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Tema: ¡Comulgad dignamente!

  1. #61
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!



    Mi boca. Mi sagrario

    Aquella alma recibía una especialísima gracia de Dios cada vez que tomaba la Sagrada Comunión. Cuando Nuestro Señor le daba su Bendito Cuerpo, a través de las manos consagradas del sacerdote, notaba como su lengua permanecía inmóvil, y la Sagrada Hostia permanecía dentro de su boca “flotando”, sin contacto alguno con el velo del paladar; y así permanecía en espera de la Preciosísima Sangre. Y entonces Cuerpo y Sangre unidos se fundían en el Cristo único. Esta alma experimentaba, entonces, que su boca era un verdadero sagrario que custodiaba el Bendito Cuerpo de Nuestro Señor. Esa boca que poco antes había pronunciado su fe en la presencia real del Cuerpo de Cristo, ahora lo custodiaba como un verdadero sagrario.


    Ese sagrario es la antesala del gran sagrario que es el alma y el cuerpo, que quedan santificados y glorificados cuando es recibido el Señor en estado de gracia. Nuestra boca debe ser purificada de la maledicencia, de la mentira, de la murmuración. El alma ha de quedar santificada para mirar con pureza y no con deseo, para desear con desprendimiento y no con aprovechamiento propio, para compartir y no para acumular. El cuerpo ha de quedar como “transfigurado”, despreciando la vanidad, la presunción, valorando y apreciando la modestia y el recato, la discreción y sencillez en el porte exterior.


    Qué sublime momento aquel en que la Santísima Virgen Dolorosa tuvo entre sus benditos brazos el Santísimo Cuerpo de su Hijo, descendido del madero de la cruz. Qué sublime mirada de amor y dolor la de la Madre hacia el Hijo. Ella lo recibió entre sus brazos cuando vino al mundo y lo despide de igual forma. Siempre acogiendo. Siempre abrazando y cuidando. Siempre modelo de amor hacia su Hijo.


    La Santísima Virgen María es el modelo perfectísimo de cómo hemos de recibir a su divino Hijo en la Sagrada Comunión. Ella Sagrario viviente. De igual forma, nosotros recibimos el Cuerpo de Cristo como sagrarios vivos. Que mejor que nuestra boca, como sagrario vivo, para recibir el Cuerpo que nuestra Madre recibió al pie de la Cruz. Aquellos santos brazos que con amor y reverencia abrazaban a su Divino Hijo son ahora nuestra boca que debe recibirlo con todo el amor y reverencia a imagen de nuestra Madre.


    ¿Con qué reverencia y amor recibimos al Señor en la Sagrada Comunión? ¿Con qué santidad, y deseos de ella, la recibimos? Siempre nuestra Madre es ejemplo y modelo para amar a su Hijo.


    Ya no son José de Arimatea y Nicodemo quienes descienden del madero el Cuerpo del Señor, ya no es la Santísima Virgen quien lo acoge en su regazo, ahora, en la Sagrada Comunión es Él mismo quien se nos da para ser recibido con el amor, reverencia y devoción con que su Bendita Madre lo recibió.


    Querido amigo, piensa en aquellos santos momentos del descendimiento cuando vayas a comulgar y piensa: Mi boca, mi sagrario.


    Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa


    Mi boca. Mi sagrario | Adelante la Fe

  2. #62
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!

    LA COMUNIÓN, DE RODILLAS Y EN LA BOCA

    por el cardenal Malcolm Ranjith
    (traducción de la versión en italiano por F.I.)


    Se trata de la parte más significativa del prólogo que el cardenal Ranjith, entonces Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos bajo el pontificado de Benedicto XVI, le estampó al libro de monseñor Athanasius Schneider, Dominus est, acerca de la Sagrada Eucaristía. El título se lo hemos puesto nosotros.

    La exhortación a comulgar de manera que el cuerpo mismo exprese la devoción interior ha sido abundantemente repetida a lo largo de los siglos. Así se explicitó en Trento, al indicar que «no ha de temerse de Dios castigo más grave de pecado alguno que, si cosa tan llena de toda santidad o, mejor dicho, que contiene al Autor mismo y fuente de la santidad, no es tratada santa y religiosamente por los fieles». Lo que excluía de todo punto la manipulación de las sagradas especies por quien no fuese sacerdote, según enseñanza que santo Tomás recoge en la Summa: «por reverencia a este Sacramento, nada lo toca sino lo que está consagrado, ya que el corporal y el cáliz están consagrados, e igualmente las manos del sacerdote para tocar este Sacramento. Por lo tanto, no es lícito para nadie más tocarlo, excepto por necesidad ( por ejemplo si hubiera caído en tierra o también en algún otro caso de urgencia)» (III, q. 82, a. 13).

    Comunión a los manotazos o «a la bartola»,
    por S.E.R., el entonces cardenal Bergoglio
    Visto que los actuales abusos irrumpieron casi automáticamente después de la reforma litúrgica montiniana, a la que aparecen inevitablemente asociados, la exhortación a recibir devotamente al Señor (de rodillas y en la boca, según praxis ancestral ligada a la Misa tradicional) debiera, para ser consecuente hasta el fin, incluir la invitación a volver al culto de siempre, desechando como a experimento fallido la misa nueva. Y aunque parezca obvio que no debe esperarse un mensaje tal de parte de un hombre de la Jerarquía de nuestros días -aun de uno que celebra habitualmente según el Vetus Ordo-, la posibilidad cierta de un cisma que se otea en el horizonte próximo puede serlo también (¡así lo auguramos!) del redditus de un sensible puñado de cardenales y obispos al cauce nunca extinto de la tradición católica. Señales promisorias pueden ser textos como el que sigue, antepuesto al libro de aquel obispo que supo clamar valerosamente por una «revisión del Vaticano II» y por la promulgación de un «nuevo Syllabus» (sobre monseñor Schneider hemos tratado precedentemente aquí).


    ♦♦♦


    En el libro del Apocalipsis San Juan cuenta cómo, habiendo visto y oído lo que le fue revelado, se postraba en adoración a los pies del ángel de Dios (cf. Ap 22, 8). Postrarse o ponerse de rodillas ante la majestad de la presencia de Dios, en humilde adoración, era una costumbre reverencial que Israel actualizaba siempre en presencia del Señor. Dice el primer libro de los Reyes: «cuando Salomón acabó de dirigir al Señor esta oración y esta súplica, se paró delante del altar del Señor, donde estaba arodillado con las palmas extendidas hacia el cielo, se puso de pie y bendijo a toda la asamblea de Israel» (1 Reyes 8, 54-55). La posición de súplica del Rey es clara: él se hallaba de rodillas ante el altar.


    La misma tradición es también visible en el Nuevo Testamento, donde vemos a Pedro ponerse de rodillas delante de Jesús (cf. Lc 5, 8); a Jairo, para pedirle que sanara a su hija (Lc 8, 41), al samaritano que volvió para agradecerle y a María, la hermana de Lázaro, para pedir la gracia de la vida para su hermano (Jn 11, 32). La misma actitud de postración ante el asombro de la presencia y la revelación divina se nota en general en el libro del Apocalipsis (Ap 5, 8-14 y 19, 4).


    Íntimamente ligada a esta tradición estaba la creencia de que el Templo Sagrado de Jerusalén era la morada de Dios y, por tanto, en el templo correspondía adoptar actitudes corporales expresivas de un profundo sentido de humildad y reverencia ante la presencia del Señor.


    También en la Iglesia la profunda convicción de que en las especies eucarísticas se encuentra el Señor verdadera y realmente presente, y la creciente práctica de conservar la santa Comunión en los tabernáculos, contribuyeron a la práctica de arrodillarse en actitud de humilde adoración del Señor en la Eucaristía.


    De hecho, acerca de la presencia real de Cristo en las especies eucarísticas el Concilio de Trento proclamó: «in almo sanctae Eucharistiae sacramento post panis et vini consecrationem Dominum nostrum Iesum Christum verum Deum atque hominem vere, realiter ac substantialiter sub specie illarum rerum sensibilium contineri» [«en el augusto sacramento de la santa Eucaristía, luego de la consagración del pan y del vino, se contiene verdadera, real y substancialmente nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo la apariencia de aquellas cosas sensibles»] (DS 1651).


    Además, santo Tomás de Aquino ya había definido a la Eucaristía latens Deitas (santo Tomás de Aquino, Himnos). Y la fe en la presencia real de Cristo en las especies eucarísticas pertenecía ya desde entonces a la esencia de la fe de la Iglesia Católica y era parte intrínseca de la identidad católica. Estaba claro que no se podía edificar la Iglesia en caso de que tal fe se viese mínimamente afectada.


    Por lo tanto la Eucaristía -pan transubstanciado en Cuerpo de Cristo y vino en Sangre de Cristo, Dios entre nosotros- debía ser acogida con estupor, máxima reverencia y en actitud de humilde adoración. El papa Benedicto XVI, recordando las palabras de san Agustín: «nemo autem illam carnem manducat, nisi prius adoraverit; peccamus non adorando» (Enarrationes in Psalmos 89, 9; CCLXXXIX, 1385) subraya que «recibir la Eucaristía significa ponerse en actitud de adoración hacia Aquel que recibimos [...] sólo en la adoración puede madurar una acogida profunda y verdadera» (Sacramentum caritatis, 66).


    Siguiendo esta tradición, es claro que asumir gestos y actitudes del cuerpo y del espíritu que facilitan el silencio, el recogimiento, la humilde aceptación de nuestra pobreza ante la infinita grandeza y santidad de Aquel que viene a nuestro encuentro en las especies eucarísticas resultaba coherente e indispensable. La mejor manera de expresar nuestro sentido de reverencia hacia el Señor Eucarístico era seguir el ejemplo de Pedro, que, como dice el Evangelio, cayó de rodillas ante el Señor y le dijo: «Señor, apártate de mí, que soy un pecador» (Lc 5, 8).


    Vemos en tanto cómo en algunas iglesias esta práctica es cada vez menos observada y los responsables no sólo imponen a los fieles la recepción de la Sagrada Eucaristía de pie, sino que incluso han eliminado todos los reclinatorios, forzando a sus fieles a estar sentados o de pie incluso durante la elevación de las especies eucarísticas presentadas para la adoración. Es extraño que se hayan adoptado estas medidas en las diócesis de parte de los responsables de la liturgia, o en las iglesias de parte de los párrocos, sin siquiera una mínima consulta de los fieles, aun cuando hoy día y más que nunca se habla en muchos ambientes de democracia en la Iglesia.


    Al mismo tiempo, hablando de la comunión en la mano, se debe reconocer que fue una praxis introducida abusivamente y muy a prisa en algunos ambientes de la Iglesia poco después del Concilio, alterando la secular praxis precedente y convirtiéndose ahora en práctica regular para toda la Iglesia. Se justificaba tal cambio diciendo que reflejaba mejor el Evangelio o la antigua práctica de la Iglesia.


    Es cierto que si se recibe en la lengua, también se puede recibir en la mano, ya que este órgano del cuerpo tiene igual dignidad. Algunos, para justificar esta práctica, se refieren a las palabras de Jesús: «tomad y comed» (Mc 14, 22; Mt 26, 26). Sean cuales sean las razones para apoyar esta práctica, no podemos ignorar lo que está sucediendo a nivel mundial donde esta práctica resulta implementada. Este gesto contribuye a un gradual y creciente debilitamiento de la actitud de reverencia hacia las sagradas especies eucarísticas. La práctica anterior, en cambio, salvaguardaba mejor aquel sentido de reverencia. Fueron emplazados, por el contrario, una alarmante falta de recogimiento y un espíritu de general desatención. Se ven ahora comulgantes que a menudo regresan a sus asientos como si nada extraordinario hubiera ocurrido. Los niños y los adolescentes están mayoritariamente distraídos. En muchos casos no se nota aquel sentido de seriedad y silencio interior que deben indicar la presencia de Dios en el alma.


    Luego están los abusos de quien se lleva las sagradas especies para conservarlas como souvenir, de quien las vende, o peor aún, de quien se las lleva para profanarlas en rituales satánicos. Este tipo de situaciones se han detectado. Incluso en las grandes concelebraciones, también en Roma, varias veces han sido halladas sagradas especies tiradas por tierra.


    Esta situación no sólo nos lleva a reflexionar sobre la grave pérdida de la fe, sino también sobre los ultrajes y ofensas al Señor que se digna venir a nosotros queriendo hacernos semejantes a Él, de manera que se refleje en nosotros la santidad de Dios.











    In exspectatione: LA COMUNIÓN, DE RODILLAS Y EN LA BOCA

  3. #63
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!

    Niñas de primera comunión: ¡Ah! pero, ¿tú crees en Dios?

    • Es preocupante que niñas de 10 años se manifiesten ateas, pero aún lo es más que no conciban que alguien pueda creer.
    • Y que sí conciban que alguien mienta con una eucaristía sacrílega, sólo para lucir vestido.


    Ocurrió el pasado domingo en la madrileña Casa de Campo. Una niña vestida de primera comunión celebra eso, su primera comunión, con amigas y familiares.


