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Tema: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

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  1. #1
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    «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    Serie de artículos publicados por el escritor Juan Manuel de Prada para el periódico ABC. «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 17/04/2020.
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    No se me escapa, dilectísimo tito Escrutopo, que pensabas que iba a fracasar cuando propusiste que fuese yo, tu bisoño sobrino Orugario, quien se encargara de aprovechar las consecuencias de la plaga coronavírica que devasta España. Como eres un carcamal, creías que España era todavía la tierra que en épocas pretéritas defendió con ardor a nuestro Enemigo. Pero la España contemporánea es un pudridero apóstata, más lastimoso que los pudrideros paganos de antaño. Pues no en vano España fue elegida durante siglos por nuestro Enemigo como general de su ejército; y quien rechaza ese honor tiene necesariamente que comerse las algarrobas de los puercos.

    Me encomendaste, venerado tito, que vigilara que se las comiese todas, evitando que en su alma ulcerada floreciese el más mínimo brote de conversión; y a ello me estoy empleando con denuedo. Permite que desde hoy te vaya narrando las vicisitudes de mi campaña victoriosa desde este rincón de papel y tinta que he usurpado a un tal Prada, un escritor tronado y sin lectores, soldado de nuestro Enemigo mil veces vapuleado al que, sin embargo, sigue entregando su mellada e insignificante pluma, el muy gilipollas.

    Déjame que te cuente hoy cómo los españoles se van a comer la algarroba de la «renta mínima universal» gracias a la izquierda caniche, siempre dispuesta a ejercer de mamporrera de nuestros intereses. Tú mismo, venerado tito, propusiste a la Plutocracia Globalista esta sagaz bicoca, que le permitirá deshacerse fácilmente de millones de trabajadores y a la vez acaparar los devastados tejidos productivos nacionales a precio de ganga. Pero a esos trabajadores convertidos en chatarra humana conviene engolosinarlos con una limosna que, a la vez que los bestialice (pues no otro es el destino de los hombres a quienes se priva de un trabajo digno), los amanse, evitando que se revuelvan contra la Plutocracia. Y, para que esta sagaz estrategia funcionase, había que presentarla como una operación de «falsa bandera» comandada por los tontos útiles de la izquierda caniche, que la presentan como una «conquista social». ¿Has oído a ese vicepresidente del Gobierno español, que presume de coincidir en las bondades de esta medida (¡fíjate si considerará idiotizados a sus adeptos!) con un homólogo subido al guindo del Banco Central Europeo? ¿Puedo confesarte que mi bálano ha llorado lágrimas de felicidad al escuchar tal alarde cínico, tito amado?

    Las mismas que ahora llora el tuyo, asombrado de mis astucias. La izquierda caniche, en lugar de ayudar con fondos del erario público a las pequeñas empresas locales que procuran un trabajo digno a millones de trabajadores, para que puedan seguir empleándolos mientras dure la plaga, las abandona a su suerte, condenándolas a la quiebra, para que luego la Plutocracia pueda comprarlas a precio de saldo. Y, a la vez, los trabajadores condenados al paro por la izquierda caniche acabarán comiendo de la mano que los condenó (y votándola), tras aceptar ese soborno o renta mínima que en breve los convertirá en lumpen, incapacitándolos económicamente para formar una familia (pero ya les brindaremos «remedios de la concupiscencia» mucho más divertidos que el matrimonio). Además, esta renta mínima tendrá que ser sufragada mediante salvajes exacciones tributarias a las declinantes clases medias, que después de ser exprimidas se convertirán también en lumpen. Para entonces, la Plutocracia ya se habrá largado con la pasta, dejando a los españoles chapoteando en el fango. Reconoce que soy un genio, querido tito Escrutopo; reconoce que pronto ocuparé tu trono. Entretanto, seguiré narrandote mis hazañas desde este rincón de papel y tinta.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...4_noticia.html

  2. #2
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (II)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 19/04/2020.
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    Sigo narrándote, carísimo tito Escrutopo, mis hazañas en esta España arrasada por la plaga coronavírica, que donde había un pimpante pudridero apóstata está logrando un espléndido moridero sacrílego, sin caridad ni sacramentos.

    Hoy tengo que contarte, regocijado, mis argucias para lograr una unidad de pacotilla en este trozo de planeta por donde cruza errante la sombra de Caín. Y aquí, tito amado, no puedo dejar de agradecerte el trabajo previo que los carcamales de tu generación realizasteis entre los españoles, instaurando entre ellos una deliciosa demogresca cuyo perfume -más embriagador aún que el del napalm- me gusta olfatear cada mañana, mientras me afeito los pelos hirsutos del ano. Gracias, venerado tito, por hacer honor a nuestro nombre de diablos y dividir a los españoles en un rifirrafe ideológico que los ha ido alejando de nuestro Enemigo; y gracias, sobre todo, por crear la partitocracia, que alimenta las disensiones y azuza las rencillas de los españoles, haciéndoles creer absurdamente que defienden cosas distintas, mientras hace fuertes a los demagogos que los apacientan. Y este bendito clima de demogresca ha adquirido ahora su versión suprema en las redes sociales, donde los españoles más envilecidos se despellejan en pandemónium de coprolalia. A veces, cuando veo que puedo ganar algun alma, no resisto la tentación de chapuzarme en estas redes, soltando algún pedo hediondo que envisque todavía más a los españoles y los haga desgañitarse de odio, como alimañas rabiosas en disputa de la carroña. Me divierto horrores, aunque bien sé que se trata de un placer plebeyo, indigno de un espíritu puro como yo.

