Búsqueda avanzada de temas en el foro

Resultados 1 al 3 de 3

Tema: Entrevistas sobre Montejurra 76

  1. #1
    Martin Ant está desconectado Miembro Respetado
    Fecha de ingreso
    07 nov, 12
    Mensajes
    2,024
    Post Thanks / Like

    Entrevistas sobre Montejurra 76

    Fuente: España 21, Número 19, 15 – 30 Mayo 1976. Páginas 12 – 15.


    Entrevista Sixto Enrique Montejurra 76.pdf




    CON DON SIXTO DE BORBÓN, VEINTICUATRO HORAS ANTES DE SER EXPULSADO

    “NOSOTROS, NO DISPARAMOS”


    “Pretendíamos celebrar un acto exclusivamente religioso, pero se presentaron gentes que no tenían nada que ver con el Carlismo”. · “Ellos (don Javier, don Carlos Hugo y los suyos) no respetan los principios esenciales de nuestra ideología”. · “Yo estuve en la cumbre. Había niebla y se veía muy poco. Es todo lo que puedo asegurar”. · La entrevista se celebró en casa de don José Arturo Márquez de Prado.







    “… ¿Oye? Que don Sixto me ha dicho que tendrá mucho gusto en recibirte esta misma tarde o mañana por la mañana; cuando prefieras…”
    .

    Setenta y dos horas después de los trágicos sucesos de Montejurra, el periodista intentaba hacer comprender a un amigo carlista, próximo a don Sixto Enrique de Borbón, la urgente necesidad de que éste contase ampliamente su versión de los hechos –y también sus intenciones políticas– ante la opinión pública, puesto que su grupo se consideraba “inocente” y libre de toda responsabilidad en ellos. Inesperadamente, media hora más tarde, el amigo me anunciaba la entrevista exclusiva. Ningún otro periodista había conseguido llegar hasta don Sixto luego de los incidentes sangrientos, siempre celosamente guardado por sus partidarios. Ya en su “cuartel general”, por espacio de una hora larga, pude observar calma absoluta en el ambiente y en el ánimo de todos los presentes. Nada hacía suponer, en fin, que escasamente veinticuatro horas más tarde, don Sixto Enrique de Borbón iba a ser expulsado de España por orden del ministro de la Gobernación, don Manuel Fraga; ni que el dueño de la casa, don José Arturo Márquez de Prado, iba a ser detenido como presunto responsable de los hechos ocurridos en Montejurra.

    No era la primera vez que intentaba conseguir una entrevista con don Sixto. Hace tres meses, aproximadamente, cuando estuvo en Madrid por vez primera, con el objeto de empezar a reagrupar carlistas desperdigados por todo el país, disconformes con la línea política de don Carlos Hugo, mi amigo ya había logrado que don Sixto accediese a tales pretensiones. Pero solicitó las preguntas por escrito. Y después de reclamar sus respuestas en diversas ocasiones, finalmente el cuestionario no me fue devuelto.

    (Según ha podido saber esta revista, el grupo carlista en torno a don Sixto Enrique de Borbón viene funcionando desde finales del verano pasado, cuando él y José Arturo Márquez de Prado tomaron contacto en la zona levantina con algunos carlistas perdidos.)


    HAY MUCHO QUE CONTAR DEL PASADO

    Don Sixto nos esperaba en casa de don José Arturo Márquez de Prado, donde habitualmente reside cuando está en Madrid, aunque también se ha hospedado en algún hotel de la capital. Es una residencia antigua y lujosa, que hace esquina entre las calles General Sanjurjo y Modesto Lafuente. En seguida nos recibió el señor Márquez de Prado: “Pasen, pasen. Su Alteza los atiende ahora mismo. Tendrán que disculparme, pero yo salía en este momento”. Y esperamos en un amplio salón, lujosamente adornado con objetos que aparentan gran valor, al gusto antiguo. La casa estaba llena de gente.

    Acompañando a don Sixto, también estuvieron presentes en la charla Juan Sáenz Díez, que fue intendente de la Junta Nacional de Guerra Carlista en 1936 y actualmente es el “jefe-delegado de la Comunión Tradicionalista”; Narciso Cermeño Garzón, que fue jefe del Requeté de Madrid y actualmente se encarga de organizar un poco las relaciones públicas del grupo; otro carlista próximo al dueño de la casa, cuya identidad no pude averiguar, y un chico joven que sirvió las bebidas, en todo momento pendiente de don Sixto; además de mi amigo “intermediario”, el fotógrafo y yo.