    Las protagonistas del suceso tendrán, calculo, 10 años, quizás nueve. Una de la amigas se dirige a la protagonista del acto y, con cierta expresión de repugnancia -es decir, con cara de adulto- le espeta:


    -¿Pero tú crees en Dios?


    La interrogada se señala el traje y responde:


    -Claro, si he hecho la Primera Comunión es porque creo en Dios.


    Una tercera interviene en nombre de la coherencia atea:


    -Pues como yo no creo en Dios no pienso hacer la comunión.


    Es preocupante que los niños no crean en Dios porque a esa edad no puede pedírseles una fe razonada: digamos que siguen la estela de sus padres y de su ambiente. En plata: que si una niña se confiesa atea a los 10 años es porque lo ha mamado en casa.


    Pero aún es más preocupante la infantil agresividad de la primera de las ateas, quien consideraba que su amiga, o prima, o vecina, había hecho una primera comunión hipócrita, de mentirijillas, supongo que por lucir traje, con la ocultación expresa de una radical -todo en la infancia es radical, afortunadamente- negación del Dios Creador y redentor.


    Eso es más preocupante, porque, ¿qué generación estamos creando? Un espejo de la nuestra, sin duda. Y entonces, ¿qué generación somos?


    Eulogio López


    Niñas de primera comunión: ¡Ah! pero, ¿tú crees en Dios? | Diario digital Hispanidad

  4. #64
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!


    Prefirió morir antes que recibir la comunión de un hereje

    [Cuaderno de Bitacora] SAN HERMEGILDO: EL PRÍNCIPE ESPAÑOL, HEREDERO AL TRONO, QUE PREFIRIÓ PERDERLO JUNTO CON SU VIDA, ANTES DE RECIBIR LA COMUNIÓN DE UN OBISPO HERÉTICO ARRIANO. De él dice el Martirologio romano: En Sevilla, el santo mártir Hermenegildo, hijo del rey visigodo arriano Leovigildo, fue puesto en prisión por su herético padre por su constancia en confesar la Fe católica. En la noche solemne de la Pascua rehusó recibir la comunión pascual de un obispo arriano, por mandato de su pérfido padre, fue decapitado (en el año 586), por lo que entró en el reino celestial como Rey y como Mártir.
    Su vida y martirio son más actuales que nunca porque no faltan en nuestras Iglesias, en nuestros días, herejías como la arriana que blasfeman de la divinidad de Cristo y se cometen innumerables sacrilegios en la celebración de los sagrados misterios. La Presencia Real de Dios en el Corpus Christi, es objeto en todo el mundo de ofensas, irreverencias y desprecios. Desde hace mucho tiempo cada día se da menos importancia a este adorable y consolador misterio.


    San Hermenegildo nos enseña también a «evitar el trato con los herejes». «Devita hereticum hominem» (de la Epístola de san Pablo a Tito) fue la divisa que acuñó en las monedas que conmemoraban su regio principado.


    El testimonio de san Hermenegildo se yergue altivo frente «catolicismo» ecumaníaco, sincretista e interconfesional de hogaño.


    Marco histórico y religioso de su época: El establecimiento de los antepasados visigodos de Hermenegildo en la península Ibérica, tras ser expulsados de su reino de Tolosa en los primeros años del siglo VI, supuso para la sociedad hispanorromana –más culta y en su mayoría católica– una seria convulsión y no poco sufrimiento de imposiciones políticas, sociales y religiosas nacidas al socaire de la doctrina herética propugnada por Arrio dos siglos antes y seguida por obispos influyentes que, corno Ulfilas, la habían predicado y propagado entre los visigodos, y con la que lograron influencia y favor de la Corte frente a los católicos. El arrianismo –totalmente implantado ya entre los visigodos a finales del siglo V– se impuso así como la doctrina oficial del entorno cortesano frente a la tradición popular, eminentemente católica, defendida por unos pocos obispos que mostraron una reciedumbre extraordinaria y no cejaron en su empeño por mantener la auténtica fe en Jesucristo, Dios y hombre verdadero. A la larga, estos serían los que lograrían la conversión de la Corte y del pueblo visigodo y, por tanto, la desaparición del arrianismo en Hispania, ya a finales del siglo VI, con Recaredo y el III Concilio de Toledo.


    En este contexto, y en razón de su origen familiar como hijo de reyes, está claro que en la vida de Hermenegildo no podían faltar los episodios de lucha interior por la fe y de auténtico combate con el mundo cortesano para preservar sus convicciones más profundas y no doblegarse a ninguna pretensión de cambio, viniera de donde viniera, incluida la figura regia de Leovigildo, su propio padre.

    Los antecedentes inmediatos de esta situación de pugna político-religiosa los encontramos ya a comienzos del siglo VI cuando Clodoveo, rey de los francos convertido desde sus creencias bárbaras al catolicismo, se enfrentó a Alarico, rey godo y acérrimo arriano, que mantenía una actitud claramente beligerante frente a los católicos, en especial frente a su clero, tal como muestra de forma irrefutable su código del año 506.


    A partir de la derrota y expulsión de Alarico de la antigua Galia, comenzó a producirse la llegada masiva, pero escalonada, de los visigodos a la Hispania romanizada, culta y católica, durando las oleadas hasta casi mediado el siglo VI. La mayor parte de los nuevos inquilinos (seguramente en número no superior al cuarto de millón) se instaló en las tierras fértiles de la Submeseta Norte, mientras las familias de mayor poder y la Corte se hacían itinerantes con instalaciones temporales en las ciudades más importantes (Barcelona, Sevilla, Mérida, etcétera), hasta que encontraron el definitivo aposento de la capital en Toledo.


    Con esta distribución de fuerza social y las formas diferentes de práctica política y religiosa de dos pueblos distintos, no fue difícil encontrar puntos de fricción y motivos suficientes para frecuentísimos enfrentamientos entre autóctonos y foráneos, entre facciones de unos y de otros; sin faltar truculentas alianzas –según el caso y el momento– que no hacían sino encender los ánimos, mientras los vividores de siempre se ponían “al sol que más calienta”. Incluso altos cargos eclesiásticos de las dos iglesias (arriana y católica) apoyaron o se opusieron, según la ocasión, a la opción política vigente o al rey de turno. Entre ellos, unas veces se dedicaban a zaherirse e incluso otras a intentar la conversión del adversario y ganarlo para su fe. No pocas veces, sobre todo por parte arriana, la decisión final era la de eliminar al otro con la condena a muerte y su ejecución.

    El odio político y religioso y la ferocidad de los planteamientos enconaban así los ánimos, y el ambiente se hacía especialmente virulento en los ataques arrianos a todo lo católico, unas veces por conveniencia política y otras por el ofuscamiento religioso.


    En este ambiente de toma y daca en defensa de las respectivas posiciones, esa especie de racionalismo sincrético que impregnaba la fe arriana, empecinada en negar la condición divina de Jesús de Nazareth, no tardó en suscitar una larga serie de intrigas, luchas dinásticas y magnicidios (en menos de 30 años se sucedieron cuatro asesinatos regios: el de Amalarico en el 531, el de Teudis en 548, el de Teudiselo un año después y el de Agila en 555). Intrigas y luchas a las que no pudo sustraerse ni el tiempo ni la persona del propio Hermenegildo, envuelto finalmente en el enfrentamiento con su propio padre, el rey Leovigildo, sucesor de su hermano Liuva, quien a su vez lo había sido del hermano mayor de ambos: Atanagildo.


    Breve reseña biográfica del santo: Si nos atenemos a la fecha aproximada que algunos dan (sin certeza) a su nacimiento, san Hermenegildo tuvo una vida de no más de veinte años, pero plena de hechos heroicos y madurez espiritual. Fue hijo mayor del rey visigodo Leovigildo, y se apunta que pudo haber nacido en Sevilla hacia el año 564 de nuestra era. En 579, cuando contaba sólo 15 años, Hermenegildo casó con la princesa Hingunda (católica), hija del rey Sigiberto de Reims y de Brunequilda (a su vez hija del rey Atanagildo), por acuerdo entre sus padres, que continuaron así la política de pactos matrimoniales –con fuertes lazos endogámicos– seguida por los visigodos. Esto explica que a Leovigildo no le importase mucho la condición católica de su nuera. Una vez casados, el rey Leovigildo lo envió a Sevilla como delegado suyo o rey asociado de la Bética (como tal acuñó moneda), para seguir la política continuista que afianzara el poder de la familia real como ostentadora de la monarquía. Por eso, también asoció al gobierno del reino a Recaredo, si bien dejándolo con él en Toledo. Asentados en Sevilla, Hermenegildo recibió instrucción en la doctrina católica por parte de san Leandro y de su propia mujer; al poco tiempo decidió su conversión, lo que exasperó a su padre, el rey Leovigildo. Y les llevó a un enfrentamiento político sin precedentes. Un enfrentamiento instigado, sobre todo, por el odio feroz hacia lo católico de la arriana Gosuinda (viuda de Atanagildo y casada en segundas nupcias con Leovigildo), quien había sufrido el asesinato de una hija a manos de un príncipe católico, esposo de ésta. Enfrentado al cerrilismo arriano y perseguido por su padre, en el 584, con las tropas reales a las puertas de Sevilla, el joven Hermenegildo no tuvo más remedio que huir y refugiarse en una iglesia de Córdoba. Allí, tras una treta en la que intervino su hermano Recaredo, fue hecho prisionero y encarcelado por orden del rey, su padre. Al poco, fue trasladado a Tarragona, donde permaneció custodiado y vigilado por el conde Sisberto, hasta que el día 13 de abril del año 585 fue pasado a cuchillo por negarse a recibir la comunión de un obispo arriano, enviado como última prueba para su arrepentimiento por el exasperado Leovigildo.


    Al parecer, su cuerpo fue trasladado de Tarragona a Sevilla, produciéndose durante el recorrido diversos prodigios milagrosos que motivaron la erección bajo su patronazgo de varias ermitas o capillas en lugares significativos del itinerario seguido. Un ejemplo lo encontramos todavía en la localidad granadina de Alquife donde se conserva la ermita y se celebra una tradicional fiesta extraordinaria en honor del santo. Según la tradición, durante la dominación musulmana de la ciudad hispalense la cabeza pudo salvarse del ultraje y fue depositada en Zaragoza. De igual modo, la tradición más antigua afirma que ciertas reliquias custodiadas en diferentes puntos de España formaron parte del cuerpo de san Hermenegildo. Algunas de las más importantes se conservan en Ávila, Plasencia, Sevilla (donde se hace fiesta de su memoria y recibe culto especial). La cabeza estuvo en la iglesia mayor de Zaragoza hasta finales del siglo XII, fecha en que la reina doña Sancha, hija de Alfonso VII de Castilla y esposa de Alfonso el Casto de Aragón, ordenó su traslado al monasterio de Sigena (Huesca); un monasterio que ella misma había fundado para albergar la comunidad de religiosas de san Juan de Jerusalén (sanjuanistas) y a las que encargó la custodia de la reliquia. Tras diversos avatares, la reliquia de Sigena fue trasladada al monasterio de san Lorenzo el Real de El Escorial por orden de Felipe II, quien solicitó en 1585 –milenario del martirio de san Hermenegildo– la confirmación de santidad al papa Sixto V, a lo que accedió éste, autorizando su culto.


    Del testimonio al martirio: No faltan quienes han querido ver en la actitud irreductible de defensa de su fe y en los enfrentamientos con su padre, una conducta de rebeldía y apetencias de poder por parte de Hermenegildo. Pero la verdadera realidad histórica lo que plasma es una enorme fortaleza de espíritu en el joven príncipe para no doblegar su fe a los planteamientos políticos del irrefrenable deseo, por parte de Leovigildo, de conseguir la hegemonía goda (por tanto arriana) frente a la influencia de la población hispano–romana (católica). Y una clara muestra la tenemos, tanto en los numerosos momentos en los que rehuyó la lucha para combatir a su padre, como en sus muestras de cariño y respeto al rey Leovigildo. En efecto, si damos por auténticas las cartas publicadas por algunos autores (Troncoso y Croisset entre otros), quedaría demostrado con creces lo que hemos apuntado anteriormente, pues la correspondencia epistolar que ambos mantuvieron evidencia la elocuente agresividad y el tono amenazante de Leovigildo, mientras la amargura y el pesar se adueñan de Hermenegildo, quien lleno de ternura y respeto, no tiene más remedio que acorazarse de energía y valor en la fe para contestar al rey.


