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Tema: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

  1. #21
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (XXI)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 27/06/2020.
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    He comprobado, ¡oh titodídimo Escrutopo!, que cuando los hombres niegan nuestra existencia empiezan de inmediato a ver por doquier demonios de carne y hueso. Así ocurre en la España coronavírica, donde las gentes uncidas al yugo del negociado de izquierdas perciben en todo lo que hacen o proponen las gentes uncidas al yugo del negociado de derechas una obra maligna; y viceversa. Y piensan -¡pobres ilusos!- que, una vez que las gentes de la maligna ideología adversa hayan sido derrotadas, el mal desaparecerá de la faz de la tierra. Pero, en su afán fatuo de arrancar la cizaña, arrancan también el trigo; y la cizaña esparce su semilla también en sus corazones, invadiéndolos a su vez de malignidad. No advierten que todas sus acciones antagónicas, que se alimentan entre sí creyendo combatirse, están guiadas por una inteligencia que les supera, que es la nuestra. Y el entrechocar constante de sus acciones antagónicas acaba agotándolos de tal modo que terminan por aceptar un simulacro o parodia de unidad.

    Primero logré que las facciones partitocráticas se agotaran en trifulcas absurdas en torno, por ejemplo, a las restricciones de la movilidad. Al negociado de derechas, los carcamales de tu generación lo envenenasteis con el fantasma de la libertad; y al negociado de izquierdas con la pulsión de la ingeniería social. Así que la derecha se obsesionó con la mamonada de recuperar la libertad de movimientos, olvidando que las almas verdaderamente libres no la necesitan, como demostró el execrable Juanito de Yepes, que escribió (¡vade retro!) el Cántico espiritual en una mazmorra inmunda. Y, mientras el negociado de derechas clamaba por la libertad de movimientos y se entretenía con el delicioso macguffin del cambio de fase, creyendo grotescamente que así combatían la ideología adversa, el negociado de izquierdas se dedicaba tranquilamente a hacer biopolítica. Ahora el negociado de izquierdas les ha regalado al fin la libertad de movimientos, para que se contagien a gusto en terrazas atestadas y playas convertidas en hormigueros; y el negociado de derechas se ha quedado desfondado y bizcochable. Así puedo pasar a fomentar un simulacro o parodia de unidad.

    La única unidad verdadera es la que se logra mediante la asunción de la Verdad y la Justicia, que son nombres del Enemigo. Pero la unidad que yo me dispongo a fomentar para facilitar la «reconstrucción» (en vano trabajan los albañiles cuando el Enemigo no construye la casa) se logrará mediante el llamado «consenso político», que es la mixtura de errores de izquierdas y derechas. Después de no lograr ponerse de acuerdo en cuestiones tan de sentido común como quedarse quietecitos, se pondrán de acuerdo en las mayores perversidades. Para ello, el consenso político recolecta las opiniones más alejadas del sentido común -como el doctor Frankenstein recolectaba miembros de los más diversos cadáveres para fabricar su monstruo- y elabora una síntesis caprichosa que, por supuesto, admite discrepancias menores, para que la discusión sobre esos matices (igualmente erróneos) encienda con renovados bríos la demogresca. Así, ¡oh titirrititín lindo!, matamos dos pájaros de un tiro: por un lado, restauramos el consenso político, cuyo fin último es el reparto oligárquico del poder por turnos; y por otro, conseguimos que la convivencia degenere en un gatuperio aturdidor, una disociedad donde podremos retozar como niños sobre una nube de algodón azucarado. Y, a rebufo del consenso, la derecha que clamaba contra la restricción de la movilidad tragará desfondada y bizcochable leyes educativas perversas y otros primores de la ingeniería social que tu sobrinito Orugario guisa mientras espanta (o sea, maravilla) mocosas con su rabo.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...5_noticia.html

  2. #22
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (XXII)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 27/06/2020.
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    A tu sobrinín Orugario, ¡oh puritanísimo tito Escrutopo!, le gusta más la sicalipsis que a un tonto una tiza. Y en la España coronavírica disfrutamos ahora de una amenísima historia sicalíptica, protagonizada por el vicepresidente coletudo y una de sus becarias, con la que tal vez echó alguna guedeja al aire y se cruzó por guasá comentarios procaces. Alguno de estos comentarios acabó saliendo publicado, para escarnio público del vicepresidente coletudo, porque a la becaria le gustaba presumir entre sus amistades. Pero tan chusco enredo ha tenido un estrambote soberbiamente diseñado por tu sobrinín. Ya sabes, ¡oh castísimo titopótamo!, que nada me procura tanto placer como humillar a los humanos, haciendo burla de sus debilidades carnales; pues así la arcilla que nuestro Enemigo empleó para modelarlos se embadurna de babosos flujos genitales.

    De este modo, los abogadetes del vicepresidente coletudo cayeron en la misma trampa que aquellos censores de la película Mogambo que, por querer tapar un adulterio, aliñaron un incesto. Y aquí, por querer tapar las guedejas al aire de su líder carismático y las indiscreciones de la becaria cotorrona, los abogadetes aliñaron diversos chanchullos que remataron combinándose con el fiscal (risum teneatis) anticorrupción. Ahora los ingenuos se escandalizan de este contubernio, como si en España los fiscales que cuspidean no fuesen jenízaros al servicio de la ideología gubernativa, nombrados a dedo para que puedan hacer todas las barrabasadas que convienen al poderoso de turno.

