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Tema: El aborto es un crimen, no un derecho

  1. #381
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    Re: El aborto es un crimen, no un derecho

    Agustín Laje - 15 Mentiras Sobre El Aborto





    https://www.youtube.com/watch?v=uHqrfp259hc

  2. #382
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    Re: El aborto es un crimen, no un derecho

    Aborto y objeción de conciencia por Antonio Caponnetto


    Un irrelevante total

    Al parecer,el pasado 20 de junio –mala fecha para andar diciendo zonceras- desde el sitio oficial del Instituto Acton (que se llama así, no por la marca de patinetas sino en homenaje al lord gringo puesto en el Index en tiempos del Beato Pío IX), Don Gabriel Zanotti perpetró una nota titulada “Del aborto clandestino al totalitarismo clandestino”. Puede verla el masoquista lector en Del aborto clandestino al totalitarismo clandestino – Gabriel Zanotti | Instituto Acton

    Llama la atención que el autor sea un relapso, que vuelve a asumirse inverecundamente cual católico liberal convicto y confeso, y que deslice un rechazo burlón hacia la Quanta Cura. Algo así como si un mahometano se confesara islámico-mormón y rechazara las azoras, aleyas y bizmillas del Corán.

    Y llama la atención asimismo que crea poder compatibilizar su catolicismo gloriándose de haber sido prácticamente el único que defendiera a los Testigos de Jehová, cuando –según él- éstos “se pudrían sistemáticamente en la cárcel” por causa de sus objeciones de conciencia. Latiguillo este último que blanden hoy las salvajes izquierdas por doquier, desde sus múltiples medios. Porque es común entre la intelligentzia nativa, subirse al caballo por derecha y bajar por siniestra.

    Los Testigos de Jehova son, en sentido estricto, una secta satánica, abocada de modo explícito a ultrajar a la Iglesia. El recurso a la objeción de conciencia lo usaron para dejar morir con crueldad a algún pariente, impidiéndole la transfusión de sangre, o para ofender la bandera nacional o para negarse a servir a la patria bajo la forma del servicio militar obligatorio.

    Ser católico y defensor de los Testigos, y del uso crapuloso que hacen de la conciencia objetante, guarda la misma coherencia que ser trotskysta y cruzar espadas por los cautivos del Gulag. Hasta ahora sabíamos –como dice el Pseudo Exúpery- que lo esencial es invisible a los trotskos. Habrá que agregar también a los zanóticos.

    Pero en la noteja de marras, the man of the Acton nos interpela dos veces a los nacionalistas católicos; y más específicamente a la revista Cabildo. Elige para ello el modo de una pregunta, que no registra Aristóteles entre los recursos lingüísticos de la Retórica, pero sí las mucamas cuando se enojan en la feria. No se tome por reproche,¡vamos!. Pura ley clásica de lo semejante en pos de lo semejante. Ambos hacen las compras para sus patrones.

    ¿Y cuál sería el núcleo de la acusación zanótica hacia nuestras amenazantes huestes ultramontanas? Nos expliquemos de una vez.

    En primer lugar -se nos dice- los políticos aborteros, al negarse a reconocer la objeción de conciencia a los providistas incurren en un “totalitarismo clandestino[…], revelando con ello hábitos de pensamiento totalitarios típicos, lamentablemente de la cultura argentina”. Que sepamos el rechazo a la objeción de conciencia, cada vez que ha sido planteado, no lo fue desde la clandestinidad sino desde altos estrados públicos y visibles. El senador Pichoto, por ejemplo,hace uso de su texticulillo masón anti objetante con ostensible exhibición oficial. Lo que ha pasado a la clandestinidad en él y en sus pares, es la moral y la decencia, pero no el imperativo tiránico.

    Sobre la existencia de un hábito totalitario, estamos completamente de acuerdo. Es el del totalitarismo democrático, que impone su despotismo de la cifra, su prepotencia del número,su abuso de la cantidad, la opresión de su mitad más uno. Y esto es obra maldita del liberalismo, mentor, cultor y practicante del dogma de la soberanía popular y de la mentira del sufragio universal. Si van a invocar los hábitos vayan a la cuestión 51 de la prima secundae de la Summa, para aprender a detectar a sus causantes.

