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Tema: Carta a los Españoles Americanos

  1. #121
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    Re: Carta a los Españoles Americanos

    Centro de historia Juan de Dios Gomez de Castro







    200 años de independencia. Los indios fieles al Rey.


    200 años de independencia. Los indios fieles al Rey.


    Se pueden distinguir en primer lugar los tipos de guerrillas que se componen de los habitantes autóctonos de su propia área de actuación, y que son las más numerosas y estaban formadas por indígenas generalmente; y cuyas poblaciones estarían integradas dentro de los territorios virreinales, como en el caso de los pastusos de Nueva Granada; o estarían integrados por indígenas de zonas periféricas de los virreinatos, como el caso de los araucanos del sur de Chile o los indios Guajira del Caribe neogranadino. En segundo lugar están algunas formaciones guerrilleras que tienen su origen en agrupaciones militares realistas que se han dispersado, y son del país pero no son autóctonos.


    En el escenario descrito más abajo, especialmente a lo que a los habitantes de Pasto y a los llaneros se refiere, es donde surge el decreto de "Guerra a Muerte" de Bolívar (dado en la ciudad de Trujillo el 13 de junio de 1813) con cuyos términos esperaba Simón Bolívar contrarrestar las acciones casi invencibles de los llaneros contra los criollos. En el período comprendido entre 1813 y 1814 tanto Bolívar, en el Norte, como Nariño, en el Sur, lograron, en empresas simultáneas, conducir los enfrentamientos entre "patriotas" y realistas al plano de una guerra de dimensiones continentales contra un enemigo común: España. Esto era lo que efectivamente se proponía el mencionado decreto de Bolívar. Aunque estaba dirigido a los venezolanos no dejaba de tener un halo de universalidad. En su parte final rezaba: "Españoles y Canarios, contad con la muerte, aún siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de Venezuela. Americanos, contad con la vida, aún cuando seáis culpables". Si a alguien podían cobijar los términos del decreto era justamente a los pastusos por su doble condición de americanos y realistas. Que Venezuela era una nación en contienda lo afirmaba aquel otro pasaje del decreto que pretendía "... mostrar a las Naciones del Universo, que no se ofende impunemente a los hijos de América". Lo cual deja patente, una vez más, la visión clasista de Bolívar al considerar únicamente como "hijos de América" a sus partidarios, cuando la realidad estaba tan lejana de sus afirmaciones propagandísticas.


    En Venezuela, tras el triunfo inicial independentista, las guerrillas de Siquisique, en la provincia de Coro, al mando de Juan de los Reyes Vargas, apoyaron la llegada de una compañía de marines españoles al mando de Monteverde, y tras su desaparición, los restos de las milicias realistas de esclavos y de llaneros se consolidaron en el territorio de los Llanos para formar un verdadero ejército que al mando de Tomás Bobes que destruiría los ejércitos independentistas dominando toda Venezuela, antes y sin apoyo de la expedición española de Morillo. Tras la caída de Puerto Cabello en 1823, las guerrillas siguieron actuando hasta el año 1829, y apoyaron una última incursión del Coronel Arizabalo. Los llaneros surgieron en la región de Venezuela, durante el período colonial, al establecerse en vastas y lejanas zonas del llano un grupo humano conformado, fundamentalmente, por pardos libres quienes eran expertos jinetes, dedicados a una vida semi nómada, a la recolección de ganado salvaje y al comercio de pieles y de otros productos animales. El panorama social que se presentaba a fines del siglo XVIII en las extensiones territoriales del llano era el de un avance de la aristocracia criolla de Venezuela con el propósito de hacer fundación de haciendas, creándose así una tensión entre la oligarquía criolla y las masas populares de la región. José Tomás Bobes, unido a los llaneros terminaron por derrotar a las fuerzas "patriotas". En la región de Pasto, al sur de Nueva Granada, las guerrillas serán dirigidas por el General Agustín Aqualongo hasta junio de 1824, cuando es hecho prisionero y ajusticiado. Las guerrillas combatirán hasta el año 1830. San Juan de Pasto, donde nació Agualongo, es una ciudad llena de iglesias del barroco virreinal y se caracterizó por su fidelidad al Rey hasta el final. Si el grito de independencia se dio en 1810, todavía en 1824 resistía Agustín Agualongo, a quien para cuando le llegó de Madrid el despacho de Brigadier General de los Reales Ejércitos, ya había sido fusilado por los liberales independentistas. Luego, por ese realismo que aunque pasados tantos años todavía hoy se respira, fue objeto de un tratamiento brutal por parte del ejército de Bolívar. Aún hoy los habitantes de Pasto declaran que perdieron en su intento de ser libres en una comarca donde Dios, el Rey y el trabajo honrado los sustentaban el pan diario en medio de la alegría de hermanos.


    La ciudad de Pasto había sido un bastión realista desde el comienzo de la emancipación neogranadina, el territorio entre Quito y Popayan estaba en poder de las guerrillas pastusas quienes destruyeron varios ejércitos "patriotas". Llegaron a ser un componente muy importante de las guerrillas realistas que terminarían por propinarle a Nariño y a su ejército el estruendoso descalabro de 1814 con el cual se cerraría el primer ciclo de la oposición de Pasto a la independencia.


    La resistencia de la población unida a las guerrillas realistas bajo jefes como Agustín Agualongo lograron mantener su independencia por mucho tiempo. El autor Indalecio Liévano Aguirre indica que se trataba de una “población compuesta por la unión de esclavos fugitivos del Valle del Cauca con indios nativos del Valle del Patía.” En la década de 1820 Pasto respondería con redoblada reacción a los intentos de los patriotas de dominar la provincia. De este período data la acción de la guerrilla realista, liderada por el General Realista pastuso Agustín Agualongo y responsable de la derrota del Mariscal Sucre (en la Batalla de Guachi del 12 de septiembre de 1821) antecedida por la victoria realista en la localidad de Genoy (el 2 de febrero de 1821). La aniquilación de los "patriotas" en esta última contienda habría sido de grandísimas proporciones si no se hubiera producido el armisticio pactado entre Bolívar y Morillo el 25 de noviembre de 1820, cuyos términos ponían fin a la "Guerra a Muerte" que suponía el exterminio del enemigo. El armisticio disponía la regularizació n de la guerra y dentro de ésta, la preservación de la vida de los prisioneros. El episodio de la Batalla de Bomboná o Batalla de Cariaco, que nunca ganó Simón Bolívar, cuyo ejército huyó despavorido para regresar al Trapiche (Cauca). Aunque esto ha sido manipuladoramente narrado como "retirada heroica" de Simón Bolivar. Una retirada en la Bolivar dejó abandonados, en el caserío de Consacá a 200 heridos, entre ellos el General Torres, enviándole 2000 pesos al Comandante español para los gastos de los heridos mientras tardaba en volver...