    Para Leovigildo, lo primero es el poder y la grandeza temporal; para Hermenegildo, antes que nada, incluido su padre, está su Dios y Señor, en cuyas manos y designios pone todo su ser. Se manifiesta, por tanto, su vocación martirial en estos testimonios y no hay más que leerlos para constatar lo dicho. Según la trascripción de Croisset, Leovigildo escribe: «Hijo mío, más quisiera hablarte que escribirte; porque si te tuviera a la vista ¿qué podrías negar a lo que te pidiese como padre y te mandase como rey? Te traería a la memoria las muchas y grandes señales que te he dado del tierno amor que te profeso, de las que sin duda te has olvidado desde que ascendiste al trono, donde te coloqué yo mucho antes que pudieses tú pensar en ocuparle. Esperaba tener en ti un compañero que me ayudase a conservar el florido imperio de los godos en el estado en que se ve hoy por mis victorias; pero nunca soñé pudiese llegar el caso de encontrar en la persona de un hijo mío un enemigo más peligroso que todos los que he vencido. No te contentas con que yo haya partido contigo mi corona; quieres reinar solo y, a este fin, abandonando la religión de tus abuelos, has abrazado la de los romanos que son los mayores enemigos del estado. No ignoras que la nación de los godos comenzó a florecer desde que comenzó a ser arriana. También sabes que ninguna cosa enajena tanto los ánimos y los corazones como la diversidad de religión, y consiguientemente que nada pudiste hacer más ofensivo para el mío como declararte católico. Acuérdate, pues, hijo mío, que soy tu padre y que soy tu rey: como padre te aconsejo, y como rey te mando, que vuelvas prontamente sobre ti y, restituyéndote, sin perder tiempo, a tu primera religión, merezcas con tu pronto rendimiento mi clemencia. No haciéndolo así, te declaro que me obligarás a tomar las armas, y en tal caso jamás tienes que esperar misericordia».


    Señala Troncoso que ante aquella misiva cargada de autoritarismo e intransigencia, la respuesta del futuro mártir y santo no dio lugar a la componenda o el equívoco: «Agradecido, señor, como el que más a vuestros beneficios, confieso que han excedido a mis merecimientos. Nunca la negra alevosía manchó mi corazón; siempre he correspondido y estoy dispuesto a corresponder a vuestra bondad cual cumple a un hijo cuya primera gloria fue siempre el respeto y reverencia hacia el autor de sus días. Sé muy bien lo que os debo a vos como padre y como monarca de quien soy el más humilde vasallo, pero tampoco ignoro lo que debo a mi Dios y Señor: suya es mi alma, suyo todo mi ser; y antes que faltar a lo que mi conciencia me obliga, antes que abandonar la religión católica, que libre y espontáneamente he abrazado con pleno convencimiento de su veracidad, dispuesto estoy a perderlo todo, el cetro, la corona, y aún la vida misma».


    A la vista de la firmeza de Hermenegildo, el intolerante Leovigildo cambia de táctica, pero no de intenciones, y hace embajador de su mensaje a su propio hijo segundo: Recaredo, todavía abrazado al arrianismo y baluarte de la política paterna. Tras el abrazo fraternal, las palabras del rey, puestas en boca del hermano, no hacen más que acentuar en Hermenegildo la certeza de su llamada al martirio cuando se encontraba huido y refugiado en una iglesia de Córdoba. Así lo corroboran sus emocionadas palabras, recogidas asimismo por Troncoso: «No se trata ya en este momento -le dice Recaredo en nombre de su padre- de un asunto de religión: se trata únicamente de una manifestación filial de rendimiento al que te diera el ser. No receles en arrojarte a los pies de quien para perdonarte sólo espera pronuncies una palabra de humilde sumisión. Con los brazos abiertos te ofrece su seno y el olvido de lo pasado; no malogres pues la ocasión de hacer tu propia felicidad». Es muy probable, por tanto, que entre las palabras del padre-rey y el beso del hermano, Hermenegildo tuviera ya la certeza de la experiencia de Jesús en Getsemaní y la hiciera suya. Por eso no dudó en salir en compañía del hermano al encuentro con su padre, quizá intuyendo la traición que le esperaba y el sacrificio al que se sometía.


    En efecto, al llegar a presencia de su padre no debió de sorprenderse demasiado cuando Leovigildo había ordenado ya que le despojaran de todas sus dignidades regias y le ingresaran en una lóbrega prisión de Córdoba, ciudad a la que había llegado en 584 huyendo de Sevilla y en la que había logrado anteriormente refugio en una iglesia. Tampoco debió de causarle sorpresa su traslado a Tarragona para tenerlo lejos del ámbito de su influencia y asegurar su cautiverio. Aquí, en Tarragona, soportaría la última trampa de su padre, la última tentación que le proponía liberarse del tormento y de la muerte. Como siempre en el quehacer del Enemigo, el mal se presenta disfrazado de bien: a Hermenegildo se le invita, cuando más dolorosa se le hacía la estancia en su celda, a recibir la comunión de manos de un obispo arriano; pero él no cayó esta vez en la sutileza y se negó en rotundo, increpando al ministro hereje. No necesitaba más ni mayores argumentos Leovigildo para ordenar su muerte. Y el día 13 de abril del año 585 la espada o el hacha (no hay certeza del arma utilizada) cercenaba la cabeza de Hermenegildo y la adornaba con los atributos del martirio y de la gloria en Jesucristo, el Rey del tiempo y de la historia.


    La juventud recién nacida de tan sólo unos veinte años de vida se transformaba así en santidad imperecedera por la fuerza de la fe en el modelo de Cristo, muerto y resucitado. Había muerto Hermenegildo pero había nacido san Hermenegildo, un nuevo ejemplo de cristiano auténtico, digno de imitación por todos. De igual modo, para su tiempo, lo que aparentemente era el fracaso final de Hermenegildo con su muerte, se transmutaba en triunfo, pues al año siguiente –586– Leovigildo moría en olor de conversión, aunque fuese secreta, y su hermano Recaredo declaraba oficialmente la suya. Poco después, el propio Recaredo convocaba el III Concilio de Toledo y declaraba el catolicismo religión de todas las tierras hispanas. Acababan de ponerse los cimientos definitivos para el desarrollo, hasta hoy, de una España católica. La sangre joven derramada por la Verdad de Cristo, Dios y hombre verdadero, glorificado en igualdad con el Padre y el Espíritu Santo, separaba -¡por fin!- la cizaña del arrianismo de la Verdad sembrada en los corazones visigodos hace más de catorce siglos.


    Un modelo para nuestro tiempo: Es nuestro tiempo, tan marcado por el relativismo, muchos católicos no sólo ignoran gran parte de la gran riqueza de su Fe sino que creen y actúan como si los contenidos de la Fe no tuvieran más importancia que unas meras opiniones subjetivas. El fruto del relativismo en el ámbito de la Fe es un grave deterioro de la misma y la pérdida de la posibilidad de vivirla con toda su fuerza. La Fe no se puede dividir o acomodar caprichosamente sin dejar de ser lo que es; y, si lo hacemos, entonces no le podemos pedir que llene de la gracia de Dios nuestra vida o nos conduzca a la gloria. Como testigo de la verdad y la seriedad de la Fe, san Hermenegildo se levanta ante nosotros para recordarnos que hemos de vivirla en su integridad y con todas las consecuencias, dispuestos a dar la vida si fuera necesario por defenderla de cualquier intento de manipularla o atacarla. Él, que dio su vida por lo que hoy muchos considerarían una cuestión «semántica» sin importancia, nos descubre que sólo merece la pena vivir por aquello por lo que estamos dispuestos a morir. La vida cristiana no puede definirse desde cualquier perspectiva ni construirse como un conjunto de opiniones más o menos cambiantes; es algo que nos viene dado por la Revelación, la Tradición Apostólica y el Magisterio de la Iglesia y constituye nuestro patrimonio más sagrado. Detrás de lo que muchos sólo ven fríos conceptos está la vida divina que fluye en la humanidad como gracia salvadora, algo por lo que los mártires han comprometido su vida hasta derramar su sangre. Un príncipe que antepuso a la corona real y a la propia vida la fidelidad a la Fe católica, debería ayudarnos con su ejemplo a dar prioridad a las cosas de Dios frente a los embates del materialismo, y tendría que servirnos de estímulo para aprender a ser amorosa y estrictamente fieles a la fe que profesamos.





    Prefirió morir antes que recibir la comunión de un hereje | Adelante la Fe

  5. #65
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!


    El bochornoso espectáculo de las primeras comuniones

    En muchas familias es tiempo de “la Comunión”. No la primera de muchas, sino la primera… y última, por eso ha pasado a ser simplemente “la Comunión”.
    Es triste ver como este momento, que debería ser para una familia cristiana un momento de inmenso gozo por ver a su vástago convertirse en un templo vivo del Cuerpo de Cristo, está siendo utilizado sacrílegamente por UNA INMENSA mayoría, pues no hay en ellos más que una mera utilización de la Iglesia y sus medios para organizar una “puesta de largo” sin sentido, ni la más mínima intención religiosa, una fiestecita familiar donde lo que menos importa es Jesús y lo que más importa es el convite, hacer sentir al niño un principito o princesita, y los fastuosos regalos, tal cual si al niño le hubiera tocado una gigantesca tómbola.


    Es lastimoso ver a madres enfrascadas durante meses con una preocupación extrema por los detalles del convite y los invitados, pero totalmente desinteresadas por la formación espiritual de sus hijos al punto de que les da siquiera igual que recen o no al levantarse o acostarse. Como diría el Santo Cura de Ars: ¡Oh Dios mío, que horror más grande! Que lejos quedan aquellos tiempos en que los padres reforzaban incluso las catequesis en sus casas para que fueran mejor preparados, ahora a lo sumo se les enseña que Dios es un “brujito”, que está para que cuando todo te vaya muy mal entonces rezarle a ver si hacer alguna “magia”, por supuesto el pecado personal, infierno.. es puro tabú de mentes fanatizadas poco acordes a los tiempos.




    Es todo tan aberrante que incluso si en una de estas comuniones osas llevar un regalo religioso te miran con cara de bicho raro. Las incoherencias que todos podemos ver en familiares y amigos llegan al absurdo y serían dignas de un libro de humor sino fuera porque juegan con lo más sagrado: llevan al niño a la primera comunión para no volver a llevarlo a la Iglesia nunca más, e incluso si les preguntas a los padres antes de la comunión si creen en la presencia real de Jesús en la Eucaristía te dicen que no.


    Y por si pudiera por la gracia de Dios servir al niño para iluminarlo, a pesar del denigrante ejemplo de los padres, gran parte del clero los instruye en la irreverencia, con una catequesis en donde al niño se le martillea con la paz y la alegría hueca, pero se le llenan de eufemismos ininteligibles al punto que si el niño tiene una noción clara de que va a recibir a Jesucristo en Cuerpo y Sangre es por pura misericordia e inspiración divina. No es pura casualidad que primero nos quitaran de las iglesias los reclinatorios y las bandejas, y ahora se adoctrine a nuestros hijos a comulgar en la mano desde su primera comunión. Lex orandi, lex credendi. Hay una fuerte ideologización en ello y se pretende evidentemente imponer una nueva forma de reverencia acorde con nuevas doctrinas ante la impasibilidad de nuestros prelados.


    Si con el bautizo la sociedad pagana utiliza a la Iglesia para la “presentación en sociedad”, la comunión se ha convertido para una gran mayoría en la nueva “puesta de largo”, donde sacrílegamente los padres utilizan lo más sagrado como un vulgar juguete de usar y tirar. Es un espectáculo dolorosísimo que tenemos que presenciar todos los años.


    Dios los perdone.


    Juan Gómez Sauceda

    El bochornoso espectáculo de las primeras comuniones | Adelante la Fe
    InfantaMargarita dio el Víctor.

  6. #66
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!



    Comulgar en bañador


    Esta semana veía un vídeo en las redes sociales que me sorprendía gratamente. Las imágenes correspondían a una Iglesia en el momento de recibir la Comunión. El Templo desbordado de gente, la música impecable, las damas cubiertas con velo y tanto hombres como mujeres, perfectamente arreglados en su vestimenta. Me maravilló como se acercaban a recibir al Señor con respeto y devoción, absolutamente todos de rodillas y en la boca, se veía que tenían clara conciencia de que en la Hostia está el mismo Dios. Sin sospecharlo, ya que me lo dijeron a posteriori, me encontraba virtualmente en la Parroquia de nuestro compañero el Padre Romanoski. Por lo tanto, otro mundo y otra realidad dentro de nuestra Iglesia es posible, es decir, con buenos Pastores es fácil que las ovejas aprendamos el respeto que merece nuestro Señor en el Sacrificio de la Santa Misa. Si estas personas tienen esta actitud es porque alguien les ha enseñado a respetar, a conocer y a amar a Dios. Aquí tienen el vídeo para que verifiquen lo que les acabo de relatar.

    http://www.adelantelafe.com/wp-conte...8775_n.mp4?_=1

    No sé lo que ven Vds. a diario a su alrededor, en mi ciudad si sucediera algo parecido a esto, sería digno de llamar a Iker Jiménez para que viniera a rodar su famoso programa de hechos paranormales. El otro día cuando me acercaba a Comulgar, un señor delante de mí como recién salido de la piscina, con pantalón corto y zapato playero se acercó a recibir la Santa Comunión. Sentada a mi lado, una señora más desnuda que vestida, con los hombros al aire, normal que estornudara varias veces durante la Eucaristía. Todo esto, me llamó la atención por varias cosas, primero porque era una Iglesia de corte regio y segundo porque pensé que si esto sucede en una ciudad cuya temperatura no suele exceder los 16 grados, no me quiero imaginar como acude a la Iglesia la gente que vive en ciudades del sur, como Sevilla, por ejemplo. Esto es impropio de un Católico, es una bajeza total y absoluta y tenemos que decirlo alto y claro. Y esto sucede en las Misas de diario, es decir, hablamos de personas que van frecuentemente a la Santa Misa, con lo cual, ¿Qué esperamos que suceda los Domingos, o en las Bodas, Bautizos y Primeras Comuniones? Si los que vamos regularmente lo hacemos vestidos indecente o inapropiadamente, mal vamos. El Catecismo Romano nos recuerda que debemos acercarnos con la “debida decencia”.