    Los españoletes atrapados en el bucle partitocrático no saben que -como desvelase el hijodelagrán de Donoso-, a medida que desciende el termómetro religioso, asciende el termómetro político. Y en la España coronavírica, donde el termómetro religioso marca temperaturas glaciales, no hay institución del Estado que no sea pasto de la más despepitada bandería política. Y del mismo modo que, en las sociedades religiosas, los mozos se metían a curas, para administrar al pueblo los sacramentos, en las sociedades infestadas por el veneno de la bandería política, los mozos se meten a jueces y fiscales, para administrar a las masas una parodia ideologizada de la Justicia (pues el Derecho se ha convertido en un barrizal positivista al servicio del poderoso de turno). Naturalmente, del mismo modo que en las sociedades auténticamente religiosas se colaba algún cura descreído, en las sociedades infestadas por el veneno de la bandería política puede colarse algún juez o fiscal probo que no está dispuesto a convertirse en jenízaro de la ideología gubernativa; pero para estos intrusos el sistema destina los puestos más subalternos, negándoles toda promoción. Mientras que los jueces y fiscales que cuspidean son todos jenízaros despepitados, que forman asociaciones partitocráticas y salen en las televisiones escupiendo consignas atufadas de ideología de garrafón, que disfrazan con una grotesca jerga leguleya. Consignas que el consejo de la magistratura o jenizatura no castiga, sino que premia con ascensos.

    Pero los españoles habitan en un Mátrix democrático y se niegan a aceptar que son esclavos de la más formidable forma de totalitarismo, que es la que convierte el Derecho en una monstruosa «Gorgona del poder», según la expresión de Kelsen. Y donde los fiscales son las culebrillas que la Gorgona del poder exhibe, a modo de cabellera, para imponerse; culebrillas que ahora salen en auxilio de unas guedejas al aire. Y así, las culebrillas fiscales y las guedejas al aire pueden entrelazarse amorosamente, cual vid que entre el jazmín se va enredando; pues en España el poder ejecutivo y el judicial se amanceban más que las becarias cotorronas.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...9_noticia.html

  3. #23
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (XXIII)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 03/07/2020.
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    Aunque todavía me resten, ¡oh dilectísimo titarraco!, unas pocas semanas para concluir mi labor de devastación en la España coronavírica, quiero empezar una recapitulación de mis logros. Puesto a elegir una de las infinitas maldades perpetradas durante esta misión que me haga sentir orgulloso, elegiría el encumbramiento del doctor Simón como icono y referente moral del negociado progresista. Siempre devoto de tus enseñanzas, he descubierto que el mal disfrazado de bien es un veneno mucho más eficaz y demoledor para las almas que el mal a rostro descubierto. Y de este veneno me he servido para encumbrar a este doctor ful, heraldo pimpante de todas las mentirollas e intoxicaciones gubernativas, que durante meses disuadió del empleo de mascarillas para después -cuando sus amos las tornaron obligatorias- reconocer con muy garboso desparpajo que lo había hecho porque había desabastecimiento. Y todo dicho con esa glamurosa afonía y esos jerséis gualtrapas que ponen palotes a sus fans.

    Como bien sabes, ¡oh titirrititín picolín!, nada me divierte más que humillar a estos asquerosos humanos. Así se me ocurrió que, para humillar al negociado progresista, no había argucia más denigrante que convertirlo en idólatra de un enchufado pepero (o pepeiro, para ser más respetuosos con la procedencia del enchufe) y de currículum más magro que el de una beccaría o becaria. No pienses, sin embargo, que el enchufado pepeiro es un hombre pérfido, ni siquiera malicioso; por el contrario, es un buenazo tremendo, un mandado ejemplar, capaz de soltar las mentirollas e intoxicaciones gubernativas con una afabilidad beatífica y conmovedora, de insuperable fuerza persuasiva. ¿Cómo va a reprimir el negociado progresista sus ansias de tatuarse el nombre o de sudar la camiseta con la efigie de un cacho de pan semejante?

    Y aquí, envidioso de mi éxito rutilante, te harás cruces (del revés) tratando de explicarte cómo los españoles progresistas transigen con las afónicas trolas del doctor Simón, como la superlativa y desternillante de las mascarillas, que son La Parrala de la España coronavírica. Olvidas que son hombres modernos; y los hombres modernos, como explicaba el admirable Marcuse, se caracterizan por reclamar «el derecho de la razón autónoma a reconfigurar la realidad, aun en contradicción con los hechos». Así nacieron las ideologías, estructuras de pensamiento (o, en su versión degenerada y terminal ahora triunfante, meras colecciones de consignas) que niegan la realidad de las cosas y la someten a la voluntad humana, cada vez más fanatizada. Así, el progresista puede «reconfigurar» la figura del doctor Simón, «olvidando» todas las mentirollas e intoxicaciones que ha soltado risueñamente, sin importarle un pimiento la verdad. Que, por supuesto, en su conciencia ha dejado de existir; pues estas ideologías no son propiamente utopías, sino más bien -permíteme emplear el término foucaultiano- «heterotopías» que permiten a sus adeptos crear su propia realidad, desentendiéndose de las que crean los otros negociados (en esto consiste el sublime pluralismo democrático). Y encerrado en su «heterotopía», el negociado progresista puede -sin contacto alguno con la realidad, aunque hieda a cadaverina- idolatrar al enchufado pepeiro reconvertido en benigüigüi sociata como si de un héroe (con o sin mascarilla) se tratase, y emocionarse con sus trolas afónicas, y revolverse furioso si alguien osa toser sus jerséis gualtrapas, a los que cada día afeito las bolitas, para que el doctor Simón esté más pimpolludo. Te confieso que yo también lo amo tiernamente, como el Enemigo amaba la obra salida de sus manos. Y amándolo me siento buenecito, carcamalote mío.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...9_noticia.html

