezolano Narciso López, que después de combatir en el bando realista, fue el que ideó la bandera masónica de Cuba, con la idea de que fuera un estado más del sur gringo. Hasta el mismo José Antonio Saco llegó a recelar del independentismo que él tanto defendió porque el separatismo cubano, siempre minoritario, era mayormente anexionista pro-yanqui. O el traidor Maroto, que después de ser realista en América, fue el artífice del abrazo de Vergara. En esa ocasión, Cabrera no se rindió. En América también hubo Vergaras, pero ni los iquichanos ni los pincheirinos se rindieron. En América hubo entrevistas secretas amigo, entrevistas secretas entre los fusiles y las batallas, en pleno escenario bélico; intrigas para dar, regalar y tirar, que movieron muchos hilos de acontecimientos; como aquel motín organizado que impidió que la única idea medio buena que tuvo Godoy, de llevar a la Familia Real a México, no se realizara. Y luego, los mismos " ayacuchos " llegan a la Península y son hasta condecorados por Fernando VII....Los mismos que luego apoyarían el golpe que dio su esposa, una María Cristina ávida de guardias de corps y poder político, en coalición con la masonería. Ay, cuántas cosas, cholo; por eso será que nos gusta tanto eso de la prensa rosa por aquí....
La independencia no se hizo por los tuyos, cholo. Fue pensada como protectorado británico. Luego fue un gran maremagnum donde los tuyos mayormente apoyaron a los realistas. Muchos acabaron apoyando al general Santander a los años, y otros, totalmente decepcionados con el Trienio Liberal-masónico. No sólo fue el caso de Agustín de Yturbide, realista leal, americano de ascendencia navarra acosado injustamente por las obtusas autoridades de la Vieja España, sino el caso del bravo indio Juan de los Reyes Vargas. Trienio Liberal, amigo cholo, que impidió por la gracia de Riego que salieran miles de soldaditos españoles hacia América; pero en fin, eso era algo que ni la insuficiente Santa Alianza quería en el fondo.
Sin embargo, un peruano llamado Leandro Castilla, hermano de aquel Ramón Castilla a quien el renegado Sarmiento despreciaba por sus " ideas godas ", combatió en la bandera carlista. Sarmiento y su Facundo es todo un ejemplo de la desnaturalización de las Indias, del desprecio del señoritingo repipi por la tierra que le vio nacer, del artificio revolucionario monstruoso cuya ideología imperó hasta contra los criollos de orden que fueron derrocados por la saña que para más sorna llaman " civilización ilustrada ". Ése, como Bolívar, es todo un ejemplo de la fuerza del desarraigo, del complejo de Edipo, que hasta mayo del 68 llevó eso de " matar a los padres ", que un triste drogadicto como Manolo Kabezabolo cantaba en sus canciones punks.
Ya te dije lo que dice Pablo Victoria, quien ha hecho un magnífico libro basado en Joaquín Mosquera Figueroa, el cual fue un neogranadino españolista pero más bien liberalote. Dejad de echarnos las culpas ya a los españoles, a los americanos que quisieron seguir siéndolo se los masacró, y ya han pasado dos siglos prácticamente desde aquello, a excepción de un Puerto Rico que nunca quiso tal cosa hasta la invasión yanqui, pasando por la barbarie de estos en Cuba y las Filipinas; pagándole así de bien a Bernardo de Gálvez que humillara al imperio británico en su suelo; suelo que fue civilizado por españoles, como aquel bravo Coronado hacia Nuevo México, como aquel Ponce de León desde la Florida.
Déjate de historias, caro cholo, y analiza bien lo que sucedió en tu tierra, lo que sucedió y sucede en la mía, y de cómo está nuestra gran patria común. No hables de renegados porque los " tuyos " defendieron lo suyo con coherencia y en libertad. No quisieron restaurar un fantasmagórico Tahuantinsuyo, como no fueron renegados los celtíberos que se aliaron con Roma.