    La población de Pasto, en masa, luchó contra el ejército de Bolivar. La guerrilla realista de Pasto volvería a emprender nuevas acciones en la segunda parte de 1822 como respuesta a las victorias de Bolívar y Sucre que condujeron a la capitulación de Quito y Pasto. En esta ocasión aquélla entraría a una fase muy singular. Sus líderes Agustín Agualongo y Benito Boves procederían (luego de la capitulación de Pasto en junio de 1822) a fugarse de la prisión y a tomar la ciudad, empresa en la que no contaron con el apoyo ni del clero ni de los notables aún cuando ésta se llevara a cabo en nombre de la causa del Rey. El fragor de la guerra duraría en Pasto hasta finales de 1822 al ocupar Sucre la capital provincial el 24 de diciembre de 1822. A esto sucedería la siniestra "Nochebuena pastusa" en la que el ejército "patriota" cometió toda clase de desafueros, tan bárbaros que se presentaron como salvajes hordas destructivas, que asesinaron niños y violaron mujeres, entregados a la violencia con desesperación. La lectura de libro "Estudios sobre la Vida De Bolívar" del humanista pastuso José Rafael Sañudo, pone al descubierto las atrocidades de los "patriotas" en su paso criminal por Pasto. Leyendo ese libro, se comprende la resistencia de un pueblo al embiste brutal de una independencia no querida. A los héroes de Pasto, por haber vencido en Bomboná "se los cosió por la espalda, alanceados y arrojados al vórtice horripilante del Guaítara". En ese libro se conoce la terrible noche del 24 de diciembre de 1822, la "Nochebuena pastuosa" donde “las manos de Sucre conocieron la vergonzante sangre de sus hermanos pastuosos torturados, vencidos y humillados. Las violaciones y la crueldad con que se enseñaron contra los habitantes de Pasto, obligaron a los pastuosos a defenderse con todo su ardor y valentía en defensa de su propia vida. Pero se acallan las voces de la historia cuando toda ésta hecatombe pudo evitarse si Simón Bolivar hubiese hecho caso de las palabras de Santander al advertirle éste sobre lo equivocado que era manejar a Pasto como se lo proponía, pues llevaría a confrontaciones innecesarias. La historia ha demostrado que tales palabras no fueron escuchadas y que primó la terquedad de Bolivar.” En 1830 Sucre viajaba en una caravana que salió de Bogotá, integrada por el diputado Andrés García Téllez, hacendado de Cuenca, el sargento de caballería Lorenzo Caicedo, asistente de Sucre, el negro Francisco, sirviente de García, y dos arrieros con bestias de carga. Después de pasar por Popayán, el grupo de viajeros salió de La Venta (hoy La Unión), el 4 de junio de 1830. Al pasar por las montañas de Berruecos, cerca de Pasto, era asesinado. En el proceso del crimen de Berruecos fueron inculpadas las siguientes personas: el coronel Apolinar Morillo, Andrés Rodríguez y José Cruz, soldados peruanos licenciados del ejército, y el tolimense José Gregorio Rodríguez. Los tres últimos trabajaban como peones de José Erazo, un mestizo de la provincia de Pasto, que se consideró uno de los cómplices del crimen. A los 10 años del asesinato de Sucre, José Erazo cayó prisionero en Pasto, y en los interrogatorios confesó el crimen. En el proceso se dictó sentencia de muerte para el coronel Apolinar Morillo, además se acusó al general José María Obando como autor principal del asesinato; el coronel Morillo, antes de subir al patíbulo, acusó también a Obando. Sin embargo, el crimen sigue sin esclarecerse, por el sinnúmero de factores condicionantes que hay a su alrededor: causas políticas, caudillistas, regionalistas e inclusive familiares. La esposa de Sucre, la marquesa de Solanda, volvió a casarse, cumplido el primer año de duelo, con el general Isidoro Barriga, quien había sido su subalterno.

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  2. #122
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    Re: Carta a los Españoles Americanos

    Centro de historia Juan de Dios Gomez de Castro







    200 años de independencia. Los indios fieles al Rey.


    200 años de independencia. Los indios fieles al Rey.


    Se pueden distinguir en primer lugar los tipos de guerrillas que se componen de los habitantes autóctonos de su propia área de actuación, y que son las más numerosas y estaban formadas por indígenas generalmente; y cuyas poblaciones estarían integradas dentro de los territorios virreinales, como en el caso de los pastusos de Nueva Granada; o estarían integrados por indígenas de zonas periféricas de los virreinatos, como el caso de los araucanos del sur de Chile o los indios Guajira del Caribe neogranadino. En segundo lugar están algunas formaciones guerrilleras que tienen su origen en agrupaciones militares realistas que se han dispersado, y son del país pero no son autóctonos.


    En el escenario descrito más abajo, especialmente a lo que a los habitantes de Pasto y a los llaneros se refiere, es donde surge el decreto de "Guerra a Muerte" de Bolívar (dado en la ciudad de Trujillo el 13 de junio de 1813) con cuyos términos esperaba Simón Bolívar contrarrestar las acciones casi invencibles de los llaneros contra los criollos. En el período comprendido entre 1813 y 1814 tanto Bolívar, en el Norte, como Nariño, en el Sur, lograron, en empresas simultáneas, conducir los enfrentamientos entre "patriotas" y realistas al plano de una guerra de dimensiones continentales contra un enemigo común: España. Esto era lo que efectivamente se proponía el mencionado decreto de Bolívar. Aunque estaba dirigido a los venezolanos no dejaba de tener un halo de universalidad. En su parte final rezaba: "Españoles y Canarios, contad con la muerte, aún siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de Venezuela. Americanos, contad con la vida, aún cuando seáis culpables". Si a alguien podían cobijar los términos del decreto era justamente a los pastusos por su doble condición de americanos y realistas. Que Venezuela era una nación en contienda lo afirmaba aquel otro pasaje del decreto que pretendía "... mostrar a las Naciones del Universo, que no se ofende impunemente a los hijos de América". Lo cual deja patente, una vez más, la visión clasista de Bolívar al considerar únicamente como "hijos de América" a sus partidarios, cuando la realidad estaba tan lejana de sus afirmaciones propagandísticas.


    En Venezuela, tras el triunfo inicial independentista, las guerrillas de Siquisique, en la provincia de Coro, al mando de Juan de los Reyes Vargas, apoyaron la llegada de una compañía de marines españoles al mando de Monteverde, y tras su desaparición, los restos de las milicias realistas de esclavos y de llaneros se consolidaron en el territorio de los Llanos para formar un verdadero ejército que al mando de Tomás Bobes que destruiría los ejércitos independentistas dominando toda Venezuela, antes y sin apoyo de la expedición española de Morillo. Tras la caída de Puerto Cabello en 1823, las guerrillas siguieron actuando hasta el año 1829, y apoyaron una última incursión del Coronel Arizabalo. Los llaneros surgieron en la región de Venezuela, durante el período colonial, al establecerse en vastas y lejanas zonas del llano un grupo humano conformado, fundamentalmente, por pardos libres quienes eran expertos jinetes, dedicados a una vida semi nómada, a la recolección de ganado salvaje y al comercio de pieles y de otros productos animales. El panorama social que se presentaba a fines del siglo XVIII en las extensiones territoriales del llano era el de un avance de la aristocracia criolla de Venezuela con el propósito de hacer fundación de haciendas, creándose así una tensión entre la oligarquía criolla y las masas populares de la región. José Tomás Bobes, unido a los llaneros terminaron por derrotar a las fuerzas "patriotas". En la región de Pasto, al sur de Nueva Granada, las guerrillas serán dirigidas por el General Agustín Aqualongo hasta junio de 1824, cuando es hecho prisionero y ajusticiado. Las guerrillas combatirán hasta el año 1830. San Juan de Pasto, donde nació Agualongo, es una ciudad llena de iglesias del barroco virreinal y se caracterizó por su fidelidad al Rey hasta el final. Si el grito de independencia se dio en 1810, todavía en 1824 resistía Agustín Agualongo, a quien para cuando le llegó de Madrid el despacho de Brigadier General de los Reales Ejércitos, ya había sido fusilado por los liberales independentistas. Luego, por ese realismo que aunque pasados tantos años todavía hoy se respira, fue objeto de un tratamiento brutal por parte del ejército de Bolívar. Aún hoy los habitantes de Pasto declaran que perdieron en su intento de ser libres en una comarca donde Dios, el Rey y el trabajo honrado los sustentaban el pan diario en medio de la alegría de hermanos.


    La ciudad de Pasto había sido un bastión realista desde el comienzo de la emancipación neogranadina, el territorio entre Quito y Popayan estaba en poder de las guerrillas pastusas quienes destruyeron varios ejércitos "patriotas". Llegaron a ser un componente muy importante de las guerrillas realistas que terminarían por propinarle a Nariño y a su ejército el estruendoso descalabro de 1814 con el cual se cerraría el primer ciclo de la oposición de Pasto a la independencia.


    La resistencia de la población unida a las guerrillas realistas bajo jefes como Agustín Agualongo lograron mantener su independencia por mucho tiempo. El autor Indalecio Liévano Aguirre indica que se trataba de una “población compuesta por la unión de esclavos fugitivos del Valle del Cauca con indios nativos del Valle del Patía.” En la década de 1820 Pasto respondería con redoblada reacción a los intentos de los patriotas de dominar la provincia. De este período data la acción de la guerrilla realista, liderada por el General Realista pastuso Agustín Agualongo y responsable de la derrota del Mariscal Sucre (en la Batalla de Guachi del 12 de septiembre de 1821) antecedida por la victoria realista en la localidad de Genoy (el 2 de febrero de 1821). La aniquilación de los "patriotas" en esta última contienda habría sido de grandísimas proporciones si no se hubiera producido el armisticio pactado entre Bolívar y Morillo el 25 de noviembre de 1820, cuyos términos ponían fin a la "Guerra a Muerte" que suponía el exterminio del enemigo. El armisticio disponía la regularizació n de la guerra y dentro de ésta, la preservación de la vida de los prisioneros. El episodio de la Batalla de Bomboná o Batalla de Cariaco, que nunca ganó Simón Bolívar, cuyo ejército huyó despavorido para regresar al Trapiche (Cauca). Aunque esto ha sido manipuladoramente narrado como "retirada heroica" de Simón Bolivar. Una retirada en la Bolivar dejó abandonados, en el caserío de Consacá a 200 heridos, entre ellos el General Torres, enviándole 2000 pesos al Comandante español para los gastos de los heridos mientras tardaba en volver...