    En momentos tan delicados, todos los presentes hicieron ver al periodista la necesidad de un cuestionario a responder por escrito, “para medir bien las palabras”. Y llegamos a un acuerdo: “Mañana por la mañana, a primera hora, usted nos trae las preguntas, y por la tarde, nosotros se las devolvemos ya contestadas… Sí, sí, hay mucho que contar del pasado. Usted pregunte lo que quiera: no hay preguntas indiscretas. Luego veremos si le podemos contestar a todo… Y ahora podemos charlar un rato, a condición de que no publique nada”. Fue una conversación “off the record”, en la que se habló un poco de todo. Pero la fulminante expulsión de don Sixto –que no tuvo tiempo de responder a mis preguntas– confirió un gran valor periodístico a sus declaraciones de aquella tarde. Y por eso he querido recordarlas, en la seguridad de que todos los allí presentes, especialmente don Sixto, sabrán comprender la necesidad informativa de su publicación.

    Don Sixto Enrique de Borbón aparenta unos treinta y tres años, estatura mediana, delgado, impecablemente vestido y haciendo gala de una amabilidad exquisita. Habla muy bajito, expresándose correctamente en castellano, con el característico acento francés. Casi siempre sonríe y sigue con interés la conversación. Cuando se dirigen a él, todos los presentes le dan tratamiento de “Su Alteza”. Y al referirse a su padre o a su hermano, en alguna ocasión, los tratarán como “don Javier” y “don Carlos”.


    UN ACTO EXCLUSIVAMENTE RELIGIOSO

    Paradójicamente, empezó interrogándome él. Se interesó por el periodismo español y el papel que estaba jugando la publicidad en su financiación. Satisfecha su curiosidad, en seguida le pregunté sin rodeos por su versión de los trágicos sucesos de Montejurra, que fue narrando poco a poco.

    Todo ha sido muy lamentable. Y, desde luego, no somos responsables de lo ocurrido… Nosotros pretendíamos celebrar un acto exclusivamente religioso, en memoria de los caídos. Pero allí se presentaron gentes que no tenían nada que ver con el carlismo…

    Efectivamente –corroboró el señor Sáenz Díez–. Cualquiera sabe que el pueblo carlista es muy religioso y ninguno de nosotros sería capaz de pronunciar todas esas blasfemias que se oían en el monte. Mucha gente que rezaba junto a las cruces fue bárbaramente insultada… ¿Qué filiación tenían quienes lo hicieron? Bueno, un amigo mío, al que le gusta meterse en todo, me contaba que pudo detectar la presencia de gentes de ETA, del Partido Comunista, del Partido del Trabajo y demás. Y yo me pregunto qué hacían esas personas, reconocidos ateos, en una celebración religiosa…

    Conste que eso no lo decimos solamente nosotros, sino que es algo de dominio público –aclaró el señor Cermeño Garzón–. El llamado Partido Carlista había convocado a todas esas organizaciones ilegales. Luego, la prensa dio cuenta de un comunicado firmado por todas ellas. Así que la cosa está bastante clara.

    El grupo que rodeaba a don Sixto parecía muy tranquilo. No daban la impresión de estar excesivamente preocupados por las muertes de Montejurra, descargando responsabilidades en la “infiltración marxista” e insistiendo en sus propósitos exclusivamente religiosos.

    Para ellos, la cuestión de fondo gira en torno a los principios fundamentales del carlismo: quiénes pueden y quiénes no pueden denominarse carlistas.


    QUE NO SE LLAMEN CARLISTAS

    Ellos no son carlistas –me explicó don Sixto–. Los principios esenciales del carlismo, fundamentados en el ideario “Dios, Patria, Fueros, Rey”, siempre han sido los mismos: Confesionalidad católica. Defensa de los Fueros. Constitución orgánica de la sociedad. Proclamación del principio monárquico. Y vigencia política de la tradición española. Nadie que haya renunciado a ellos puede pretender llamarse carlista… Yo no critico su ideario político, cualquiera que sea. Solamente digo que no es carlista. Que se denominen como quieran, menos carlistas, porque no lo vamos a tolerar.

    Don Sixto nunca dijo “Partido Carlista”, ni tampoco nombró a don Carlos Hugo o a don Javier. Siempre se refirió a “ellos” …

    Ellos no respetan los principios esenciales –continuó diciendo–. Últimamente, han dicho, por ejemplo, que el carlismo nunca ha sido monárquico. ¡Resulta inconcebible que después de afirmar tal barbaridad, sigan intentando llamarse carlistas! Porque sin el principio monárquico, el carlismo carecería de sentido.

    Por otro lado, el carlismo es mucho más flexible y mucho más abierto de lo que ellos pretenden hacer ver. Para nosotros resultan fundamentales esos principios que anteriormente enumeré. Pero luego dejamos una libertad total para las demás cuestiones. Cada cual decide lo que mejor le parezca, aceptando voluntariamente nuestra Comunión Tradicionalista. En cambio, ellos han tenido que recurrir a la disciplina de un “partido”.


