Existe ya una ley del año 2007 "contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte". Con esa ley en la mano, por ejemplo, se puede suspender un partido si la afición abuchea a un jugador negro.
El problema de este país es que si se abuchea a un negro, el árbitro suspende el partido sin más contemplaciones, y todos lo entienden.
En cambio, por los motivos que todos saben pero callan, nadie "entendería" que un árbitro suspendiera el partido por silbar una cosa tan fascista como el himno español. Por supuesto que sí lo entenderíamos todos si el abucheo fuera contra una cosa tan sacratísima como el himno separatista de los etarras o el catalán.

El consenso traidor de las altas instancias gubernamentales con el nacionalismo separatista permite y permitirá estas cosas, mirando hacia otro lado ("con la que está cayendo"... "eso son menudencias", "debe haber libertad de expresión", "que se sientan cómodos", "no nos pongamos a su nivel", son una minoría" etc etc etc)