De los celtíberos y Roma hay mucho que hablar para con América. Amigo, porque no valen ejemplos como los de la Reconquista o la guerra contra Napoleón, que muchos españoles traidores deploran. No, porque como te digo, la idea de patria, la realidad de unión, en unas vastas regiones que tenían plena autonomía, la recibieron con la Corona. No digo que no admires a los bravos indios que se enfrentaron con los conquistadores, pues el mismo Alonso de Ercilla, en La Araucana, así lo plasma, tan bien recolectado en un libro de nuestro compatriota Sebastián Sánchez. Pero al igual que yo admiro a Viriato, no quiero renegar de Roma, pues Roma fue la que nos dio la idea de unidad; Roma nos dio una lengua y una cultura y en Roma nos entró la Santa Fe. El Imperio Romano se desmoronó, pero si España se mantuvo en su esencia romana fue por el Altar y el Trono, y esa esencia romana la vivió el Nuevo Mundo por España. Así, que los americanos reneguéis de España tendría el mismo efecto que los españoles renegáramos de Roma; que es lo que hacen los traidores subvencionados que rebuznan sobre Al Andalus y establecen imposibles comparaciones, y ya ves los resultados.
La independencia no se hizo por la autenticidad americana, cholo, sino en base a extravagancias gálicas, anglosajonas y desquiciamientos hispanos varios. Combatieron americanos contra americanos, y a mi juicio, hubiera sido mejor que América no se hubiera separado de España. Es más, a mi juicio, hubiera sido mejor que las reformas borbónicas se hubieran encaminado hacia los planes de nuevos gobiernos americanos que le propusieron a Carlos III y que al final no cumplió, acaso firmando la sentencia de muerte imperial en la expulsión de los jesuitas. Pero como convenimos, la historia no tiene vuelta de hoja, aunque tú, como otros tantos hispanos, quiera acomodarla a su interés ideológico; igual que en su día quiso un Túpac Amaru conocedor de las leyes de Indias y que, consciente de su nobleza, le dio una patada en el culo al socialismo y se quiso reclamar emperador indio cristiano de Sudamérica. Así como las banderas británicas entraron con Bolívar y ya estuvieron presentes con Túpac Catari. Ay, cholo peruano, quien nos entienda a los hispanos que nos compre....
Y como no nos entendemos, yo no acabo de entender eso tan socorrido de echarle tanta culpa a los Borbones. Los Borbones no fueron ni mejores ni peores que todo absolutista ilustrado dieciochesco. Si hablamos de Pombal en Portugal, del josefismo austriaco o de Pedro el Grande en las Rusias....Y tanto criticar a los Borbones, pues los argentinos escogieron " su bandera " e influenció hasta la América Central, la albiceleste, la de la Inmaculada, la banda que llevaba en su juventud el que luego fue Carlos V, Rey Legítimo de España, quien en " La Gaceta de Oñate " llamaba a sus vasallos de entrambos hemisferios.
No hablo de " restauraciones imperiales ", cholo peruano, pues como sabes, la Historia, pocas vueltas de tuerca suele admitir. Yo me conformo, con Carlos VII de España y Juan Vázquez de Mella, a reivindicar una " alianza confederal ", basada principalmente en lo diplomático y lo económico, conjugado con nuestra Fe común y nuestras culturas de tan rico tronco; y contra nuestros intereses que tanto persiguen los enemigos aunque estemos en nuestras horas más bajas. Y me temo, querido cholo, que hasta que no vuelva a alumbrar el faro de la Monarquía legítima y foral, eso no sucederá. Ésa será la mejor " Cumbre Iberoamericana ". Pero el caso es que América sigue desunida y siendo presa de los más variopintos y grostescos intereses internacionalistas, y América, en el fondo, seguirá buscando la Corona que perdió. Y como América sigue desunida, la península no le hace ascos.
Ay, la Corona, cholo, la Corona que perdióse sin que muchos americanos lo quisieran, americanos que no fueron renegados por ello. Renegados hubo a entrambas orillas del Atlántico, y vaya que por desgracia si quedan....Pero objetivamente quedan definidos en esta pesada epístola, y no como tú intentas hacer, caro cholo. Corona que aún nuestra América sigue buscando, pues de reyes y reinas tiene que hablar hasta en fiestas de hortalizas.