    Por ello he ideado una nueva y refinadísima añagaza para asegurar su perdición. Los carcamales de tu generación, tito Escrutopo, os conformábais con sembrar la cizaña entre los pueblos; la audacia de tu sobrino Orugario no se conforma con tan destructivo pero facilón recurso. Como bien sabes, el camino más seguro hacia el infierno es el mal disfrazado de bien, muchísimo más venenoso que el mal a rostro descubierto. Así que me he metido en el cerebro del asesor áulico Iván Redondo (lo cual no ha sido tan fácil, porque primero he tenido que atravesar la capa estropajosa de su implante capilar, con pelos más hirsutos que los de mi ano), inspirándole la idea difusa de «unidad» que luego su teleñeco, el doctor Sánchez, ha repetido cual lorito. ¡La unidad, tito, que como bien sabes los pueblos alcanzan mediante la unión de las inteligencias en lo que es verdad, la unión de las voluntades en lo que es honesto y la unión de los espíritus en lo que es justo; una trinidad de unidades que sólo puede congregarse en torno a quien es uno y trino. Pero nosotros, que somos la mona de nuestro Enemigo (o sea, sus imitadores perversos), podemos ofrecer a los españoles una unidad de pacotilla, mediante la unión de las inteligencias en la mentira, la unión de las voluntades en lo deshonesto y la unión de los espíritus en lo injusto. Y esta unidad execrable deberá congregarse en torno al doctor Sánchez, que es una nada devoradora, un no-lugar anegado por el vacío, para despues completarse -trinidad paródica en torno a un diablo único, que es tu sobrino Orugario- añadiendo a alguna arrimada con ansias de protagonismo y casando a algún barbudito imberbe, que aunque a regañadientes terminará sumándose por flojera, pensando que podrá separarse cuando quiera. Pero, una vez que se hayan unido, no se podrán separar, porque yo tengo un anillo para gobernarlos a todos, un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas que se llama «consenso», el punto de encuentro de la gente sin principios desde el que se corta el bacalao y se reparte la guita.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...9_noticia.html

  3. #3
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (III)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 24/04/2020.
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    Cuando más escéptico estaba de poder destruir moralmente a los españoles, aprovechando la plaga coronavírica, me llegó tu envío, queridísimo tito Escrutopo. Al recibirlo, pensé ilusionado que sería una colección de tebeos hentai, para que me consolase tocando la zambomba; así que me pillé un cabreo de órdago al comprobar que era un libraco titulado «Tratado de la naturaleza humana», de un tal David Hume. Pero enseguida recordé que -por carcamal y por diablo- nunca das puntada sin hilo y me puse a leer. ¡Oh ínclito tito, cuántas enseñanzas provechosas me aguardaban! Los filósofos al servicio de nuestro Enemigo enseñaban que las facultades sensitivas deben subordinarse a las intelectivas, de tal modo que emociones y sentimientos sean elevados y depurados por la razón, que es la encargaba de emitir los juicios morales. Pero este cabronazo de Hume sostenía que los juicios morales nacen del sentimiento, de una emoción o «agrado» interior que se calibra con dos medidas: la utilidad, que nos permite calificar como buenas las acciones que mayor agrado nos procuran; y la simpatía, que es la tendencia a participar de los sentimientos de los demás, para formar parte de la tribu.

    Entendí entonces tu intención proterva, dilectísimo tito. ¡Se trataba de suscitar este emotivismo moral descrito por Hume entre los españoles, para que su inteligencia, anegada por una melaza sentimental, fuese incapaz de discernir las oscuras realidades que se están desarrollando ante sus ojos! ¡Se trataba de exponerlos a un constante bombardeo emocional que les provocase un agrado a la vez útil (placentero) y simpático (compartido por la tribu)! De este modo, no podrían rebelarse contra la iniquidad de unos gobernantes que exponen al contagio al personal sanitario; no podrían repudiar la iniquidad social que amontona a los viejos en morideros; no podrían hacer examen en conciencia de su propia iniquidad personal y ponerse en paz con nuestro Enemigo.

    De inmediato me movilicé, para mantener a mis víctimas pegadas como lapas a sus pantallitas, alejando de ellas la funesta manía de pensar (y más aún la execrable de rezar) y excitar el emotivismo moral de un pueblo que, por estar atenazado por el miedo y sin defensas espirituales, sería inevitablemente explosivo. Me preocupé de que en los telediarios se dejasen de emitir imágenes que hiciesen pensar en la muerte, en la enfermedad o en cualquier otra idea por la que pudiera infiltrarse nuestro Enemigo; y en su lugar se empezaron a suceder noticias botarates: artistillas sistémicos cantando «Resistiré», macizas (y macizos) ensayando coreografías buenrrollistas u horneando bizcochos, psicoterapeutas animándonos a contactar telemáticamente (adulterio de zambomba) con aquella novieta de la adolescencia a la que amamos en secreto… Y, como guinda de este pastel de emotivismo moral, urdí una obra maestra de la perfidia que, a la vez que ahoga en una melaza sensiblera la capacidad crítica de los españoles, los hace sentirse bien (utilidad) y acompañados (simpatía). Me refiero, venerado tito Escrutopo (ya ves que soy el más sembrado bellaco de todo el Averno), al aplausito diario, que nos permite lloriquear desde el balcón, a la vez que aplaza sine die el juicio moral sobre la malignidad de unos gobernantes que dejan al personal sanitario sin protección frente al contagio, o para más inri le reparten mascarillas de pega.

