APÉNDICE 7
Fuente: Archivo Borbón Parma, Archivo Histórico Nacional
ACTA DEL CONSEJO DE LA COMUNIÓN TRADICIONALISTA CELEBRADO EN BARCELONA EL DÍA 31 DE MAYO DE 1952, BAJO LA PRESIDENCIA DE S. A. R. EL PRÍNCIPE DON JAVIER DE BORBÓN
Asistentes:
D. Manuel Fal Conde
D. José Luis Zamanillo
D. José Inchausti
Sr. Marqués de Santa Rosa
D. Miguel Fagoaga
D. José Puig Pellicer
D. Ramón Villalón
D. Santiago Juliá Bornet
D. Luis Ortiz Estrada
D. José María Gimeno Muñoz
D. Francisco de P. Gambús Rusca
D. José María Onrubia
D. José María Anglés Civit
Sr. Conde de Torresaura
D. Juan Antonio de Olazábal
D. José María Vedruna Zuzuarregui
D. Antonio Pérez de Olaguer
D. Esteban Masifern Muxí
D. Alfredo María Molina Bellido
D. José María Sanz de Diego
D. Luis Ruiz Hernández
D. Fernando L. Barranco
D. Antonio Aroca García
D. Luis Dorestes Morales
D. Francisco Tusquets Padrosa
D. Manuel Morales Castellá
D. Luis Costa Camps
D. Juan Riera Bartra
D. Juan Fuster Seguí
D. Ambrosio Astrain Ruiz
D. Martirian Llosas Serrat-Calvó
D. Jorge Beneyto Mora
D. Ramón Forcadell Prats
D. José Corominas Vallribera
D. Cándido Martín Álvarez
D. José Morros Teixidó
D. Timoteo Ruiz
Actúa de Secretario:
D. Juan Sáenz-Díez
En el Salón de Actos del Convento de los P. P. Carmelitas, a las seis de la tarde, con la venia del Príncipe, se abre la sesión con la intervención del Jefe Delegado Don Manuel Fal Conde, quien da la más fervorosa bienvenida a S. A. y las gracias por tenerle nuevamente en España y dignarse presidirnos.
Esta reunión del Consejo no tiene más que un tema; por su trascendencia ha ocupado varios Consejos y absorbido la atención de la Comunión desde hace mucho tiempo.
Al Príncipe se le ha ido dando cuenta de esta preocupación del Consejo y de los trabajos preparatorios que han sido hechos principalmente por Elías de Tejada, Ferrer, Gambra e Iturria, sintetizados luego en un estudio de Lamamié de Clairac, y concretados por fin en la Exposición que han preparado nuestros amigos de Guipúzcoa, con la intervención principal de Juan José Peña, revisado luego por los miembros de la Junta Nacional. Al Príncipe se le ha dado conocimiento previo de este escrito porque no podía correctamente presentársele y pedirle una contestación improvisada. Se lee, no obstante, para que lo conozcan aquellos Consejeros que no han asistido a toda la elaboración, y para que el Consejo lo haga suyo al presentárselo al Príncipe. Aunque no es costumbre firmar todas las Actas, en este Consejo, por su trascendental importancia, se invita a los Consejeros a firmarla al final. Igualmente la firmarán los asistentes que no son Consejeros, y que pertenecen en su mayoría a la Junta y Consejo Regionales de Cataluña, de los que somos huéspedes y a los que quiere felicitar por su actuación y por las atenciones que tienen en estos días con SS. AA. RR.
A continuación, lee el Sr. Fal Conde el escrito que el Consejo eleva al Príncipe Don Javier, y cuya copia queda incorporada al final de esta Acta.
Terminada la lectura por el Sr. Fal Conde, contesta el Príncipe con la lectura de su Declaración al Consejo, que también se incorpora a esta Acta, y que todos los asistentes escuchan en pie, con las mayores muestras de respeto y emoción, como corresponde a la importancia del momento y como reflejo de la gran emoción que el Príncipe manifestó en unas palabras iniciales en anuncio [de] que lo que iba a comunicar al Consejo señalaría la dirección para nuestro futuro.