    En segundo lugar, según este muchacho Gabriel de la Zanatosa, los nacionalistas de Cabildo seríamos culpables de “tanto poder otorgado al Estado”, de querer estatizar “la salud y la educación” por ser “derechos sociales”; de pensar que “todo estaba bien con un ministro de educación <católico>, y por supuesto con Onganía y con Videla”; pero que, como ahora, las cosas han cambiado y el poder estatal “va para otro lado”, suceden estos atropellos como querer negar la objeción de conciencia. La culpa es nuestra, en suma, porque a diferencia de los católicos liberales que “lucharon siempre contra el poder”, nosotros le dimos más y más poder al Estado.

    Sinceramente nos duele ver cómo se le caen los anillos, se le desgracia el jubón y se le amarrona la librea al mayordomo del Lord hereje. Lo teníamos por sujeto de otro horizonte cultural y moral. Y aunque no lo supusimos nunca destinatario del encomio lorquiano: “voz de clavel varonil”, tampoco creíamos que prestaría su palabra a tanta mariconería junta.

    El Nacionalismo Católico, precisamente por lo segundo, que a la vez califica y sustantiviza a lo primero, jamás concibió al Estado como algo distinto a lo que enseña al respecto la Doctrina Social de la Iglesia. Ni estatolatría,ni neutralismo,ni omnipotencia,ni indiferentismo. Ni panteísmo de Estado ni ausencia irresponsable del mismo.

    Nos hemos cansado de repetir con Oliveira Salazar, que el Estado debe ser una persona de bien, ejercitante, entre otros, del principio de subsidiariedad; y que no es lícita ninguna de las formas de monopolio estatal sobre la educación o sobre alguna de las cuestiones vitales en las que esté en juego la salvación de las almas o aún la mera salud integral de la creatura.

    Ni en la teoría ni en la práctica hemos concebido un Estado que no fuera “el ministerio de Dios sobre la tierra para asegurar el bien común”. Nuestro ideario, en todo caso, está antes en la UnamSanctam de Bonifacio VIII, pero nunca en el Discurso de Sarmiento en el Senado, del 13 de septiembre de 1859, proclamando que el Estado no tiene caridad ni alma. Porque es el Estado Liberal, instaurado tras la derrota de Caseros, con previo delito de traición a la patria, el que impuso su laicismo integral a sangre y fuego. Y es en nombre de ese laicismo masónico que hoy pueden negar los reclamos de la conciencia católica ante un crimen como el aborto.

    ¿Qué objeción de conciencia respetó el Estado liberal cuando impuso la obligatoriedad del matrimonio civil, o la del voto coactivo,multando a sus infractores y colocándolos en la lista de los réprobos? ¿Qué objeción de conciencia respetó ese mismo Estado Liberal cuando sometió a las familias a la educación común de signo jacobino u obliga desde hace décadas al ciudadano común a tener que regirse por una moneda extranjera si quiere acceder a una vivienda?

    El Nacionalismo Católico no ha sido nunca poder en la Argentina. Y es redondamente una infamia –de esas que en otros tiempos se dirimían con el guantazo arrojado a la cara del canalla- afirmar que nosotros no hemos enfrentado siempre al poder de turno; y que no hemos pagado por ello el alto costo que supone ser políticamente incorrecto a perpetuidad.

    Gobiernos civiles y militares, oligarcas de overol o de levita, proletarios o burgueses,peronistas o gorilas, cursillistas o budistas, ¡todas!, absolutamente todas las variantes del Régimen han conocido nuestra enemistad. Incluyendo el Onganiato y el Proceso; afirmaciones tajantes que podemos convalidar con una montaña de documentación escrita,publicada y difundida en cada circunstancia histórica.

    No debería Zanotti mencionar la cuerda en casa del ahorcado. A su padre, el Proceso le restituyó la cátedra de Política Educativa en la UBA; fue asesor de la Armada a partir de 1969, cuando aún gobernaba Onganía; y en el homenaje a su figura, que le hiciera La Nación a los diez años de su muerte, en la Fundación Bank Boston, asistieron personalidades del liberalismo católico como el Dr. Llerena Amadeo, que fuera ministro de Educación del Proceso, Víctor Massuh, otrora embajador ante la UNESCO o el Contralmirante Sánchez Sañudo, partícipe de la Revolución Libertadora. Datos todos que el mismo Juniors nos ha aportado en sucesivos artículos. Y que son, además, del dominio público.

