Fuente: Región, 24 de Septiembre de 1977, página 13.
GRANDES VERDADES
VIOLACIONES, FEMINISMO, DEMAGOGIA, PORNOGRAFÍA, ABORTO Y DERRUMBE MORAL
UNA SITUACIÓN A LA QUE HAY QUE PONER REMEDIO SEA COMO SEA
POR J. E. CASARIEGO
Señoras Doña Begoña Sánchez y Dionisia García Llames.
Asociación Feminista de Asturias.– Oviedo.
Muy respetadas señoras:
Leí con la atención que ustedes se merecen la nota que, firmada por ambas, se publicó en la prensa de Oviedo el día 21-XI-77. Y suscribo cuanto dicen, que son verdades como puños, en este caso como puños crispados de humanísima indignación. Denuncian ustedes las tres repugnantes violaciones cometidas en Asturias en los últimos días, entre ellas la de una niña de nueve años. Y recuerdan los demás hechos semejantes ocurridos en estas mismas fechas en otros lugares de España, una de cuyas víctimas fue una obrerita catalana de diecisiete años, y una niña de corta edad en Valencia, ambas asesinadas después de ultrajadas por unos criminales que en cualquier sociedad justa sólo deben tener un fin: verdugo y garrote.
Sí, no hay duda que dicen ustedes grandes verdades y con toda razón piden que se haga justicia, justicia a secas, sin amnistías y esas morbosas complacencias con el crimen a que nos tienen acostumbrados nuestros delirantes chupópteros y epilépticos partidos políticos y nuestros débiles y catastróficos gobiernos.
Pero, con la misma razón, creo que debo hacer algunos comentarios a los antecedentes de los hechos que dieron lugar a la nota de ustedes:
1.º–, Desde hace algún tiempo se viene cultivando en España un movimiento llamado «feminista», que es, en realidad, antifemenino. Un «feminismo» demagógico, contrario a la propia naturaleza y misión de la mujer, a la que se pretende sacar del marco dentro del que la situó la propia naturaleza, que dio a la mujer una conformación psíquica y sobre todo física en su anatomía y fisiología, muy diferentes a la del varón; y puede afirmarse rotundamente, basándose en esas realidades físicas y psíquicas:
a) La mujer no es superior al varón.
b) La mujer no es inferior al varón.
c) La mujer no es igual al varón.
d) La mujer es distinta al varón.
Y porque la mujer y el varón son distintos, física y psíquicamente, hay funciones que son propias de las mujeres e impropias para los varones, y viceversa, que deben considerarse con posiciones jurídicas distintas. Esto, que es de derecho natural, fue admitido en la vida natural desde los primeros pasos de la sociedad humana, y, por ello, ya entonces mujer y varón hicieron un pacto lógico y basado en esa naturaleza y realidad. El varón era un ser más apto para la caza y ciertos aspectos de la lucha por la vida, y la mujer más apropiada para cuidar y formar la prole y regir el hogar. Y el hombre dijo: Yo cazaré para alimentarte a ti y a nuestros hijos y os defenderé siempre de todos los peligros. Y la mujer dijo: Yo mantendré el fuego del hogar y amamantaré, cuidaré y educaré a esos hijos para que sean nuestra prolongación y llenen la tierra y reinen sobre todos los seres que la habitan.
Luego, al correr milenario y zigzagueante de la Historia, llegaron varias veces épocas decadentes, blandas, demagógicas y pedantes, en las que se dio este pacto –y otras grandes verdades–, al olvido; y poco después surgieron las catástrofes que siempre han seguido a tales épocas como la sombra al cuerpo y al caldero la soga; castigo de la Divinidad a la humanidad ensoberbecida.
2.º–, El movimiento ideológico y social más puro y perfecto que ha existido en la Historia, fue el Cristianismo, aunque los cristianos tuviesen defectos humanos. El Cristianismo liberó a la mujer de los abusos del varón, o por lo menos lo predicó en su doctrina y en gran parte lo llevó a la práctica. Él igualó a la mujer y al hombre en la dignidad y participación de las cosas de la vida terrestre y escatológica, y sublimó a la mujer en la figura de la Virgen María, haciéndola Madre del Hijo de Dios.
3.º–, Al olvidarse todo esto, al caer en la demagogia pedante y contra-natura de los modernos y paradójicos movimientos «feministas», la mujer fue «sacada» del lugar en que la naturaleza la había colocado y entregada, en condiciones de desigualdad e inferioridad, a la lucha con los varones en las cuestiones que no eran propias de su sexo. Y el varón perdió el respeto y la consideración a la mujer. Y con todo ello, a pesar de los tópicos de relumbrón que se pusieron y siguen en curso, la mujer quedó, en última instancia y en variados aspectos, en una posición más desamparada de lo que estaba antes.
4.º–, Así, los mal llamados «feminismos» llegaron a [tal] monstruosidad que degradan y envilecen a las mujeres. Por ejemplo, se han publicado fotografías (revista «Gente» del 25-I-75) de una manifestación «feminista» en Florencia, en la que una mala hembra llevaba un cartel que decía: «Uomini a voi gli zibidei. A noi gli orgasmi clitori» (No traduzco este letrero por respeto a las mujeres). Algo parecido vimos y oímos en Oviedo en el pasado año durante una manifestación bochornosa, degradadora de las hembras humanas.
Hay movimientos «feministas» que piden el divorcio, la libertad sexual y homosexual y el crimen monstruoso del aborto.
