Es decir, que esa "antigua iglesia" que se atribuye a Mons Lefrebre, que condena el modernismo (como hicieron todos los papas anteriores) cumple el papel farisaico; suponemos que para Garrigues, todos los papas anteriores a Juan XXIII eran fariseos, pues defendían la "antigua Ley" (la Ley de la Iglesia de Cristo). Menudo anatema nos regala el buen señor, metido a "inquisidor" o a nuevo "papa" (liberal, se etiende). ¿Dónde dijo Cristo, que el modernismo había que aceptarlo?...La acusación de monseñor Lefèbvre es la de todos los que estérilmente –pero no sin gran daño para la Iglesia– se han enfrentado con ella. Ellos, los de Lefèbvre, son también de la «antigua Iglesia», como lo fueron los fariseos de la «antigua ley», de la ley de Moisés contra la ley nueva de Cristo. No podían admitir que Cristo diera un mandamiento «nuevo», un Nuevo Testamento, y Pedro mismo, fundamento de la Iglesia, sufrió por ello y temblaron las raíces de su judaísmo.
¿Quién es el señor Garrigues, para acusar así?, pues un señor que fue director general con la República, ministro con Franco y con Juan Carlos. Todo sin bajarse del coche oficial. Sabía mucho de sanedrines; y según su propio hijo (con indisimulado orgullo filial) de amoríos con alguna famosa viuda de la Casa Blanca.
CRONICA | Azul y Rosa
"Moisés, Cristo, Pedro… Y por lo que parece deducirse ¡¡Juan XXIII, también a su altura!! Juan XXIII, para el sr. Garrigues y los de su onda… ¡¡como otro nuevo Cristo, dando otro nuevo testamento, fundando una nueva religión, etc.!!"
A veces, en efecto, estos liberales sí que son "más papistas que el papa" cuando les interesa. Pero según parece, la condena al liberalismo como ideología aún opera legalmente; aunque muy pocos la recuerden.
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