  4. #24
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (XXIV)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 06/07/2020.
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    Me preguntas con indisimulable regocijo, ¡oh tito capullérrimo!, por la verdadera causa de los rebrotes que padece la España coronavírica, muchos más de los que la propaganda sistémica reconoce. Y a la vez me afeas que en mis cartas deslice los juegos de palabras más escabrosos y procaces. ¿Olvidas, acaso, que -al igual que tú- soy un espíritu puro? Si introduzco en mis cartas esas guarradas que tanto te exasperan es por parodiar la vida sórdida de estos seres inferiores constantemente sometidos a estímulos sexuales. No puedo soportar que estos arcillosos hijos de Adán y Eva hayan sido llamados por el Enemigo a la bienaventuranza que nosotros hemos rechazado. Tu sobrinito es al menos tan casto como tú, titodídimo Escrutopo; pero a diferencia de ti, que te has vuelto más sequizo que un prepucio disecado, me humedezco provocando rebrotes coronavíricos en estos gusanos prisioneros de la lujuria. No hay placer comparable a verlos, viscosos como caracoles, sacudirse el manubrio, gracias al porno gratuito que la plutocracia les suministra, como al perro sarnoso se le suministran unos menudillos pútridos con séquito de moscas. O arrastrarse detrás de la churri o maromo que les alivie la comezón.

    Los carcamales de tu generación destruisteis a todos estos chimpancés evolucionados con la llamada «liberación sexual», aquella religión erótica avizorada por el cabronazo de Chesterton que, «a la vez que exalta la lujuria, prohíbe la fecundidad». Y esta religión erótica, administrada a modo de soma, los ha convertido en piltrafas merodeadas de anhelos adulterinos y aberrantes pulsiones penevulvares, una arcilla degenerada en fango que necesita explorarse todos los orificios. Y así, incapacitados para la vida familiar, convertidos en un gurruño genital, se los entregamos a nuestros devotos plutócratas, para que -tras enchufarlos a una renta mínima- puedan ser apilados en los vertederos humanos con suscripción a Netflix que les han preparado.

    Ya no pueden renunciar a la religión erótica que los ha convertido en cerdos más apestosos que los de la piara de Circe, titirrititín lindo. Y para estos cerdos fatalmente enganchados a su soma inventé yo aplicaciones como Tinder o Grindr, que durante los últimos meses han provocado miles de contagios en todo el mundo sin que nadie se entere (pues la propaganda sistémica de esto no dice ni pío). ¿He escrito nadie? Nos enteramos nosotros, por supuesto, pero también la patulea que hemos puesto al frente de los gobiernos. ¿No has advertido cómo esa patulea, a la vez que cerraba todos los negocios y destruía alegremente las economías nacionales, no se atrevía en cambio a desactivar estas aplicaciones que propician, además del canje de ladillas, el contagio masivo? Y es que la patulea gobernante sabe bien que el reparto de soma es indispensable para su subsistencia.

    Así que no hace falta que te diga que no paro de sembrar rebrotes entre la pobre chusma ansiosa de arrimar cebolleta. Todas las mañanas salgo a corretear (en realidad a contonearme), disfrazada de súcubo, con mi top melonero y mis mallas apretonas, y cuando acabo la exhibición tengo más de cincuenta peticiones de amistad en el Tinder, toda una caterva de fracasados que me trajino, uno por uno o en bukake mogollónico, exonerándolos de los trámites del cortejo (que me dan todavía más asco que sus secreciones pulgosas) e infestándolos de coronavirus. Y esta semana última, por supuesto, me he apuntado también a Grindr y he cambiado mi disfraz de súcubo por el de íncubo de pelo en pecho, convirtiéndome -permíteme citar al tipejo de Quevedo- en un «ruiseñor de los putos». Comprenderás que, después de prestar estos servicios ímprobos a la causa del rebrote, me desquite eutrapélicamente ensartando procacidades.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...4_noticia.html

  5. #25
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (XXV)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 11/07/2020.
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    Por supuesto, ¡oh veneradísimo tito Escrutopo!, me he preocupado, siguiendo tus indicaciones, de aprovechar la plaga coronavírica para resaltar las hipocresías indecentes sobre las que se asienta la vida de este pueblo apóstata. Así ocurrió con la escabechina de ancianos en los morideros llamados residencias, que volvió a probar que un pueblo que se ha desentendido del Enemigo acaba desentendiéndose también de sus progenitores; pues allá donde no se cuida al padre común, al que sólo hay que rezar, mucho menos se cuida a los padres particulares, a los que hay que limpiar el culo cuando llegan a viejos.

    Y, si así actúan con sus propios padres, ¿cómo van a actuar con los negros que vienen a hacer los trabajos que ellos desprecian? Habrás reparado, ¡oh potito emético!, en la obra maestra que he aliñado con los temporeros coronavíricos de la huerta de Lérida. Por un lado, he desenmascarado el farisaico discurso fachita, que pretende impedir la entrada en España a los negros, como si la patulea autóctona estuviese dispuesta a doblar el espinazo y hacer los trabajos del campo. Por otro lado, he desenmascarado el miserable discurso progre, que pretende facilitar la entrada en España de los negros, a los que luego se paga un jornal misérrimo y se hacina en ergástulos que son un maravilloso cónclave pulgoso y coronavírico. Pero los discursos progre y fachita son tan sólo el haz y el envés de la misma moneda, encargados cada uno de halagar los impulsos emocionales de su respectiva parroquia: impulsos lloricosos del progrerío, que lagrimea cuando los negros son «rescatados» por la plutocracia en el mar, desentendiéndose de su posterior destino en los ergástulos; impulsos fanfarrones del facherío, que rabia porque los negros se muevan libremente por España, olvidando que la fruta que les endulza el verano ha sido recoletada por callosas manos negras, pues los nenes españoles sólo doblan el espinazo para bajar al pilón o pilona y tomar su dosis de soma penevulvar.

