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Tema: Juan Sebastián Elcano: la primera vuelta al mundo

  1. #1
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    Juan Sebastián Elcano: la primera vuelta al mundo

    Juan Sebastián Elcano.



    El 8 de septiembre de 1522, miles de años de polémica sobre si la Tierra era plana o no quedaron zanjados en un muelle del puerto de Sevilla. Juan Sebastián Elcano y 17 hombres más, harapientos y exhaustos, descendieron con parsimonia de la nao Victoria. Habían pasado tres años desde su partida. Tres años de navegación, tempestades, calmas chichas, costas ignotas habitadas por tribus de salvajes y penurias sin cuento. El precio pagado por la gesta era elevado, pero ese grupo de hombres acababa de completar la primera vuelta al mundo. La expedición se había fraguado unos años antes, en la bulliciosa Sevilla de principios del siglo XVI. Atraídos por el deseo de enriquecerse y por un innegable espíritu de aventura, marineros, comerciantes y trotamundos de media Europa se dieron cita a orillas del Guadalquivir. América estaba recién descubierta, y las expediciones desbordaban optimismo. Los primeros capitanes, dispuestos a comerse el mundo, bajaban orgullosos por el río al mando de sus carabelas. Era un lugar de promisión, la ciudad de los prodigios.

    Fernando de Magallanes, un marino portugués que había navegado por los mares de Oriente, viajó hasta Sevilla para ofrecer al jovencísimo rey de España un ambicioso proyecto que en la corte lisboeta no había cosechado demasiado éxito. Se trataba de llegar a las islas de las especias navegando hacia el Oeste y no hacia el Este, como se venía haciendo desde que Vasco da Gama arribase a la India, años antes. Magallanes estaba convencido de dos cosas: de que la Tierra era esférica –y, por tanto, circunnavegable– y de que la especiería se encontraba en el lado español de la línea de demarcación acordada con Portugal en Tordesillas.

    La cosa no era para tomársela en broma. Si era cierto lo que decía el portugués, España podía convertirse en la primera suministradora de pimienta, clavo, nuez moscada y otras bagatelas que, en Europa, tenían precios astronómicos. Magallanes se puso en contacto con Juan de Aranda, factor de la Casa de Contratación, que le consiguió una entrevista con el rey en persona. Carlos I estaba aún muy verde y apenas hablaba español, pero alguien debió de recordarle que lo de Colón empezó del mismo modo. El monarca se avino a capitular y financió de su bolsillo buena parte del coste del viaje.

    Se armaron cinco naves: la Trinidad, la San Antonio, la Santiago, la Concepción y la Victoria. Por el puerto de Sevilla se reclutaron 240 tripulantes, y se cargaron provisiones y otras vituallas para dos años de travesía.

    Es aquí donde aparece el hombre que pondría el broche final a la aventura, Juan Sebastián Elcano. Había nacido en un pueblecito de Guipúzcoa, Guetaria, que pronto se le quedó pequeño. Anduvo guerreando en Italia con el Gran Capitán, y se apuntó entusiasta a la expedición militar que en 1509 el cardenal Cisneros había armado contra Argel. Conquistada la gloria, regresó a España y se afincó en Sevilla, que era donde se cortaba el bacalao. Allí conoció a Magallanes y, engolosinado con las riquezas que le aguardaban al otro lado del mundo, consiguió el puesto de contramaestre de la Concepción.

    La flota partió de Sevilla a cañonazo limpio en agosto de 1519, y se hizo a la mar desde Sanlúcar al mes siguiente. Las cinco naves, con las velas hinchadas por la corriente de las Canarias, se dejaron caer hasta Tenerife, donde hicieron aguada. La idea de Magallanes era navegar pegado a la costa africana hasta poco antes del ecuador. En ese punto, y para evitar la temida zona de calmas chichas que tantas vidas se cobraba, tomaría rumbo oeste, para que el viento llevase sus barcos hasta la costa americana. Para bregados marinheiros como Magallanes, eso era coser y cantar.

    Ya en Brasil había que seguir la ruta que, años antes, había trazado Juan Díaz de Solís, un desdichado que, tras descubrir y cartografiar el Río de la Plata, terminó en la olla de los indios charrúas. Se dieron un festín, porque a Díaz de Solís le acompañaban 60 hombres. Magallanes ya sabía algo: ahí no debía fondear. A partir de ese punto todo lo tendría que descubrir él solito. No había mapas, ni testimonios: estaba tan lejos de la civilización que ni siquiera tenía leyendas a las que agarrarse.

    El primer invierno se les echó encima frente a las costas de la Patagonia. Fondearon y establecieron contacto con sus habitantes, unos indios de un tamaño descomunal a los que llamaron "patagones". El paraje era frío e inhóspito, y las mujeres, tal y como precisa el cronista de la expedición, Antonio Pigafetta, eran tan altas como los hombres; "pero, en compensación, son más gordas [...] Nos parecieron bastante feas; sin embargo, sus maridos parecían muy celosos".

    Pigafetta era un italiano culto y refinado que se había embarcado buscando aventuras y emociones fuertes. Gracias a él conocemos todos los detalles de la expedición. Como un reportero de la National Geographic, fue anotándolo todo: las plantas, las gentes, sus costumbres, las lenguas que hablaban, las constelaciones del cielo. No escatimó ni los arreglos comerciales con los indios. En Brasil, por ejemplo, comenta con sorna: "Cambiamos también a buen precio las figuras de los naipes: por un rey de oros me dieron seis gallinas, y aún se imaginaban haber hecho un magnífico negocio". Los indígenas de Filipinas resultaron ser aún más desprendidos: "Nuestras joyas y bagatelas se convertían en arroz, en cerdos, en cabras [...] por catorce libras de hierro nos daban diez piezas de oro". El paraíso de un negociante.

    Las diferencias entre Magallanes y los capitanes de las otros barcos, que eran españoles, no tardaron en aflorar durante el invierno patagón. Se produjo un motín. El portugués lo sofocó a tiempo y ajustició a sus instigadores. A uno de ellos, Gaspar de Quesada, le castigó abandonándole en la costa con un sacerdote. Es de suponer que para darle la extremaunción, llegado el momento. Elcano estaba envuelto en el complot, pero supo hacerlo de tal manera que, pasado lo peor, se ganó la estima de Magallanes.

    Superado el motín, el capitán general dio orden de proseguir hacia el sur. Hacía frío, y el mar era difícil de navegar. Estaban ya en el paralelo 50, pero Magallanes tenía intención de seguir hasta el 75 buscando el deseado paso que condujese su flota hasta el mar del sur, el mismo que había descubierto Núñez de Balboa en Panamá. El 21 de octubre dieron con él. Le llamaron "Estrecho de las Once Mil Vírgenes", aunque ha pasado a la historia como Estrecho de Magallanes. A la salida se encontraron con el océano más grande del planeta, la mayor masa de agua del sistema solar. Y tenían que cruzarlo.

    Un suave viento del sur infló sus velas. Muy a diferencia del Atlántico, el nuevo mar estaba plano como un plato, razón por la cual lo bautizaron "Océano Pacífico", denominación que ha llegado hasta nuestros días. Fue por pura casualidad, porque, en esa latitud, lo normal es que el Pacífico esté tan picado como su temperamental vecino.

    A partir de ahí comenzaría la verdadera odisea. Magallanes no sabía que el Pacífico era tan grande, por lo que se pasaron más de tres meses sin avistar tierra. Ningún europeo había navegado antes por esas aguas, que, en cierto modo, eran tan desconocidas para Magallanes como la cara oculta de la Luna para los primeros astrónomos.

    La travesía del Pacífico fue agotadora y se cobró muchas vidas a causa del escorbuto. "La galleta que comíamos no era ya pan sino un polvo mezclado con gusanos, que habían devorado toda su sustancia, y que tenía un hedor insoportable por estar empapado en orines de rata", precisa Pigafetta en su diario. Acabadas las provisiones, terminaron comiendo serrín y el cuero del palo mayor, previamente remojado y cocido. En cuanto a las ratas de a bordo, todas desfilaron por la cazuela.