    EN EL MONTE HUBO MUCHA CONFUSIÓN

    Los acompañantes de don Sixto echaron la vista atrás y recordaron múltiples detalles y anécdotas, que ratificaban las últimas palabras de “Su Alteza”. Quizá se les escapó alguna “indiscreción”. Y al darse cuenta, una vez más me rogaron discreción.

    Ninguno de nosotros conseguimos explicarnos la evolución de don Carlos Hugo –comenta el señor Sáenz Díez–. No sé, no sé… ¡Han podido intervenir tantos factores!

    Lo cierto es que don Carlos Hugo, hasta hace muy pocos años, era un hombre de ideas “cerradas” –terció el señor Cermeño Garzón–. Por ejemplo, siendo yo jefe del Requeté de Madrid, en alguna ocasión recibí personalmente órdenes suyas que nos resistíamos a cumplir, porque nosotros éramos mucho más “abiertos” …

    La charla fue animándose progresivamente, llegando a entremezclarse varias conversaciones. En uno de estos momentos pregunté a don Sixto qué había pasado en la cumbre de Montejurra y quién efectuó los disparos que mataron a un joven y causaron varios heridos.

    Efectivamente, yo estuve en la cumbre –me dijo–. La verdad es que había mucha niebla y se veía muy poco: no más allá de siete u ocho metros. No sé quién hizo los disparos. Desde luego, NOSOTROS NO FUIMOS. NO FUIMOS. Repito que la visibilidad era escasa y se produjeron momentos de gran confusionismo. Esto es todo lo que puedo asegurar.


    PRONTO SEREMOS MUCHOS

    Antes de despedirnos, el señor Cermeño Garzón esbozó ligeramente sus propósitos cara al futuro más inmediato.

    Hace tiempo que los verdaderos carlistas habíamos dejado de acudir a Montejurra, porque lo que algunos celebraban allí no tenía nada que ver con el auténtico sentir del pueblo carlista. A partir de ahora, nosotros esperamos reagrupar en poco tiempo a los muchos carlistas desperdigados por todo el país… De momento, puede decirse que toda la clase intelectual del carlismo –o sea, la gente de estudios medios o superiores– está con don Sixto. Mientras que don Carlos Hugo cuenta con el apoyo del campo navarro, que tiene muy poca cultura, sigue apegada a la tradición y no se atreven a contradecir la abdicación de don Javier, aunque en su interior sientan que don Carlos Hugo no representa su carlismo.

    Ya en la puerta, recordamos lo pactado:

    Mañana por la mañana, a primera hora, usted nos trae las preguntas, y por la tarde, nosotros se las devolvemos ya contestadas”. Y una súplica amigable: “¡A ver si son ustedes fieles a nuestras ideas! Por lo pronto, les honra el hecho de haber venido a escuchar”.


    SORPRESA POR LAS DETENCIONES

    A las diez de la mañana del día siguiente dejé en casa del señor Márquez de Prado un cuestionario con 25 ó 30 preguntas. Desde las causas y responsabilidades históricas de la actual división del carlismo hasta la situación política española, pasando por los supuestos contactos o identificaciones con organizaciones de extrema derecha y propósitos futuros; todos los interrogantes que ahora mismo están en la calle y tiene planteados el carlismo quedaban apuntados. Una señora recogió el sobre y la casa estaba tranquila, sin que nada hiciese suponer las “sorpresas” del atardecer.

    Cuando a las seis y media de la tarde llamé para recoger las respuestas, una voz masculina me dijo: “Dicen los señores que el cuestionario no estará contestado hasta mañana; que habían quedado así”. A las siete y a las ocho de la tarde volví a insistir, con el objeto de hablar con alguno de los presentes en la reunión anterior y hacerles ver que no estaban cumpliendo lo acordado. Pero ninguno se quiso poner al teléfono. Finalmente, la misma voz masculina sentenció: “El señor Cermeño Garzón tendrá mucho gusto en atenderle mañana por la mañana”.


    EXPULSIÓN DE ESPAÑA

    Y a la mañana siguiente, los periódicos daban la noticia: don Sixto Enrique de Borbón había sido expulsado de España a las nueve de la noche del día anterior. Y don José Arturo Márquez de Prado fue conducido a la Dirección General de Seguridad, como presunto implicado en los sucesos de Montejurra.

    En casa de este último, “cuartel general” de don Sixto, nadie atendía el teléfono, que sonaba insistentemente. Por fin conseguí ponerme en contacto con el señor Cermeño Garzón, quien confirmó mis sospechas:

    ¡Ya se puede imaginar cómo estamos!... No, Su Alteza no dejó contestado su cuestionario. Creo que se llevó todos los papeles… De momento, no puedo decirle nada más, entre otras cosas, porque no tengo poder para ello.