    La población de Pasto, en masa, luchó contra el ejército de Bolivar. La guerrilla realista de Pasto volvería a emprender nuevas acciones en la segunda parte de 1822 como respuesta a las victorias de Bolívar y Sucre que condujeron a la capitulación de Quito y Pasto. En esta ocasión aquélla entraría a una fase muy singular. Sus líderes Agustín Agualongo y Benito Boves procederían (luego de la capitulación de Pasto en junio de 1822) a fugarse de la prisión y a tomar la ciudad, empresa en la que no contaron con el apoyo ni del clero ni de los notables aún cuando ésta se llevara a cabo en nombre de la causa del Rey. El fragor de la guerra duraría en Pasto hasta finales de 1822 al ocupar Sucre la capital provincial el 24 de diciembre de 1822. A esto sucedería la siniestra "Nochebuena pastusa" en la que el ejército "patriota" cometió toda clase de desafueros, tan bárbaros que se presentaron como salvajes hordas destructivas, que asesinaron niños y violaron mujeres, entregados a la violencia con desesperación. La lectura de libro "Estudios sobre la Vida De Bolívar" del humanista pastuso José Rafael Sañudo, pone al descubierto las atrocidades de los "patriotas" en su paso criminal por Pasto. Leyendo ese libro, se comprende la resistencia de un pueblo al embiste brutal de una independencia no querida. A los héroes de Pasto, por haber vencido en Bomboná "se los cosió por la espalda, alanceados y arrojados al vórtice horripilante del Guaítara". En ese libro se conoce la terrible noche del 24 de diciembre de 1822, la "Nochebuena pastuosa" donde “las manos de Sucre conocieron la vergonzante sangre de sus hermanos pastuosos torturados, vencidos y humillados. Las violaciones y la crueldad con que se enseñaron contra los habitantes de Pasto, obligaron a los pastuosos a defenderse con todo su ardor y valentía en defensa de su propia vida. Pero se acallan las voces de la historia cuando toda ésta hecatombe pudo evitarse si Simón Bolivar hubiese hecho caso de las palabras de Santander al advertirle éste sobre lo equivocado que era manejar a Pasto como se lo proponía, pues llevaría a confrontaciones innecesarias. La historia ha demostrado que tales palabras no fueron escuchadas y que primó la terquedad de Bolivar.” En 1830 Sucre viajaba en una caravana que salió de Bogotá, integrada por el diputado Andrés García Téllez, hacendado de Cuenca, el sargento de caballería Lorenzo Caicedo, asistente de Sucre, el negro Francisco, sirviente de García, y dos arrieros con bestias de carga. Después de pasar por Popayán, el grupo de viajeros salió de La Venta (hoy La Unión), el 4 de junio de 1830. Al pasar por las montañas de Berruecos, cerca de Pasto, era asesinado. En el proceso del crimen de Berruecos fueron inculpadas las siguientes personas: el coronel Apolinar Morillo, Andrés Rodríguez y José Cruz, soldados peruanos licenciados del ejército, y el tolimense José Gregorio Rodríguez. Los tres últimos trabajaban como peones de José Erazo, un mestizo de la provincia de Pasto, que se consideró uno de los cómplices del crimen. A los 10 años del asesinato de Sucre, José Erazo cayó prisionero en Pasto, y en los interrogatorios confesó el crimen. En el proceso se dictó sentencia de muerte para el coronel Apolinar Morillo, además se acusó al general José María Obando como autor principal del asesinato; el coronel Morillo, antes de subir al patíbulo, acusó también a Obando. Sin embargo, el crimen sigue sin esclarecerse, por el sinnúmero de factores condicionantes que hay a su alrededor: causas políticas, caudillistas, regionalistas e inclusive familiares. La esposa de Sucre, la marquesa de Solanda, volvió a casarse, cumplido el primer año de duelo, con el general Isidoro Barriga, quien había sido su subalterno.

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  3. #123
    Avatar de juani
    juani está desconectado Miembro novel
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    Re: Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    Siempre fuimos leales a a la Hispanidad. Cuando fuimos traicionados por el rey de turno declaramos nuestra independencia para seguir firmes en la cultura hispánica. Esto hubiese seguido así de no ser por el trágico año de 1852.

    ¡VIVA LA HISPANIDAD!
    ¡VIVA ARGENITINA!

  4. #124
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    Re: Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    Detesto a los anti-España. Soy argentino, y detesto ver gente que acusa a España de nuestros propios problemas. Pasa lo mismo con nuestros paises vecinos. Es decir, hace como 150 Paraguay era uno de los paises mas desarrollados de America y el mundo, hasta la guerra de Triple Alianza (Argentina-Uruguay-Brasil) donde les robamos territorio. Hasta hoy, hay quienes dicen que el estado de extrema pobreza de Paraguay se debe a eso, y es que eso es incluso discriminacion.

    Lo mismo con los españoles. Por mi parte, SIEMPRE resalto que nuestros paises fueron liberados por españoles americanos.
    Y no, no eran "traidores", porque en el estado en que se encontraba España, los virreyes no podian hacer nada, Napoleon tenia las manos alrededor del cuello de la madre patria, teniamos que independizarnos para poder tomar nuestras propias desiciones sin depender de los virreyes que en ese momento estaban "paralizados" por asi decirlo.

    Saludos.

  5. #125
    Avatar de Mexispano
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    Re: Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    Andrés Guarnizo

    ¿Qué nos separa de España?


    ¿El océano? Simple barrera física que distancia a los hermanos, sin separar sus almas; pues hubo una vez en que los mares fueron nuestros. Que ni olas ni tempestades pudieron acallar el grito hispano, valiente y civilizador. Aquí estamos desde Cantabria a Filipinas, desde suelo canario a Tierra Firme. Mares otrora cobijados por la cruz de Borgoña, doblegados por las velas de Magallanes – Elcano. Aguas que bajo un mismo cielo, no separan ideales.

    ¿El idioma? Lengua castiza para hablar con Dios, dialecto noble heredado de Roma, que lleva en su pecho un par de latidos árabes. Arma nuestra contra el mundo desde hace siglos, y que en expansión perpetua se abre paso por entre diestros corazones de Quijote. Porque fueron los libros y las canciones, fueron las leyendas y los relatos, las tradiciones a través del tiempo que hablan de similar identidad; de igual idiosincrasia. La lengua madre de Cervantes y Mejía, de Bécquer y Sor Juana… es la misma que hoy nos habla.

    ¿Es acaso la sangre? No, y mil veces no. Es en las Américas donde nacieron los hijos de los conquistadores, donde los apellidos Pizarro, Cortés, Ponce de León, Benalcázar, Almagro y demás, forjaron sus linajes. Es en las Américas donde los campesinos humildes y valerosos levantaron las ciudades castellanas de ultramar, ciudades legadas a siguientes generaciones que disfrutan incluso hoy de sus piedras y muros. Es en las Américas donde la casta Ibérica se unió a la casta nativa para forjar el árbol de la unidad. Es sangre de aquellos valientes guerreros la que heredaron todos los hijos de ultramar.

    ¿Los tiempos? Hubo mejores entre aquellos. Quien naciera en las Américas antes de la época de la traiciones, sería llamado con todo derecho y honra: “español”. Porque tan españoles eran las Américas como lo es la península; con los mismos derechos y las mismas obligaciones. Porque las provincias de ultramar tuvieron magnas representación en las cortes reales. Y porque aunque cambien nombres y fronteras para dividirnos, el tiempo no puede llevarse la identidad latente que sigue de pie en cada ciudad, en cada pueblo, en cada templo, en cada castillo, en cada cañón, en cada puerto, en cada hombre que defiende su propia historia y la del pueblo al que pertenece.

    He ahí que lo que fue; bien podría volver a serlo. Lo que se ha roto volver a unirse. Es entonces cuando decimos: ¡somos Hispanoamericanos!, los españoles de ultramar en este pérfido tiempo.
    Entonces ¿Qué nos separa de España?...

    Simple: Lo que ha separado al hombre desde tiempos antiguos, ¡La traicionera ambición!