    En marzo de 1521 avistaron las primeras islas: el archipiélago de las Marianas, que llamaron "de los Ladrones" porque los indígenas les birlaron una chalupa que habían dejado en la playa mientras se avituallaban. Tras comprobar que el buen salvaje no lo es tanto cuando ve algo que le gusta, prosiguieron viaje hasta que se tropezaron con un vasto grupo de islas, las Filipinas, que llamaron "de San Lázaro" porque, siguiendo el santoral al pie de la letra, las avistaron el 16 de marzo. Los portugueses, que trasteaban por la zona, aún no habían dado con ellas, por lo que Magallanes tomó posesión de las mismas en nombre del rey de España.

    Allí el capitán se buscaría la ruina. Se alejó del objetivo del viaje, que era llegar a las Molucas, y le dio por la política. Se dedicó a trabar alianzas con los jefes locales. Se alió con una tribu en contra de otra y pereció en una escaramuza entre ambas. Muertos Magallanes y su sucesor, Juan Serrano, a quien los indios asesinaron tras invitarle a cenar, se planteó el problema de volver a España y de nombrar nuevo jefe. Juan Sebastián Elcano fue el elegido.

    De los cinco navíos que habían partido de Sevilla quedaban tres a flote, pero no había tripulación suficiente. Incendiaron la Concepción y, ya al mando de Elcano, se encaminaron a las Molucas. El desánimo cundía. "Estábamos tan hambrientos y tan mal aprovisionados que estuvimos muchas veces a punto de abandonar los navíos y establecernos en cualquier tierra para terminar en ella nuestros días", anota Pigafetta.

    El problema de Elcano es que sabía que las Molucas existían, pero desconocía el lugar exacto donde se encontraban. Los portugueses, que conocían su posición, guardaban a buen recaudo el secreto. Propagaron incluso el falso rumor de que sus costas estaban infestadas de arrecifes y eran innavegables. Vagaron durante meses por el mar de las Celebes, recalaron en Borneo y, al final, una tribu de Mindanao les indicó cómo llegar hasta la codiciada especiería.

    El 8 de noviembre de 1521 llegaron a destino. Habían pasado dos años desde su partida. Elcano fondeó a la entrada de Tidur e hizo disparar toda la artillería. La ocasión merecía el dispendio. No había tiempo que perder: a los cuatro días ordenó comprar clavo a los indígenas. Les salió muy económico: algunos espejos, tijeras, cuchillos, gorros y paño de color rojo, que hacía furor entre las gentes de aquellas islas. Pigafetta, no obstante, se lamenta de haber sacado tan poco beneficio en el cambalache: "Hicimos, como se ve, un comercio muy ventajoso, aunque no sacamos todo el provecho que hubiéramos podido, pues deseábamos apresurar en lo posible el regreso a España".

    Gracias a un portugués que habían encontrado en Tidur, Elcano se enteró de que el rey de Portugal andaba pisándole los talones. Ordenó carenar las naves y poner nuevas velas, sobre las que hizo pintar la cruz de Santiago y la leyenda "Esta es la figura de nuestra buena aventura". El vasco estaba dispuesto a volver a España a cualquier precio, costase lo que costase.

    Abandonaron las Molucas a finales de diciembre y tomaron rumbo sur. El capitán dividió la flota: la Trinidad regresaría por el Pacífico; la Victoria, con Elcano abordo, por el Índico. No podía hacer una sola escala. El Índico pertenecía a Portugal, por lo que un encontronazo con cualquiera de sus barcos supondría el fin del viaje. Hizo aguada en Timor y, sospechando que los portugueses le esperarían junto a las costas de Bengala, trazó una arriesgada singladura: ir desde Timor hasta el cabo de Buena Esperanza, cruzando el océano por el paralelo 40, los rugientes 40, a miles de kilómetros de las costas de Asia. Era casi un suicidio, pero el de Guetaria, que a cabezón no le ganaba nadie, se salió con la suya.

    Doblado el cabo, ya sólo restaba remontar el Atlántico Sur sin aproximarse a la costa y tomar los alisios de vuelta a casa. Pero a Elcano y a su mermada tripulación le quedaba por vivir la última aventura, la traca de fin de fiesta. En julio avistaron Cabo Verde; no les quedaba agua ni comida, y el escorbuto visitaba de nuevo la cubierta, por lo que se arriesgaron a fondear en un archipiélago que era el cruce de caminos de todas las derrotas portuguesas, la mismísima boca del lobo.

    Elcano elaboró un ardid. Mintió a los portugueses asegurando que, en realidad, venían de América y que la rotura del trinquete les había desviado de la ruta. Los portugueses tragaron, pero al día siguiente advirtieron el engaño. El gobernador mandó un esquife para prender al español, pero era demasiado tarde: Elcano ya había largado velas.

    La maniobra fue magistral: se dirigió al Caribe y, antes de llegar, enfiló el alisio que condujo la Victoria al golfo de Cádiz, frente a la desembocadura del Guadalquivir. Sólo restaba un pequeño esfuerzo más, remontar el río, y estaban en casa.

    El 8 de septiembre entraron en el puerto de Sevilla, dispararon los pocos cañones que les quedaban y amarraron la Victoria. Sólo regresaban 18 hombres: 13 españoles, tres italianos, un portugués y un alemán, el leal cañonero Hans, de Aquisgrán. Lo desconocían, pero eran, después de Dios, los que más sabían del verdadero tamaño y complejidad del ancho mundo que empezaba, tímidamente, a abrirse a los ojos de Europa.

    Carlos I, ya convertido en emperador, recibió a Elcano en Valladolid. Le colmó de honores y le concedió un escudo de armas, cuya cimera era un globo terráqueo con la leyenda Primus circumdedisti me (El primero en rodearme). El escudo luce hoy en el buque escuela de la Armada Española, que lleva por nombre, precisamente, Juan Sebastián Elcano.

    El marino moriría años después en el Pacífico, durante otra expedición a las Molucas. Sus hombres arrojaron el cadáver en alta mar: bello final para el más grande de nuestros navegantes, para el hombre que llegó hasta el fin del mundo... y regresó. Fernado Díaz Villanueva





    http://historiasdelahistoria3.blogsp...in-elcano.html

  2. #2
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    Re: Juan Sebastián Elcano: la primera vuelta al mundo

    SOLO REGRESARON DIECIOCHO Y UN SUBMARINO NUCLEAR



    JULIO DOMÍNGUEZ ARJONA
    7 de Septiembre de 2013


    Juan Sebastián de Elcano llegó el 6 de septiembre de 1522 al puerto de Sanlúcar de Barrameda al mando de diecisiete hombres a bordo de la nao “Victoria”, tras haber completado la primera vuelta al mundo, y en esa misma fecha escribió una carta al Emperador, ( Carlos I de España y V de Alemanía ) que se encontraba en Valladolid con la corte, informándole de la aventura.

    Muy alta e ilustrísima Majestad:

    Sabrá vuestra alta Majestad cómo hemos llegado dieciocho hombres solamente con una de las cinco naves que V. M. Mandó a descubrir la Especiería con el capitán Fernando de Magallanes, que gloria haya; ... que hemos descubierto y dado la vuelta a toda la redondez del mundo que yendo para el occidente hayamos regresado por el oriente .-

    Suplico a V. M., por los muchos trabajos, sudores, hambre y sed, frío y calor que esta gente ha padecido en servicio de V. M., les haga merced de la cuarta y de la veintena de sus efectos y de lo que consigo traen.

    Y con esto ceso, besando los pies y manos de vuestra alta Majestad.

    Escrita a bordo de la nave Victoria, en Sanlúcar, a seis días de septiembre de 1522.

