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Tema: ¿Qué pasó realmente en Alberta?

  1. #1
    Martin Ant está desconectado Miembro Respetado
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    ¿Qué pasó realmente en Alberta?

    Finalmente, cumpliendo lo ya prometido varias veces anteriormente, dejo aquí por fin la historia resumida del único intento hecho, hasta ahora, de implantar las políticas del Crédito Social en una comunidad política. Me refiero a los importantes acontecimientos ocurridos en la Provincia canadiense de Alberta a partir de agosto de 1935, momento en que los creditistas sociales se hicieron con el poder político en las elecciones de aquel año, y hasta la muerte de su jefe político en 1943.

    Creo que es importante traer a colación el registro de estos eventos, ya que suponen el único intento, hasta ahora, de desafío verdadero y serio en el ámbito mundial (si exceptuamos, claro está, la ininterrumpida acción contrarrevolucionaria de la Comunión legitimista encabezada por el Rey o Regente legítimo español, en el ámbito hispánico) hecho a los poderes de los internacionalistas financieros, que se han ido haciendo con el control de la vida y hacienda de los países (tanto occidentales como también los demás) a medida que ha ido avanzando la presente era de la Revolución (que ellos mismos provocaron y provocan, y pusieron y ponen al servicio de sus intereses de dominio) en que estamos actualmente sumergidos (también conocida en los libros de Historia, oficialmente, como Edad Contemporánea). Es lo que se conoce también como el "problema social" o la "cuestión social", en donde el aspecto financiero constituye la base, fundamento y clave del susodicho control y dominio por parte de los imperialistas financieros.

    También creo que ayudará a trazar un curioso paralelismo con lo que estamos presenciado en suelo español con el llamado fenómeno del nuevo partido político de Podemos. Es evidente que el contexto de crisis económica (por cierto, también artificialmente provocadas, dicho sea de paso) de los años treinta del siglo pasado y de la actual que padecemos desde el 2007, ha favorecido la eclosión, tanto en una como en otra época, de nuevos fenómenos políticos que, sabiendo capitalizar a su favor el lógico descontento generalizado, han intentado o intentan dar una solución al mismo sempiterno tema del "problema o cuestión social" propio de nuestra era, antes referido. La única diferencia entre la Liga del Crédito Social de aquel entonces y el Partido Podemos de ahora radica, claro está, en que uno sí pregonaba la verdadera solución político-social-económico-financiera y el otro no (aunque la explicación en detalle de esto último lo reservo para ulteriores ahondamientos en el asunto).

    El texto del resumen de esta importante historia está tomado de la traducción de los dos capítulos (5 y 6, con sus correspondientes Apéndices) dedicados a la narración de estos acontecimientos que aparecen en el libro Understandig the financial system. Social Credit Rediscovered, de la actual Presidente de la Secretaría del Crédito Social y conversa a la Religión Católica, Frances Hutchinson.
    Última edición por Martin Ant; 12/11/2014 a las 18:07

  2. #2
    Martin Ant está desconectado Miembro Respetado
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    Re: ¿Qué pasó realmente en Alberta?

    Fuente: “Understanding the financial system. Social Credit Rediscovered”. Frances Hutchinson. Jon Carpenter. 2010. Páginas 116-188.



    Capítulo 5. El período previo a 1935 en Alberta.


    El 22 de Agosto de 1935 los ciudadanos de la provincia canadiense de Alberta eligieron un Gobierno de Crédito Social por una aplastante mayoría. De un total de 63 escaños en la Asamblea Legislativa, 57 fueron obtenidos por los miembros del Crédito Social. Ninguno de aquellos elegidos, incluyendo al primer ministro, William Aberhart, jamás habían hecho carrera a unas elecciones previamente, y mucho menos habían ocupado un cargo político. El acontecimiento fue de tal significación que se informó de ello en los periódicos locales y nacionales a lo largo del mundo. Durante las siguientes décadas se gastaron vastas sumas de dinero en presentar este acontecimiento como un acto de rebeldía contra el gobierno legítimo, una reacción irracional a la pobreza en medio de la abundancia causada por la depresión económica de aquellos tiempos, que golpeó particularmente fuerte en las provincias de las praderas, y una herejía peligrosa a la que no se le podía dejar que sentara un precedente. Aunque sus representantes elegidos democráticamente fueron frustrados a cada momento en sus intentos por introducir legislación práctica congruente con la teoría económica de Douglas, el pueblo de Alberta se negó a seguir siendo esclavo del sistema de partidos controlado por la finanza. Una vez tras otra reeligieron representantes del Crédito Social en las urnas. Finalmente, el así llamado “sinsentido” fue erradicado, a medida que los “douglasistas” albertianos eran removidos de los cargos, y los políticos que quedaron podían ser descritos como pertenecientes al “Crédito Social” sólo de nombre. Aunque el Crédito Social fue una fuerza política en otras provincias de Canadá, en el Parlamento Federal de Canadá, en Australia, Nueva Zelanda y en otras partes, incluyendo el Reino Unido, el desafío democrático contra las máquinas de partido convencionales nunca fue tan grande como lo fue en Alberta entre 1935 y la muerte de Aberhart en 1943.


    Los pioneros de Alberta


    En 1901, la población de Alberta era de 73.022, subiendo rápidamente hasta los 185.000 para el momento en que el Estado se unió a la Confederación en 1905. De todos ellos, la mayoría, 127.000, eran granjeros y rancheros. Los primeros ciudadanos de Alberta se caracterizaban por un fuerte espíritu democrático. Al decidir hacer su nuevo hogar en la tierra sin desarrollar que era el Oeste de Canadá, ellos buscaban las libertades democráticas y la seguridad económica que se les negaba en los ambientes sociales que ellos dejaban atrás. La historia de la pobreza rural y urbana que acompañó al crecimiento de la agroindustria y de la industrialización en Europa está bien documentada. Alf Hooke, que posteriormente se convertiría en un miembro principal de la Asamblea Legislativa de Alberta, proporciona algunas indicaciones de las circunstancias que condujeron a su propia familia a emigrar a Alberta. [1] La independencia de espíritu de los granjeros de las praderas se demuestra por los problemas que tuvieron que abordar al tratar de cultivar terrenos desconocidos bajo condiciones climáticas muy diferentes de aquéllas tradicionales en las que se habían criado como niños y jóvenes.

    Desde los primeros años del siglo veinte, los colonos pioneros de Alberta tomaron el mando de su marco institucional con vistas a proteger los intereses de la población rural local. El establecimiento de una Legislatura provincial en 1905 fue paralela al establecimiento de la Society of Equity y de la Farmers´ Association. En 1909, estos dos cuerpos se unieron para formar la United Farmers of Alberta (U.F.A.). Tan pronto como 1913, se hicieron intentos por tratar de solucionar algunos de los daños comerciales que tenía que confrontar la creciente población agrícola en relación a sus problemas en la venta del grano. Con vistas a ese fin, y siguiendo el modelo de otras empresas similares en Manitoba y Saskatchewan, se fundó la Compañía Cooperativa de Alberta de Depósito de Granos. Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, el derecho de sufragio en las elecciones municipales ya se había extendido a las mujeres. Poco después Alberta estaba a la cabeza del mundo en la elección de mujeres como miembros de la Legislatura.

    En 1921 la United Farmers of Alberta tomó el decisivo paso de convertirse en un partido político, pasando a continuación a elegir un Gobierno que reemplazara a los Liberales, que habían estado al cargo desde 1905. La U.F.A. originalmente se había organizado como un grupo no político. La decisión de entrar en política fue consecuencia de la comprensión por parte de los miembros de que la estructura bipartidista tradicional de Liberales y Conservadores procedente de la vieja patria, era ineficaz para tratar con los problemas económicos y financieros de los granjeros productores en el Oeste de Canadá. A la vista de los acontecimientos posteriores, esta decisión fue de gran significación. Dentro de las filas de la U.F.A. existía un pequeño número esparcido de inmigrantes procedentes de los EE.UU. que eran seguidores del reformador monetario William Jennings Bryan.


    Estudio de las ideas de reforma monetaria


    La noción de que el estudio de la economía, la finanza, la política y otros asuntos relacionados deberían ser confinados a un plan de estudios universitario, no era moneda corriente en aquellos primeros días de pioneros en Alberta, ni en realidad tampoco en Canadá tomada en su conjunto ni en el resto del mundo angloparlante. En las décadas de los años ´20 y ´30 hombres y mujeres ordinarios se dedicaron ellos mismos a organizar grupos de estudio autónomos, haciendo uso de los escritos y trabajos de autores principales y expertos en los campos de estudio elegidos. El estudio no estaba confinado a las cuestiones económicas, sino que cubría el espectro completo del conocimiento, desde bellas artes, artes liberales, política, filosofía, derecho, historia, sociología, psicología, hasta medicinas alternativas y terapias naturales. Aquí, sin embargo, nos interesa centrarnos en el crecimiento de los grupos de estudio, que tenía lugar no solamente en Canadá sino también a una escala mundial, y que se interesaban por obtener un entendimiento de la filosofía económica del crédito social y de otras cuestiones relacionadas [2]. En muchos países europeos, se establecieron grupos de estudio y librerías alrededor de los sindicatos. En Canadá, el estudio se focalizó principalmente a través de las asociaciones de granjeros.

    Desde 1913 en adelante los grupos de estudio dentro de la U.F.A. centraron su atención sobre los sistemas financiero y económico. Dirigidos por gente como George Bevington, un granjero de Winterburn, Alberta, el cual era miembro de la Junta Directiva de la U.F.A., los grupos de estudio reexaminaron las causas de las guerras y otros importantes acontecimientos históricos. La relación entre el pueblo y el sistema de banca e impuestos que condujo a la Guerra Americana de la Independencia (1775-1783) fue el objeto de un estudio informado, aunque informal, a lo largo y ancho de la provincia. Igual que ocurría en otras partes de Canadá, se establecieron paralelismos entre el papel de la finanza y las tendencias económicas que conducen a la guerra, la pobreza y la depresión económica.

    En los años inmediatamente posteriores a la cesación de las hostilidades en 1918, cuando los primeros escritos del Crédito Social de Clifford Hugh Douglas se hicieron ampliamente disponibles a escala mundial, éstos fueron estudiados por estudiantes de economía y finanza a lo largo y ancho de todo el Canadá. Desde el principio existía un reconocimiento general de que las enseñanzas de Douglas ofrecían una base para el establecimiento de una democracia económica más seria que aquélla presentada por el sistema de partidos establecido. Si bien todavía no había una organización formal, a partir de aquellos primeros días, los hombres y mujeres de todas las profesiones, profesores, miembros del clero, hombres de negocios y profesionales, se unieron a los granjeros y rancheros en la rigurosa reflexión acerca del funcionamiento del sistema financiero, y empezaron a estudiar alternativas factibles.

    Aparecen aquí dos agendas muy distintas. Por un lado, el pueblo busca poner sus propias energías vitales en funcionamiento, como granjeros, mineros, profesores o tenderos. Necesitan finanza si quieren proveer a las necesidades de sus familias. Por otro lado, los intereses financieros buscan tomar el control sobre la tierra, sobre sus recursos y sobre los productos que resultan cuando los recursos son combinados con el trabajo humano. No existe razón alguna en teoría por la que estas dos diferentes agendas debieran estar en conflicto. Sin embargo, la historia de los acontecimientos en Alberta proporciona una sólida evidencia de que puede ocurrir un conflicto de intereses.


    Los recursos e infraestructura de Alberta


    Tan pronto como 1885, un pozo perforado para la obtención de agua en Medicine Hat, condujo al primer descubrimiento de gas natural. Más tarde, se descubrió el yacimiento petrolífero de Turner Valley, y la Calgary Petroleum Products Company comenzó a perforar sobre los 700 acres originales de tierra. La documentación de los ricos recursos de la tierra de Alberta estaba y permanece disponible para su estudio. Las reservas de petróleo, gas natural, carbón, minerales preciosos, energía hidráulica y tierras de cultivo fueron descritas, por ejemplo, en The Case of Alberta. [3] Se prestó mucha menos atención a la poderosa posición de los intereses financieros y petrolíferos que condujeron la explotación de esos recursos desde el exterior de la provincia, y desde fuera del Dominio del Canadá.

    Desde el principio, el asentamiento de la provincia fue facilitado por el desarrollo de un sistema de finanza y de comunicaciones que no se encontraban bajo el control de los colonos mismos. Entre 1905 y 1922 se desarrollaron redes extensas de telefonía y ferrocarril en la provincia por medio de poderosas compañías extragubernamentales, que buscaban explotar los recursos del territorio. El sistema de garantías ferroviarias, a través de la cual se financiaron los desarrollos, condujo en gran parte a los problemas financieros que se le presentaron al Gobierno de la provincia en los años ´30.

    Se planteaba la cuestión, para los hombres y mujeres de Alberta, de la necesidad de una infraestructura financiera capaz de asegurar que ellos y sus niños pudieran tener acceso a la comida, cobijo, combustible, ropa y educación: los elementos esenciales de la vida. También era necesaria una infraestructura de transporte y comunicaciones, cuya provisión dependía también de la disponibilidad de financiación. Para el votante ordinario, el camino para el buen gobierno de la sociedad yace a través de la urna electoral. En lo que concierne a los granjeros, rancheros, mineros, pequeños comerciantes y personas profesionales (doctores, profesores), la economía estaba sometida a la esfera de la política. Los financieros del Este y otros “intereses externos” no deberían tener ningún papel legítimo que jugar en determinar los resultados legales y políticos en la provincia. En Alberta, los productores de trigo, carne y carbón buscaban buenos precios para su producción, prefiriendo abastecer al mercado “doméstico” directamente lo más posible, construyendo al mismo tiempo industrias locales. La familia ordinaria, habiendo emigrado a Alberta para cultivar la tierra, era consciente de la vasta riqueza potencial de la provincia, y encontraba más allá de su comprensión los métodos de financiación de la producción a través de deuda perteneciente a dueños externos.

    A partir de su breve visita a Alberta en 1936/1937, John Hargrave [4] proporcionó un resumen útil de la riqueza actual y potencial de la provincia, haciendo uso de fuentes documentales oficiales. Estas fuentes incluían la Oficina de Estadísticas, Ottawa; el Instituto Canadiense de Minería y Metalurgia; informes de la Sucursal de Minas del Dominio; la Oficina de Minas de los Estados Unidos; el Estudio Geológico de los Estados Unidos; el Geólogo Jefe de la Imperial Oil Company (Standard Oil); y el Consejo de Investigación de la Universidad de Alberta.

    De acuerdo con la historia oficial de la compañía tal y como actualmente es presentada, la Imperial Oil Company comenzó sus operaciones en Ontario, viniendo a ser “un principal contribuidor al crecimiento de la industria petrolífera y al desarrollo económico y social de Canadá durante más de 125 años”:

    El histórico descubrimiento de la Imperial en Leduc, Alberta, fue clave en la creación de la moderna industria petrolífera de Canadá. La compañía también fue pionera en el desarrollo de las arenas petrolíferas de Alberta, tanto a través de su papel de liderazgo en la creación de crudo sintético, como en el desarrollo a gran escala e in situ de recuperación de betún en Cold Lake.

    Por medio de tales iniciativas, la Imperial ha crecido hasta convertirse en uno de los mayores productores de petróleo crudo en Canadá y uno de los principales productores de gas natural, así como la más grande refinería, con una cuota de mercado líder en productos petrolíferos y una importante presencia en la industria petroquímica.

    La Imperial posee operaciones en todas partes de Canadá y nuestros puntos de venta Esso constituyen una parte familiar de la escena automovilística canadiense. Las mayores concentraciones de nuestros empleados se encuentran en nuestros centros de oficinas en Calgary, Toronto y Montreal, así como en los centros de refinería y fábricas en Darmouth, Nueva Escocia; Samia y Nanticoke, Ontario; Edmonton y Cold Lake, en Alberta.

    La Imperial posee más de 65.000 accionistas directos registrados y no registrados, la mayoría de los cuales son residentes en Canadá. Muchos otros poseen una parte en la representación accionarial de la compañía a través de su propiedad en fondos mutualistas o su participación en planes de pensiones que poseen acciones en la compañía. El accionista mayoritario es Exxon Mobile Corporation, que posee el 69,6 por ciento de las acciones de la Imperial.

    El símbolo de la compañía en el mercado de acciones es IMO. Nuestras acciones se cotizan en la Bolsa de Toronto, y se admiten al comercio, sin cotizar, en la Bolsa americana. [5]

    En los años inmediatamente anteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando el Gobierno del Crédito Social fue elegido, el carbón todavía era una de las principales industrias de combustible a escala mundial. Las poderosas compañías petrolíferas estaban comenzando a emerger hacia el máximo potencial de su posición monopolística. Las plataformas petrolíferas y las fuertes emanaciones de gases ya estaban reptando a lo largo de los antiguos pastizales de Alberta. La población en su conjunto, sin embargo, permanecía en su mayor parte inconsciente acerca de la significación histórica de estos desarrollos.


    El Crédito Social en Canadá


    El año 1921 trajo una fuerte depresión económica como resultado directo del descenso en la demanda de trigo y otros productos agrícolas, una vez que las hostilidades cesaron y las exportaciones ya no eran requeridas por más tiempo. Cuando terminó la Primera Guerra Mundial, la caída drástica en los ingresos de los granjeros que se produjo como resultado trajo sufrimientos increíbles a miles de colonos nuevos y ya establecidos. De ahí que se focalizara más la atención sobre el papel de la banca y la finanza en la provincia y a escala mundial. Se hacía cada vez más patente que el dinero había fluido en abundancia cuando fue “necesario” para financiar la devastación de la Guerra Mundial. Pero, sin embargo, no había dinero para financiar la paz. Bajo el sistema existente, en tiempo de paz el sistema financiero decretaba la pobreza en medio de la abundancia. Para la gente reflexiva, había de haber alguna otra sana alternativa.

    En ese tiempo un grupo de representantes de granjeros fue elegido para la Cámara de los Comunes del Dominio bajo la bandera del “Progreso”. Ese grupo fue clave en el establecimiento de un Comité Parlamentario sobre Banca y Comercio en 1923. Douglas fue invitado para presentarse delante de este Comité. Su “Testimonio delante del Comité de Banca y Comercio”, emitido en respuesta a las preguntas formuladas y enteramente sin la ayuda de notas, permanece hasta el día de hoy como un documento valioso de las directrices mediante las cuales podría ser abordada la reforma monetaria. [6] También se invitó para dar testimonio delante del Comité al Profesor Irving Fisher, a Sir Frederick Williams-Taylor del Banco de Montreal, a George Bevington de la U.F.A., y a Henry Ford (aunque este último no se presentó).


    Se activa la reacción


    Mientras tanto, en Alberta, un número de resoluciones relacionadas con el control de la finanza fueron presentadas a las Convenciones de la U.F.A. a lo largo de los años. Dieron lugar a que surgiera un intenso interés, e implicaron prologados y bien informados debates. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, los dirigentes de la U.F.A., al igual que sus homólogos en los círculos políticos y sindicales a lo largo del mundo, se estaban haciendo cada vez más ortodoxos en sus puntos de vista. Las discusiones francas y abiertas en materias de finanza fueron vistas con creciente desaprobación, al mismo tiempo que el propio Gobierno de la U.F.A. se iba haciendo cada vez más reaccionario.

    Mientras tanto, los granjeros que constituían las bases en la organización continuaban su investigación para así estar completamente bien informados sobre el asunto. Buscaron abrir un debate público entre los principales pensadores sobre reforma monetaria y los banqueros en Alberta. Con vistas a este fin, buscaron organizar debates bajo los auspicios de la Convención de la U.F.A. Pronto se hizo patente que los banqueros no estaban dispuestos a enfrascarse en un debate público y abierto. Más aún, consultas privadas entre el Gobierno provincial de la U.F.A. y un representante de los banqueros llevó a la comprensión de que podría ser difícil para el gobierno obtener futuras “facilidades de pago” si se seguía prestando atención a las demandas para la realización de tales debates. [7]


    Los granjeros resisten a la reacción


    Generalmente continuaron incrementándose las discusiones informales sobre la reforma monetaria y económica de Douglas en las Convenciones de la U.F.A., a pesar de la hostilidad de los líderes de la U.F.A. En una ocasión el Presidente de la U.F.A., Henry Wise Wood, fue presionado para que diera su opinión acerca de una resolución que abogaba por una investigación oficial sobre el funcionamiento del sistema financiero. Se recoge que él declaró lo siguiente: “No sé nada sobre dinero, y no creo que ningún otro sepa sobre ello. Esta cuestión ha sido una planta anual; y ahora se está convirtiendo en una maleza nociva; mi consejo para ustedes, es que la maten”. Golpeó la mesa, dando por terminado el debate. La moción fue rechazada, pero dejó a muchos preguntándose cómo evaluar el juicio de un hombre sobre un asunto acerca del cual él abiertamente admitía que “no sabía nada”.

    Desde aquel entonces, la política oficial de la U.F.A. consistió en apoyar la formación de cooperativas comerciales para la compra y venta de la producción agrícola, pero prohibir oficialmente toda discusión sobre la reforma financiera y económica de Douglas. Políticas similares fueron seguidas por prácticamente todas las organizaciones oficiales de granjeros. Los líderes de la U.F.A. habían, así, optado por ignorar el hecho de que los solos métodos de las cooperativas comerciales podían solamente traer muy limitadas mejoras en ausencia de financiación cooperativa. En otras palabras, el crédito real generado por los métodos cooperativos debería complementarse mediante la finanza cooperativa para que los miembros puedan obtener algún control realista sobre sus empresas dentro de la provincia. Aunque los líderes políticos se dejaron conducir ellos mismos hacia la ortodoxia, los hombres y mujeres ordinarios continuaron su investigación para el conocimiento y entendimiento de un sistema financiero aparentemente incomprensible.

    A su debido tiempo, la restricción de crédito financiero a los negocios y a la industria condujo, como Douglas había previsto desde hacía tiempo, al crack bursátil de 1929. El crack produjo unas restricciones aún más severas sobre el crédito agrícola, lo cual fue seguido de unas condiciones económicas azarosas. La miseria y las privaciones agudas se hicieron lugar común en una tierra bendecida con vastos recursos naturales y con las habilidades y talentos para poder explotarlas. El desempleo, las bancarrotas, las fábricas manufactureras paradas, unido a las ejecuciones hipotecarias de las granjas y hogares, fueron el resultado. Las consecuencias del estancamiento económico fueron una característica patente en la vida de cada día. El estancamiento económico fue desencadenado enteramente por la acción de los bancos, que estuvieron reclamando los préstamos existentes todas las veces que fuera posible, y que se negaban a conceder nuevos préstamos a pesar de la evidente abundancia de oportunidad para un nuevo desarrollo en cada palmo. Los recursos reales, la necesidad y el know-how necesitaban ser juntados mediante la finanza, y la finanza brilló por su ausencia.


    Los hambrientos años ´30: un relato de primera mano [8]


    En 1937 Douglas escribió The Alberta Experiment, para registrar los acontecimientos tal y como habían ocurrido entre 1930 y 1937:

    Los primeros años de la década de los ´30 proporcionaron amplia evidencia del fracaso del sistema financiero ortodoxo para satisfacer las necesidades reales de la humanidad en Alberta. En enero de 1932, el trigo de calidad nº 1 del Norte se vendía por un precio tan bajo como $ 0,20 por fanega, el cual era el precio más bajo alcanzado en 400 años. Los cerdos de primera calidad de 200 libras se vendían a $ 5 cada uno. Los granjeros con provisiones de trigo casi sin valor los quemaban en sus estufas porque no podían proporcionarse carbón. Los ganaderos mataban al ganado que sólo valía $ 0,75 por 100 libras la pieza viva, para así salvar las pieles, que traían mejores rendimientos que la carne. Existen registrados casos de ganado que es embarcado para ser vendido y su propietario es facturado por los gastos del transporte después de la venta porque los rendimientos obtenidos de la venta del ganado eran insuficientes para cubrir las cargas por el transporte. Un caso bien verificado nos cuenta de un granjero que embarcó un número de pieles para un comerciante y posteriormente recibió una factura del comerciante por valor de $ 1,50 para pagar la diferencia entre el valor de mercado de las pieles y los costes de transporte en el envío. El granjero replicó que él no tenía dinero alguno, pero que podía enviar al comerciante unas pocas pieles más.

    Al mismo tiempo, los mineros vagaban por las calles porque no había demanda de carbón, y vivían de las raciones de socorro de subsistencia porque no había dinero para comprar la carne y el trigo que se estaba pudriendo y quemando en las praderas. En cualquier parte, el siniestro espectro de la pobreza andaba con paso majestuoso a través de una tierra de abundancia potencial.

    Los pioneros habían construido lo que ellos imaginaban que era un nuevo imperio de libertad en una tierra abundante de recursos naturales. Pero sus intentos de arrancar aunque sólo fuera una simple vida a partir de los elementos al alcance fueron frustrados. Envolvieron sus pies y sus piernas con sacos de yute, porque no tenían dinero para poder comprar calcetines y zapatos de caucho, mientras que afuera cenaban tuzas que se habían vuelto gordas gracias al grano invendible que yacía en los campos. Estas gentes querían producir, y querían consumir los frutos de su producción, pero se les impidió en todos lados. Ellos se volvieron a sus líderes del movimiento agrícola y los encontraron divididos. Por un lado, se les ofreció charlas de socialización como paliativo. Por otro lado, charlas de mercados extranjeros y restricción de la producción se prescribían como un remedio.

    En aquellos tiempos el pueblo de Alberta no estaba muy preocupado con la venta en mercados extranjeros. Su preocupación estaba con los mercados domésticos, donde el pueblo estaba sufriendo de una semi-hambruna en medio de la abundancia. Ellos cuestionaban la sabiduría de tener que vender la mayor parte de su producción al extranjero para poder introducir el dinero con el que poder comprar la menor parte para su propio consumo. Un siempre recurrente “por qué” se extendió por todo el país.

    Los granjeros miraban en vano a su propio Gobierno con vistas a algún enérgico esfuerzo por solucionar el problema. En lugar de acción, sus oídos fueron asaltados a intervalos frecuentes en la radio con un mensaje proveniente del Primer Ministro Brownlee repitiendo constantemente la frase idiota: “La prosperidad está justo al otro lado de la esquina”. Cuán lejos estaba la esquina, o cuánto tiempo requeriría llegar a ella, era algo que nadie parecía saberlo. El Gobierno no hizo nada.

    Un espíritu de desesperación se apoderó entonces de los granjeros. Ésta era su hora cero. En sus convenciones era patente que había un espíritu agitado de descontento dirigido hacia la evidente renuncia de su Gobierno granjero en hacer algo efectivo en favor de la protección de su pueblo de los desmanes legales, basados en la deuda, del sistema financiero ortodoxo.

    Muchos granjeros, algunos de los cuales habían prestado servicio en la Primera Guerra Mundial, se levantaron en la Convención para declarar que “las cosas habían ido demasiado lejos como para poder curarlas por medios pacíficos”. Estaban preparados para volver a las armas otra vez en un último intento desesperado por defender e impedir que sus hogares y sus familias cayeran en la indigencia en la tierra que ellos habían hecho habitable y productiva con una dedicación infinita y con fatiga. Pocos hoy en día son conscientes de lo cerca que estuvo Canadá de una revolución sangrienta en aquellos espantosos días de los primeros años de la década de los treinta, durante la Gran Depresión.

    El motivo por el que ellos no podían pagar sus deudas no se debía a que los granjeros fueran ineficientes como productores, ni tampoco por razones de sequía u otras causas naturales. Muchos de ellos habían cosechado grandes producciones de grano, siendo el precio de venta del mismo tan bajo que incluso los costes menores inmediatos de la producción (desembolsados en efectivo por los propios empleados con su propio dinero en nombre del empleador) no podían ser recuperados, sin tener que hacer provisión alguna para los sueldos para las familias de los granjeros. Los registros muestran que se produjo más trigo durante los cinco años del periodo de la depresión (1931-1935) que durante el relativamente más próspero periodo de cinco años de 1926-1930.

    Resultaba patente para la mayoría de los albertanos que la ortodoxia financiera y económica yacía en la raíz del problema. No había escasez de bienes y servicios. El trabajo humano, la maquinaria y la energía estaban disponibles. Los campos, los bosques, las minas y la pesca estaban a la espera de su desarrollo. Sólo la carencia de dinero impedía el acceso a los bienes y servicios que equivalía a la seguridad económica. Puesto que el problema monetario se alzaba en tan gran medida en sus asuntos, era inevitable que los albertanos se centraran en él. La preparación educativa de los primeros grupos de estudio significaba que un considerable número de gente ya estaba familiarizada con los procesos de la financiación con deuda de la producción, y con el control total sobre la política social y económica que podía rastrearse hasta llegar al sistema financiero. Todo lo que se necesitaba era un foco o una figura que trajera a la vida una política viable.


