Cortés contribuyó en mucho a la propagación de la Fe Católica entre los Indios, no solo con el bautizo de los Tlaxcaltecas en 1520.
Poco después de la conquista, cuando llegaron la primera misión de Franciscanos a la ciudad de México, éstos venían de muchos meses de viaje en barco y a pie. Venían con su ropa hecha harapos y muy flacos, razón por la que a Toribio de Benavente le decían “Motolinia”, es decir, pobrecito o desdichado.
Al llegar a la ciudad de México, Cortés les dio una bienvenida, y ante la primera vista de los religiosos, el Conquistador (y sus hombres) se puso de rodillas y trató de besarles la mano, lo cual no dejaron los franciscanos.
Imaginen el efecto causado al ver al hombre fuerte de los españoles, al guerrero de muchas batallas, postrado y mostrando gran respeto ante gente tan harapienta y físicamente débil. Desde entonces los Indios vieron a los religiosos como sus mejores defensores, lo cual justamente fue.