Maniobra judaica
El pensamiento español, Diario tradicionalista, 28 de febrero de 1920, p. 1.
“El Siglo Futuro”, en interesantes artículos, ha señalado la campaña judaica que, por lo visto, vuelve a iniciarse, después del fracaso de otra anterior, denunciada y clavada en un substancioso folleto publicado por profesores salmantinos.
Una Comisión hispano-hebrea llega a Madrid y forma una Junta, en la cual entran algunos, creyendo de buena fe que España va a ganar influencia en Marruecos haciéndose protectora de los judíos.
El doctor Pulido (que ya en otra ocasión quiso traernos a los judíos, apellidados sefarditas, de Salónica, vuelve, de acuerdo con sus fraternales amigos de los Estados danubianos, a la empresa, iniciando conferencias en el Ateneo con el fervor que podría tener un judío que se hubiese quedado rezagado en la península, aunque, según nuestras noticias, sin conquistar adeptos para su causa, pero sí para la encefalitis letárgica.
No tenemos hoy tiempo ni espacio para discurrir ampliamente sobre el asunto; pero sí queremos señalar algunos hechos, que servirán de punto de partida para tratar de la cuestión semita, sin la cual no puede ser comprendida la social ni la obra revolucionaria que agita al mundo hace más de un siglo:
Primer hecho. La logia masónica es el atrio de la sinagoga. De los consistorios israelitas ha salido la masonería, como lo demuestran con datos abrumadores, los historiadores modernos de la secta, y como lo revelan los símbolos, desde el templo, la hoja de acacia e1 triángulo, hasta los nombres que reciben los principales dignatarios de su jerarquía.
Segundo. El primer impulsor y director de la revolución universal, y en dos formas, al parecer opuestas, y, en realidad, convergentes, es el judaísmo. Todo el movimiento socialista, desde Carlos Marx y Fernando Lasalle, como el anarquismo comunista iniciado en la Internacional, es judío. Y judío es también, en su forma más opresora, el movimiento capitalista israelita, que, por medio de empréstitos usurarios, ha clavado sus garras en la hacienda de las principales naciones. Quebrantando a los Estados cristianos. por un lado, y saqueándolos por otro, se va preparando aquel mundo nuevo, edificado sobre las ruinas del actual, en que dominará el judaísmo, según su nueva concepción mesiánica, la de creer que el mismo pueblo proscrito es su salvador, y el que establecerá su imperio sobre todos los pueblos.
Tercer hecho. El judío no es productor, es intermediario; quiere más la propiedad mueble que la territorial, aunque acepte ésta para que la trabajen otros. Compra barato y vende caro, y agrava la cuestión social, que espera una de sus soluciones parciales en acercar al productor y al consumidor, como ya se intenta con instituciones poco extendidas, desgraciadamente. En España se ha calculado en más del 7 por 100 de la población el número de intermediarios. Una irrupción israelita agrandaría el mal y aumentaría todavía más el precio de las subsistencias.
Cuarto hecho: El mahometano y el judío se odian con odio invencible. El mahometismo es, como decían Leibniz y De Maistre, una heregía cristiana que no difiere, substancialmente, del Arrianismo. Reconoce la concepción inmaculada de la Virgen y considera a Jesucristo como el más grande de los profetas. Llegará a transigir y pactar con el Cristianismo; pero con el judío, jamás. El moro, que no es semita, sino de estirpe ibérica, es, entre los musulmanes, el que más odia al judío, al que dedica una hora al día recordando la usura y rapiñas de que es víctima.
Ponerse al lado de los judíos es ponerse enfrente de los moros y en vez de ganar en influencia sobre ellos, alejarlos de nosotros. Y todos los judíos dispersos por los pueblos musulmanes pertenecen, directa o indirectamente, a la “Liga Universal Israelita”, de que se sirve como instrumento poderoso, por medio de sus escuelas, el colonismo extranjero enemigo del nuestro.
Quinto hecho: En todos los pueblos que han padecido la influencia judía en la banca, en el comercio y la política, se ha iniciado una poderosa corriente antisemita para defender la independencia y la riqueza.
En Francia, ese movimiento ha producido una opulenta literatura, una legislación dura en Rumania, una hostilidad, que la guerra aumentó, en Hungría, en Austria, en Yugoeslavia. En Alemania, que ya se da cuenta de que el judaísmo, en la guerra y después de ella, es una de las principales causas de su mina, el odio crece en tales proporciones que hay fundados temores de que estalle en una hecatombe.
¿Y es ésta la hora qué han escogido los judaizantes españoles para hacernos el regalo de los sefarditas que detestan los países en que viven?
Un historiador liberal, D. Modesto La Fuente, y precisamente en un discurso defendiendo la tolerancia religiosa, llegó a decir que la expulsión de les judíos, hecha por los Reyes Católicos (un siglo justo después que los hubiese expulsado Francia), había sido una medida protectora, porque de no haberla decretado, lo probable es que en poco tiempo no hubiese quedado uno vivo o en condiciones de ser desterrado.
Y para demostrarlo, recordaba, aunque incompletamente, la disposición de unas Cortes de Valladolid (que algún día reproduciremos íntegras, para que enjuguen sus lágrimas con ella los que todavía lloran la expulsión), en la cual, los pobres procuradores castellanos piden a un rey ilustre, pero que lo hubiera sido más si no fuera tan judaizante, por el estado de su tesoro, que los judíos no cobrasen de interés ¡nada más que “el setenta por ciento”!, y no como venían cobrando ¡“el trescientos por ciento"!, dada la moneda de entonces.
Y el Rey accede a la petición, “¡pero sólo por un año y para Valladolid y su término”! Tenía razón La Fuente; la expulsión fue una medida protectora, y lo extraño es que tan espléndidos prestamistas hubieran llegado a tiempo de ser expulsados y no se hubieran quedado con los Intereses en el camino.
Una raza así es un refuerzo económico con el que no contábamos para equilibrar el Presupuesto nacional y el del Estado.
CRISPIN
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COMENTARIO
Este artículo siempre se cita por su opinión sobre los judíos y en particular por lo del "atrio de la sinagoga" referido a la masonería, cosa que no creo acertada. Pero el artículo suscita muchas reflexiones. Una de las cosas que llama la atención es el diferente tratamiento que hace de judíos y moros. A estos últimos Mella los ve más cercanos y yo diría que los trata exquisitamente para lo que estamos acostumbrados en estos tiempos, hasta el punto de sostener que es preferible llevarse mal con los judíos para llevarse bien con los musulmanes. Es la parte que he resaltado en negrita, pero, como decía, no es la única reflexión que podría suscitar el artículo.
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