    Y estos discursos progre y fachita, más falsotes ambos que el disfraz de súcubo que me pongo para seducir rijosos, sirven para ocultar la raíz del problema. Que no es otra, ¡oh titodrilo carcamalote!, sino la demolición de la economía natural (o sea, «la administración razonable de los bienes que se necesitan para la propia vida», según enseña el jopu de Aristóteles) que los sucesivos gobiernos partitocráticos perpetraron para que la plutocracia internacional pudiese instaurar el reinado de la crematística, que -como el jopu de Aristóteles también enseña- es el «arte de enriquecerse sin límites». Y para que nuestros adoradores plutócratas pudieran enriquecerse sin límites, hubo que arrinconar la fuente primordial de la economía natural, que es la tierra nutriente de la que el Enemigo hizo brotar toda forma de vida. Así, los frutos de la tierra fueron sacrílegamente relegados y remunerados ínfimamente, de tal modo que la dedicación a tareas agrícolas y ganaderas fuese considerada un oficio propio de parias; mientras que las operaciones crematísticas se convirtieron en el fundamento de una economía perversa. Y así, mientras nuestros adoradores plutócratas se enriquecen con fondos de inversión que especulan con la distribución de los alimentos y los gobiernos reparten paguitas entre la juventud haragana, la agricultura malvive a duras penas contratando negros por jornales misérrimos y hacinándolos en ergástulos donde el coronavirus florece con esplendor primaveral.

    Esta chusma no recuperará el sentido de la economía natural mientras no vuelva a rezar al Enemigo que les entregó en heredad la tierra. Sólo entonces acogerá a esos negros como hermanos, como hizo el capullo de Filemón con su esclavo Onésimo. Hasta que tal cosa no ocurra, podemos divertirnos confrontándolos con sus hipocresías.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...7_noticia.html

  6. #26
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (XXVI)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 12/07/2020.
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    En estos días me lo paso pipa, ¡oh titoniso Escrutopo!, inspirando en las distintas regiones españolas el uso obligatorio de la mascarilla. Me provoca orgasmos encadenados comprobar cómo estas gentes apóstatas, que renegaron del velo y del ayuno y de la estameña que antaño les ayudaban a salvar sus almas, se calzan en cambio estos bozales más aflictivos que cualquier cilicio, pensando grotescamente que así salvarán sus cuerpos. Sobre la mascarilla los «expertos» dijeron al principio que no servía para nada, llegando a ridiculizar por aprensivos a los que se la ponían; luego empezaron a recomendarla tímidamente, para terminar exigiéndola en determinadas circunstancias. Pero tu sobrinín Orugario está ahora inspirando que se imponga irracionalmente en toda ocasión y circunstancia, para humillar más ensañadamente a la chusma arcillosa.

    A veces me acusas de no respetar el juramento titocrático que me obliga a venerar los méritos de los carcamales de tu generación. Pero toda esta mascarada desquiciada de las mascarillas hubiese sido por completo imposible si los carcamales de tu generación no hubieseis fundado la idolatría de la Ciencia, que junto al desaforado culto a la Democracia y la exaltación del Placer y de la Carne completa la santísima trinidad de la religión antropólatra. Esta idolatría de la Ciencia nada tiene que ver, por supuesto, con la indagación científica, que se dedicaba a explorar la naturaleza para comprender mejor sus causas y llegar así a la primera, que es el Enemigo; sino que aspira (empresa por completo quimérica) al dominio utilitario de la naturaleza, colocándose por encima del bien y del mal (pero sobre todo del Bien, renegando de su fuente). Todo intento de adentrarse en la naturaleza sin reconocer la existencia de una primera causa está, sin embargo, condenado al fracaso; y así la idolatría de la Ciencia no tardó en convertirse en un batiburrillo de «avances» desnortados, fragmentarios, contradictorios entre sí, un barrizal cientifista que en lugar de alumbrar la naturaleza la tornó más turbia, hasta hacerla inextricable.

    Esta condición confusionaria de la idolatría de la Ciencia se está probando con creces, ¡oh titoflero floripondio!, durante esta plaga coronavírica, donde los «expertos» de la Organización de Mamporreros Satánicos (OMS) se divierten lanzando mensajes contradictorios, dictaminando un día que el contagio se produce por contacto directo y al día siguiente que se produce a través del aire. O dictaminando un día que los enfermos sólo pueden contagiar si muestran síntomas y al día siguiente afirmando que también pueden contagiar los asintomáticos. O dictaminando un día que el organismo humano desarrolla anticuerpos contra el coronavirus, para decir lo contrario al día siguiente. O…

    En realidad, ¡oh titotenusa cateta!, estos dictámenes de la Ciencia no son más que la cháchara de unos farsantes que improvisan sobre la marcha, incapaces de penetrar los misterios de la naturaleza, puesto que niegan su primera causa. Pero la chusma apóstata, al haber expulsado el Enemigo de sus almas, ya no puede hacer otra cosa sino obedecer borreguilmente esas indicaciones contradictorias. Así que este verano, mientras se siguen contagiando irremisiblemente, los españoles se pasearán como almas en pena (o más bien como zombis lobotomizados, puesto que han renegado de su alma) con su absurda mascarilla, temblones y genuflexos ante mis caprichos, anticipando los tormentos que les aguardan en el infierno, donde les sustituiremos la mascarilla por una mordaza de hierro candente que les sellará los labios por toda la eternidad, para que no puedan quejarse. Aunque son tan serviles que, si les dejáramos abrir el pico, en lugar de quejarse se dedicarían a darnos las gracias, como ahora hacen con los botarates que los gobiernan.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...1_noticia.html

  7. #27
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (XXVII)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 17/07/2020.
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    Debo reconocer, ¡oh titorroide hemorrágico!, que a veces esta chusma arcillosa logra conmoverme vivísimamente. Como bien sabes, desde niño me florecieron unas almorranas del tamaño de cocochas de merluza, que se disponen en siete círculos concéntricos, festoneando mi ano -pebetero siempre humeante-, a modo de siete faralaes. Pues, ¿querrás creer que así, exactamente así, dispusieron la escenografía de la tenida celebrada en el Palacio Real? Un pebetero en el centro y siete círculos en derredor, formados por adoradores nuestros, todos ellos con una cara de cococha pútrida que daba gloria verlos, dispuestos todos a lamer mis almorranas. ¿Cómo no voy a emocionarme? Pero, como la intención es lo que cuenta, les puse a todos mascarilla, para que no se les viese salivar golosones ante las cámaras. Hay que cuidar las formas, para que los televidentes lobotomizados no se pispen de nuestras ceremonias.

