Fuente: The Social Crediter, 24 de Enero de 1953, Vol. 29, Nº. 22. Página 5.



Alberta – 1953


The Alberta Experiment fue el título de un Informe Interino de la Situación escrito en 1937. Durante la última parte de ese año y en 1938 fueron aprobadas por la Asamblea Legislativa de Alberta siete Leyes que estaban específicamente diseñadas para implementar el Crédito Social. Todas ellas fueron desautorizadas por la intervención del Gobierno Federal, por el Teniente de Gobernador de la Provincia o por las Cortes judiciales.

Con la llegada de la guerra en 1939, el Gobierno de Alberta abandonó su ofensiva para implementar el Crédito Social y, hasta la muerte de William Aberhart en 1943, confinó todos sus esfuerzos en resistir las presiones del Gobierno Federal, el cual quería centralizar todo el poder tomando como excusa la guerra. La estrategia de Aberhart consistía en usar los años de la guerra para consolidar su posición y ganar un más amplio y mejor apoyo popular de gente bien instruida en el Crédito Social, para así poder después reanudar la ofensiva de una manera más firme y determinada. Cuando Manning sucedió a Aberhart como Primer Ministro provincial, todo el terreno que se había ganado en esta cuestión fue tirado por la borda. La política del Gobierno de Alberta experimentó a partir de entonces un cambio drástico. Se abandonó toda resistencia frente a la centralización llevada a cabo desde Ottawa. Se empezaron a hacer propuestas abiertas a los monopolistas financieros, y se acabó culminando en una completa renuncia de los principales poderes fiscales de la Provincia en favor del Gobierno Federal. La deuda de Alberta fue refinanciada en términos altamente satisfactorios para Wall Street.

Se ha afirmado que, a pesar de esta renuncia de poderes fiscales, la carga fiscal se ha reducido en Alberta de una manera radical. Eso no es cierto. Por el contrario, la carga fiscal se ha incrementado bajo el Gobierno de Manning, pero la totalidad de ese incremento queda parcialmente disimulada por la renuncia de los poderes para gravar sobre ingresos y sobre sociedades en favor de Ottawa, del cual se recibe a cambio una subvención global o general. La afirmación acerca de una reducción de deuda constituye otro mito, ya que todo ello no constituye en realidad más que un traspaso en favor de las corporaciones financieras de la mayor parte o porción de los ingresos provenientes del petróleo. La población de Alberta no recibe beneficio ninguno.

Al terminar la guerra, las intenciones del Gobierno de Alberta de querer apartarse de cualquier tipo de pretensión de seguir una política de Crédito Social se revelaron de manera más abierta y descarada. Douglas fue repudiado. Los Creditistas Sociales bien instruidos fueron purgados del “Partido” así como de los puestos claves del Gobierno. La Junta de Crédito Social –la única fuente de información fiable acerca del Crédito Social– fue disuelta. El Gobierno de Alberta se convirtió así en el modelo canadiense de una administración ortodoxa, aclamada tanto por las multinacionales como por los monopolistas financieros.

1938 fue el año en que quedó desautorizada la última de las Leyes propuestas para la implementación del Crédito Social. Es decir, hace catorce años; y desde entonces no se ha realizado ningún otro intento práctico para introducir una política de Crédito Social. El Crédito Social no solamente “no ha sido intentado” sino que tampoco se ha hecho ya más en Alberta ninguna tentativa para implementarlo. De manera progresiva, se ha venido trasladando el acento en la legislación hacia medidas de “bienestar” (colectivismo, socialismo). El Gobierno de Alberta se ha convertido en un Gobierno de Estado de Bienestar, aun cuando todavía se siga llamando a sí mismo Gobierno de Crédito Social.

En justificación de su abandono de la política del Crédito Social, la Administración de Alberta sostiene que, debido a las limitaciones constitucionales de un Gobierno Provincial, la introducción de una política de Crédito Social habrá de esperar hasta que todas las Provincias del Canadá elijan una mayoría en el Parlamento Federal que esté comprometida con la implementación del Crédito Social. Con esta renuncia de su obligación de establecer el derecho de la Provincia a legislar en Alberta en materias de finanzas sin tener que esperar a la sanción o autorización de los monopolistas del dinero, y con su sustitución por la política de “Ir a Ottawa”, el Gobierno Provincial está cometiendo un desastroso error. Ampliar el ámbito de alcance de un problema no implica solucionarlo; y si se diera el eventual caso de que Ottawa cayera bajo el dominio de un Partido mayoritario de Crédito Social puramente nominal (una eventualidad en sí misma bastante improbable) tampoco se efectuaría ningún deterioro en el poder de veto de los financieros. Ni tampoco habría ninguna garantía de que, en caso de que se pusiera en práctica dicho poder, éste fuera a sufrir más oposición de la que sufre actualmente en Alberta. Es más, si un Partido que estuviera operando bajo la etiqueta de Crédito Social se viera por cualquier motivo en la necesidad de llevar este asunto aún más lejos, entonces se vería obligado a pregonar la política de “Ir a las Naciones Unidas”. Estirando la credulidad hasta el límite, y asumiendo que se consiguiera conquistar ese baluarte, la Asamblea se vería al momento encarada con los vetos tanto de la Unión Soviética como de Wall Street. ¿Puede alguien imaginar al Crédito Social emergiendo de una estrategia política como ésa que pregona Alberta?

El ejemplo de Alberta ha sido seguido muy de cerca. En el Gobierno de “Crédito Social” de la Columbia Británica, pocos de sus miembros saben lo que es el crédito social. No hay duda de que esta Administración no ha hecho ni hace ahora ningún intento por introducir el Crédito Social. Durante la campaña electoral, el portavoz de este partido de pseudo-“Crédito Social” se comprometió a modelar la legislación de su Gobierno conforme a las medidas de “bienestar” tomadas por Alberta.

Hoy en día parece que hay poca duda de que, dado el jefe que tiene y en ausencia de un cambio espectacular en el corazón, el segundo Gobierno de Crédito Social sucederá al primero embarrando al Crédito Social con Socialismo. Tal acción recibirá la bienvenida y la recompensa de todas aquellas instancias que son poderosas en la política y detrás de la política, ya que se conforma y adecúa con ellas; constituye el más reciente y más insidioso ataque realizado sobre el Crédito Social. El camino trazado se va volviendo claro y transparente, y bien podemos esperar la aparición de otros Gobiernos que sean elegidos a través de un espurio “Partido” de “Crédito Social” que se convierte al Socialismo. La Finanza no tiene reparo ninguno en aceptar todo eso: “¿Crédito Social? ¡bienvenido sea!”, bien podría exclamar Montagu Norman.

(Que tomen nota, por favor, los Creditistas Sociales de Nueva Zelanda y otros)