Como información preliminar y antes de entrar en detalle, creo que sería oportuno presentar una breve biografía de Douglas, pues éstas siempre vienen bien para conocer el contexto de las ideas o descubrimientos del personaje en cuestión.
Para ello voy a reproducir el texto que aparece al final del (por cierto, bastante interesante para a quien le interese leerlo) libro de Douglas "El Informe de la Acusación".
Pero antes de eso quisiera decir que resulta bastante increíble que en los ambientes tradicionalistas hispánicos no se le haya dado a este personaje la debida atención, no sólo ya a su pensamiento, sino también (visto desde un punto de vista meramente sociológico) al fenómeno de masas que arrastró su Movimiento a lo largo y ancho de los países anglosajones. Quiero decir que me parece muy bien la atención que los españoles tradicionales han prestado a movimientos extranjeros que podrían considerarse como representativos del "tradicionalismo" de sus respectivos países, como pudieran ser la Acción Francesa (y su continuación en la Ciudad Católica, Maurras dixit) entre los franceses, o el Distributismo entre los anglosajones; pero resulta desconcertante que al mismo tiempo no se haya querido prestar atención alguna a este otro Movimiento, igualmente de connotaciones "tradicionalistas", aparecido en el ámbito anglosajón.
Y que no se diga que la razón de ello haya sido porque ni el Movimiento del Crédito Social ni Douglas fueron explícitamente católicos, porque se podría constestar a esto que tampoco lo fueron ni la Acción Francesa ni Maurras, y sin embargo se podía reconocer en las consecuencias político-sociales de sus ideas un reflejo de la verdad natural o implícitamente católicas (razón por la cual San Pío X, aunque reconocía el carácter tarado o falso de las bases filosóficas de las que partían, sin embargo reconocía el carácter natural e implícitamente sano de algunas de las consecuencias político-sociales defendidas por dicho Movimiento francés). Pues bien, mutatis mutandis, exactamente lo mismo pasaba (y sigue pasando) con el Movimiento del Crédito Social (algo que incluso el mismo Douglas llegó a reconocer explícitamente), el cual, para colmo además, aparece defendido por los católicos tradicionalistas de la asociación de Peregrinos de San Miguel en Québec, Canadá, donde han conseguido el apoyo de muchos obispos en todo el mundo (principalmente africanos).
Los subrayados en el texto son míos, pues van a servir de base para las explicaciones ulteriores.
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Biografía de C. H. Douglas
C. H. Douglas, Miembro de la Institución de Ingenieros Mecánicos, Miembro de la Institución de Ingenieros Eléctricos, consejero ingeniero, economista, autor y fundador del Movimiento del Crédito Social, nació en 1879 y murió en 1952. Entre otros puestos que ocupó en sus primeros años están los de: ingeniero en la Canadian General Electric Company, Peterborough, Canadá; Ingeniero Asistente en la Construcción Hidráulica en los Rápidos de Lachine; Ingeniero Eléctrico Subjefe, en la Buenos Aires and Pacific Railway; Ingeniero Jefe y Director en la India de la British Westinghouse Company; Superintendente Auxiliar de la Real Fábrica de Aeronaves, en Farnborough (Inglaterra).
Durante la Primera Guerra Mundial ostentó el título de Mayor en los Reales Cuerpos de Aviación y más tarde en la R. F. A. (en la reserva). Después de retirarse de su carrera de ingeniero, él y su esposa llevaron un pequeño astillero de yates en Soutahmpton Water durante varios años. La combinación de belleza y eficiencia funcional en un exitosamente diseñado yate de carreras le atraía de manera especial.
Durante el tiempo en que vivió en un viejo molino de agua en Hampshire, él utilizaba la rueda del agua para hacer girar una dinamo que iluminaba y calentaba la casa al mismo tiempo que proporcionaba energía para tornos y otras herramientas. Más tarde, cuando se trasladó a Escocia, muchos de sus amigos y seguidores recordaban cómo le ayudaron a construir su pequeña casa con energía hidroeléctrica, situada al lado del arroyo local que recorre atravesando esas tierras. Ya que uno de los puntos esenciales de su enseñanza era la descentralización del poder económico, debería hacerse constar que él practicó lo que predicó.