    ¿Cómo se ha llegado a esta ordinariez imperante con relación a nuestra presencia y a nuestras prendas de vestir en un lugar Sagrado? Nos presentamos ante el Señor con nuestro aspecto más deplorable, como si en vez de al mismo cielo, hubiéramos sido invitados a pasar la tarde en una porqueriza.


    Lógicamente todo esto que puede parecer simplemente una falta de sensibilidad, es mucho más, está relacionado directamente con el pecado. El primer mandamiento es claro, “amarás a Dios sobre todas las cosas”, ¿Qué amor demostramos a nuestro Padre llegando tarde a Misa por qué venimos de la playa y con esas mismas prendas entramos en la Iglesia como si nada? Nuestro aspecto exterior habla de lo que llevamos dentro, en el alma. Alguno pensará si tengo algo en contra de la playa…Pues miren Vds., las playas llenas de gente y los Sagrarios vacíos, así que contesten Vds. mismos sobre si debemos perder nuestro tiempo en estos lugares de recreo, sobra decir nada más.

    La playa no es un invento de nuestros tiempos, el Señor creó todo en el Génesis y todo lo que Él hizo era y es bueno.: “Llamó Dios a lo seco tierra, y a la reunión de aguas la llamó mares. Y vio Dios que era bueno”. El problema es el mal uso que el hombre hace de todo y el demonio, que no descansa nunca, aprovecha para introducir el pecado en nuestra sociedad y de esta manera hemos llegado a ver como normal lo que atenta directamente contra la pureza, es decir, para disfrutar de las bondades del sol y del mar, hemos creído necesario tener que desnudarnos. Hace siglos, las mujeres y los hombres acudían a estos lugares de recreo por separado y con prendas que apenas dejaban ver su cuerpo. Quita que te quitarás ropa, hemos llegado al punto en el que nos encontramos actualmente, que no es otro que la gente está tomando el sol, apenas sin ropa o incluso, algunos, desnudos. ¿Se puede mantener la mirada limpia en medio de un ambiente así? Quizás un día o dos, no más. Piensen en los grandes Santos de nuestra historia, ni siquiera los del siglo XX se cuenta que pasaran su tiempo de dispersión, suponiendo que lo tuvieran, en la playa. No citaré ningún nombre, pero no me imagino a ninguno en bañador.

    Estos lugares de recreo no son más que una fuente de pecado y tentación que cualquier persona prudente debería de plantearse evitar
    . Acudir a estos sitios y despojarnos de nuestras prendas es lo que después hace que esta conducta la traslademos a nuestra vida diaria. Las Iglesias están llenas de gente con camisas de tirantes, transparencias, pantalones cortos y barrigas al aire. Se empieza en los lugares de recreo, como playas, piscinas y discotecas y se acaba trasladando todo esto a nuestra vida cotidiana. ¡Plantéenselo detenidamente! Yo misma lo he hecho a lo largo de los años, la sociedad nos empuja a un lado contrario de hacia donde debería conducirnos la moral y la decencia. No nos dejemos contagiar por las cosas sucias y mundanas, nuestra vida espiritual tiene que crecer. Igual que en nuestras profesiones nos planteamos la excelencia, eso mismo lo tenemos que llevar a nuestro interior.

    Debatíamos hace poco en las redes sociales sobre si las mujeres Católicas debíamos ir con bañador o bikini a la playa… ¿Para esto murió el Señor en la Cruz, para que tengamos estos absurdos debates? No sólo murió sino que le escupieron, lo golpearon y lo despojaron de sus ropas. Allí estaban los que lo maltrataban y los que lo amaban, como las Santas mujeres, ¿En qué grupo estamos nosotros? Se lo repito, las Iglesias vacías y las playas llenas y nosotros discutiendo sobre si es más decente enseñar la barriga o cubrirla, cuando igualmente de una manera o de otra, estamos prácticamente desnudos… ¡Qué pena! No podemos caer más bajo y esto incluye a los dos sexos, tan indecente es enseñar el cuerpo masculino como el femenino, dejémonos de historias, no somos un trozo de carne que se expone en el mostrador de la tienda.

    Tanto en las Iglesias de Roma como en los Santuarios Marianos, está totalmente prohibido entrar indecorosamente vestidos. ¿Es que acaso en nuestras Parroquias no está el mismo Dios al igual que allí? ¿Cuál es la diferencia entre entrar en la Basílica de San Pío X en Lourdes o hacerlo en la Iglesia del barrio? Absolutamente ninguna. Y si alguien tiene dudas de si esto ofende al Señor y a nuestra Madre, precisamente hablando de Santuarios Marianos, fue la misma Señora la que habló en Fátima sobre estos temas: “Se introducirán ciertas modas que ofenderán mucho a Nuestro Señor. Más almas se van al infierno a causa de los pecados de la carne que por cualquier otra razón.”

    Si la decencia en el vestir nos acompañara diariamente en todas nuestras actividades
    , obviamente, cuando vamos a la Iglesia, sólo desearíamos mejorar ese aspecto ya cuidado de por sí, ¿Quién no quiere agradar a su Padre por encima de todo?

    Recuerdo en una ocasión en la que me encontraba de excursión por el campo y decidimos ir a comer a un restaurante que nos cuadró en el camino. Al entrar, inmediatamente me sentí incómoda, me di cuenta que nuestro aspecto externo, veníamos de practicar senderismo, no era para estar en ese lugar y sin más dilación, me marché. Debemos de tener consciencia de cómo estamos vestidos. Esto no es cosa de gente ñoña ni pasada de moda que viva mentalmente en el siglo XV, yo me considero una persona moderna y de mi tiempo.

    El noveno Mandamiento nos dice: “no consentirás pensamientos ni deseos impuros”
    , seamos realistas con nosotros mismos, ¿A qué conduce la escasez de ropa sino es a caer en los pecados de la carne? No nos engañemos, quitar ropa no tiene más sentido ni más fin que la provocación directa y la entrada al pecado mortal. Hombres, mujeres, no hagan distinción de sexo, unos y otras competimos en ordinariez y en falta de decoro.

    Lo que sucede dentro de nuestros Templos, obviamente viene consentido desde que empezó la decadencia en nuestra Iglesia, cuando se abrieron las puertas y ventanas para que entrara el vendaval. Desde el momento en que los Sacerdotes se relajaron, quitaron la sotana, empezaron a dar palmadas y a bailar durante la Misa, los fieles empezamos a contemplar una relajación. Si los que tenían que dar ejemplo no lo dan, los que están por debajo, ni te cuento. El otro día me encontraba en un funeral de cuerpo presente, es decir, con la caja del difunto allí y el Cura con un alba sin cíngulo todo desgarbado, desaliñado, con un pantalón vaquero y una camiseta sport que se veía por todos los lados, de esa manera se presentaba acompañando los restos mortales del finado. ¿Es esto una muestra de respeto o es una irreverencia total?

    Si en nuestras Parroquias vemos una desconsideración de este tipo por parte de los Párrocos, ¿Cómo vamos a pretender que los Fieles respeten la casa de Dios? ¿Quién nos enseña cuando somos pequeños? Nuestros padres, ¿Verdad? Pues en la Iglesia, nuestros maestros y guías son los Sacerdotes. Si Vds. van a una mezquita, las normas son claras y el que no las respeta, no entra. Si en la Iglesia Católica, actualmente la gente desconoce las normas de vestimenta, es necesario que estas sean recordadas, apenas se ve en ninguna Iglesia ningún cartel indicando las normas de decoro y mucho menos se escuchan homilías en las que se mencione estos temas. Recuerdo hace años, un Santo Sacerdote que le llamó la atención a una señora que iba delante de mi a Comulgar por ir con los brazos destapados, un hecho insólito digno de mención, porque no es lo habitual. Nuestro Dios es el Rey de Reyes, merece respeto y devoción. Adéntrese en la vida del Padre Pío y vean que este gran Santo no tenía ningún reparo en sacar a la gente del confesionario y decirle: “¡Vete y vístete!”, cuando se presentaban ante él sin el decoro oportuno.

    Me sorprendió gratamente una mamá el otro día, cuando le mandaba ponerse a su hija la chaqueta en la Iglesia y le explicaba el por qué, me recordó a nuestra querida Mari Carmen González Valerio, “mamá, yo quiero ir a la iglesia con mangas”, un pudor que decían que le venía directamente de Dios y que tan necesario es recordar y enseñar hoy en día en nuestra sociedad. Nuestro amor a Dios lo tenemos que manifestar también con nuestras prendas exteriores que sin lugar a dudas hablan de nuestra pureza de intención y de nuestro deseo de agradar al Señor. Vayamos decentemente vestidos a la Iglesia y sin lugar a dudas, a posteriori, esto será una máxima en nuestra vida diaria, no sólo cuando nos encontremos en el Templo, sino en cualquier lugar santificando con nuestra decencia todas nuestras actividades diarias. ¡Luchemos por la pureza!

    Les dejo unas normas válidas y de aplicación tanto para hombres como para mujeres y que no solo son de uso dentro de la Iglesia, sino en cualquier ambiente en el que nos encontremos:


    • Evitar la ropa ajustada, los escotes, transparencias o las faldas por encima de la rodilla.
    • Mantener los hombros cubiertos.
    • Evitar camisetas con mensajes improcedentes
    • No llevar pantalones cortos los hombres ni las mujeres
    • Qué nuestras prendas no sean suntuosas, pero si dignas de un Rey


    Sonia Vázquez

    Comulgar en bañador | Adelante la Fe

  7. #67
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!

    Eso ni es misa ni nada parecido. Además las piscinas son para bañarse y las misas son en la iglesia. Ahí el único que desentona y escandaliza es el cura.
    Última edición por ALACRAN; 27/07/2015 a las 19:00
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    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  8. #68
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!

    Totalmente, porque además esos chavales, pese a lo insólito de la situación, se les ve bastante formales.

  9. #69
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!

    Efectivamente. Eso ni es misa ni es nada. La foto la han puesto ahí simplemente como una muestra más de las barbaridades litúrgicas que se hacen hoy en día. Lo que hay que ver es el vídeo. Lástima que pase un poco desapercibido porque no salió la pantalla (no es Youtube), pero picando en el enlace se puede ver perfectamente.

  10. #70
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!


    [Imagen: primera Misa del padre Romanoski, FSSP]

    Entrevistamos al padre Romanoski, FSSP: la comunión de rodillas y en la boca



    Ofrecemos a nuestros lectores la entrevista que hemos realizado al colaborador de esta web, Padre Jonathan Romanoski, miembro de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro que ejerce su apostolado en la cuasiparroquia de Ntra Señora del Pilar, en Guadalajara, México.



    Adelante la Fe: en primer lugar padre felicitarlo por sus sermones que tanto gustan en España a nuestros lectores. Dado que usted pertenece a la Fraternidad Sacerdotal San Pedro (FSSP), ligada exclusivamente a la Misa Tradicional, donde sólo se comulga de rodillas y en la boca, debe estar acostumbrado a tratar con personas que tienen otras costumbres influenciadas por el ambiente decadente actual, ¿que recomendación daría a los sacerdotes que, como un primer paso de tradicionalizar su feligresía, quieren implantar el reclinatorio para fomentar la comunión de rodillas y en la boca? ¿cómo hacer frente a las críticas e incomprensiones que puedan surgir?



    Padre Romanoski: Gracias a Dios, y a la FSSP, tuve la gracia de recibir una formación fiel a la tradición de la Iglesia, pasando siete años en el seminario de Ntra. Sra. de Guadalupe en los Estados Unidos, inmerso en el estudio de santo Tomás de Aquino, “el santo más sabio y el sabio más santo” cuya doctrina, dijo el Papa Pío XI, la iglesia ha hecho suya. Y doy gracias a Dios por haber podido vivir inmerso en la tradición litúrgica que es la fe viva, hecha carne.