    William Aberhart


    William Aberhart era una figura carismática, en el sentido de “llena de gracia”. L. D. Byrne, que trabajó estrechamente con él desde 1937 hasta la prematura muerte de Aberhart en 1943, observaba posteriormente lo siguiente:

    Cuando aparecí por primera vez [en Alberta], el Sr. Aberhart se inclinaba por tratarme con natural sospecha. Sin embargo, gradualmente fui ganando su confianza y nos convertimos en firmes amigos. Le encontré como un hombre de completa integridad y de profundas y sinceras convicciones religiosas. Tenía un sentido del humor de niño travieso, que él combinaba con una absoluta intrepidez en chocar de frente con sus oponentes. [9]

    Según todos los reportes disponibles, Aberhart no era una marioneta de poderosos intereses, ni tampoco el demagogo que sólo se preocupa de sí mismo que presentan las descripciones hostiles posteriores. En 1933 él era el director de la Crescent Heights High School en Calgary y deán de la Calgary Profhetic Bible Institute, en cuya virtud daba emisiones religiosas en la radio de forma regular, convirtiéndose en una figura popular a lo largo y ancho de la provincia. Como advertía Byrne, “tenía la reputación de un profesor destacado”.

    Tanto la convicción religiosa de Aberhart como su profundamente arraigado sentido de la justicia, se vieron ofendidos por el espectáculo de ver a sus estudiantes teniendo que dejar la escuela, tan educacionalmente equipada, para tomar su lugar en el mundo, incluso para tener que unirse a las colas del pan. Quedó enormemente entristecido cuando uno de sus mejores estudiantes se suicidó por desesperación. Igual que muchos otros en aquél entonces, su razón se rebelaba contra un estado de cosas en donde hombres parados y máquinas paradas existían codo con codo junto con la pobreza y la necesidad. Cuando un colega suyo le envió una explicación de la economía del Crédito Social hecha por el actor-dramaturgo inglés Maurice Colbourne [10] –un resumen popular y razonablemente exacto de la materia– no perdió ni un momento en ponerse a luchar a brazo partido en favor de la obra de Douglas.

    El efecto sobre William Aberhart fue espectacular. Sin ayuda de nadie, comenzó a movilizar apoyos en favor de su recién descubierta doctrina económica, difundiendo la “buena nueva” a través de sus radioemisiones religiosas del domingo que fueron disfrutadas por una amplia audiencia, y posteriormente celebró meetings a lo largo y ancho de la provincia. Los grupos de estudio locales que fueron levantados por la United Farmers Association proporcionaron la base para una discusión informada y un mayor estudio. La versión del Crédito Social adoptada por Aberhart, a consecuencia de su lectura de Colbourne, era inevitablemente algo distinta en sus detalles de aquélla que pregonaba la Secretaría del Crédito Social. Sin embargo, Aberhart adaptó con éxito la filosofía fundamental del Crédito Social, haciéndola aplicable para el pueblo de Alberta.

    Aberhart no aspiraba a convertirse en un político, y mucho menos en el líder de ningún movimiento político. Él reconocía que muchos de los miembros individuales del movimiento de la U.F.A. eran expositores competentes de reformas financieras. En este momento de su carrera, Aberhart veía a la U.F.A. como el vehículo correcto para la reforma progresiva, haciendo frecuentes referencias a la U.F.A. en sus radioemisiones de los domingos y ofreciéndoles todo su apoyo. Aberhart instaba a la gente a estudiar el Crédito Social y, si quedaban satisfechos de que éste proporcionaba una ruta para salir de sus males económicos, les instaba a presionar para que el Crédito Social fuera adoptado por su Gobierno provincial de la U.F.A.


    La Liga del Crédito Social de Alberta


    La respuesta al mensaje de esperanza de Aberhart fue abrumadora. Era una llamada a los pioneros sociales de Alberta para organizarse para su bienestar común. Como resultado, se formó la Liga del Crédito Social de Alberta como un cuerpo de ciudadanos comprometidos con el estudio de la filosofía y la práctica de los principios del Crédito Social. El presidente de la Liga era Orvis A. Kennedy, y el Líder Nacional Robert N. Thompson. La Liga fue enteramente iniciada y financiada por individuos y grupos de ardientes buscadores de la justicia social. No se involucró financiación externa de ningún tipo. Los individuos reunieron su tiempo, sus talentos y sus magros ingresos en la lucha por la democracia económica. William Aberhart actuó como el catalizador para este movimiento, en tanto que su personalidad dinámica, energía, coraje y visión galvanizaron a hombres y mujeres a unirse a la Liga. Por medio de esto, miles fueron capaces de estudiar las enseñanzas económicas de Douglas, con una visión de llevar la teoría a la práctica informada. A lo largo y ancho de la provincia se levantaron más de 2.000 grupos de estudio, siendo muchos de ellos una reconversión de los antiguos grupos locales de la U.F.A.

    Andando el tiempo, se vio claro que la administración de la U.F.A. no iría a tomar ninguna acción directa positiva para implementar una legislación de crédito social. En efecto, algunos miembros del Gobierno provincial de la U.F.A. apoyaron abiertamente medidas planificadoras socialistas, las cuales eran consideradas como la antítesis directa del Crédito Social. Así pues, la Liga del Crédito Social hizo campaña a través de todos los partidos políticos con vistas a obtener compromisos de apoyo para las medidas del crédito social. La reacción de todos los partidos políticos existentes fue negativa. Por tanto, se decidió tomar una acción directa. A través de sus radioemisiones Aberhart anunció su intención de liderar un partido de Crédito Social para las próximas elecciones. Tal fue el apoyo entusiasta en favor del nuevo partido, que se ejercieron presiones sobre los Gobiernos en Edmonton y Ottawa para que tuvieran en seria consideración al Crédito Social. La fuerza de la opinión era tal que las administraciones llamaron a Douglas para que visitara Ottawa y Edmonton.


    Clifford Hugh Douglas es llamado


    Douglas ya había aparecido delante del Comité de Banca y Comercio del Parlamento del Dominio en abril de 1923. En Edmonton, fue invitado en 1934 a presentarse ante el Comité de Agricultura de la Cámara Provincial. William Aberhart, y un número de otras personas que sostenían opiniones tanto favorables como desfavorables al Crédito Social, fueron invitados también. Después de esta audiencia, Douglas fue nombrado oficialmente Asesor de Reconstrucción para el Gobierno de la U.F.A. que, en aquel entonces, era el gobierno elegido democráticamente. La razón de que Douglas fuera nombrado en este momento se debió enteramente a la campaña de radio de Aberhart.

    Un año después, el 23 de mayo, Douglas presentó su primer Informe Interino a la Legislatura de Alberta. [11] En su informe, el Asesor de Reconstrucción subrayó la distinción que debería trazarse entre cualquier programa para la utilización práctica del crédito público, y la estrategia requerida para adquirir el poder de manejar el crédito público. Exactamente, él avisó incluso en esta etapa temprana de que cualquier paso que se tomara hacia la emancipación del crédito respecto de su control monopolístico por la finanza internacional se vería resistido. Además, avisó de que los medios de comunicación deberían quedar bajo el “control indiscutible” de la provincia. A la vista de la historia posterior del Crédito Social durante las décadas transcurridas del siglo veinte, merece la pena estudiar este documento con considerable detalle. Ha estado disponible, en su totalidad, a lo largo del mundo desde que se publicó por primera vez en 1937.


    Preparación para las elecciones de 1935 en Alberta


    En el momento en cuestión, 1935, el Gobierno del Reino Unido ejercía su jurisdicción sobre una extensión de terreno de casi 80.000 millas cuadradas (200.000 kilómetros cuadrados) con una población de alrededor de los 50 millones. Aunque nominalmente bajo el Imperio Británico, Nueva Zelanda era en la práctica un territorio autogobernado de 103.738 millas cuadradas (268.680 kilómetros cuadrados) con una población de 1,5 millones. Y Alberta, con una extensión de terreno de 255.541 millas cuadradas (661.848 kilómetros cuadrados), con una población de 740.000, era una de las diez provincias dentro del Dominio Federal de Canadá. Así pues, en 1935 las posibilidades de introducir con éxito las medidas del Crédito Social eran mucho mayores en Nueva Zelanda, la cual era ella misma un Dominio, que en la provincia de Alberta, la cual, a pesar de su tamaño, permanecía bajo la jurisdicción del Parlamento Federal en Ottawa. Durante toda la historia del Crédito Social en Alberta, sin embargo, funcionó en paralelo un movimiento del Crédito Social que estaba activo a lo largo y ancho de todo el Dominio del Canadá. Los Creditistas Sociales electos fueron una fuerza sustancial dentro del Parlamento Federal en Ottawa, en la Columbia Británica, en Saskatchewan, y en otras partes. En muchas partes de Canadá, especialmente en Quebec, continuó produciéndose literatura del Crédito Social durante el resto del siglo veinte. Desde la fecha de la primera elección de un Gobierno de Crédito Social en agosto de 1935, han venido circulando en paralelo dos versiones contradictorias de la historia.

    Cuando el Gobierno de la U.F.A. llamó a las elecciones para el 22 de agosto de 1935, la Liga del Crédito Social presentó candidatos en cada distrito electoral. A la vista de los costes considerables en términos de tiempo y dinero que implica la presentación de candidatos y la producción de publicidad sin ningún tipo de financiación externa, fue una auténtica hazaña organizativa. En junio de 1935 Aberhart publicó su manual de Crédito Social: El Crédito Social tal y como se aplica en la provincia de Alberta. El así llamado “Manual Azul”, ascendía a 64 páginas (12 cm. x 16 ½ cm.). Como mínimo la mitad del espacio en el pequeño libro fue rellenada con publicidad, permitiendo así que el pequeño libro pudiera circular libre de costes. La lectura de los anuncios mismos merecen interés, no sólo por los vislumbres que dan de la vida en Alberta en aquel entonces, sino también como una indicación del amplio apoyo en favor del Crédito Social entre los pequeños negocios que estaban preparados para sacar anuncios.


    Oposición organizada


    Previsiblemente, los candidatos de la U.F.A. miraban con burla a los inexpertos candidatos del Crédito Social, y en la carrera hacia las elecciones predecían confiadamente su absoluta derrota. Sin embargo, las advertencias de Douglas de la existencia de otra agenda que estaba funcionando entre bastidores probó ser exacta. En el Reino Unido la cuestión de los financieros que apoyan a figuras políticas era frecuentemente materia de observación por los creditistas sociales del Reino Unido. Dos años antes, la repentina subida al poder de Hitler fue el objeto de un comentario perspicaz en The New Age. [12]

    Durante la campaña electoral, se pusieron de manifiesto los primeros signos de una oposición organizada contra el Crédito Social. Las instalaciones de prensa y radio fueron utilizadas a una gran escala en un intento bien financiado y organizado de desacreditar un cuerpo doctrinal de filosofía política que para entones ya se había convertido en moneda corriente en las conversaciones de todo el mundo dentro de la provincia. Empezaron a aparecer caricaturas, representando a Aberhart como un tonto torpe haciendo venta ambulante de políticas sin sentido. La Economic Safety League fue una de las misteriosas organizaciones que surgieron a la vida, con plenitud de dinero a su disposición para hacer circular literatura bien editada y para enviar cartas a la prensa en una campaña concertada contra Aberhart. Alrededor de un mes antes de las elecciones, un pequeño libro sustancioso producido por la Economic Safety League, Calgary, inundó la provincia. Titulado El Plan de Aberhart: Un estudio y análisis del Proyecto del Crédito Social tal y como es presentado a los electores de Alberta, por W. M. Davidson, parecía a primera vista haber sido escrito como una explicación franca y honesta de la posición del Crédito Social. Sin embargo, una lectura más detallada de la publicación confirma que era parte de la campaña concertada para desacreditar a Aberhart. En la página veintisiete la conclusión se titulaba “El Peligro Inmediato”:

    Si cualquier persona que haya leído estos artículos cree que William Aberhart ha organizado un partido político, con un slogan sensacional, simplemente para poder ponerse él mismo en el centro de la escena, o incluso para poder llegar al cargo, debería abandonar esa idea pues no hay nada más alejado de la verdad. Si alguien tiene la idea de que después de alcanzar el cargo, él se deshará rápidamente de las partes más extravagantes de su programa, esa persona también estará equivocada. Si algún líder de un partido político tiene alguna esperanza de que el partido del Crédito Social, con una banda de miembros electos –no una mayoría, digamos, pero sí un grupo–, constituiría un aliado valioso en la mezcolanza general que puede seguirse de unas elecciones, mejor sería advertirle que abandonara ese sueño.

    El Sr. Aberhart es resuelto, determinado e inflexible y luchará inquebrantablemente y sin compromisos en favor de su programa, tal y como es, importándole un comino los partidos, grupos, asociaciones o alianzas. Si él fuera puesto en el cargo, él se movería hacia la meta sin consideración del coste o de las consecuencias para la provincia o el pueblo. Si él llegara a sostener la balanza del poder en una cámara demasiado dividida, él se encargará de que el partido que manda acepte todos sus mandatos, con perpetuos trastornos y confusiones como alternativa. Vendría a ser como la alianza de los Nazis y de los Nacionalistas Alemanes una vez más.

    Sin embargo, algunos periódicos locales como The Ottawa Citizen y The Western Producer dieron apoyo a la campaña del Crédito Social, animados a hacerlo por medio de las radioemisiones de Aberhart.

    Cuando se completó el recuento de los resultados de las elecciones, los albertanos habían elegido a 56 miembros del Crédito Social, de los 63 escaños de la Legislatura. No fue elegido ni un solo candidato de la U.F.A. Totalmente rechazados por un electorado indignado, el movimiento de la U.F.A., originalmente inspirado por ideas democráticas de libertad, murió. En el corto espacio de 20 años se había convertido en ortodoxo, incapaz de reconocer que la clave para la libertad económica era la reforma financiera conforme a las verdaderas directrices del Crédito Social. A su debido tiempo, la historia se repetiría ella misma, cuando aquellos elegidos en base a un programa de Crédito Social fueron persuadidos a rechazar las enseñanzas de Douglas y a seguir políticas de Crédito Social sólo de nombre.

    Mientras tanto, sin embargo, el éxito de los candidatos que Aberhart había ayudado a seleccionar fue aplastante. El propio Aberhart no había sido un candidato, pero entonces le presionaron para que se convirtiera en el líder en la Legislatura. Consintió en la petición y aceptó un asiento vacante perteneciente al distrito electoral de Okotoks. De esta forma, se convirtió en el Primer Ministro del primer Gobierno de Crédito Social en el mundo. El Gobierno estaba destinado a durar por más de un cuarto de siglo sin una sola derrota electoral.


    Democracia en Alberta


    El programa electoral de Aberhart, elaborado precipitadamente, se habría beneficiado de una amplia edición-enmienda realizada por pensadores principales del Crédito Social, en lo que a materias de deuda y finanza se refieren. Sin embargo, contiene valiosas ideas sobre la esencia del argumento político en favor del Crédito Social en Alberta en 1935. Aberhart declara la premisa básica del Crédito Social, que es la siguiente:

    Es deber del Estado por medio de su Gobierno organizar su estructura económica de tal forma que a ningún ciudadano, hombre, mujer o niño de buena fe, se le permita sufrir por carencia de las necesidades básicas de comida, ropa y cobijo, en medio de la plenitud o abundancia. La provincia de Alberta es lo suficientemente rica para llevar a cabo este propósito. [13]

    Esta declaración es seguida por evidencias estadísticas acerca de la riqueza de Alberta, y de una versión del argumento en favor del pago de un Ingreso Nacional o “Básico” sobre la base de la herencia cultural común. El pueblo, se afirmaba, tenía un derecho político sobre los recursos de la tierra en la que vivían, es decir, un derecho a la autodeterminación política y económica, libre de deudas artificialmente creadas que llevaban consigo el control sobre el pueblo y sobre sus recursos por financieros externos al territorio. Los ciudadanos tenían un derecho a una porción en la plusvalía que surge de la asociación. Este último término es explicado como sigue:

    Esta expresión significa exactamente lo que dice. Existe un incremento o aumento en el precio, y este incremento no es ganado por el propietario o el productor de los bienes… Una mina de carbón situada bien lejos de la civilización o sin transporte para llegar a ella sería de poco valor para todos, excepto en tanto en cuanto pudiera ser utilizada para necesidades personales. Si diez personas vivieran cerca de ella, podría ser más valiosa. Si mil personas estuvieran al alcance de ella, habría entonces una mayor demanda por el carbón y, por tanto, habría un mayor precio. De esta forma, el precio del carbón por encima del coste de producción depende en gran medida de la demanda originada por la asociación de los individuos en sus inmediaciones. Ni el propietario ni los mineros son responsables de este precio incrementado. Se trata de una plusvalía cuyo origen procede de la asociación de la gente dentro de los límites de la tierra controlada por ellos. [13]

    En respuesta a la cuestión referente a la diferencia entre el Sistema del Crédito Social y un Plan de Crédito Social, se redactó la siguiente respuesta:

    El Sistema del Crédito Social consiste en la exposición de los principios envueltos en la filosofía del Crédito Social. Un Plan de Crédito Social consiste en un método de adaptarlo a cualquier Estado, comunidad o industria. Los principios de la electricidad son los mismos dondequiera que se encuentre. El plan de iluminar una habitación puede diferir dependiendo del estilo o tipo de habitación, o de los caprichos o gusto artístico del propietario. Es la labor de nuestros expertos formular e idear nuestro propio plan particular para esta provincia. [14]

    La obra completa constituye una demostración abierta y honesta de la posibilidad para una democracia en acción. Al comparar el papel de la finanza en el Estado con el de la electricidad dentro de un edificio, Aberhart presenta inteligentemente el corazón del asunto no solamente en relación a la provincia de Alberta, sino también en lo que a todo el mundo en su conjunto concernía y concierne. Es por esta razón que la elección del Gobierno de Crédito Social en Alberta dio a luz décadas de críticas negativas. Es por ello que el artículo de The Times fue el primer intento de muchos de persuadir que la victoria electoral fue, de alguna manera peculiar, una negación de la democracia. Se hicieron enérgicos esfuerzos en frustrar la voluntad del electorado en Alberta. Durante las últimas décadas del siglo veinte, el Crédito Social fue explicado en los ámbitos académicos como una aberración, un intento desviado de desacreditar la legítima finanza (Véase Capítulo 7).


    La elección de 1935 en el contexto mundial


    Como comentaba el Social Credit inmediatamente después de las elecciones en Alberta:

    Aunque “Perro muerde a un hombre” no es noticia, pero “Hombre muerde a un perro” sí lo es, cuando del Crédito Social se trata un hombre tiene que morder a doce perros antes de que la prensa de Londres repare en ello. El Sr. Aberhart ha hecho algo equivalente. Todo periódico de importancia en Londres y en las provincias ha dado la mayor publicidad de su extraordinario éxito, que solamente pueden valorar verdaderamente aquéllos que sean conscientes del alboroto propio de unas elecciones provinciales canadienses. [15]

    El 31 de agosto de 1935, The Times concluía su reportaje acerca de los eventos en Alberta con un “aviso” de que “es de esperar que nada se haga por los exaltados reformadores ni por los salvajes alarmistas que vaya a destruir el crédito o las expectativas futuras de la provincia.” De acuerdo con este reportaje, Alberta “ha ganado una repentina notoriedad al elegir el primer Gobierno de Crédito Social en el mundo.” La sola palabra “notoriedad”, usada para describir la elección democrática de un gobierno fuera de los controles de las corporaciones, resume la preocupación sentida por los comentaristas de la gran prensa. El reporte impreso en The Times del 31 de agosto de 1935 se reproduce en su totalidad como Apéndice 5a: Pobreza en la abundancia.

    El Crédito Social constituía una cuestión política en un buen número de distritos electorales en Canadá. Los otros Estados occidentales, Columbia Británica y Saskatchewan, también presentaron con éxito un buen número de candidatos de Crédito Social para las elecciones provinciales de 1935. Más tarde, en el mismo año, 17 creditistas sociales fueron elegidos al Parlamento Federal en Ottawa, formando el segundo mayor grupo de oposición tras apenas seis semanas de campaña electoral. Ninguno de esos elegidos había tenido experiencia previa dentro de las máquinas de partido existentes.

    En otras partes en el mundo, el análisis económico y la filosofía política del Crédito Social fueron tan bien percibidos que se hicieron progresos considerables en los electorados del Reino Unido y de los otros Dominios. En noviembre de 1935, unas elecciones generales en Nueva Zelanda trajeron un Gobierno Laborista por primera vez en su historia. Escribiendo en 1937 acerca del tema de The Alberta Experiment, Douglas atribuye el éxito de esa elección en gran parte al apoyo dado por “El Movimiento del Crédito Social de Douglas”. [5] En el tiempo de las elecciones en 1935, Douglas era consciente de que las posibilidades de introducir políticas prácticas informadas por un análisis creditista social de la economía política eran mucho mayores en Nueva Zelanda de lo que lo eran en Alberta. Nueva Zelanda había sido fundada por europeos durante la primera mitad del siglo XVII. Fue llamada “Nova Zeelandia” en consideración a la provincia holandesa de Zelanda, pero el capitán Cook, el explorador británico, posteriormente anglicanizó el nombre, pasando a ser Nueva Zelanda. Durante el siglo XIX se estableció el dominio británico sobre el territorio, y Nueva Zelanda pasó a ser un Dominio por derecho propio, con la sede del Gobierno en Auckland (más tarde trasladada a Wellington). Se proporcionó un gobierno representativo para la colonia mediante la aprobación por el Parlamento del Reino Unido de la Ley de Constitución de Nueva Zelanda de 1852. El Parlamento de Nueva Zelanda se reunió por primera vez en 1854. En 1907 Nueva Zelanda pasó a ser un Dominio independiente del Imperio Británico, bajo la autoridad constitucional de la Monarquía Británica en la misma línea que el Dominio de Canadá. Hasta la década de 1870 Nueva Zelanda no había tenido cuerpos representativos subnacionales como provincias o subestados, al margen de las municipalidades locales. A partir de ese momento también, la moneda de Nueva Zelanda ha sido el dólar neozelandés. Así pues, el pueblo que estaba viviendo en el área de terreno conocido como Nueva Zelanda se encontraba, en 1935, en una posición constitucional que ofrecía la posibilidad de poder prestar una seria consideración al tema de la autodeterminación en materia de finanza.

    La política de los defensores del Crédito Social a lo largo del Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda era la buscar conseguir la autoridad política colaborando con candidatos que buscaban su elección bajo las banderas de los partidos políticos existentes. Si podía convencerse a suficientes miembros elegidos acerca del buen sentido de las políticas del Crédito Social, dicho miembros estarían en una posición de poder satisfacer los deseos del electorado. Si los miembros electos fallaban, sucumbiendo a las presiones de las multinacionales y de la alta finanza, entonces dependía del electorado asegurarse de su reemplazamiento.

    La rotunda elección de un Gobierno de Crédito Social en Alberta sorprendió a Douglas y al movimiento del Crédito Social exactamente del mismo modo que sorprendió al resto del mundo. Desde el principio, Douglas apreció que el fallo del Gobierno de Crédito Social por implementar las políticas en base a las cuales había sido elegido podía, a la larga, probar ser un importante revés para el Crédito Social a una escala mundial. Desde sus primerísimos años de colaboración en la redacción de los textos del Crédito Social (1918-1922), Douglas y Orage eran plenamente conscientes de la triple característica de las esferas sociales que regulan la interacción humana. La “economía” que produce bienes y servicios para su intercambio en el mercado, no opera en un espléndido aislamiento con respecto a las esferas política y cultural de la sociedad. Sin las aportaciones de artistas, ingenieros, granjeros, artesanos, tecnólogos, inventores, enfermeros, pensadores espirituales, educacionistas y relatores de cuentos, todos actuando en cooperación, la actividad económica simplemente no tendría lugar. Igualmente, sin la sanción de la ley, determinada a través de la esfera política, la finanza y toda actividad económica se desintegrarían rápidamente.

    La prensa de Crédito Social de 1935, incluyendo el Social Credit, The New Age, The New English Weekly, y muchos otros semanarios en todo el mundo, hacen de su lectura algo necesario pero también fascinante. Demuestran que, durante un breve periodo en 1935, había una muy verdadera oportunidad de que las fuerzas de la reacción pudieran ser derrotadas, de forma tal que la pobreza en medio de la abundancia, y sus consecuencias, despilfarro y guerras, pudieran ser derrotadas. No resulta sorprendente que las fuerzas de la reacción entraran inmediatamente en acción.

    Sin los recursos de las multinacionales y de la finanza internacional a su disposición, el Movimiento del Crédito Social había establecido un cuerpo substancial de conocimiento acerca de la triple naturaleza de la comunidad social, con grupos de estudio en pueblos y ciudades a lo largo y ancho del Reino Unido, los Dominios y otras partes. Como se demuestra en el Capítulo 7, los textos publicados de Douglas y otros se vieron enfrentados al más riguroso examen intelectual. Para diciembre de 1935, parecía que las campañas electorales podían conseguir una nueva era de verdadera democracia. Nueva Zelanda, por ejemplo, que había recientemente elegido un Gobierno Laborista sobre la fuerza que le había dado el apoyo del Crédito Social, “podía disfrutar de un nivel de vida universal, como el mundo no había conocido jamás, en el plazo de un año”, siempre que pudieran evitar ser desviados por los intereses de la finanza.

    Tal y como informaba el Social Credit en diciembre de 1935:

    Al pueblo de Nueva Zelanda, igual que a los pueblos de todas las otras democracias, se les ha enseñado a votar solemnemente sobre ciertas cuestiones técnicas sobre las cuales no pueden tener ninguna clase de opinión clara, cada cuatro o cinco años, para a continuación volverse a sentar y confiar en el nuevo gobierno hasta que el fallo de éste en distribuir los bienes sea tan obvio que se necesite una nueva elección. Entonces a continuación desfilan todos ellos obedientemente hacia las urnas una vez más y votan sobre el mismo conjunto de cuestiones técnicas, ligeramente modificadas. Ésta es la teoría; en la práctica, por supuesto, la mayoría o bien votan en base al principio de “echar al Gobierno”, o bien votan por personas en lugar de por políticas. En cualquier caso obtienen exactamente lo que pedían: en primer lugar un nuevo conjunto de peleles, y en segundo lugar un variado conjunto de peleles.

    Un miembro del parlamento es un pelele simplemente porque no se le permite ser otra cosa. Nada en el gobierno democrático resulta más chocante que el contraste entre la inteligencia personal y la impotencia pública de los miembros del parlamento. No estoy necesariamente sugiriendo que el miembro medio sea más inteligente que sus representados, pero ¿por qué en nombre de la democracia necesitaría serlo? ¿Es él el maestro o el representante del pueblo? El caso es que sus representados son inteligentes también, en el sentido de que ellos saben muy bien lo que quieren, cuando (y siempre que) se les dé una oportunidad real de manifestarlo. La función propia del Miembro del Parlmento es la de actuar como el portavoz de la voluntad de ellos, y ver que sus deseos sean llevados a cabo por los expertos que él designa en su nombre. [17]

    El autor del artículo era optimista en confiar que el estudio del Crédito Social en Nueva Zelanda había hecho surgir un cuerpo de candidatos con la posibilidad de poder liberarse de las camisas de fuerza de los partidos tradicionales, particularmente en lo que se refiere a la cuestión de la nacionalización, la cual está “muy al margen de la cuestión principal y, por tanto, resulta aceptable para el monopolio del dinero”. El peligro que se predecía era el de que se pudiera llegar a una hábil componenda, el de que se introdujeran por partes medidas previamente seleccionadas del Crédito Social. Estaba claro que los financistas tolerarían “una gran porción de interferencia con los principios financieros ortodoxos, siempre y cuando no fuera vista como la cuestión fundamental la introducción de un pago en dinero incondicional considerado como un derecho universal” (subrayado en el original). El nuevo Gobierno se vería puesto bajo una gran presión para no hacer reformas de alguna importancia. Los Independientes, al menos ocho de ellos eran conocidos como firmes defensores del Crédito Social, fueron insuficientes para inclinar la balanza del poder, y el mismo Partido Laborista quedó dividido acerca del tema del Crédito Social. Así pues, dependía del electorado el ejercer una continua presión sobre sus miembros parlamentarios individuales entre las elecciones, al igual que durante el tiempo de elecciones; una presión en favor de resultados prácticos deseados, y no en favor de vagas ideas de “Crédito Social”. El autor del artículo refleja que:

    incluso en los Dominios, al pueblo a menudo se le persuade de que ha de rogar por aquello que por derecho le corresponde y, de esta forma, con las mejores intenciones del mundo, se ponen ellos mismos en una falsa posición. Ejercer el derecho de petición a su Majestad el Rey Jorge V, sin embargo, añade a esto la carga de ponerle a él en una falsa e imposible posición. Cuando los reyes eran efectivamente “soberanos”, el caso era claramente muy diferente. Pero bajo una democracia, lo quiera uno o no, el pueblo es, o debería ser, soberano, y el hecho de que el pueblo soberano apele a lo que ha sido descrito como una “presidencia hereditaria”, es no hacer justicia ni a él ni a ellos mismos.