    El capitán Juan Sebastián de Elcano


    Asi consta en un azulejo fechado el 7 de Mayo de 1956 que al día de hoy esta ubicado en el Bar Barbiana de Sanlucar de Barrameda ( Cádiz ) . Quizás haya que hacer una fraternal corrección en Cristo y es que posiblemente una de las mayores gestas geograficas y martimas de la Humanidad no partieron de esta maravillosa localidad gaditana, habian partido no el 20 de Agosto de 1519, sino un poco antes y mas arriba el 10 de Agosto de 1519 desde el Puerto de Mulas de Sevilla ( VER ) .-

    Si es cierto que las primera tierra peninsular española que tocaron fue Sanlucar de Barramenda el 6 de septiembre de 1522, en un epopéyico viaje de mas de 40.000 millas y mas de tres años de navegación , aventuras y desventuras . Dos dias despues, subieron el Guadalquivir remolcados por un batel de quince remeros, propiedad de una viuda saluqueña mandados por Gaspar Garcia CULMINANDO el viaje en Sevilla el 8 de Septiembre de 1522 llegando al mismo puerto de donde SALIERON , volver a
    ( VER ) .-

    Si bien es cierto que la placa conmemorativa sevillana es de 1919, tambien es verdad que en la placa sanluqueña de 1956 es la primera donde se hace constar los nombres, localidad de origen y oficio de los 18 heroes que regresaron :

    Juan Sebastián de Elcano, de Guetaria Capitán
    Francisco Albo, de Axio Piloto
    Miguel de Rodas, de Rodas Piloto
    Juan de Acurio, de Bermeo Piloto
    Antonio Lombardo (Pigafetta), de Vicenza Sobresaliente
    Martín de Yudícibus, de Savona Marino
    Hernando de Bustamante, de Mérida Marinero y barbero
    Nicolás el Griego, de Nauplia Marinero
    Miguel Sánchez de Rodas, de Rodas Marinero
    Antonio Hernández Colmenero, de Huelva Marinero
    Francisco Rodríguez, portugués de Sevilla Marinero
    Juan Rodríguez, de Huelva Marinero
    Diego Carmena, de Bayona Marinero
    Hans, de Aquisgrán Artillero
    Juan de Arratia, de Bilbao Grumete
    Vasco Gómez Gallego el Portugués, de Bayona Grumete
    Juan de Santandrés, o de Santander, de Cueto Grumete
    Juan de Zubileta, de Baracaldo Paje





    En Sevilla fuirmos un poco bastante mas lentos , pues esta nomina de heróico marinos hubo que esperar hasta el 8 de Septiembre de 2001 fue colocada en una mal iluminada placa en el suelo ( es lo mas facil del mundo no verla y lo mas dificil fotografiarla ) conmemorativa en la capilla de la Virgen de la Antigua de la Catedral de Sevilla, en memoria de los 18 tripulantes de la Nao Victoria que culminan la primera circunnavegación del globo, que tras su gesta al dia siguinete el 9 de Septiembre rindieron homenaje a la Virgen de la Antigua postrándose ante ella en agradecimiento a su amparo en la más larga travesía de la historia y posteriormente fueron a postrarse ante la Virgen de la Victoria , ( alli no hay placa ninguna )







    Oigan y ya que estamos en el tajo, regresamos de nuevo a Sanlucar de Barrameda, al mismo bar y hablando de vueltas al mundo, hay otra placa importante conmemorativa de la gesta del submarino nuclear norteamericano Triton que el 10 de mayo de 1960 finalizó la primera vuelta al mundo bajo el agua ,despues de 83 dias de inmersión y 43.500 millas bajo el agua solo emergieron en dos ocasiones , una el 2 de Mayo de 1960 en Sanlúcar de Barrameda en homenaje a los hombres de Magallanes y el Elcano, y otra en Montevideo para evacuar a un marinero que estaba enfermo .-

    Hay que estra atento a lo que hay en las paredes de los bares, que como ueden ver en sus paredes hay muchas mas cosas que pizarras con tapas y bebidas .-

















    SOLO REGRESARON DIECIOCHO Y UN SUBMARINO NUCLEAR

  3. #3
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    Re: Juan Sebastián Elcano: la primera vuelta al mundo

    PRIMERA VUELTA AL MUNDO POR MAGALLANES Y ELCANO




    Entre las muchas aportaciones que España ha realizado a la ciencia universal, hay una que en su momento fue decisiva: la primera demostración empírica de que la tierra es redonda. El deseo de llegar por las rutas de Occidente a las islas de las Especias, que acababan de descubrir los portugueses navegando por las rutas de Oriente, significó la oportunidad de dar, por primera vez, la vuelta al mundo.





    FERNANDO DE MAGALLANES




    Eso es lo que logró el viaje de Magallanes y Elcano alrededor del globo. Después de tres años de calamitosa travesía, el 6 de septiembre de 1522, Juan Sebastián Elcano junto con 17 hombres desnutridos y enfermos desembarcó de la nao Victoria en el puerto gaditano de Sanlúcar de Barrameda, tras recorrer unos 80.000 kilómetros.


    La primera vuelta al mundo partió de la idea de Fernando Magallanes, un marino portugués nacido en 1480, experto en las artes de navegar e intrépido aventurero. Había realizado unos primeros viajes por la India y Malaca entre 1505 y 1511, regresando a Portugal sabedor de la enorme riqueza que generaba la importación a Europa de las especias asiáticas.


    Los portugueses tenían colonias por las costas de África y Asia, controlaban las rutas a las islas de las especias en dirección este.


    Su proyecto trataba de buscar una ruta alternativa a la ya establecida por la corona portuguesa, en dirección oeste buscando un estrecho marítimo en América que permitiera pasar al mar del Sur, el mismo que la expedición de Vasco Núñez de Balboa llamó también Pacífico. Pero su proyecto fue rechazado por el monarca luso Manuel I el Afortunado.


    Sólo España estaba en condiciones de aunar la experiencia marinera, el conocimiento geográfico y cartográfico, la audacia humana, la voluntad política y los recursos económicos para emprender tal aventura marítima. Por eso, en 1517 Fernando de Magallanes viaja hasta Sevilla, donde se puso en contacto con Juan de Aranda, factor de la Casa de Contratación. Ambos consiguieron que en 1519 llegase su proyecto expedicionario a manos de Carlos I quien recibió al portugués en Valladolid, la capital de España.


    Su objetivo consistía en llegar a las islas Moculas para obtener especias permitiendo que España se convirtiese en la principal suministradora de pimienta, clavo, nuez moscada y otras especias tan codicias en Europa. El plan consistía en abrir una ruta por el oeste, rodeando el continente americano por su extremo sur, y pasando sólo por dominios españoles. Surgió una dificultad diplomática, ya que según el Tratado de Tordesillas firmado en 1494 entre Castilla y Portugal, ambos países se habían repartido el mundo en dos mitades. Por tanto, si las islas Moculas quedaban del lado luso, Carlos I quebrantaría las relaciones diplomáticas con Portugal. Magallanes, basándose en los mapas de su tiempo, creyó que el camino occidental es viable y que las primeras islas asiáticas están cerca de la barrera americana.


    Se trató, a posteriori, de un error de cálculo, pero el rey de España confió en la empresa y puso al portugués al frente de 265 hombres y cinco barcos: la capitanaTrinidad, la Concepción, la Victoria, la Santiago y la San Antonio, cargadas de provisiones previstas para dos años (galletas, sardinas arenques, higos y siete vacas que les proporcionaban leche fresca). Es la llamada Flota de las Malucas.





    JUAN SEBASTIÁN ELCANO




    Juan Sebastián Elcano tuvo conocimiento del proyecto y tomó partida en él como contramaestre de la nave Concepción. Marino guipuzcoano con amplios conocimientos náuticos, nació en Getaria en 1476. Participó en la expedición del cardenal Cisneros a Argel de 1509, y en las campañas de Italia del Gran Capitán.


    La expedición partió del puerto de Sevilla el 10 de agosto de 1519. El primer tramo de la expedición es relativamente tranquilo. Toda la armada cruzó el océano Atlántico y se dirigió a Sudamérica. Tocan Río de Janeiro, bordean la costa de Brasil, hacen un breve descanso en Río de Janeiro, exploran la gran boca del Río de la Plata y el litoral de la Patagonia. Pero empiezan a surgir los problemas y las desconfianzas de la tripulación con respecto a Magallanes debido a varios motivos: primero, Magallanes mantiene en secreto el objetivo de su viaje, lo cual inquieta al resto de capitanes; segundo, los capitanes españoles desconfían de Magallanes, en buena parte por las discusiones establecidas en Sanlúcar con agentes portugueses; y tercero, la costa suramericana parece interminable, no aparece ningún paso hacia el otro lado y, además, a bordo hace un frío insoportable.





    PUERTO DE SEVILLA, SIGLO XVI




    La armada navega por el hemisferio sur, donde en invierno empieza en marzo, las temperaturas son tan bajas que deciden invernar en la bahía de San Julián, en laPatagonia, donde hubo un intento de sublevación. El inspector de la expedición, Juan de Cartagena, secundado por otros tripulantes, Luis de Mendoza, tesorero,Antonio Coca, contador, y Gaspar de Quesada, se niega a seguir adelante. Magallanes resuelve el problema con astucia, pero fue severo con los cuatro cabecillas del complot. Más bien prefirió contemporizar con unos marineros muy necesarios para continuar el viaje. Uno de los más beneficiados por aquella indulgencia fue Elcano, subordinado de Gaspar de Quesada, que estaba entre los cabecillas del motín. Elcano se vio atrapado en un conflicto de fidelidades: o seguir al capitán de su barco, o seguir al jefe de la expedición. Primero se amotinó, pero luego contribuyó a sofocar el motín, ganándose la confianza de Magallanes.