    Una vez más –la segunda– se había frustrado la entrevista con don Sixto Enrique de Borbón. Pocas horas después, mi amigo carlista me aseguraba que “Su Alteza” empezó a contestar mis preguntas aquella misma tarde, alrededor de las cuatro.

    (Según ha podido saber esta revista, José Arturo Márquez de Prado es un hombre sin problemas económicos, con fincas en Extremadura y una empresa de juguetes, que distribuye en exclusiva para España determinadas marcas extranjeras. Fue jefe nacional de Requetés, hombre amante de la disciplina rígida y partidario de mantener estructurados los “cuadros” carlistas. Don Carlos Hugo, contrario a este tipo de organización, lo destituyó. Y el señor Márquez de Prado se marchó a su casa.

    Fuentes cercanas al grupo carlista de don Sixto también han señalado a esta revista que José Arturo Márquez de Prado es el hombre más cercano a “Su Alteza” don Sixto, acompañándole prácticamente en todos sus recientes viajes por España, con el fin de tomar contactos y empezar a reorganizarse, puesto que en la actualidad casi carecen de estructuración interna.

    Por último esta revista ha escuchado en círculos próximos al señor Márquez de Prado, que, enterado de las acusaciones públicas formuladas contra él, como responsable de los sucesos de Montejurra, por José María de Zavala, secretario del Partido Carlista, el señor Márquez de Prado había hecho las consultas oportunas con el propósito de querellarse contra el autor de tal denuncia.)


    SEGUIREMOS ADELANTE

    Luego de conocerse la expulsión de don Sixto y la detención del señor Márquez de Prado, el periodista conversó personalmente con don Juan Sáenz Díez, en estos momentos máximo responsable del grupo de don Sixto en España, por su condición de jefe-delegado de la Comunión Tradicionalista. El señor Sáenz Díez se encontraba visiblemente emocionado y nervioso. Todavía no sabía qué postura iba a tomar su gente, “porque yo siempre he meditado un poco las cosas, antes de tomar una decisión”.

    Lo cierto es que todo ha sido una gran sorpresa. De ninguna manera podíamos esperar una reacción semejante… No, yo no estaba en casa del señor Márquez de Prado cuando se produjo su detención. La última vez que los vi fue anteayer, igual que usted, cuando celebramos la entrevista… Por supuesto, el señor Márquez de Prado no ordenó disparar a nadie en Montejurra. Ni siquiera llevaba pistola… A mí, todas esas informaciones publicadas en la prensa sobre lo ocurrido en el monte me parecen muy confusas. Desde luego, las cosas no están nada claras… Esas declaraciones del señor Fraga no me han gustado demasiado. Porque se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con nuestros ideales, pero reducirlo todo a una lucha entre “personajillos”, como él ha dicho, no me parece muy acertado… En fin, esto es un bache más; desde luego supone un duro golpe para nosotros. Sin embargo, don Sixto es un hombre que no se desanima fácilmente. Y por mi parte, aquí estoy, dispuesto a comprometer mi nombre y mi persona hasta donde sea preciso.




    Texto: Rafael L. TORRE

    Fotos: Novelty ALONSO

    Caricatura: Carlos RUBIO

  2. #2
    Martin Ant está desconectado Miembro Respetado
    Fecha de ingreso
    07 nov, 12
    Mensajes
    2,024
    Post Thanks / Like

    Re: Entrevistas sobre Montejurra 76

    Fuente: Semanal Diario 16, Número 123, 29 Enero 1984. Páginas 266 – 267.




    José Arturo Márquez de Prado, organizador de los «sixtinos»


    «Alguien del Gobierno Arias nos ofreció dinero para Montejurra»


    Uno de los principales implicados en el sumario de Montejurra, José Arturo Márquez de Prado, que pasaba por ser el organizador de la facción de Sixto, confirma aquí que el Gobierno estaba detrás de los sucesos de Montejurra-76. Aunque trata de esquivar todas las preguntas de esta entrevista, Márquez de Prado llega a confesar que desde el Gobierno Arias se le ofreció dinero para la operación. Ofrecemos con esta entrevista el testimonio de los «sixtinos», a pesar de que algunas de sus afirmaciones sean ilógicas. Márquez de Prado afirma, por ejemplo, que Marín García Verde, que fue procesado por el asesinato de Aniano Jiménez, disparó al aire, cuando hay fotografías (ver páginas 264 y 265) del momento en que dispara contra su víctima.






    «Hay la posibilidad de sacar dinero para ir a Montejurra.» Estas fueron las palabras que un miembro del Gobierno de Arias dijo a José Arturo Márquez de Prado poco antes de los sangrientos sucesos del 9 de mayo de 1976 en la reunión carlista de Montejurra. Márquez de Prado, conocido como Pepe Arturo, fue encarcelado dos [sic] días después de los hechos y amnistiado posteriormente en 1977, sin que llegase a verse la vista oral del juicio.