    Y tu sobrino Orugario lloriquea como una Magdalena. Lloriquea como lo hacía Rousseau, aquel insigne apóstol del sentimiento, al reparar en su bondad, tras abandonar a cada uno de sus cinco hijos en el hospicio. Anda, tito amado, no seas estrecho y mándame como premio un cargamento de tebeos hentai.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...9_noticia.html

  4. #4
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (IV)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 26/04/2020.
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    No creas que cedo ni un minuto en mi misión sibilina de captar españoles, mientras los diezma la plaga coronavírica o se quedan sin trabajo. Últimamente, me he centrado -para que no digas que descuido a nadie- en la derecha «sin complejos» (en otra ocasión te contaré mis andanzas con la acomplejada), que lanza de vez en cuando mensajes revulsivos que, si estuvieran bien formulados y dirigidos, podrían resultar muy contrarios a nuestros intereses. Para impedirlo, me he preocupado de que tales mensajes siempre estén formulados muy zafiamente, sin fuerza persuasiva ante las inteligencias que aún exigen discernimiento. Y es que, como enseña el capullo de Aristóteles, la verdad, para resplandecer, no sólo debe darse en su causa material (o sea, en su enunciado), sino también en sus causas formal y final. Y una verdad expuesta ruda y biliosamente con la finalidad de armar gresca y conseguir retuiteos a granel puede ser tan intoxicadora como la peor mentira, amén de mucho más eficaz para nuestros propósitos, porque provoca repelencia en las almas que aún pertenecen al Enemigo.

    Para que estos mensajes de la derecha «sin complejos» contribuyan a nuestra causa he procurado, en primer lugar, envolverlos con un atrezzo caricaturesco. Pocas cosas causan más hastío y repelús al patriotismo sereno que el patrioterismo con faralaes y charreteras que se exhibe histriónico en pulseritas o bragas rojigualdas. Aprovechando la plaga coronavírica, he inspirado en la derecha «sin complejos» unas mascarillas castrenses, de color caqui y con la consabida banderita rojigualda a modo de pegote, como si fuese una hemoptisis entreverada de sangre y moco lanzada al adversario, que convierten las pulseritas y braguitas patrióticas en paradigmas de sobriedad. También me he preocupado de que los paladines de la derecha «sin complejos», cuando se retiran la mascarilla de la boca, ensarten eslóganes chirriantes, de un esquematismo sin matices trufado de clichés tremendistas que les induzco a repetir de forma monomaníaca («gobierno socialcomunista», «narcodictadura bolivariana», «golpe de Estado», etcétera, con el soniquete sempiterno de Venezuela al fondo). De este modo, me he garantizado que sus júligans reaccionen con complacencia pauloviana, a la vez que las personas refractarias a las consignas reaccionan con cansino rechazo.

    Y, por supuesto, para que los mensajes subversivos de esta derecha «sin complejos» no sirvan para despertar a la España que madruga me he preocupado de que los propague el periodismo farlopero que trasnocha, a través de tuits pasadísimos de rosca y diatribas chulánganas por Skype (con chorvas pasando en bragas al fondo del plano). Tal vez porque soy un espíritu puro a quien sólo tientan los pecados espirituales, nada me procura tanto maligno placer como humillar a los humanos, empujándolos a arrastrarse en el barrizal que forman sus flujos genitales, mezclados con la arcilla que nuestro Enemigo empleó para modelarlos. Y si, encima, los humillados son los tolais que la derecha «sin complejos» ha elegido como adalides (que, al parecer, comparten sus chorvas, en una inquietante propensión al comunismo bolivariano), el placer es doble. ¿No te parece, tito Escrutopo, una deliciosa paradoja diabólica que los españoles peten los audímetros de los programuchos de cotilleo protagonizados por los adalides de la derecha «sin complejos», mientras los muertos por coronavirus petan los cementerios y el personal sanitario con mascarillas de pega peta los índices de contagio?

    Si no fuera porque los pecados de la carne me resultan por completo ajenos, te ordenaría que me lamieses ahora mismo las pezuñas, genuflexo ante mi genialidad.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...2_noticia.html