    Desde mi ordenación en el año 2008 he tenido la dicha de ser asignado a Guadalajara, México, en la “Nueva España,” un lugar famoso por su historia de tantos mártires en el siglo pasado en la guerra cristera, cuya sangre es la semilla de la fe que se ve todavía en la gente tan devota y las numerosas vocaciones que llenan el seminario con más de mil seminaristas, quienes empiezan su formación desde los 12 años de edad, y con ordenaciones anuales de un pro medio de cuarenta sacerdotes. Digo que ha sido una gran dicha, ya que veo lo que permanece de la cristiandad en su fe y costumbres, a diferencia de los Estados Unidos. Aquí todos reciben la Santa comunión sobre la lengua y no en la mano, y tienen un sentido de devoción que les inclina a conservar o regresar a las prácticas tradicionales. Y siendo una población 90% católica, se presentan mucha oportunidades de exponer la misa tradicional a gente nueva que normalmente asiste a la misa nueva. Me acuerdo de una señora que después de asistir por unas semanas, dijo “no entiendo porqué está en latín o ad orientem, pero siento que es como debe de ser.” Y así es la oportunidad que tenemos aquí y en muchos lugares en Latinoamérica.


    Acuérdense, la gran mayoría de los fieles son ovejas y seguirán a sus pastores sin cuestionarlos, y si el párroco les explica la razón de las prácticas, le seguirán. Los que son rebeldes ya han dejado de ir a misa en gran parte. Y “el amor se regocija en la verdad.” Y como ya mencioné, las prácticas tradicionales son la profesión práctica de la fe. El fundamento de nuestra fe es la divinidad de Jesús, “siendo en forma de Dios” sustancialmente presente en el Santísimo Sacramento del altar.


    “para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;”


    Y la práctica expresión de esta fe, a saber, la recepción de Jesús sacramentado de rodillas resonará en los corazones de los fieles cuando su párroco les enseñe e introzca esta importantísima práctica.


    Adelante la Fe:
    Sabiendo que lo esencial al recibir la Eucaristía es hacerlo en Gracia de Dios, ¿Qué aporta al alma recibirla arrodillado y en la boca?


    Padre Romanoski:
    Nos enseña el Papa Pío XI en su famosa encíclica sobre Cristo Rey, Quas primas, que “para instruir al pueblo en las cosas de la fe y atraerle por medio de ellas a los íntimos goces del espíritu, mucho más eficacia tienen las fiestas anuales de los sagrados misterios que cualesquiera enseñanzas, por autorizadas que sean, del eclesiástico magisterio.”


    Entonces más eficaz es la liturgia en enseñarnos la fe, que los documentos del magisterio. Y si Uds. jamás darían a sus hijos un libro religioso mal escrito, ambiguo, o erróneo, mucho menos deberían llevarlos a una liturgia irreverente, o mal celebrada, que puede causarles aún más daño a su fe.


    El Papa nos explica porqué. Dice, que las encíclicas, “sólo son conocidas, las más veces, por unos pocos fieles, más instruidos que los demás; aquéllas (ceremonias) impresionan e instruyen a todos los fieles; las encíclicas digámoslo asíhablan una sola vez, las fiestas cada año y perpetuamente; las fiestas penetran en las inteligencias, a los corazones, al hombre entero. Además, como el hombre consta de alma y cuerpo, de tal manera le habrán de conmover necesariamente las solemnidades externas de los días festivos, que por la variedad y hermosura de los actos litúrgicos aprenderá mejor las divinas doctrinas, y convirtiéndolas en su propio jugo y sangre, aprovechará mucho más en la vida espiritual.


    Adelante la Fe:
    ¿Cómo respondería a la típica objeción de que basta recibir a Cristo con el corazón limpio, y que el hacerlo arrodillado o en la boca es algo superfluo de poca importancia?


    Padre Romanoski:
    La objeción se basa realmente en una filosofía dualista, un concepto platónico o angélico del hombre que la Iglesia ha condenado en el Concilio de Vienne, que definió que el hombre consta de alma y cuerpo, y no es esencialmente un alma como un ángel atrapado en un cuerpo.




    “[Del alma como forma del cuerpo.] Además, con aprobación del predicho sagrado Concilio, reprobamos como errónea y enemiga de la verdad de la fe católica toda doctrina o proposición que temerariamente afirme o ponga en duda que la sustancia del alma racional o intelectiva no es verdaderamente y por sí forma del cuerpo humano; definiendo, para que a todos sea conocida la verdad de la fe sincera y se cierre la entrada a todos los errores, no sea que se infiltren, que quienquiera en adelante pretendiere afirmar, defender o mantener pertinazmente que el alma racional o intelectiva no es por sí misma y esencialmente forma del cuerpo humano, ha de ser considerado como hereje.”



    Y de esta verdad antropológica de la fe sigue lo que todos sabemos y experimentamos sicológicamente, a saber, formamos nuestras ideas comenzando con un estudio de la realidad sensible. El único que podría hacer una objeción es uno que nunca ha criado un hijo. Los padres de familia saben que hasta los conceptos más básicos de números, de la matemática que dos y dos son cuatro empiezan con una cuenta de dedos o pajarillos. Así es que aprendemos por nuestros sentidos.


    Esos son los términos filosóficos. En términos teológicos quiere decir que seguimos al Verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros; que Dios para salvarnos no nos mandó un libro de filosofía, sino tomó carne y habitó entre nosotros; que nuestra fe empieza también en lo físico, como dice san Juan en su primera carta.


    “1Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palparon nuestras manos, tocante al Verbo de vida 2(porque la vida fue manifestada, y la vimos, y testificamos, y os anunciamos aquella vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó). 3Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. 4Y estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.”


    Lo mismo profesa la Iglesia en su prefacio de Navidad- Porque gracias al misterio de la Palabra hecha carne, la luz de tu gloria brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que, conociendo a Dios visiblemente lleguemos al amor de lo invisible.

    Santo Tomás enseña, El hombre llega a la humildad por dos caminos. En primer lugar, mediante el don de la gracia. Según esto, lo interior precede a lo exterior. En segundo lugar, mediante el esfuerzo humano, del cual se sirve para cohibir primero lo externo y, a continuación, procede a extirpar la raíz interna.

    El principio y la raíz del de la humildad, (tanto en la mente como en la voluntad) es la reverencia que uno tiene hacía Dios. Y en otro lugar, “la humildad…se ocupa propiamente de la reverencia por la que el hombre se somete a Dios.” Entonces si la causa de la humildad es la reverencia hacia Dios, por consiguiente, el acto exterior más importante es la reverencia que le mostramos a Dios en la Sagrada Liturgia.


    Adelante la Fe:
    ¿Qué le diría usted a los que piensan que es “anticuado” recibir la comunión de rodillas y en la boca?


    Padre Romanoski:
    Es la mentira modernista de nuestros tiempos. No tiene sentido- el orden moral no está sujeto al progreso tecnológico. Por ejemplo ¿el decir la verdad, no robar, ser fiel a su matrimonio son prácticas anticuadas que eran más comunes en los tiempos de nuestros bisabuelos y por ende debemos abandonarlos, como si fuera una máquina de escribir? El argumento es totalmente ilógico. Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre, igual la doctrina que nos reveló que nunca se cambia (Dz 1800). Si la liturgia es “la fe expresada,” como dijo el siervo de Dios Don Prosper Guéranger, debe de tener un carácter siempre firme, tradicional y casi inmutable (c.f. Veterum sapientia, p. 6).


    Y en eso se ve que el modernismo y el nuevo modernismo de la “nueva teología” son hipócritas. La nueva teología condenada por el Papa Pio XII en su encíclica Humani Generis, fue condenada como un renacimiento falso, un intento de quitar el desarrollo y precisión del escolasticismo, de Santo Tomás de Aquino en particular, so pretexto de regresar a los padres más antiguos. Igual el arqueologismo, la supuesta obligación de regresar a las formas más antiguas de la liturgia por ej. de regresar al altar a su forma de mesa, etc. fue un error del movimiento litúrgico condenado por el mismo Papa (Mediator Dei 78-83). Quiero decir con esto que el modernista, y neo-modernista, han sido los primeros en hablar a favor de lo “anticuado” siempre que sirva a sus propósitos.


    La falta moral tras el mismo argumento es normalmente una cobardía, el deseo de conformar a Cristo, su doctrina y su Iglesia al mundo. Cuando debemos conformar mas bien el mundo a Cristo. Tenemos la fe que vence al mundo, dice San Juan (1 Jn. 5:4), y por eso somos una Iglesia militante.


    Pienso a menudo en el ejemplo de la madre patria España y su gloriosa historia de evangelizar a la nueva España. Un reino de Satanás, en el ejemplo del imperio Azteca, hecho Reino de Dios en poco tiempo. Paganos mayormente bárbaros que en una generación ya estaban rezando en latín, y por supuesto recibiendo a Jesús sacramentado de rodillas.


    Adelante la Fe:
    ¿Qué aporta al bien de la Iglesia la recepción de la Eucaristía en esta manera fervorosa?


    Padre Romanoski:
    Como nos enseña Santo Tomás de Aquino, y como han repetido los papas, la Iglesia vive y crece moralmente (con respecto a sus miembros) según su devoción a la Santísima Eucaristia. La liturgia es la fuente y cima de la vida cristiana, como dijo el Concilio Vaticano II. La iglesia y toda la humanidad existe para rendir culto a Jesús Sacramentado. Es la razón de nuestro ser. Ad majorem gloriam Dei. Así es lo que haremos para toda la eternidad- adorar a Dios. Adoremus in aeternum Sanctissimum Sacramentum, como cantamos a la conclusión de la Exposición del Santísimo. Así nos enseñó a rezar nuestro Señor- Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. No es Dios quien existe para el hombre, sino el hombre que existe para la gloria de Dios.




    Importantísimo para entender este nuevo y falso cristianismo es la exposición sobre el “Cristianismo secundario” (capitulo xxxii) que hace el profesor Romano Amerio en su famoso libro Iota Unum. Es el comienzo del ambiente del anticristo, quien se pone en el lugar de Dios, subordinando Dios y su religión a la humanidad. En palabras bíblicas: El que busca salvar su vida la perderá, mas él que pierde su vida por causa de mi, la hallará. Dijo el Señor a Santa Catalina de Siena, como un resumen de todo lo que le había enseñado, que la lección más importante es: yo soy el que es, y tu eres lo que no es. El hombre moderno se ha olvidado de la verdad más importante, ha perdido la humildad. Así es como el famoso escritor y filósofo cristiano C.S. Lewis describe a Satanás, un ángel bien dotado, brillante, luminoso pero sin rodillas, que lo hace el ladrón y mentiroso más feo, que no reconoce a la fuente de sus dones. La comunión de rodillas es la postura más importante para captar de nuevo esta humildad del hombre ante su Creador y Bienhechor infinito.


    Adelante la Fe:
    ¿Qué le parece la defensa que desde esta web hacemos en pro de la comunión de rodillas y en la boca?

    Padre Romanoski: Ánimo. Valentía. Acuérdense de nuestros antepasados.


    El Papa León XIII citó al Papa Félix III, diciendo “Un error que no es resistido es aprobado; una verdad que no es defendida es suprimida,” y para inspiración, nos refiere a nuestros predecesores, diciendo, “por medio de un recuerdo de los ejemplos de sus antepasados, los espíritus destrozados de estos hombres,” (el hombre moderno, que no quiere luchar), “deben ser reanimados con aquel valor que es la guarda tanto de la responsabilidad como de la dignidad para que sean avergonzados y se arrepientan de sus acciones cobardes. De cierto, nuestra vida entera está involucrada en una lucha constante en la cual nuestra salvación está en juego. Nada es más vergonzoso que la cobardía.


    Aquí la archidiócesis de Guadalajara nos ubicó en el templo histórico de la Virgen del Pilar, la madre de la hispanidad, que nos lleva a recordar el templo mariano más antiguo de la cristiandad, comenzado por ella misma, quien plantó el Pilar, la columna, símbolo de la fe, que permanecerá hasta el fin de los tiempos. Acuérdense que nuestro padre Santiago apóstol, no vio mucho fruto de sus labores, pero tenía la promesa de la Virgen más humilde, quien prometió la conversión de aquella tierra por la fe que había plantado. Y el propósito de nuestra Madre santísima en su visita, igual como en su visita a Tepeyac en su sagrada tilma guadalupana, era para que se edificara una capilla donde fuera adorado su Hijo Jesucristo Sacramentado por todos los siglos y prometió “milagros admirables sobre todos los que imploren, en sus necesidades, mi auxilio. Este pilar quedará aquí hasta el fin de los tiempos, para que nunca le falten adoradores a Jesucristo“.


    “¡Qué pequeña eres, pero qué influencia tan grande tienes!” dijo su Santidad Juan Pablo II en una de sus visitas a la Virgen del Pilar

    Que nuestras labores sean iguales, con la misma fe de nuestro santo Patrón, a pesar de que no veamos frutos de inmediato. Que maravillosos tiempos de estar en la lucha, con tantos medios a nuestro alcance. Me da risa pensar que yo como “gringo” trabajando en México puedo ayudar a través de internet y su sitio a la madre Patria que plantó la fe en las Américas. Sólo en el cielo veremos el fruto de nuestras labores. ¡Adelante la Fe! ¡Viva Cristo Rey y María Reina! ¡Oremus pro invicem!