El aborto es el más condenable y el más repugnante de los crímenes, igual o superior si cabe al de la violación. Es el asesinato fríamente calculado de un ser humano hijo de Dios, que está ya formado y tiene el derecho a nacer y [a] la vida. De un ser totalmente inocente y totalmente indefenso, al que se priva de venir implacablemente, con todos los agravantes del Código penal. Se dirá que también se mata en las guerras y en las revoluciones, pero en éstas los muertos tuvieron generalmente una opción a la defensa y se les mata (al menos teóricamente) invocando causas que mejoren a la humanidad. Pero el aborto es el puro crimen, cuyo único fin es satisfacer la lujuria, la inmunidad del placer sexual, sin las responsabilidades y las cargas a [las] que le encadena la naturaleza. La madre malvada y degenerada que busca sólo el placer, y para ello no duda en asesinar, con toda frialdad, al ser humano que ha concebido. Es un crimen también digno de garrote y verdugo, pero al que la actual sociedad anticristiana, pagana, hedonista, emputecida, amariconada y cuerniforme, admite y ampara con pseudo leyes contrarias en todo a Dios y al Derecho natural. Contra esas sociedades, la rebelión es lícita y legítima. Y estoy seguro que el castigo divino les vendrá más tarde o más temprano, posiblemente en la forma de guerra nuclear que aniquile a una sociedad tan pecadora con los mismos instrumentos que ella ha arrebatado a la naturaleza.
5.º–, Se ha establecido la canallesca y envilecedora libertad para la pornografía, puesta al alcance de niños y adolescentes en todas las esquinas. Vemos también que madres corrompidas hasta lo indecible, y para dar mayor morbosidad a esta pornografía, no dudan de retratarse en pelota, en posiciones lúbricas, al lado de sus hijos, sin que existan fiscales que les apliquen el Código penal y el civil, privándolas, por lo menos, de la patria potestad; y que hay editores y periodistas tan bajos y tan viles que dan publicidad a todo esto para excitar las más inmundas pasiones y sacar con ello algunas pesetas, peor ganadas que en un casa de lenocinio.
Consideremos pues:
a) Demagogia «feminista» antinatural para sacar a la mujer del marco en que la naturaleza le había colocado.
b) Pornografía masiva que exalte todos los apetitos de la lujuria incitando a los violadores.
c) Modas indecorosas, desnudismo, etc., que son otro impulso para la excitación y las embestidas del sexo.
d) Desaparición, entre burlas y escarnios, de los principios religiosos y sus frenos morales y sociales.
e) Demagogia política de los partidos, que sólo hablan de derechos sin mencionar deberes, que piden amnistías para asesinos y ladrones; y malos gobiernos, débiles, vacilantes, corrompidos, insensatos, indignos, entregados a todas las demagogias de la pornografía y la política, que ofrecen entera impunidad al crimen, al poner en libertad en las fronteras y con dádivas en dinero, a asesinos reconocidos que luego vuelven a exhibirse como héroes ante los grupos subversivos y agresivos.
Sí, distinguidas señoras doña Begoña y doña Dionisia, todo eso y otras muchas cosas que no cito aquí por falta de espacio, son las que crean el clima propicio para la violación y el asesinato de mujeres y de niñas, víctimas de las demagogias desatadas que se están desplegando, y a las que, sea como sea, habrá que poner heroicos remedios para que la sociedad no perezca, y, en este caso, para que no sean violadas y asesinadas las mujeres y las niñas españolas que son nuestras madres, nuestras esposas, nuestras hijas, nuestras novias, nuestras amigas y compañeras de estudios y trabajos. Para eso, los que aún somos HOMBRES en España tenemos que buscar un enérgico remedio, sea el que sea y «cueste lo que cueste», como se proclama en el himno de los requetés.
Se está derrumbando toda una vieja moral, noble y entera (repito, aunque siempre existieran los fallos humanos) a la que en esta hora decadente se está atacando con todas las armas. Se están excitando las más bajas pasiones. Se ponen, insisto, a los asesinos libres y pagados en las fronteras, al mismo tiempo que se desaloja al Santo Cristo de las Cortes. Ni la Iglesia (o al menos muchos de sus representantes, tristísimo es reconocerlo) ni el Estado y las que debían ser sus «autoridades» (autoridad es un concepto distinto al de poder), cumplen con sus deberes. Una ola de frenética irresponsabilidad, de estúpida demagogia, lo inunda todo. Estamos viviendo un derrumbe moral, aún más grave que el derrumbe económico que nos agobia. Y en este caso, las violaciones son una consecuencia lógica, repugnante, mil veces condenable, pero de una lógica fatal y absoluta.
Se han echado a rodar los conceptos del honor femenino, también entre escarnios y burlas. Ni la dignidad, ni el pudor, ni la virginidad de las mujeres son ya valoradas. Pues bien, hay que reconocer –¡terrible reconocimiento!– que violar a una mujer ya no resulta un delito grave, –si no hay lesiones o rapto– puesto que nada trascendente y fundamental se ataca con ello. En este caso, aceptado todo eso, la violación no pasa de una extorsión o de una broma pesada. Nadie se escandaliza ni se escandalizó nunca, por ejemplo, de que, como tal broma pesada y abusiva un varón sujetase a una mujer y le metiese un dedo en la boca. Pues si quitamos los conceptos del honor femenino y la valoración cristiana y social de la virginidad, la violación queda reducida a un hecho equivalente a ese de meterle el dedo en la boca a una señorita: a una extorsión que es posible que ni llegue a delito.
Consideremos otra vez, que la mujer no es igual al hombre. Como consecuencia de la violación, la que puede quedar preñada es la mujer. De ahí que el Derecho lógicamente contemple como muy distintos el caso del hombre y de la mujer, y proteja naturalmente a la mujer frente al hombre. He ahí otra distinción fundamental, con todas sus consecuencias sociales y jurídicas, entre el hombre y la mujer.
Y nada más señoras mías.
Reciban los respetuosos saludos de su seguro servidor que besa sus pies.
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