    Es la deserción de unos pocos, que financiados por los eternos enemigos la que nos ha separado y nos ha cambiado el nombre. Las ganas de poder de alimañas desagradecidas (tan mal llamados libertadores) las que han creado fronteras políticas, espirituales y hasta económicas. Y es la ambición de sus infames seguidores de hoy en día, la que contamina mentes y “venas” de nuestra verdadera identidad y moral hispanista,

    Pero la traición tiene su antítesis en la lealtad, siendo allí donde entramos nosotros como cura a tal enfermedad anti hispanista, y por tanto anti identitaria,

    HABLEMOS ENTONCES DE SER FIEL

    HABLEMOS ENTONCES DE HISPANOAMÉRICA

    HABLEMOS ENTONCES DE NUESTRO PASADO GLORIOSO

    HABLEMOS ENTONCES DE TODAS LAS ESPAÑAS






    __________________________


    Fuente

    https://www.facebook.com/photo.php?f...type=1&theater

  6. #126
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    Re: Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    28/02/2016

    REDACCION | 336348 lecturas

    Carta desde Colombia a la Madre Patria: La leyenda negra contra España continúa






    Mi nombre es Carlos Arturo Calderón Muñoz, nací en Santiago de Cali y actualmente resido en San Bonifacio de Ibagué, ambas ciudades se encuentran en Colombia. Hace tiempo que sigo su medio digital y debo decirles que me parece un esfuerzo admirable en defensa de la Madre Patria y los valores de la hispanidad, esa apreciación hacia su trabajo conlleva al motivo de esta colaboración:

    “La culpa de nuestro atraso la tiene España”, “Es que sólo vinieron a robar y a exterminar a los indios”, “Si no fuera por nuestro oro no serían ricos” y un larguísimo etc. Quien esto escribe nació y creció en medio de la leyenda negra en contra de la patria de la cual una gran parte de su sangre desciende.

    Los nacidos en la América Hispánica nos hemos desarrollado en medio de una ruptura catastrófica, pues en un ataque de traición, guiado por los enemigos de la hispanidad, se nos separó de nuestra madre. Obligándonos a creer que había sido un triunfo de la independencia, cuando en realidad nos habían dejado huérfanos, usando nuestras propias manos para darle muerte a quien nos había dado a luz.

    Crecí en un medio lleno de odio en el cual maestros, catedráticos y la sociedad en general, inoculaban en las psiques de las nuevas generaciones una endofobia intolerante y brutal. Nos enseñaron a odiar a nuestros ancestros, a llorar por indios y negros y a regocijarnos por las penas de los ibéricos. Nunca nos enseñaron historia, de ser así no hubiéramos podido hacer más que admirar a tan tremendos locos, que por lealtad y honor (palabras tan raras hoy en día) eran capaces de abandonar para siempre su hogar y construir nuevas fronteras en lugares tan lejanos como el extremo sur de América, las estepas rusas o el sudeste asiático. Se rehusaron a que Clío nos hablara del desarrollo, la ciencia, el derecho romano, la cultura helénica, la justicia social y tantas otras maravillas traídas de Europa.

    Ocultaron el pasado, se abstuvieron de decirnos que los indios se mataban los unos a los otros, cometían genocidios y purgas étnicas. No nos dijeron que muchos de esos nativos se unieron a España, por su propia voluntad, para liberarse del yugo de los que en el “Nuevo Mundo” les oprimían. Callaron el hecho de que muchos de los descendientes de esos indios pelearon hasta la muerte para defender a la corona de las huestes independentistas, que acabaron con ese bello lugar al que le decían el Virreinato de la Nueva Granada, pero al que ahora llamo Colombia.
    Ahora que veo como la cruzada anti hispánica se ha vuelto visceral y el deseo del mundialismo es fragmentar el suelo ibérico, para que no se presente una muralla infranqueable en el sur europeo, como sucedió por tantos siglos, noto de manera inequívoca el mismo veneno que ha recorrido el lado opuesto del atlántico por más de dos siglos. A mis hermanos españoles los han intoxicado con el odio a su propia sangre, neutralizando sus instintos para que de forma apacible se encaminen al fin de su existencia.

    La impotencia material me recorre al ver, desde los Andes, como la madre patria está al borde de desaparecer definitivamente. Me rehúso a creer que estoy contemplando el fin de Hispania, la muerte de Gothia. Sé que muchos no podrán entender por qué alguien desde las Américas tendría este nivel de empatía, pero la verdad es que la sangre no se disuelve por efectos del tiempo o el espacio. En realidad, el aislamiento sólo crea nostalgia y por ende la necesidad impetuosa de restablecer el paraíso perdido, al que yo solamente puedo denominarle como España.

    En honor a los 400 años de la muerte de Cervantes, cito las palabras de quien para mi es el héroe mítico más grandioso de todos los tiempos “El amor no engendra cobardes”. Y la verdad es que yo amo mi sangre, a mis antepasados y a mi Historia, en síntesis, yo amo a España. Siento que como mínimo debo decirle a los que habitan en la Hispania Europea, que no están solos. A pesar de que al territorio español han llegado cientos de miles de invasores provenientes de América, que incitados por el odio y la envidia anhelan destruir todo lo que no sea como ellos, quiero que sepan que todavía somos muchos los que nos sentimos orgullosos de nuestra ascendencia hispánica.

    Les quiero decir que la propaganda con la que los han bombardeado por casi cuatro décadas, nosotros la hemos resistido por más de doscientos años. Aun cuando los esfuerzos de los enemigos de la hispanidad han sido soberbios no han logrado reducirnos. Porque en la América profunda, todavía somos muchos los que nos enfrentamos al rechazo social por defender nuestro idioma y llenos de gran satisfacción decimos: ¡Qué Viva España! Somos los que se entristecen cuando retiran el retrato de un conquistador y los primeros en saltar de alegría cuando un pasodoble se toma el espacio sonoro.

    Les puedo decir, sin temor a equivocarme, que España no reside solamente en los cuarenta millones que hoy habitan en el suelo primigenio, sino que se expande por los corazones de muchos otros a lo largo del globo; aquellos que tienen la esperanza inclaudicable de que la hispanidad resurgirá. Porque si España tiene que pelear por otros ocho siglos para reconquistar su ser, estaremos encantados de ser las primeras bajas de esa nueva cruzada.

    Desde la América Española les digo a ustedes, mis hermanos, que no colapsen. Les pido que sigan resistiendo la embestida del salvajismo, porque la verdad es que a ustedes nos los odian por ninguna de las mentiras y exageraciones que se han propagado en su contra. Ustedes son objeto de ataques, porque viven en un paraíso sin igual llamado España; los quieren destruir, porque a los que albergan odio no le gusta admitir que su posición ha sido el fruto de su propia incapacidad. No quieren progresar por sus medios, prefieren destruir a los que han llegado más lejos, para así no tener que afrontar la obvia realidad de que han exteriorizado los rencores que tienen hacia si mismos, porque es más fácil culpar a los demás.

    Es nuestro deber honrar los sacrificios de todos los que vinieron antes de nosotros para construir esa gran nación; es nuestra obligación dejarles a los que están por venir un mundo mejor que aquel que nosotros recibimos. No sé si llegue a viejo, pero si de algo estoy seguro es que si lo hago, no le diré a la siguiente generación que les tocó nacer en un mundo sumido en la mierda porque yo no fui capaz de luchar. No les hablaré de España y la hispanidad como un bonito reino de fantasía que existe en la tierra de las hadas, sino como una realidad tangible que vive porque un día le dijimos NO al mundialismo y como masa nos jugamos nuestro derecho a la vida en una épica lucha.

    Si hoy en día es más importante la comodidad material, los resultados del Barcelona y lo políticamente correcto; si tiene mayor valor doblegar los instintos para disfrutar del Face, la fiesta o el dinero mientras nos exterminan con comodidad. Si todo lo anterior es más valioso que nuestra sangre, prefiero ser lo único que puede ser un hispano, prefiero ser un discípulo del Quijote, un español. Porque “El amor no engendra cobardes” y España es el amor de mi vida.


    Desde San Bonifacio de Ibagué, Colombia.

    Carlos Arturo Calderón Muñoz.