    En la bahía de San Julián sobreviven durante cinco meses bajo el frío, cazando animales como avestruces, zorros y moluscos y derritiendo el agua de bloques de hielo. La nao Santiago, durante un reconocimiento, se estrella contra la costa por un temporal, sin consecuencias. Y toman contacto con los indios tehuelches, los "patagones" por las enormes huellas que sus abarcas dejan en la nieve.





    ESTRECHO DE MAGALLANES




    El 21 de octubre de 1520, se adentraron en el deseado paso al que Magallanes bautizó como estrecho de Todos los Santos y de las Once Mil Vírgenes. El 28 de noviembre salieron al mar del Sur, al que denominaron con el nombre de mar Pacífico o mar de las Damas por los suaves vientos alisios que soplaban. Por él navegaron durante tres meses en condiciones calamitosas, los marineros mueren a mansalva al carecer la tripulación de agua y provisiones frescas y, en consecuencia, padecieron de escorbuto. Cuando los víveres se agotaron, llegaron a alimentarse de cuero, ratas, cucarachas y todo lo que encontraban.


    ]Durante la etapa transpacífica, la San Antonio, al mando del portugués Esteban Gómez, abandona la flota por falta de víveres para volver a España.


    El 24 de enero de 1521 llegaron a la isla de Guam, perteneciente a las islasMarianas, también conocidas como islas de los Ladrones, que las llamaron así porque los indígenas entraban en los barcos y robaban todo cuanto encontraban. Continuaron hacia el oeste en dirección Cebú.


    El 16 de marzo llegaron a la playa de San Lázaro, en Cebú, isla perteneciente al archipiélago de Filipinas, donde establecieron buenas relaciones con los nativos. Las tripulaciones se abastecen, descansan y se recuperan.





    ESTATUA AL CACIQUE FILIPINO LAPU-LAPU




    En la isla de Mactán, el 27 de abril, surgieron las complicaciones. Magallanes desembarcó con 60 hombres armados para obtener la soberanía española sobre todas aquellas islas. Contaba el portugués con el apoyo del rey de Cebú y sus soldados. Pero, mientras entraban en amigables tratos con los aborígenes, el jefe cacique local Lapu-Lapu se niega a reconocer a Magallanes como su señor, y unos 1.500 isleños rebeldes cayeron sobre ellos.


    Durante la emboscada, los soldados españoles atacaban con fuego de mosquetón y tiros de ballesta, mientras que los indios se protegían con escudos de madera y contraatacaban con flechas envenenadas.


    Magallanes participó durante su juventud, en 1511, en una expedición para conquistar Malaca, en la India portuguesa. Sus compatriotas se impusieron a los nativos en gracias a la ventaja que les proporcionaba la artillería. Ahora, a la vista de unos indígenas filipinos técnicamente incapaces de hacer frente a los europeos, el portugués cometió el error de infravalorarlos y no tomar las debidas precauciones, constándole la vida y la de algunos de sus compañeros. También fue un error el haberse implicado en una contienda de jefes locales.


    Sobrevivieron 114 hombres para tres barcos. La expedición quedó al mando, sucesivamente, de varios de sus capitanes que se disputaban el poder, mientras continuaban explorando las islas, entablando relaciones con los jefes locales y buscando la ruta de las Molucas. Duarte de Barbosa, el capitán, fue asesinado junto con 24 soldados en otra emboscada. El mando superior pasó a Juan Carbajo. Entonces, decidieron hundir la nao Concepción, debido a una plaga de moluscos que había carcomido el casco. La cada vez más mermada tripulación se repartió entre las dos únicas naves efectivas. Gonzalo Gómez de Espinosa mandaba la Trinidad, y Juan Sebastián Elcano recibía la Victoria.





    NAO VICTORIA




    Desde Cebú, la expedición buscó las tan deseadas Molucas, haciendo una aventurada travesía. Primero pasando por Mindanao, y tras hacer escala en Bohol y Panilongo, llegaron a Cimbonbon. Finalmente, un triunvirato encabezado por Elcano se hizo con el mando de lo que quedaba de la flota, argumentando que los jefes portugueses colaboradores de Magallanes habían eludido a propósito las Molucas para no perjudicar a Portugal, que poseía el lucratívo monopolio del comercio de las especias.


    Elcano, al mando de la expedición, puso rumbos suroeste, atravesó los archipiélagos de Basilán y Joló, desembarcó en las islas de Batuán, Calagán y Monolipa, donde encontraron una canela de gran calidad. Llegaron a su destino, las Molucas, el archipiélago de las ricas especias, a finales de 1521.


    Allí, en la isla de Tidore, establecieron tratados con los príncipes nativos y cargaron un importante cargamento de especias, con lo que se cumplió el objetivo del viaje.


    El 21 de diciembre, la expedición se divide. La Trinidad, dirigida por Gómez Espinosa, sufre una avería, por lo que se acuerda su permanencia en las Molucas hasta su adecuada reparación. El viaje de regreso se efectuaría con rumbo al Darién, entre Panamá y Colombia. Pero el plan fracasa, no consiguen encontrar una travesía de vientos que les retorne a América, el torno-viaje que medio siglos más tarde hallaría Urdaneta, y sus hombres terminaron presos de los portugueses, dueños comerciales de la zona.










    DERROTERO SEGUIDO POR LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO




    La proximidad de los portugueses, hizo que Elcano al frente de la Victoria pusiese rumbo al oeste. Allí se gestó el proyecto de dar la vuelta al mundo. Regresar a España por el océano Índico suponía la violación del Tratado de Tordesillas. Acompañado de 47 españoles y 13 naturales, arribó a la isla de Timor, ya en 1522, donde supo de la existencia de otras tierras e islas, las actuales China, Java e Indonesia.


    La expedición de Elcano cruzó el océano Índico por una ruta lo más meridional posible, pasando un calvario de hambre, sed y enfermedades. Por otra parte, el rey Juan de Portugal se propuso sabotear la nueva ruta, por eso, ordena a todos los puertos portugueses que negaran cualquier ayuda a las expediciones españolas.


    Elcano consiguió dominar la impaciencia de la tripulación, ansiosa de bajar a tierra desde que pasaran ante las costas de Mozambique y el 19 de mayo de 1522, doblaron el cabo de Buena Esperanza.





    MONUMENTO A JUAN SEBASTIÁN ELCANO, GETARIA, 1881, POR RICARDO BELLVER




    En Cabo Verde, en el África occidental, Elcano decide enviar a trece hombres en una pequeña embarcación, un esquife, para conseguir víveres sin revelar su identidad. La colonia es de dominio portugués, y su gobernador se ofrece a comerciar, cuando consiguieron agua y comida, cometen el error de pagar en especias, descubriendo su ilegal procedencia, por lo que los marineros son apresados. Es en Cavo Verde donde supieron que llevaban un día de retraso como consecuencia de haber navegado de este a oeste, dando la vuelta a la Tierra. Un descubrimiento más, comprobado empíricamente por la expedición. Elcano comprenden la situación, nadie puede aportarles ayuda, y pone rumbo final por la costa oeste del Atlántico hacia España.


    En el Atlántico, la carencia de alimentos se hizo sentir de nuevo. Durante días y días, los supervivientes navegaron sin probar alimento fresco. El escorbuto se cebó en los hombres, a los enfermos se les hinchaban las encías y se les caían los dientes, muchos murieron completamente extenuados entre grandes dolores. Sólo el indomable tesón de Elcano mantuvo la moral de sus hombres para hacer frente a tanta adversidad.


    Cuando ya estaban cerca, una enorme tormenta desvía la nao Victoria hacia las portuguesas islas Azores.