    El destino del ejercicio de un derecho de petición depende, en la práctica, de la recomendación hecha al Rey por el Ministro del Interior, y la opinión del Ministro del Interior en la actualidad está, y debe estar, como todo creditista social sabe, a merced de la finanza. Si cualquier petición no traspasa sus intereses, podría ser juzgada imparcialmente; de lo contrario, tiene aproximadamente las mismas posibilidades que una bola de nieve en el infierno. La así llamada “Prerrogativa Real” es, hoy en día, una ficción legal, y cualquier confianza en ella sólo sirve para disimular y fortalecer esa falsa base del poder que está en la raíz de nuestros problemas. [17]

    La gente es, o debería ser, soberana. Así pues, el ejercicio del derecho de petición proporciona a los poderes fácticos exactamente la oportunidad que ellos necesitan. Ofrecen la oportunidad de influir al personal de cualquier Comité de Investigación, en forma tal que fijen su propia agenda de tal manera que las pruebas y testimonios que se presenten aseguren que los fines de los peticionarios no se alcancen. Los resultados son entonces utilizados como “prueba” en favor de la oposición contra cualquier futura protesta de reforma. El autor del artículo cita como demostración el Informe de la Mayoría del Comité Monetario de Nueva Zelanda, el personal del Comité Monetario Australiano que en aquel entonces lo constituía, y el personal del Comité Monetario Irlandés. La finanza da la bienvenida a tales investigaciones, “emprendidas con toda la buena fe, costando dinero y energía, levantando falsas esperanzas de las cuales proceden reacciones que, dependiendo del temperamento, acaban en desesperación o violencia”. En opinión del periodista de 1935, tales maquinaciones pertenecían a una “época pasada”. Desafortunadamente, tal optimismo estaba fuera de lugar.




    Apéndice 5a
    : Pobreza en la abundancia



    La difícil situación de Alberta

    The Times, 31 de Agosto de 1935


    Alberta, una de las provincias más jóvenes de Canadá, que ha ganado una repentina notoriedad al elegir el primer Gobierno de Crédito Social en el mundo, siempre ha sido una pionera en lo que a legislación progresista se refiere.

    Nacimiento de una provincia

    Se creó a partir del antiguo Territorio del Noroeste junto con la provincia adyacente de Saskatchewan hace casi 30 años, y puesto que fue un Gobierno Liberal en Ottawa el que le había concedido su estatuto, el primer Gobierno provincial fue Liberal, tanto en la teoría como en la práctica, y mantuvo el poder hasta unos pocos años después de la Guerra. Para la mayoría de aquel entonces el Primer Ministro fue el fallecido Arthur L. Sifton, el mayor de dos hermanos que hizo mucho por el Canadá Occidental. Había dejado el puesto de presidente de la Corte Supremo para guiar los destinos de la joven provincia, y bajo su sabio y visionario mandato se logró un progreso perdurable.

    Aquéllos fueron días turbulentos. La inmigración estaba en su punto álgido. Los diseminados puestos comerciales de los días de la vieja frontera eran pocos, pero una vez que se supo que se habían ido los voyageurs mestizos, los Indios, la Policía Montada y los factores o agentes de la Bahía de Hudson, pronto pasaron a ser centros de comercio florecientes a medida que la nación se iba llenando de gente. Al principio predominaban las mercancías de la vieja patria, y las viejas colonias o establecimientos como las que se encontraban alrededor de Calgary, High River y Macleod, todavía en su mayoría estaban compuestas de pura sangre británica.

    Boom económico y depresión

    A medida que el número de inmigrantes crecía, así también las mercancías iban haciéndose más variadas. Miles de granjeros ansiosos de mejorar sus condiciones dejaron sus hogares en los Estados del Oeste y, llevando todo lo suyo consigo, como en los antiguos días de los carromatos de los pioneros que cruzaban las praderas, migraron a través de la frontera para asentarse en el nuevo país en donde la tierra era libre o muy barata. Llevaron consigo igualmente muchas de aquéllas recién inventadas nociones de democracia como elecciones primarias, la iniciativa, el referéndum, y la petición de votación para retirada de un miembro electo, la cual encontró un gran apoyo en algunos de los Estados del Oeste, particularmente en Oregón, que siempre fue presentada como modelo de lo que debería ser una democracia moderna. Pronto también Alberta tendría la misma experiencia.

    El momento clave

    En los años justo anteriores a la Guerra, el carácter de los inmigrantes cambió enormemente. Provenían cada vez más y más del Este y del Sureste de Europa. Galicianos, búlgaros, polacos, rumanos, italianos, griegos e incluso sirios afluyeron a los nuevos distritos a medida en que se iban abriendo para el asentamiento. Edmonton, la capital de la provincia, que había sido considerada por mucha gente como estando demasiado alejada en el norte, ahora se la veía como estando en su verdadero lugar en el centro. Se abrieron nuevas vastas áreas al oeste para la agricultura junto con las nuevas vías férreas transcontinentales que cruzaban las Rocosas a través del Paso de Yellowstone, y más al norte incluso, donde los experimentos habían mostrado que podía hacerse crecer el trigo, en la región de Athabasca y Peace River. Las multitudes de nuevos colonos vertiéndose a través de Edmonton día tras día, extraídos a partir de prácticamente toda nacionalidad existente bajo el sol, a menudo recordaban la prisa de la gente por un partido de fútbol. Los hoteles estaban siempre a rebosar, durmiendo la gente en las bañeras, en los tableros de billar, en los corredores, en cualquier parte en donde pudieran reposar sus cabezas.

    Entonces vino la caída en la construcción de la vía férrea, y la Guerra. Cesó la inmigración, y aunque se hicieron intentos por reavivarla mediante la asistencia pública, nunca volvió a ser otra vez lo que había sido, y finalmente murió por completo. Los negocios comenzaron a ir desapareciendo, y la gente tuvo tiempo para meditar sobre sus infortunios. Empezó a prevalecer un gran descontento.

    La desesperación de los granjeros

    Muchos se habían asentado en regiones distantes en donde se les había prometido la llegada de las vías férreas, pero las vías nunca llegaron cerca de ellos, y fueron dejados en tierras salvajes con pocas expectativas de poder vender cualquier cultivo que produjeran. En la parte sur de la provincia existía un gran cinturón de terreno que se quemaba por la sequía año tras año. El verdor de la primavera pronto dejaba paso a una profunda terra cotta, y las cosechas se arruinaban en un periodo de sequía para el cual no parecía haber fin. Los grandes canales de riego solamente ayudaban a aquéllos que se encontraban al lado de su curso inmediato, los cuales tenían que pagar mucho por sus tierras. El precio de cualquier cosa que el granjero necesitara subía, y continuó subiendo. Muchos de ellos tuvieron que afrontar altas hipotecas con un interés extorsionador, gravámenes impuestos sobre sus tierras a causa de maquinaria que les habían persuadido que compraran, a pesar de que se las habrían podido arreglar perfectamente sin ellas, y contratos gravosos y a menudo abrumadores, los cuales vinieron a ser tan frecuentes que se tuvieron que hacer leyes declarándolos legalmente nulos a menos que hubieran sido ratificados por un juez del tribunal del país.

    La U.F.A.

    Estos agravios condujeron a la formación de la United Farmers Party [UFA], que sucedieron a los Liberales en 1921 y permanecieron en el poder hasta su derrota en la presente elección. Los tiempos difíciles y la última depresión económica los han barrido del poder, igual que lo que les pasó a los Liberales antes de ellos. Alberta y Saskatchewan, en tanto que las zonas más recientemente asentadas del Dominio y las más alejadas de los grandes centros de población e industria, han sufrido más y en primer lugar que todas las demás.

    Con grandes almacenajes de grano no vendido reposando en los silos con casi ninguna posibilidad de poder ser vendido, y los campos permaneciendo parados y sin labrar, el granjero de las praderas era capaz de darse cuenta, como pocos otros podían hacerlo, del significado de las palabras “pobreza en medio de la abundancia”. Su deseo consistía en mercados más seguros, precios más estables para sus productos, y cargas justas por los suministros, servicios y bienes que él necesitaba, así como préstamos baratos y fáciles de conseguir para ayudarle durante estos tiempos difíciles que él está ahora experimentando. Él simplemente quería asegurarse el sustento. Proyectos de cooperación, restricción de la producción, regulación de mercados, ayuda financiera procedente de los Gobiernos: todo esto se intentó, pero nada ha evitado el mal. No es sorprendente, pues, que esta gente, en su desesperación, se haya agarrado a un clavo ardiendo. Si el crédito social podrá resolver estas dificultades no se sabrá hasta que algún proyecto definido sea presentado e intentado. Muchos sentirán ya que ningún sistema puede hacer que las cosas vayan a peor.

    Un aviso

    Mientras tanto, es de esperar que nada se haga por los exaltados reformadores ni por los salvajes alarmistas que vaya a destruir el crédito o las expectativas futuras de la provincia.
    Última edición por Martin Ant; 12/11/2014 a las 17:00

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    Re: ¿Qué pasó realmente en Alberta?

    Capítulo 6. Alberta 1935 +


    En agosto de 1935 la vasta aunque todavía escasamente poblada provincia de Alberta, en el Oeste de Canadá, se convirtió en una gran noticia a escala mundial. Durante las posteriores décadas del siglo veinte, se escribieron volúmenes de trabajos académicos para tratar de dar una explicación a la aberración de un gobierno elegido popularmente que trata de resistir la tendencia dominante mediante la introducción de una legislación revolucionaria en desafío de la Constitución colonial y del convencional sistema de partidos. Aunque los acontecimientos en Alberta dieron lugar a una inmensa literatura, la historia completa de los acontecimientos es contada aquí por primera vez.


    Versión oficial de la historia


    Resumidamente, la historia presentada por los académicos de carrera es como sigue. Los años de la depresión de la década de los ´30 golpearon de manera particularmente fuerte a los granjeros de Alberta porque los precios que ellos sólo podían obtener por el grano y el ganado no les permitían satisfacer sus deudas con los bancos. En la horrible pobreza que se produjo como consecuencia de fuerzas que iban más allá del control humano, ellos decidieron agarrarse a un clavo ardiendo. Ese clavo que precisamente aconteció estar ahí en ese momento resultó ser el de una versión aguada de las enseñanzas del economista charlatán Mayor Clifford Hugh Douglas. Y así nació un movimiento populista, encabezado por el predicador fundamentalista lanza-biblias Aberhart, que no tenía ni idea de economía, y mucho menos de política. Aberhart y Douglas inmediatamente se pelearon. Douglas rechazó aceptar la invitación de Aberhart para asumir el puesto de asesor económico para el Gobierno de Crédito Social en Alberta porque, –así continúa diciendo la “versión” oficial– Douglas sabía que sus teorías económicas estaban tan teóricamente equivocadas que jamás podrían ser implementadas en la práctica. Sensatamente, pues, Aberhart se estableció en el camino “correcto”. Cuando Douglas rehusó ir a Alberta después de la victoria electoral, Aberhart pidió apoyo financiero de las autoridades federales para poder liquidar la deuda provincial, y nombró a Robert Magor, el candidato sugerido por el recientemente creado Banco central de Canadá, como asesor oficial para el Gobierno de Alberta. Aproximadamente dieciocho meses después, los acérrimos partidarios de Douglas de entre las filas de los Miembros de la Asamblea Legislativa se revolvieron contra Aberhart, llevando a cabo la así llamada “Insurgencia”. El resultado fue que se renovó la petición echa a Douglas de que fuera a Alberta en calidad oficial de Asesor para el Gobierno. Douglas rechazó de nuevo dar su asistencia personal. Así que en lugar de ello, –de acuerdo con la versión autorizada de la historia–, envió a dos representantes, G. F. Powell y L. D. Byrne, en un intento por forzar al anti-semitismo a toda la población de Alberta, no habiendo ninguna otra naturaleza o significado para el Crédito Social de Douglas. Aberhart murió en 1943, de manera que después de la Segunda Guerra Mundial su sucesor, Ernest Manning, pudo purgar toda la provincia del anti-semitismo apartando a todos los defensores del Crédito Social de Douglas de la escena política. De esta forma, la provincia de Alberta fue llevada de nuevo al redil de la política y la economía respetable y de derechas, ayudada en no poca medida por la posterior explotación de los vastos recursos petrolíferos y minerales de la provincia. Esta línea “oficial” de la historia se ha mantenido en el siglo veintiuno.

    Como demostrará este capítulo los académicos, al escribir la historia oficial, fueron altamente selectivos en el material que ellos citan. Toda la extensiva literatura del Crédito Social, de la cual se ha utilizado para trazar muy selectivamente la historia “oficial”, permanece disponible a día de hoy en bibliotecas de referencia y colecciones privadas. Así pues, bloques de escritos sobre el Crédito Social son reproducidos en su totalidad, tal y como fueron originalmente publicados, en las series de Apéndices adjuntos a este capítulo. Aunque los Apéndices no aparecen todos directamente referenciados en el texto, sirven como introducción al rico material disponible sobre el asunto del Crédito Social.[1]

    En tanto que el mundo era consciente de ello, en 1935 los actores principales eran los 56 Miembros del Crédito Social de la Asamblea Legislativa (M.A.L.s) que habían sido democráticamente elegidos para el Gobierno por el electorado de Alberta. Los mismos representantes electos creían que ésa era efectivamente la realidad de la situación. Todo lo que tenían que hacer, pensaban ellos, era cumplir el mandato en base al cual ellos habían sido elegidos, introduciendo legislación para dar al pueblo de la provincia la seguridad financiera de la que carecían. El electorado tenía un derecho a controlar sus propios asuntos, en lugar de quedarse impotente. Los ricos recursos de la provincia, y las habilidades y deseos del pueblo deberían ser capaces de proporcionar bienes y servicios para el bienestar de la comunidad en su conjunto, libre de deudas y otras presiones financieras externas.


    Listo para la batalla


    La edición del Social Credit de 6 de septiembre de 1935 anunció la victoria electoral y valoró la noticia en términos muy diferentes de aquéllos que posteriormente fueron trazados por los historiadores “ortodoxos”. Llevaba el siguiente encabezamiento:


    ABERHART FORMA SU GABINETE

    Determinado a Mantener el Crédito y Cumplir con las Obligaciones

    ¡Buena Suerte!
    ................................
    ....................................................
    ....................................................
    Sr. William Aberhart ...........................Primer Ministro y Ministro de
    ..........................................................................................................Educación

    ....................................................Sr. John W. Hugill, K.C. .......................Fiscal General

    ....................................................Sr. William N. Chant ...........................Ministro de Agricultura y
    ..........................................................................................................Ministro de Comercio e Industria

    ....................................................Sr. C. C. Ross ...................................Ministro de Tierras y Minas

    ....................................................Sr. W. A. Fallows ..............................Ministro de Ferrocarriles,
    ..........................................................................................................Teléfonos y Obras Públicas

    ....................................................Dr. W. W. Cross ................................Ministro de Sanidad

    ....................................................Sr. E. C. Manning ..............................Secretario Provincial


    La página delantera citaba de los discursos de campaña de Aberhart:

    Haremos un plan para Alberta tan pronto como conozcamos los hechos, y no puede hacerse hasta entonces. Debemos conocer primero los hechos.”

    Uno no tiene que entender la electricidad antes de poder usar un sistema eléctrico, tal y como es instalado por los expertos.”

    Si somos tan estúpidos y fanáticos como ellos dicen que somos, ¿por qué no nos dejan que nos ahorquemos?

    El mismo número del Social Credit (6 de septiembre de 1935) traía un buen número de artículos informativos acerca de la importancia de la elección, incluyendo:

    (1) Un resumen de Douglas de la situación hasta ese día, reproducido en su totalidad en el Apéndice 6a: Douglas habla acerca de Aberhart.

    (2) Un artículo profético titulado “De costa a costa: Canadá y la Política Electoral”, reproducido en el Apéndice 6b: De Costa a Costa.

    (3) Un comentario acerca de la postura adoptada por The Economist, en el Apéndice 6c: The Economist.

    Estos textos son reproducidos en su totalidad para así dar al lector la oportunidad de poder hacer una valoración personal del estado de ánimo de aquel entonces. A la vista de la historia posterior del Crédito Social en Alberta estos informes de noticias fueron increíblemente perspicaces y agudos acerca del papel que jugaban los actores clave así como de los asuntos que estaban en juego. También se incluía en el número del Social Credit de 6 de septiembre de 1935 un largo artículo de Denis Byrne quien, a medida que se fueron manifestando los acontecimientos, tuvo que jugar un papel clave en la historia de Alberta. Para una mayor ilustración de la atmósfera que se respiraba en aquel entonces, se remite al lector al relato autobiográfico de uno de los principales Miembros de la Asamblea Legislativa (M.A.L.), Alf Hooke, 30 + 5, I know, I Was There. [2]

    Desde el principio, la batalla se extendió mucho más allá de los límites de las cuestiones puramente económicas de la seguridad de ingresos en Alberta. Al cuestionar la legalidad de las reclamaciones de las instituciones financieras respecto a los activos de la provincia endeudada, el electorado de Alberta estaba arrojando el guante a los poderes de la finanza internacional a escala mundial. Como se decía en otra parte en el número del Social Credit de 6 de septiembre de 1935:

    El caso del Crédito Social, por tanto, señala que, puesto que los bancos crean el dinero sobre la base de (1) una industria en funcionamiento, (2) un público consumidor, y (3) un gobierno estable, que todos ellos juntos podrían definirse como el “Crédito Social” de la comunidad, la devolución de los préstamos bancarios resulta imposible, a menos que la comunidad sea acreditada en una cantidad equivalente al valor monetario de los recursos creados. … El sistema defectuoso de contabilidad de préstamos bancarios ha reducido a todas las comunidades industriales a una condición de perpetua escasez, a pesar de la abundancia potencial hecha posible por la ciencia moderna. Se les ha envuelto aún más en una carga de deuda ficticia en favor de los bancos que jamás puede ser liquidada.

    Por este tiempo, la población de Alberta, hombres, mujeres y niños, era de aproximadamente 750.000, un poco más de la mitad de la población de Irlanda del Norte en un área 50 veces más grande. Las investigaciones de Douglas habían establecido que el capital real de Alberta era de aproximadamente cuarenta y seis mil doscientos millones de libras esterlinas (₤ 46.200.000.000), o aproximadamente más de ₤ 50.000 por cada hombre, mujer y niño en la provincia. Podría bien presumirse que la mayor parte de la población de Alberta, esto es, los ciudadanos, deberían ser los propietarios legales de la provincia de Alberta. Como Douglas explicaba después:

    No estoy diciendo que haya una cantidad de ₤ 50.000 potencialmente en los bolsillos de cada hombre y mujer en Alberta, sino que las deudas de la población ascienden a aproximadamente ₤ 400 por cabeza; y sin embargo, todas sus deudas juntas no representan ni la centésima parte del capital real de Alberta; pero debido a que se tratan de deudas monetarias, y la riqueza de Alberta es riqueza real, y no riqueza monetaria, la vida civilizada en Alberta se está convirtiendo en algo imposible. [3]

    Douglas argumentaba que la deuda debería ser un activo perteneciente a los ciudadanos, no a los bancos. Dicho de manera sencilla: una comunidad como la de la población de la provincia de Alberta podría ser considerada como una asociación de individuos tratando de buscar conseguir las condiciones de vida política, social y económica que nunca se podrían conseguir sin alguna forma de organización. Se trata de una asociación a través de la cual la gente pueda trabajar junta efectivamente, con el fin de conseguir una deseable calidad de vida y ocio. La riqueza de una comunidad como ésa consiste en sus activos físicos en forma de activos naturales de terrenos, bosques y minerales, en conjunción con los activos de capital creados a través de los métodos industriales modernos. El activo más grande de todos es, sin embargo, la población misma de acuerdo con “su estado de educación, inteligencia, costumbres, salud y bienestar social. Es decir, “riqueza” no significa “dinero””. [4]

    En este momento del tiempo, era innegable que un evento inusual había tenido lugar. La prensa mundial podía informar acerca de una revolución en Rusia, o del desencadenamiento de una guerra. Normalmente no se pone a informar acerca de los resultados electorales de una provincia en el Oeste de Canadá con una población de 750.000. El corresponsal “J.D.B.”, en la edición del Social Credit del 6 de septiembre de 1937, no exageraba de ninguna manera el caso al declarar: “Canadá es el Centro del Mundo”:

    En este momento, por muy ridículo que pueda sonar a aquéllos que no han considerado el asunto, el centro de la escena mundial no está en Ginebra, o Roma, o Moscú, sino en Canadá. Allí confluye la batalla que decidirá el destino no sólo de las naciones, pues éstas no importan, sino de los hombres, mujeres y niños, que sí importan. [5]

    Los ciudadanos de Alberta no habrían votado a 56 Miembros del Crédito Social de la Legislatura (de un total de 63), no habiendo tenido ninguno de ellos experiencia previa como políticos, si no hubiera sido por la determinante dedicación de dos individuos muy diferentes, William Aberhart y Clifford Hugh Douglas. El segundo había publicado, durante un periodo de dieciséis años, libros y artículos dando lugar a debates públicos con importantes economistas a lo largo del mundo. Aunque prácticamente desconocido para el mundo exterior, Aberhart era una figura famosa y popular a lo largo y ancho de Alberta. Puesto que ambos hombres eran esenciales para la victoria electoral, su cooperación debía ser vital para la exitosa implementación del mandato del electorado. Desde el principio, los comentadores del Crédito Social fueron conscientes de que se iba a hacer un esfuerzo determinante para asegurar que tal cooperación no tuviera lugar:

    Me parece a mí… probable, sin embargo, que ellos tratarán de separarlos en la mente popular, magnificando la importancia de cualquier discusión acerca de discrepancias técnicas, allí donde existan, e ignorando el hecho de que estos dos hombres están esencialmente unidos en un mismo objetivo y, de manera creciente también, en una misma estrategia. Ya ha habido signos en la prensa de Londres de que se está siguiendo este camino. [6]

    Aquéllas fueron, en efecto, palabras proféticas. Se hizo un considerable esfuerzo para asegurarse de que se publicaran aparentes diferencias de opinión entre Douglas y Aberhart. Más aún, habiéndose encontrado solamente dos veces, y muy brevemente, antes de lad elecciones, nunca más se volverían a encontrar. Como señalaba el corresponsal J.D.B. (en la edición del Social Credit del 6 de septiembre de 1937), tal y como estaban las cosas entonces, Douglas ya había sido nombrado como asesor para cualquiera que fuera el gobierno que estuviera en el poder en Alberta. Aberhart, mientras tanto, había declarado claramente su intención de reafirmar el nombramiento con el fin de poder hacer uso de los conocimientos y pericia de Douglas. Douglas fue escrupulosamente cuidadoso en diferenciar entre la campaña política para determinar los deseos del pueblo en cuanto a la política a seguir, lo cual era la labor de Aberhart, y el asesoramiento técnico sobre la finanza en la provincia, que él (Douglas) podría proporcionar, si era requerido para hacerlo por el gobierno legítimo.

    La cuestión entonces surge en cuanto a ¿quién intentaría querer mantener separados a estos dos hombres? y, ¿por qué? ¿Qué asuntos trascendían las fronteras de la provincia de Alberta como para que tuviera que intervenirse en una elección de allí? En ese momento del tiempo, el lector, políticamente consciente, de la prensa mundial sabía que una importante cuestión se había puesto sobre el tapete, la de la relación entre un electorado, los ciudadanos votantes de una entidad política, que en teoría son los que determinan la política bajo una democracia, y el “gobierno” de una nación que determina qué políticas son “practicables” o “factibles”… y cuáles no. Con toda claridad, la cuestión era primariamente una cuestión política, siendo las políticas económicas algo secundario. Como bien señaló Aberhart con respecto a esto último en una de sus declaraciones durante las elecciones: “Si somos tan estúpidos y fanáticos como ellos dicen que somos, ¿por qué no nos dejan que nos ahorquemos?”


    Asedio al castillo


    En los días de la victoria electoral en 1935, Douglas observaba lo siguiente:

    Los estudiantes de política reconocen que, por primera vez en la historia moderna, un Gobierno ha sido elegido en contra de los deseos de aquellos poderes financieros que, en su mayor parte, controlan a todos los Gobiernos; al mismo tiempo que el público en general siente instintivamente que el problema de la pobreza en medio de la abundancia está a punto de ser abordado (quizás por primera vez) sin miedo a la existencia de unos intereses creados. [7]

    Justo al mismo tiempo, un corresponsal de The Economist, observaba lo siguiente:

    ¿Pero cómo va a poder el Sr. Aberhart, como Primer Ministro de Alberta, crear nuevo dinero sin al mismo tiempo transgredir los límites impuestos por la ley bancaria canadiense? [8]

    Este comentario pone sobre el tapete la cuestión de la creación de la “ley bancaria canadiense”: ¿Cómo se hizo? y ¿por quién? Bajo un gobierno totalitario, es normal que la gente espere que se le diga lo que puede hacer, y lo que no. Sin embargo, bajo una democracia es normal que los ciudadanos esperen poder determinar la política, con la consecuencia de que si a ellos no les gustan los “límites” impuestos por anteriores administraciones, ellos pueden ponerse a cambiarlos a través del debido proceso de la democracia.

    Publicado en The New Age (1 de abril de 1937), el siguiente diagrama proporciona una visión de conjunto de la relación entre “democracia” y “ley bancaria” tal y como había evolucionado en aquel tiempo.
    El diagrama representa el choque entre las dos “voluntades”: la “Voluntad de la Finanza” hacia la escasez económica, y la “Voluntad del Pueblo” hacia la abundancia económica. El progreso en las “artes industriales” ha traído la situación en que una amplia cantidad de bienes materiales pueden ser producidos y distribuidos sin miedo a la escasez. Sin embargo, como demuestra ampliamente el caso de Alberta en 1935, esa abundancia no puede ser libremente distribuida… debido a la “ley bancaria”. La Voluntad de la Finanza es consciente, pero ocultada al pueblo. La voluntad del pueblo es subconsciente, y se la ocultan incluso a ellos mismos. El pueblo es propenso a evitar racionalmente admitirse a sí mismo que lo que realmente quiere es poder aprovechar de la abundancia dentro de una comunidad libre. Éste es el resultado psicológico de las sutiles fuerzas educacionales de la academia, de la prensa mundial, de las “autoridades” religiosas y de otros tipos, que están controladas por la finanza, junto con la fuerza de la coacción legal. Tal y como ilustra el diagrama, el Parlamento constituye el “Estado tapón” entre las dos voluntades o políticas opuestas. Puede servir también para alisar las inconsistencias que pueda haber entre las dos voluntades. Los Miembros del Parlamento, sin embargo, no son de ninguna manera más conscientes del choque de intereses que lo que lo es el electorado. Así pues, son atraídos al remolino de intereses opuestos, convirtiéndose en los instrumentos inconscientes de la Finanza. Elaborado antes de la Segunda Guerra Mundial, y precediendo el establecimiento de las Naciones Unidas, del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, de la Comisión Europea y otras corporaciones del mismo estilo, el Diagrama del Gobierno Mundial manifiesta una consciencia acerca de la naturaleza de la relación entre el ciudadano individual y las “autoridades” que determinan las restricciones legales bancarias y de otros tipos sobre los gobiernos electos.

    Arthur Brenton, editor de The New Age, sugería que los políticos quizá debieran prepararse a presentarse con garantías personales, las cuales ellos las verían ejecutadas en caso de que sus políticas se demostraran ser imposibles de implementarse:

    “Pero cosas como ésas no se hacen”, vendría a ser la primera reacción de la mayoría de la gente respecto a esta idea. No; y se necesita una gran cantidad de tiempo para poder explicar por qué otras cosas no se hacen: por qué el crapaud [sapo] de ministro es capaz de croar: “Castillos en el aire, construimos poco a poco, y los honores para mí mientras tú te vas al hoyo”. Hoy en día se considera como un síntoma de irresponsabilidad, así como algo de mal gusto, tomar la política como algo serio. Admitimos que existe un fundamento racional para esta actitud por parte de los políticos, aunque pocos son conscientes de ello, y consiste en que los banqueros se han reservado para ellos mismos la última palabra en la política mayor, dejando a los políticos resolver las cuestiones de pequeña importancia mediante debates y listas de votación e incluso, en lo que a aquéllas se refiere, confinando la materia objeto de su resolución dentro del marco de los hechos consumados. Luchar por conquistar el castillo del rico es algo compatible con la autoestima, pero luchar por las migajas que caen de su mesa es una humillación. [9]

    En 1935 Aberhart, Douglas y la masa del movimiento del Crédito Social eran bien conscientes de que estaban unidos en combate contra el “castillo del rico”. Y estaban luchando contra unos oponentes muy superiores.