    Y datos ante los cuales, en principio, podríamos encogernos tranquilamente de hombros, si no fuera por que se pretende que, para nosotros, “la nación católica se da en las dictaduras católicas de derecha”. De pronto –milagros de la homonimia- Zanotti ha mutado en Zanatta (il forlivez bugiardo), y ambos –por merecida alquimia- en zanahorias,vocablo cuya tercera acepción permiten los académicos del idioma sinonimizar con imbécil.

    Pero dejemos a este “irrelevante total”, como se autodefine en el artículo que le estamos comentando; y vayamos al tema de fondo. ¿Es lícito y/o recomendable esgrimir la objeción de conciencia ante la posible o cierta legalización del aborto?

    La objeción de conciencia

    Va de suyo que al modo de los liberales,no. Porque en la perspectiva liberal es una variante más de la autonomía del juicio individual, del culto al subjetivismo relativista, del rechazo de cualquier forma de heteronomía ética o de moral objetiva, de la libertad convertida en antojo. Lo mismo vale hoy para no matar a un embrión, que ayer para matarlo negándole una transfusión sanguínea o mañana para desertar de una guerra justa, si tal posibilidad existiera. Por eso, la categoría “objetores de conciencia” ha sido siempre cara a las izquierdas progresistas y liberales. Y por eso el Magisterio de la Iglesia supo hacer sus claras distinciones[1].

    Pero supuesto en un sujeto sano y responsable el ejercicio del habitus primorum principiorum o sindéresis,por cierto que está en todo su deber primero, y en su derecho después, levantar bien alto la voz de su conciencia, ante una ley aborrecible, para exigir que se obedezca a Dios antes que a los hombres(Hechos 5,29). La conciencia recta no puede sino rebelarse contra lo que escolásticamente se llamaba una real, objetiva y flagrante atrocitatem facinoris o acto de atroz injusticia.

    Ahora bien; el hombre que así gloriosamente actúa, para que su acto sea no sólo ejemplar y edificante sino santo y heroicamente congruente, no debe pedir garantías al mismo verdugo de que nada le sucederá si no sacrifica a los falsos ídolos. Gritará –como consta en las Actas de los Mártires- ¡no sacrificaré!, y pedirá fuerzas a Nuestro Señor para aguantar las consecuencias. Como mostró el rey Balduino de Bélgica que era posible, perdiendo nada menos que su trono por no consentir el nefando crimen del aborto. Después, si la leguleyería impuso sus triquiñuelas, es otra cosa. Pero el gesto es válido.
    Nunca son recomendables sino despreciables los católicos libeláticos; esto es, aquellos que buscan la garantía,la contemporización y el refugio del poder constituido. La chancha y los veinte no se puede ni se debe. Si no sacrificamos nos pueden echar del trabajo,sí. Y ser denostados por anónimos y cobardes plumíferos. Y perder fama, honor y hacienda, sí; y ser declarados enemigos del pueblo, también, como tantos casos gloriosos. Hay una bienaventuranza para los que todo lo padecen por causa de Cristo. Y un nombre, el de mártires, para quienes pueden ofrecer hasta la vida.

    Entendemos a los profesionales de la salud que exigen la objeción de conciencia legalizada y garantizada por el Estado si se aprueba la Ley IVE (Infernal Voluntad de Exterminio). Pero primero será pedir el milagro de que el Dios de las Batallas aplaque la furia criminal de los aborteros; y después, si tal gracia no la merecemos, pedir el milagro de que se nos de la fortaleza extraordinaria para sobrellevar las consecuencias, que no serán fáciles. Mucho menos si además de una conciencia rectamente objetora, no hay una conciencia parusíaca. Bueno sería que la Iglesia, antes de acompañar este pedido de la objeción de conciencia –que para algunos equívocos conceptuales se presta- predicara sobre las Postrimerías y sobre la virtud de estar dispuesto a perderlo todo antes de pecar contra Dios. Al fin de cuentas se supone que es lo que rezamos diariamente en el Pésame.