    REGRESO DE JUAN SEBASTIÁN ELCANO A SEVILLA, POR ELÍAS SALAVARRÍA INCHAURRANDIETA (1919)




    Por fin, después de tres años menos catorce días de navegación, el 6 de septiembre de 1522 la expedición al mando de Magallanes-Elcano, tras recorrer 14.000 leguas, entraba en el puerto gaditano de Sanlúcar de Barrameda. Llegó con sólo 18 supervivientes, exhaustos, hambrientos y enfermos, a bordo de la nave Victoria, la única que quedaba de las cinco que partieron, eso sí, con las bodegas cargadas de especias. Misión cumplida.


    Los 18 supervivientes que llegaron a Sevilla eran trece españoles, tres italianos, un portugués y un alemán: Juan Sebastián Elcano, de Getaria, capitán; Miguel de Rodas, piloto; Juan de Acurio, de Bermeo, piloto; Antonio Lombardo (Pigafeta), de Vicenza, cronista; Juan de Arratia, de Bilbao, grumete; Juan de Zubileta, de Baracaldo, paje; Martín de Yudícibus, de Génova, marinero; Francisco Albo, de Axila, piloto; Hernando de Bustamante, de Alcántara, marinero y barbero; Nicolás el Griego, de Nápoles, marinero; Miguel Sánchez, de Rodas, marinero; Antonio Hernández Colmenero, de Huelva, marinero; Francisco Rodrígues, portugués de Sevilla, marinero; Juan Rodríguez, de Huelva, marinero; Diego Carmena, marinero; Hans de Aquisgrán, cañonero; Vasco Gómez Gallego, el "portugués", de Bayona, grumete; Juan de Santandrés, de Cueto, grumete.





    PLACA HOMENAJE A LOS SUPERVIVIENTES DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO




    El cargamento traído en la nao Victoria es de 381 sacos de espacias, con un peso de 524 quintales. Su venta en el mercado español y europeo cubre los gastos de la expedición y arroja un beneficio de 346.220 maravedíes.


    Elcano y la tripulación superviviente marcho para Valladolid, ante la corte del emperador Carlos I. Allí presentaron a los indios que traían de aquellas remotas islas, los regalos de sus reyes, pájaros raros, producciones exquisitas, y las preciosas especerías adquiridas.


    El emperador llenó de honores a los héroes de tal hazaña, recibió personalmente a todos los supervivientes y, además, se preocupó de que fueran liberados los marineros apresados por los portugueses tanto en Filipinas como en Cavo Verde. Elcano recibió una cuantiosa renta anual y un escudo de armas cuya cimera, un globo terráqueo, lleva la leyenda Primus circumdedisti me (El primero que me diste la vuelta).


    Tras el hallazgo, las Cortes de Castilla y de Portugal trataron de componer las diferencias contraídas sobre la pertenencia de las Molucas por medio de jueces instruidos, reunidos entre Yelves y Badajoz. El emperador convocó a Elcano, el gran testigo ocular de la verdadera situación de aquellas islas. Su voto y manifiesto fue razón de mucho peso y autoridad en las conferencias. Con su ayuda los castellanos impusieron sus argumentos sofocando la razón de los lusitanos, y en 1524, sentenciaron la titularidad de las Molucas a favor del emperador.


    Apenas cuatro años después Elcano regresa al mar, se enrola en la expedición marinera de García Jofre de Loaysa para conquistar las Molucas. Muere el 4 de agosto de 1526 mientras atravesaba el Pacífico al mando del Espíritu Santo.


    Hay un viejo dicho latino que Plutarco atribuye a Pompeyo y que la Liga Hanseática adoptó como lema: Navigare necesse este, vivere non est necesse (Navegar es necesario, vivir no es necesario).




    BUQUE-ESCUELA JUAN SEBASTIÁN ELCANO






    http://spainillustrated.blogspot.com.es/2012/02/primera-vuelta-al-mundo-por-magallanes.html

  4. #4
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    Re: Juan Sebastián Elcano: la primera vuelta al mundo


  5. #5
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    Re: Juan Sebastián Elcano: la primera vuelta al mundo

    Recuérdese, con todo, que la expedición partió de Sevilla y regresó a Sevilla.

  6. #6
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    Re: Juan Sebastián Elcano: la primera vuelta al mundo


    Portugal tergiversa la historia y borra al Imperio español de la vuelta al mundo


    El país vecino busca que la Unesco reconozca la «Ruta Magallanes» sin Elcano ante la falta de acción y diplomacia del Gobierno de Sánchez

    Los engaños de Portugal para evitar una de las grandes gestas españolas

    El quinto centenario de la primera vuelta al mundo, entre el 20 de septiembre de 1519 y el 6 de septiembre de 1522, ha visto cómo Portugal se afana en sacar adelante la Ruta Magallanes como Patrimonio de la Humanidad reconocido por la Unesco. Pero la expedición de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano, que fue financiada por la Corona española, ha quedado reducida en su propuesta a una iniciativa portuguesa, cuando partió de Sanlúcar de Barrameda y finalizó en esta misma población de la provincia de Cádiz.

    Ni rastro del marino vasco en los documentos oficiales presentados por el Gobierno del país vecino, o mejor dicho sí, pero solo para citar que comandó el viaje de regreso porque el navegante luso había fallecido en Filipinas un año antes. Nada más. En ningún momento se plantea a la Unesco un reconocimiento patrimonial conjunto que contemple tanto a España como a Portugal en armonía.

    La candidatura comenzó a fraguarse al otro lado de la frontera en junio de 2015, encabezada por el alcalde de Sabrosa (la localidad norteña donde nació Magallanes), José Marques, quien declaró entonces: «Nos gustaría que, en 2019, año en que se iniciarán las conmemoraciones de los 500 años del histórico viaje, ya tengamos la calificación de Patrimonio de la Humanidad». Cierto es que, dos años antes, se había dado luz verde a la denominada Red Mundial de Ciudades Magallánicas, según la terminología lusa, y que ahí están incluidas Tenerife, Guetaria (la localidad guipuzcoana donde nació Elcano), Sevilla o Sanlúcar de Barrameda. Pero ni en su momento ni hoy se ha avanzado hacia una celebración a la par.



    En 2017 se asentó el proyecto. Fue entonces cuando Portugal incluyó la propuesta en la Lista Indicativa de la Unesco, una relación previa elaborada por cada uno de los países de la que se seleccionan, cada cierto tiempo, las candidatas a ser nombradas Patrimonio de la Humanidad. La propuesta sigue citada en la web de la organización como «Route of Magellan. First around the World» («Ruta de Magallanes. Primera alrededor del Mundo») y, en la misma, el marino vasco Juan Sebastián Elcano no es nombrado ni en una ocasión.

    El escrito sí cita a España tres veces, aunque sin recalcar su papel preponderante en el hecho. Un escuálido reconocimiento que no evita el agravio que supone que el territorio que negó a Magallanes la financiación para llevar a cabo este viaje (el marino acudió al monarca luso antes que a Carlos I) y que combatió con todas las armas que pudo para evitar esta travesía se apropie de la gesta.

    España olvidada

    Lo mismo sucede con la nota de prensa que la República Portuguesa publicó en 2018 para anunciar la formación de la Misión de las conmemoraciones del V Centenario de la circunnavegación dirigida por el navegante portugués Fernando de Magallanes (EMCFM); la comisión encargada de organizar las celebraciones del aniversario. Un texto en el que tanto España como Elcano brillan por su ausencia. Este organismo, por el contrario, sí recalcó ese mismo año que el proyecto buscaba «reconocer el papel, pasado y presente, de Portugal y de los portugueses para promover el conocimiento y el diálogo intercultural […] contribuyendo a una sociedad más justa, inclusiva y con mayor bienestar».

    Fuentes españolas de la Unesco han corroborado a ABC que, a día de hoy, la candidatura portuguesa se encuentra únicamente en la Lista Indicativa del país, donde algunos proyectos han permanecido «decenios sin dar nunca el paso a una candidatura formal». A su vez, han incidido en que, en el caso de que los lusos la eligieran (cosa imposible este 2019, pues ya han seleccionado el número máximo) la propuesta tendría que demostrar ante dos organizaciones independientes su validez histórica. Entre los organismos se encontraría el Comité de Patrimonio Mundial, en el que España cuenta con representación.