Uno de sus trabajos más interesantes, justo antes de la Guerra de 1914, fue el de dirigir el trabajo experimental preliminar y preparar los planes y especificaciones para la obra eléctrica para el Túnel o Metro de Correos en Londres, con la supervisión posterior de la instalación de la planta en lo que iba a ser uno de los primerísimos ejemplos de completa automatización en la historia de la ingeniería. Si bien no existían dificultades físicas de ningún tipo para la realización de la obra, sin embargo él solía recibir órdenes de vez en cuando para ralentizar la obra y el pago a sus hombres.
Cuando llegó la Guerra, sin embargo, advirtió que ya no había ninguna dificultad más en lo concerniente a la obtención de dinero para cualquier cosa que el Gobierno quisiera. Parece que fue enviado a Farnborough en 1916 para tratar de poner orden “sobre una cierta cantidad de embrollo” en las cuentas de la Fábrica de Aeronaves, por lo que tuvo que proceder con mucho cuidado en el registro de los costes. Esto lo consiguió ayudándose de lo que entonces se denominaban “máquinas de tabulación” (una aproximación que anticipaba el uso muy posterior de los ordenadores) y que le hizo llamar la atención acerca del ritmo mucho más rápido al que la fábrica estaba generando costes en comparación con el ritmo al que estaba distribuyendo ingresos en forma de sueldos y salarios.
¿Podría ser esto igualmente verdad para toda fábrica o negocio comercial?
Douglas, entonces, recolectó información de acerca de 100 grandes empresas en Gran Bretaña, y encontró que, en todos los casos a excepción de aquellos negocios que se dirigían de cabeza hacia la bancarrota, los costes totales siempre excedían las sumas desembolsadas en sueldos, salarios y dividendos.
De esto se seguía, en consecuencia, que sólo una parte del producto final podría ser distribuido a través de los ingresos desembolsados por su producción y, aún más, una parte cada vez más pequeña o decreciente a medida que los procesos industriales se ampliaran y pasaran a ser más complejos, y se incrementara la proporción de costes indirectos con respecto a salarios presentes. A menos que este defecto en la contabilidad monetaria sea corregido (lo cual en su opinión era perfectamente practicable), la distribución del producto restante deberá depender de manera cada vez más creciente del trabajo en curso sobre productos futuros (ya sean queridos o no) financiados mediante préstamos crediticios, créditos a la exportación, ventas por debajo del coste que conducen a las bancarrotas y la centralización del poder industrial, o mediante préstamos al consumo.
El resultado debe ser predeciblemente desastroso: de hecho, consiste en el dilema moderno entre pobreza masiva a través del paro e inflación creciente, deuda y monopolio, con malgaste de esfuerzo humano y de recursos terrestres para poder mantener el “pleno empleo”, requiriendo de un continuo “crecimiento” económico y de una continua guerra económica entre las naciones conducente hacia la guerra militar.
Esta original aproximación al tema desde la mirada de un ingeniero, en donde el sistema financiero es considerado igual que como Douglas, antiguo ingeniero de ferrocarril, consideraba el sistema de tickets, como una mera conveniencia contable para una eficiente distribución del producto, era completamente extraña e inaceptable para los teóricos de la economía del momento. Sólo un Profesor de Economía (Profesor Irvine de Sydney) expresó su acuerdo hacia ella, y poco más tarde dimitió de su puesto.
