Damnatio memoriae es una locución
latina que significa literalmente «condena de la memoria». Era una práctica de la
antigua Roma consistente en, como su propio nombre indica,
condenar el recuerdo de un enemigo del Estado tras su muerte. Cuando el Senado romano decretaba oficialmente la damnatio memoriae, se procedía a eliminar todo cuanto recordara al condenado: imágenes, monumentos, inscripciones, e incluso se llegaba a la prohibición de usar su nombre. Muchos emperadores también se vieron afectados por esta práctica.
La fórmula
Damnatio memoriae es un término moderno que no era utilizado en la Antigüedad. El primer documento académico del cual tenemos noticia en donde se utiliza dicha expresión data de 1689 y es una tesis jurídica escrita en Leipzig por Christoph Schreiter intitulada
De Damnatione Memoriae.
[1]
Prácticas similares en otros momentos históricos
El
faraón de la
Dinastía I de Egipto,
Semerjet, borró todos los datos de su predecesor,
Adyib, borrando su nombre de archivos y
monumentos. En el caso
egipcio, destruir el nombre de un muerto resultaba una agresión especialmente dañina, al perjudicar la estancia del difunto en el
país de los muertos tras el
Juicio de Osiris.
Los testimonios de la Reina faraón
Hatshepsut (ca. 1490–1468 a. C.) fueron sistemáticamente borrados, tras su fallecimiento, por su sobrino y sucesor
Tutmosis III debido a la presunta usurpación del trono por parte de Hatshepsut.
Cuando el pastor
Eróstrato incendió el
Templo de Artemisa en
356 a. C. para convertirse en personaje famoso, los gobernantes de
Éfeso procuraron desalentar en el futuro semejantes actos y por ello decretaron que el nombre de Eróstrato fuera borrado de todo recuerdo humano y que jamás debía ser mencionado, ni registrado en documento alguno, bajo pena de muerte.
En
897, el
papa Esteban VI aplica la
damnatio memoriae a su antecesor, el papa
Formoso durante el “Concilio cadavérico”, “Sínodo del terror” o "Sínodo del cadáver". El cadáver de Formoso fue desenterrado, vestido con los ropajes clericales y sometido a un
juicio, en donde fue declarado culpable de diversos delitos. Como resultado, sus decretos y ordenaciones fueron declaradas inválidas, los tres dedos de su mano con los que impartía la bendición fueron cortados y su cadáver arrojado al
Tíber, decretando Esteban VI que Formoso debía ser considerado como si jamás hubiera ejercido el pontificado (luego, el cadáver fue rescatado de las aguas por un monje).
En 1355 el
dux veneciano
Marino Faliero intentó hacerse con el gobierno de la
República de Venecia mediante una revuelta armada contra sus instituciones políticas. La conspiración fue descubierta prontamente, por lo cual Faliero fue procesado y ejecutado por orden del
Consejo de los Diez. Tras su muerte, Faliero fue condenado a una efectiva
damnatio memoriae. En la
Sala del Maggior Consiglio, donde se colocaban retratos de todos los
dogos que gobernaron Venecia, su imagen fue cubierta con un manto negro, en el cual se lee hasta la actualidad una inscripción en
latín:
Hic est locus Marini Falieri decapitati pro criminibus ("Este es el sitio de Marino Faliero, decapitado por sus crímenes").
En la
Unión Soviética, desde
1934 hasta
1953 el régimen de
Stalin tuvo la costumbre de practicar la
damnatio memoriae contra sus enemigos políticos, prohibiendo bajo severas penas toda mención de sus nombres y eliminando éstos de la prensa,
libros, registros históricos y documentos de archivo. Tal medida incluía a los escritos de tales personajes, los cuales eran sacados de la circulación y destruidos. Incluso las
fotografías oficiales resultaban
retocadas por la
censura del régimen para eliminar de allí a los "personajes incorrectos". Víctimas de esta práctica fueron
León Trotsky,
Nikolái Bujarin,
Grigori Zinóviev y muchos otros líderes políticos que en alguna ocasión cayeron en desgracia ante Stalin (como sus jefes de la
policía secreta,
Génrij Yagoda y
Nikolái Yezhov).
Tras el
golpe de Estado de
1955 en
Argentina contra
Juan Perón, el
régimen posterior prohibió que se mencionase públicamente el nombre del presidente constitucional derrocado, sea de modo verbal o por escrito. Los edificios públicos y demás lugares nombrados en homenaje a Perón y de su esposa
Eva Perón fueron cambiados de denominación. A Juan Perón no se lo mencionaba por su nombre en escritos oficiales, sino con la ofensiva denominación de "
el Tirano Depuesto".
[3]...
Marcadores