    Democracia frustrada


    Inmediatamente después de las elecciones, Aberhart tuvo que afrontar las tareas organizativas propias de un líder político por primera vez en su vida. Inevitablemente cometió errores. Sin experiencia en el mundo de la política, él era un blanco abierto en el momento en el que le fue ofrecido asesoramiento “sensato” por las “Autoridades” Federales. En lugar de haber llamado primero a Douglas, se enfrascó él mismo en un curso de acción que estaba en directa contradicción con el análisis de la situación de Douglas. Aunque las dos partes finalmente trabajarían juntas, desde junio de 1937 hasta la muerte de Aberhart en 1943, sin embargo el retraso inicial demostró ser, en última instancia, fatal.

    En los días inmediatamente posteriores a las elecciones de 1935, se hicieron movimientos para desbaratar las iniciativas del Crédito Social. Sir Montague Barlow estuvo en Alberta durante las elecciones y durante el tiempo inmediatamente posterior a las mismas, en su calidad de Presiente de la Comisión de Minas de Carbón en Alberta. Hablando en la Cámara de Comercio Canadiense en Londres el 6 de marzo de 1936, Barlow, antiguo Ministro del Trabajo, resumía la situación de esta forma:

    Tengo una alta opinión sobre su [de Aberhart] coraje y sinceridad. Él hizo dos cosas muy destacables mientras yo estuve allí. Nombró como Ministro de Minas al Sr. Ross, el cual no era un político y quizás incluso no era tampoco, que yo sepa, un creditista social. Él es un hombre absolutamente competente para su trabajo y un administrador de primer nivel Eso constituyó un acto propio de un estadista por parte del Sr. Aberhart.

    Igualmente, cuando encontró el Tesoro vacío y vio que tenía que prepararse para obtener largas sumas de dinero para pagar el interés sobre los bonos provinciales, se entrevistó con los banqueros, les preguntó por un experto financiero, el Sr. Magor, uno de los financieros más competentes del Este que ya había sido llamado anteriormente para ayudar a la provincia de Terranova a salir de sus dificultades, y el Sr. Magor, a petición del Sr. Aberhart, se dirigió al partido del Crédito Social en la Legislatura Estatal. [10]

    Las “dos cosas muy destacables” ciertamente no se originaron a partir del propio juicio político o experiencia de Aberhart. De acuerdo con el relato autobiográfico de Alf Hooke, el hecho de que el Sr. Aberhart apreciaba en gran medida el vasto potencial de los recursos naturales, especialmente el petróleo y el gas, fue el motivo por el que “invitó a venir al Sr. Charles C. Ross, un ingeniero bien cualificado en su campo, para convertirse en su Ministro de Tierras y Minas”.

    Es interesante advertir que el Sr. Ross nunca había sido conocido como un creditista social y, de hecho, no había tenido nunca conexión ninguna con el movimiento de Aberhart. El Sr. Ross, sin embargo, aceptó la invitación y el distrito electoral de Athabasca fue puesto a su disposición a continuación de la renuncia del Sr. Tade, que había ganado las elecciones en ese distrito. [11]

    Después de las elecciones, Aberhart se hizo plenamente consciente de la gravedad de la deuda provincial con respecto a las instituciones financieras exteriores. El Tesoro estaba vacío, estaba retrasado en el pago del interés de los bonos, y los salarios de los funcionarios estaban impagados. Los ingresos eran totalmente inadecuados para cumplir con las obligaciones o compromisos de la provincia. Aberhart fue a Ottawa a buscar ayuda en la obtención de un préstamo. El préstamo le fue concedido, pero bajo la condición de que Robert Magor se convertiría en el asesor financiero y económico para el Gobierno de Alberta. El Gobernador del Banco de Canadá recomendó a Magor, con la intención de desacreditar al Crédito Social y derribar el Gobierno de Alberta. Durante los siguientes dieciséis meses, Aberhart siguió políticas que eran aceptables para las “autoridades” Federales, así como también para los intereses bancarios establecidos. Algunas de las medidas que se tomaron bajo el consejo de Magor incluían el despido de funcionarios, una fuerte subida en el impuesto sobre la renta y la suspensión del pago del interés sobre los bonos. Estas medidas llevaron al Gobierno del Crédito Social ha caer en el descrédito con el electorado.

    En diciembre de 1936 John Hargrave, líder de los Camisas Verdes y del Partido del Crédito Social de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, que operaba independientemente de la Secretaría del Crédito Social de Douglas, viajó a Alberta solo y sin invitación para valorar la situación por sí mismo. La visita de Hargrave fue un factor clave para desencadenar la “insurgencia” de los Miembros de la Asamblea Legislativa tres meses más tarde, y el consiguiente nombramiento de George F. Powell y Leslie Denis Byrne como representantes de Douglas para trabajar con la administración Aberhart.

    El 17 de diciembre de 1936, Hargrave tuvo una larga entrevista con el Primer Ministro Aberhart durante la cual se discutieron las incongruencias técnicas entre las proposiciones resumidas en el Manual del Crédito Social de Aberhart, y el Dividendo Nacional y el Precio Compensado tal y como son explicados por Douglas. Se hizo patente para Hargrave que Aberhart no entendía el análisis de Douglas: todavía tenía que superar la asunción convencional de que un “dividendo básico” necesariamente había de implicar algún tipo de redistribución, es decir, una imposición tributaria de algún tipo u otro. De ahí su enfoque gradualista.

    Al día siguiente, Hargrave se dirigió a una reunión de Ministros del Gabinete del Crédito Social en los siguientes términos:

    Alberta constituye la clave para la situación del mundo.

    Lo que ocurra en Alberta puede afectar a los destinos de Europa y del resto del mundo. Si el Crédito Social es capaz de mostrar aunque sólo sea un mínimo de éxito en Alberta, no solamente las otras tres provincias occidentales –Manitoba, Saskatchewan y la Columbia Británica– se “unirían” al Crédito Social, y a continuación todo el Canadá, sino que también Nueva Zelanda y Australia, ya maduras, con toda certeza seguirían los mismos pasos. El Estado Libre de Irlanda, haciendo ahora grandes esfuerzos por conseguir la autosuficiencia económica, se movería en la misma línea. Las otras partes de las islas británicas –Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte– no resistirían el “tirón” ejercido por una Unión Federal de Crédito Social de Canadá, viéndose reforzada, como así estaría destinado que ocurra, por una Comunidad de Crédito Social de Australia y una Nueva Zelanda de Crédito Social. Nada podría detener esta avalancha político-económico-social, que derivaría finalmente en un Orden Mundial de Crédito Social en donde la pobreza y la guerra habrían sido eliminadas para siempre.

    Los Estados Unidos de América, en este momento luchando por la libertad económica en medio del laberinto y la confusión del New Dealismo, echarían la mirada más allá de la línea fronteriza de Montana y empezarían a moverse hacia el Crédito Social.

    Al primer signo de éxito en Alberta, los ojos de todas los pueblos de la Europa condenada a la guerra, le volverían la espalda al conflicto en desarrollo entre Derecha-Izquierda; volverían la mirada hacia arriba y verían, no un argumento teórico impreso en un libro, sino la realidad de 780.000 albertanos usando su propia riqueza real y viviendo libre de deuda. Y se dirían a ellos mismos, allí en Europa, “Si los albertanos pueden vivir en paz y prosperidad, ¿por qué deberíamos vivir en pobreza y con miedo a una guerra? ¿Por qué deberíamos morirnos de hambre en medio de la abundancia? ¿Por qué deberíamos matarnos los unos a los otros? Permítasenos convertir los tanques en tractores y seguir el camino trazado por Alberta.”

    Lo que ocurre aquí en Alberta, por tanto, podría realmente ralentizar o detener la precipitación hacia la siguiente Gran Guerra que puede en cualquier momento sorprender a Europa y dar rienda suelta a un infierno tal sobre la tierra como nunca antes se haya visto desde el comienzo del mundo. [12]

    El resumen de Hargrave proporciona una estimación correcta acerca de la importancia de los acontecimientos en Alberta, tal y como eran percibidos por muchos dentro de un contexto mundial. Su discurso fue seguido por un buen número de preguntas, durante el cual el Fiscal General del Crédito Social, Sr. Hugill, declaró que “en su opinión habían restricciones legales y constitucionales, y limitaciones que impedirían eficazmente al Crédito Social ser puesto en vigor en una sola provincia”. [13]

    Poco después de su llegada, Hargrave tuvo una entrevista personal con el Hon. C. C. Ross, a quien Aberhart había nombrado Ministro de Tierras y Minas:

    El Sr. Ross era un graduado en ciencias en la Universidad de McGill, Montreal, y durante un buen número de años había servido como ingeniero de minas para el Gobierno del Dominio. Él explicaba en esta entrevista que él “no era un hombre del Crédito Social”, y que, como ingeniero de minas, él meramente atendía a su trabajo en su Departamento de Tierras y Minas desde un punto de vista puramente técnico. Él había estado siguiendo una política particular en su Departamento, y le gustaría tener la opinión de Hargrave sobre ella desde el punto de vista del Crédito Social.

    La política, que el Ministro procedió a continuación a resumir, era la siguiente: desarrollar los recursos naturales de la provincia alentando al capital exterior a venir y a ponerse a trabajar en la producción, especialmente en los campos petrolíferos de Turner Valley, a unas 45 millas al suroeste de Calgary. De esta forma, se permitieron arrendar a compañías externas las extensiones de terreno y, a cambio, se encargaron de pagar al Gobierno ciertas sumas y royalties sobre la producción. De esta forma el Gobierno, financieramente en una posición difícil, podría ser capaz de sacar una fuente continua de ingresos, mientras que al mismo tiempo se podrían desarrollar áreas de terrenos que, de otra forma, habrían quedado más o menos yermas o desaprovechadas.

    La importancia de esta política no podrá ser estimada en su auténtico alcance a menos que se recuerde que se puso en plena marcha, y así continúa hoy en día, un “boom petrolífero” en Alberta, y ese hecho debe ser relacionado con los vastos recursos de riqueza real de la provincia. …

    Resultaba claro que el Departamento de Tierras y Minas, cubriendo la mayor parte de los recursos naturales de la provincia, estaba funcionando totalmente separada de lo que podría denominarse “la parte de Crédito Social” del Gobierno. El Ministro quiso subrayar particularmente este punto. Él explicaba que su departamento “simplemente continuaba haciendo su trabajo”, y no se preocupaba con intentos de encontrar alguna vía para poner el Crédito Social en funcionamiento. Serían el Primer Ministro Aberhart y otros miembros del Gabinete los que se encargarían de intentar resolver ese problema. Esto, por supuesto, constituía un punto de vista perfectamente lógico de aceptar para un Ministro que no era del Crédito Social, y Hargrave no comentó más sobre ello.

    Alberta, por tanto, tenía un Primer Ministro de Crédito Social que había prometido un dividendo “básico” de $ 25,00 al mes, pero que ahora no podía descubrir cómo “recobrarlos” en caso de que intentara cumplir su promesa; un Fiscal General de Crédito Social que sostenía que era ilegal emitir cualquier clase de dividendo, ya fuera posible “recobrarlo” o no; y un Ministro de Tierras y Minas de Crédito Social que admitía honestamente que él “no era un hombre del Crédito Social”, y que simplemente continuaba haciendo su trabajo técnico dejando al Sr. Aberhart y sus colegas descubrir si se podría hacer algo en la línea del Crédito Social. [14]

    Hargrave llegó a la conclusión de que el elemento sorpresa se había perdido. Desde las elecciones, las cosas simplemente se habían dejado ir a la deriva. Los Miembros de la Asamblea Legislativa (M.A.L.) que entendía completamente los objetivos del Crédito Social de Douglas eran conscientes de que se estaba haciendo muchísimo por confundir la situación, con las esperanzas de que el Crédito Social simplemente se desvaneciera. Sin embargo, el pueblo de Alberta era consciente de la excepcional plataforma sobre la cual se había elegido su Gobierno de Crédito Social, y monitoreaban estrechamente a sus M.A.L.


    Gobierno de sentido único


    En su relato autobiográfico de los acontecimientos en Alberta, publicado en 1971, Alf Hooke presenta una clara declaración acerca de la realidad de la situación:

    Durante estos años la legislación de Alberta fue sometida al más cuidadoso examen por parte de aquéllos cuyos poderes estaban siendo desafiados. Los oponentes políticos se mofaban, abogados de alto precio argüían, las instituciones bancarias esponsorizaban la publicidad de los programas de radio y los periódicos, todo diseñado para destruir la confianza que el pueblo de la provincia había depositado en William Aberhart y sus seguidores el 22 de agosto de 1935. [15]

    Para principios de 1937 era obvio que, aunque el Gobierno de Crédito Social en Alberta había sido democráticamente elegido, sin embargo no representaba, al igual que todos los demás Gobiernos, más que una calle de dirección única. Esto es, a los gobiernos electos sólo se les permite existir, investidos con la panoplia del poder, apoyados con dinero, y sus caminos allanados por la prensa, siempre y cuando no pretendan hacer tambalear a la finanza internacional. Siempre y cuando se mantuviera dispuesta a seguir la ortodoxia financiera incrementando los impuestos y usando la mayor parte del incremento para pagar el interés sobre los bonos poseídos por las instituciones financieras, el Gobierno de Crédito Social de Alberta no atrajo oposición ninguna de parte del Gobierno del Dominio de Canadá en Ottawa. Se le permitió experimentar con medidas que, aunque infringían las prerrogativas del Dominio, fueron estimadas por el asesor financiero ortodoxo como incapaces de conducir a desafío alguno contra el monopolio del crédito poseído por los bancos. Al menos dos Proyectos se convirtieron en ley a pesar del hecho de que excedían los límites de la autoridad de la provincia, incluyendo los “Certificados de Prosperidad”, una forma de dinero que va desapareciendo, modelado en cierta forma sobre la idea de Silvio Gesell [16] de hacer que el dinero vaya perdiendo su valor de forma que la gente haga a su manera su camino hacia la prosperidad, tal y como se entiende convencionalmente. Ninguna acción fue tomada por el Dominio para frustrar este asunto.


    La Insurgencia


    Durante la carrera hacia las elecciones, Aberhart había subrayado repetidamente su intención de traer a Douglas a Alberta como asesor técnico para el Gobierno. El intercambio de veinticinco telegramas y veintisiete cartas entre agosto de 1935 y marzo de 1936, publicados en el libro de Douglas The Alberta Experiment, [17] muestran que ambos hombres tenían la plena intención de trabajar juntos. Sin embargo, cada uno tenía opiniones precisas en lo concerniente a sus roles. Douglas, el fundador de todo el cuerpo de pensamiento socio/político/económico, era consciente de la importancia en todo el mundo del “Experimento de Alberta”. Aberhart, por otro lado, creía sinceramente que Magor, hábil en técnicas financieras y económicas ortodoxas, era la persona correcta para solucionar los problemas inmediatos que se presentaban ante el Gobierno recientemente elegido. El Informe Interino para el Gobierno de la United Farmers of Alberta, de 23 de mayo de 1935, elaborado antes de las elecciones de agosto, contiene sus recomendaciones en favor de los necesarios pasos que habían de tomarse hasta hacerse con el control de la política financiera. El documento manifiesta la completa evaluación de Douglas de la situación legal, política y económica en Alberta. [18] De ahí que Douglas tuviera razón en sospechar que la visita de Montague Norman, Gobernador del Banco de Inglaterra, al Gobernador del recientemente constituido Banco de Canadá, en la quincena inmediatamente anterior a las elecciones de Alberta, no estaba desconectado con el subsiguiente nombramiento de Magor como asesor para el Gobierno de Alberta. De ahí el retraso consiguiente en el asunto de la invitación formal a Douglas para reasumir el puesto oficial de Asesor para el Gobierno de Alberta.

    A lo largo de 1936, la insatisfacción entre los M.A.L. por la falta de progreso hacia el cumplimiento de las promesas electorales comenzó a exteriorizarse. Los intercambios entre Douglas y Aberhart, así como el texto completo del Informe Interino para el Gobierno de la U.F.A. de Douglas todavía no se encontraban disponibles para los M.A.L. Surgió, pues, un debate entre los M.A.L. que estaban realmente interesados en ver introducidas las genuinas medidas del Crédito Social, y el Gabinete, algunos de cuyos miembros afirmaban que Douglas debía ser “enteramente ignorado”. [19] A medida que se iban focalizando cada vez más las discusiones, aquellos miembros del Gabinete que nunca habían estado comprometidos con el Crédito Social dimitieron, incluyendo el Ministro de Tierras y Minas y el Tesorero provincial. El debate culminó en la “insurgencia” contra el Presupuesto de marzo de 1937, cuyos detalles están documentados por Alf Hooke. [20] Los “insurgentes” se negaron a votar la provisión de dinero que permitiera al Gobierno poder continuar, después de lo cual ambas partes se pusieron de acuerdo en establecer la Junta de Crédito Social para que asesorara al Gobierno sobre la política del Crédito Social.

    En este momento, Aberhart acordó enviar al Sr. Maclachlan, Presidente de la Junta de Crédito Social, a invitar a Douglas a unirse a la Junta como asesor oficial para el Gobierno de Alberta. El resultado fue la llegada a Alberta de las dos personas nombradas por Douglas, George Powell y Denis Byrne, en junio de 1937. De acuerdo con el autor de 30 + 5: I know, I was there, [21] los siguientes cinco años convirtieron a la administración Aberhart en un “excitante drama, parecido al cual estoy seguro no ha ocurrido nunca otro en la historia moderna.” ¿Una exageración, quizás? Sin embargo, ciertamente hace la lectura muy interesante.

    Denis Byrne, quien estuvo desde este momento en el centro de la acción en Alberta, retoma en este punto la historia:

    Powell me precedió en el viaje a Alberta. Para el tiempo en que yo llegué, encontré que él había tenido éxito en reunir a las dos facciones que se oponían en el Gobierno –los defensores del Gabinete y los insurgentes– haciéndoles entender que habría una acción pronta para la implementación de la política del Crédito Social. En el plano económico la cuestión se centró en el control del crédito real de la provincia, esto es, en su capacidad para producir los bienes y servicios deseados que elevarían a la gente sacándolos de las condiciones de pobreza que prevalecían. Este crédito real estaba, a su vez, controlado por el sistema monetario (el cual constitucionalmente era de responsabilidad del Gobierno Federal debido a su jurisdicción sobre bancos y sobre la banca). Por tanto, cualquier acción tendente a llevar el crédito real de la provincia, –lo cual implica que la propiedad fundamental y los derechos civiles queden bajo la exclusiva jurisdicción constitucional de las provincias– , bajo el control de la provincia requería que los bancos se ajustaran a la política establecida por el Gobierno provincial. Puesto que la política que estaban siguiendo los bancos bajo el Banco de Canadá era diametralmente opuesta a la política del Crédito Social y era inherente al sistema, era lógico que esta acción estaba destinada a poner al Gobierno de Alberta en conflicto con los bancos, con las instituciones financieras y, a través de ellas, con el Gobierno Federal.

    Habiendo explicado esto al Gabinete y, a petición suya, a la Asamblea Legislativa, recomendé, con el concurso de mi colega Powell y con la aprobación de Douglas, que se convocara inmediatamente una sesión especial para aprobar la legislación que requiriera a los bancos implementar las medidas exigidas por el Gobierno. No bien había sido convocada la sesión, se derramaron sobre Edmonton los representantes de la prensa, los oficiales de la Asociación de Banqueros y otros. La legislación que se introdujo –específicamente la “Ley Reguladora del Crédito de Alberta” – fue objeto de un ataque violento por los poderes fácticos financieros en Canadá, Inglaterra, los EE.UU., y varios otros países. Fue inmediatamente desautorizada por el Gobierno Federal, sin importarle el hecho de que el entonces Ministro de Justicia había declarado poco antes que dudaba de que el Gobierno Federal tuviera el derecho constitucional de poder desautorizar legislación provincial.

    Volví a Inglaterra con una petición apremiante por el Gobierno de Alberta para que aceptara un nombramiento como asesor económico suyo. En mi ausencia mi colega Powell fue arrestado en base a cargos que estoy satisfecho de confirmar que fueron inventados, típicos de un libelo difamatorio. Regresé a Alberta para aceptar mi nombramiento con el Gobierno y poco después, a continuación de un juicio farsa delante de un juez y sin jurado, Powell fue sentenciado a seis meses de cárcel y se ordenó su deportación. Después de cumplir tres meses de condena, fue liberado y murió poco después de regresar a Inglaterra a consecuencia de los efectos de su experiencia. …

    Desde principios de 1938 hasta su muerte en mayo de 1943, estuve trabajando estrechamente con Aberhart como asesor y confidente, por lo que pude llegar a conocerle íntimamente. Uno de los aspectos más fuertes de su carácter era su apasionada lealtad a la Corona, cuyas plenas implicaciones él entendía y apreciaba muchísimo. [22]


    Desautorización


    Después de la llegada de Powell y Byrne, se aprobaron una serie de Leyes por la Legistalura albertana diseñadas para implementar los deseos del electorado introduciendo medidas en consonancia con el programa electoral de Aberhart. Una vez que fueron aprobadas la “Ley Reguladora del Crédito de Alberta”, la “Ley de Tributación Bancaria”, y la “Ley de Reducción y Liquidación de la Deuda” por la Asamblea Legislativa de Alberta en cuatro días de sesión en agosto de 1937, el Gobierno del Dominio, respaldado por los financieros, reaccionó en seguida. En medio de una tormenta de controversia, el Primer Ministro de Canadá, el Sr. Mackenzie King, “desautorizó” las Leyes. Para mayores detalles de las Leyes “desautorizadas” por las autoridades del Dominio, véase el Apéndice 6d: Cómo está Luchando Alberta contra la Finanza.

    Tal y como explicó posteriormente la Junta de Crédito Social, en su Informe Anual de 1939 a la Asamblea Legislativa de la provincia de Alberta, en lo referente a la Ley Reguladora del Crédito de Alberta:

    Resulta dudoso que alguna otra pieza singular de legislación haya suscitado semejante atención universal. La alarma era evidente en los centros bancarios de Londres y Nueva York. La prensa financiera del mundo lanzaba insultos hacia el Gobierno que se había atrevido a desafiar la soberanía de la finanza. Se exigió la desautorización de toda esta legislación.

    Y toda esta excitación fue originada por el simple acto de meramente pedir a los bancos operantes dentro de la provincia de Alberta que ordenaran su administración del sistema financiero de tal forma que dieran al pueblo de la provincia acceso a sus propios recursos existentes dentro de sus propias fronteras. Esta legislación no interfería en los bancos, la banca, la acuñación de moneda, la moneda legal o en cualquier asunto administrativo que viniera a estar bajo la jurisdicción federal. Simplemente establecía que los bancos operantes dentro de la provincia no continuaran violando la propiedad y los derechos civiles del pueblo manipulando el funcionamiento del sistema monetario en forma tal que negaran al pueblo el acceso a sus abundantes recursos.

    Se trataba de una ley que establecía el derecho democrático básico del pueblo a determinar los resultados que deberían corresponderles a ellos, a partir de la administración de sus propios asuntos por las autoridades responsables. [23]

    Puesto que se reconoció que esas tres leyes, al igual que cualquier otra acción diseñada para ser efectiva en la lucha contra “las autoridades”, podían ser violentamente tergiversadas, se debatió y aprobó una nueva Ley, la “Ley para la Aseguración de la Publicación de Información Correcta de Noticias”. Esta Ley fue presentada por la prensa como un acto de “censura”, a pesar de que se trataba precisamente de todo lo contrario, pues buscaba garantizar la publicación de las fuentes de información y que se diera una cierta oportunidad de poder hacer correcciones. Estaba diseñada para asegurar que “la misma información que todo editor exige de los corresponsales que escriben en sus columnas, es decir, el nombre de los escritores de los artículos, estuvieran disponibles al Pueblo cuando lo exigieran sus representantes”. En teoría, uno de los ejes centrales de la democracia es la libertad de información: en la práctica, la Ley fue desautorizada.

    En su estudio de 1954 sobre la relación entre el Crédito Social y el Poder Federal de Canadá, Mallory explicaba que la sanción del Teniente de Gobernador de la provincia era necesaria antes de que la legislación aprobada por la administración Aberhart en agosto de 1937 pudiera entrar en vigor. Y el Teniente de Gobernador confiaba siempre en el consejo del Fiscal General, el Sr. John Hugill, cuya posición era, por tanto, “dificultosa”. En palabras del propio Mallory:

    El Gabinete original de Aberhart había incluido al menos a tres miembros que eran “moderados” y cuya adhesión a la doctrina del crédito social era dudosa. Ellos eran el Sr. C. C. Ross, Ministro de Tierras y Minas, el Sr. Charles Cockcroft, Tesorero provincial, y el Sr. John Hugill, Fiscal General. Las diferencias con el Sr. Aberhart habían llevado a la dimisión del Sr. Ross en diciembre de 1936, y del Sr. Cockcroft en el mes siguiente. El Sr. Hugill permaneció. Uno se puede imaginar la incomodidad de un abogado experimentado, producto de una escuela privada selecta inglesa y de una universidad de las provincias marítimas, moderado en sus opiniones políticas y absorbido principalmente en sus deberes departamentales, viéndose confrontado por un Gabinete de evangelistas acalorados, presididos por el mesiánico Sr. Aberhart. [24]

    Las “diferencias” entre Aberhart y los dos miembros de su Gabinete, Ross y Cockcroft, se debían a la creciente constatación de que los dos “moderados” estaban trabajando con la administración Federal en evitar la introducción de las políticas de Crédito Social. El estudio de Mallory, de donde se ha recogido lo antes citado, formaba parte de las series de proyectos de investigación académicas acerca del “Crédito Social en Alberta”, comisionados por el Consejo de Investigación de Ciencias Sociales de Canadá y financiados por la Fundación Rockefeller. Estas publicaciones se describen en el Capítulo 8. De esta forma, en el estudio de Mallory, el Primer Ministro democráticamente elegido es descrito como “mesiánico”, y a su Gabinete como “evangelistas acalorados”, en contraposición a tres miembros de su Gabinete original que eran “moderados” y que solamente intentaban continuar haciendo su trabajo ignorando la “doctrina del crédito social”.

    Resulta curioso que los tres miembros clave del Gabinete original de Aberhart formado por siete, resultaron ser personas que no habían estado comprometidas con el Crédito Social. Igualmente curiosa es la secuencia de los acontecimientos que condujeron a la “desautorización” por el Gobernador General, tal y como lo describe Mallory. Cuando se le preguntó en la Cámara por un miembro de la oposición si el gobierno tenía el poder para legislar sobre bancos y banca, el Sr. Hugill no quiso comprometerse él mismo, y simplemente hizo referencia a la sección 91 de la Ley de la Norteamérica Británica. Al reconocer que era esencial la sanción del Teniente de Gobernador, el propio Primer Ministro le preguntó:

    Para que podamos estar seguros de que nuestros Proyectos de Ley reciban la sanción del Teniente de Gobernador, sugerimos al Fiscal General que nos asegure que él se encuentra en una posición de recomendar en todos los aspectos que el Teniente de Gobernador dé su sanción a cualquier medida de Crédito Social. [25]

    El Sr. Hugill no dio esa seguridad. Cuando él acompañó al Primer Ministro para una entrevista con el Teniente de Gobernador, se le preguntó de nuevo a Hugill si los proyectos de ley aprobados por la Legislatura se encontraban dentro de la competencia constitucional de la provincia. Como Fiscal General, su consejo al Teniente de Gobernador fue el de “que las leyes propuestas no se encontraban dentro de nuestra competencia legislativa. … La aceptación de una concepción semejante y la aquiescencia en la aprobación de tal legislación, sería y es tanto como sacudir los mismos cimientos de nuestra constitución y nuestra unidad nacional.” [26] Este desacuerdo con el Primer Ministro electo hizo inevitable la dimisión de Hugill. Sin embargo, esto no supuso el fin del asunto, ya que el Teniente de Gobernador, el Sr. J. C. Bowen, “cedió a los deseos de su Gabinete y dio su sanción a la legislación”, ignorando el consejo del Fiscal General. Mallory excusa la acción del Teniente de Gobernador sobre la base de que él era nuevo en el puesto y estaba inseguro sobre “qué conducta seguir”. Su sanción ciertamente “de alguna forma vino a ser una sorpresa”. Puesto que su sanción era perfectamente legal, de acuerdo a las constituciones de ambos Gobiernos Provincial y Federal, se necesitaba un verdadero juego malabar para poder deshacer esa decisión que habría permitido entrar en vigor a la legislación aprobada por el gobierno democráticamente electo. En el plazo de diez días, el Gobierno Federal “desautorizó” la legislación.