    ¿Por qué sé que eran todos adoradores nuestros? Por la sencilla razón, ¡oh titolopendra cochinilla!, de que quien no reza al Enemigo, reza al diablo (y me perdonarás si parafraseo al requetejopu de Léon Bloy). Para que esta chusma arcillosa pudiera rezarnos inventamos los minutos de silencio, que el capullo de Foxá llamaba «la cáscara vacía de la oración»; pero, como los hombres que han abandonado al Enemigo son enseguida poseídos por el horror vacui, esa cáscara vacía necesita colmarse con un sucedáneo. Del mismo modo que las barrigas que no están llenas de alimento se llenan de aire (y entonces entonan borborigmos), las almas que no están llenas de oraciones al Enemigo se llenan de oraciones a nuestra Legión (y entonces las infestamos).

    ¡Homenaje a las víctimas del coronavirus, lo denominaron! Al escuchar tamaña burla, tintinearon alborozadas mis almorranas, como si fuesen perendengues. Un homenaje es un acto de amor; pero sólo se puede amar aquello que se conoce. Y las víctimas del coronavirus -muchas más que las reconocidas por nuestros adoradores, que en el homenaje burlón repetían un número absurdo, como en un sorteo de la lotería- nadie las conoce, porque son muchos miles. Un muerto -decía el venerable Stalin- es una tragedia, pero muchos miles de muertos son pura estadística. Y como no se puede amar una pura estadística, los hombres que no han sido infestados celebran una misa y ofrecen ante el altar esos muertos anónimos al Único que los conoce personalmente y tiene contados los pelos de sus cabezas. Por eso, en la guerra, frente a los homenajes sin amor al Soldado Desconocido que organizaban nuestros dilectos liberales, los cabrones de los carlistas homenajeaban amorosamente a sus héroes con una misa, porque -como reza su execrable lema- «Ante Dios nunca serás héroe anónimo».

    Pero en este homenaje ninguna víctima del coronavirus ha sido honrada, porque ninguno de nuestros adoradores (y mucho menos nosotros) puede ver en ellos sino pura estadística. O, como escribía el hijodelagrán de José María Pemán, en uno de los poemas más asquerosamente sublimes de la poesía española: «Nadie es nada. Todos son/ sílabas que se resumen/ en un romance sin nombre/ y en un olvido sin cruces». Así nos los ofrecen nuestros adoradores, ¡oh titaracha pestilente!, para nuestro regocijo: convertidos en una nada sin nombre y en un olvido sin cruces.

    Y sin embargo… ¿Sabes cómo acaba el poema de Pemán? «Pero Dios sabe sus nombres/ y los separa en las nubes». Por mucho que los adoradores de tu sobrino Orugario honren su augustísimo pebetero, el Enemigo siempre tiene la última palabra, y pone nombre a cada muerto. Y así todo nuestro gozo termina en un pozo.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...1_noticia.html.

  8. #28
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (XXVIII)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 19/07/2020.
    ______________________

    Usurpando esta tribuna, ¡oh titirrititín lindo!, tu sobrinito Orugario impedirá a ese Prada que antes la ocupaba celebrar sus bodas de plata como colaborador en ABC. Conviene, aprovechando los estragos de la plaga coronavírica, dejar sin tribunas a tipejos repugnantes como este Prada, empeñados en su fidelidad al Enemigo. Los carcamales de tu generación nos enseñasteis que a los «intelectuales» se les gana por la vanidad; pero tipejos como este Prada, en su fidelidad fanática al Enemigo, han renunciado (¡a la fuerza ahorcan!) a las pompas mundanas. Así que resulta mucho más eficaz encauzarlos sutilmente hacia el pesimismo, de forma que sean percibidos como profetas de calamidades cuyos dicterios provocan rechazo. Y este rechazo, a su vez, genera en ellos una disposición a la mordacidad agria, al exabrupto feroz, a la santa ira; lo que definitivamente les granjea una aversión furibunda no solamente entre los descreídos de izquierdas y derechas, sino también entre el catolicismo pompier, que gusta tanto de la literatura plácida y burguesorra cuyo suministro jamás debemos interrumpir.