    ¿Dónde queda España en toda esta historia? Desde la Secretaría de Estado de la España Global (destinada a potenciar la imagen de nuestro país en el mundo) han declinado hacer declaraciones «por respeto a la comisión que organiza el aniversario». Se refieren a la Comisión Nacional para la conmemoración del V Centenario de la expedición, con la que ABC ha intentado contactar sin éxito. No obstante, fuentes del Ministerio de Cultura han señalado a este diario que, a pesar de que desconocían la existencia del proyecto, solicitarán en los próximos días al embajador español ante la Unesco que elabore un escrito pidiendo información sobre la propuesta.

    Verdad histórica

    Solo cabe esperar que estas explicaciones logren hacer entender a Portugal que la realidad histórica se encuentra de parte de España. Así lo confirma a ABC el doctor en Historia y profesor universitario Agustín Rodríguez González, autor de « La primera vuelta al mundo» (Edaf, 2018): «Fue una empresa española. Se trataba de llegar al archipiélago de las Molucas por otro camino distinto del portugués, que contorneaba África y luego atravesaba el Índico para llegar al Extremo Oriente».



    Enriqueta Vila, doctora en Historia de América y miembro de la Real Academia de la Historia, está también convencida de que la gesta fue española. «El monarca portugués Manuel I despreció a Magallanes», explica en declaraciones a ABC. La experta afirma que el marino llegó a Sevilla «resentido» por aquella respuesta y, casi siguiendo los pasos de Colón, presentó su proyecto a la Corona. «En el mismo instante en el que fue aceptado, personajes como Sebastián Álvarez, delegado del rey luso, intentaron evitar que la expedición partiera», añade. El mismo embajador intentó que «se diera marcha atrás en las capitulaciones». Por ello, considera una «verdadera osadía que se intente hacer ver que fue una obra del país vecino».

    Rodríguez establece además que los lusos «enviaron buques armados contra la expedición» y que los supervivientes que lograron arribar a su destino y quisieron volver a España tuvieron que enfrentarse a Manuel I. «La nao “Trinidad” fue apresada por los portugueses, que mantuvieron a los supervivientes en prisión largos años», desvela. De hecho, Elcano se vio obligado a evitar las escalas porque «sabía que le detendrían». «Solo hizo una en Cabo Verde y los portugueses encarcelaron a la docena de marineros».

    Los ataques portugueses

    Evitar la salida
    Las crónicas confirman que los portugueses se plantearon asesinar a Magallanes para lograr detener la expedición. Este decidió acompañarse de sus criados cuando llegaba la noche para evitarlo.

    Detener la expedición
    A mediados de noviembre de 1521, un capitán llamado Tristán de Meneses informó a la expedición de que el rey portugués había mandado una flota para interceptarles.

    Las naves de Faría
    Además de aquella flota, Manuel I encargó al capitán Francisco Faría evitar, con dos baterías de bombardas, la finalización de la misión. Por suerte, el marino tuvo que regresar a puerto.

    Sin escalas
    Durante el regreso, Elcano solo hizo una escala en la que los portugueses encarcelaron a una docena de marineros y persiguieron a la «Victoria», que logró escapar.


    https://www.abc.es/cultura/abci-port...6_noticia.html
    Última edición por ALACRAN; 06/09/2019 a las 19:09
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  7. #7
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    Re: Juan Sebastián Elcano: la primera vuelta al mundo

    Los ataques del envidioso rey portugués para evitar la gesta naval más extrema de España

    Ni apoyo, ni indiferencia. A pesar de que Magallanes era luso, la monarquía de su tierra natal le hizo la vida imposible a este marino para que no completara la primera circunnavegación de la Tierra en nombre de Carlos I y acompañado de españoles tan destacados como Juan Sebastián Elcano.

    Una auténtica gesta naval sufragada por Carlos I. La expedición de Fernando de Magallanes (portugués de nacimiento y español por despecho) y nuestro castizo Juan Sebastián Elcano cumplirá dentro de solo dos años su 500 aniversario. Dicho así bien parece una minucia, pero esta larga travesía fue una épica aventura que las generaciones futuras estudiarán por haber supuesto, hace medio milenio, la primera vuelta al mundo de la historia. Una tarea nada sencilla, por cierto. En primer lugar, por las diferencias existentes entre los marinos que protagonizaron el viaje y, en segundo término, por culpa de la monarquía portuguesa (sumamente preocupada por molestar lo más posible a los exploradores súbditos de la Corona).

    Magallanes, uno de los exploradores más afamados del territorio luso, tuvo su primer encontronazo con la patria que le vio nacer exactamente en el mismo momento en el que se le ocurrió dirigir sus pasos hacia el palacio de su majestad Manuel I, el soberano portugués. Con el calendario detenido en la primera década del siglo XV, el marino acudió a aquella entrevista cargado de ilusiones, sueños de exploración y, lo que es más importante, la certeza de que podía hallar una nueva ruta hacia las islas de las especias, las Molucas (en Indonesia). Es decir, hacia Oriente. Un objetivo parecido al de Cristóbal Colón. Pero junto a él no llevaba únicamente la ilusión, sino que también portaba una cojera prominente (su pierna había quedado destrozada tras un combate durante sus años como soldado) y una extensa carrera como combatiente.

    La futura epopeya no era precisamente baladí. Al fin y al cabo (y como señala Gerardo Vidal Guzmán en su obra « Retratos. El tiempo de las reformas y los descubrimientos») por entonces las especias dejaban una rentabilidad de hasta un 2.000 %. Así pues, aquel que pudiera encontrar una ruta idónea hacia aquella «mina de oro» se garantizaba un buen porvenir. Y el monarca que lo apoyara, un considerable «pellizquito» para sufragarse sus ejércitos. «Magallanes sabía que durante muchos años Portugal había perdido el sueño examinando aquel proyecto», determina el experto en su obra.

    Todo parecía favorable para el marino pero, como ya le pasara a Colón, le dieron con la puerta (portuguesa) en las narices. El «Afortunado», como apodaban al rey Manuel, se mostró totalmente descortés con él a pesar de sus años de servicio. Y la palabra que más repitió en el encuentro fue esta: «No».

    Así lo afirma el autor Gabriel Sánchez Sorondo en su obra « Magallanes y Elcano, travesía al fin del mundo» (Nowtilus), donde especifica que el soberano recibió al marino con «destemplada indolencia» y le despreció en repetidas ocasiones. De nada le valió a su súbdito rebajar sus pretensiones (empezó solicitando una carabela para viajar hasta las Indias y terminó implorando un aumento de su escasa pensión por ser lisiado). No le concedieron absolutamente nada. «El episodio conmovió a los pocos presentes que en la sala. La humillación no podía ser más grave y profunda. Nadie se explicaba qué oscuras razones empeñaban a Manuel I en contra de ese noble súbdito que tan poco estaba pidiendo», destaca el experto en su obra.

    Al final, desesperado, Magallanes solicitó algo relativamente habitual en la época: que le liberasen de su nacionalidad para poder trabajar para otra corona. Parece ser que ese día Manuel I se había levantado especialmente hiriente, pues no solo accedió a esta última solicitud, sino que afirmó estar sumamente contento de darle ese último capricho. «Manuel I tenía la impresión de que aquel era un soldado cargoso y convenía quitárselo de encima», determina el experto latinoamericano en su obra. Sin obligaciones legales para con su tierra, totalmente despreciado por el monarca de la misma, y bastante molesto, el marino dirigió sus ojos hacia otros países a los que pudiera acudir para recibir ayuda.

    Tras el desprecio

    A partir de entonces, y en palabras de Sánchez, a Magallanes empezó a moverle no solo el ansia de aventuras y descubrimientos, sino también la necesidad imperiosa de tener su pequeña revancha contra Manuel I. Por ello, y tal y como había hecho Cristóbal Colón algunos años antes, se marchó a España. En primer lugar, porque tenía esperanzas en que a los mandamases del país les interesase su propuesta. En segundo, porque la posibilidad de llevar a cabo una gesta tan grande para el eterno enemigo del monarca luso le dejaba un buen sabor de boca. «Había algo de revancha personal en juego: Magallanes advierte la necesidad contrapuesta entre su indolente rey y la del joven monarca vecino. Asume el viaje como un desagravio: su satisfacción más íntima, más visceral, se erige en el desquite», añade el experto latinoamericano en «Magallanes y Elcano, travesía al fin del mundo».