  5. #5
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (V)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 02/05/2020.
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    Leo en estos días -¡oh, dilectísimo tito Escrutopo!- los diarios de aquel ingrato de Baudelaire, que nunca renegó de nuestro Enemigo, a pesar de los muchos paraísos artificiales que le brindamos: «La gloria de Napoleón III -escribe- habrá sido probar que un cualquiera puede, apoderándose del telégrafo y de la imprenta, tiranizar a una gran nación». Desde la época de Baudelaire, los medios técnicos para tiranizar a una gran nación por medio del temor y la mentira se han centuplicado. Y si un botarate como Napoleón III pudo tiranizar Francia con ayuda del telégrafo y la imprenta, ¡imagínate qué no podrá hacer con España el doctor Sánchez, con ayuda de la interné y de los programas de cotilleo! Pero subsisten reductos que dificultan la tiranía, así que propuse al gobierno que desprestigiara a la Guardia Civil, ordenándola perseguir desafectos; y, para disimular este propósito, sugerí que se pusiera como excusa la lucha contra los «bulos. ¿Podrás creértelo, tito lindo? ¡Bulos! ¿No te parece desternillante que gentes que viven plácidamente instaladas en el bulo, como el niño gestante vive dentro de la placenta (siempre que su mami empoderada no decida triturarlo), se pongan a perseguir bulos? ¡Esta cruzada gubernativa por el monopolio del bulo merece considerarse, sin duda, una de las más vibrantes epopeyas democráticas!

    Para que los bulos de los tiranos no despierten recelos me he preocupado de que todos tengan un aval científico. Así, he podido divertirme lanzando los bulos más estrafalarios, que los españoles se tragan tan ricamente, como si fuesen albóndigas de niño trituradito. Les he hecho creer que la plaga tiene su origen en un guiso imaginario que los chinos cocinan con los bichos más asquerosos y estrafalarios (del pangolín al murciélago, y estoy por añadir una guarnición de cagarrutas de ornitorrinco). Les he hecho creer también que las mascarillas no sirven para protegerse del contagio (y se lo han tragado como pipiolos); y, a continuación, les he dicho lo contrario (y se lo han tragado también, batiendo el récord de Linda Lovelace). Y ahora me he inventado un palabro ortopédico, «desescalada», para hacerles creer que la plaga coronavírica se va a retirar por fases (pero hará como en la despedida de aquel célebre soneto: «Me voy, me voy, me voy, pero me quedo»). Con esto de la «desescalada» añado, en amalgama con el bulo científico, la humillación lingüística, pues me procura un especial placer humillar a este pueblo, que antaño estaba bendecido por el genio del lenguaje y hoy, si así lo desea el tirano, repite como un rebaño sumiso los palabros más horrísonos, o acepta sin inmutarse el birlibirloque semántico (como ha ocurrido con «confinamiento»).

    Y así, queridísimo tito Escrutopo, envuelto en patochadas de apariencia científica, he conseguido montar un estado de alarma mutante que permite todo tipo de experimentos de control social con el pueblo acogotadito. Primeramente, se le concedió la limosna de que sus hijos pudieran ser paseados, en trato de igualdad con los perros; y ahora aguarda expectante que lo dejen echar una carrerita, como a un perro al que se le afloja la correa. Para disfrutar de este momentazo gregario, tu sobrinito Orugario se acaba de embutir un disfraz de súcubo siliconado, con top melonero y mallas apretonas, de las que hacen sudar entre las peñas feroces, para tentar a todos los españolitos que salgan a corretear, impetuosos como miuras tras el encierro; y, a poco que arrimen cebolleta, les voy a pasar un cargamento coronavírico de magnitudes atómicas. En un par de días, volveré a escribirte, dilectísimo tito, para contarte mis aventuras trotonas; y, de paso, te revelaré cuán importante es la idolatría científica para nuestros propósitos.

  6. #6
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (VI)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 03/05/2020.
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    Has de saber, amadísimo tito, que en mis aventuras por la España coronavírica me subo mucho, por puro afán de travesura, a los autobuses, aprovechando las horas de mayor concurrencia. Entonces, en mitad del trayecto, me quito la mascarilla, para regocijarme con las reacciones de pavor y angustia de los pasajeros, a quienes desde hoy sus gobernantes, con el respaldo de los «expertos», les exigen ir embozados; los mismos expertos y gobernantes que antes lo consideraban inútil y hasta ridículo.

    Algún día tendrás que lamerme devotamente los bajos, por someter a estas gentes a la superstición científica, que además de convertirlas en zascandiles trémulos que acatan órdenes contradictorias, las aparta de nuestro Enemigo. Reconozco, por supuesto, el mérito de los carcamales que inspirasteis a aquel fraile agustino protestón y rey de la gayola la idea disparatada de que el pecado original había limitado la razón humana. Desde entonces, muchos sabios decidieron prescindir de las verdades metafísicas, conformándose con explorar las ciencias físicas. A estos sabios les prometisteis que la dedicación a la ciencia los convertiría en dioses. Pero muchos de ellos, en lugar de abjurar del Enemigo, acabaron reconociendo su grandeza; porque, como dijo algún capullo, «el primer sorbo de la copa de la Ciencia aparta de Dios, pero cuanto más se bebe de ella... más claro se ve en su fondo el rostro del Creador». Como tú sabes mejor que nadie, titajo Escrutopajo, la Verdad no se puede contradecir a si misma; y la ciencia y la fe, si son verdaderas, acaban siempre coincidiendo en sus conclusiones, aunque difieran en sus métodos y en sus objetivos formales.