    __________________________


    Fuente:

    Carta desde Colombia a la Madre Patria: La leyenda negra contra España continúa – Alerta Digital

  7. #127
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    Re: Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    "¿QUE NOS PASA PATRIAS NUESTRAS?"

    por Patricio Lons



    ¿Que te pasa querida Madre Patria y que nos pasa a vuestros hijos de las Indias que desde hace dos siglos ya, nos divorciaron a la fuerza y no vivimos más que para lamentar arteros desgobiernos que apuñalan a nuestra gente y ver sufrir a nuestros compatriotas? ¿Que pasa que vivimos desnortados, sin rumbo y a la deriva, nosotros, aquellos pueblo...s descendientes de los Reyes Católicos y de los grandes Carlos I y Felipe II? ¿Que nos pasa a tus hijos que no te defendemos, incluso aceptamos que te insulten y rechacen? ¿Que nos pasa que permitimos el desagradecimiento de malos compatriotas, que solo agreden y no buscan reconstruir tu grandeza perenne? Habemos muchos que te amamos, desde el Mediterráneo hasta Filipinas, desde las Californias hasta la Antártida chilena y argentina y que dejamos jirones en Georgias y Malvinas, allá por 1982. Y tu, patrona nuestra, Virgen del Pilar, ruega a tu Hijo que envíe a sus ángeles sobre todas las Españas, descienda sobre nuestra tierra y elija entre todos los habitantes, a sus hijos más fieles; que con aquellos brazos fuertes, lleve adelante los milagros necesarios para la gran restauración. Querida Madre Patria, recibe este fuerte abrazo argentino y con el, también el de todos tus hijos de las Indias. Sabemos de tu magnificencia, ayer vigente y hoy latente y esperando. Y por eso gritamos: Por Gibraltar y por Malvinas: ¡Arriba España y Argentina!


    — con Hidalgo del Rio de la Plata.






    __________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/19334447433...type=3&theater

  8. #128
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    Re: Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    Al compañero Wolfgang Molina solo le faltó decir que la Gran Patria restaurada también incluye la Hispanidad asiática, africana y por supuesto la europea, pero sin dudas es una gran cita de un partidario de la reconstitución de la comunidad política de los pueblos hispanos y crítico de las independencias y del falso prócer Bolívar. Eventualmente iremos publicando material de este gran historiador.

    La fuente de la cita es su blog personal: Wolfgang U. Molina




    __________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/77125717629...type=3&theater

  9. #129
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    Re: Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    Sobre el uso del término hispanoamérica o latinoamérica vale la pena hacer una precisión.

    Hacia finales del siglo XIX seguía sin haber claridad sobre cómo llamar a las ahora independientes repúblicas y se usaba de manera indistinta el término América o Colombia (Para dicha época el país que hoy se llama así se llamaba República/Provincias Unidas de la Nueva Granada) o América Española. La distinción que se había hecho durante la época de la independencia basada en la tierra de residencia Americanos vs Peninsulares, había caído en crisis al presenciar cómo los Americanos del Norte avanzaban intrépidamente sobre México y el Caribe.

    Es en éste contexto que, en el marco de los escritos de la época en que se contrastaba anglosajones y latinos como cúpspide rivalizante de occidente, un canciller Neogranadino -luego Colombiano- usa por primera vez la expresión latinoamérica, buscando reestablecer el lazo con los demás pueblos descendientes de la cultura latina, en contraposición a los anglosajones. Se propuso incluso crear una Liga Latina. El término se expandió por el resto del continente buscando siempre restaurar los lazos, más que recrearlos.

    El problema surge cuando Napoleón III usa el término para justificar la unidad de la cultura latina, pero con la particularidad de tener que estar Francia a la cabeza de ella. Razón por la cuál se da la invasión de los Hausburgo a México...

    Originalmente el término designaba sólo a la América Española, pero en gran medida el con 'latina' se buscaba poder incluir en un futuro a Brasil y Haití en América, así como reestablecer lazos con las dos Sicilias y Francia.

  10. #130
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    Re: Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    El surgimiento de España como nación histórica fue un proceso bicontinental paralelo a ambas orillas del Atlántico, tanto en la península ibérica como en América, que empieza primero con la unificación de casi todos los reinos de la península con el matrimonio de los Reyes Católicos y posteriormente con la expansión castellana en 1492 al Nuevo Mundo, nuevo al menos para los europeos.

    Federico García Lorca sentenció: "El español que no ha estado en América no sabe qué es España."

    España como tal no existía en 1492, es Castilla quien conquista y "dilata la Cristiandad" (dilatatio regni o dilatatio Christianitatis) en lo que es América hoy, utilizando un término medieval de entonces. Dilata, expande el ser castellano a estos pagos, como lo dijo un historiador alemán, Castilla en América es la expansión de la germanidad batalladora y justiciera por el mundo. En otras palabras España se forma en Europa y en América a la vez, a lo largo de más de tres siglos de Imperio, más de cuatro en algunos puntos de la geografía continental. Nuestras tierras americanas fueron y son España, mejor dicho, son las Españas, guste o disguste. Aunque un proceso de decadencia haya llevado a su separación gradual de las otras Españas, ya Ortega y Gasset lo advertía hace casi un siglo en "España invertebrada", la separación inició en América y seguiría en Europa, y hoy vemos el mal ejemplo de Cataluña, instigada por los mismos enemigos de la Hispanidad de hace siglos, británicos y cía., o quienes controlan el Reino Unido y cía., así como en otro tiempo fue el nuestro.

    Valga entonces preguntar, ¿qué es España? ¿Qué es la Hispanidad? Y la respuesta no es otra que Justicia. El ideal justiciero batallador que animó a los pueblos hispano-romano-visigóticos a la reconquista de la península, a la "Hispania restituta" nebrijana. Allí donde esté el ideal de Justicia, allí está la Hispanidad.

    ¡Qué se haga Justicia aunque así perezca el mundo! reza el lema de los Austrias, los monarcas hispanos por excelencia, "curiosamente", como no podía ser de otra forma, de origen germano. No venerando las ruinas y las cenizas de un pasado inexistente, sino generando las condiciones necesarias para la perpetuación y la transmisión del fuego.

    Si para la Hélade, Thule era la referencia, el ideal y la aspiración; si para Roma fueron Troya y Esparta; para nosotros, sus herederos, los hispanoamericanos, son las Españas nuestro arquetipo e inspiración.

    Estamos en Covadonga junto a Don Pelayo, estamos en 722. Estamos en la Isla del Gallo en 1527 con los Trece de la Fama apenas. Todo es desaliento,todo es defección, todo es aversión, todas son ruinas y derrotas. Somos pocos, muy pocos, poquísimos, mas, esos poquísimos somos la Hispanidad guerrera y justiciera.

    Sí, comencémos a detener el avance de las fuerzas de la subversión, a derrotarlas, al menos en nuestros espíritus, que después será en el terreno. Nos espera una larga reconquista hacia la Unidad perdida. ¡Y qué mayor Justicia que la Guerra!


    ¡Arriba la Hispanidad!


    ¡Arriba Hispanoamérica!


    ¡Arriba las Españas!


    En la imagen: Detalle de la tabla de la genealogía de las razas de John Clark Ridpath.






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  11. #131
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    Re: Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    «Si para deshonor de la nación española concurrieron diversos oficiales a la injusta opresión del Inca Atahualpa (instigados principalmente por el converso Diego de Almagro), otros varios, casi en igual número, se opusieron y protestaron en contra. Si en el discurso e la Conquista se desnudaron de toda humanidad y se volvieron sanguinarios monstruos con la sed del oro de un Juan de Ampudia, un Alonso Sánchez y algún otro, que era la hez y la escoria de la nación por su vil nacimiento, se hallaron muchísimos otros, que reprobaron y abominaron sus hechos, que los acusaron y que solicitaron el remedio de los males y el castigo de las culpas. Los Soberanos, sus Consejos, sus Ministros, sus Magistrados y Jueces, castigaron (a) los agresores y pusieron contra sus excesos severísimas penas y leyes.

    Siendo así, como es innegable y cierto, ¿qué razón hay para atribuir a toda la nación (española) el odioso carácter de algunos desconcertados, más bajos y más viles miembros? ¿A cuál de las naciones que se precian de más humanas y cultas, le han faltado sus Cromweles y sus Carballos?... Quiero decir, algunos acusadores y escritores, aunque de buen celo, pero indiscreto, como un Casas, un Niza y un Palomino, cuyos hipérboles y excesivas ponderaciones, y cuyo irregular étodo de confundir los justos con los culpables, han dado ocasión para creer mucho más de lo que hubo, y para creerlo, sin distinción, de todos...

    Siendo manifiesta la sinrazón de escritores extranjeros en hacer inhumano el carácter de inhumano a toda la nación española, no es menos manifiesta la injusticia que hacen en apocar la gloria y alabanza que merecieron con la Conquista. La acción heroica de quedarse Francisco Pizarro con solos 13 compañeros, expuestos a las más horribles calamidades y a la frente de un mundo entero de enemigos, por no abandonar la empresa, no tiene ejemplo en las Historias. La onquista la emprendieron tres particulares personas de muy limitados caudales, a costa suya; unidos con un corto número de secuaces, acometieron contra el mayor y más poderoso Imperio, lleno de bárbaras Naciones; y, engolfados en un mar de dificultades gravísimas, las vencieron todas.