    Yo le dije que muchas gracias, pero que nosotros siempre habíamos ido con nuestros propios medios, y que aquel año pensábamos hacerlo así. Esta persona también me dijo: «Veremos este año quién manda en Montejurra.»

    – ¿Quién le ofreció ese dinero?

    Eso ya… yo no quisiera…

    Lo que sí quiere dejar claro es que aquel año en Montejurra «alguien tuvo la intención de “cargarse” el carlismo, el de Carlos Hugo y el de Sixto, desprestigiarnos a todos. Fue un complot, una encerrona».

    – ¿De quién?

    Yo no lo sé.

    – Pero tendrá usted alguna idea.

    No.

    – Alguna sospecha.

    Honradamente, no se lo puedo decir. Le digo que sí es cierto que desde el Movimiento a nosotros se nos ofreció dinero para ir a Montejurra.

    – ¿Qué objetivo tenía esta oferta del Gobierno?

    Facilitar el acto de Montejurra.

    – ¿Con qué intenciones?

    Bueno, las intenciones eran simplemente hacer un acto carlista. Lo que pasó fue sorpresivo para todos los que intervinimos sin comerlo ni beberlo, y sin saber lo que podía haber en la trastienda. Que la hubo, estoy convencido de que la hubo.

    – Pero ustedes sabían que se produciría un enfrentamiento, sobre todo después de la ruptura entre don Carlos Hugo y don Sixto el verano anterior, y siendo ésta la primera vez que don Sixto acudía a Montejurra.

    Piense usted que por ejemplo don Sixto no vive en España. Yo, por mi parte, estoy casi siempre en Extremadura. No teníamos ninguna clase de información.

    – ¿No pensaban que podían producirse enfrentamientos?

    No. Para nosotros fue deslumbrante lo que dijo la Prensa de que diecisiete organizaciones de izquierda iban a estar presentes. Eso para mí era delirante. Podía haber enfrentamientos, claro, pero normales, porque desde que yo vivo el tradicionalismo no he visto una cosa parecida a lo que pasó allí.

    – Y sin embargo surgieron las pistolas e incluso una ametralladora. Se encontraron en el monte casquillos y una caja de munición militar.

    Eso ni idea, porque yo no volví por allí. Tampoco sé quién o quiénes dispararon y pienso que nunca se llegará a saber.

    – ¿Conoce usted al hombre de la gabardina?

    Sí, mucho. Mucho, es amigo mío.

    José Luis Marín García Verde. Aparece en las fotografías de los hechos disparando.

    Sí, dispara. Dispara. Este es un hombre, comandante retirado del Ejército. Tenía derecho a llevar armas y a usarlas. Usted me pregunta cuál es mi impresión: pues es un hombre que no mata a nadie, no mata ni a una mosca. Esa es mi convicción, porque cuando llegamos abajo me dijo: «Ha habido un muerto abajo. Yo he disparado, pero he disparado al aire.» Cosa que creo, conociendo al personaje, este hombre que ve que se le viene encima una avalancha de gente, dispara al aire y luego resulta que desaparecen todas las pruebas primeras.

    – Pero en la secuencia de fotografías él no está disparando al aire. Está apuntando con la pistola directamente a Aniano, y éste está ya doblado por el impacto de la bala.

    No, no. Yo tengo amigos abajo, amigos que están con él, con José Luis, y que me dijeron: «José Luis no ha sido.» A mi juicio, y según los testigos que estaban abajo, hubo varios disparos más. Por lo visto fue, como decimos en Extremadura, un batiburrillo, un jaleo enorme de palos, de bofetadas, de mezcolanza de gente.

    – ¿Entonces usted cree que los partidarios de don Carlos Hugo llevaban pistolas y dispararon contra uno de los suyos?

    Yo no digo eso. Según la Prensa había diecisiete organizaciones de izquierdas. Es muy extraño. Lo que sí quiero decir es que el hombre de la gabardina, José Luis, es una persona buena y honesta, incapaz de hacer una porquería. Ha sufrido mucho, le han perseguido con pintadas, con insultos y anónimos amenazantes en su casa. Lo ha pasado muy mal.

    – Ese año, en Montejurra, también había personalidades destacadas de la extrema derecha.

    No fueron con nosotros. Yo sé que fueron, pero no con nosotros.

    – ¿Pero iban apoyando a don Sixto?

    Yo creo que aquello fue una maniobra global. Todo el mundo fue a tratar de sacar partido. La ultraderecha, que estaba allí, querían identificarnos a nosotros con ellos, nos querían meter en un Movimiento Nacional con el que nosotros no estuvimos nunca de acuerdo, como tampoco lo hemos estado con la izquierda.