    Y por último les pido que recuerden de nosotros en sus oraciones y limosnas para nuestra futura casa de formación para seminaristas hispano hablantes para mantener a la hispanidad siempre católica.


    http://www.fsspmexico.mx/nueva-casa-pastoral/



    Igualmente, dado que vía Adelante la Fe nos han llegado varias vocaciones, me gustaría recordar que cualquiera que quiera hacer un discernimiento, o contactar con nosotros por cuestiones vocacionales, puede hacerlo directamente con el director de vocaciones hispano hablantes es el P. Daniel Heenan FSSP padre.heenanfssp@gmail.com


    Entrevistamos al padre Romanoski, FSSP: la comunión de rodillas y en la boca | Adelante la Fe

  11. #71
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!

    A PROFANAR SE HA DICHO

    Un fenómeno que hubiera sido imprevisible hace unos años, visto el avance imparable de la impiedad y la creciente indiferencia y escarnio para con todo lo tocante a la religión, es éste de la presión ostensible de las masas sobre la Iglesia para instarla a mudar la disciplina de los sacramentos, requiriendo a viva voz un indulto para su recepción incondicional. Como en todos los casos en los que se manifiesta el monstruo tele-dirigido de la opinión pública, haremos bien en desconfiar de la espontaneidad del clamor y en atribuirle un agente oculto, pero lo cierto es que este reclamo cunde entonces cuando todo hacía entender, humanamente hablando, que la atención a la práctica religiosa se extinguiría al mismo paso que la tecnología siguiera propiciando una indefinida inmersión en los goces terrenos, sin margen para recordar las postrimerías ni por azar.

    Pero no. Y como este imprevisto interés por la Eucaristía parece escaparle a toda lógica humana -y máxime en atención a lo que supone- tendremos que remitirlo a influjo demoníaco, no sin profunda analogía con la increíble condensación de injusticia y crueldad verificadas en la Pasión del Señor, cuando Él mismo -en atención a la acción conjunta de hombres y demonios- pronunció esa sentencia por siempre memorable: haec est hora vestra et potestas tenebrarum.

    Consta que esta manifestación del misterio de iniquidad próxima a verificarse -el de la admisión oficial a comulgar el Cuerpo de Cristo a quienquiera, sin importar las disposiciones: adúlteros, invertidos, impenitentes de toda ralea, quizás incluso animales- viene copiosamente precedida de vistosos jalones anticipatorios: la reforma -mejor «ruptura»- litúrgica; la práctica de la comunión en la mano, impartida a menudo por los mismos fieles; la reducción al mínimo del ayuno eucarístico, que resulta irónico seguir llamando ayuno, etc. No ha faltado, para mayor oprobio, el obispo presidente de Conferencia Episcopal dando la comunión a un notorio transexual; ni se les ha ahorrado a las sufrientes conciencias cristianas el espectáculo de la sustitución del copón por vasitos de plástico en las misas papales multitudinarias, incluyendo las hostias consagradas caídas en el fango por inadvertencia, y la omisión ya constante y definitiva de las respectivas genuflexiones, de parte del pontífice, al momento de la doble consagración...

    En las Flores de poetas ilustres, de Pedro Espinosa (antología de autores del Siglo de Oro preparada por un contemporáneo) se cuenta un soneto de Alonso de Salas Barbadillo al Bautista en el que, luego de encomiar al Precursor, le dirige a éste un retórico reproche a propósito del Ecce Agnus Dei, y dice:

    ¿Para qué le mostráis, varón famoso,
    a un pueblo que después tiranamente
    ha de ser de su sangre carnicero?

    Encoged vuestro dedo milagroso,
    y advertid que mostrarle a aquesta gente
    es mostrar a los lobos el cordero.


    Esto es, señaladamente, lo que ya se viene ejecutando en la nueva Iglesia, en la que, al par que el sacramento de la confesión se ha vuelto superfluo, las filas para comulgar rebosan gente. Esto es lo que, con una nueva torción en las crapulosas maquinaciones de los responsables, se intentará lograr después de octubre: exhibir al Cordero de Dios a la angurria de los lobos, que ahora vale retocar el dicho de Hobbes en homo, homini ac Dei lupus. No sabemos aún si la novedad en ciernes incluirá una alteración de la epíclesis consecratoria, de modo que la misa deba ser considerada a todas luces inválida -y por tanto, una parodia del verdadero Sacrificio- o bien si, para mayor daño, las fórmulas continuarán inmutables y la Presencia Real será mancillada más a sabiendas, con acrecido ultraje. En cualquier caso, la autoafirmación del hombre y el afán deicida conocerán una profundización inaudita. Se surtirá una redención automática, a la medida del más patán, y el Señor seguirá sufriendo en sus miembros; y no sería de extrañar que, recitada por el sacerdote la invitación a comulgar, los asistentes respondan «soy digno, dignísimo, de que entres en mi casa...». Hasta que, después de esta suprema humillación inscrita en su obra redentora, Él mismo disponga manifestarse -para estupor de todos aquellos que proclamarán el definitivo «Ecce»- como aquel Cordero degollado «digno de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza». Entonces se verificará el doble y pendiente veredicto que hacía felices a los que lloran y pronunciaba el ¡ay! sobre los satisfechos.



    In exspectatione

  12. #72
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!



    El día que cayó la Hostia. Sobre la Comunión en la mano





    Grabado de una revista de 1959, cuando esto era la norma para los sacerdotes en la Misa Tridentina Latina. Obsérvese como el pulgar y el dedo índice de cada mano se mantiene unidos, incluso durante la elevación del Cáliz. Esto se hacía para evitar que hasta la partícula más pequeña de la Hostia pudiese ser profanada.

    Nuestro Señor Jesucristo está realmente presente en la Santísima Eucaristía: Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Esto es una verdad católica fundamental, enseñada por la Iglesia desde los tiempos de los Apóstoles.

    El Concilio de Trento definió dogmáticamente que Nuestro Señor Jesucristo está presente en todas las partículas del Santísimo Sacramento. El Concilio enseñó infaliblemente:

    «Si alguno negare que en el venerable sacramento de la Eucaristía se contiene Cristo entero bajo cada una de las especies y bajo cada una de las partes de cualquiera de las especies hecha la separación, sea anatema».
    Esto significa que el Señor está presente incluso en la partícula más pequeña de la Hostia, y en la partícula más pequeña que pueda caer al suelo. Así, la reverencia que le debemos al Santísimo Sacramento nos exige que tomemos todas las precauciones necesarias para que ninguna partícula de la Hostia -ni siquiera la más pequeña– quede expuesta a ser profanada de modo alguno.

    En primer lugar, Santo Tomás de Aquino enseñó que “porque por respeto a este sacramento ninguna cosa lo toca que no sea consagrada” (Suma, III, C. 82. Art. 3) Por lo tanto, Santo Tomás dijo que no solo los vasos sagrados del altar son consagrados para este propósito santo, sino también, las manos del sacerdote son consagradas para tocar este sacramento. Por consiguiente que no es lícito que nadie lo toque, excepto para salvarlo de la profanación.

    Esta reverencia por el Santísimo Sacramento, incluso por las partículas más pequeñas, se incorporó a la misa tradicional -la Misa antigua latina- que contenía rúbricas estrictas sobre este punto:

    1) Desde el momento en que el sacerdote pronuncia las palabras de la consagración sobre la Sagrada Hostia, el sacerdote mantiene juntos su índice y pulgar en cada mano. Ya sea que eleva el cáliz, o pase las páginas del misal, o abra el tabernáculo: el pulgar y el dedo índice de cada mano se mantienen unidos. El pulgar y el índice no tocan nada más que la Sagrada Hostia.
    2) Durante la Santa Comunión, el monaguillo sostiene la patena debajo de la barbilla de los que reciben la Comunión, de modo que no pueda caer al suelo la más mínima partícula. Este patena se limpiará después sobre el Cáliz.
    3) Después de distribuir la Santa Comunión, el sacerdote frota el corporal (el pequeño paño de lino sobre el altar) con la patena, y la limpia encima del cáliz; de modo que si la más mínima partícula cae, esta queda recogida y consumida por el sacerdote.
    4) A continuación, el sacerdote lava sus pulgares e índices sobre el cáliz con agua y vino, y esta agua y vino son consumidas con reverencia para asegurar que la partícula más pequeña de la Sagrada Hostia no sea susceptible de profanación.

    La Comunión de la Eucaristía en la mano y los llamados ministros-laicos hacen burla de la Divina Verdad por la que Nuestro Señor está verdaderamente presente en cada partícula de la Eucaristía; y hacen burla de las santos rúbricas utilizadas por la Iglesia durante siglos para salvaguardarse contra la profanación.
    ¿Qué es lo que sucede con la Comunión en la mano?

    La Hostia se deposita en una mano, que no está consagrada. El comulgante la recoge con sus propios dedos, que no están consagrados. Y las partículas sagradas caen al suelo, donde son pisadas y profanadas.
    Lo mismo sucede con los llamados ministros laicos eucarísticos: sus manos no están consagradas; por lo que no deben tocar la Sagrada Hostia. Las partículas consagradas de la Hostia caídas al suelo, se pisan y se profanan. Los “ministros laicos eucarísticos” no lavan sus dedos; por consiguiente cualquier partícula restante será también profanada.

    Ninguna autoridad en la Iglesia, ni siquiera la más alta, puede dispensar a ningún católico de su obligación de preservar la debida reverencia a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento. Cualquier autoridad de la Iglesia que lo haga trabajará bajo la “desorientación diabólica de la jerarquía superior”, y ​​estará actuando con negligencia de su deber, tal y como advirtió la Hermana Lucía de Fátima.

    Hace tan sólo cuarenta y cinco años, la Comunión en la mano era algo impensable en las iglesias católicas. Sería reconocido como el sacrilegio que es. Hace tan sólo cuarenta y cinco años, los ministros eucarísticos laicos eran impensables en las iglesias católicas. Serían reconocidos por el sacrilegio que son.
    Pero ahora, estos abusos son permitidos y promovidos por una jerarquía liberal que -en esta área y en muchas otras áreas- de repente aprueba lo que la Iglesia siempre condenó con razón. El “bendecir de repente lo que la Iglesia siempre condenó” es el sello distintivo de las reformas del Concilio Vaticano II.

    Sin embargo, la verdad es que Dios no cambia, y el deber por la reverencia hacia el Santísimo Sacramento que el hombre tiene, tampoco cambia, a pesar de que muchos líderes en su liberalización destructiva de la Iglesia Católica, parece que se preocupen poco o nada de la verdadera reverencia que le debemos a Nuestro Señor en la Sagrada Eucaristía.

    Por lo tanto, cualquier persona que recibe la Comunión en la mano, o que recibe la comunión de un ministro de la Eucaristía laico, o que sea un ministro eucarístico laico -en el orden objetivo- está cometiendo un sacrilegio. Es un mal uso de algo sagrado. Es una burla de lo que la Iglesia siempre ha enseñado y practicado. Es una profanación del mayor don que Dios nos ha dado: la Presencia Real de Nuestro Señor Jesucristo en la Sagrada Eucaristía.

    El día que cayó la Hostia


    Las rúbricas pre-Concilio Vaticano II para cuando se cae una Hostia, al igual que las rúbricas de la liturgia latina, son para salvaguardar la debida reverencia al Santísimo Sacramento. La revista American Ecclesiastical Review en su edición de mayo de 1949 explicó:

    «Este procedimiento requiere que el lugar en el que la Sagrada Hostia ha caído debe ser purificado, por lo general, con un purificador húmedo, y luego de raspado, las raspaduras deberán ser arrojadas al sacrarium (el pequeño lavabo en la sacristía que drena en terreno de la iglesia). En general, ciertos autores interpretan el cumplimiento de esta rúbrica, que con el fin de evitar el retraso en la distribución de la Sagrada Comunión, permite que se marque el lugar en el que la Sagrada Hostia ha caído, o bien con un paño de lino o con la bandeja que se utiliza para sostener las vinajeras, para que el sacerdote después de la Misa pueda regresar al mismo lugar para purificar este en la forma prescrita en De Defectibus».

    Este procedimiento estricto no sólo da a Dios la reverencia que le es debida, sino que impresiona profundamente al espectador, tal y como me impresionó a una temprana edad.

    Fue alrededor del año 1965, yo era un niño de unos 7 años de edad. Mi padre me llevó a la misa dominical de la “Parroquia italiana”, de Nuestra Señora de la Consolación, en Filadelfia. La misa se celebraba todavía en latín; la atmósfera sagrada todavía impregnaba la iglesia y la liturgia, aunque las primeras corrientes ascendentes del cambio estaban en el aire.

    Durante el tiempo de la Comunión de este particular domingo, el sacerdote dejó caer accidentalmente una Hostia consagrada. Estábamos sentados en los bancos de delante, y mi padre me llamó la atención.
    El sacerdote interrumpió brevemente la distribución de la Comunión en busca de una pequeña tela blanca que colocó sobre la Hostia en el suelo. La distribución de la Sagrada Comunión se reanudó, con el sacerdote y monaguillo pisando con cuidado alrededor de la Velada Hostia.