¿ Renegados ? Ay, amigo cholo, si en la actual Bolivia el castellano no era la lengua mayoritaria usada hasta la " ilustrada independencia " de Sucre; si se hablaba del " Estado de Arauco " en la capitanía del Chile, con relaciones diplomáticas de la Corona....Luego llegaron los liberales de la Argentina y el Chile y fuego con los malones....¿ Cómo muchos de esos indios no iban a querer estar con España, cholo ? ¿ Te crees que eran tontos y no sabían lo que se avecinaba ? ¿ Te crees que los que entraron con Pizarro y Cortés no sintieron la misma situación ? ¿ Por qué te crees que aún en la isla de Chiloé ondean banderas rojigualdas, por qué te crees que en Pasto sigue tan buen recuerdo de Augalongo y por qué en no pocas zonas de Venezuela hasta entrado el siglo XX se recordaba al " Taita " Boves ? A Boves, que Victoria y Corsi coinciden en que acaso es un antecedente de los " paracos " y no que fue ningún santo, ¿ pero es que lo fue Bolívar ?
Volvemos a lo que decíamos antes: Los que más reniegan de España, han acabado imponiendo el español por la fuerza, en contra de la propia ley de Felipe II. Por eso, no te extrañe que aún haya indios bolivianos que sigan diciendo que a ellos sólo les da órdenes el rey de España. Te extrañará mucho y te joderá más, pero tiene mucha lógica.
¿ Renegados ? Pues mira, no lo fue Juan Manuel de Rosas, que era republicano, y que de niño se había batido con hermosa fiereza contra el invasor británico que fracasó en el Río de la Plata. Invasor que estuvo con los renegados, como el ya mentado Sarmiento, y los intereses masónicos. Invasores y renegados que nunca toleraron a las llamadas " repúblicas tradicionales " en términos de José Manuel González; las " ideas godas ", cholo, las " ideas godas ", las de García Moreno en el Ecuador, las de Carreras en Guatemala, las de Rosas en la Argentina, las de Castilla en el Perú, y hasta, qué se yo si ahí entra la " política posterior protonacionalista " de Santander en Colombia, o entra también Francisco Solano López, mariscal del Paraguay, criollo de los guaraníes.....La Religión y la patria, cholo, y la alta conciencia social nunca marxista. Por eso, los criollos y las " castas " aclamaban a Rosas como el restaurador, porque los americanos de verdad cholo quieren que en las Indias Iberas sea restaurado el orden tradicional. Pero la Religión Católica, Apostólica y Romana, y no la de Netón o Kukulkán; y la patria del molde virreinal, pues no hubo patria de Olindico a Indíbil ni de Atahualpa a Moctezuma. La patria es definida y sublimada como amor a la tierra de los padres sin desmerecer la vocación universal por lo católico. Roma señaló el testigo y España lo recogió. América se llamó así por Américo Vespucio, América tuvo cabildos, audiencias y Leyes de Indias, herencia del Fuero Juzgo y las Partidas alfonsíes, a las que se aferraron los indios defensores de la gran patria común.
La Religión y la Patria que el negrito Juan Valiente defendió como conquistador en el Chile. La Religión y la Patria de la que formaron parte " los otros conquistadores indios ". La Religión y la Patria que, en palabras del ya mentado Uslar Pietri, fabricaron un molde cultural que hizo posible un gran patria común para blancos, indios y negros.
Por eso cholo, quiero que entiendas que estamos en un conflicto poliédrico, tremendamente poliédrico. Que nuestras tierras fueron desquiciadas como toda la Cristiandad y nunca podrán asimilar la Revolución, aportando Ramiro de Maeztu muchas claves al respecto. Y que en esas grandes guerras civiles hispanoamericanas, los renegados no fueron los indios de Huachaca que gritaban " ¡ Navala Victoria ! " y " ¡ Mamacha Rosario ! " mientras ondeaban las banderas de la Monarquía Católica; los renegados fueron otros. Los renegados fueron los que triunfaron y así se sigue su terrible senda, y de aquellos polvos estos lodos. Aunque, pensando con Rubén Darío que aún quedan sueltos muchos cachorros del león celtibérico, podremos también tener esperanza con Amado Nervo, pues somos de raza de águilas y leones....Y no sé por qué no podremos cantar juntos, con José Santos Chocano, a los caballos de los conquistadores.