    Ellos hicieron frente a los trabajos que, sólo referidos, causan horror y espanto. Metidos en asperísimos montes y precipicios; en sangrientos valles y caudalosos ríos; en elevados y cerrados bosques, llenos de enemigos de todas especies, manteniéndose de caballos muertos y de raíces amargas. siempre con las armas a las manos y con la muerte a los ojos, pelearon con infinitas naciones bárbaras, hasta sujetarlas, y rendidas a su obediencia. Ellos se apoderaron en poquísimo tiempo de inmensos países y en el corto espacio de 18 años, fundaron tantas ciudades y poblaciones, que por exorbitante, parece increíble tan grande número de ellas.

    Esta gloria, a la verdad grande, es tan propia y singular de la nación española, que no es fácil que tenga ejemplo igual en el mundo, porque es difícil hallar en él otra nación cuya natural robustez, cuyo intrépido valor y cuya insuperable constancia, pueda sobrellevar y vencer trabajos semejantes. Ellos, en fin, aunque cometieron graves injusticias y violencias contra las naciones indianas, les introdujeron la vida racional, política y civil, compensándoles con la luz del Evangelio largamente todos los males que les causaron



    -Juan de Velasco, Historia






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  12. #132
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    Re: Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    Carlos X. Blanco


    Miércoles, 25 de octubre de 2017

    En busca del alma (española)





    Banderas españolas / Imagen: Facebook


    España ha perdido su alma en algún rincón de su hacienda. Andando camino en la Historia, buscando los muertos en las cunetas, sin embargo, ha perdido su alma. La parte de su alma que no había perdido, le fue burlada. La pérfida Albión se encargó de tal burla, autora principal de tamaño hurto y encargada de cargar las cuentas del latrocinio a la propia víctima. Entonces, el martillo de herejes se hizo de goma. La luz de Trento se apagó sin aviso de corte. La espada de Roma está mellada. Los siete cerrojos del sepulcro del Cid, saltaron por los aires, y el seguro no cubre la desaparición de éste ni de otros héroes. Y nadie gana las batallas después de muerto si antes de la muerte se ha perdido el alma.

    Cuando algo iba mal, en mi casa se decía "¡más se perdió en Cuba!". Pero no se pierden posesiones cuando se ha perdido el alma, se pierde todo. Perder el alma es más que perder el ser: se trata de perder la razón de ser. Yo no digo que España pueda volver a ser, de forma fulminante y mágica, católica e imperial de nuevo y que ello mismo implique, de manera utópica y nostálgica a la vez, "recuperar su alma". Yo lo que digo es que una nación se recuesta sobre su Historia, abreva en ella, adquiere vitaminas en su estudio, rejuvenece los tejidos de sus músculos, aprende de nuevo a golpear cuando ella es golpeada. La Historia, la Historia: estudiadla y amadla.

    Íbamos mal por el camino trazado por las mafias del 78. Ahora con los golpistas de Barcelona nos estamos dando cuenta. Íbamos muy mal con nuestras diecisiete taifas, algunas desleales, algunas con un alma pequeña y enteca, asistida mecánica y artificialmente con un resentimiento: el odio a España. Las pequeñas taifas: algunas se inventaron, no eran patrias chicas sino vomitorios contra España. Créanlo: esos rufianes y esos traperos, que en países serios y moderados ya estarían enjaulados, no poseen patrias, resentidos como están contra todas y contra una Historia que ignoran. Las pequeñas taifas quieren riqueza, se envidian riqueza porque ya han liquidado, mucho antes, el alma española. Pretenden decirnos que aman sus lenguas regionales cuando en el fondo su única lengua es la lengua bífida del resentimiento y la envidia. Con verdadera alma española, no irían como perros famélicos tras la riqueza ajena, tras la grandeza de una nueva nación elegida por Dios como superior. Al contrario: le habrían demostrado a todas las burguesías caciquiles del mundo, periféricas o no, que aquí en España queda "alma", que aquí queda grandeza, aunque sea de la mano de los más pobres. Y que el sudor de sus padres (de ahí patria, de pater) o de sus abuelos y demás parentela es sudor hispano, que junto a la sangre, forma el torrente vital de una nación grande, que construye porque ama y se ama.

    Nunca habría peligro en que una oligarquía caciquil vizcaína o barcelonesa se creyera superior sin tontos que bailen a su son, con un aurresku o una sardana. El peligro de España está en la pérdida de su alma, en su masoquismo, en su complejo de culpa interiorizado, en la impotencia inducida por sus enemigos. Pero algo está cambiando. Ante la mascarada golpista, salieron muchas banderas rojas y gualdas. Por primera vez esas banderas no eran "fachas". Por primera vez el alma, que andaba desmemoriada con su memoria histórica, que ignoraba si tenía sexo o género, que buscaba con lupa sus "hechos diferenciales", por primera vez, el alma española salía de sus catacumbas, de sus antros de automortificación. No se sabe muy bien cómo terminará este golpe barcelonés, este negro contubernio. Por donde quiera que Vd. mire se ve la pata peluda de la Pérfida, la media luna del sarraceno, las altas finanzas, que es como decir, el Nuevo Orden…Pero las payasadas de un soberanismo tardío, pues llega con más de un siglo de retraso, pueden encerrar, con todo lo peligrosas que parecen ahora, una consecución muy feliz: las banderas de España ya no son "fachas". Hay alma que no es resentida, que no odia, que guarda esencias "católicas", es decir, universales. Esa es la verdadera alma española, la del amor (caritas), la de la construcción, que no liquidación.

    Europa existe, digámoslo sin manierismo ni exageraciones, por los Imperios: la Monarquía Católica Hispana y el Sacro Imperio, en primer lugar. La Edad Moderna, edad de luz en la ciencia, de Ilustración y libertades, sólo pudo darse con la espada, haciendo retroceder a los secuaces de Mahoma al otro lado del Estrecho, de una parte, y alejándolos de Viena y de Centroeuropa toda, de la otra. Después, con Hungría y la Santa Rusia, los Imperios "padres de naciones", hicieron posible Europa que es como decir Cristiandad. Pero Francia, la Pérfida Albión y Holanda crearon tan sólo imperios depredadores, naciones-estado, y se sacaron de la manga un "Occidente" a falta de un Imperio verdaderamente universal.

    Venga el alma perdida a la vida de nuevo. No revive el alma con una bandera, revive con fe en Dios, y si ésta falta, con fe en los propios esfuerzos. No es la primera vez que a los españoles les traicionan desde dentro y desde fuera, y aparece nuestro Imperio venido a menos como perro flaco comido por las chinches. Y sin embargo, aparecen los caudillos y la sangre hierve cuando la afrenta es grande. Si el alma revive, el Imperio renace. Para ello quizá las afrentas, como ésta de hoy hagan las veces de estimulantes y vigorizantes. Y entonces tiemblen esas chinches y garrapatas con sus banderas inventadas y sus repúblicas envueltas en vainas de banana.



    __________________________

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    https://latribunadelpaisvasco.com/no...lma-espanola-/

  13. #133
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    Re: Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    La Hispanidad por Arturo Uslar Pietri






  14. #134
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    Re: Respuesta: Carta a los Españoles Americanos


  15. #135
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    Re: Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    La Hispanidad, debate con Iván Vélez, Javier Esparza y Fernando Paz




    https://www.youtube.com/watch?v=FUaB6_kix10

  16. #136
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    Re: Respuesta: Carta a los Españoles Americanos

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    La Nación, al servicio de México


    México, D. F., 24 octubre 1942 año II, número 54


    páginas 23-24


    Discurso


    El mejor indigenismo es el hispanismo…

    …que busca en el indio al hombre, no a las plumas


    por Alfonso Junco


    El viernes último en el Palacio de Bellas Artes, Alfonso Junco, actuando como mantenedor de los Juegos Florales organizados por la Beneficencia Española como culminación de los festejos de su centenario, pronunció el magnifico discurso que La Nación da a conocer con todo gusto a sus lectores, y en el que el noble escritor precisa el auténtico indigenismo a lo hispánico, tan lejano de ese otro indigenismo turístico que apenas llega a las plumas, los collares y los colorines de nuestro indio.

    Reina y Corte:

    Señoras y Señores:

    Poesía y mujer




    Junco: “…lo hispánico no excluye ni desprecia lo indígena, lo incorpora y lo funde…”



    Flota en la atmósfera y canta en la luz de esta noche de gala, un coro de inspiraciones generosas: la España materna, descubridora y fundadora, que hace 450 años besó con sus carabelas jadeantes las playas de un mundo nuevo; la beneficencia hispánica, que madrugó en los misioneros y en Cortés, –fundador del Hospital de Jesús que todavía perdura–, y que se dilató con ingeniosa multiplicidad y eficacia por los tres siglos del virreinato, pero que, ya en la era independiente, se concretó en un organismo propio cuyo primer centenario conmemoramos; y la Poesía cuya fiesta floral hoy nos congrega, bajo el hechizo propiciatorio de la Mujer, reina de amor y de hermosura, fuente de ensueño y de gracia, sonrisa de Dios que se pasea por el mundo para hacernos sentir la nostalgia y la sed del paraíso.