    No se trata de exaltar las ciencias físicas en detrimento de las metafísicas, carcamalote de mis entretelas, sino de convertir la ciencia en superstición, haciendo creer fatuamente a los botarates que ni siquiera han probado de ella un sorbo que ya se han bebido la copa completa. Y a continuación, se encumbra como sacerdotes de esta superstición a unos «expertos» que transmiten a la plebe las instrucciones disfrazadas de ciencia que convienen en cada momento al gobernante de turno. Instrucciones que, aunque sean paparruchas cambiantes, las masas comulgarán fervorosas, porque la superstición científica se ha convertido entretanto en religión sustitutoria de las masas. Y como bien sabes, titete Escrutopete, «sólo se destruye lo que se sustituye».

    Así, la confusión mental generada por los «expertos», además de convertir a los hombres en plastilina que el tirano de turno puede modelar a placer, les impide distinguir la ley moral que nuestro Enemigo grabó en sus almas, así como las consecuencias ineluctables de quebrantarla, que son las que han traído esta plaga coronavírica. Porque (como a veces intuyen toscamente los ateos, cuando dicen que el planeta se rebela contra nuestros abusos) todo mal de naturaleza es efecto impepinable del mal moral; he aquí la verdad que he logrado ocultar a estas pobre gentes, mientras se quitan y se ponen la mascarilla. Pero a veces, en medio de mi triunfo, me asalta una tristeza irremisible; pues todo nuestro triunfo, titito Escrutopito, sólo servirá a la postre para apresurar la catástrofe final y la consiguiente rehabilitación sobrenatural. Hasta nosotros, titote malote, estamos trabajando para nuestro Enemigo. A veces, cuando nadie me ve, deseo fervientemente morir, como antaño deseaban los santos. Porque tú y yo, titirrititín mío, sabemos que la muerte no es un castigo, sino una promesa; una promesa de la que tú y yo hemos sido excluidos para siempre. Perdóname, pero la teología siempre me pone triste; y nadie sabe más teología que nosotros, los diablos.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...4_noticia.html

  7. #7
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (VII)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 08/05/2020.
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    Recordarás, amadísimo tito Escrutopo, que tu sobrinito Orugario ya te tranquilizó, advirtiéndote que cuenta con un anillo para atraer a la derecha y atarla en las tinieblas. Ya ves con qué facilidad he atraído, como te anticipé, a alguna arrimada con ansias de protagonismo, dejando al barbudito imberbe en terreno de nadie. Si reparas en las fechorías que urdo contra Pablo Casado, observarás que todas tienen como objetivo relegarlo a la intrascendencia y al ridículo. Por esta razón inspiré a su equipo unas fotos irrisorias, haciéndole creer que así contribuiría al encumbramiento de su líder. ¿Has visto esa fotica grimosa del cuarto de baño, en la que Casado pretende afectar pesadumbre por la plaga coronavírica pero sólo logra aparentar problemas de estreñimiento o adicción a la gallarda? ¿Conoces a alguien más malignamente jopu que tu sobrinito? ¿Y qué me dices de esa otra fotica en la que aparece, con una biblioteca de adorno al fondo (o sea, lo contrario de una biblioteca vivida), haciendo como que lee Homo Deus, esa refutación venenosa y pitufa de El hombre eterno de Chesterton que tú mismo inspiraste, titirrititín, para que los modernillos progres y ayunos de filosofía se sientan inteligentes? ¿Se te ocurre un modo mas regocijantemente alevoso de desprestigiar al líder la derecha española y retratarlo como un pobre genuflexo e inane que ponerle en las manos un bodriete que recomiendan Obama, Bill Gates y toda la recua globalista?

    En mi empeño por ridiculizar y reducir a la intrascendencia a Casado te reconozco, carísimo tito, que descuidé un poco a sus alfiles madrileños. Con Isabel Díaz Ayuso no vale la treta de hacerla posar en fotos ridículas, porque la tía tiene una fotogenia acojonante contra la que no se puede combatir; y, además, la dejé suelta durante un tiempo, permitiendo que montara en un periquete un hospital de campaña que fue el asombro del mundo y que llorase en la preciosísima catedral de Madrid unas lágrimas de una odiosa fuerza emotiva (no en vano todos nuestros followers y folloneros se pusieron como la niña del exorcista al verla). Pero ya he subsanado mis errores iniciales, aprovechando la irreflexión de Díaz Ayuso, su activismo pasado de revoluciones (en algo se le tenía que notar que ha hecho la mili en nuestra infalible escuela tuitera, vivero de impulsividades), también su buena voluntad un poco desnortada y sus precipitadas intenciones, que siempre hay que aprovechar para empedrar nuestras vías de acceso. Y entre la merendola que se organizó para celebrar el cierre del hospital de campaña y la dimisión de su experta sanitaria, he conseguido echar por tierra todos sus indeseables aciertos. ¿Ves, tito Escrutopo, cuán importante es hacer creer a las masas que los «expertos», aunque estén inmersos en un mar de confusiones, son infalibles?