Esta condenación general de los economistas, sin embargo, descansaba sobre dos líneas de crítica diferentes y contradictorias, a saber:
(1) que la brecha entre coste e ingreso era una ilusión debida al fallo de Douglas de no darse cuenta de que todos los costes representaban sumas desembolsadas en fechas anteriores en forma de sueldos, salarios, etc… (con lo cual estos críticos pasaban por alto el factor tiempo, el cual constituía la esencia del análisis de Douglas); y
(2) que eso era, por el contrario, una constatación de algo obvio, de ninguna importancia o significación, ya que ésta era la vía o la forma inmutable y normal en que el sistema monetario y económico debía funcionar con el fin de estimular la nueva producción y para conseguir mantener el nivel de empleo (con lo cual se pasaba por alto el objetivo radicalmente distinto que Douglas tenía en mente de que la producción se hace para el uso del consumidor y no para “crear empleo” o para otros objetivos de tipo monetario).
Cuando la Gran Depresión de los años ´30 confirmó horriblemente el diagnóstico de Douglas y le dio una reputación y un seguimiento de fama mundial, sus críticos explicaron que él había confundido un simple fallo de lapso temporal o provisional con un defecto permanente en el sistema monetario; pero los acontecimientos posteriores han, por ahora, ido cumpliendo tan continuamente sus predicciones que estas críticas ya no son creíbles por más tiempo.
A pesar del rechazo del establishment económico del momento, Douglas fue llamado para prestar declaración delante de la Comisión de Investigación de la Banca Canadiense en 1923 y delante del Comité Macmillan en 1930, y llevó a cabo varios tours por el mundo en donde fue realizando discursos delante de muchas reuniones y concurrencias, especialmente en Canadá, Australia y Nueva Zelanda, y también en el Congreso Mundial de Ingenieros en Tokio en 1929.
En 1935 dio un discurso importante delante del Rey de Noruega y del Ministro Británico en el Oslo Merchants Club, y en el mismo año fue nombrado Consejero Jefe de Reconstrucción para el Gobierno de los “United Farmers” de la Provincia de Alberta, Canadá, que más tarde en el mismo año eligió a su primer Gobierno en llevar el título de “Crédito Social”.
El Gobierno Federal de Canadá, sin embargo, frustró todos los intentos que se hicieron para implementar los consejos de Douglas rechazando y denegando la legislación provincial, algunas de cuyas leyes incluso fueron aprobadas y luego denegadas dos veces; tras lo cual, aunque el Partido permaneció en el poder por más de 30 años, progresivamente fue abandonando los principios en virtud de los cuales fue elegido al principio.
Debe hacerse constar como dato histórico, en tanto que como precedente, que sin embargo se pagaron en un periodo a los ciudadanos de la Provincia dos “dividendos provinciales” de poco más del importe del vale en el que fueron emitidos, y que, durante el tiempo en que todavía seguía actuando bajo los consejos de los representantes de Douglas, la provincia pudo arreglárselas en seguir su camino económico sin necesidad de tomar prestado o endeudarse nada más, y redujo drásticamente su deuda provincial.
La desviación de las ideas de Douglas hacia el callejón sin salida de los partidos políticos ha recibido mucha más atención y publicidad que la aproximación original y experimental hacia la política que constituye la firma de sus últimos discursos y escritos desde 1934 en adelante, principalmente en sus cinco grandes discursos dados en Inglaterra: The Nature of Democracy, The Tragedy of Human Effort, The Approach to Reality, The Policy of a Philosphy, y Realistic Constitutionalism.
En 1934 se constituyó una Secretaría de Crédito Social bajo su Presidencia [1], la cual comenzó una Campaña Electoral implicando el uso del voto con el fin de conseguir propósitos deseados por los electores en lugar de los propósitos del Parlamento o de los Partidos políticos. A esto le siguió una altamente exitosa Campaña de Objetivos Locales siguiendo las mismas pautas anti-partido de antes, y una Campaña de Bajada de Tarifas y de Tasaciones de Inmuebles [2] que ahorró a los contribuyentes británicos muchos millones de libras sin pérdida de servicios públicos, mediante la reducción de los intereses o cargos sobre los préstamos financieros.