Entérate, cholo, que de esa pléyade de historiadores hispanoamericanos que luchan contra la leyenda negra, ninguno es renegado. En estos últimos tiempos, son más los americanos que los peninsulares en presentar batalla al respecto: Rómulo D. Carbia, Patricio Maguire, Antonio Caponnetto, Enrique Díaz Araujo, Luis Corsi Otálora, Pablo Victoria, Luis Alfredo Andrègnétte Capurro, José Manuel González, Fernán Altuve.... Y entérate que las " publicitaciones de independencia " a las que España acude mansamente se hacen por el odio anticatólico. El odio antiespañol lleva mucho de eso. Por eso se celebra la cultura maya pero se llegará a considerar a Don Pelayo como un facha xenófobo. No es que todos los separatistas fueran anticatólicos ni mucho menos, ni todos los realistas de América fueran católicos del alma; lo que te digo es que la " promoción " con dinero europeo se hace por eso, falseando hasta las mismas Guerras Civiles Hispanoamericanas, cosa en la que se complace tanto la burguesía euro-progre como los tiranos que pretenden convertir a Iberoamérica en una unión soviética. Si España hubiera llevado el islam a América, ten por seguro que la " independencia " sería considerada ignominiosa. España no llevó el islam; llevó algo de mudéjar, de ese arte tan maravilloso que pregonan los Reales Alcázares de Sevilla; que no " barroco árabe " que se vende como turismo en Colombia, y que denunció en su día Serafín Fanjul. Y yo no tengo problemas con los árabes, y menos con los cristianos, muchos emigrados en Hispanoamérica; con lo que sí tengo problemas es con el islam, que tanto avasalla a esos cristianos árabes; el islam del que se liberó España, y el mismo año que recuperó Granada, Colón zarpó hasta llegar a Guanahaní. Y a los años, un mestizo nada renegado, como fue el Inca Garcilaso, luchó codo con codo con Juan de Austria aplastando las rebeliones islamistas de las Alpujarras, rebeliones acaudilladas por un renegado español, Hernando de Córdoba y Valor, que se hizo llamar " Abén Humeya rey de los moros ".
¿ Ves como atando cabos se llega a lo que es renegar y a lo que no ? Si en el fondo es medio fácil....
En fin, querido cholo, no sé si esta carta llena de barroquismo sevillanito y extensión innecesaria te habrá servido de algo, no sé si le servirá a españoles e hispanoamericanos; a mí al menos me sirve como desahogo y como pobretona reflexión. Y no sé si lo comprenderás, pero quiero hacerte comprender que la estatua de Bolívar en Sevilla ( Que trajo Juanca, ese que hace tan pingües negocios con los tiranos que sojuzgan la Hispania Americana ) no pinta nada, que mejor estaría una de Antonio Navala Huachaca o de Agustín de Agualongo, pero España siempre suele premiar a sus enemigos e ignorar cuando no insultar a quien la defiende.
Y ya está bien, cholo, ya está bien, mira que el futuro es poco halagüeño, y así no le haces ningún favor a nadie, y menos a tu linda tierra. Y no dejes de recordar, cholo, que fueron americanos los que empezaron a reivindicar el 12 de octubre, que fue el argentino Irigoyen, y que fue algo muy apoyado por el mexicano Vasconcelos, y hasta António Sardinha lo reivindicó para la familia lusa en la Hispanidad. Echa cuenta, cholo, echa cuenta....Mira que amén de amigos, no dejamos de ser compatriotas a pesar de las vicisitudes históricas.