    Respecto al alcalde Almeida, venerado titirrititín… Siendo el político más dotado de la actual derecha española, resolví -para que veas cómo valoro la acción de los carcamales precursores- recurrir al mismo método que vosotros empleasteis contra Ruiz-Gallardón. He puesto a todos los progres con espolones y colmillo retorcido y a todos los gacetilleros sistémicos a entonar ditirambos de Almeida, para hacerlo odioso a todos sus posibles votantes y, al mismo tiempo, halagarlo en su vanidad, para que empiece a lanzar guiños estériles a los que no le votarán ni hartos de pippermint. Y, por supuesto, estoy instilando en Casado una envidia bituminosa contra el hombre más dotado que él, del que es tierno amigo. De este modo, Casado ya ha empezado a incubar contra Almeida los mismos pensamientos que Macbeth incubó contra Banquo, del que también era tierno amigo. Dime que molo, tito, dime que molo.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...1_noticia.html

  8. #8
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (VIII)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 10/05/2020.
    ______________________

    Existe un grupo humano, titísimo lindo, que tu fiel sobrinito Orugario se ha propuesto cuidar con esmero mientras dura la plaga coronavírica, como las hormigas cuidan a los pulgones, que es el de quienes aseguran que la izquierda caniche pretende implantar una dictadura comunista (rama chavista o bolivariana, para mayor exotismo tropical y sandunguero). Pues, mientras sus adeptos piensan en obsoletas dictaduras comunistas, se olvidan del guiso que estamos cocinando. Y ya sabes, titonudo Escrutopo, que cuanto menos cree la gente en nosotros, más nos sirve, según escribió aquel tipejo llamado Baudelaire, que nos conocía como si nos hubiese parido.

    Ya me dirás, titoncete amado, para qué rabos y pezuñas queremos nosotros una dictadura comunista, que infaliblemente produce mártires, pudiendo implantar un gobierno mundial plutocrático, que sólo produce apóstatas y degenerados. Así, mientras siguen con la tabarra chavista, yo me dedico a lo que nos interesa, que es lo que Michel Foucault llamaba «biopolítica» y nuestro Enemigo «matar los cuerpos y las almas», que consiste en el dominio de las personas mediante el control de los espacios que habitan, de sus relaciones personales, de sus conductas y afectos y hasta de sus pensamientos y anhelos más secretos (pero en realidad transparentes, pues para entonces serán pensamientos y anhelos estereotipados). Un control que los encauzará hacia una «nueva normalidad» que ya no estará regida por leyes que prohíben, coartan o limitan las acciones humanas (como en cualquier democracia o dictadura comunista), sino por normas que actuarán positivamente, estableciendo los comportamientos correctos, que el rebaño acatará mansamente, incluso gozosamente, tras la plaga coronavírica. Quienes se salgan de la norma se convertirán de inmediato en parias que las masas señalarán, por insolidarios; y nuestros gobernantes caniches se encargarán de monitorizarlos, gracias a la tecnología 5G y a los chips subcutáneos con vacuna incorporada que les vamos a implantar, para aplacar sus angustias coronavíricas. Así, el poder dejará de ser coercitivo, para configurarse como un «modo de vida» normativo que las masas aceptarán encantadas (como ahora aceptan que les impongan horarios para salir a dar un paseo), dejando que intervengamos sobre sus experiencias y decisiones cotidianas, que podremos inducir fácilmente; pues la «biopolítica» trata, precisamente, de apropiarse de las almas de los sometidos, mediante la invasión pacífica de su conciencia.

    Así, mientras la apedrean con la amenaza de una dictadura comunista (o fascista, lo mismo da), la gente no entenderá que el destrozo de las economías nacionales y la infestación pornográfica, la desaparición de los pequeños negocios y el escarnio de las virtudes tradicionales, la depauperación de las clases medias y la rebelión contra el «heteropatriarcado», la creación de un paro estructural salvaje y la abolición de la familia, la aceptación mansurrona del teletrabajo y el barullete penevulvar, la supresión del dinero en efectivo y la proliferación de aplicaciones para ligar, la implantación de la renta mínima y el antinatalismo tienen todos el mismo objetivo. Y ese objetivo no es (¡ay qué risa, tía Escrutopisa!) la instauración de una dictadura bolivariana, sino de un gobierno plutocrático mundial que favorezca el advenimiento de ese «tirano gigantesco, colosal, universal, inmenso» que vislumbró el hijodelagrán de Donoso Cortés; un tirano que ya no se encontrará con resistencias «ni físicas ni morales, porque todos los ánimos estarán divididos y todos los patriotismos muertos». Y ese tirano, titirrititín amado, será nuestro mesías, tan anhelado por todos los carcamales que me precedisteis.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...9_noticia.html

  9. #9
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (IX)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 16/05/2020.
    ______________________

    No pienses, ¡oh tito del mal consejo!, que descuido mi misión; pues, aunque soy amigo de las expansiones festivas, no olvido que el nombre de «diablo» me obliga a crear desunión e inquina entre los españoles, hasta convertirlos en perros rabiosos.