    Marco constitucional


    Escribiendo en la edición del 10 de diciembre de 1937 del Social Credit Supplement, Douglas explicó el marco constitucional bajo el cual estaban gobernadas las provincias y el Dominio de Canadá, subrayando que la Constitución de Canadá fue creada por la Ley de la Norteamérica Británica (Ley N.A.B.), una Ley del Parlamento Británico de 1867 que confería ciertos derechos al Dominio y a las provincias, incluyendo derechos relacionados con la desautorización. Habiendo examinado la materia con abogados constitucionalistas durante su estancia en Alberta en mayo de 1935, Douglas estaba bien versado en el asunto. Para una descripción detallada de la situación constitucional, véase el Apéndice 6e: Douglas sobre Constituciones. Resumidamente, la capacidad del Primer Ministro Federal para “desautorizar” legislación tiene su origen en la Prerrogativa Real del Soberano del Reino Unido reinante, que está investida en el Gobernador General de Canadá, el cual era en aquel entonces Lord Tweedsmuir, y en el Teniente de Gobernador de una provincia como la de Alberta.

    Mallory apoya la justificación que hace Hugill de su consejo de no dar la sanción “sobre la base de que el Fiscal General era el asesor legal oficial del Teniente de Gobernador, y si su deber como asesor legal entraba en conflicto con el principio de solidaridad del Gabinete, entonces él debía elegir defender la ley tal y como la entendía y arriesgarse a romper su conexión con el Gabinete. Él también argumentaba que su juramento profesional como abogado le obligaba a defender la ley y le impedía poder dar consejos contrarios a lo que para él era el sentido literal de la ley.” [27] Con la dimisión de Hugill, “el último de los moderados en el Gabinete”, la “política de la administración se encaminó hacia un directo desafío a la autoridad del Dominio.”


    Visión de conjunto


    Los acontecimientos en Alberta constituyen un caso que sienta un precedente, demostrando cómo las normas de la política y la finanza hechas por el hombre pueden ser usadas para frustrar la voluntad del pueblo. Para entender lo que está ocurriendo es necesario echarle un vistazo al Diagrama del Gobierno Mundial antes reproducido. En última instancia, el poder radica en el pueblo. Sin embargo, le arrojan la fuerza de “La Prensa Mundial, la Tribuna y el Púlpito”, creando una capa blindada que aparta al pueblo del conocimiento de la verdad. En teoría, El Pueblo constituye el electorado, el cual vota democráticamente en los “Parlamentos de las naciones”. En la práctica, sólo son permitidas aquellas políticas que mantienen “La Voluntad de Escasez Económica” del mundo de las grandes corporaciones, o que no amenazan seriamente el status quo. Cualquiera cosa que amenace el status quo es “desautorizada”, y el poder de la prensa mundial, todo el mundo académico entero, y toda enseñanza moral se dirigirá contra la “herejía”. “Por supuesto, la gente ha de ir a trabajar para ganar el dinero con el que comprar los bienes producidos por otra gente que va a trabajar. Si la gente no trabaja por dinero no habría producción, y entonces no habría nada que poder comprar”. Ése es el mensaje de “La Voluntad de Escasez Económica” que constituye la política de la “Alta Finanza”. A la vista del poder de la ortodoxia a la hora de presentar mentiras y medias verdades, tenemos una deuda de gratitud con los primeros impulsores en la historia del Crédito Social en Alberta, incluyendo a Douglas, Orage, Aberhart, Byrne, Brenton, a los M.A.L. pertenecientes al Crédito Social, al electorado de Alberta y a los creditistas sociales de todo el Canadá y a lo largo y ancho del mundo, por ver más allá de la niebla de mentiras y por rechazar permanecer en silencio.

    La historia del Crédito Social en Alberta proporciona una demostración en pleno funcionamiento del modo en que las formas legales y financieras de represión trabajan en cooperación. En 1935, las elecciones provinciales de agosto que trajeron a la administración Aberhart, fueron seguidas de las elecciones Federales del mismo año que trajeron a la administración Mackenzie King. Como líder de la oposición Liberal, contendiendo por el poder durante la campaña electoral, el Sr. Mackenzie King dijo en Saskatoon el 21 de septiembre de 1935:

    Canadá se ve envuelta en una gran batalla entre el poder monetario y el poder del pueblo, una batalla que se librará en el nuevo Parlamento. Ruego por una profunda victoria Liberal para poder llevar a cabo mi política de control público de la moneda y el crédito.

    Hasta que no se restaure al Gobierno el control de la moneda y el crédito, toda apelación a la Soberanía del Parlamento y a la democracia será ociosa y fútil. [28]

    Cuando los Liberales derrotaron a los Conservadores, de forma que Mackenzie King se convirtió en el Primer Ministro canadiense después de las elecciones Federales, los 17 Miembros del Parlamento pertenecientes al Crédito Social formaron el segundo mayor grupo de oposición. Este hecho, unido a los discursos de campaña de Mackenzie King, hizo suponer a muchos que la política Federal simpatizaría con el Gobierno provincial de Alberta. Al desautorizar la legislación de Alberta que amenazaba con dar el poder al pueblo de Alberta, Mackenzie King demostró que él no tenía poder alguno para actuar contra el control que la finanza internacional ejerce sobre el proceso político en Canadá y, de paso, en todo el mundo. Como Douglas demostró, el poder para “desautorizar” se basaba en la ficción legal de la Prerrogativa Real investida en el Teniente de Gobernador de Alberta, el Sr. Bowen, quien fue nombrado por Mackenzie King en 1935.

    Lord Tweedsmuir (John Buchan) escribía en A Prince of the Captivity, publicado en 1935:

    Existe un grande y potente mundo que los gobiernos no controlan. Es el mundo de la Finanza, el de los hombres que guían el flujo y reflujo del dinero. En ellos radica la decisión de si harán del río una corriente beneficiosa que estimule la vida, o un glaciar muerto que va congelando todo allí por donde se mueve, o un torrente de lava ardiente que sumerge y destruye. Los hombres que controlan ese río tienen la última palabra.

    De esta forma, se manifiesta la naturaleza espuria de un sistema democrático que separa los principios de las políticas reales, y pone el énfasis sobre la importancia de los principios como si éstos tuvieran una existencia separada. Más aún, como Douglas frecuentemente subrayaba, los individuos deben hacerse responsables de los sistemas que ellos hacen funcionar. Uno no puede luchar contra el hurto, sino sólo contra los hurtadores.


    Las elecciones de 1940 en Alberta


    Después de cinco años en el cargo, William Aberhart, Primer Ministro de la provincia de Alberta, buscó la reelección… y la ganó. Douglas comentaba lo siguiente:

    Después de años de cuidadosa preparación, toda estratagema conocida en el inframundo, y algunas que ni allí se conocen, ha sido utilizada para confundir, intimidar y sobornar al electorado para “librar a la provincia del Crédito Social”. Todas han fracasado. Ríos de dólares han sido vertidos en los pueblos con el mismo propósito (y se han sumado, así esperamos, de manera permanente al poder adquisitivo de la provincia).

    Se entiende, por supuesto, perfectamente bien en Wall Street, Lombard Street y Moscú que había en juego una cuestión mundial en Alberta; y de repente los Liberales, Conservadores, Socialistas y Comunistas, todos ellos, desaparecieron para ser reemplazados por “Independientes”, cada uno con una bonita pequeña política local con vistas a las elecciones, todo para así hacer imposible que pudiera volver nunca más al poder un Gobierno no controlado por la Finanza. Radio, Prensa, Púlpitos: todo fue manipulado. El Electorado de Alberta permaneció casi completamente en silencio… y a continuación votaron la vuelta al poder del Partido del Crédito Social, con una mayoría que probablemente sea más fuerte que la que haya habido nunca antes. [29]

    Los logros de Aberhart y su Gobierno de Crédito Social en su primer mandato son destacables. Como recoge Hooke:

    Es normal que durante un mandato de cuatro años se tengan cuatro sesiones de la Legislatura, o cinco como mucho, si el gobierno se mantiene en el poder por un plazo de cinco años. Sin embargo, durante el primer mandato de la administración Aberhart, se tuvieron nueve sesiones en total.

    Antes de la llegada a Edmonton de las dos personas designadas por Douglas, se habían tenido sesiones especiales como resultado, como antes se mencionó, de la insurgencia. Poco después de la llegada de Powell y Byrne, se hicieron recomendaciones al Gobierno por parte de la Junta de Crédito Social para que fuera aprobada una legislación que tendría el efecto de desafiar a la finanza establecida y atrincherada. Se convocaron sesiones especiales con el propósito de aprobar esa legislación y éstas, unidas a las sesiones regulares hasta llegar a la Sesión de 1940, ésta inclusive, fueron testigos de lo que sin duda fue una las más grandes batallas emprendidas jamás por un gobierno provincial. …

    Parte de esta legislación provocativa no fue más allá de la Legislatura, pues el Teniente de Gobernador de aquel entonces, el Honorable J. C. Bowen, denegó la sanción. Otra parte de la legislación fue rechazada por los Tribunales. En algunos casos el Gobierno Federal del Honorable Mackenzie King ejercitó el poder de desautorización. Todo esto a pesar de las tan repetidas promesas hechas por el Sr. King de que su política sería siempre de “manos libres para Alberta”. Con el fin de que mis lectores entiendan mejor la naturaleza de la batalla en la que el Gobierno de Alberta estaba implicado, voy a resumir brevemente parte de la legislación y a indicar cuál fue su destino. La Oficina de Información y Noticias, que había sido establecida por el Gobierno con el fin de que se pudiera dar información exacta al público de tiempo en tiempo, resume todas estas aprobaciones legislativas bajo tres encabezamientos: “Por qué se aprobó”, “Qué ocurrió” y “Qué habría hecho”. [30]

    Más detalles de los logros de la administración se incluyen en el Apéndice 6d: Cómo está Luchando Alberta contra la Finanza.

    Las elecciones de 1940 fueron las últimas que tuvo que luchar Aberhart. Murió en mayo de 1943. Su última radioemisión, Una Radioemisión de Aberhart, [31] está disponible electrónicamente. Su sucesor, Ernest Manning, adoptó políticas más en consonancia con la ortodoxia. Aunque Byrne continuó trabajando con la Junta de Crédito Social hasta 1948, los defensores de las políticas del Crédito Social de Douglas fueron siendo eliminados progresivamente del Gabinete. Aunque el Gobierno de Alberta continuó siendo reelegido por el pueblo de Alberta bajo el nombre de “Crédito Social”, las políticas seguidas por éste eran indistinguibles de la de los partidos políticos avalados por las autoridades financieras.


    ¿Fracasó el Crédito Social?


    Lejos de haber “fracasado”, el Crédito Social alcanzó el éxito, en contra de abrumadores obstáculos. A pesar de las tergiversaciones sistemáticas de la gran prensa, de los medios y de la academia, la literatura del Crédito Social fue estudiada a lo largo y ancho de la Commonwealth británica, de los Estados Unidos y en otras partes. Durante décadas el Crédito Social continuó luchando en las elecciones provinciales en Saskatchewan, Manitoba, Ontario y el Quebec francófono, y logró el poder político en la Columbia Británica (1952-1991). También continuaron luchando en las elecciones Federales, consiguiendo representación continua en la Cámara de los Comunes.

    Sin embargo, la corriente principal tuvo éxito en representar el Crédito Social al público como una herejía peligrosa, económicamente defectuosa y políticamente cargada de anti-semitismo. En la medida en que la gente reflexiva haya permitido que se la convenza de la versión “oficial” de la historia, podría decirse que el Crédito Social “fracasó”. En marzo de 1934, un año antes de las elecciones de Alberta que trajeron a la administración Aberhart, Arthur Brenton, editor de The New Age, hizo un comentario muy revelador sobre pensamiento social y política en el siglo veinte:

    El Movimiento de Douglas basa sus actividades educativas en dos proposiciones fundamentales, siendo una de carácter técnico y la otra de carácter político. La primera consiste en que el sistema financiero causa automáticamente una escasez de poder adquisitivo. La segunda consiste en que algo llamado Monopolio del Dinero existe, y que la gente que lo encabeza está deliberadamente impidiendo al público que llegue a comprender que eso es así. Al partidario de Douglas, en la medida en que es capaz de entrar en contacto con el público, se le pide que explique el “cómo” de la proposición técnica, y el “quién” de la proposición política. “Danos una razón, danos un nombre”, gritan las multitudes, inconscientes del hecho de que, en lo que respecta a lo primero, carecen de una formación previa que haga posible que la razón pregonada sea inteligible para ellos; y que, en lo referente a lo segundo, no se puede traer ninguna evidencia en contra de ninguna persona en absoluto. “Muéstranos un signo”, gritaban las multitudes de antaño, “de que las palabras que tú hablas son verdaderas”; y se les dijo que no se les daría ningún signo; que si no podían sentir el poder de la verdad en las palabras habladas, ningún signo podría conseguir comunicar ese sentimiento.

    Es cierto que la razón que se pregona es inteligiblemente comunicable, pero sólo para aquéllos que son lo suficientemente pacientes como para someterse a la disciplina de la investigación sistemática. Pero para el partidario de Douglas, la tarea de contactar a esa gente y de persuadirles, en medio de una atmósfera de incredulidad masiva, de que asuman la previa posibilidad de que la proposición sea cierta (pues sin esa previa asunción, ¿quién iba a querer gastar su tiempo en estudio?) viene a ser casi más insuperable que cualquier otra tarea que pueda concebirse. Las masas, cuando demandan una razón, están demandando algo que realmente es un sustituto del razonamiento: algo que genere convicción sin exigir reflexión. Esto es así porque se les ha adiestrado a esperar instrucciones en esa forma, y porque siempre les ha sido posible obtenerlas en esa forma en relación a las políticas y programas que los partidos políticos les han esparcido para que disputen sobre ellas. Pequeñas piezas de verdades irreconciliables es todo lo que ellos quieren, y es todo lo que se les ha permitido que tengan. Y, habiendo quedado mentalmente desarmados por este arsenal de heterogéneas convicciones acerca de trivialidades, todavía esperan, en su mayoría inconscientemente, poder entender la técnica financiera para la síntesis económica y la conciliación política simplemente examinando un artículo en un periódico u oyendo un discurso en un foro o asamblea. [32]

    A pesar del paso de más de siete décadas, las palabras de Arthur Brenton continúan siendo ciertas.

    A causa de la imposibilidad generalizada en dedicarse al pensamiento sistemático, las mismas “pequeñas piezas de verdades irreconciliables” todavía continúan manteniéndose, con demasiada frecuencia, como sustitutos del razonamiento. Después de la Segunda Guerra Mundial, los principales políticos del Crédito Social en Alberta se convirtieron en ardientes sionistas. Para 1948, ya habían “purgado” el partido del Crédito Social de sus elementos no sionistas [33], y el Crédito Social de Douglas se desvaneció del Oeste. El testigo fue recogido por Louis Even y los creditistas sociales católicos romanos de Rougemont, Quebec.





    Apéndice 6a
    : El Mayor Douglas habla acerca de Aberhart



    Social Credit, 6 de septiembre de 1935.


    El interés que se ha suscitado por la profunda victoria del Partido del Crédito Social en Alberta en las elecciones provinciales que acaban de tener lugar no es, pienso yo, injustificado. Todos aquéllos que se ocupan de la ciencia monetaria son conscientes de que se ha dado un veredicto contra la política financiera ortodoxa. Los estudiantes de política reconocen que, por primera vez en la historia moderna, un Gobierno ha sido elegido en contra de los deseos de aquellos poderes financieros que, en su mayor parte, controlan a todos los Gobiernos; al mismo tiempo que el público en general siente instintivamente que el problema de la pobreza en medio de la abundancia está a punto de ser abordado (quizás por primera vez) sin miedo a la existencia de unos intereses creados.

    Un éxito sin precedentes

    Cincuenta y seis de un total de sesenta y tres escaños en la Legislatura han sido ganados por el Partido del Crédito Social. El Sr. Aberhart, a quien se debe principalmente, sin lugar a dudas, este resultado, es un líder con gran fuerza de carácter y sinceridad, y tiene a la población de la provincia detrás de él hasta un punto que, en la medida en que yo sé, no tiene precedente alguno. Él mismo no se había presentado como candidato pero, como Primer Ministro, permanecerá como el líder político del nuevo Gobierno, igual que lo fue del Partido durante el periodo de propaganda y organización política.

    Nuestro objetivo es idéntico

    Por motivos que son perfectamente obvios, se han hecho esfuerzos enormes para insinuar que existe una diferencia radical entre las opiniones del Sr. Aberhart y las mías. En lo que a los objetivos se refiere, tales diferencias son inexistentes. En la medida en que la aplicación del Crédito Social en Alberta ha alcanzado la fase de proyectos, es mi opinión (y aquí, por supuesto, hablo solamente en mi propio nombre) que el Sr. Aberhart ha conseguido trazar satisfactoriamente un cuadro para el electorado por medio del cual ha descrito un asunto objetivo en términos que pudieran ser entendidos por una población rural. Me sorprendería si él o ellos atribuyeran alguna especial importancia a cualquiera de los detalles de este cuadro. Me siento confiado en que tanto su propio juicio como la fuerza de las circunstancias le llevarán a adoptar métodos que le permitan implementar sus promesas. La política en Alberta, y en realidad en todo el Oeste de Canadá, es un asunto terriblemente serio. Las condiciones de la situación son malas, y están yendo a peor. La propia Alberta es una provincia de inmensos recursos naturales, casi totalmente sin explotar, y su población es muy trabajadora, decente y razonable. Pero está determinada a que se le dé un trato equitativo, y creo yo que, bajo el Sr. Aberhart, lo conseguirá.

    Se espera oposición

    Ya que la aplicación de los principios del Crédito Social implica el uso del crédito financiero en beneficio de la población general en lugar de en favor del sistema bancario, resulta cierto que el nuevo Gobierno se encontrará en frente con toda la oposición que pueda ser provista por la Finanza Internacional. Si bien esta oposición puede retrasar la llegada de los resultados, no creo que en última instancia los afecte.

    Las repercusiones que puede haber tanto en las elecciones federales canadienses como en el Movimiento del Crédito Social que existen en prácticamente todo Dominio británico de ultramar, es probable que sean grandes, con la consecuente, y probablemente irresistible, presión sobre la política del Gabinete británico aquí en casa. En lo que respecta a Canadá, el problema de la deuda, más particularmente en las provincias del Oeste, ha alcanzado ya un estado en que, o bien se han de usar nuevos métodos para tratar de solucionarla, o bien se ha de hacer inevitable su repudio. Los tributos han venido a caer definitivamente bajo la influencia de la Ley de Retornos Decrecientes. Las propiedades están siendo abandonadas por la absoluta incapacidad de poder pagar el impuesto que pesa sobre ellos, con el resultado de que la base objeto de fiscalización que se va dejando para soportar la carga va siendo cada vez más pequeña y decreciente. El resultado de la evaporación del poder adquisitivo y del drenaje de los recursos del país para poder cumplir con las demandas de los acreedores del Este ha tenido, entre otros efectos, el de reducir el tráfico de ferrocarriles hasta tal punto que se ven amenazados con la bancarrota o algo peor. Toda predicción hecha por los Gobiernos canadienses de después de la guerra han probado ser falsos, y no se ha cumplido prácticamente ninguna de las promesas hechas en relación a la seguridad y prosperidad de los individuos.

    Ya no hay confianza en ninguno de los viejos partidos, y de ninguna manera resulta improbable que, incluso en el poco tiempo disponible antes de las elecciones Federales del 22 de octubre, un nuevo partido, posiblemente encabezado por el Sr. Stevens, el rebelde ministro conservador, pueda obtener el poder, con la cooperación del Gobierno de Alberta, y transfiera la victoria del Crédito Social a Ottawa, con resultados no sólo muy importantes en sí mismos, sino también muy probablemente decisivos para las próximas elecciones en Nueva Zelanda, que ya están a su vez dispuestas a abrir la cuestión del Crédito Social.

    Tales resultados podrían muy posiblemente ocurrir incluso antes de cualquier logro concreto real en Alberta, en el campo de la economía práctica, si bien la exitosa inauguración de incluso las primeras fases de un régimen financiero reformado, que efectivamente aboliera el absurdo de la escasez en medio de la riqueza, proporcionaría, de manera incuestionable, una lección objetiva capaz de modificar la política mundial.

    C. H. Douglas

    30 de agosto de 1935





    Apéndice 6b
    : De Costa a Costa. Canadá y Política Electoral


    Social Credit, 6 de septiembre de 1935


    Es de esperar que ningún nuevo lector confunda esta publicación con un órgano de opinión. Como Douglas escribió no hace mucho, se trata de un órgano de política; es decir, existe para conseguir un objetivo definido, y no para hacer funcionar un agradable club de debate. Su mismo comienzo fue como resultado directo de su gran discurso en Buxton, en donde defendió que la verdadera función propia de la democracia era la decidir qué es lo que debía hacerse, y no cómo debía hacerse o quién debía hacerlo.

    Protección contra el fraude

    Esta publicación acepta esa declaración como verdadera y de fundamental importancia; pero más particularmente para el rápidamente creciente número de lectores de ultramar, existen dos puntos que nos tocan o alcanzan a cada uno de nosotros, con independencia de que estemos o no de acuerdo con esta definición abstracta de democracia. El primero consiste en que la demanda de resultados es la única manera segura de protegernos a nosotros mismos contra el fraude. Con fraude quiero decir un tipo de crédito social impuesto y diluido que los intereses financieros eventualmente podrían ofrecernos, que probablemente ya se resignen a ofrecernos, en caso de que cometamos el grave error táctico de demandar métodos en lugar de resultados. Ellos pueden fácilmente dividirnos y confundirnos en cuestiones de técnica, pues ellos son expertos y nosotros, en su mayor parte, no lo somos. Apenas hay un solo país, de cuya historia del crédito social esté familiarizado, en donde no hayan tenido ya considerable éxito haciendo eso. El que ellos tengan o no éxito depende sobre todo del éxito o fracaso de la gente en cerrar sus filas y exigir aquellos resultados que, como sabemos, sólo el crédito social puede dar.

    El diablo lleva las riendas

    El segundo punto consiste en que el tiempo es limitado. Ojala pudiera sentirme seguro de que incluso entre los que trabajan por salvar la democracia hubiera plena consciencia de este hecho. En los próximos tres o cuatro años varias alternativas, o una combinación de ellas, se presentan a Gran Bretaña y al mundo. Guerra, revolución, epidemias generalizadas, o bien, para evitar todo eso, una dictadura de hierro que, en su comparación, los presentes regímenes en Rusia y Alemania vendría a parecer casi inocuos. El miedo por la seguridad de uno mismo constituye un mal incentivo para la acción, y menciono este aspecto de la materia simplemente porque no puede dejar de estar en el fondo de la mente de todos, y conviene que se le elimine y se le mire de frente antes de que sea reemplazado por una emoción más fructífera. Si alguien todavía duda de la posibilidad de una dictadura en los países anglosajones (impuesta siempre, por supuesto, en nombre de la libertad, y con el mínimo de uniformes), es que todavía no comprende la verdad de la máxima en virtud de la cual viven los gobiernos modernos. “Cuando hay necesidad, el diablo lleva las riendas”. No tienen elección; el Mayor Douglas lo dejó lo suficientemente claro para que lo pudieran entender todos en su informe de Alberta, y el trato de los desempleados tanto en Canadá como en otras partes en los meses recientes le están dando la razón al pie de la letra.

    Canadá es el centro del mundo

    En este momento, por muy ridículo que pueda sonar a aquéllos que no han considerado el asunto, el centro de la escena mundial no está en Ginebra, o Roma, o Moscú, sino en Canadá. Allí confluye la batalla que decidirá el destino no sólo de las naciones, pues éstas no importan, sino de los hombres, mujeres y niños, que sí importan. Los albertanos han desafiado al Monopolio del Dinero demandando resultados, por medio de un gobierno comprometido con la abolición de la pobreza. Debatir a esas alturas si éste o ése miembro de la Liga del Crédito Social hizo declaraciones técnicas incompatibles con las de Douglas, y más aún, acusarles de no haber entendido los entresijos del asunto, constituyen rumbos que muestran, como sugería la semana pasada, una falta de comprensión de las posibilidades dinámicas de la situación, y podría convertirse, de hecho, en algo activamente peligroso. Se ha dicho que los enemigos del crédito social tratarían de “confundir” a Douglas y Aberhart en la mente popular. Pero a parte del punto de vista estratégico, nada podría ser mejor. Me parece a mí igualmente probable, sin embargo, que ellos tratarán de separarlos en la mente popular, magnificando la importancia de cualquier discusión acerca de discrepancias técnicas, allí donde existan, e ignorando el hecho de que estos dos hombres están esencialmente unidos en un mismo objetivo y, de manera creciente también, en una misma estrategia. Ya ha habido signos en la prensa de Londres de que se está siguiendo este camino, y me sorprendería y alegraría si los comentarios canadienses no lo confirmaran. Desacreditar al líder popular que consiguió levantar el entusiasmo del público, posicionándolo en contra del consultor técnico de ultramar, el cual, por lógica, no podría hacer eso mismo, es el rumbo que yo seguiría si estuviera detrás de la Economic Safety League, o importara profesores, y cronistas de Washington, para que hicieran el trabajo sucio.

    Una vez que Aberhart fuera eliminado como fuerza dinámica, probablemente la finanza piense, correcta o equivocadamente, que podría prolongar las discusiones técnicas en Alberta hasta que las vacas vuelvan a sus hogares y mueran en sus establos por falta de alimento. Si alguien de la provincia se siente preocupado acerca de la posición técnica de la Liga del Crédito Social, yo le pediría que recordara que el Mayor Douglas continúa siendo el asesor económico del Gobierno provincial, cualquiera que sea el partido que esté en el poder, y que el Sr. Aberhart ha expresado más de una vez su plena intención de pedirle que vuelva para formular un plan de acción para la provincia.

    Las elecciones Federales

    Las elecciones Federales han sido fijadas ahora para el 14 de octubre, y la relación entre ellas y la situación de Alberta constituye un asunto complejo que está manteniendo despiertos por las noches a los más entusiastas observadores canadienses. En un momento hubo rumores de que el partido del Crédito Social y el Partido de la Reconstrucción del Sr. Stevens unirían sus fuerzas, pero esto ha sido negado desde entonces y parece improbable que pueda ocurrir ningún tipo de alianza positiva. Una alianza defensiva, sin embargo, no debería ser de ninguna manera imposible, especialmente desde la declaración del Sr. Stevens recogida en The Observer del 25 de agosto, de que a la vista del abrumador apoyo que tiene el Sr. Aberhart en Alberta, “resulta obviamente el deber de las autoridades federales darle cualquier cooperación razonable y asistencia para llevar a cabo las políticas que han sido tan definidamente promocionadas”.

    Asumamos que el Partido de la Reconstrucción obtuviera, a partir de los votos urbanos, una gran proporción de los escaños en la Asamblea de Ontario, así como un cierto número de distritos rurales allí y en la Columbia Británica, la provincia natal de Stevens. Probablemente puede contar con el apoyo de los miembros federales de la U.F.A. en caso de que algunos de ellos mantengan sus escaños, y en todo caso si, como parece probable, son reemplazados por los miembros de la Liga del Crédito Social, los dos partidos podrían muy bien tener entre ambos una gran minoría en la Cámara de los Comunes, estando unos comprometidos con el crédito social, y siendo los otros como mínimo simpatizantes y prontos a la investigación de las posibilidades de la reforma monetaria. Bajo estas circunstancias sería difícil, si no imposible, para un Gobierno Liberal en Ottawa interferir sobre esa acción provincial de querer asegurar el control político del crédito tal y como aconsejaría Douglas al Gobierno provincial que hiciera. (En todo esto, por supuesto, estoy asumiendo que no habrá conflicto alguno de las fuerzas del crédito social en ningún sitio en el ámbito federal; la producción de una situación como ésa sería muy claramente desastrosa).

    La mañana después

    Asumiendo, pues, que el partido Liberal retornara al (de origen dudoso) poder, naturalmente se plantea la cuestión de la utilidad de una campaña electoral realizada sobre los mismos principios generales que la realizada en Gran Bretaña. Describí al principio de este artículo los dos factores que hacen de la demanda de resultados una urgencia práctica, cualquiera que pudiera ser la posición teórica, y resulta difícil escapar a la conclusión de que aquello que podría muy bien ser deseable en el ámbito provincial resulta esencial en el ámbito federal. No debería olvidarse que una campaña como ésa ha de ser genuinamente no partidista en un sentido que no admite ninguna otra interpretación, y constituye incuestionablemente la forma más rápida de inducir a todo un pueblo a la completa comprensión de lo que sus votos unidos pueden llegar a hacer. De acuerdo con las circunstancias, puede hacer el efecto de una amenaza (como en Gran Bretaña), o el de un voto no partidista de confianza y apoyo.