    Sin embargo, Pepe Arturo se separa de don Sixto nada más salir de la cárcel en libertad condicionada, tras ocho meses de prisión.

    Durante ese tiempo, don Sixto ha pactado con la ultraderecha, a la que yo me opongo totalmente. Don Sixto pacta con Fuerza Nueva y Falange, y yo me retiro de la política activa. Desde entonces apenas he vuelto a saber nada de don Sixto.

    – ¿Cuál era la posición de don Sixto en mayo de mil novecientos setenta y seis?

    Yo diría que clásica y ortodoxa. Yo me había separado de Carlos Hugo porque entendía que aquello que estaba haciendo no era carlismo. Entonces, don Sixto, desde hacía varios años, estaba tratando de levantar bandera de ortodoxia. El verano de mil novecientos setenta y cinco se produce la ruptura entre los hermanos.

    – ¿Cómo se organizó el grupo alrededor de don Sixto?

    A través de avisos elementalísimos entre las personalidades que habían sido de la Comunión Tradicionalista: vamos a Montejurra el día nueve porque tratamos de hacer un acto tradicionalista. Por nuestra parte, fue algo totalmente deslavazado, con una gran penuria de medios. Se trataba de ir, de una manera completamente empírica, a una concentración a la que se trata de dar un tono realmente clásico, y nos encontramos con que hay una encerrona tremenda.

    – ¿Ingresó José María de Araluce cuarenta y dos millones de pesetas en el Banco Guipuzcoano a su nombre y al de José Luis Zamanillo?

    Zamanillo era un gran amigo mío, pero en ese momento nuestras posiciones eran encontradas, porque él colaboraba con el régimen. Yo leí en la cárcel esta acusación, que es completamente incierta. A Araluce no le he conocido nunca.

    – ¿Asistió usted a unas supuestas reuniones preparatorias de Montejurra, a las que al aparecer asistió el entonces ministro de Gobernación, Manuel Fraga, y el director de la Guardia Civil, Campano?

    No. Yo era la figura más cercana a don Sixto entonces y no creo que se produjese ninguna entrevista sin que yo lo conociera.

    Para José Arturo Márquez de Prado los hechos de aquel 9 de mayo fueron muy «simples». «Recuerdo que me levanté a las siete y a las nueve subí al monte con Francisco Carrera, que luego estuvo también en la cárcel. Había mucha niebla, no se veía a diez pasos. Allí estaban unas treinta y tantas personas, muchos chicos jóvenes que yo no conocía. Pasó el tiempo y sobre las doce y media, cuando estábamos esperando que subiera don Sixto, porque todo aquel montaje de megafonía y demás era para él, pues de repente, al lado nuestro, comienza un tiroteo fuerte. Cerca nuestro, en una quebrada. Había tanta niebla que no pudimos ver absolutamente nada. Se oían voces, la gente que subía, los tiros. No es cierto lo que se me atribuyó en el sentido de que yo dije: “¡No disparéis!”, por que entre otras cosas la gente que estaba con nosotros no disparó, nadie tenía armas. Los chicos jóvenes que estaban con nosotros no dispararon en absoluto.

    Después de los tiros –continúa– subió don Sixto. No hubo acto. Don Sixto trató de hacer un pequeño discurso. Dio la orden de bajar. Nos fuimos todos por el camino de los Cañones, no por donde subía la gente. Pasamos varios controles de la Guardia Civil, que no nos dijeron nada, y llegamos al hostal Iratxe, donde nos enteramos de que había un muerto arriba y un herido abajo. Sobre las cuatro y media de la tarde cogimos un coche y nos volvimos tranquilamente a Madrid.»

    – ¿De dónde partían exactamente los tiros?

    Es difícil de explicar si no es in situ. Era a la derecha nuestra, donde comienza una cresta hacia la bajada, allí es donde se inició el tiroteo.

    – ¿Tiene usted alguna idea sobre el tema?

    ¿Idea subjetiva? Nosotros pensamos que aquél fue un acto provocado.

    – ¿Por quién?

    Nosotros pensamos que por la izquierda y, claro, la izquierda pensará que por la ultraderecha.

    – Entonces usted piensa que son infiltrados, pero, ¿de quién? ¿Incontrolados?

    Yo no los llamaría incontrolados. Yo creo que aquello fue una operación en la que se nos quiso cazar a una serie de gente. Creo que fue algo perfectamente meditado y estudiado. De sus orígenes no le puedo decir nada. El problema es indescifrable para nosotros y no sé si se llegará a saber algún día quién, a cincuenta o sesenta metros nuestros, soltó ráfagas de metralleta. Se habló de que había una ametralladora. Increíble.

    – Sin embargo, todo le parece una cosa muy «simple».