    Mi padre me mantuvo deliberadamente después de la misa para que yo pudiera ver la rúbrica de la purificación en la primera fila.

    Todo se hizo simplemente y en silencio, pues no había se debía hablar en absoluto dentro de la iglesia por aquel entonces, en reverencia al Santísimo Sacramento.

    El sacerdote y el monaguillo se acercaron al lugar cerca del comulgatorio en el interior del santuario, en el preciso lugar que estaba cubierto con la tela blanca. El sacerdote se puso de rodillas, levantó el velo, recuperó las Sagradas Especies y las consumió con dignidad y decoro. Poco a poco, con reverencia, y aún de rodillas, limpió y purificó la parte del suelo donde la Hostia había caído.

    Se tomó su tiempo. No había prisa. Un aire de solemnidad, de santidad y de adoración impregnaban todos sus movimientos.

    Me sentí fascinado y edificado con aquel procedimiento. Recuerdo que pensé para mis adentros, “verdaderamente, la Sagrada Hostia es el Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo”, porque el sacerdote tenía un cuidado y reverencia imponentes.

    Aquella fue la mejor catequesis sobre la presencia real que jamás he tenido.
    ¿Qué ven ahora los niños de siete años? En las parroquias modernas, bajo las rúbricas laxas de la Nueva Misa, el sacerdote simplemente recoge la Hostia caída y sigue adelante, como si se le hubiese caído algo de dinero suelto. Las partículas son abandonadas para ser pisadas y profanadas. Antes y después de la misa, la gente charla a distancia en la iglesia como si estuviesen socializando en el salón parroquial. Muchos sacerdotes y laicos modernos ignoran su deber de estar en silencio ante el Santísimo Sacramento. Se olvidan de la severa advertencia de la pequeña Jacinta de Fátima, «Nuestra Señora no quiere que la gente hable en la iglesia.»

    ¿Dónde está el respeto y el cuidado hacia el Santísimo Sacramento en la Iglesia postconciliar con la introducción de la Comunión en la mano y con la actitud de “cualquier persona puede tocarlo”? ¿Cómo van nuestros jóvenes adquirir una comprensión de la Presencia Real de Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento cuando este recibe un tratamiento despreocupado por parte de los sacerdotes? ¿Cómo puede ser la reverencia por la Eucaristía inculcada en los fieles católicos cuando estos la ven distribuida en la mano como si fuese mero producto alimenticio común, o cuando la ven distribuida por laicos mal capacitados, que no debería estar manejando al Santísimo Sacramento en el primer lugar?

    No es un misterio el por qué tantos católicos han perdido la fe en los Sagrados Misterios. Demasiados de nuestros sacerdotes han abandonado la devoción exterior necesaria: 1) para dar la debida reverencia a Cristo en el Santísimo Sacramento; 2) para enseñar a las personas a través del ejemplo, la más alta reverencia que se debe mostrar a Nuestro Señor Jesucristo, verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento.
    Sin embargo, la catástrofe postconciliar no seguirá indefinidamente. Algún día la Iglesia volverá a ser bendecida con una jerarquía que dé, a Nuestro Señor, en el Santísimo Sacramento, la reverencia debida al Rey de Reyes.

    Mientras tanto, resistamos a las innovaciones sacrílegas, tales como la Comunión en la mano o la de los ministros eucarísticos laicos; animemos a otros a resistirlas, y aferrémonos a la Misa Tridentina, en donde las rúbricas que salvaguardan la reverencia al Santísimo Sacramento son meticulosamente preservadas.

    La necesidad de reparación


    En 1916, un año antes de las visitas de la Virgen a Fátima, el “Ángel de la Eucaristía” se apareció a los niños con la Hostia y con el Cáliz. Administró las especies sagradas a los tres niños diciendo: «Recibid el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus pecados y consolad a vuestro Dios». El ángel dejó el Cáliz y la Hostia suspendidos en el aire, y se postró ante él. Los niños le imitaron. El ángel entonces rezó en varias ocasiones este acto de reparación:

    «Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores

    Aprendámonos de memoria esta oración y digámosla tantas veces como sea posible a lo largo del día. No tienen precedente los “ultrajes, sacrilegios e indiferencia” hacia el Santísimo Sacramento engendrados por la revolución del Concilio Vaticano II, y que probablemente sean los peores en toda la historia. El sacrilegio es tan común que ya no se reconoce como un sacrilegio. La necesidad de la reparación es colosal.

    John Vennari


    P.D: Al pensar en la propuesta de “beatificación” de Pablo VI, nos viene a la memoria que le tenemos que agradecer la aprobación de la Comunión en la mano, lo que recientemente (Noviembre de 2015) llevó al enorme sacrilegio en España: «Roban y profanan más de 200 hostias consagradas para “muestra de arte” en España»


    El día que cayó la Hostia. Sobre la Comunión en la mano | Adelante la Fe

  13. #73
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!

    COMUNIÓN EN LA MANO: El suelo teñido de Sangre

    Miguel Ángel Yáñez



    «Si alguno negare que en el venerable sacramento de la Eucaristía se contiene Cristo entero bajo cada una de las especies y bajo cada una de las partes de cualquiera de las especies hecha la separación, sea anatema». Concilio de Trento
    Llevo tiempo observando discusiones y conversaciones sobre el tema “comunión en la mano”. En todas ellas percibo de forma reiterada una serie de argumentos, tantos de laicos como de sacerdotes, unos tratando de justificar el recibirla y otros el administrarla, que evidencian que, a pesar de sus buenas intenciones, no han comprendido la verdadera naturaleza del problema de fondo.


    Querido laico, hay que dejar de pensar en estos términos: lo que a MÍ me gusta, lo que a MÍ no me ofende, lo que YO veo normal, lo que YO veo o dejo de ver grave, lo que a MÍ me permite tener devoción, lo que YO creo, lo que YO pienso, lo que YO leí que no se quién dijo o hacía en no se que siglo… es decir lo que YO, YO y más YO.


    Querido sacerdote
    que quieres dar la comunión en la mano o, incluso, no quieres pero la das, hay que dejar de discurrir de esta forma: A MÍ me gusta más en la mano, YO creo que debo obedecer a pesar de todo, YO no quiero problemas, YO no lo veo tan grave, YO no soy quien para tomar esa decisión, YO creo que si lo hace el Papa y mi obispo YO debo hacerlo… o sea lo que YO, YO y más YO.


    No, queridos laicos y sacerdotes, esta perspectiva es totalmente errada, el problema no eres TÚ, lo que TÚ creas o dejes de pensar, las consecuencias que tenga para TÍ el no darla, lo que te digan, lo que hagan muchos o pocos, ni lo que haga el obispo o incluso el papa. No, no y no.Voy a detenerme y decirlo bien alto:

    El problema no eres tú, el problema es ÉL.

    No importa tu punto de vista, la razón teórica que puedas tener o dejar de tener, tus buenas intenciones, tu afán de obediencia, todos esos argumentos se desploman por su propio peso si lo vemos desde la perspectiva de ÉL, no del YO.


    ¿Cuál es el problema de ÉL con la comunión en la mano?



    1. Esta dogmáticamente definido en el Concilio de Trento que en cada partícula de la Sagrada Hostia está Jesucristo en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.
    2. Por lo tanto si una partícula por minúscula que sea cae al suelo es exactamente igual que si cayera la Hostia entera.
    3. Y si caen partículas al suelo hay que creer dogmáticamente que es el mismo Jesucristo, su Cuerpo y su Sangre, el que está en el suelo.
    4. Por lo que si pisamos esas partículas estamos pisando a Jesucristo. Sí, repitámoslo: ESTAMOS PISANDO A JESUCRISTO. Y lo estamos haciendo por nuestra culpa, colaboración o complicidad, no por un accidente incontrolado.




    Si por un momento pudiéramos contemplar la dantesca escena que se produce en nuestras iglesias quedaríamos horrorizados. Háganse una ligera idea contemplando la fantástica ilustración de Rodrigo García. ¿Les parece cruda? Pues es exactamente lo que ocurre y no vemos.


    Es ahora fácil comprender el Amor que supone la Eucaristía, donde Jesús se ha expuesto a ser el más frágil, incluso a riesgo de ser pisoteado indignamente en una segunda Pasión silenciosa e invisible, pero no por ellos menos cruel. Y es fácil entender con cuánto respeto y cuidado deberíamos tratar al Jesús Eucarístico ante su posición voluntaria de fragilidad y exposición, a lo cual estamos obligados de una forma absoluta e inexcusable sin que pueda haber ningún YO que valga, nuestra única obligación es protegerlo a ÉL, contra todo y contra todos, incluso a costa de nuestra honra o puesto.


    Se que habrá quien diga que exagero, que siempre puede haber partículas de una forma u otra, y es cierto que puede haberlas, pero una cosa es que humanamente no se pueda controlar una micropartícula que por ejemplo vuele inadvertida a nuestros ojos, y otra muy diferente es que caiga por nuestra culpa, negligencia, cobardía y/o forma de comulgar. Es verdad que comulgando de rodillas y sin bandeja también puede pasar -otra irresponsabilidad del sacerdote-, pero infinitamente menos que si sometemos la Hostia a la fricción del contacto con las manos.


    De muchas observaciones que he realizado he de decir que no he logrado nunca ver -aunque seguro hay alguien perdido que lo haga, la excepción- a ni un solo comulgante en la mano tratar de quitar de su mano partículas que pudieran quedar, ni siquiera el intento de mirar si las hay. Cualquier sacerdote que ha dado la comunión con bandeja sabe que incluso en Misa tradicional siempre hay partículas, al igual que siempre hay partículas que quedarán en la mano. El solo hecho de depositarla y volverla a coger para comulgarla conlleva desprendimiento inevitable. Eso significará en la práctica cientos de partículas por el suelo profanadas y pisoteadas por nuestra culpa.


    Todo esto es tanto más doloroso si pensamos por un momento como se promociona activamente esta práctica, llegándose incluso a obligar a niños a hacer la Primera Comunión en la mano, como ocurre en la parroquia de mi pequeña localidad con el pleno conocimiento, silencio y pasividad del Arzobispado de Sevilla (1).

    https://youtu.be/BiUqDa_Gzj0


    Ningún sacerdote está obligado a dar la comunión en la mano, y la propia legislación canónica lo respalda (2), pues le permite no administrarla a decisión del sacerdote cuando hay riesgo de profanación. ¿Acaso no hay riesgo de profanación en que Jesucristo caiga al suelo y sea pisoteado? ¿Acaso no hay riesgo de profanación en el uso que se le pueda dar a la Sagrada Forma como se ha visto recientemente en Pamplona? Querido Sacerdote que de buena Fe la ha estado dando, mire nuestra ilustración, medítela, y dígame ¿cree ahora sinceramente que es inocuo dar la comunión en la mano, aunque sea a una sola persona?


    Nadie, repito, nadie debe arriesgar el Cuerpo de Cristo a ser pisoteado y profanado, y eso se hace dando una sola comunión en la mano. ¿Podría haber alguna ley que obligara a un hijo a exponer a su madre a ser pisoteada, ultrajada y vejada? Incluso en caso de que existiera, ¿alguien con un mínimo de sentido común podría sostener que esa persona tiene obligación moral de seguir dicha ley?… pues tanto más si hablamos de Jesucristo, nuestro Señor y Creador.


    No me cabe duda que la mayoría de ustedes que la reciben en la mano o la administran no lo hacen con esa intención, porque siguen analizándolo desde el YO, YO y YO. Párese un momento, reflexione y vealo desde el punto de vista de ÉL, pisoteado en el suelo o profanado por indeseables, con la Iglesia llena de regeros de la Sangre de Nuestro Señor, y estoy seguro que ni la recibirán ni la darán nunca más.


    Si ha habido miles de mártires que han muerto por el hecho de no permitir ultrajar una imagen, un libro sagrado… ¿va usted a tolerar que se ultraje y pise al mismo Jesucristo en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad delante suya?


    Antes morir que Nuestro Señor esté en el suelo por mi culpa.


    Miguel Ángel Yáñez

    [Ilustración de Rodrigo García para Adelante la Fe]


    (1) Personalmente denuncie al Sr. Arzobispo de Sevilla, Monseñor Asenjo, que los niños recibían obligatoriamente su Primera Comunión de pie y en la mano. Su respuesta fue que “no podía hacer nada”. Pobres niños, utilizados y manipulados por los demoledores de la Fe, que siempre deberían recordar las durísimas palabras de Nuestro Señor contra quien manipule a estos pequeños: “más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar” (Mateo 18:6).

    (2) “Si existe peligro de profanación, no se distribuya a los fieles la Comunión en la mano” (Redemptionis Sacramentum 92).





    COMUNIÓN EN LA MANO: El suelo teñido de Sangre

  14. #74
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!

    En el ataque de Yemen, la Sagrada Hostia ha obrado un milagro:

    Infovaticana | El Santísimo salvó a una de las Sisters de Yemen

  15. #75
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!