Y bueno, hasta más ver, un abrazo de tu amigo, de este bajoandaluz rural que cree que Sevilla es América, y que no entiende a España sin el Nuevo Mundo y viceversa; porque si lo contrario entendiera ( Dejando de un lado el argot mariconista ), sería un renegado. Me voy cantando habaneras, ya nos vemos en el trabajo.
"De ciertas empresas podría decirse que es mejor emprenderlas que rechazarlas, aunque el fin se anuncie sombrío"
" LA " CUECA LARGA " DE LOS PINCHEIRA ", DE JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ.
Una montonera realista en la independencia sudamericana.
Prólogo de Luis Corsi Otálora.
Ediciones Nueva Hispanidad
- Sí, ya sé que estoy poniendo el blog muy pesado con mi hispanoamericanismo, pero es lo que hay. Ya saben el alegrón que me llevé cuando el amigo Félix Della Costa envióme los libros. El de Corsi lo comentábamos hace muy poquito - " LOS REALISTAS CRIOLLOS ", DE LUIS CORSI OTÁLORA ; y ya estaba tardando el de Manolo.
Tengo aún muy fresco el recuerdo de aquel artículo de la revista " Maritornes ", que ha acabado dando título a este libro que hemos devorado en pocos días. La prosa poética, nerviosa y aguda del alma argentina, alma sanguínea en este caso de lo astur y lo galaico, ha hecho un trabajo de base que junto los de Corsi, y a la " intuición " de Las lanzas coloradas, han sido la valiente punta de lanza de la historia hispanoamericana silenciada. Nuestro autor se centra, en un estilo tan atractivo como veloz en los hermanos Pincheira y sus tropas, que resistieron hasta la primera década del XIX frente a los independentistas entre los actuales territorios de la Argentina y el Chile, siendo aliados de los indios y formando todo un " pueblo combatiente " al que corresponde el sambenito de " bandidos ".
Ni nosotros ni el autor negamos, pues, la correspondencia que hubo en todo ello. No estamos ante un trabajo hagiográfico. Pero sí estamos ante un trabajo reivindicativo, pues es curioso que la historia hispanoamericana a entrambas orillas del Atlántico sólo coincida en loas para los patriotas y en insultos para los realistas, recordemos, para los españoles americanos que no se quisieron separar de España. Asimismo, nos escama que las acusaciones de bandidaje se den en conflictos más o menos similares ( Que no idénticos, las Guerras Civiles Hispanoamericanas no fueron exactamente de Contrarrevolución/Revolución, o al menos, tal y como fueron en Europa ) , tales como la Vendée, el Brigantaggio napolitano, o el mismo carlismo español. Aunque más que ello, que es un tema controvertido y matizable, lo que sí nos parece una comparación más que acertada es para con Ben Hafsún, el caudillo de la Hispania meridional que hizo tambalear el califato; después que Don Pelayo y antes que el Cid mostró la resistencia cristiana. Hombres a caballo, tierra de fronteras, vida dificílisima, rudeza en la sangre; todo ello vivieron los Pincheiras, con su sangre gallega a cuestas, con los criollos y los pehuenches. Estudiando las correrías hafsuníes encontrará uno paralelismo, como lo encuentra en tantos otros episodios de la historia secular hispánica.
El dato del peruano Leandro Castilla en el carlismo asimismo es muy instructivo, muy de agradecer. Así como los datos del " Estado del Arauco " y las relaciones diplomáticas de la Corona con los amerindios del extremo sur; algo que seguía vivo en la época pincheirina.
Curioso asimismo que haya quienes se empeñen en el bandolerismo de los Pincheira mientras nos pintan como un santón laico de la libertad progresista a Bolívar, el autoproclamado dictador de la Gran Colombia que traicionó al precursor Miranda, el que quería a América entregada para la Pérfida Albión y sólo luchó por su gloria personal, declarando exterminio. Estamos más que seguros que si a los Pincheiras les hubiera dado por alistarse en el bando de O´Higgins, las acusaciones de bandolerismo serían más que fugaces.