A continuación de la Declaración, leyó S. A. la carta dirigida a su hijo primogénito, y que se transcribe a continuación:
«Mi querido hijo Hugo Carlos:
La Providencia de Dios nos ha sujetado por la ley del nacimiento a un orden en la sucesión de Nuestra noble y multisecular estirpe, y nos ha guardado fieles a los ideales y principios rectores de la legitimidad monárquica, que ordena la sucesión genealógica al justo ejercicio del poder, ya que, antes que la legitimidad de la realeza, ha de mirarse la legitimidad de las libertades públicas de los pueblos.
Bajo esa suprema norma, la sucesión legítima de Nuestro Abuelo Don Felipe V mantuvo intacta, hasta el último Rey, nuestro inolvidable Tío Don Alfonso Carlos I, la Bandera de las Santas Tradiciones, a costa de las amarguras del destierro y de los más ricos caudales de la mejor sangre española.
A la muerte del Rey, como hubiera deseado que tomara alguna parte la Nación en la solución del problema sucesorio, vecina la guerra tras la que debería haber ocasión apta, dejó instituida la Regencia, confiándomela. En estos dieciséis años, ni ha sido posible esta consulta a la Nación, ni Príncipe alguno ha querido echar sobre sí esta misión penosa de la Realeza legítima. Mientras tanto, se acusan los mayores peligros para la Monarquía, y la gloriosa Comunión Tradicionalista, advirtiéndolos, me representa su anhelo de ver asegurada la continuidad en línea familiar que permanezca en la observancia de nuestros ideales.
Es, por todo esto, mi querido hijo, por lo que hoy, Festividad de la Mediación Universal de María Santísima, y postrado ante la Divina Realeza de Jesucristo Sacramentado, he resuelto asumir la Realeza de las Coronas de España en sucesión del último Rey, aunque pendiente la promulgación de este acuerdo de la oportunidad, que espero próxima, para su publicación y para Nuestro Juramento.
De corazón, te abraza tu padre.
(Firmado) Francisco Javier
Barcelona, 31 de Mayo de 1952».
A continuación de la lectura de ambos documentos, S. A. pronunció unas palabras para decir que representaba una emoción profunda la Declaración hecha. Es un camino nuevo el que iniciamos; llegaremos a la victoria, y España será el ejemplo y la salvación para el mundo. Cuento con cada uno de vosotros para ello, y sabéis que podéis contar conmigo tanto como mi vida dure.
Al terminar de hablar Don Javier, en nombre de todos los asistentes Don Manuel Fal Conde da a S. A. las gracias más rendidas, y, como testimonio de ellas, empeña la promesa más solemne de todos de asistirle en todo momento, y principalmente en este corto periodo hasta que llegue el momento que ha de señalar S. A. de la proclamación y del Juramento suyo y del Príncipe de Asturias. No será un secreto la Declaración de hoy, que pueden ir conociendo todos los carlistas, pero hay que esperar delicadamente, antes de hacerla oficialmente pública, hasta que el Señor considere oportuno hacer la proclamación. Mientras tanto, debemos combatir nuestro único enemigo que es el desaliento, al que debemos combatir denodadamente. Termina repitiendo nuevamente las gracias más fervorosas a S. A., y, con todo el fervor del corazón, da un ¡Viva el Rey! que es clamorosamente contestado por todos los asistentes.
Al levantar S. A. la sesión, todos ellos besan con emoción la mano de Don Javier en señal de acatamiento.
Como acto final de esta reunión del Consejo, pasan todos los asistentes a la Iglesia, donde se celebra un breve Acto Eucarístico, terminado con un Te Deum.
Barcelona, 31 de Mayo de 1952.
[Nota mía. Siguen las firmas de las personalidades enunciadas al principio del documento].
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