    Es de San Buenaventura la hermosa enseñanza aquella, según la cual: “la conciencia es como un heraldo de Dios y su mensajero; y lo que dice no lo manda por sí misma, sino que lo manda como venido de Dios, igual que un heraldo cuando proclama el edicto del Rey. Y de ello deriva el hecho de que la conciencia tiene la fuerza de obligar” (In II Librum Sententiarum,dist.39,a.1,q.3).
    Sólo en este sentido se podrá hablar de una conciencia objetante, impugnante y movilizadora del Buen Combate. El resto es el pecado del liberalismo; o el temor de los cobardes; o el conformarse cada vez con menos de los tibios; o el acomodarse en la derrota para conservar el puesto; o el tirar la toalla antes de que la lid acabe.

    No será el liberalismo católico el que venga a darnos lecciones de resistencia al poder. Tampoco nos vanagloriamos de ser nosotros paradigmas de conductas. Pero la Iglesia, “columna y sostén de la Fe”(I Timoteo 3,15), Mater et Magistra y Esposa del Señor, tiene un escuadrón de testigos para que nos espejemos en ellos en estas horas duras y cruciales.

    Digo la Iglesia. De pie al pronunciar su nombre y de rodillas tras pronunciarlo. Digo la Iglesia semper idem. Digo la Iglesia: Una, Santa, Católica y Apostólica. Contra ella no podrán ni han podido nunca obtener el triunfo definitivo los enemigos de la Cruz. Porque la Barca la conduce Cristo. Y Cristo navega hacia lo alto,hacia Arriba. Desde donde se sale victorioso cuando parece que el laberinto nos tiende la más cruel encerrona.

    [1] Recomendamos dos lecturas: Rafael Somoano Berdasco, Pacifismo, guerra y objeción de conciencia, a la luz de la moral católica, Madrid, Fuerza Nueva,1978 y Gonzalo Muñiz Vega, Los objetores de conciencia, ¿delincuentes o mártires? , Madrid, Speiro, 1974.

  3. #383
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    Re: El aborto es un crimen, no un derecho

    «Aborto y mundialismo» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 14/III/2016.
    ______________________

    Suele ocultarse que el antinatalismo es un producto de la ideología liberal, que por un lado exalta la autonomía de la voluntad y el individualismo; y, por otro, postula un orden económico que requiere que los trabajadores reduzcan su prole, para que sus salarios sean más bajos, según estableciese David Ricardo en su célebre “ley de bronce de los salarios”. Durante décadas, esta “conspiración de los cobardes” (por utilizar la expresión de Chesterton) pudo realizar tranquilamente sus fines mediante la aplicación de métodos malthusianos y eugenésicos; pero a la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, con el colapso del colonialismo y sabiéndose que Hitler era (¡mecachis!) un ferviente eugenista, hubo que cambiar la estrategia para que el Dinero (ahora ya un Dinero apátrida, o sea transnacional, tal como había predicho Pío XI en "Quadragesimo Anno") pudiera seguir ejecutando aquel genocidio silencioso.

    El instrumento de su ejecución fueron las organizaciones supranacionales surgidas con la excusa aspaventera de mantener la paz entre las naciones y el objetivo real de configurar un Nuevo Orden Mundial que asegurara la supremacía del Dinero. Ni siquiera ha sido un plan completamente “secreto”: no hace falta sino leer aquel maligno informe elaborado por Kissinger, en el que se establecía sin ambages que la supremacía de los Estados Unidos debía fundarse sobre la reducción de población, para evitar que los recursos que aseguran su pujanza económica fuesen acaparados por masas de indigentes. Para lograr este propósito genocida, tan querido por la plutocracia internacional (resulta muy revelador que, entre sus promotores y mecenas más conspicuos hallemos siempre a plutócratas, de John Rockefeller III a Bill Gates), la ONU desarrolló un intenso plan de acción cuyo objetivo último era la imposición a nivel planetario de los llamados “derechos reproductivos”. Este plan se ejecutó a través de estrategias diversas: una coercitiva, que alcanzó su expresión más cuajada en la imposición del “hijo único” en China, iniciativa diseñada por la UNFPA, la agencia de la ONU dedicada al control de población; y otra, mucho más inteligente y sibilina, vertebrada en torno a la célebre sentencia del caso Roe vs. Wade, que legaliza el aborto en los Estados Unidos, en flagrante conculcación de su Constitución. Esta sentencia abrirá los ojos al magnate Rockefeller, que descubre que, para extender su evangelio negro, mucho más eficaz y más barato que suministrar dinero a gobernantes corruptos es “empoderar” directamente a las mujeres, exacerbar en ellas aquel concepto nefasto de libertad postulado por la ideología liberal que las convertiría en cipayas gustosas de su plan antinatalista y en propagadoras chillonas de aquella sórdida religión avizorada por Chesterton, que a la vez que exalta la lujuria prohíbe la fecundidad. Este hallazgo de Rockefeller sería de inmediato asumido por la ONU y sus agencias protervas (aquí no podemos dejar de mencionar a la Organización Mundial de la Salud, encargada de propagar histerias como la reciente del virus del Zika, para que las naciones que se resisten al mandato antinatalista se acaben de rendir), que en la Conferencia de Pekín de 1995 consagrará el “empoderamiento” de la mujer y exaltará las teorías de género. En esta Conferencia de Pekín, por cierto, alcanzaría gran relieve la figura de Hillary Clinton, la bruja Hilaria, mamporrera mayor del mundialismo, hoy encargada por sus capataces de doblegar definitivamente a los Estados Unidos, completando el sueño diseñado por el perro Kissinger.