    Desde que llegué a esta España arrasada por la plaga coronavírica no he parado, ¡oh tito inclemente!, de encizañar a sus pobladores. Aunque, desde luego, he de reconocer que nada habría podido hacer si antes los carcamales de tu generación no los hubieseis desgraciado mediante el invento infernal de la partitocracia, que los ha dividido gozosamente en facciones irreconciliables. Los veo enzarzados en sus rifirrafes resbalosos de vómito, mientras la plaga los diezma, y me emociono hasta las lágrimas. ¡Qué hermoso panorama de miserias hediondas, de vilezas purulentas, de odios enviscados y sulfurosos! ¡Y qué fácil es echarles cualquier piltrafilla sanguinolenta a modo de cebo sobre el que se abalanzan paulovianamente, olvidando al instante lo que nos conviene que olviden! Cada vez que tengo que enviscar a los españoles adscritos al negociado de derechas, les arrojo cualquier piltrafilla del vicepresidente de la coleta que prometía asaltar los cielos y se conformó con asaltar la poltrona: sus infracciones de la cuarentena, sus visitas al supermercado sin mascarilla, sus trajines con las becarias o sus mefistofelismos desde la tribuna. Y cuando quiero enviscar a los españoles del negociado de izquierdas les arrojo cualquier piltrafilla protagonizada por la presidenta madrileña, tan precoz que dejó de creer en nuestro Enemigo ¡a los ocho años! y tan rezagada que ¡a los cuarenta corridos! confunde la valentía con el agitprop tuitero (pero seguramente una cosa sea producto de la otra): sus lágrimas con rímel en misa, su nidito hotelero de convaleciente o sus posados superferolíticos. Y así, mientras unos y otros espumajean de rabia, se deja de hablar, por ejemplo, de las decenas de médicos y auxiliares sanitarios que han muerto porque tuvieron que atender a los infectados de coronavirus sin protección; o, para mayor escarnio tétrico, con la protección de pega que el Gobierno compró (a precio de oro y con remanguillé de comisiones) en el chino.

    Y, en el colmo de la perfidia, ¡oh tito indigno de veneración!, he conseguido infiltrarme entre los propios médicos y auxiliares sanitarios, emponzoñándolos de ideología marrullera, para que se difumine la responsabilidad de los homicidios que han sufrido sus compañeros, haciéndolos clamar farisaicamente contra las mascarillas que ha repartido la presidenta madrileña (como si esos trapillos les fuesen a salvar del contagio), o jalear los aplausitos emotivistas que arreciaban desde los balcones y hacían olvidar la masacre médica. De nada me siento tan orgulloso como de esta infiltración en el gremio sanitario, que me parece una obra maestra de la perfidia ante la que hasta tú mismo, ¡oh tito del mal consejo!, tendrás que prosternarte. Y todas estas argucias cizañeras las urdo para que los españoles se fatiguen en sus querellas cainitas mientras se la meten doblada; pues, como dijo aquel capullazo llamado Chesterton, «el despotismo es el fin de las democracias fatigadas». Y no hay democracia más fatigada, ¡oh tito lindo, espejo de injusticia, trono de sofistiquería!, que la democracia degenerada en demogresca que instauraron las oligarquías partitocráticas. Ellas nos han hecho el trabajo sucio, ¡oh tito indigno de honor!, y a nosotros sólo nos resta poner la guinda al pastel, nombrando déspota de los españoles al doctor Sánchez, que en el infierno no serviría ni para escachar liendres, pero que en este mundo escachará y reducirá a fosfatina a España entera, para regocijo de nuestra Legión.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...1_noticia.html

  10. #10
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (X)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 17/05/2020.
    ______________________

    Gracias mil, titísimo Escrutopo, por hacerme llegar las felicitaciones que toda la plutocracia globalista te ha transmitido, genuflexa ante tu ojo sin párpado, en las misas negras que se han oficiado para conmemorar la creación de una renta mínima. Nuestros adoradores se merecían este premio, que les permitirá convertir en chatarra a millones de trabajadores, sin temor a revueltas sociales hasta que quiebre el sistema.

    Pero no pienses que mi única pretensión era contentar a nuestros adoradores y devolverles con creces el dineral que desde hace décadas destinan a sobornar a la izquiedra caniche. Creando esta renta mínima anhelo, sobre todo, ganar almas; quiero decir, arrebatárselas a nuestro Enemigo. Como no se te escapa, titonísimo titán, el trabajo digno es la actividad en la que confluyen todas las potencias y facultades humanas -inteligencia, voluntad, creatividad…- y a través de la cual el hombre mejora el mundo y se perfecciona como persona. De ahí que los carcamales de tu generación concibierais la idea grandiosa de desnaturalizar el trabajo, imponiendo un economicismo materialista que lo supeditaba al capital; de este modo, los hombres se sintieron una pieza más (y cada vez peor remunerada) de la cadena de producción y renegaron de un trabajo alienante. Pero hacía falta una vuelta de tuerca más; hacia falta animalizar a esas personas alienadas, dándoles una renta mínima que, a la vez que las mantenga en la ociosidad envilecedora, les deje llevar una vida plebeya sin vínculos ni compromisos, infectada de acedia y hastío vital, de haraganería y desapego, de aversión hacia todas esas potencias y facultades que antaño les permitían perfeccionarse mediante el trabajo, también de una vaga rabia vengativa.

    Y esa rabia vengativa del hombre subsidiado y ocioso encontrará su desahogo mordiendo las llamadas -con inspiración de tu sobrinito Orugario, que se disfraza de becaria súcuba para comer el tarro y otras cositas más carnosas a la izquierda caniche- «grandes fortunas», luego a las «fortunitas» y ya por último a los simples «ricos», que para entonces serán quienes tengan una nómina y un pisito. Utilizando esta semántica maliciosa me propongo, titoncete lindo, inspirar en quienes cobren la renta mínima la creencia de que aún podrían cobrar más con tan sólo pillar cacho de esos ricos en diverso grado. Pues no se trata de ayudar al pobre, sino de envilecerlo de rencor y envidia de los bienes ajenos; y estos sentimientos sórdidos, ascendidos a la categoría de virtudes democráticas, permitirán a su vez empobrecer al resto de la sociedad (empezando por las «grandes fortunas», siguiendo por las «fortunitas» y acabando por los «ricos» de nómina y pisito modesto), hasta fundirlos a todos en una pobreza de alimañas subsidiadas y subsidiantes que pastorearán nuestros adoradores plutócratas.