    Yo recuerdo la polvareda que se armó, dos años hablando de este tema, cuando nosotros somos cuatro locos, y ¿qué ha pasado aquí?

    – Luego usted pasó ocho meses en la cárcel.

    Sí, sin comerlo ni beberlo, porque no hubo ni un solo testigo que nos viera con pistola ni que nos acusara concretamente de nada. Hubo gente de Carlos Hugo que subió y luego declaró que sí, que yo estaba allí, que Pepe Arturo era ese señor, pero de pistolas, nada.

    – ¿Cuándo le detuvieron?

    Cuatro días después, aquí mismo, en casa, con don Sixto. Comprenda usted que si yo hubiera tenido algún compromiso con el tema a mí no me cogen en casa. El día que vinieron yo había salido y, al volver, un amigo que me esperaba en el portal me dijo: «No subas, que está la Policía.» Pero yo no tenía por qué esconderme. Subí a casa y me detuvieron.

    – ¿Cuál era exactamente la acusación contra usted?

    De organizador de la parte de don Sixto. Desde el punto de vista jurídico creo que yo no debía haber estado más de siete días en la cárcel, incluso con la tramitación que hubo, en la que se decía que yo podía haber sido el de los disparos.


    Beatriz Andrada

  3. #3
    Martin Ant está desconectado Miembro Respetado
    Fecha de ingreso
    07 nov, 12
    Mensajes
    2,024
    Post Thanks / Like

    Re: Entrevistas sobre Montejurra 76

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Fuente: Brújula, 21 – 26 Junio 1976, número 36, página 47.



    CARTA A “LE MONDE”


    Don Sixto Enrique aclara los hechos

    HOCES Y MARTILLOS, PUÑOS EN ALTO Y BANDERAS ROJAS DENUNCIAN LA INTROMISIÓN COMUNISTA



    EL PRÍNCIPE SIXTO ENRIQUE DE BORBÓN PARMA, HERMANO MENOR DEL PRÍNCIPE CARLOS HUGO, PRETENDIENTE CARLISTA AL TRONO DE ESPAÑA, HA DIRIGIDO AL DIARIO FRANCÉS LA SIGUIENTE CARTA:


    He sido puesto en entredicho por el corresponsal de «Le Monde» en sus crónicas de los días 11, 12, 13 y 18 de mayo, a raíz de los sucesos ocurridos el 9 de mayo en Montejurra; y de nuevo en la del día 19 del mismo mes. La versión que se intenta dar por buena, en la que se alude a un grupo agredido y obligado a defenderse de los organizadores de una emboscada, ha sido recogida de un modo tendencioso. Quienes me acompañaban son presentados como un «comando de asesinos». El 21 de mayo, por último, un comunicado del pretendido «Partido Carlista», uno de los disfraces que adopta la revolución que se quiere hacer estallar en España, ha vuelto a difundir esta versión inexacta del drama del 9 de mayo de 1976. Me veo, pues, en la obligación de pedirle tenga a bien publicar por medio de esta carta la relación verídica de los acontecimientos, de los cuales yo he sido testigo y protagonista; y primeramente recordar el porqué de este enfrentamiento.

    La peregrinación a Montejurra constituye una de las principales manifestaciones del carlismo. Su santuario y Vía Crucis conmemoran en el corazón de Navarra a los requetés muertos en el curso de la guerra civil por la defensa de los ideales tradicionalistas: «Dios, Patria, Fueros y Rey».

    Ahora bien, desde hace algunos años esta ceremonia ha sido motivo de declaraciones en las que se exalta un marxismo demagógico y oportunista, del cual fueron víctimas aquellos mismos a los que se rinde honores en el mismo lugar y ocasión. Es por ello que la Comunión Tradicionalista y yo mismo decidimos restaurar con nuestra presencia la genuina significación de esta conmemoración. Con este espíritu y sin otras intenciones, nos dirigimos con nuestras banderas y nuestros cantos al punto de reunión, con el fin de asistir a la misa. Fuimos atacados inmediatamente a pedradas, a garrotazos y con mangos de picos por manifestantes agrupados tras banderas rojas, los cuales actuaban con toda impunidad, apuntando sus armas contra nosotros. No obstante, yo, acompañado de algunas decenas de requetés tradicionalistas, logré llegar a la cripta situada en la cima de la montaña, para recibir al cortejo religioso.

    Fuimos de nuevo atacados por centenares de manifestantes que ascendían a la montaña, con el puño en alto y las armas en la mano, dando claras muestras de sus intenciones agresivas. Es entonces cuando se oyeron disparos en la niebla. Ésta es la razón por la cual no nos fue posible identificar a los autores de esta breve fusilería.