    Para ello debemos cuidar con paternal esmero a los «intelectuales» sistémicos que garantizan la consolidación de los paradigmas culturales que interesan a nuestra Legión. Y, para que esta oligarquía intelectual sea completamente útil a nuestra causa, conviene que en ella haya «intelectuales» de izquierdas y derechas que tengan entretenidas a sus respectivas parroquias, fingiendo una disputa enconada y sin cuartel en fruslerías y chuminadas, mientras mantienen posturas unánimes en las cuestiones que verdaderamente interesan a nuestra Legión. Naturalmente, el «intelectual» de derechas deberá defender, por ejemplo, el capitalismo con más ardor que el «intelectual» de izquierdas, dejando que éste a su vez defienda con más brío, pongamos por caso, el aborto y la barra libre penevulvar, para mantener la ilusión de la discrepancia; pero ambos, en el fondo, defienden calamidades complementarias. Nuestro auténtico enemigo será el «buscador del logos»; es decir, quien se atreva a denunciar las argucias ideológicas de esta oligarquía intelectual a nuestro servicio. Y para combatir a estos impertinentes «buscadores del logos», ningún instrumento más eficaz que la fantasía del pluralismo, donde el enjambre de opiniones sistémicas acaba condenando a la irrelevancia o al pintoresquismo a la voz auténticamente discrepante. Este pluralismo, además, favorece el desgaste de las masas en una «demogresca» que, jaleada por la oligarquía intelectual, reclamará con mayor denuedo su chute de derechos de bragueta, o de libertad de mercado, o de cualquier otra droga nihilista que la satisfaga. Hasta que esas drogas nihilistas convierten a las masas en hordas de alimañas, como acaba de pasar en Estados Unidos; y entonces los intelectuales que las han apacentado y nutrido de nihilismo se rasgarán las vestiduras, como han hecho todos esos caraduras sistémicos en el manifiesto de la revista «Harper’s». A estos chupópteros les ha ocurrido como al papá liberal en aquella novela del joputérrimo de Dostoievsky, Los demonios, cuando descubre los desmanes que perpetra su nene terrorista y le pregunta horrorizado qué se propone hacer. A lo que el nene responde muy sereno: «¡Padre, completo la labor que tú has iniciado!».

    Se trata, en definitiva, de que estos «intelectuales» nos ayuden a cegar en las almas de la chusma arcillosa la fe al Enemigo. Pues, como enseñaba el miserable de Unamuno, cuando deja de interesar la inmortalidad, cuando se deja de creer en ella o al menos de desearla, el arte se vuelve cáscara sin meollo y entretenimiento inane. Que es lo que suministran nuestros «intelectuales». Para ellos, todos nuestros mimitos.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...6_noticia.html.

  9. #29
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (XXIX)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 24/07/2020.
    ______________________

    Se aproxima inexorablemente, ¡oh tititorrinco Escrutopo!, el fin de la misión que me encomendaste. Dejo la España coronavírica hecha una escobilla de váter, con la plaga extendida por doquier; pero, sobre todo, la dejo con una inmensa mayoría de almas sometida a nuestro yugo. ¿Y cómo he logrado -permíteme que me regodee en las preguntas retóricas, pues nada me pone más cachondo que envanecerme- convertir las almas de una chusma rabiosamente materialista en una amalgama ordenada hacia nuestros fines? Sometiéndola al único ídolo -Mamonna iniquitatis- cuya adoración es incompatible con la adoración del Enemigo, según dejó claramente establecido el propio Enemigo, durante su aberrante andadura terrenal: «No podéis servir a Dios y al Dinero».

    Cuando escribo Dinero con mayúscula no me refiero, por supuesto, al signo que representa el valor de los bienes, sino a su «espiritualización» taumatúrgica (y no hace falta que te recuerde que «espíritu», en griego, se dice daemon), desligada de los bienes que antaño representaba. No hay forma más convincente de imitatio Dei; pues, como bien sabes, el Enemigo crea ex nihilo, desde la nada. Y mediante estas «ayudas europeas» que acaban de repartirse, anagnórisis ex nihilo del Dinero pandemónico, arrebatamos al Enemigo el último atributo -Creador- que el racionalismo inspirado por los carcamales de tu generación no logró arrebatarle de forma convincente. Mediante la creación por arte de birlibirloque del Dinero, el hombre se erige al fin en ese Espíritu del Mundo (Weltgeist) que avizoró nuestro predilecto Hegel, fuente autónoma de la «verdad» y el «bien» (que son exactamente lo contrario de la Verdad y el Bien). Un falso prodigio de tamañas dimensiones -anuncio del advenimiento de nuestro mesías- sólo podían realizarlo los adoradores bruselenses de Mamón. Por supuesto, una vez embaucada la chusma arcillosa, este Dinero fantasmático se hará corpóreo, esquilmando la riqueza de las naciones; pero, cuando se consume el latrocinio, la chusma arcillosa, encadenada a sus pasiones, se conformará con reclamar subsidios y derechos de bragueta, y nuestros adoradores podrán hacer con ellos albóndigas, dejándonos en ofrenda sus almas gangrenadas.

    La desmoralización, el hastío vital, el individualismo disolvente reinantes en la España coronavírica (consecuencias inevitables del amustiamiento de aquella unidad vigorosa que proporcionaba la fe común) serán taumatúrgicamente sanados por la euforia que proporciona el Dinero de Bruselas, al que la chusma arcillosa atribuirá poderes salvíficos. A partir de ahora, quien desee salvarse, sintiéndose parte (siquiera un divieso en el culo o un chancro en el bálano) del Espíritu del Mundo, tendrá que someterse dócilmente al Dinero, tendrá que aceptar sus leyes caprichosas y sus falsos milagros, hasta disolverse en su niebla. Y el Espíritu del Mundo galvanizado por el Dinero no admitirá nunca el error cometido. Sus reglas y mandatos se tornarán omnisapientes e indiscutibles; y así todos los sacrificios cruentos que exija el Dinero -recortes, exacciones fiscales, paro endémico y demás delicias plutocráticas- serán acatados reverencialmente por la chusma arcillosa. Y, por supuesto, quienes se atrevan a denunciar las estrategias de este nuevo dios serán acusados de enemigos del pueblo; y sobre ellos arreciarán las delaciones, las denuncias y las purgas, que las masas amorradas a los subsidios y al soma penevulvar aplaudirán frenéticas. Entenderás, pues, ¡oh titurón ballena!, que tu sobrinín Orugario se sumase jubiloso a los aplausos memos que al doctor Sánchez dedicaron sus corifeos ministeriales, a su regreso de Bruselas, haciéndole paseíllo. Se me distingue fácilmente porque, aunque disfrazado de súcubo, no me cubro con la humillante mascarilla.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...1_noticia.html.