    Ante todo, esputillo Escrutopillo, hay que evitar que las fortunas -grandes o pequeñas- se orienten hacia el ahorro, que estimula la inversión productiva y el empleo mediante el préstamo social. Y para ello hay que machacarlas con expolios que las dirijan hacia los paraísos fiscales y hacia los pelotazos especulativos que molan a nuestros adoradores plutócratas. Así infestaremos de odios la sociedad entera, condenando a una parte a la ociosidad y la envidia de los bienes ajenos y a la otra a las angustias del escamoteo financiero. Y conseguiremos, titajo gargajo, que unos y otros se pierdan, abrasados por la solicitud terrena, convirtiendo esta España coronavírica en un nido de áspides que intercambian sus venenos, mientras chapotean en la ruina. Y, entretanto, tú y yo pegándonos la vidorra padre, de misa negra en fiesta blanca.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...4_noticia.html

  11. #11
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    Re: «Cartas del sobrino a su diablo» por Juan Manuel de Prada.

    «Cartas del sobrino a su diablo (XI)» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 22/05/2020.
    ______________________

    ¡Mentira me parece, tito Escrutopocho, que albergues esos temores, siendo un diablo que hilaba tan fino! Y a un viejito chocho que fue tan fino hilador como tú habrá que regalarle una rueca. Dices que contemplas con inquietud -pues te hace temer por la estabilidad de un gobierno tan favorable a nuestros propósitos- los bandazos irracionales del doctor Sánchez, el secretismo con el que destruye informes, oculta la identidad de sus «expertos» o escamotea un «portal de transparencia», las arbitrariedades esotéricas con las que justifica el estado de alarma o dosifica esa mamonada de la «desescalada»... ¿Se puede saber de qué pezuña chocheas, carcamalote mío?

    El hombre es un repugnante híbrido, hecho de carne y espíritu: como espíritu, se orienta hacia un objeto eterno y estable; como carne, sus pasiones y anhelos cambian constantemente. Los paganos no lograron equilibrar estos dos elementos, de tal manera que la apetencia de un objeto eterno propia del espíritu se mezclaba con las veleidades de la carne; y así necesitaban, para mantenerse entretenidos, un batiburrillo de misterios eleusinos y taumaturgias a cada cual más superferolítica, porque los espíritus de sus adeptos estaban tan agitados como su carne y deseosos -igual que su carne estaba deseosa de novedosas orgías- de ritos iniciáticos que cambiasen cada día, anagnórisis abracadabrantes, ensalmos enigmáticos que convertían sus templos en una discoteca de magias potagias. Y todo ello, coronado por la guinda de los sacrificios cruentos, a veces humanos, que lo dejaban todo salpicado de sangre.

    Con estos desórdenes del espíritu acabó la Encarnación de nuestro Enemigo, que enalteció la asquerosa carne humana, brindándole también un objeto eterno y estable en el que podía mirarse amorosamente. Y así la carne, sin abandonar su naturaleza, pudo «religarse» con el espíritu y encontrar un nuevo equilibrio que ya no necesitaba los esoterismos patidifusos de antaño, sino que se hacia visible a través de los sacramentos (¡sólo de pensar en ellos me viene una lipotimia!), que se completaban a través de actos carnalísimos como una caricia o una imposición de manos; y con elementos tan cotidianos como el agua o el aceite. O como el pan o el vino, que se alían para coronarlo todo con un (¡aggghhh!) sacrificio incruento que trae la paz a las almas.

    Nuestra astucia, titirrititín de cuernos mellados y rabo flácido, consiste en apartar a los humanos de nuestro Enemigo, de tal modo que sus espíritus desnortados acaben adoptando las agitaciones irracionales de la carne, al estilo pagano. Y, para lograrlo, hay que brindarles religiones sustitutorias. ¿Y qué otra cosa son las ideologías en boga, titón chochón? Pero las ideologías a palo seco, con su único sacramento del papelito en la urna, sus soñolientas misas parlamentarias y su propaganda fidei de tertulietas politiquillas, son más aburridas que un infierno sin parrilladas. Así que, para mantener a estas gentes exaltadas, hay que amenizar el sucedáneo religioso con bandazos irracionales, secretismos, ocultamientos y escamoteos, arbitrariedades esotéricas y desquiciadas que dejen pasmados a sus adeptos y a la vez los tornen más crédulos y fanáticos. ¿No has visto con qué brío aplauden en los balcones y en las calles parten crismas a los fachas? Y todo ello coronado con un sacrificio cruento de millones de puestos de trabajo y ruinas familiares y empresariales. Pues a los espíritus que han perdido su objeto eterno sólo les resta acatar las veleidades irracionales de quienes los mangonean. Definitivamente, si no adviertes mi maniobra es que estás gagá. Te mandaré por mensajero la rueca, tituso; pero ten cuidado, no te pinches con el huso.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...1_noticia.html


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