    Mis amigos, que en aquel momento me rodeaban, algunos de los cuales fueron detenidos después basándose en falsos testimonios, hubieran podido invocar la legítima defensa para hacer frente a la provocación. Pero yo afirmo solemnemente que ninguno de ellos hizo uso de las armas.

    Quiero expresar, por tanto, mi asombro al ver que se presentan, por parte de la Prensa española y francesa, como perturbadores y agresores precisamente a aquéllos que, por el contrario, defienden la paz civil en España y sienten profundo respeto por el orden público. Sobre los que hay que cargar la entera responsabilidad de este enfrentamiento y de sus víctimas es sobre aquéllos que de forma deliberada han profanado la peregrinación y renegado de los ideales del carlismo.

    Desde hace ciento cuarenta años, los carlistas se han batido a lo largo de tres guerras civiles y más aún durante la de 1936 para defender los ideales tradicionales españoles de Dios, Patria, Fueros y Rey, principios que, por delante de cualquier otro, la dinastía que los representa está obligada a respetar, pues en la tradición monárquica española la lealtad para con el Príncipe está subordinada a la lealtad de éste a los principios de la Causa.

    Estos ideales, que son la razón misma del carlismo, son los que los dirigentes del llamado Partido Carlista se niegan a respetar, mientras que con artes demagógicas intentan dirigir el carlismo hacia una izquierda irresponsable, renegando punto por punto de sus principios esenciales, valiéndose para ello incluso de aquél que debería encarnar su legitimidad de ejercicio en el marco de la dinastía carlista:

    – Declarando que se puede ser a la vez ateo y carlista, lo que va contra el principio de confesionalidad de la Comunión Tradicionalista Carlista: Dios.

    – Reclamando el año pasado a todos los Gobiernos del mundo el bloqueo contra España, lo cual va en contra del principio de la defensa de la nación: Patria.

    – Proponiendo la autodeterminación de todas las regiones de España (para no hablar de su alianza con la ETA), lo que va en contra del principio foral, lo cual no tiene nada que ver con ninguna de las veleidades separatistas: Fueros.

    – Afirmando que le es indiferente el régimen monárquico o republicano y que la única manera de legitimar un régimen es por medio del sufragio universal directo, lo que va contra el principio de la exclusividad monárquica, función que, de acuerdo con la tradición carlista, debe ser popular pero no democrática, social pero no socialista, y que no puede ser el resultado del sufragio universal concebido como la única fuente legítima del poder: el Rey.

    Ante esta actitud negativa, la mayoría de los carlistas se han vuelto hacia mí, a fin de no encontrarse apartados de la dinastía a la que siempre han seguido. Es, en efecto, un acto de despotismo contrario a las tradiciones monárquicas españolas el pretender obligar a los suyos a preferir la fidelidad a la persona, a la fidelidad a los principios, y llevar su cinismo hasta el punto de proteger la primera contra la segunda.

    No se trata, por consiguiente, de dos facciones, sino de una confrontación entre el carlismo auténtico y un pretendido movimiento socialista-carlista. La presencia de hoces y martillos pintados sobre los crucifijos, de banderas rojas, la participación en Montejurra de la Organización Revolucionaria del Trabajo (ORT), del movimiento Comunista de España (P.C.E.), del Partido Comunista de Euzkadi e incluso del Frente Polisario (!), demuestran que aquél que tenía el derecho y el deber de representar y defender los principios tradicionalistas carlistas españoles ha elegido deliberadamente no volver a encarnarlos nunca más.

    La legitimidad de mi actuación, junto con la Comunión Carlista, refleja, pues, la necesidad y la obligación de mantener los auténticos principios del Carlismo, por el honor de los que murieron en su defensa y para configurar el porvenir de España.

Información de tema

Usuarios viendo este tema

Actualmente hay 1 usuarios viendo este tema. (0 miembros y 1 visitantes)

Temas similares

  1. Respuestas: 0
    Último mensaje: 02/06/2016, 23:18
  2. Montejurra-76
    Por Tradición. en el foro Historia y Antropología
    Respuestas: 19
    Último mensaje: 13/06/2015, 19:56
  3. Las entrevistas entre el Rey Carlos VII e Isabel
    Por Martin Ant en el foro Historiografía y Bibliografía
    Respuestas: 0
    Último mensaje: 02/10/2013, 13:49
  4. Montejurra en el No-Do
    Por Hyeronimus en el foro Historiografía y Bibliografía
    Respuestas: 0
    Último mensaje: 07/03/2013, 18:50
  5. Montejurra 76
    Por Lo Regne en el foro Historia y Antropología
    Respuestas: 2
    Último mensaje: 07/08/2008, 22:22

Permisos de publicación

  • No puedes crear nuevos temas
  • No puedes responder temas
  • No puedes subir archivos adjuntos
  • No puedes editar tus mensajes
  •