    En el improbable, pero no imposible, caso de que una coalición de reformadores monetarios volvieran al poder, la utilidad de una campaña como ésa, por las razones ya dichas, no quedaría reducida de ninguna manera, y éste sería particularmente el caso ya que está casi fuera de toda duda que esa coalición pudiera ser lo suficientemente poderosa como para poder llevar a cabo su controvertido programa sin semejante apoyo. Podría llevar varios años antes de que un entusiasmo comparable con el habido en Alberta pudiera desarrollarse a lo largo y ancho de todo el Dominio en favor del crédito social, si bien podría muy probablemente llevarse a cabo una campaña electoral en un tiempo más corto que en este país [Reino Unido], a pesar de nuestras distancias mucho más cortas. Por supuesto, los compromisos realizados a través del correo o como resultado de llamamientos en radioemisiones podrían jugar un papel importante, y es improbable que la energía y recursos de los canadienses fracasen en terminar exitosamente el trabajo una vez que lo emprendan.

    J. D. B.





    Apéndice 6c
    : Un indicador del éxito. Curiosa actitud tomada por The Economist



    Social Credit, 6 de septiembre de 1935.


    The Economist del 31 de agosto, al comentar los resultados de las elecciones de Alberta, subraya que la financiación del dividendo mediante cualquier forma de impuesto sobre las ventas al por menor constituiría “una forma gravosa y aparentemente inútil de impuesto redistributivo”, y que el intento de financiarlo mediante préstamos “produciría meramente un incremento del déficit y del endeudamiento de la provincia”. En cualquier caso, dice, tales medidas no serían de verdadero “Crédito Social” pues “La esencia de esa doctrina consiste en la financiación de créditos al consumidor libres, a través de una continua y permanente creación de nuevo dinero.”

    Dinero para Alberta

    No hay necesidad de disputar acerca de esta definición, incompleta como es, y encuentro de mayor interés la siguiente declaración acerca de las dificultades que han de superarse; es como sigue:

    Pero, ¿cómo el Sr. Aberhart, como Primer Ministro de Alberta, va a poder crear nuevo dinero sin que al mismo tiempo transgreda los límites impuestos por la ley bancaria canadiense? No puede fundar un banco gubernamental y emitir una cantidad ilimitada de billetes. Ya que la Ley Bancaria de junio de 1934, establece que desde el día en que el Banco de Canadá comience a funcionar, el máximo de billetes que podrían ser emitidos por un banco autorizado no debería exceder “la cantidad del capital íntegro desembolsado del banco en ese día”; y que posteriormente ese máximo debería reducirse progresivamente. La única posibilidad que quedaría delante del Sr. Aberhart consistiría presumiblemente en fundar un banco gubernamental y emitir crédito ilimitado con independencia de las reservas de caja. Él acaba de hablar de utilizar los “recursos reales” de la provincia como “base para el crédito”. Semejante crédito no sería convertible en dinero en efectivo y solamente podría ser utilizado en Alberta si sus ciudadanos optan por aceptarlo. Si efectivamente, sin embargo, decidieran aceptarlo, y fuera expandido ilimitadamente, al final iría menguando progresivamente medido en términos de valor tanto de mercancías como del dólar canadiense. En cualquier caso, existen aún más obstáculos legales para un proyecto como ése. La Ley Bancaria de junio de 1934, establece que un “banco no puede emitir billetes o comenzar el negocio bancario hasta que haya obtenido de la Junta del Tesoro un certificado que le permita hacerlo.” El Sr. Aberhart no puede levantar un nuevo banco, por tanto, sin el permiso del Tesoro. Pero aún incluso, si obtuviera el permiso, la cantidad de crédito que el banco podría emitir estaría severamente limitada. Pues la Ley del Banco de Canadá establece (cláusula 27):

    Todo banco autorizado deberá (…) mantener una reserva de no menos del 5 por ciento de sus depósitos en el Banco (de Canadá) y de los billetes del banco poseídos por dicho banco.

    Por tanto, a menos que el Sr. Aberhart pueda idear alguna forma de certificado de impuestos o pagarés que puedan ser aceptados como moneda de curso por los ciudadanos de Alberta, pero no considerados como tal por los letrados del Dominio, no parece probable que algún proyecto genuino de Crédito Social pueda ser intentado en esa provincia.

    Victoria esperada

    De esta forma, The Economist ya adelanta el fracaso. Pero, ¿lo hace realmente? Siendo, como es, uno de los innumerables altavoces de la finanza, seguramente ésta no es la línea correcta que debería tomar si lo hiciera. ¿No sería más apropiado, en tales circunstancias, sugerir que no hay nada que pueda parar el hecho de que se le dé al Crédito Social la oportunidad de una prueba en Alberta, y de esta forma queden expuestas sus falacias para todos los tiempos? Sin embargo, a la vista de lo citado más arriba, en caso de que se espere que ocurra el fracaso que se profesa, no se entiende muy bien cómo podría sugerirse que las proposiciones de Douglas habrían de someterse a ensayo. [Subrayado añadido].

    En estas circunstancias, considero esta propaganda derrotista muy alentadora. Las dificultades que habrán de superarse son grandes, pero no necesariamente insuperables, y esta admisión de su existencia resulta de gran valor para poder explicar por adelantado cualesquiera retrasos que pudieran ocurrir en la transición de la pobreza a la abundancia.

    “Allí donde hay voluntad, siempre hay un camino” y, ¿quién podría dudar de la voluntad del Mayor Douglas, asesor económico para el Gobierno de Alberta? Su tenacidad está probada por la forma en que ha resistido durante los pasados dieciséis años a pesar de los ataques venidos de todas partes.

    M. Jacklin





    Apéndice 6d
    : Cómo está luchando Alberta contra la Finanza.




    “LO QUE ALBERTA HACE, HACE A ALBERTA”


    El público británico, al que se le ha venido enseñando en sus periódicos a decir que “el Crédito Social fracasó en Alberta”, sabe que hay algo erróneo en esto, incluso mientras lo dice. ¿Qué es lo que hay de equivocado en ello? La siguiente declaración responde a esta cuestión:

    William Aberhart, el Primer Ministro de la provincia de Alberta, había estado en el poder durante cinco años cuando buscó la reelección en 1940, y la ganó. El Mayor C. H. Douglas, cuya demostración de lo que es posible en una comunidad moderna, en el sentido de tener “Vida, y Vida en mayor abundancia”, había inspirado a Aberhart a prometer su realización al pueblo de Alberta, dijo acerca de esta segunda victoria:

    Después de años de cuidadosa preparación, toda estratagema conocida en el inframundo, y algunas que ni allí se conocen, ha sido utilizada para confundir, intimidar y sobornar al electorado para “librar a la provincia del Crédito Social”. Todas han fracasado. Ríos de dólares han sido vertidos en los pueblos con el mismo propósito (y se han sumado, así esperamos, de manera permanente al poder adquisitivo de la provincia).

    Se entiende, por supuesto, perfectamente bien en Wall Street, Lombard Street y Moscú que había en juego una cuestión mundial en Alberta; y de repente los Liberales, Conservadores, Socialistas y Comunistas, todos ellos, desaparecieron para ser reemplazados por “Independientes”, cada uno con una bonita pequeña política local con vistas a las elecciones, todo para así hacer imposible que pudiera volver nunca más al poder un Gobierno no controlado por la Finanza. Radio, Prensa, Púlpitos: todo fue manipulado. El Electorado de Alberta permaneció casi completamente en silencio… y a continuación votaron la vuelta al poder del Partido del Crédito Social (es decir, el Partido albertano liderado por el Sr. Aberhart), con una mayoría que probablemente sea más fuerte que la que haya habido nunca antes.


    ¿Qué historia habrá de contarnos los registros históricos? ¿Qué es lo que ha hecho el Gobierno de Crédito Social de Alberta, y qué es lo que no ha hecho a causa de que el Gobierno Federal de Canadá, o el Teniente de Gobernador, o la Corte Suprema de Canadá o el Consejo Privado, –todos ellos resueltamente inclinados hacia la misma única política de impedir que prevaleciera la voluntad declarada del electorado– se interpusieron en su camino?

    La respuesta aparece dada en el folleto del Sr. Hand, The Case for Alberta, de donde son tomados los siguientes detalles. Treinta años de mandato de los Liberales y de la United Farmers Association habían dado como resultado el siguiente legado heredado por el Gobierno de Aberhart:


    Deuda Provincial (cero en 1905) ..........................$ 161.000.000

    Deuda Municipal ...............................................$ ..70.000.000

    Deuda Hipotecaria ............................................$ 200.000.000

    Deuda Privada .................................................$ 171.000.000

    Total ............................................................$ 602.000.000


    Quiebras de empresas (en cinco años) ..........................307

    Desempleados Registrados .............................................7.406

    Servicios de Sanidad Inadecuados

    Salarios de profesores impagados ........................$ 250.000


    Todo esto en una tierra de abundancia con silos y almacenes repletos; minas y bosques sin explotar; petróleo en abundancia sin utilizar, y suficiente ganado, lácteos, aves de corral y productos de huerta para todos. Éste era el punto de partida del Gobierno de Aberhart.



    LOS LOGROS


    El Hon. Solon Law, Tesorero provincial, al presentar el Proyecto de Ley para la institución de un sistema de Sucursales del Tesoro diseñadas para facilitar el comercio dentro de la provincia, –una parte del famoso “Programa Interino”–, resumió la situación de la siguiente forma:

    Después de demostrarse que toda acción para asegurar en favor del pueblo de la provincia las reformas económicas que ellos deseaban podía ser bloqueadas desde arriba, y después de las repetidas amenazas de los bancos de abandonar los servicios esenciales de varios puntos en la provincia, el Gobierno, en obediencia a una amplia demanda, preparó planes para dar al pueblo facilidades para poder derivar ellos mismos mayores beneficios a través de la cooperación.

    Se había fomentado la oposición, proveniente principalmente de conglomerados cuyos cuarteles generales radicaban fuera de la provincia; pero el sistema ha mostrado lo que podría hacerse sin la creación real de instrumentos de crédito (una actividad que constituye todavía el monopolio de los grandes “intereses” bancarios). Aquí están otros resultados de las medidas que forman parte del “Programa Interino”:

    En el primer año, la deuda provincial se redujo en $ 900.000; en el segundo, en $ 700.000; en el tercero, en $ 1.400.000: un total de $ 3.000.000, mientras al mismo tiempo las deudas de otras provincias en Canadá estaban creciendo. Los pagos de intereses se redujeron en un 50 % y se amortizaron certificados de ahorro por valor de $ 3.464.057.

    Las rentas de la Cuenta de Ingresos aumentaron en $ 2.243.594, provenientes de (a) incrementos de ingresos sin incrementos de impuestos e (b) incrementos de impuestos sobre las corporaciones financieras no pagadas por el público ($ 353.843).

    Se incrementaron los servicios sociales y otros servicios públicos.

    Mientras que a Saskatchewan, de 1936 a 1939, le refinanciaron deudas vencidas por valor de $ 7.502.000, y el Dominio canceló letras del Tesoro por valor de $ 26.679.996, se discriminó a Alberta en el mismo periodo, y la negativa de ayuda por parte de los financieros resultó en un total de impagos por valor de $ 11.855.200.

    Se extendió la educación y se mejoró; los costes fueron reducidos; y a los profesores se les pagó completamente los salarios no pagados.

    Las mejoras en los servicios de sanidad resultaron en una reducción del 12 por ciento en la tasa de mortalidad; Alberta tenía en 1933 la mayor área libre de tuberculosis de todo el Imperio.

    El Gobierno aprobó la primera orden general de salarios en Canadá, extendió el alcance y la eficiencia de anteriores leyes salariales, aprobó una Ley de Calificación de los Comerciantes, reforzó la Ley de Normas de Funcionamiento Industriales y, al estallar la guerra, estaba a la vanguardia del progreso en relación a Legislación Laboral.

    Se han abierto nuevas industrias y las nóminas (industriales) ascendieron de $ 62.000.000 en 1934 a $ 75.000.000 en 1938. El empleo se incrementó un 20 por ciento. El comercio se incrementó. Las fábricas se incrementaron. La construcción se incrementó un 134 por ciento. Los minerales se incrementaron en un 56 por ciento. En el sector agropecuario, una política de comercio de toros y una política de comercio de verracos desterraron la deuda; y una política de cerdos hizo subir su calidad, medida de acuerdo con los mercados “selectos”, en un 36,5 por ciento. Se efectuaron mejoras en las granjas. Mejoraron las calidades de la mantequilla y el queso. Las familias golpeadas por el sistema de deuda se restablecieron y la mayoría se hicieron económicamente independientes en cuatro años.

    Se construyeron carreteras con eficiencias de última generación, sin incrementar la deuda, mientras que antes de 1935 la carretera de Edmonton a Calgary había sido construida cubriéndola con gravilla y con un coste de $ 2.358.030. Esta inversión se esfumó en 10 años, dejando $ 1.164.447 de deuda como carga continua.

    Alberta está produciendo el 97 por ciento del petróleo de Canadá y el 70 por ciento del gas de Canadá.

    Las primas por seguros de incendios ascendieron en el periodo 1935-1938 a $ 12.722.831. Solamente se desembolsaron $ 4.432.320 en pérdidas por incendios. Por tanto, Alberta puede preguntar al mundo, ¿qué ocurre con los beneficios de las Aseguradoras? ¿O es que el Gobierno Federal tampoco le dejará preguntarlo?

    ¿Burocracia? El personal de la administración pública ascendió de 2.907 a 3.324, no mucho; y el incremento se debió a la labor de la Junta de Ajustes y a la labor del Impresor del Rey en hacer el trabajo de la gente, efectuándose un ahorro del cuarenta al cincuenta por ciento –$ 100.000 al año–, y otras causas.

    En la organización de sucursales del Tesoro, a su vez, la provincia posee el germen de un sistema de intercambios llevado en interés del público.

    Esto es parte de lo que ha hecho el Gobierno de Alberta al mismo tiempo que intentaba, delante de una oposición escondida que utilizaba al Gobierno Federal y a otras agencias administrativas como instrumentos suyos, llevar a cabo la volunta del pueblo de Alberta.

    ¿Cómo ha sido negada la democracia? Nos lo dice un albertano:



    DEMOCRACIA NEGADA


    Durante los últimos tres años ha habido un intento absolutamente deliberado e injustificable de bloquear varias medidas diseñadas para aliviar el sufrimiento y las necesidades que existen a lo largo y ancho de la provincia. Todo lo que podía hacerse para engañar al pueblo, se ha hecho. Se ha utilizado propaganda desde el aire, en tribunas públicas y en los periódicos, que constituyen una iniquidad y una desgracia para cualquier pueblo civilizado.

    El pueblo eligió al Gobierno para lograr un cierto objetivo, pero todo obstáculo posible ha sido puesto en su camino; su legislación ha sido retenida por el Gobierno del Dominio o mediante su remisión a la Corte. Todo mecanismo ha sido utilizado para frustrar la voluntad del Pueblo de Alberta.

    Casi todo país en el mundo se encuentra en estado de guerra o preparándose para ella. La solución del Problema del Paro y un estado de supuesta prosperidad se están llevando a cabo mediante un programa de construcción de armamentos, pero en ningún otro país a excepción de Alberta se está luchando realmente contra la verdadera causa de sufrimiento de la humanidad.

    Nosotros, el pueblo de Alberta, estamos en guerra con la Finanza Internacional. Es una guerra que merece la pena porque significa la libertad y seguridad para nosotros mismos y nuestros hijos para siempre. Es una guerra en la que la vida humana no necesita ser sacrificada y no será sacrificada. Hasta ahora hemos respondido a aquéllos que buscan desacreditarnos con tres años de un Gobierno honesto y progresivo, y con un esfuerzo persistente. Hemos respondido a las críticas destructivas de los políticos de los viejos partidos con los tonos suavizados del firme razonamiento. Hemos contestado al puño de hierro de la dictadura monetaria con el guante acolchado de la comunión pacífica; pero la guerra puede tener muchas fases, y si nuestra batalla ha de ser ganada finalmente mediante métodos todavía más agresivos, mejor si los aplicamos ahora, de manera que nuestros hijos puedan disfrutar de la herencia que será un privilegio para nosotros transmitirles, en paz y seguridad.

    No hay duda alguna de que la raíz de la causa de todos nuestros males presentes, como siempre la ha sido, es la falta de dinero, que conduce a la guerra, el paro, la pobreza, con todos sus males concomitantes de asesinatos, suicidios, desesperación y locura. El lugar lógico, pues, en el que se ha de aplicar la cura radica en aquél en donde esté la causa de nuestros problemas. Incluso líderes de los viejos partidos nos están diciendo ahora que ellos también creen que tenemos razón en nuestras demandas. Si ellos quieren entrar en la lucha con sus manos limpias, entonces nosotros les daremos la bienvenida. El Crédito Social no es un asunto partidista, y no debemos permitir nunca que se convierta en un partido de fútbol. Estamos dispuestos a dar la bienvenida a gente de cualquier credo político a nuestras filas, pero ellos deben asumir la lucha conforme a nuestros términos y de acuerdo con nuestras reglas.

    Nosotros, que implícitamente creemos en la filosofía de este gran movimiento, y en la justicia de nuestra causa, creemos que no sólo nuestra provincia, sino también el Dominio y otros países del mundo vendrán a ser conscientes gradualmente de que solamente eliminando la causa de la pobreza, tan extendida por el Dominio de Canadá, podrán esperar sacar orden del caos que existe hoy en día. No es, por tanto, sorprendente encontrar a hombres, que han sido en el pasado líderes en el mundo de la financiación ortodoxa, que, habiéndose dado cuenta de que su caída es inminente, están tomando su lugar en las filas de aquéllos que han desafiado su poder, y están determinados a cortar para siempre el efecto estrangulador que su mantenimiento provoca en la misma vida de todo país en el mundo.


    Ley Reguladora del Crédito de Alberta

    Por qué se aprobó

    1. Porque había pobreza generalizada y miseria a lo largo y ancho de Alberta.

    2. Porque Alberta, una de las provincias más ricas del Dominio, podía producir en abundancia para su pueblo.

    3. Porque la única razón de que el pueblo de Alberta estaba viviendo en la pobreza era la falta de poder adquisitivo.

    4. Porque ese poder adquisitivo debería hacerse disponible al pueblo mediante el uso de su propio crédito, pues eso les permitiría obtener, en todo momento, lo que necesitan.

    5. Porque esto podría hacerse mediante una igualación científica entre el dinero y los bienes producidos.

    6. Porque siendo el control del Crédito, en palabras del Hon. McKenzie King, “Un asunto público que no sólo es de interés de los banqueros, sino que concierne directamente a todo ciudadano”, la política crediticia debería ser investida en una autoridad responsable con los representantes del pueblo.

    7. Porque los bancos, siendo fabricantes de crédito y funcionando como empresas de servicios públicos, suministrando un servicio de primaria y vital importancia para las vidas de los ciudadanos de Alberta, deberían ser autorizados y estar sujetos a supervisión exclusivamente con respecto a la política, es decir, a los resultados que proporcionen; y a menos que el pueblo de Alberta pueda usar los recursos de su propia provincia como ellos deseen, así como determinar los resultados que deberían corresponderles a ellos, no tendrán ni propiedad ni derechos civiles en sentido pleno. (La continuación de la administración bancaria bajo la jurisdicción Federal no queda afectada de ninguna manera mediante esta Ley).

    Qué ocurrió

    Desautorizada por el Gobierno Federal el 17 de agosto de 1937.

    Qué habría hecho

    1. Habría asegurado los resultados demandados por el Pueblo: un menor coste de la vida, y dividendos mensuales.

    2. Habría proporcionado mercados para los fabricantes y comerciantes de Alberta.

    3. Habría conducido a un tremendo desarrollo industrial en la fabricación de bienes de Alberta mediante el procesamiento de los productos de Alberta.

    4. Habría derivado en una absorción rápida de toda persona desempleada en empleos útiles, y habría librado a las personas mayores y enfermas de la necesidad de trabajar para ganarse la vida.

    5. Habría conducido a un incremento de la actividad empresarial en donde industriales, mayoristas, minoristas y bancos, todos, se habrían beneficiado.

    6. Habría permitido poder reducir drásticamente los impuestos.

    7. Habría hecho posible ocuparse de los problemas de deuda.


    Ley de Tributación Bancaria

    Por qué se aprobó

    1. Porque, bajo el actual sistema, el Gobierno sólo posee una sola fuente de ingresos: los impuestos.

    2. Porque el pueblo de Alberta ya está siendo gravado más allá de su capacidad de pago.

    3. Porque los bancos son las únicas instituciones que reivindican el derecho legal de monetizar el crédito del Pueblo, hasta el punto de que crean y emiten créditos monetarios varias veces por encima del dinero de curso legal que poseen.

    4. Porque los bancos pueden, de este modo, crear dinero de la nada.

    5. Porque el actual método de tributación de los individuos es confiscatorio e innecesario.

    Qué ocurrió

    Denegada la sanción por el Teniente de Gobernador. Declarada inconstitucional por la Corte Suprema de Canadá. Rechazada la apelación de la decisión de la Corte Suprema hecha por la Provincia al Consejo Privado.

    Qué habría hecho

    1. Habría puesto más de Dos Millones de Dólares de nuevo dinero en circulación.

    2. Habría permitido que una cantidad equivalente, que de otro modo se habría pagado en impuestos, permaneciera dentro de los canales ordinarios de la industria, ayudando de esta forma al empleo y actuando como un impulsor de los negocios en general, o

    3. Habría permitido al Gobierno poder embarcarse en un programa de autopistas y carreteras de mercado por un valor de seis millones de dólares, bajo el plan de triples carreteras Federal-Provincial-Municipal, o

    4. Habría proporcionado un hospital y servicios médicos en distritos en donde no están disponibles, o

    5. Se habría establecido un fondo para Seguros de Cosechas, o

    6. Habría proporcionado una disminución de los Impuestos Escolares.

    7. Habría proporcionado un incremento en el poder adquisitivo para el Pueblo de Alberta.


    Ley de Reducción y Liquidación de la Deuda

    Por qué se aprobó

    1. Porque, bajo el actual sistema financiero, la deuda no puede ser pagada sin tener que crear nuevo dinero y mayores deudas. El Pueblo de Alberta posee solamente alrededor de 20 céntimos por cada $ 1,00 de deuda: esto es lo que deben a los bancos, y no pueden conseguir ningún dinero excepto como deuda con los banqueros.

    2. Porque las deudas privadas, a consecuencia sobre todo del interés acumulado, se habían incrementado hasta tal punto que quedaban fuera de toda proporción en comparación con el valor recibido.

    3. Porque muchas de las deudas pendientes habían tenido su origen en la guerra (fase de 1914-1918) y en los años inmediatos a la posguerra, cuando los valores estaban muy altos.

    4. Porque la deuda original ya había sido, en muchos casos, pagada en las cargas de intereses mientras el principal permanecía inalterado o mostraba una reducción pequeña.

    5. Porque el pueblo no podía continuar ya más pagando interés del 8 al 10 por ciento.

    6. Porque las corporaciones financieras se negaron a reconocer que la incapacidad del pueblo para cumplir con sus obligaciones se debía a la falta de ingresos adecuados sobre lo que producían.

    7. Porque ningún pueblo o país puede prosperar o progresar mientras trabajen bajo el peso de aquéllos que comercian con el dinero como si fuera una mercancía.

    Qué ocurrió

    Declarado acto ultra vires de la Provincia por los Tribunales.

    Qué habría hecho

    1. Habría establecido una base para la liquidación de todas las deudas pendientes.

    2. Habría reducido toda deuda incursa anterior a julio de 1932, aplicando a la reducción del principal todo el interés pagado desde esa fecha hasta la aprobación de la ley.

    3. Habría resuelto definitivamente la cuestión envuelta en las deudas que se habían vuelto incobrables.

    4. Habría conducido a una restauración de la confianza y habría alentado a aquéllos que, sin culpa alguna de su parte, estaban viviendo en la pobreza y luchando contra obstáculos que no podrían superar.



    Ley para la Aseguración de la Publicación de Información Correcta de Noticias

    Por qué se aprobó

    1. Porque tanto el control de las noticias como el control del crédito son ejercidos por los intereses financieros.

    2. Porque “La libertad de la prensa” se había convertido en licencia para distorsionar las noticias, tergiversar los hechos y retener información al público.

    3. Porque este aspecto antisocial de la prensa, bajo una dirección que lo animaba, estaba siendo utilizado para frustrar al pueblo de Alberta en su lucha contra la finanza.

    Qué pasó

    Denegada la sanción por el Teniente de Gobernador. Declarada inconstitucional por la Corte Suprema de Canadá. En la apelación hecha por la Provincia de Alberta contra la decisión de la Corte de Canadá, el Consejo Privado se negó a escuchar argumentos por parte de sus letrados.

    Qué habría hecho

    1. Habría asegurado que todos los periódicos en Alberta publicaran todos los hechos en sus informes de noticias de los asuntos del Gobierno en la medida en que fuera posible, y en caso de que por cualquier causa aparecieran declaraciones falsas, habría de darse un espacio igual para la correspondiente rectificación.

    2. Habría asegurado que la misma información que todo editor exige de los corresponsales que escriben en sus columnas, es decir, el nombre de los escritores de los artículos, estuvieran disponibles al Pueblo cuando lo exigieran sus representantes.


    Ley de Salvaguarda de los Propietarios de Hogares

    Por qué se aprobó

    1. Porque bajo la presión de las condiciones mundiales y de un sistema financiero falseado, sobre el cual no tenían ningún control los individuos, muchos se vieron forzados a hipotecar sus hogares.

    2. Porque las condiciones habían cambiado desde el tiempo en que se recibieron estos préstamos, de forma que los precios de las mercancías y del trabajo tenían ya poca relación con el continuo alto nivel del precio del dinero.

    3. Porque había un grave peligro de que muchos Ciudadanos de Alberta perdieran sus hogares.

    4. Porque, en la mayoría de los casos, esos hogares representaban los ahorros de toda la vida de mucha gente.

    5. Porque es deber de cualquier gobierno tanto proteger los hogares de los miembros individuales de la Sociedad contra las prácticas confiscatorias de prestamistas sin escrúpulos, como igualmente defender a su pueblo contra la invasión de un agresor extranjero.

    6. Porque no puede haber Inviolabilidad del Contrato en donde no se reconozca que la vida Humana tiene, como mínimo, el mismo valor que las consideraciones acerca del “dinero”.

    Qué pasó

    Desautorizada por el Gobierno de Mackenzie King, el 15 de junio de 1938.

    Qué habría hecho

    1. Habría prohibido las ejecuciones hipotecarias o la venta bajo procedimientos hipotecarios de cualquier hogar granjero.

    2. Habría prohibido las ejecuciones hipotecarias o la venta bajo procedimientos hipotecarios de cualquier Hogar en un pueblo, ciudad o villa, a menos que el ejecutor depositara primero $ 2.000 en el Tribunal, los cuales serían pagados al propietario en caso de que fuera desposeído, para permitirle poder Adquirir otro hogar.

    3. Habría inducido tanto al deudor como al acreedor a buscar una base equitativa para la liquidación de la deuda por medio de la Junta de Ajustes de Deudas.

    4. Habría permitido a los propietarios de hogares poder entrar en nuevos contratos que estuvieran en consonancia con su actual capacidad de pago.


    Ley del Impuesto sobre la Seguridad – 1938

    Por qué se aprobó

    1. Porque el Gobierno necesitaba ingresos adicionales para un año con el fin de reemplazar la pérdida de ingresos de la Ley de Tributación Bancaria ante el Consejo Privado.

    2. Porque los ingresos adicionales eran esenciales para proveer al pueblo de los beneficios que necesitaban.

    3. Porque era equitativo que las sociedades de equidad y aseguradoras así como otras instituciones similares, compensaran una parte de los impuestos que han evadido durante años.

    4. Porque el Gobierno está comprometido con el pueblo a eliminar la carga de los Impuestos de los individuos y, hasta que no consigamos obtener el control sobre nuestros recursos crediticios, esto sólo puede hacerse transfiriendo aquéllos a aquellas instituciones que son más capaces de poder soportarlos.

    Qué pasó

    Desautorizada por el Gobierno de Mackenzie King el 15 de junio de 1938.

    Qué habría hecho

    1. Habría realizado $ 1.500.000, suficientes ingresos para equilibrar el Presupuesto Provincial.

    2. Habría ayudado considerablemente al Gobierno a reducir los impuestos, a proporcionar proyectos de ayuda adicionales, incrementar las Becas Escolares, y emprender muchos otros beneficios en favor del pueblo.