    Sólo hay un modo de combatir el aborto; y consiste en oponerse políticamente a los designios del mundialismo. Todo lo demás es música de arpa y postureo inane.

    https://www.facebook.com/39334999408...type=3&theater.

  4. #384
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    Re: El aborto es un crimen, no un derecho

    Los monstruosos detalles de la nueva ley de Nueva York para abortar hasta el nacimiento

    En 1973 el Tribunal Supremo aprobó la sentencia del caso Roe contra Wade, legalizando el aborto y desposeyendo a los hijos por nacer de sus derechos humanos. La demandante del caso, Norma L. McCorvey, acabó arrepintiéndose de ello y se unió al movimiento provida. En el marco de la actual desprotección de los miembros más inocentes e indefensos de nuestra especie, el 22 de enero de 2019 el estado de Nueva York aprobó una ley que legaliza el aborto hasta el nacimiento. Como ya ocurrió hace años con la esclavitud, esta atrocidad se justifica como un “derecho”. La ley puede leerse pulsando aquí. Me he tomado la molestia de repasarla a fin de ofreceros un detallado análisis de su contenido. Os lo ofrezco a continuación, enlazando en cada caso las leyes correspondientes, con el compromiso de rigor que caracteriza a Contando Estrelas, que incluye ofrecer acceso directo a las fuentes para que no tengáis que fiaros de mi palabra.

    El médico podrá dejar morir al bebé si sobrevive al aborto

    En su artículo 3, la nueva ley
    elimina toda la sección 4164 de la Ley de Salud Pública de Nueva York, relativa a los casos en los que un bebé sobrevive a un aborto. Esa sección obligaba al médico a brindar atención inmediata al niño y le concedía “protección legal inmediata conforme a las leyes del estado de Nueva York, incluidas, entre otras, las disposiciones aplicables de la ley de servicios sociales, el artículo cinco de la ley de derechos civiles y la ley penal”. Así pues, con la nueva ley, el médico abortista podrá dejar morir al niño si sobrevive al procedimiento y sale vivo del vientre materno. La compasión que ya no se tenía por el hijo por nacer, tampoco la tendrá el hijo ya nacido. Como también veremos en los siguientes puntos, esta ley no otorga ningún valor a la vida del hijo por nacer, sea deseado o no. En Nueva York cualquier mascota tiene a partir de ahora más protección legal que esos niños.
    Permite vender métodos abortivos a menores y
    sin ser farmacéutico

    El artículo 4 de la nueva ley deroga la
    subdivisión 8 de la sección 6811 de la Ley de Educación de Nueva York. Esa subdivisión prohibía vender o distribuir entre menores de 16 años cualquier instrumento o artículo o cualquier receta, droga o medicamento con fines abortivos. También prohibía la venta o distribución de los mismos a mayores de 16 años si no era mediante un famacéutico con licencia. La nueva ley suprime ese párrafo sin más, sin prever ningún tipo de garantía sanitaria para las chicas. Es como el estado de Nueva York quisiera dar barra libre a cualquiera que quiera ganar dinero con el aborto, incluso a costa de poner en peligro la salud de las madres. ¿Se dan cuenta los políticos que han aprobado esa ley de las contraindicaciones que tienen esos medicamentos? ¿Se piensan que tomar una píldora abortista es como tomarse una aspirina? La paradoja es que en el estado de Nueva York no puedes comprar tabaco ni bebidas alcohólicas si eres menor de 21 años, y necesitas tener 20 años para entrar en una discoteca, pero podrás comprar píldoras abortivas siendo menor de 16. Es una locura.