    De este ánimo pisó Magallanes Sevilla el 20 de octubre de 1517. Desde allí acudió a la Casa de Contratación para tratar de conseguir los permisos que le permitieran armar un bajel y comenzar su viaje. Para su desgracia, en este organismo no le hicieron demasiado caso. Y en cierto modo no sin razón, pues las islas Molucas pertenecían en principio a Portugal según el Tratado de Tordesilllas. Un documento fechado en 1494 mediante el que el Papa dividió el Océano en dos partes con una línea imaginaria. La primera se correspondía con la zona en la que Castilla podía enviar a sus buques para realizar descubrimientos. La segunda, con la que podía usar Portugal.

    «Castilla aceptó respetar los derechos exclusivos de Portugal en el hemisferio al este del meridiano situado 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, con excepción de las Canarias. Portugal aceptó los derechos del territorio al oeste», explica Guillermo Céspedes en «América Hispánica (1492-1898)».

    Magallanes, no obstante, estaba convencido de que (atendiendo a otros cálculos) estas islas se hallaban en la zona de influencia española. Algo nada descabellado, pues había gran controversia en torno al Tratado de Tordesillas. «Según el trazado del antimeridiano, el archipiélago de las Molucas, gran centro de producción de especias, debería haber pasado también a Castilla. Pero su posesión provocó grandes protestas», destaca, en este caso, el profesor de Historia Moderna Bartolomé Bennassar en su dossier « Tordesillas, el primer gran reparto del mundo». De esta opinión es también el historiador Pedro Novo y Colson, quien afirma en su dossier «Magallanes y Elcano» que «Magallanes creía que las Molucas no se hallaban dentro de la demarcación de Portugal».

    En cualquier caso, sus peticiones terminaron cayendo en saco roto, y tuvo que esperar nada menos que un año más para lograr una audiencia personal con Carlos I de España y V de Alemania. Una entrevista, por cierto, que logró gracias a sus contactos.

    Al final, el emperador le concedió sus deseos. «El 22 de marzo de 1518 fue concluido el contrato entre el Emperador y Magallanes […], a quien se le dio título de capitán, sueldo de 50.000 maravedís, y 96.000 de sobresuelo mientras que durase aquella campaña», determina Novo. Por si fuera poco, también se les concedía un quinto del valor de aquello que trajesen de su viaje, y una veinteava parte «de la renta y del provecho que se lograra por todas las tierras e islas que descubriera».

    No era, ni mucho menos, un mal trato. Y más, considerando el desprecio del monarca luso. Junto a Magallanes, además, se alinearon para esta expedición otros dos sujetos hasta el chambergo de Manuel I: Ruy Faleiro (un reputado cosmógrafo cuyo talento había sido rechazado por el soberano portugués) y Cristóbal de Haro (un rico comerciante contra el que su majestad había cometido todo tipo de tropelías). Con la desazón en el corazón, nuestro protagonista empezó a ultimar los detalles para iniciar su viaje.

    Primeros tormentos

    Bajo el beneplácito del emperador, Magallanes se libró de las ataduras políticas que le perseguían desde hacía años y, por fin, inició los preparativos para buscar una nueva ruta hasta las Molucas. ¿Por qué se extendieran tanto en el tiempo las disposiciones para levar anclas?

    Las claves las ofrecen en sus respectivas obras Sánchez y Novo. Entre la extensa lista de posibilidades, ambos subrayan que la principal causa fue el ansia de los portugueses por detener aquella gesta. Ya fuera por las buenas, las malas, o las peores. Al parecer, su lusa majestad se terminó arrepintiendo de haber mandado a freír Francesinhas (o como diantres se escriba el nombre de ese contundente sándwich) al veterano marino y soldado.

    En principio, Manuel I decidió meterse entre pecho y espalda su orgullo y ordenó al embajador Álvarez La Costa convencer a Magallanes de que la gesta que iba a acometer era una ofensa a Dios y al Rey. Pero nada de nada. Al marino le había costado años lograr sus apoyos, y no los iba a desperdiciar por las palabras resentidas de un envidioso monarca.

    Negativa por aquí, celos por allá, La Costa cambió de táctica. Ya que no podía persuadir a Magallanes de abandonar su gesta, se propuso meter en la mollera a los ministros de Carlos I que aquel viaje no era más que una pérdida de tiempo para su Corona. «La Costa quejóse enérgicamente a los ministros, en cuyas reconvenciones le secundó Xebres ante el mismo monarca», señala Novo.

    Tal fue la presión que estos dos personajes ejercieron sobre el Emperador, que este prometió al soberano luso estudiar la posibilidad de retirar su apoyo al navegante. Por suerte, en la corte también había políticos que apoyaban al marino. «El Obispo de Burgos y otros dos miembros del Consejo de Indias conjuraron la tormenta con razones tales, que el Emperador pudo colegir la mengua que había de resultarle del rompimiento de un tratado solemne», añade el experto.

    Ni siquiera eso impidió que, desde Portugal, Manuel I siguiera con su particular campaña en contra del viaje de Magallanes. «El rey lusitano, enterado de los planes, pretendía evitar a toda costa ese intento español sobre un circuito que consideraba suyo por derecho», explica en su libro el latinoamericano. En los meses siguientes, llegó incluso la noticia de que los portugueses estaban planeando asesinar al antiguo militar para boicotear su viaje. Esta teoría es explicada por el cronista Martín Fernández de Navarrete en « Expediciones al Maluco, viage de Magallanes y Elcano»: «En Zaragoza se dijo públicamente que se pensaba o intentaba matar a Magallanes o a Faleiro». No debieron tomarse a la ligera las amenazas, pues «cuando les tomaba la noche en casa del obispo de Burgos, este enviaba a sus criados para que los acompañasen»
    .
    Aunque también se escucharon rumores de que el soberano estaba reuniendo una ingente cantidad de riquezas para lograr «convencerle» de otra forma. Todo ello, acompañado por las correrías de espías portugueses que iban y venían para mantener informada a su envidiosa majestad y molestar, en todo lo posible, a Magallanes. Así lo corrobora Fernández de Navarrete en su obra, donde explica que, en más de una ocasión, un emisario del rey de Portugal trató en secreto de colmar de riquezas al marino para que abandonase a Carlos I. La respuesta fue siempre negativa. Al final, por suerte, los preparativos lograron terminarse en dos años.


    Incertidumbre

    En vista de que no había forma humana de hacer que Magallanes abandonase, los enviados portugueses decidieron intentar de evitar el viaje de una última y curiosa forma: sembrando la discordia entre este marino y su colega, Ruy Falerio. Esta teoría es desvelada por Novo, quien señala en su dossier que los espías lusos lograron que estos dos personajes (los principales organizadores de la travesía) «pleiteasen sobre quién había de conducir el Estandarte Real y el Farol». Símbolos que portaba el líder de la expedición.

    Con todo, Sánchez tiene otra visión de lo acaecido. Según sus palabras, este enfrentamiento fue solo la «punta del iceberg» de un problema de liderazgo que venía acosando a la pareja desde hacía meses. Dificultades que se acrecentaron cuando Faleiro, «ofuscado, empezó a ver enemigos por todas partes, culpando a Magallanes por ello». La situación terminó con la mediación de Carlos I, quien determinó que el cosmógrafo se quedaría en tierra y comandaría el segundo viaje.

    Importancia española

    En el verano de 1519 los preparativos ya habían sido terminados. Al fin estaban listas las cinco naves que había cedido la Corona española a Magallanes. Estas, equipadas en el puerto de Sevilla, eran la «Trinidad», la «San Antonio», la «Concepción», la «Santiago» y «La victoria». Entre los tripulantes (237 hombres según el cronista oficial del viaje, Antonio Pigafetta, quien dejó sus vivencias escritas en la obra « Primer viaje alrededor del globo terráqueo») destacaban portugueses, pero también una buena cantidad de españoles.

    Uno de ellos fue el único de la «plana mayor» que regresó al punto de destino con un único buque y 17 supervivientes más: Juan Sebastián Elcano. Este fue, de hecho, el que completó la gesta de Magallanes (la primera circunnavegación del mundo), debido a que su superior murió asesinado durante el viaje.

    «Estrictamente hablando, no fue Magallanes quien circunnavegó el mundo, a pesar de concebir y seguir tal derrotero hasta llegar muy cerca de su cumplimiento único. Quién finalmente llegó a suelo europeo, tras haberle dado la vuelta completa a la esfera terrestre, fue su segundo al mando, el capitán Elcano», añade el latinoamericano en su obra.