    Ley Reguladora del Crédito de Alberta (Enmienda de 1938)

    Por qué se aprobó

    Porque la Ley Reguladora del Crédito de Alberta había sido desautorizada por el Gobierno del Dominio

    Qué pasó

    Denegada la sanción por el Teniente de Gobernador. Declarada inconstitucional por la Corte Suprema de Canadá. En la apelación hecha por la Provincia de Alberta contra la decisión de la Corte Suprema de Canadá, el Consejo Privado se negó a escuchar los argumentos de Alberta por parte de sus letrados.

    Qué habría hecho

    Habría traído todos los beneficios de la Ley Reguladora del Crédito de Alberta, a la cual reemplazaba.



    Apéndice 6e: Douglas sobre Constituciones. Tu Guerra en Alberta.


    Clifford Hugh Douglas, Social Credit Supplement, 10 de diciembre de 1937


    La Ley de la Norteamérica Británica

    La Constitución de Canadá, en el supuesto de que realmente tenga una, aparece contenida en la Ley de la Norteamérica Británica, comúnmente llamada la Ley N.A.B. Ésta es un Ley del Parlamento Británico de 1867, que confiere ciertos derechos al Dominio y a las Provincias, incluyendo derechos relacionados con la desautorización. El poder de desautorización era una delegación hecha al Gobernador General de un poder que reside en el Soberano, que en 1867 era la Reina Victoria, y cuyos poderes eran mucho mayores de lo que lo son ahora. En teoría, el soberano reinante tiene el derecho, conocido como Prerrogativa Real, de denegar la sanción a Proyectos de Ley aprobados por el Parlamento, pero todos nosotros sabemos muy bien lo que ocurriría si se ejerciera aquélla a día de hoy, y ciertamente no parece posible investir a un Gobernador General con mayores poderes que su soberano.

    En Ley N.A.B., la única referencia a la desautorización que he podido encontrar se encuentra en las Secciones 55, 56 y 57, que dicen así:

    “55. Cuando un Proyecto de Ley aprobado por las Cámaras del Parlamento es presentado al Gobernador General para la Sanción de la Reina, él deberá declarar de acuerdo a su discreción, pero sometido a las disposiciones de esta Ley y a las Instrucciones de Su Majestad, si bien da la sanción al mismo en nombre de la Reina, o bien deniega la Sanción de la Reina, o bien reserva el Proyecto de Ley a la Manifestación de la Voluntad de la Reina.

    56. Cuando el Gobernador General dé la sanción a un Proyecto de Ley en nombre de la Reina, deberá en la primera oportunidad que vea conveniente enviar una copia auténtica de la Ley a uno de los Principales Secretarios de Estado de la Reina, y si la Reina en Consejo, dentro de los Dos Años posteriores a la Recepción de la misma por el Secretario de Estado, considera adecuado desautorizar la Ley, dicha Desautorización (con un Certificado del Secretario de Estado del Día en que la Ley fue recibida por él), siendo dada a conocer por el Gobernador General, por Palabra o por Mensaje a cada una de las Cámaras del Parlamento o por Proclamación, anulará la Ley desde y a partir del Día de dicha Manifestación.

    57. Un Proyecto de Ley reservado a la Manifestación de la Voluntad de la Reina no tendrá ninguna fuerza a menos y hasta que, dentro del plazo de Dos Años desde el Día en que fue presentado al Gobernador General para la Sanción de la Reina, el Gobernador General manifieste, por Palabra o por Mensaje a cada una de las Cámaras del Parlamento o por Proclamación, que ha recibido la Sanción de la Reina en Consejo.

    Se hará una entrada de cada una de tales Palabras, o Mensajes, o Proclamaciones en el Boletín de cada Cámara, y un duplicado de los mismos debidamente probado será suministrado al Oficial correspondiente para que quede en los Registros de Canadá.”

    Es decir, que el único caso en que deja de ser un asunto personal que corresponde al Gobernador General, es cuando lo refiere al Consejo Privado Británico.

    La Sección 90 de la Ley concede el mismo derecho de desautorización, y reservaba la sanción al Teniente de Gobernador en relación a la Leyes Provinciales, igual que la tiene el Gobernador General en relación a las Leyes del Dominio.

    Me introduje cuidadosamente en toda esta cuestión en 1935, cuando estuve en Alberta, con la ayuda de los mejores abogados constitucionalistas, y ellos fueron claros en que el poder de desautorización, en la medida en que todavía existiera, correspondía al Gobernador General personalmente, y no al Gobernador General en Consejo (siendo este último término, por supuesto, otra forma de denominar al Gabinete del Dominio).

    Las tácticas ilegales de la oposición

    En el momento en que el Sr. Mackenzie King “desautorizó” las Leyes albertanas, el Gobernador General, Lord Tweedsmuir, se encontraba en el Círculo Ártico y, en mi opinión, es incuestionable que la acción del Sr. King constituyó un flagrante abuso de la Prerrogativa Real, y solamente podría haber sido usada de manera apropiada si el Gobernador General hubiera denegado al principio la sanción a los Proyectos de Ley.

    Ahora bien, el siguiente paso para Alberta era re-aprobar las leyes con modificaciones para hacerlas más difíciles de desautorizar, y esto puso en funcionamiento un poder que nunca antes había sido usado en Canadá, en el momento en que el Teniente de Gobernador de Alberta, el Sr. Bowen (quien fue nombrado por el Sr. Mackenzie King en 1935), se reservó la concesión de la Sanción Real.

    Puesto que estas Leyes acababan de ser aprobadas por segunda vez, la naturaleza de aquella acción podría ser mejor apreciada si nos imagináramos que el Rey denegara la sanción a una Ley vital del Parlamento aprobada por grandes mayorías en la Cámara de los Comunes y la Cámara de los Lores.

    Ciertamente, las acciones del Sr. Mackenzie King y del Sr. Bowen no pueden ser ninguna de ellas legales.

    Todo esto es una clara indicación de que tan pronto como uno haga algo que verdaderamente suponga un ataque a la prerrogativa de la finanza internacional –y ésa era la naturaleza de las Leyes albertanas– entonces los gobernadores titulares simplemente pasan a convertirse en las marionetas de los financieros internacionales.

    El collar de fuerza hipotecario

    Antes de proceder a explicar con más detalle la naturaleza de estas Leyes, la actual situación de las mismas, su objetivo y la probable tendencia que se desarrolle en relación con las mismas, pienso que sería deseable dar un breve cuadro de la situación tal y como la vemos, y como, pienso yo, que correctamente la vemos.

    En primer lugar, existe, específicamente en Alberta, pero también en mayor o menor medida en todo el mundo, un estado de cosas, cuyo entendimiento resulta absolutamente esencial para cualquier comprensión de la política mundial de hoy en día. Puede ser expresado resumidamente diciendo que un Gobierno –no importa si se trata de un, autodenominado, gobierno soberano, o si su soberanía está siendo disputada, como ocurre en Alberta– es considerado por la Plutocracia (por la cual quiero significar a los intereses de los prestamistas del dinero, y no necesariamente a los hombres ricos) primariamente como el cuerpo de administración de una finca que es hipotecada hasta los tuétanos, siendo creadas dichas hipotecas mediante el préstamo, a la población de la finca, de su propio crédito a la más alta tasa posible de interés.

    Es esencial también darse cuenta de que el objetivo primario de esta política no es meramente (y ciertamente no lo es visto en un sentido realista), la adquisición de riqueza dineraria por parte de los plutócratas por medio de la maquinaria de los bancos, de las compañías financieras hipotecarias, y de las compañías aseguradoras que constituyen sus agencias. Aunque en comparación con el resto de la población estos hombres son inmensamente ricos, su escala de lujo personal podría en muchos casos ser mantenida con un ingreso de proporciones extremadamente modestas, y sus inmensas reservas son usadas para perpetuar el sistema y para financiar las guerras que son el resultado del mismo.

    La amenaza del esfuerzo agobiante

    Con plena conciencia de la gravedad de lo que estoy diciendo, estoy convencido de que, en lo que a la camarilla de financieros internacionales que controlan el sistema se refiere, el objetivo consciente es el de mantener a la gran masa de población en el miedo a la pobreza y a la pérdida de la posición social; con lo cual no necesariamente quiero dar a entender que mantengan a la población con falta de artículos de primera necesidad, sino que lo que quiero decir es que lo que se pretende es que la población sea mantenida en una inseguridad constante y bajo la amenaza del esfuerzo agobiante, aún cuando tal esfuerzo no sea exigido por ninguna razón realista de la situación. Principalmente, todo esto se consigue mediante una completa orientación desviada del esfuerzo productivo: fábricas redundantes, “Obras Públicas”, “Modas”, etc…, todo menos bienes de consumo deseados.

    Puedo imaginar que cualquiera que no esté familiarizado con las técnicas del sistema de creación de deuda en el cual todos existimos, podría decir que todo esto no es más que una agreste afirmación incapaz de probarse. Por el contrario, es capaz de probarse con la más simple de las pruebas posibles, y resulta a partir de las siguientes proposiciones:

    (a) La vida y el trabajo modernos no pueden llevarse a cabo sin el uso de dinero;

    (b) Todo dinero viene a la existencia como una deuda de la comunidad con las agencias creadoras del dinero;

    (c) El deudor es el siervo del prestamista hasta que su deuda sea pagada;

    (d) Las deudas que la comunidad debe a las agencias prestadoras del dinero están incrementándose en una proporción geométrica, y nunca podrían ser devueltas, ya que la cantidad de dinero en existencia en todo momento en posesión de la comunidad representa una fracción microscópica de las deudas que poseen contra ella las agencias prestadoras del dinero.

    La propuesta que es presentada por todos los Gobiernos, que actúan como portavoces de las agencias prestadoras del dinero, es que la capacidad de pago debería constituir la medida de las obligaciones del deudor, lo cual significa que todo lo que él no necesite para llevar una existencia básica debería ponerse al servicio del prestamista.

    Existe otro punto que es frecuentemente malentendido, y que me gustaría introducirlo, ya que resulta vital para la consideración de las medidas correctivas que pueden tomarse en relación con la situación, y éste es que, aunque las deudas de la comunidad con las agencias prestamistas del dinero están asumiendo proporciones astronómicas, éstas son muy pequeñas en comparación con la riqueza real de la comunidad medida en las mismas unidades.
    Última edición por Martin Ant; 12/11/2014 a las 19:01

  4. #4
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    Re: ¿Qué pasó realmente en Alberta?

    Estimado Martín Ant:

    ¿Esta doctrina económica del crédito social que defiende, es actualmente la corriente de ideas económicas dominante en La Comunión Tradicionalista? Y también me gustaría saber si estas ideas se han actualizado conforme al cuerpo doctrinal mejor ratificado empíricamente que sostiene la ciencia económica en su conjunto actualmente y si se publican o han publicado trabajos e investigaciones sobre el crédito social en revistas científicas de economía.
    Última edición por Ennego Ximenis; 14/11/2014 a las 00:20
    Libra zagun, mutillak, España lepratik,
    harturik hontarako fusillak bertatik;
    ekarriko dizkigu pakiak gerratik,
    poztutzen dala oso mundua gugatik.

    Españan española da Don Karlosena,
    ekarri zagun hura ahal degun lehenena;
    konfiantza jar zagun oso harentxena,
    berak emango digu gustorik onena

    POR DIOS Y POR ESPAÑA VICTORIOSOS DE TODOS SUS ENEMIGOS, SIN PACTOS NI MEDIACIONES.

    .“Miguel, Miguel, Miguel guria,
    Zaizu, zaizu Euskalerria”.

  5. #5
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    Re: ¿Qué pasó realmente en Alberta?

    ¿Esta doctrina económica del crédito social que defiende, es actualmente la corriente de ideas económicas dominante en La Comunión Tradicionalista?
    No.

    La Comunión Tradicionalista, como bien se sabe, se encargó desde la primera hora en la defensa y custodia como depósito sagrado de los principios de nuestra secular Tradición constitucional político-jurídico-social española y, por tanto, no ha recibido ni recibe nunca substancialmente ninguna influencia o importación extranjera.

    Ahora bien, a lo largo de su historia, aún no recibiendo ninguna aportación substancial extranjera, la Comunión tampoco ha sido ajena al conocimiento de los distintos intentos, imperfectos, "tradicionalistas" contrarrevolucionarios que se han venido realizando en el extranjero, sirviéndose accidentalmente y "a beneficio de inventario" de algún término o idea aislada proveniente de los mejores pensadores habidos allende los Pirineos. Es en este último sentido en el que se puede observar la filia hacia tal o cual autor extranjero, hacia tal o cual idea extranjera, pero siempre, como digo, pasándolo necesariamente por el tamiz de la Tradición política-histórica española, la cual constituye siempre el eje doctrinal de la Comunión en todo momento.

    Los pensadores de la Comunión, cuando miraron hacia al extranjero, en el sentido antedicho, la dirigieron principalmente hacia cuatro direcciones: las doctrinas político-sociales emanadas de los documentos de la Santa Sede y de los Papas (preconciliares, claro está); los autores jesuitas tomistas italianos (preconciliares, claro está); los autores de Francia pertenecientes, grosso modo, a lo que podría denominarse línea "tradicionalista" (L´Univers de Veuillot, Acción Francesa de Maurras, Ciudad Católica de Jean Ousset, etc...); y en el mundo anglosajón, principalmente la doctrina distributista de Chesterton y Belloc.

    Por tanto, a día de hoy, que yo sepa, ningún pensador, pasado o actual, de la Comunión ha considerado, –siempre, claro está, en la forma antedicha–, el fenómeno histórico-doctrinal del Crédito Social. Respecto del mundo anglosajón, como dije antes, sólo se ha considerado y tenido en cuenta, principalmente, el fenómeno histórico-doctrinal del Distributismo.

    Y también me gustaría saber si estas ideas se han actualizado conforme al cuerpo doctrinal mejor ratificado empíricamente que sostiene la ciencia económica en su conjunto actualmente y si se publican o han publicado trabajos e investigaciones sobre el crédito social en revistas científicas de economía.
    Los principios del Crédito Social para el correcto funcionamiento de la economía de toda comunidad política en donde funcione de manera generalizada un sistema financiero superpuesto a la economía real, no son "actualizables", si por la palabra "actualización" entiende usted "modificación substancial o esencial".

    Respecto a la frase "cuerpo doctrinal mejor ratificado empíricamente que sostiene la ciencia económica en su conjunto actualmente", si se refiere usted con ella al corpus doctrinal de los economistas ortodoxos, es evidente que es imposible ninguna "actualización" de los principios del Crédito Social, entendida como "adaptación" de dichos principios a los "postulados" y "leyes" del antedicho corpus. Y esta "adaptación o actualización" es imposible por una sencilla razón: porque precisamente Douglas enunció tales principios como único modo de dar solución a los continuos desastres sociales que el antedicho corpus ortodoxo generaba (y sigue generando) en todas las sociedades en que se aplicaba y mantenía (y se aplica y mantiene), a medida que los países se iban incorporando (o se incorporan) a la industrialización y monetización de sus respectivas economías.

    Es lógico pues que (contestando aquí ya a su segunda pregunta) la doctrina y análisis del Crédito Social no pudiera abrirse paso entre los canales de las publicaciones oficiales y en los ambiente académicos oficiales, como no fuera a través de una presentación tergiversada y distorsionada de la misma, que sirviera de base para una ulterior crítica destructiva (tanto a nivel de fenómeno histórico como a nivel doctrinal).

    A este último respecto, me gustaría citarle lo que señala Frances Hutchinson (de la Universidad de Bradford, Reino Unido, y actual Presidente de la Secretaría del Crédito Social), para una mejor clarificación de esto último:

    Fuente: “What everybody wants to know about Money”. Frances Hutchinson. Jon Carpenter. 1998. Páginas 9 y 10.


    Cuando doy conferencias sobre guildismo y crédito social en los círculos académicos, siempre se me da a entender que los temas que yo presento son materias secundarias, con algún interés histórico, pero no para ser tomadas seriamente hoy en día. En las universidades a lo largo del Reino Unido y de los EE.UU., el estudio de la economía política está siendo eliminado de los departamentos de economía, al mismo tiempo que la investigación sobre movimientos utópicos es confinada en los departamentos de sociología o literatura, considerándolas como aberraciones que se apartan de lo normal o de la corriente principal. Sólo los maniáticos creen que pueda haber alternativas serias al capitalismo global: no hay lugar para tales creencias en los departamentos universitarios. De ahí que el economista de carrera se enfrente con la dura elección entre aceptar los valores de la cultura corporativa capitalista totalmente, o abandonar su (…) carrera.

    Este fenómeno no es nuevo. El economista ganador del Premio Nobel Profesor James Meade hizo una distinguida carrera en economía después de leer los primeros escritos de C. H. Douglas, habiendo sido introducido en ellos por un anciano tío suyo que leía The New Age. Meade adoptó ciertos conceptos del crédito social en la medida en que concordaran con la ortodoxia, y su obra refleja esa influencia. Sin embargo, tal y como me explicó en una entrevista antes de su muerte, tenía que tener mucho cuidado en disociarse él mismo del crédito social para así poder continuar con su carrera. Más aún, en opinión de Meade, Keynes y otros economistas de primera línea extrajeron ideas de las teorías de Douglas sin reconocerlo abiertamente. El asunto en cuestión aquí es la consideración de que la economía no puede ser divorciada de la política: no es algo de valor neutro. Al contrario, forma parte integral del sistema de valores del capitalismo corporativo global.

    Además, frecuentemente se me informa que los creditistas sociales son fascistas. Ciertamente, es posible encontrar a creditistas sociales que se adhieran a políticas extremistas, aunque pueden encontrarse igual de a menudo tanto en la extrema izquierda como en la extrema derecha. La razón no es difícil de encontrar. La práctica política predominante consiste en aceptar la ortodoxia económica. De ahí que el político, igual que el economista, debe rechazar la herejía para así poder seguir con su carrera. Por definición, pues, los herejes tienden hacia los extremos. Más aún, advirtiendo el fuerte apoyo que existe en favor de que sea presentada una alternativa sana y bien razonada contra la economía de crecimiento, algunos creditistas sociales adoptaban una “teoría de la conspiración” como explicación a su falta de compromiso en hacer un serio debate con la corriente principal. Los sentimientos anti-banqueros de este tipo rápidamente se traducen en anti-semitismo. Sin embargo, ésta no es razón para dejar toda consideración acerca de las teorías originales. Hacer eso sería como si igualáramos el régimen de Stalin con el socialismo. Esa misma línea de razonamiento implicaría que, como Hitler era vegetariano y sostenía algunas opiniones “verdes”, entonces todos lo vegetarianos y medioambientalistas deberían ser considerados como sospechosos de ser pro-fascistas.
    Última edición por Martin Ant; 14/11/2014 a las 12:43

  6. #6
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    Re: ¿Qué pasó realmente en Alberta?

    .
    Última edición por ReynoDeGranada; 12/12/2015 a las 21:58 Razón: Mensaje repetido
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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  7. #7
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    Re: ¿Qué pasó realmente en Alberta?


    Soberanía financiera como requisito previo para la soberanía política y la regeneración cultural

    Publicado el diciembre 9, 2015por Adversario

    Soberanía financiera como requisito previo para la soberanía política y la regeneración cultural