    Permite matar al hijo por nacer hasta el mismo momento del nacimiento

    En su artículo 6, la nueva ley modifica el
    artículo 125 de la Ley Penal de Nueva York, despenalizando el homicidio de un hijo por nacer una vez pasada la semana 24ª de embarazo. Es decir, que esta nueva ley permite matar a un hijo por nacer hasta el mismo momento del nacimiento. No se precisa ningún tipo de plazo. De hecho, a diferencia de otras leyes que prevén ciertos plazos o condiciones para abortar, esta reforma parece creada para borrar toda referencia al aborto de las leyes de ese estado, hasta el punto de desproteger a la madre en casos de abortos forzados y dejarla indefensa ante médicos abortistas negligentes, como veremos a continuación. De hecho, parece una ley creada para proteger las espaldas de los influyentes grupos abortistas estadounidenses, incluso en casos de mala praxis.

    Despenaliza provocarle un aborto a una mujer contra su voluntad

    Los artículo del 5, 6 y 7 de la nueva ley suprimen toda referencia al aborto en el
    artículo 125 de la Ley Penal de Nueva York, ya sea a voluntad de la propia mujer o en contra de ella. De hecho, el artículo 5 suprime incluso el artículo 125.60 de la citada Ley Penal, que castigaba la distribución de artículos abortivos para obtener el aborto espontáneo de una mujer. El artículo 7-a de la nueva ley deroga, así mismo, las subdivisiones 2 y 3 del artículo 125.05 de la Ley Penal de Nueva York. La subdivisión 2 define el acto de aborto como la administración de drogas o el uso de cualquier otro método “con la intención de causar un aborto involuntario de esa mujer”. En resumen: esta ley despenaliza provocarle el aborto a una madre en contra de su voluntad. Despenaliza el aborto forzado. Nueva York parece haber adoptado la legislación de la dictadura comunista de China. Como el país asiático, Nueva York es ahora uno de los lugares más inseguros para las madres que deseen tener a sus hijos, ya que no tienen protección penal para sus bebés.

    Si un médico provoca la muerte de una paciente durante un aborto no afrontará cargos penales

    Los artículo 8 y 9 de la nueva ley deroga
    la subdivisión 2 del artículo 125.15 y la subdivisión 3 del artículo 125.20 de la Ley Penal de Nueva York, que calificaban como homicidio en segundo y primer grado (en este caso, después de la semana 24 de emberazo) el hecho de cometer un acto de aborto sobre una mujer causando la muerte de la embarazada de forma involuntaria. Como ya ha advertido LifeNews, esto protege a los médicos abortistas que causen la muerte de la mujer embarazada por una negligencia: ya no tendrán que afrontar cargos penales, a diferencia de lo que ocurre con el resto de los médicos en otros casos de negligencia. Esto supone, en la práctica, que los médicos abortistas tendrán unos estándares más bajos que el resto de los facultativos. Esto protegerá a criminales como Kermit Gosnell, condenado en 2013 -entre otros delitos- por la muerte de una mujer a causa de una sobredosis de anestesia durante uno de los abortos que él perpetró. Lo más irónico es que esta misma ley afirma tener el propósito de garantizar un aborto “seguro” a la mujer.

    Y mientras tanto, las feministas celebrándolo.