González destapa el tarro de las esencias y defiende el " protocarlismo " en América por obra y gracia de los Pincheira. Nos parece arriesgado, pero caramba, ¿ por qué no ? ¿ Acaso son los Pincheiras muy distintos de muchos guerrilleros cabreristas, que del Maestrazgo a Murcia pusieron en jaque a la tiranía de la usurpación ? Aun así, sabemos que no todos los realistas, y en especial, la minoritaria oficialidad peninsular, era trigo limpio. Muchos fueron cristinos a los pocos años. Y qué diremos de Maroto....Pero algo parecido sucede a los guerrilleros españoles antibonapartistas, no todos eran como Riego o el Empecinado, había otros muchos como Gómez y Zumalacárregui. Creo que en nuestra América también ocurrió mucho de eso. Aunque el conflicto es tan poliédrico que lo podríamos ver en ambos bandos.
Como dice el mismo título, se centra en esta montonera sudamericana, pero, complementando los trabajos de Corsi, los va enlazando con las distintas resistencias y sentimientos realistas de toda nuestra América, trabajando sobre apéndices documentales que muchos quisieran llevar al olvido. De Manolo sólo conocía aquel luengo e interesantísimo artículo, con mi primera " lectura completa " de él, me he llevado una grata impresión, y ello después del nivel de exigencia de la impaciencia que tenía para con esta obra, que, como la de Corsi, Félix Della Costa me " adelantó " hace ya tiempo. Y en lo de apéndices documentales, ni por asomo son todos " amigos de los realistas ". En los mismos " enemigos " se halla, por ejemplo, la influencia británica en las tropas bolivarianas bien detallada, para que luego intenten difundir la causa realista como " cosa de ricos y foráneos ". González demuestra con los Pincheira por delante que eso no fue así.
Por supuesto queda mucho por hacer. Nos queda a los hispanos todos quitarnos muchas pasiones, pero eso es quizá demasiado pedir. La edición del " otro Bicentenario " de Nueva Hispanidad es sin duda una aventura intelectual emocionante y quijotesca. Estos trabajos son los cimientos de una casa que no aguanta más silencio, y más en estos turbulentos tiempos que nos están tocando padecer. Ya era hora de hablar del " otro bando ", ya era hora de explicar por qué aquellas dolorosas guerras se prolongaron tanto en el espacio y en el tiempo, entre hombres de las Indias, con tanta adhesión popular, donde las distintas razas combatieron. Estamos en trabajos que se ocupan en generalidad, levantando así el ánimo investigador y el afán del intelecto por trabajar en algo que nos compete a todos los hijos de la civilización hispano-católica. Y por Dios y por Nuestra Señora de Luján, que ya es hora de que España reconozca a quienes la defendieron hasta las últimas consecuencias. Sin leyendas rosas, sin leyendas negras.
Y yo, con mi despiste, al recibir el libro, como agarré primero el de Corsi, no me había fijado en la dedicatoria del autor. Muchas gracias Manolo, y muchas gracias a Félix, y quiera Dios que nos tomemos un buen mosto del Aljarafe algún día en el gran Buenos Aires, y que eso llegue más pronto que tarde. Manolo, dejaste el pabellón alto, y me ha encantado y enganchado el leerte. Me ayudaste mucho en mi formación, y esperemos que esto no acabe acá, sino que al contrario, sea un fulgurante y prometedor comienzo.
Sumérjanse, pues, en el océano de esta parte crucial de nuestra historia con José Manuel González, y dejemos los hispanos de vernos como extraños y más en este conflicto, pues nos explica muchas cosas que nos ocurren en la actualidad, donde ni unos ni otros somos libres en este mundo globalizado de salvajismo capitalista y culturilla progre.
Estimadísimo Ordóñez:
No se de donde puedes sacar tanto tiempo para tan extraordinaria erudición, pero bien se merece el esfuerzo que has hecho por el valor de la causa defendida. Tienes la compensación moral (además de la del deber cumplido por imperativo moral) de haber alcanzado el reconocimiento entusiasta de tantos hermanos de más allá del "charco". Esto me ha llenado de orgullo, satisfacción y esperanza. Gracias también a ellos por sus aportaciones y ¡VIVA LA HISPANIDAD !
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