    https://paginatransversal.wordpress....cion-cultural/


    por Kerry Bolton* – A menos que un Estado-nación tenga el control sobre su propio sistema bancario y financiero, hablar de soberanía nacional, tanto por parte de algún movimiento como por el gobierno, es algo vacío. Aunque el sector bancario hoy es algo evitado por muchos movimientos y pensadores como si se tratase de un tema fuera del dominio de preocupaciones, tanto por la izquierda como por la derecha. De hecho, la izquierda rara vez toca el asunto y sigue negándose a hacerlo, contentándose con lemas banales sobre los impuestos y la nacionalización de propiedades. Como el movimiento socialista ha demostrado, la nacionalización significa poco, y a menudo nada, en lo que respecta a garantizar la soberanía financiera y, consecuentemente, la política. Con frecuencia el llamado “banco estatal”, como el Banco de la Reserva de Nueva Zelanda o el Banco de Inglaterra, y muchos otros, dan la apariencia de soberanía financiera. En realidad no significan nada de eso. Un banco estatal como esos que son comunes, hace mucho tiempo, en las social-democracias, sirve meramente como medio por el cual el Estado pide prestado al sector privado y, normalmente, a los sectores financieros internacionales.
    Durante la Gran Depresión los bancos centrales fueron promovidos como una panacea para los altibajos y para garantizar la estabilidad económica y financiera. Mientras Paul Warburg, de la dinastía bancaria internacional Warburg, había redactado previamente el proyecto de ley de la Reserva Federal de los Estados Unidos, que fue promovida como “banco estatal” a principios de la década de los 30 del s.XX, Otto Niemeyer, del Banco de Inglaterra, recorrió el Imperio Inglés promoviendo la idea de los bancos estatales como el Banco de Inglaterra. Estos estarían basados en los titulares de bonos privados. En Nueva Zelanda, el Banco de la Reserva fue creado en 1933. Este banco, al igual que todos los bancos centrales de esta especie, sin embargo, simplemente sirvió como un medio del estado para tomar préstamos de fuentes privadas. El historiador de Harvard y Georgetown, el Dr. Carroll Quigley, cercano a los círculos de gobierno, afirmó que el propósito de estos bancos centrales era “formar un único sistema financiero a escala internacional que manipulase la cantidad y el flujo del dinero, de modo a poder influir, si no controlar, los gobiernos por un lado y las industrias por el otro” [1].
    El diputado Louis T. McFadden, que durante diez años fue presidente del Comité para la Banca y la Moneda del congreso de los EEUU, y que fue banquero él mismo, expuso la naturaleza del Sistema de la Reserva Federal y las operaciones del sistema internacional de la deuda y las finanzas, en sus discursos en el Congreso de los Estados Unidos. En 1932, en la Cámara, dijo McFadden sobre el Banco de la Reserva Federal:
    “Esta institución malvada ha empobrecido y arruinado al pueblo de los Estados Unidos, lo ha llevado a la quiebra en sí y prácticamente ha llevado a la bancarrota a nuestro Gobierno. Lo hizo a través de los defectos de la ley bajo la cual opera, a través de la mala administración de esa ley por parte de la Reserva Federal, y a través de las prácticas corruptas de los buitres adinerados que la controlan. Algunas personas piensan que los Bancos de la Reserva Federal son instituciones del gobierno de los Estados Unidos. Son monopolios privados que se aprovechan del pueblo de los estados Unidos para su propio beneficio y el de sus clientes extranjeros, especuladores nacionales y extranjeros, prestamistas ricos y predadores” [2].
    La experiencia de Nueva Zelanda
    En 1936, el Gobierno laborista de Nueva Zelanda nacionalizó el Banco de la Reserva, compró los títulos de bonos privados e hizo del banco un instrumento de la política estatal. Como se mencionó, la nacionalización en sí misma, sin embargo, significa poco o nada si tal “banco estatal” actúa simplemente como un medio estatal para préstamos de crédito creado de forma privada, y por lo tanto, simplemente sostener la deuda acumulada por el sistema bancario internacional. El primer gobierno laborista de Nueva Zelanda fue elegido principalmente por el asunto del banco. A diferencia de hoy, las masas del pueblo entendieron la cuestiones financieras mucho más profundamente que nuestros actuales académicos y economistas. La Gran Depresión dio impulso a una demanda mundial de la reforma bancaria, antes de la cual hombres prácticos como el Comandante C.H. Douglas en Inglaterra, que formuló la teoría del Crédito Social, y aún antes de él, el inventor Arthur Kitson; Gottfried Feder en Alemania, que hizo una campaña para “romper la esclavitud de interés” [3]; y Silvio Gesell en Austria, habían desarrollado sus ideas sobre la reforma de la banca, que fueron ampliamente aceptadas.
    El Gobierno laborista de Nueva Zelanda fue uno de los más exitosos en sus reformas bancarias, sobre todo gracias al icónico político laborista John A. Lee, un veterano de guerra manco, que estaba decidido a mantener las promesas del Partido Laborista a pesar de las tentativas por comprometerlas hechas por fabianos ortodoxos como el Ministro de Hacienda, Walter Nash. Desde 1933, después de la Conferencia del Partido Laborista, el partido adoptó un política por el control total y completo de los “mecanismos financieros de la nación”. Lee señaló que en otros países (Inglaterra y Australia), donde los laboristas habían asumido el poder, éstos habían rehusado tomar tales medidas con respecto a los mecanismos financieros, y sus políticas para hacer frente a la depresión no llegaron a nada [4]. En los nueve puntos sobre finanzas que salieron de la Conferencia del Partido en 1933, el primero exigía el “control inmediato por parte del estado de todo el sistema bancario. El Estado tiene competencia exclusiva en materia de crédito y circulación”. El asunto del crédito se basaría en las necesidades de producción del país [5].
    El papel del Banco, establecido en el Artículo 1 de la Ley del Banco de la Reserva, era “regular y controlar el crédito y la moneda de Nueva Zelanda” al “bienestar económico y social de Nueva Zelanda.” El Banco financiaría cualquier préstamo que el gobierno quisiera hacer, y el Tesoro tenía el poder para obtener préstamos del Banco de la Reserva de la cantidad total de los ingresos estimados para el año. El Banco también tenía el control total sobre la propiedad del cambio de la libra esterlina, lo que Lee explica era de “vital importancia” para controlar el “movimiento internacional del capital financiero gánster que puede ocurrir en tiempos de emergencia política”, y que puede “dañar el crédito externo de un país”. La Subsección 3, cláusula 18 de la Ley, dio autoridad al gobierno sobre las operaciones de los bancos comerciales, que debían ser auditadas por el Estado [6].
    El éxito de Nueva Zelanda fue el más evidente y duradero en la creación de crédito estatal del Banco de la Reserva, emitido con un interés del 1%, para la financiación del programa de vivienda estatal. Este programa no sólo proporcionaba casas bien construidas en parcelas de un cuarto de acre con rentas bajas, donde las familias acostumbraban a plantar sus propios huertos, y a menudo criar aves de corral, sino que la construcción y el trabajo derivado de este programa proporcionó empleo para el 75% de parados de Nueva Zelanda. Una inyección masiva de crédito estatal en la economía significó que no había deuda acumulada por el Estado o por el pueblo, y que se llevó a cabo también sin causar inflación.
    El Banco de la Reserva también emitió crédito estatal con bajas tasas de interés para la industria láctea, y los beneficios obtenidos por el Estado en estos avances fueron trasladados a un Fondo Consolidado centrado en la agricultura [7].
    En un documento del Gobierno, State Housing in New Zealand, el proyecto se explica de la siguiente manera:
    “Crédito del Banco de la Reserva: para financiar sus propuestas, el Gobierno adoptó el método un tanto inusual de utilizar el crédito del Banco de la Reserva, reconociendo con ello que el factor más importante en el costo de la vivienda es el precio del dinero – el interés es la parte más pesada de una renta ordinaria. El recién creado Departamento (Ministerio de Fomento), por tanto, fue capaz de obtener el uso de fondos a la tasa de interés más baja posible, siendo la tasa del 1% para los primeros 10 millones de libras avanzados, y de uno y medio por ciento en los próximos anticipos. Las cantidades adelantadas por el Banco de la Reserva no fueron suscritas o firmadas por otras instituciones financieras. Esta acción ha dado forma a la intención del Gobierno de demostrar que es posible que el Estado utilice el crédito del país para beneficio del propio país. Esta medida pionera promovida por el gobierno laborista para financiar un gran proyecto estatal en su totalidad con crédito estatal, fue un éxito que no estuvo acompañado por la inflación o por cualquier otro efecto secundario, al contrario de lo que los economistas ortodoxos insistían que ocurriría” [8].
    Nueva Zelanda no fue la primera ni la última nación en inaugurar un sistema bancario soberano, aunque duró poco. En Alberta, Canadá, al mismo tiempo, fue elegido el partido del Crédito Social, y a pesar de la obstrucción por parte los tribunales en cada ocasión, emitió “Certificados de Prosperidad” [9]. Antes, un esquema similar había sido intentado en la pequeña ciudad de Woergle, Austria, y al hacerlo la comunidad se deshizo de la pobreza, pero después se vio obligada por el gobierno a interrumpir sus planes, siendo de nuevo arrojada a la miseria [10]. Durante la década de 1930, distintas comunidades a través de los EEUU idearon sus propios esquemas. Aunque no sea política ni académicamente conveniente decir esto, Alemania, Italia y Japón, todos ellos, lograron superar la Depresión al situar el sistema bancario bajo el control del Estado y emitiendo crédito estatal para obras públicas. Hicieron a gran escala lo que Nueva Zelanda hizo en una escala limitada [11].
    El milagro que supuso la Argentina de Perón fue alcanzado, en gran medida, por la comprensión peronista de que la soberanía nacional no puede lograrse sin soberanía económica. Esto es, a su vez, un pre-requisito primario para lograr el objetivo peronista de la justicia social como factor unificador para cualquier nación genuina. Perón dijo: “en el sistema capitalista, el dinero es un fin y no un medio, y su valor absoluto todo lo subordina, incluido el hombre” [12]. El Dr. Arturo Sampay, redactor de la Constitución peronista de 1949, un académico legal y constitucional de renombre internacional, explicó sucintamente a raíz de la destitución de Perón:
    “La forma moderna en la que un país desarrolla la economía no es a través de la anexión pura y simple del territorio, como era el método durante los siglos XVIII y XIX, sino por la gestión de su propio crédito y de la moneda. De hecho, el desarrollo de un país es a través de la política de inversión. Quien da las órdenes sobre el crédito y sobre la expansión o la contracción de la oferta monetaria, controla el desarrollo del país” [13].
    El asesor económico de Perón, Arturo Jauretche, hizo un relato detallado de la importancia del crédito estatal, incluyendo su relación con la soberanía nacional, declarando que la nacionalización de los bancos es “fundamental para la puesta en práctica de una política nacional”.
    Quien administra el crédito controla algo más que la emisión de moneda. Mediante el control del crédito también se controla el comercio de exportación e importación. El control del crédito puede fomentar determinadas formas de producción y debilitar otras; determinar lo que debe ser producido y lo que no, lo que puede y lo que no puede llegar a los mercados, y en consecuencia las ventas y el consumo también son controlados [14].
    Jauretche explicó con exactitud el carácter orgánico del crédito, como nada más que un medio de intercambio, un método conveniente de permutación de bienes y servicios:
    “El secreto de la prosperidad o de la decadencia, del desarrollo o del atraso, está en los bancos. Las leyes y las organizaciones empresariales son sólo la anatomía de la sociedad económica. Pero el dinero es la fisiología del comercio de una sociedad. El dinero es la sangre que circula en el interior y el precio del dinero, su abundancia o escasez, es determinado por el sistema bancario” [15].
    Sin embargo, el crédito y la moneda se han convertido en materias primas en sí mismos, compradas y vendidas con lucro (usura). Sin comprender esta premisa, todo lo demás es una locura en términos de política, economía e incluso en el arte y la moral. La cuestión es la subordinación del papel de la moneda, casi literalmente destronar la adoración a Mammón.
    Jauretche también explicó cómo los bancos crean el crédito cuando afirmó: “Los bancos crean dinero a través del crédito porque el crédito es convertido a partir de depósitos múltiples veces, y la abundancia o escasez de dinero en efectivo en circulación es un reflejo del número de veces que un banco multiplica su capacidad de prestar”. Esto se conoce como “banco de reserva fraccionaria” y ha sido el método de creación de crédito durante siglos, permitiendo a los bancos privados crear crédito sostenido sólo por una fracción de la cantidad de las reservas reales que los bancos tienen en sus manos. Siempre que se hace un depósito por un cliente del banco, el banco es capaz de crear y dar crédito muchas más veces que la cantidad depositada. El banco entonces cobra el interés (la usura) sobre aquel crédito. Por lo tanto, el prestatario debe pagar con riqueza real – creada con su propio trabajo – no sólo el valor del préstamo que fue creado de la nada mediante un registro en un libro de cuentas (o en un ordenador), sino también el interés añadido. Así es como funciona el sistema bancario internacional. Cuando una nación se vuelve tan endeudada que no puede incluso seguir pagando los intereses de los préstamos, debe, o bien obtener más préstamos para pagar los intereses de los préstamos pasados, o bien empezar a vender los activos y recursos del Estado en un proceso que a menudo se denomina “privatización”, y adoptar “medidas de austeridad” que causan trastornos sociales, el estancamiento económico, y que pueden ser un medio mediante el cual las finanzas internacionales derriban gobiernos inconvenientes a través de las bien planificadas y financiadas “revoluciones espontáneas”. Hemos visto ocurrir esto durante décadas en todo el mundo occidental, y desde la implosión del bloque soviético en los antiguos estados soviéticos. El resultado es la “globalización” y la creciente concentración de la riqueza en manos de oligarcas y plutócratas. Aquellos estados que se resisten al proceso a menudo son bombardeados hasta su sumisión, y sus jefes de Estado son demonizados, encarcelados o linchados en el nombre de la “democracia” y de los “derechos humanos”.
    El profesor Carroll Quigley también explicó el mecanismo de la creación del crédito y su desarrollo histórico:
    “Pronto se hizo evidente que el oro necesario disponible debe ser sólo para una fracción de los certificados que probablemente serán presentados para el pago… En efecto, la creación de papel mayor que las reservas disponibles significa que los banqueros estaban creando dinero de la nada. Lo mismo podría hacerse de otra manera. Los banqueros descubrieron que las remesas y los cheques emitidos contra los depósitos de los depositantes y transferidos a una tercera persona, a menudo no eran convertidos en dinero en efectivo por ésta, sino que eran depositados en sus propias cuentas. En consecuencia, para los banqueros era necesario disponer de dinero real en no más que una fracción de los depósitos que probablemente se retirarían y transformarían en dinero en efectivo, el resto podría ser utilizado para préstamos, y si estos préstamos eran hechos para crear un depósito (una cuenta) para el prestatario que, a su vez, emitiría cheques en lugar de retirar dinero en efectivo, estos depósitos o préstamos creados también podrían ser cubiertos adecuadamente para mantener en reserva sólo una fracción de su valor. Tales depósitos también fueron una creación de dinero de la nada… William Patterson, no obstante, para obtener la Cédula Real del Banco de Inglaterra en 1694, dijo: “El banco tiene el beneficio de los intereses de todo el dinero que crea él mismo a partir de la nada’” [16].
    Perón cuenta que en 1946 una delegación del Fondo Monetario Internacional estaba dispuesta a visitarlo cuando fue elegido. Su rechazo al ingreso de la Argentina en el FMI también estaba listo. Entre sus razones, explicó:
    “Para nosotros, el valor de nuestra moneda era fijado en el país, y nosotros establecíamos los tipos de cambio de acuerdo a nuestras necesidades y conveniencias. Para el tipo de cambio internacional recurrimos al intercambio: nuestra moneda real era nuestros bienes. La realidad permanente de las maniobras monetarias internacionales de todo tipo bajo las cuales se creó el sistema insidioso, no nos dejó otra opción, si no queríamos ser robados con impunidad” [17].
    Mammón versus Cultura
    Ezra Pound y el poeta de Nueva Zelanda Rex Fairburn, se interesaron ambos en el Crédito Social más o menos al mismo tiempo y por las mismas razones. Como Perón, Sampay y Jauretche en su rebelión contra la plutocracia después de la Segunda Guerra Mundial, los dos poetas se dieron cuenta de que la cuestión de un mayor desarrollo del hombre, es decir, de su cultura, se ve afectada por el materialismo, representado por el dominio del dinero. Oswald Spengler señaló, tras la Primera Guerra Mundial, que la civilización occidental estaba en declive desde hacía siglos, y que la guerra llevó el asunto hasta un punto crítico. Vio a la plutocracia reinante detrás de la socialdemocracia. Observando ciclos análogos de civilizaciones anteriores, Spengler afirmó que el dinero reina durante las épocas de decadencia, antes de una reacción que derroca a la plutocracia [18].
    Este derrocamiento del dinero fue llamado “socialismo” por Spengler, un conservador, al tiempo que todo pensamiento que colocaba el dinero en el centro fue tratado por él como capitalista, y eso incluía la mayor parte de formas de “socialismo”, incluyendo el comunismo, que no pretende trascender el pensamiento monetario, sino expropiarlo. De esta manera podemos entender cómo los poetas Pound y Fairburn buscaron una tercera vía que podría superar el reino del dinero y volver a una cultura del estado. Pound se giró hacia el “fascismo” porque pensó que tal militancia era necesaria para derrocar a la plutocracia. Fairburn consideró el Crédito Social como suficiente. En Gran Bretaña, el Crédito Social adquirió una forma militante con los Green Shirts [Camisas Verdes], cuyas formaciones paramilitares, mítines, marchas y lanzamientos de ladrillos pintados de verde contra las ventanas de los bancos, fueron más allá del Partido Comunista y los Black Shirts[Camisas negras] de Mosley.
    El papel del dinero en la decadencia cultural
    Sin embargo, antes de Spengler existía ya la Ley de la Civilización y Decadencia de Brooks Adams, ahora poco conocido, que Ezra Pound recomendó como esencial para entender las causas de la decadencia y destrucción de la cultura. Adams se puede leer provechosamente junto a Spengler. Adams describe el poder debilitador del dinero en la estética y la moral de una civilización. Argumentó que “el comercio es antagónico a la imaginación.” Cuando un Estado se basa en el comercio, como la mayoría de los estados en el mundo de hoy, la estética se estanca. En consecuencia, la gran época gótica que resume el florecimiento de la civilización occidental (que Spengler llamó la época de la “Primavera”), no floreció en las ciudades-estado comerciales de Venecia, Génova o Florencia, “ni prosperó ninguna escuela pura de arquitectura en la atmósfera mercantil” [19]. Los efectos debilitadores causados por la energía gastada en propósitos comerciales se explican en términos que encajan bien con las conclusiones de Spengler acerca del papel del pensamiento monetario en el fin de ciclo de una civilización. Adams escribe:
    “Cada vez que una raza es tan ricamente dotada con el material energético que no gasta toda su energía en la lucha diaria de la vida, el excedente puede ser almacenado en forma de riqueza, y este stock de energía almacenada puede ser transferido de comunidad a comunidad, quizá por la conquista, o por la superioridad en la competición económica. Sin embargo, por grande que pueda ser la energía acumulada por la conquista, una raza debe, tarde o temprano, alcanzar el límite de su energía militar al entrar en la fase de la competición económica”.
    Pero, como el organismo económico difiere radicalmente del emocional y del bélico, el efecto de la competencia económica ha sido, quizás invariablemente, el de disipar la energía acumulada por la guerra.
    Cuando el exceso de energía se acumula en tal volumen como para preponderar sobre la energía productiva, se convierte en la fuerza de control social. A partir de entonces, el capital es autocrático, y la energía se concentra en organizaciones mejor equipadas para dar expresión al poder del capital. En este último estado de consolidación la inteligencia económica, y tal vez la científica, se propaga, mientras la imaginación se desvanece y los tipos de virilidad emocionales, marciales, artísticos, decaen. Cuando se ha alcanzado una velocidad social en la que el derroche de energía material es tan grande que los stocksmarciales e imaginativos fallan en reproducirse a sí mismos, la intensa competencia parece generar dos tipos económicos extremos: el usurero en su aspecto más formidable y el campesino, cuyo sistema nervioso es el más adecuado para prosperar en condiciones de escasa nutrición. Finalmente, cuando la presión no puede ir más allá, determinado punto debe ser alcanzado, y luego, tal vez, puede llegar uno de los dos resultados siguientes: puede sobrevenir un período estacionario (que tal vez termine por la guerra, por agotamiento o por ambos combinados, como parece haber sido el caso del Imperio de Oriente); o, como en Occidente, puede establecerse la desintegración, la población civilizada puede perecer, y puede darse una reversión hacia una forma primitiva de organismo.
    La evidencia, sin embargo, parece apuntar a la conclusión de que, cuando una sociedad muy centralizada se desintegra bajo la presión de la competencia económica, es porque la energía de la raza estaba agotada. En consecuencia, los sobrevivientes de esa comunidad carecen de la energía necesaria para una nueva concentración de energía, y probablemente deberán permanecer inertes hasta que no se suministre material energético fresco a través de la infusión de sangre bárbara [20].
    Cuando un pueblo deja de ser revitalizado con “sangre bárbara” y permanece estancado, pasa a ser lo que Spengler llamó fellaheen, deja de estar en el ámbito de la historia, siglo a siglo inerte, morando las masas campesinas y urbanas en la sombra de las ruinas de lo que antes fueron grandes monumentos. De ahí, como Ezra Pound y Fairburn comprendieron, desde la perspectiva estética hay más para contribuir en la cuestión económica que desde la economía o la política por sí solas. TS Elliot también defendió la reforma económica, al igual que Hilaire Belloc y GK Chesterton, mientras que otros estetas, como WB Yeats y DH Lawrence, que se rebeleron contra la ignorancia de los tiempos, no se dieron cuenta de los factores económicos involucrados. Fairburn y Pound sabían exactamente lo que estaba en juego en los procesos de corrosión del organismo cultural.
    En With usura (Canto XLV), Pound refleja con lucidez la forma por la cual la primacía del dinero, como muestran Spengler y Adams, interviene en la cultura de una sociedad, actuando como un contagio en el organismo social, en el trabajo, en los oficios, en el arte, en la religión y en todo lo asociado con la alta cultura:
    Con usura […] no se pinta un cuadro para que perdure ni para tenerlo en casa
    sino para venderlo y pronto […]
    El picapedrero es apartado de la piedra
    el tejedor es apartado del telar
    Con usura
    no llega lana al mercado
    no vale nada la oveja con usura. […]
    Usura oxida el cincel
    Oxida la obra y al artesano […] [21].
    Pound indica sucintamente en una sección de tres oraciones en Kulturmorphologie, un folleto escrito en Roma en 1942: “Para repetir: un experto, mirando una pintura (de Memmi, Goya, o cualquier otro) debe ser capaz de determinar el grado de tolerancia de usura en la sociedad en la que fue pintada” [22].
    Fairburn escribió un poema sobre temas muy similares a aquellos de With usura de Pound, pero de forma totalmente independiente, en su “dominio”:
    La casa de los gobernantes, custodiada por eunucos, y sobre el arco de la puerta estas palabras grabadas: “EL QUE CUESTIONA A LOS USUREROS PONE EN PELIGRO AL ESTADO”.
    Dentro de las puertas, la comitiva del mal,
    los instrumentos de los gobernantes:
    esquiroles escogidos del cuerpo de los esclavizados,
    bien pagados capitanes y cabos
    del ejército del privilegio
    partiendo el pan de la tiranía, vistiendo
    el uniforme de la extorsión; y aquellos que mantienen los registros de la decadencia,
    estadísticos y archiveros,
    pasando las páginas con las manos frías, calculando
    nuestra ruina en grilletes perfumados.
    Para los esclavos, la rueda de ratón;
    la oficina y la adoración del dios-engranaje;
    la apoteosis de los medios de comunicación,
    la profanación del fin;
    la degradación de la hueste
    de los vivos; la celebración
    de una misa negra que proyecta
    la sombra de una masa roja.
    […]
    Esta es nuestra ciudad de papel, construida
    sobre la roca de la deuda, firmemente mantenida
    contra todos los vientos por el pisapapeles de la deuda.
    La multitud desfila pasando lentamente, o para y mira fijamente,
    y aquí y allá, ojos sin brillo, el permanecer ocioso
    en grupos ante las bocas de los gramófonos de las tiendas
    en un estruendo de música que llena el aire ajado
    con flores de papel y sabores artificiales
    y pasiones sin dolor en un paraíso
    de amor imaginario [23].
    El desafío de los tiempos: el fin de Mammón
    Con los EEUU, cuya fundación se inicia con el puritanismo, se construyó un edificio que combina mesianismo con el concepto del beneficio como algo piadoso. Como resultado, la cultura de los Estados Unidos fue distorsionada, y en la actualidad se sitúa en las profundidades de la depravación como una epidemia mundial proclamada como tal por los fanáticos neoconservadores, como el Teniente Coronel Ralph Peter, y promovida por el Departamento de Estado de los Estados Unidos en alianza con una miríada de ONGs de todo el mundo [24]. Se supone que el mundo entero es recreado en esa imagen, en la “roca de la deuda y los perfumes artificiales”, como dijo Fairburn.
    El sr. E. Fyodorov, del grupo parlamentario ruso “Nuestra Soberanía” y del Movimiento de Liberación Nacional, se refirió a la necesidad de nacionalizar el Banco Central de Rusia, el cual, dijo, no responde a la presidencia o al estado. Afirmó que “la mayoría de los problemas” en Rusia están relacionados con el Banco Central, basado en una constitución que fue redactada por asesores de los EEUU, lo que permite la influencia política y económica externa [25]. Fyodorov expresó un raro discernimiento al decir que “la mayor parte de los problemas” se centran alrededor del sistema bancario. Esto se aplica no sólo a Rusia, sino también a la mayor parte del mundo, ya que el mismo sistema opera globalmente. El banco central estatal de Nueva Zelanda recorrió el mismo camino siendo separado del parlamento. Por lo tanto, se requiere algo más que la”nacionalización”. El Banco de la Reserva de Nueva Zelanda permaneció nacionalizado durante ocho años. Sólo fue independizado del parlamento bajo la Ley del Banco de la Reserva en 1989. Hasta ese momento, existía para poner en práctica la política económica estatal. Sin embargo, como lamentó John A. Lee desde el principio, este banco nacionalizado nunca liberó a Nueva Zelanda de la finanza internacional, a pesar de la emisión de crédito estatal para algunos proyectos públicos. Las intenciones fueron comprometidas por el partido que nacionalizó el banco.
    Hasta el momento en el que un estado tenga líderes vigorosos que rompan la esclavitud de las finanzas internacionales y sus omnipresentes tentáculos, hay poca o ninguna diferencia si un banco es nacionalizado o privatizado. También hasta llegar a ese punto, cualquier discusión acerca de la soberanía nacional real no es más que retórica. Una vez que el banco central ruso sea nacionalizado, la siguiente tarea es asegurar que el Estado ruso asume la prerrogativa y el deber de crear y emitir su propio crédito.
    * Kerry Bolton (nacido en 1956 en Wellington, Nueva Zelanda) es Doctor en Teología y Ph.D. honoris causa. Ha realizado estudios de trabajo social y psicología y es miembro de la Academy of Social and Political Research, de Atenas [Academia de Investigaciones Sociales y Políticas], y del Institute for Higher Studies on Geopolitics and Auxiliary Sciences, de Lisboa [Instituto de Estudios Superiores sobre Geopolítica y Ciencias Auxiliares]. Colaborador habitual de Foreign Policy Journal, New Dawn (Australia), The Great Indian Dream (Institute of Planning and Management), Thoughts and Perspectives, y editor adjunto de la revista académica Ab Aeterno (Atenas). Ha sido ampliamente publicado por diversos medios académicos sobre una variedad de temas, incluyendo: International Journal of Social Economics; International Journal of Russian Studies; Irish Journal of Gothic and Horror Studies (Trinity College); World Affairs; India Quarterly; Journal of Social, Political and Economic Studies; The Occidental Quarterly; North American New Right; Radix (National Policy Institute, Washington); Antrocom Journal of Anthropology (Italy); Finis Mundi (Portugal); Geopolitica (Moscow State University); Radio Free Asia Vietnamese Service; Russian Writers’ Union; Red Star(Russian Ministry of Defence), y muchos otros. Traducido al farsi, vietnamita, alemán, francés, letón, ruso, italiano, ucraniano o portugués, Bolton es autor de centenares de artículos y folletos, y algunos de sus libros más recientes son: Revolution from Above; Peron and Peronism; Geopolitics of the Indo-Pacific; Zionism, Islam and the West; The Parihaka Cult; The Banking Swindle; The Psychotic Left; Artists of the Right; Stalin: the Enduring Legacy.
    ______________________________________
    [1] – C. Quigley, Tragedy and Hope, New York, Macmillan Co., 1996, p. 51.
    [2] – Louis T. McFadden, United States Congressional Record, United States Government Printing Office, Washington, DC, 10 June 1932, p. 12595
    [3] – G. Feder, “Manifesto for the Breaking of the Bondage of Interest”, Munich 1917. Mismo año en el que Douglas formuló su Crédito Social. Feder afirmó que “el dinero no es y no debe ser nada más que un intercambio a cambio de trabajo”.
    [4] – John A. Lee, Money Power for the People: A Policy for the Future Suggested, Lee, Auckland, 1937), p.2.
    [5] – Ibid., p.3
    [6] – Ibid., pp. 6-7.
    [7] – Lee, 1937, p.8.
    [8] – C. Firth and G. Wilson, “State Housing in New Zealand”, Ministry of Works, Government Printing Office, Wellington, 1949.
    [9] – K. R. Bolton, The Banking Swindle, London, 2014, p.10.
    [10] – Bolton, ibid., pp. 84-86
    [11] – Bolton, ibid., pp. 103-117.
    [12] – Juan Peron, “Banking and Credit”, Buenos Aires, ca. 1951.
    [13] – Sampay citado por Bolton, Peron and Peronism, London, 2014, p.
    [14] – Arturo Jauretche, “On the Nationalisation of Banks”, 9 February 1960.
    [15] – Jauretche, ibid.
    [16] – Carroll Quigley, Tragedy and Hope, Macmillan Co., New York, 1966, p. 48.
    [17] – Juan Peron, “Argentina and the International Monetary Fund”. Citado en Bolton, Peron and Peronism. La manera por la cual los EEUU minaron la economía de Argentina y bloqueó sus exportaciones hacia Europa es explicado en este libro.
    [18] – Oswald Spengler, The Decline of the West, George Allen & Unwin, London, 1971, Vol. II, Chapter XIII, “The Form-World of Economic Life”.
    [19] – Brooks Adams, The Law of Civilization and Decay, Macmillan, London, 1896, vi. http://www.archive.org/details/lawci...tion00adamgoog
    [20] – Brooks Adams, x.
    [21] – E. Pound, Ezra Pound: Selected Poems 1908-1959 (London: Faber & Faber, 1975), “Canto XLV: With Usura”, pp. 147-148.
    [22] – Ezra Pound (1942) A Visiting Card, Peter Russell, London, 1952, p.25.
    [23] – A. R. D. Fairburn, (1938) “Dominion” I and IX, NZEPC - A.R.D Fairburn - DOMINION
    [24] – K. R. Bolton, Revolution from Above, Arkots. 2011.
    [25] – E. Fyodorov, “The National Liberation Movement in Russia Today”, Journal of Eurasian Affairs, Vol. 2, no. 1, 2014, p.18.
    (Traducción de Página Transversal)
    Fuentes: Legio Victrix, Geopolitics y Journal of Eurasian Affairs.

    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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    Re: ¿Qué pasó realmente en Alberta?

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Fuente: The Social Crediter, 24 de Enero de 1953, Vol. 29, Nº. 22. Página 5.



    Alberta – 1953


    The Alberta Experiment fue el título de un Informe Interino de la Situación escrito en 1937. Durante la última parte de ese año y en 1938 fueron aprobadas por la Asamblea Legislativa de Alberta siete Leyes que estaban específicamente diseñadas para implementar el Crédito Social. Todas ellas fueron desautorizadas por la intervención del Gobierno Federal, por el Teniente de Gobernador de la Provincia o por las Cortes judiciales.

    Con la llegada de la guerra en 1939, el Gobierno de Alberta abandonó su ofensiva para implementar el Crédito Social y, hasta la muerte de William Aberhart en 1943, confinó todos sus esfuerzos en resistir las presiones del Gobierno Federal, el cual quería centralizar todo el poder tomando como excusa la guerra. La estrategia de Aberhart consistía en usar los años de la guerra para consolidar su posición y ganar un más amplio y mejor apoyo popular de gente bien instruida en el Crédito Social, para así poder después reanudar la ofensiva de una manera más firme y determinada. Cuando Manning sucedió a Aberhart como Primer Ministro provincial, todo el terreno que se había ganado en esta cuestión fue tirado por la borda. La política del Gobierno de Alberta experimentó a partir de entonces un cambio drástico. Se abandonó toda resistencia frente a la centralización llevada a cabo desde Ottawa. Se empezaron a hacer propuestas abiertas a los monopolistas financieros, y se acabó culminando en una completa renuncia de los principales poderes fiscales de la Provincia en favor del Gobierno Federal. La deuda de Alberta fue refinanciada en términos altamente satisfactorios para Wall Street.

    Se ha afirmado que, a pesar de esta renuncia de poderes fiscales, la carga fiscal se ha reducido en Alberta de una manera radical. Eso no es cierto. Por el contrario, la carga fiscal se ha incrementado bajo el Gobierno de Manning, pero la totalidad de ese incremento queda parcialmente disimulada por la renuncia de los poderes para gravar sobre ingresos y sobre sociedades en favor de Ottawa, del cual se recibe a cambio una subvención global o general. La afirmación acerca de una reducción de deuda constituye otro mito, ya que todo ello no constituye en realidad más que un traspaso en favor de las corporaciones financieras de la mayor parte o porción de los ingresos provenientes del petróleo. La población de Alberta no recibe beneficio ninguno.

    Al terminar la guerra, las intenciones del Gobierno de Alberta de querer apartarse de cualquier tipo de pretensión de seguir una política de Crédito Social se revelaron de manera más abierta y descarada. Douglas fue repudiado. Los Creditistas Sociales bien instruidos fueron purgados del “Partido” así como de los puestos claves del Gobierno. La Junta de Crédito Social –la única fuente de información fiable acerca del Crédito Social– fue disuelta. El Gobierno de Alberta se convirtió así en el modelo canadiense de una administración ortodoxa, aclamada tanto por las multinacionales como por los monopolistas financieros.

    1938 fue el año en que quedó desautorizada la última de las Leyes propuestas para la implementación del Crédito Social. Es decir, hace catorce años; y desde entonces no se ha realizado ningún otro intento práctico para introducir una política de Crédito Social. El Crédito Social no solamente “no ha sido intentado” sino que tampoco se ha hecho ya más en Alberta ninguna tentativa para implementarlo. De manera progresiva, se ha venido trasladando el acento en la legislación hacia medidas de “bienestar” (colectivismo, socialismo). El Gobierno de Alberta se ha convertido en un Gobierno de Estado de Bienestar, aun cuando todavía se siga llamando a sí mismo Gobierno de Crédito Social.

    En justificación de su abandono de la política del Crédito Social, la Administración de Alberta sostiene que, debido a las limitaciones constitucionales de un Gobierno Provincial, la introducción de una política de Crédito Social habrá de esperar hasta que todas las Provincias del Canadá elijan una mayoría en el Parlamento Federal que esté comprometida con la implementación del Crédito Social. Con esta renuncia de su obligación de establecer el derecho de la Provincia a legislar en Alberta en materias de finanzas sin tener que esperar a la sanción o autorización de los monopolistas del dinero, y con su sustitución por la política de “Ir a Ottawa”, el Gobierno Provincial está cometiendo un desastroso error. Ampliar el ámbito de alcance de un problema no implica solucionarlo; y si se diera el eventual caso de que Ottawa cayera bajo el dominio de un Partido mayoritario de Crédito Social puramente nominal (una eventualidad en sí misma bastante improbable) tampoco se efectuaría ningún deterioro en el poder de veto de los financieros. Ni tampoco habría ninguna garantía de que, en caso de que se pusiera en práctica dicho poder, éste fuera a sufrir más oposición de la que sufre actualmente en Alberta. Es más, si un Partido que estuviera operando bajo la etiqueta de Crédito Social se viera por cualquier motivo en la necesidad de llevar este asunto aún más lejos, entonces se vería obligado a pregonar la política de “Ir a las Naciones Unidas”. Estirando la credulidad hasta el límite, y asumiendo que se consiguiera conquistar ese baluarte, la Asamblea se vería al momento encarada con los vetos tanto de la Unión Soviética como de Wall Street. ¿Puede alguien imaginar al Crédito Social emergiendo de una estrategia política como ésa que pregona Alberta?

    El ejemplo de Alberta ha sido seguido muy de cerca. En el Gobierno de “Crédito Social” de la Columbia Británica, pocos de sus miembros saben lo que es el crédito social. No hay duda de que esta Administración no ha hecho ni hace ahora ningún intento por introducir el Crédito Social. Durante la campaña electoral, el portavoz de este partido de pseudo-“Crédito Social” se comprometió a modelar la legislación de su Gobierno conforme a las medidas de “bienestar” tomadas por Alberta.

    Hoy en día parece que hay poca duda de que, dado el jefe que tiene y en ausencia de un cambio espectacular en el corazón, el segundo Gobierno de Crédito Social sucederá al primero embarrando al Crédito Social con Socialismo. Tal acción recibirá la bienvenida y la recompensa de todas aquellas instancias que son poderosas en la política y detrás de la política, ya que se conforma y adecúa con ellas; constituye el más reciente y más insidioso ataque realizado sobre el Crédito Social. El camino trazado se va volviendo claro y transparente, y bien podemos esperar la aparición de otros Gobiernos que sean elegidos a través de un espurio “Partido” de “Crédito Social” que se convierte al Socialismo. La Finanza no tiene reparo ninguno en aceptar todo eso: “¿Crédito Social? ¡bienvenido sea!”, bien podría exclamar Montagu Norman.

    (Que tomen nota, por favor, los Creditistas Sociales de Nueva Zelanda y otros)

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