Re: Por qué en España es imposible hacer política... Y cómo solucionarlo...
No me refiero al Tradicionalismo, sino a las referencias a Jasarhez y a mi. Nosotros en ningún momento hemos querido torpedear este hilo, pero hay aspectos que se han de tener presentes como el hecho de que somos bastante más "veteranos" de lo que suponéis y, aunque no sea más que por "viejos",sabemos bastante bien de lo que hablamos. Si, además, hay otros aspectos a tener en cuenta, tampoco es muy lógico pretender que ni se mencionen, sino que lo propio es aprovecharlos pues, al fin y al cabo, "no somos el enemigo" y, también tenemos derecho a discrepar ya que en el contraste es donde "puede" darse alguna luz. Y las descalificaciones no ayudan nunca en nada, jamás son positivas.
Luego, y entrando ya en materia, claro que hay un problema de unidad o, si se prefiere, de remar en el mismo sentido. En mi opinión no es sólo un problema de egoísmos, o de "qué sabrán esos" (referido de un grupo a otro), o del "tribalismo carpetovetónico" tan característico de este pueblo y tantos otros aspectos que se quieran destacar. El problema está en la raíz misma de una ausencia de educación. Y con ello no me refiero sólo al respeto debido de unos a otros, sino al de una "educación histórica" sobre nuestras raíces y sobre nuestra Historia. Y en eso, el Tradicionalismo es bandera, y si te tomas algunos ratos en leer muchos temas de foristas que hay en los diferentes foros de Hispanismo.org, llegarás a darte cuenta de la autoridad moral que tienen. En muchas ocasiones no se puede discutir, porque directamente tienen el 99'99% de razón, y ante eso sólo se puede meditar y asumir como propio lo que dicen. En otras ocasiones no es obligatorio aceptar las cosas por que si, ni al pie de la letra. Y es que muchas veces es el tono, modo o forma de expresar las cosas, lo que determina el acuerdo o el desacuerdo. Aquí, no hay expresión facial, aquí no hay tonalidad en la voz, aquí, y de eso me quejo yo muchas veces, no sabemos con quien estamos hablando, debatiendo, discutiendo o tirándonos los trastos a la cabeza. No se trata de hacer un "curriculum vitae", ni de "chulear" a nadie, pero si hay un mecánico de coches yo no le voy a discutir, le reconoceré su autoridad en la materia, lo que no quita para que tenga que aceptar que también puede estar equivocado en un diagnóstico. Hay algo de lo que Tolkien estaba totalmente seguro, que nadie sabe más de su tema que el propio investigador. Y eso es una verdad total. Luego la interpretación puede variar, pero ya es harina de otro costal.
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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