    Los monstruosos detalles de la nueva ley de Nueva York para abortar hasta el nacimiento
    Última edición por ALACRAN; 31/01/2019 a las 20:15

  5. #385
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    Re: El aborto es un crimen, no un derecho

    El obispo Barron, dolido por las carcajadas de Nueva York al aprobar el aborto hasta el nacimiento



    Un sonriente Andrew Cuomo firma la ley que permite abortar hasta el momento antes del parto. A su lado, una de las abogadas del caso Roe v. Wade, que legalizó el aborto en EEUU

    29 enero 2019



    El gobernador de Nueva York, el autodenominado católico y demócrata Andrew Cuomo, firmaba el pasado 23 de enero una ley que permite abortar hasta el mismo momento del nacimiento. Las imágenes de los aplausos y carcajadas de los allí presentes al aprobar una normativa que legaliza asesinar a un niño que horas después si hubiera nacido debería proteger han dado la vuelta al mundo. Incluso el político neoyorquino quiso celebrar esta ampliación del aborto iluminando el nuevo World Trade Center.

    Robert Barron, obispo auxiliar de Los Ángeles y gran experto en medios de comunicación, ha analizado la decisión del gobernador, su autoproclamado catolicismo, y recuerda como el propio padre de Cuomo ocupando el mismo cargo dijo ya en 1984 que aunque se oponía al aborto no estaba dispuesto a hacer nada para luchar contra él. Es entonces cuando Barron recuerda a Santo Tomás Moro en este artículo en Word on Fire:
    Nueva York, el aborto y un atajo hacia el caos

    Lo especialmente irritante fue la celebración. En el 46º aniversario de la sentencia Roe vs Wade, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, firmó el protocolo que autoriza el aborto prácticamente sin restricciones, permitiendo matar a un niño no nacido hasta el momento antes del parto.

    Tras la ratificación, los legisladores y sus partidarios aullaron, gritaron y aclamaron, una escena tan deprimente como el júbilo que estalló en Irlanda el año pasado cuando se aprobó en referéndum la legalización del aborto.

    Por supuesto, salió a relucir toda la retórica sobre los derechos de la mujer, la salud reproductiva y el empoderamiento, pero ¿cómo no ver lo que había en juego? Si un recién nacido fuese brutalmente desmembrado y asesinado mientras se encuentra plácidamente en la cuna en casa de sus padres, como es lógico todo el país se escandalizaría y pediría una investigación sobre el asesinato. Pero ahora la ley de Nueva York confirma que ese mismo niño, momentos antes de su nacimiento, mientras descansa plácidamente en el vientre de su madre, puede ser hecho pedazos con un fórceps con total impunidad. Y nadie llamará a la policía; más bien parece que ese asesinato sería motivo de celebración.

    Entendida en sentido negativo, una ideología es un marco conceptual que te ciega ante la realidad. La finalidad de cualquier sistema de ideas es, obviamente, arrojar luz para acercarnos a la verdad de las cosas; pero una ideología hace lo contrario, nos ofusca por completo ante la realidad, distanciándonos de la verdad. Toda la palabrería que he mencionado antes son términos ideológicos, cortinas de humo. O, si se me permite adoptar la terminología de Jordan Peterson, es la charlatanería de los demonios, el confuso barullo del padre de la mentira.

    Recuerdo que, durante la campaña presidencial de 2016, le preguntaron varias veces a Hillary Clinton si el niño en el seno materno, minutos antes del nacimiento, tenía derechos constitucionales, y esta política extremadamente inteligente, experimentada y astuta decía una y otra vez: “Es lo que dicen nuestras leyes”. Así pues, por una cuestión de ubicación puramente accidental, con el niño no nacido puede hacerse una carnicería y ese mismo niño, momentos después y ya en brazos de su madre, debe ser protegido con toda la fuerza de la ley. Que muchos de nuestros líderes políticos no puedan o no quieran ver hasta qué punto esto es absurdo, solo puede ser resultado del adoctrinamiento ideológico.

    Mientras veía las imágenes de Andrew Cuomo firmando esta repugnante ley, mi mente se remontó hasta 1984, al auditorio de la Universidad de Notre Dame, donde su padre, Mario Cuomo (también entonces gobernador de Nueva York) hizo una célebre alocución.

    En su extensa e intelectualmente sustanciosa conferencia, el gobernador Cuomo se presentó a sí mismo, de forma convincente, como un católico fiel, totalmente convencido en conciencia de que el aborto es moralmente atroz. Pero también hizo una fatídica distinción que ha sido explotada por los políticos católicos progresistas durante los últimos 35 años. Explicó que, aunque él se oponía personalmente al aborto, no estaba dispuesto a emprender ninguna acción legal para abolirlo, ni siquiera para limitarlo, puesto que él era representante de todo el pueblo, y no solo de quienes compartían sus convicciones católicas.