    Es una pena todo lo que cuentan. Llegué tarde así que estuve en el final, y luego me quedé a la misa siguiente. La verdad me hubiese gustado que todo esté en mejores condiciones porque se trata de un santuario, no voy a decir el nombre por una cuestión de respeto y porque tengo esperanza de que todo mejore. Pero noté dos cosas que me parecieron aberrantes: Había agua sucia en lugar de agua bendita y el canto de una mujer y su guitarra acompañó parte de la misa. Preferí irme. Fue horrible.

  16. #76
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!

    Los problemas de recibir la comunión en la mano


    INFOVATICANA

    10 febrero, 2018



    En los últimos 50 años se ha generalizado la práctica de recibir la Sagrada Comunión en la mano, para consumirla individualmente.

    Conmovido por esta práctica tan común, y habiendo estudiado aquello de que en cada partícula, por pequeña que sea, está Cristo presente con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad, un seminarista estadounidense realizó un experimento gráfico cuyos resultados son ciertamente reveladores, y que nos trajo el blog Sacram Liturgiam de InfoVaticana:


    1- El seminarista utiliza para el experimento una forma sin consagrar, y un guante negro, que permitirá ver con mayor claridad los resultados del experimento. Además, se muestra que no existen residuos anteriores en el guante.






    2.- A continuación, se coloca la hostia sin consagrar sobre el guante, de la misma manera en que una persona recibiría la comunión en la mano.





    3.- Finalmente, el experimentador toma la forma sin consagrar, la consume (claramente es solo pan), para luego observar la numerosa y contundente cantidad y tamaño de las “migajas” de pan que quedan sobre el guante.


    Claramente, si una persona fuese a comulgar en la mano, estos trozos caerían al suelo facilmente, siendo una forma de Sacrilegio a la Presencia Real de Cristo.





    La instrucción Redemptionis Sacramentum, de 2004, ‘sobre algunas cosas que se deben evitar acerca de la Sagrada Eucaristía’, se refiere así a la comunión en la mano:


    Aunque todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca, si el que va a comulgar quiere recibir en la mano el Sacramento, en los lugares donde la Conferencia de Obispos lo haya permitido, con la confirmación de la Sede Apostólica, se le debe administrar la sagrada hostia. Sin embargo, póngase especial cuidado en que el comulgante consuma inmediatamente la hostia, delante del ministro, y ninguno se aleje teniendo en la mano las especies eucarísticas. Si existe peligro de profanación, no se distribuya a los fieles la Comunión en la mano.

    La adoración es un acto que implica todo el ser. Nuestra adoración es un acto espiritual y también es un acto corporal. Como enseñaba Benedicto XVI, la etimología de la palabra griega de adoración es “proskynesis” que indica “postración”. El ser inteligente se inclina, se postra, en acto de sumisión y reverencia ante el Dios que lo creó. La adoración es también reconocimiento del Amor que nos salva y de ahí la otra etimología latina “adoratio” que alude a la boca, al beso, al gesto de amor. La adoración es un acto de fe y de amor, y lo propio como gesto corporal es postrarse o arrodillarse ante la Presencia Divina, ante el Santísimo Sacramento.


    Esta es una de las reflexiones recogidas en esta charla magistral sobre la conveniencia de recibir la Eucaristía de rodillas y en la boca:






    https://infovaticana.com/2018/02/10/...union-la-mano/

  17. #77
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!

    Leer este hilo es como un bálsamo para el coraje que me causan ciertos usos -abusos- en la Santa Misa y especialmente en el momento de la Comunión.

    Claro, ya me ha parecido leer más arriba que no se debería acudir a tales celebraciones -que quizá no designarían Sacrificio de la Misa.

    Ocurre que no hay otra que se celebre ni donde vivo ni en cientos de kilómetros, según creo.

    En mi parroquia hay aspectos criticables pero no llego a ver lo que he visto en otras.

    No vivo allí pero con cierta frecuencia me encuentro en Elche en día de precepto. Pues bien, en la Basíllica de Santa María siempre, pero siempre, ayudan en la distribución de la sagrada Comunión una o dos monjas. El otro día lo hicieron el sacerdote oficiante, otro sacerdote que lo acompañó y, a requerimiento del primero, dos monjas, una de las cuales había rezado el rosario justo antes de comenzar.

    Dirán que son ministros especiales. Pero no veo yo la necesidad en ningún caso de acelerar la finalización de la misa. En primer lugar, había gente pero tampoco puede considerarse que fuésemos turbas de personas cuya vida corriera peligro por ninguna razón. El único motivo es acabar pronto y ya está. ¿Para qué? Para salir antes a tomarse la cervecita.

    Lo mismo ocurreo en la iglesia parroquial de San Jaime en Guardamar del Segura. Aquí no son monjas quienes se ponen tan anchas a dar la sagrada Comunión. Son unas señoras de ésas que siempre andan por ahí. En este caso, además, nos obsequian con una explicación de las lecturas del día -supongo que la suya propia, pues el sacerdote ya tiene ocasión de explayarse en su homilía. Allí sí son turbas de veraneantes que van -o vamos- a cumplir el trámite. Qué ganas de salir de la iglesia a seguir con las comidas, las cenas, las tapitas, las cervecitas. Cuanto antes se acabe mejor, pensarán todos. Y es al Verbo a quien dejamos de lado. Ya sé que pecaré, pero es que me indigna, me dan ganas de gritar.

    Las propias señoras que están dando la comunión están después con el grupito de amigas sentadas en la terraza después. No son conscientes de en la irreverencia (¿acaso la blasfemia, el pecado?) en que participan, al ponerse a dar la Comunión, con sus manos no consagradas, no ungidas, como si repartieran estampitas o la lotería parroquial.

    Este verano cesaba el párroco y llegaba otro. Pues al finalizar la misa una de esas señoras omnipresentes leyó algunas palabras de homenaje. ¿Es cosa mía o está feo o algo peor que todos los fieles (¿fieles?) rompan a aplaudir durante varios minutos, en presencia de Nuestro Rey y Señor, como si Él no estuviese allí. A mí me parecería que al párroco le podrían haber dedicado un aplauso en una cena homenaje, en una reunión privada. Pero delante del Santísimo Sacramento me pareció fatal.

    Necesitaba decirlo. No es que me hagan daño a mí las faltas de amor y respeto a Dios, aunque vayan disfrazadas de religiosidad. Es que no hay derecho. Aunque no haya nadie para darse cuenta.

    En fin, me resulta insoportable y me he desahogado. Tan sólo eso. El hilo está repleto de intervenciones magníficas y yo sólo he expuesto expresiones de la crisis en forma de berrinche.
    Valmadian y ALACRAN dieron el Víctor.

  18. #78
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!



    Una Comunión para la muerte


    26/04/18por Padre Lucas Prados


    El Señor cuando estaba entre nosotros nos dijo: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá eternamente” (Jn 6:51). Jesucristo instituyó en la Última Cena el sacramento de la Eucaristía para que nosotros, los fieles, pudiéramos comenzar a gozar de la vida eterna aquí en la tierra.

    Hace unos días, tuve un funeral en mi parroquia. El difunto era persona bien conocida de todos, por lo que la asistencia a Misa fue masiva. Mi sorpresa fue cuando en el momento de recibir la Comunión, se hizo una larguísima cola para recibir el Cuerpo de Cristo. Yo conocía a la gran mayoría de las personas que habían acudido y sabía muy bien que muchos de los que estaban en la cola no venían nunca a Misa, ni se habían confesado en años. La verdad es que quedé muy triste y dolorido al ver con qué falta de delicadeza se acercaban a recibir al Señor.

    Hasta no hace mucho tiempo, en las misas de funeral solían comulgar cinco o seis personas; pero ahora da la impresión de que todo el mundo puede acceder a recibir al Señor sin haber examinado previamente el estado de su alma. A estas personas habría que recordarles, como yo hago con bastante frecuencia en mis sermones, que para recibir al Señor el alma debe estar limpia de pecado mortal. Aunque para decir verdad, ¿quién se cree hoy día que está en pecado mortal? Hasta hace pocos años, decir eso era suficiente para detener en sus bancos a aquellos que no frecuentaban la Iglesia; pero hoy día, hay que descender a los detalles: No pueden comulgar aquellas personas que no vengan todos los domingos a Misa, haga más de un año que no se confiesan o su alma no esté limpia de pecado mortal.

    Pero parece que estos avisos tampoco son escuchados. Se está oyendo tanto sobre el “derecho” de los “arrejuntados” para recibir la Sagrada Comunión que para la gente ya no hay barrera y cualquiera puede recibir el Sacratísimo Cuerpo de Cristo sin examinar previamente el estado de su alma.

    Después de lo que me ocurrió en la citada Misa de funeral, he tenido que cambiar mi discurso. Ahora les aviso de que no deben acercarse a recibir la Sagrada Comunión si su alma no está limpia pues esa Comunión, que normalmente es sacramento de vida eterna, puede transformarse en sacramento que les cause la muerte.
    Cuando les digo eso sus rostros manifiestan atención y extrañeza. ¿Cómo puede la Eucaristía causarnos la muerte? Entonces les explico con crudeza las palabras de San Pablo en la Carta a los Corintios: “el que come indignamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11:28).

    La Eucaristía, lo más santo que Dios puso en nuestras manos, está sufriendo un violento ataque por parte del demonio y de aquellos que se han rendido a él. El demonio sabe muy bien que si es capaz de convencer a una persona que no está preparada a que reciba la Eucaristía, ese alma ya es suya, le pertenece. Y algo que tendría que ser para nosotros “anticipo del cielo” se transforma en causa de nuestra muerte eterna.

    Me resulta realmente alarmante escuchar a veces a algunos obispos tratar tan a la ligera este sacramento y abrir las puertas de par en par a todo aquél que lo quiera recibir aunque su alma no esté preparada. Comunión para adúlteros, homosexuales activos y convencidos, protestantes que no renuncian a su fe ni abrazan la religión católica… Un obispo que sea capaz de hacer eso ya no es “buen pastor” sino un instrumento del demonio. Y parece ser que hoy día hay muchos obispos que se han cambiado de bando.

    Así pues, en pocos años hemos destruido lo más santo y lo hemos convertido en un instrumento muy útil en manos del demonio para acabar con la vida de las personas. Algo que Cristo instituyó para darnos la vida eterna, se ha transformado para muchos en instrumento de su condenación.

    https://adelantelafe.com/una-comunion-para-la-muerte/

    Beatrix dio el Víctor.

  19. #79
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!

    Monseñor Schneider y el P. Morselli hablan de la comunión en la mano, pero sólo en determinadas condiciones

    Después de dar algunas indicaciones en un video nuestro ante la decisión de algunos obispos en relación con la comunión en la mano durante estos tiempos de pandemia, les ofrecemos la pregunta del P. Alfredo Maria Morselli a monseñor Schneider, con su aclaradora respuesta, que hacemos nuestra, agradeciéndosela a ambos de todo corazón.


    PREGUNTA DEL P. ALFREDO MORSELLI A S.E. MONSEÑOR ATHANASIUS SCHNEIDER

    Excelencia:

    Desgraciadamente, aquí en Italia algunos sacerdotes están obligando a los fieles, con la excusa de la epidemia, a recibir la Sagrada Comunión en la mano.

    Algunos me han preguntado qué deben hacer; les he aconsejado recibir la Hostia sobre un purificador e inclinar la cabeza sobre Ella sin llevársela a la boca con la otra mano.

    Ciertos sacerdotes se niegan obstinadamente a colocar la Hostia sobre el mencionado paño.

    Les estoy respondiendo lo siguiente: Durante la dictadura comunista, los fieles tocaban la Hostia para protegerla y conservarla cuando no había un sacerdote.

    Ahora vivimos en la dictadura modernista, por lo que, en vez de renunciar al Sacramento, podemos recibir la Comunión en la mano, con todo el cuidado posible.

    ¿Qué me puede decir al respecto?

    ¿Me autoriza a publicar su respuesta?


    RESPUESTA DE S.E. MONSEÑOR ATHANASIUS SCHNEIDER

    Ya lo había pensado de la manera concreta en que me lo ha descrito.

    Se pone un pequeño purificador sobre la palma de la mano derecha, o también se puede confeccionar un pequeño corporal a propósito para el caso, el cual puede plegarse, y luego de haber recibido la Sagrada Comunión purificarse de eventuales partículas. No se toca la Hostia, pero sí se toma directamente con la boca el Cuerpo de Cristo, inclinándose hacia Él.

    Dios lo bendiga.

    Un cordial saludo en Cristo,

    + Athanasius Schneider

    P.D.: Puede publicar mi respuesta, e incluso corregir errores o el estilo.




    https://cooperatores-veritatis.org/2...te-condizioni/
    Beatrix dio el Víctor.

  20. #80
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    Re: Respuesta: ¡Comulgad dignamente!

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Pues ahora los enemigos de la Sagrada Eucaristía se frotan las manos, precisamente, por el asunto del virus. Para qué queremos la salud del cuerpo si perdemos la Gracia que nos proporciona la salud eterna.
    Valmadian dio el Víctor.

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