    Juntar a la Poesía y a la Mujer es un instinto poderoso y certero, consagrado en la tradición caballeresca de los juegos florales; la Mujer y la Poesía se identifican en el ministerio de elevar transfigurando; y ante los ojos de mujer que presiden, como un símbolo, esta noche de gala, viene espontáneamente a los labios aquella extasiada invocación del poeta:


    Cuán límpido el claror de los serenos
    ojos que Dios en tu semblante quiso
    cual reflejo poner del paraíso
    a que aspiran las almas de los buenos.

    Así, de gracia y de inocencia llenos,
    quien su fulgor recibe, de improviso
    siente en su ser el misterioso aviso
    de ignotos mundos, al dolor ajenos.

    Si anuncias a los míseros mortales
    la excelsitud de una inmortal aurora
    con la luz de tus ojos celestiales,

    deja que en esa luz de tu mirada
    se purifique el alma pecadora
    para alcanzar la eternidad soñada.



    * *


    La España materna, descubridora y fundadora de pueblos, misionera y benefactora, alborea en la portentosa claridad del 12 de octubre: aquel memorable día en que Colón, sollozando de júbilo y de victoria, alzó la cruz en tierras de América, cuando, pretendiendo abrir nuevo camino para las Indias y creyendo tocarlas, topó con un inmenso continente que se alzaba a mitad de su carrera y que ni en sus sueños desmesurados existía. Quedó así integrado el mundo, y quedó potencialmente incorporado nuestro hemisferio a la civilización y al cristianismo. Que estas grandes repercusiones suelen tener los grandes propósitos, y, aun a despecho de los yerros humanos, suele Dios coronar con imprevistas verdades el tesón de la heroica voluntad.

    Aquella empresa substancialmente española –del toda ajena al rincón nativo de Cristóbal, vana y puerilmente disputado–; aquella empresa acariciada en la Rábida, auspiciada por fray Hernando de Talavera, acometida en nombre y al impulso y amparo de los Reyes Católicos, con el concurso decisivo de los Pinzones y con naves y gentes españolas, inauguró el contacto, doloroso y glorioso, de Europa con América, inauguró la efusión y la fusión de sangres que gestaría el alumbramiento de nuestros pueblos. Acaso por ello ha venido designándose el 12 de octubre como el Día de la Raza. Pero raza no significa para nosotros exclusión altanera, sino amorosa compenetración; no implica la teoría materialista y pagana de un racismo aislante, sino al revés, la doctrina espiritualista y cristiana de un ecumenismo integrador. Integrador, en nuestro caso –dentro de la vasta hermandad de todos los hombres– de esta egregia comunidad espiritual que llamamos la Hispanidad. Común denominador, signo unitario que no borra, sino levanta a superior armonía, las diferencias étnicas, las aportaciones locales, los valores autóctonos.

    Méjico no es España, Pero ¿qué fue lo que integró a esta patria nuestra? ¿De dónde recibimos la comunidad de lengua, de religión, de espíritu, de territorio, de instituciones, de estilo vital? ¿Qué es lo que forjó lo que constituye la nación mejicana?

    Ella no existía, ciertamente, cuando tribus aborígenes, extrañas y aun adversarias entre sí, ocupaban zonas más o menos distantes, y carecían de comunidad de idioma, de comunidad de territorio, de comunidad de régimen jurídico y social, de comunidad de ideales.


    Lo que integró a nuestra patria

    Lo que hizo posible, lo que creó de hecho la nación mejicana, fue, por el pensamiento y por la acción, el aporte hispánico; la cultura católica y europea, de personalísimo sello, que con España recibimos; que amalgamó y dio nexo de unidad a lo heterogéneo; que imprimió carácter, fisonomía, modos genéricos que a lo largo de nuestra patria –y de manera semejante a lo largo de toda la América Española–, percibimos fácilmente como signos de hermandad.

    Lo hispánico no excluyó ni despreció lo indígena. Al contrario. Precisamente lo genuino, lo típico, lo singularmente glorioso de la Hispanidad, es el haber incorporado y fundido en sí, con abrazo de amor, tanto la sangre como las peculiaridades y excelencias aborígenes. Sin prejuicio ni soberbia racial, con sentido ejemplarmente cristiano, consumó España la fusión de sus gentes con las gentes nativas; y así surgió el gran mestizaje de América, que ofrece sin duda aportaciones y modalidades propias, pero que reconoce por común denominador la Hispanidad.

    Basta ejemplificarlo, señoras y señores, con unos cuantos datos cardinales.

    ¿Qué fue, entre nosotros, lo que vinculó a las tribus distintas y adversarias? Nada tenían de común los tarascas o los mayas con los aztecas. Estos tiranizaban cuanto podían a los tlaxcaltecas, a los zapotecas, a los mixtecas, a otros grupos étnicos. No eran hermanos, sino enemigos. Por eso, para pelear contra sus opresores, los tiranizados se aliaban con Cortés. Lo que puso unidad en aquella diversidad heterogénea y antagónica, fue el régimen español, fue el mensaje hispánico.

    Igual en la lengua. Respetando y estudiando el hervidero de idiomas y dialectos que separaba a los aborígenes, les comunicó España la maravilla de su propia lengua, con que pudieron ellos salir de su oscuro aislamiento particularista, hermanarse entre sí, insertarse en la cultura universal.

    Lo propio en la religión. Ante la babel de dioses primitivos –a menudo feroces y rivales–, llegó el cristianismo que, además de abolir los sacrificios sangrientos y la antropofagia, levantó a los indios a un plano superior de convivencia amorosa, de dignidad humana y de común fraternidad.

    Y lo mismo en la geografía. Ocupaban las diversas tribus, regiones relativamente cortas, discontinuas, dispersas. El territorio vastísimo de la Nueva España –y aun nuestro actual territorio reducido a la mitad de aquél–, no es, simplemente, lo que tenían las indios. Es ello y muchísimo más, que se descubrió, se pobló y se civilizó por el asombroso esfuerzo hispánico. Es esa gran totalidad traída a nexo político por el régimen virreinal.

    Por eso es una insigne y apocadora tontería, que se designe a México, a menudo, como “la nación azteca”. Nuestro conjunto étnico, nuestra lengua, nuestra religión, nuestra cultura, nuestro territorio, no son los de los aztecas: rebasan y superan con enormidad aquella cosa exigua, restricta, adversa y opresora de los demás pobladores.

    En cambio, la Hispanidad sí es –para nosotros como para los otros pueblos hermanos de América–, lo que he llamado el común denominador, que no excluye sino incluye lo indígena; el común denominador, que así como en aritmética sirve para sumar quebrados, así integra aquí lo fraccionado, lo inconexa, lo quebrado, en un espléndido total, en una suma generosa.


    El hispanismo es el mejor indigenismo




    Teresa, mujer de nuestra raza… santa, femenina, reformadora


    No hay, en consecuencia, disyuntiva ni oposición, entre el hispanismo y el indigenismo. Al revés. El hispanismo auténtico es el mejor indigenismo.

    Al afirmar lo hispánico, afirmarnos precisamente lo indígena, que no es ya cosa contrapuesta ni ajena a la Hispanidad, sino fundida con ella en una totalidad étnica e histórica objetivada por veinte pueblos.

    El hispanismo católico –único hispanismo entero y verdadero, porque lo católico es la entraña misma de lo hispano–, ama y siente al indígena como cosa propia. No lo segrega, sino lo incorpora. Quiere su mejoría y exaltación integral, como persona humana. No mira al indio como bicho raro, sino como hombre.

    Hay cierto indigenismo descaminado y angosto, adorador del dialecto y de la orejera y del collar, que busca ejemplares de aborígenes como buscaría ejemplares de fauna exótica, que suele prescindir de lo hispánico y aun repudiarlo, para quedarse con el indio en vivas plumas. Lo cual resulta, a la postre, denigrante para aquellos a quienes pretende exaltar.

    El hispanismo, nutrido de católica savia, no entiende al indio como novelería pintoresca, sino como dramática humanidad.