    Los molestos portugueses

    Para eso, con todo, todavía quedaban muchos años. El viaje de Magallanes y Elcano comenzó, en todo caso, en 1519, como dejó escrito Pigafetta: «Lunes por la mañana, 10 de agosto del año 1519, una vez que la escuadra tuvo a bordo todo lo que era necesario, como igualmente su tripulación, compuesta por 237 hombres, se anunció con una descarga de artillería, y se desplegaron las velas de trinquete». En ese momento es en el que se inició un extenso viaje que duraría hasta el 6 de junio de 1522. Una travesía lleno, como explicaba ABC hace pocas jornadas, de traiciones, deserciones y muertes.

    Por si las tensiones propias del viaje fuesen pocas, los molestos lusos se dedicaron a tratar de torpedear el viaje de Magallanes y Elcano a lo largo de esos cuatro años. Estos tuvieron constancia de que andaban tras sus pasos en 1521. Concretamente, a mediados de noviembre de ese año un capitán portugués llamado Tristán de Meneses les informó de que el rey portugués había enviado una flota de bajeles en su busca.

    Así narraba Pigafetta este hecho en su crónica: «De Meneses refirió a Lorosa que la noticia más importante que por entonces había era que una escuadra de cinco naves había partido de Sevilla al mando de Fernando de Magallanes para ir a descubrir el Maluco en nombre del Rey de España: y que el de Potugal, que estaba doblemente irritado por esta expedición, por cuanto uno de sus súbditos trataba de perjudicarle, había despachado buques al cabo de Buena Esperanza y al de Santa María en el país de los caníbales, para interceptarle el paso en el mar de las Indias, pero que no lo habían encontrado».

    Al luso no le valió con no encontrarse con la escuadra de Magallanes y Elcano. Ávido de venganza, hizo que don Diego López de Sichera, su comandante en jefe en las Indias, enviase seis naves de guerra contra los exploradores. La suerte, no obstante, salvó a la flota. «Sichera, teniendo noticias en estas circunstancias que los turcos preparaban una flota contra Malaca, se había visto obligado a despachar contra ellos setenta embarcanciones al estrecho de la Meca, en la tierra de Judá, las cuales, habiendo encontrado galeras turcas encalladas en la orilla del mar, cerca de la bella y fuerte ciudad de Aden, las quemaron todas. Esta expedición había impedido al comandante portugués llevar a cabo la que tenía dispuesta contra nosotros», explica en su obra el cronista de Magallanes.

    El enésimo intento portugués de acabar por las bravas con la expedición de Magallanes y Elcano se produjo cuando Portugal mandó al capitán Francisco Faría a interceptarlos. Para ello, se le adjudicó un galeón con dos baterías de bombardas. Por suerte, y una vez más, nuestros protagonistas se libraron por los pelos. «El galeón tampoco vino a atacarnos a las Molucas porque, ya fuese por los bajos que se encuentran cerca de Malaca, ya por las corrientes y vientos contrarios que tuvo, se vio obligado a regresarse al pueblo de donde había salido», completa el cronista en su texto.

    Sin embargo, la mayor afrenta portuguesa (hecha siempre bajo la premisa de que las Molucas pertenecían a sus territorios de conquista) fue el abordaje y la captura de uno de los buques de la expedición cuando los restos de esta ya se disponían a regresar a Europa allá por 1522. Así se explica este suceso en el dossier «Colección general de documentos relativos a las islas Filipinas existentes en el Archivo de Indias de Sevilla»: «En ese mismo año, los portugueses apresaron en Molucas la nao Trinidad, que, como la Victoria, formó parte de la escuadra de Magallanes. Los portugueses se apoderaron de los libros de derrota y de cuantos documentos llevaban los tripulantes de la Trinidad, y es de suponer que al siguiente año de 1523 se hallasen ya en Portugal tan preciosos manuscritos».

    A pesar de todo estas molestias, de todos los intentos por torpedear la expedición y de las jugarretas que el destino perpetró contra los exploradores, finalmente el viaje (y la primera vuelta al mundo) se completaron en septiembre de 1523, como dejó escrito el cronista oficial: «Desde que habíamos partido de la bahía de Sanlúcar hasta que regresamos a ella recorrimos, según nuestra cuenta, más de 14.460 leguas, y dimos la vuelta al mundo entero, yendo siempre de este a oeste. El lunes 8 de septiembre largamos el ancla cerca del muelle de Sevilla, y descargamos toda nuestra artillería». Por desgracia, solo había completado la gesta una nave y 18 personas.


    https://www.abc.es/historia/abci-mag....video.cultura

    Última edición por ALACRAN; 06/09/2019 a las 19:30
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Juan Sebastián Elcano: la primera vuelta al mundo

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Las mentiras de Portugal para apropiarse de la gesta de Magallanes y Elcano

    La expedición de la primera vuelta al mundo fue una empresa oficial, de principio a fin, exclusivamente española


    1. Netamente española

    La expedición de la primera vuelta al mundo fue una empresa oficial, de principio a fin, exclusivamente española. La decisión y la dirección política fueron únicamente españolas. Portugal, que tradicionalmente pretende arrogarse protagonismo o incluso la autoría de la empresa, fue hostil a la expedición y trató, incluso por la fuerza, de abortarla.

    2. A pesar de Portugal

    Portugal dio instrucciones a su embajador para entorpecer en la Corte de Carlos I el proyecto de Magallanes. Ante la falta de éxito, quiso capturar y destruir la armada de Juan Sebastián Elcano en el Índico, e incluso llegó a tomar prisioneros españoles en Cabo Verde. Es inaceptable de todo punto que Portugal pretenda hoy coprotagonizar esta gesta, que se hizo no gracias a Portugal, sino a pesar de Portugal. Se trata de un insulto a la elemental verdad histórica y a la dignidad de España.

    3. No fue una gesta «a medias»

    Conmemorar la Primera Vuelta al Mundo como una obra hispano-portuguesa sería como haber celebrado en 1992 el Descubrimiento de América como una gesta hispano-italiana o hispano-genovesa. Con la sutil diferencia de que ni Génova ni Italia intentaron destruir la flota de Colón, pero Portugal sí trató de capturar o hacer naufragar la de Elcano.

    4. Magallanes, nacionalizado español

    Magallanes fue rechazado por el Rey de Portugal. Acudió a España. Recibió el hábito de la castellana orden de Santiago, un modo de la época de convertirlo en súbdito del Rey de España, o sea, de nacionalizarlo español. Al igual que Colón, el navegante se hizo español por elección voluntaria, para servir Carlos I en una empresa financiada por el emperador.

    5. Expedición internacional

    En la expedición había tripulantes de numerosas nacionalidades, pero esto no le resta un ápice de españolidad. De hecho, refleja esencialmente el carácter imperial hispánico de la empresa, porque todas las grandes empresas imperiales cuentan siempre con participantes de muy diversas nacionalidades. Incluso había dos albaneses y no por ello Albania se arroga la idea de circunnavegar.

    6. Maestría naval

    La historiografía portuguesa afirma que la expedición se hizo gracias a los grandes conocimientos náuticos de los portugueses, supuestos pioneros de los descubrimientos. Es falso: los portugueses llegaron a la India (país conocido desde la Antigüedad) en 1498, mientras que los castellanos llegan a América (Nuevo Mundo desconocido), en 1492, seis años antes. Los portugueses llegan a la costa africana a partir de 1415 con la conquista de Ceuta. A Madeira en 1418. A Azores en 1427. Los castellanos tenían el señorío del archipiélago de las Canarias desde mediados del siglo XIV (en torno a 1350).

    7. Navegación oceánica

    La navegación portuguesa es, en general, de cabotaje, es decir, viendo la costa, sin separarse mucho de ella; y así bordearon África hasta llegar a Asia. Por el contrario, quienes tuvieron que cruzar los océanos por el centro, a miles de kilómetros de las costas, fueron las flotas españolas (Colón, el Atlántico; Magallanes, el Pacífico; y Elcano, el Índico, porque era perseguido).

    8. Buenismo e ignorancia

    El Gobierno español, con ignorancia y buenismo, ha regalado a Portugal la mitad de la conmemoración. En realidad la diplomacia portuguesa ha perdido absolutamente el respeto a España.

    https://www.abc.es/cultura/abci-primera-vuelta-mundo-mentiras-portugal-para-apropiarse-gesta-magallanes-y-elcano-201902050221_noticia.html
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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