    Ahora bien, esta distinción es ilegítima, lo que se hace evidente en cuanto planteamos una analogía con otros asuntos públicos de gran relevancia moral: “Personalmente me opongo a la esclavitud, pero no haré nada por ilegalizarla o limitarla”; “personalmente considero repugnantes las leyes Jim Crow [de segregación racial], pero no llevará a cabo ninguna estrategia legal para revertirlas”; etc. Con todo, en última instancia Mario Cuomo se declaraba profundamente confundido y angustiado, dispuesto a apoyar la legislación abortista solo como una lamentable necesidad política en una democracia pluralista.


    El obispo Barron denuncia en este artículo cómo se ha llegado hasta esta situación.

    Pero en el plazo de una única generación, hemos pasado de una tolerancia a regañadientes a una celebración desbocada, desde el atribulado Mario al exultante Andrew. Y la razón es muy simple. Una religión privatizada, que jamás se encarna en un gesto, en una actitud, en un compromiso moral, se desvanece rápidamente. Convicciones que fueron poderosas, pero que nunca se traducen en nada concreto, se convierten, casi de un día para otro, en veleidades piadosas, y terminan por desaparecer por completo.

    En la extraordinaria obra de teatro de Robert Bolt sobre Santo Tomás Moro, Un hombre para la eternidad, encontramos una reveladora conversación entre el cardenal Wolsey, un político endurecido y básicamente amoral, y el santo Moro. Wolsey se lamenta: “Eres un constante pesar para mí, Tomás. Solo con que contemplases los hechos de forma más sencilla, sin esa horrible bizquera moral, solo con un poco de sentido común, podrías haber sido un hombre de Estado”. A lo que responde Moro: “Bueno… creo que cuando un hombre de Estado renuncia a su conciencia privada en nombre de sus deberes públicos… conduce a su país por un atajo hacia el caos”.

    Abandonar las convicciones de la conciencia en el ejercicio de los deberes públicos es precisamente equivalente a “personalmente me opongo pero no estoy dispuesto a llevar a cabo ninguna acción concreta para poner en práctica mi oposición”.

    Y este abandono –evidente en la alocución de Mario Cuomo en 1984- nos ha conducido efectivamente por un atajo hacia el caos, patente en la gozosa celebración de Andrew Cuomo de una ley que permite el asesinato de niños.
    Publicado en Word on Fire.
    Traducción de Carmelo López-Arias

    https://www.religionenlibertad.com/e...acimiento.html
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    Re: El aborto es un crimen, no un derecho

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Lo anterior es un artículo de mons. Barron, obispo de Los Angeles denunciando el escándalo de esa nueva y espantosa liberalización abortista neoyorquina.

    Pero hay otro dos escándalos aun mayores:
    ¿Cómo es posible que el firmante y máximo reponsable de esa ley de asesinato abortista sea un católico confeso, el tal Cuomo?

    Y el otro : ¿siendo católico tomará la Jerarquía episcopal alguna medida contra él? Vistos los precedentes segurísimo que no.

    ¿Nada que comentar sobre ese detallito, sr. obispo? ¿Tiene o no derecho ese alcalde neoyorquino como católico a firmar esa ley asesina? ¿Si no lo tiene por qué no se le excomulgará o algo similar?
    (¿o será que... a lo mejor, mira por donde, "tiene derecho" a que la Iglesia no le diga nada ni le moleste? ...y es que hay normativas y directrices algo raritas, mucho subterfugio, mucho doble sentido, etc en los textos del Concilio y sucesivos, y no sería extraño que ahí radique el problema...)

    En fin: ¿tendrá derecho realmente ese asesino a seguir proclamando a voz en grito que es "católico", sin que Vds, señores "obispos" le tapen la boca y desmientan de derecho y de facto que lo sea, fomentando con su pasividad, el escándalo?

    ¿Son católicos Vds o qué coño son? ¿Quién les paga para no hacer nada?


    La pregunta del millón... a la que nadie responderá, por supuesto.
    Última edición por ALACRAN; 31/01/2019 a las 20:49


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