    Hispánicos son todos los que iniciaron y arraigaron en América el conocimiento y la dignificación del indígena, su incorporación fraterna y sin repulgos a una comunidad más anchurosa y a una cultura superior. Todo ello respetando cuanto en los modos y costumbres indígenas era bueno o indiferente; corroborando con amor sus peculiares actitudes y sus gustos nativos; y sólo repudiando las cosas inhumanas o inferiores: sacrificios sangrientos, antropofagia, idolatría, poligamia…

    Siguiendo las huellas de Isabel –que porque fue de veras la Católica fue de veras la indigenista–, la Corona de España defiende siempre a los indios ante los abusos y ferocidades engendrados por la guerra y el apetito dominador.

    Un pariente de Carlos V viene a esconderse en un rincón de México –en el convento de San Francisco, cuna de la civilización del Nuevo Mundo–, y muere nonagenario, todo absorto en su portentosa tarea educativa. Es Pedro de Gante.

    Del colegio franciscano de Tlatelolco salen indios doctos y respetables, que saben latín y de gobierno, que descuellan en la vida intelectual y social, como aquel don Antonio Valeriano, evangelista de la “buena nueva” del Tepeyac.

    Don Vasco de Quiroga, primer obispo de Michoacán, junta a los indios en comunidades ideales, fomenta la limpieza de su alma y de su cuerpo, organiza el trabajo y la economía con un realismo tan certero y tan eficaz, que todavía el cabo de cuatro siglos deja huellas vivientes.

    Un encomendero, Bartolomé de las Casas, siente el grito cristiano de su hispanidad, y deja sus indios, y llega a obispo, y vuélvese feroz adalid de todos ellos. ¿Quién ha exagerado y vociferado contra los españoles con tan abrupta intemperancia –y tan respetada libertad– como él? ¿Y quién ha dicho más suaves y enamoradas cosas de los indios que otros también mitrados: Julián Garcés, el venerable Palafox?…

    Escudriña el Padre Sahagún y registra acuciosamente la historia y peculiaridades de los nativos; la pléyade de los misioneros lleva luz científica al intrincado laberinto de las lenguas. Mas todo ello con calor vital: no para arrellanarse en la filología y el folklore, sino para lanzarse a la redención de aquellas almas humanas.

    Lo que da nervio y profundidad al heroísmo de aquellos grandes indigenistas, es puntualmente lo que tienen de hispanos, lo que tienen de cristianos. La mera inspiración indígena sería impotente para esos frutos. Necesitábamos precisamente la inspiración hispánica, la aportación providencial de la cultura y la religión que España trajo y consubstanció en nuestra vida.

    Nadie es, pues, mejor indigenista que un buen hispanista. Quien desdeña o repudia lo hispanocatólico, podrá ser un selecto explorador del indígena como curiosidad: nunca un entrañable amador del indígena como hombre.


    * *


    Nosotros, justamente por nuestra herencia hispánica, jamás hemos sentido diferencias por el color de la piel: indios, mestizos, criollos, convivimos naturalmente y sin reparar en ello; nunca es la raza motivo de acrimonia ni de exclusión; lo mismo en la escuela que en la oficina, en el foro que en el ejército, en la mitra del prelado que en la silla del Presidente, pueden alternar y alternan, sin asombro ni repulgo de nadie, todos los “pigmentos”.

    Esta excelencia, genuina y medularmente cristiana, que anula todo racismo teórico o práctico, y que es base primaria e ineludible para la dignificación del indígena; esta excelencia, que nos pasa inadvertida por lo mismo que nos es connatural, pero que no suele alcanzarse ni en países del mayor auge democrático, la tenemos nosotros, y la tenemos como herencia y mensaje de nuestra cristianísima hispanidad.

    No existe, en suma, oposición entre indigenismo e hispanismo. Podrá haber variedad de dosis y de acentos en la estimación; podrá haber, de ambos lados, espíritus angostos que no abarquen y sobre todo que no vivan esta síntesis. Pero el hispanismo auténtico es el mejor indigenismo.


    El acercamiento por la poesía

    Somos, sin melindre de colores, una vasta familia de veinte pueblos. Pero nuestra hermandad es más un hecho histórico y una disposición de espíritu, que una operante realidad. Y hoy, en medio de la borrasca del odio y la violencia que se exaspera sobre el mundo y alcanza jerarquías de ideal y doctrina, es alto y oportuno pensamiento convocar todas las fuerzas vinculadoras de los hombres, levantar en nuestra América el signo unificante del amor, y auspiciar en el arte –señaladamente en la poesía– una de las potencias más profundas de espiritual acercamiento.

    Porque tiene en el arte, y tiene con singularidad en nuestros pueblos hispánicos, un sitio tan egregio y tan ejemplar la poesía, que su imagen radiosa se levanta como una evocación imprescindible, cuando se piensa en el acercamiento de lo distante, en la fraternidad de lo diverso, en la unificación de lo mejor.

    Porque el hombre –complejo misterioso de lo ínfimo y de lo supremo–, guarda un elemental instinto que lo empuja a apretarse con sus semejantes buscando meramente calor animal bajo el trueno de la tormenta y el estímulo del miedo, y atesora también un instinto celeste que lo sube a buscar el inmaterial calor de los espíritus afines, para apretarse y unimismarse con ellos en invisible comunión fruitiva.

    Esta aproximación por lo más alto, este abrazo fraterno de las almas en sus horas mejores, este vínculo de amor en la excelsitud, tiene en la poesía su motivo quizás más operante, su realización tal vez más prestigiosa.

    ¿No es verdad que en nuestra América, a despecho del recíproco desconocimiento material, de lo lento y precario de nuestras físicas comunicaciones, hay una voz de espíritu que resuena a lo largo del continente, y anuncia y presagia y cumple en parte nuestro conocimiento futuro y nuestra soñada unificación?

    Poco hemos practicado el viaje intercontinental, poco sabemos de la política y circunstancias de nuestros hermanos de América: pero alguna vislumbre tenemos de su entraña y alguna anticipación de nuestra venidera unanimidad, en la poesía que canta por Díaz Mirón y Amado Nervo, por Othón y González Martínez, por Rubén Darío y Guillermo Valencia, por Santos Chocano y Zorrilla de San Martín, por Leopoldo Lugones y Gabriela Mistral.

    Dijérase que así como el paisaje se reconoce por sus cumbres, y así como el torso de la América se vertebra y unifica por la egregia vinculación de sus montañas, así nuestro paisaje ideal se identifica por nuestros poetas, y de sus altas bocas surge un grito de alerta continental, y por sus bravos riscos va en cadena pasando –como por brazos de gigantes en maratón magnífico– la antorcha soberana que desgarra la noche.


    * *


    Casi en noche recíproca estaríamos aún, sin ese resplandor de poesía. Ella ha preludiado el conocimiento cabal que ha de venir, ha suscitado la simpatía que se ha de fortalecer, ha puesto en vigilia nuestra inquietud de acercamiento que ha de llegar a plenitud lograda. No en vano llámase al poeta, vate: que poesía es vaticinio, augurio, profecía. Profetas de la América futura son nuestros poetas: no es cosa vacua el lírico clamor, ni el penacho romántico es baldío. Toda acción eficaz va precedida del lampo del concepto; todo acometimiento generoso lleva en la punta de la vanguardia un cántico.

    Debe venir y vendrá –en cintas de asfalto y de hierro, en rutas aéreas y marítimas– el acercamiento físico que nos falta; debe venir y vendrá el intercambio comercial y económico, la aproximación por el radio, por la prensa, por el cinematógrafo, por el teatro, por todas las corrientes intelectuales, universitarias y artísticas. Pero ya la poesía dio su fulgor de aurora.

    Y es necesario y justo que su fulgor vaya en aumento con el día que aguardamos. ¿Y quién como la mujer para auspiciar la plenitud soñada de esa luz?

    Recordáis –¡cómo no!– la rima de Gustavo Adolfo:


    –¿Qué es poesía?– dices, mientras clavas
    en mi pupila, tu pupila azul.

    –¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
    ¡Poesía… eres tú!


    Poesía eres tú, mujer. Poesía sois vosotras, mujeres. Y porque sois poesía, nadie como vosotras para darle regazo y presidir sus justas incruentas; y porque sois poesía, sois idealismo, ensueño, fe, y nadie como vosotras para suscitar este acercamiento de las almas en lo excelso; y porque sois poesía, tremoláis, en las horas de abatimiento y de catástrofe, sobre el abúlico pesimismo el gonfalón de la esperanza, sobre los alaridos del odio la clarinada del amor.




    _______________________________________

    Fuente:

    http://www.filosofia.org/hem/dep/pan/9421024a.htm
    Hyeronimus y ReynoDeGranada dieron el Víctor.

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