  10. #30
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (XXX)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 27/07/2020.
    ______________________

    Todas mis almorranas supuraron de emoción, ¡oh dilectísimo tito Escrutopo!, mientras contemplaba el rezo musulmán en la basílica constantinopolitana de Santa Sofía, que entierra definitivamente a la Segunda Roma. El espectáculo conmovedor de aquella multitud prosternada ha renovado mis ansias de que pronto podamos repetirlo en la catedral de Córdoba. Para lo cual me he ocupado de impulsar taimadamente una propuesta de conversión del «monumento» en un gran centro interreligioso.

    Entretanto, ¡oh titangután peludo!, sigo obedeciendo los sabios consejos que me diste para acabar con la Iglesia del Enemigo. Durante meses, los templos han permanecido cerrados en muchas diócesis; y no porque los decretos gubernativos así lo ordenasen, sino porque sus heroicos obispos, hijos predilectos de los mártires, así lo establecieron, inspirados por el menda. Si ya antes de la plaga la asistencia a la nefanda misa era declinante, estas valientes resoluciones episcopales nos ha allanado el camino. Muchos católicos que asistían a la misa dominical lo hacían por una rutina de décadas; y, como nos enseña el repulsivo Agustín de Hipona, el puro ejercicio de la virtud, cuando le falta aliento sobrenatural, acaba engendrando tedio. Los meses de encierro han descubierto a muchos católicos que perder la mañana dominical yendo a misa es un coñazo. A fin de cuentas, ¿no les dijeron que la comunión espiritual podía sustituir al odioso sacramento eucarístico? ¿No les dijeron también que una contrición perfecta valía por una confesión? ¿No se les recordó que el precepto dominical era una cuestión meramente histórica que podía ser abolida? ¿No se les exhortó a ver misas televisadas? ¿Para qué ángeles van a volver ahora a los templos, teniendo que soportar además en ocasiones a un cura que los hace roncar de admiración? Además, muchos de los católicos más fieles, tan carcamales como tú, ¡oh titocondria provecta!, fueron apiolados por el virus; y los supervivientes tienen un miedo cerval a contagiarse.

    Y, a la vez que la Iglesia se hace más pequeña, me ocupo también de que el menguante sector fiel aparezca ante el mundo como una panda de «ultracatólicos» exaltados y agresivos. Así, al verse repudiados por el mundo, estos recalcitrantes acaban creyéndose intachables, elegidos por sus méritos y seleccionados grano a grano como trigo eucarístico; así, creyéndose el rebaño escogido, se agruparán en camarillas y sectas a la greña entre sí, y pensarán que los mártires de antaño fueron necesarios tan sólo para que ellos puedan disfrutar del confort material y espiritual de saberse puros, en medio de un océano de pecadores. Y, entretanto, los obispos se dedicarán a soltar peroratas grimosas sobre la paz mundial, sobre el cambio climático, sobre la filantropía (obras de misericordia corporales desgajajas de las espirituales) o sobre cualquier otra paparrucha sistémica. Y confundirán la mansedumbre evangélica con el escaqueo, la defección y la cagalera. Y pedirán con voz feble a los lobos gobernantes que recuperen el «espíritu de la Transición». ¡Menuda transición hacia el reinado de nuestro mesías les vamos a dar a estos aguerridos mitrados, titirrititín lindo! ¡Cuán gozosas se pondrán nuestras almorranas, viendo arder iglesias «por accidente», como en la admirable Francia!

    Con la expectativa jubilosa del hundimiento de la Iglesia española, me permitirás que dé por concluido mi paseo triunfal. No se me escapa que aún restan focos en los que el virus de la fe rebrota peligrosamente, como la diócesis complutense, donde hay un obispo joputérrimo al que antes de marchar voy a rendir visita, para destrozarlo. De esta victoria, que presumo apoteósica, te dejaré constancia en mi última carta.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...7_noticia.html.

  11. #31
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (y XXXI)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 31/07/2020.
    ______________________

    Te escribo desfallecido, abominable tío Escrutopo, consciente del engaño que los carcamales de tu generación urdisteis para embarcarnos a los diablos jovenzuelos en una misión imposible. Al fin entiendo el sentido de aquel pasaje de la Epístola de Santiago, donde se afirma que los demonios «creen y tiemblan». No podemos, en efecto, ser ateos puesto que hemos conocido al Enemigo; y este conocimiento nos obliga a temblar, pues nos permite saber que nuestra derrota final ha sido decretada.

    Una prefiguración de esa derrota la he probado en Alcalá de Henares, adonde llegué envanecido con la pretensión de destruir a ese obispo que osó contravenir arrogantemente mis indicaciones cuando se desató la plaga coronavírica. Pensé -¡iluso de mí!- que el mejor modo de desacreditar a este obispo complutense era poseerlo, para que empezase desde ese mismo instante a hacer las mamarrachadas tan gratas a nuestra Legión: cháchara sociológica a granel, activismo filantrópico, panegíricos de la Transición, plegarias contra el cambio climático, etcétera. No se me escapa que, cuando los demonios tomamos posesión de alguien, ni siquiera logramos conquistar su voluntad, sino tan sólo privarlo de ella; por lo que no puede decirse que el poseso peque ni, por lo tanto, condene su alma. Pero la posesión diabólica no tiene como objetivo condenar al poseso, sino desalentar y amargar a quienes constatan sus cambios horrendos. Convirtiendo a este obispo complutense en un poseso -calculé-, sus feligreses se desesperarían, considerando que la naturaleza humana es en realidad vil e inmunda, más vil e inmunda incluso que la naturaleza de las bestias; y, llegados a esta conclusión, los feligreses del obispo poseso se entregarían a la vida propia de las bestias.

    Así que entré en la catedral de Alcalá disfrazado de súcubo, con mi top melonero y mis mallas apretonas, dispuesto a poseer al obispo complutense. Pero me tropecé, presidiendo el altar mayor, con una custodia coruscante que vestía la Hostia de hermosura y luz no usada. Y, sorprendido por aquella visión inopinada, noté enseguida que todas mis almorranas se achicharraban, que mi rabo se volvía rábano, que todo mi ser se ulceraba y todos mis ímpetus sucumbían. Y, mientras me sentía desfallecer, acudió en mi socorro el obispo, que en lugar de mirarme como a un ser indigno, me tendió una mano samaritana, para ayudar a alzarme. Y al sentir el tacto de aquella mano, recordé que yo también fui creado -allá en el origen de los tiempos- amorosamente para que, a mi vez, obrase con amor hacia los demás; recordé que yo también fui destinado al eterno banquete celestial, donde los hombres al fin se convertirán en hermanos gloriosos de los ángeles, lavados de sus pecados y sus coronavirus. Y, mientras el obispo me invitaba a rezar con él ante la custodia coruscante que abrasaba todo mi ser, sentí una nostalgia abrumadora -al principio apenas perceptible, como un rescoldo moribundo, pero enseguida llameante como un incendio- de aquella vida beata para la que fuimos creados.

    «¿Crees en Dios?», me preguntó el obispo. A lo que yo susurré cabizbajo: «Creo y tiemblo». Y, aplastado por una tristeza del tamaño del universo, me dejé acunar por la cantinela del rezo del obispo, una letanía dirigida a los santos, respondiendo a cada invocación: «Ruega por nosotros». Y, mientras respondía, sentía crecer dentro de mí la añoranza de aquella compañía bienaventurada. Y deseé entonces perecer, coronavírico perdido pero arrepentido de mi orgullo, como cualquier humilde mortal que obtiene, para obtener la recompensa de los bienes eternos. Y, al recordar que yo no puedo arrepentirme, lloré lágrimas de azufre. Ahora ya puedes destituirme, maldito mono de Dios.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...7_noticia.html.

  12. #32
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    «Reconfigurar la realidad» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 02/08/2020.
    ______________________

    Durante casi cuatro meses, este rincón de papel y tinta fue usurpado sin previo aviso por un diablo llamado Orugario. Durante la semana anterior a la declaración del estado de alarma, observé que la crónica de los estragos crecientes causados por la plaga (rampantes en países vecinos como Italia, incipientes pero ya muy notorios en España) desaparecía como por arte de ensalmo de los medios oficialistas; y que los consejos para evitar el contagio y las restricciones a las concentraciones humanas fueron bruscamente sustituidos por una insensata propaganda que invitaba a participar en unas malhadadas manifestaciones feministas. En uno de los últimos artículos que publiqué, antes de la usurpación de Orugario, lo dejé escrito («Señalando conspiranoicos», 6 de marzo de 2020): «Pero estas reglas no rigen para las manifestaciones feministas; pues los réditos propagandísticos que su celebración rinde al sistema son mucho más valiosos que el contagio de unos cuantos pánfilos y pánfilas».

    La celebración de aquellas manifestaciones fue un designio sistémico globalista, que quiere crear una sociedad al servicio del Dinero, desvinculada y a la greña, donde la infecundidad favorezca los sueldos misérrimos y la «movilidad» laboral. Fue un designio sistémico globalista, como luego lo sería la creación de una renta mínima que amanse a los millones de nuevos parados que el globalismo está fabricando. Pero este designio sistémico pasa inadvertido para una inmensa mayoría de españoles, que creen ilusamente (si se adscriben al negociado de derechas) que los lacayos que nos gobiernan pretenden implantar una «dictadura bolivariana», sin entender que lo que se avecina es algo infinitamente más protervo; o bien creen pánfilamente (si se adscriben al negociado de izquierdas) que las medidas arbitradas al dictado sistémico son «escudos sociales». Definitivamente, España era terreno propicio para el «padre de la mentira».

    Pero el mal ya no precisa, para imponer su designio, del estilo sibilino y solapado de aquel demonio Escrutopo urdido por C. S. Lewis en la sublime Cartas del diablo a su sobrino. El mal puede ahora actuar sin recato, orgulloso de sus fechorías; y puede, además, desarrollar estrategias mucho más vastas y fulminantes que las denunciadas en la obra señera de Lewis. Que escribía en una época en la que aún no se había completado aquella inversión de la conciencia moral avizorada por el profeta Isaías: «¡Ay de los que a lo malo llaman bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!». Cuando se ha moldeado a una generación en esta inversión de la conciencia moral, el mal puede -como señalaba Orugario, citando a Marcuse- «reconfigurar la realidad, aun en contradicción con los hechos». Esta reconfiguración de la realidad depara algunos episodios chuscos, como el reciente birlibirloque del «comité de expertos», que existen o dejan de existir según le pete al tirano; pero tales episodios chuscos son tan sólo donaires que se permite una voluntad maligna que actúa con libertad absoluta, sabiendo que entretanto las gentes están enzarzadas en una demogresca que les impide desvelar la verdadera naturaleza -preternatural- de lo que está ocurriendo.

    Con las Cartas del sobrino a su diablo quise contribuir modestísimamente a ese desvelamiento. Si adopté un tono satírico muy punzante y hasta procaz es porque hay realidades tan tenebrosas que sólo pueden ser abordadas satíricamente, si no deseamos que nos invadan el alma de horror y amargura. Pido disculpas a las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan si en alguna ocasión esos abismos asomaron en mis palabras.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...3_noticia.html.

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