La Segunda Guerra Mundial puso fin a todas estas actividades organizadas a escala nacional, y fueron dispersadas, junto con el Movimiento del Crédito Social, convirtiéndose en fuerzas descentralizadas, mejor adaptadas a la presente crisis de centralización Mundial. En la parte final de su vida, aproximadamente de 1939 hasta su muerte en 1952, Douglas consolidó sus ideas en profundidad, contrastando claramente la filosofía que subyace en ellas con la que subyace en aquellas ideas que fomentan el Monopolio del Crédito.
Si bien las más conocidas de esas ideas, que ya han ejercido considerable influencia en el mundo, radican en la esfera económica: los conceptos de crédito real, la plusvalía procedente de la asociación y la herencia cultural, y las propuestas del Dividendo Nacional y del Precio Justo o Compensando; si bien esto es así, sin embargo sus ideas políticas, aunque todavía menos conocidas, son aún de mayor importancia.
Siempre fueron elaboradas con una practicabilidad característica, tomando en cuenta la reacción a partir del curso de los acontecimientos. Nadie ha arrojado tanta luz acerca de la verdadera naturaleza de la democracia, en tanto que como algo distinto del producto numérico de las urnas electorales; acerca de la necesidad del control descentralizado de toda política y del control jerárquico de toda administración; acerca de la libertad de elegir una sola cosa al mismo tiempo (en contraposición a varias al mismo tiempo); acerca del derecho a disociarse de una asociación; acerca de la política del votante y del veto del votante.
En su último discurso, dado en Londres a la Asociación de Investigación Constitucional en 1947, presentó su última propuesta para una rehabilitación de la democracia: el Voto Responsable, en el que las consecuencias financieras de una elección electoral abierta sería, durante un tiempo, pagada distintamente por el votante en proporción a su ingreso (una sugerencia literalmente revolucionaria que exige una vuelta por completo respecto del actual sistema de voto puramente numérico, irresponsable y anónimo.
Hugh Gaitskell, un antiguo líder del Partido Laborista, describió en una ocasión sarcásticamente a Douglas como “un reformador religioso más que un reformador científico”. ¡Quizá estaba más en lo cierto de lo que él pensaba!
Puede que el pensamiento de Douglas en las materias de filosofía, política y religión, así como el significado especial que él daba a todas esas palabras, resurja de nuevo como su contribución más valiosa a la restauración de la unión entre creencia religiosa y los principios que gobiernan la Sociedad.
En su opinión, una “filosofía”, es decir, una concepción del universo, siempre se expresa ella misma en una “política”: un curso de acción característico a largo plazo dirigido hacia fines que son determinados por esa “filosofía”.
“Religión” (del latín religare, volver a unir o ligar) no es sólo un conjunto de creencias tal y como aparecen expresadas en los credos Cristianos (que constituyen una “filosofía”) sino que es precisamente la “Re-ligación” de esas ideas a la realidad de nuestras vidas, no sólo individualmente, sino también en las relaciones políticas y económicas de nuestra sociedad.
Las políticas de centralización y monopolio que ahora están siendo impuestas sobre el mundo por medio de las estrechamente relacionadas acciones del Capitalismo-Financiero y del Socialismo-Marxista tienen su origen en una “filosofía” diametralmente diferente y opuesta a aquélla que tiene su origen en la Cristiandad Trinitaria, la cual quedó expresada, aunque de manera imperfecta, en nuestra Constitución, nuestro Derecho Consuetudinario, y en el progreso hacia la libertad personal que se hizo, especialmente, en Bretaña y la Commonwealth.
En el tiempo en que Douglas presentó por primera vez sus ideas y propuestas para conducir a esta política tradicional hacia su siguiente etapa, su base Cristiana podría darse por sentada calificándola de simple “sentido común”. Hoy en día ya no puede darse por sentada por más tiempo, y se ha hecho necesario distinguir conscientemente las políticas en funcionamiento en nuestra Sociedad, y relacionarlas con las creencias fundamentales que las hicieron surgir. En este sentido, por tanto, el “Crédito Social” es la política social de una “filosofía” Cristiana; y antes del final de su vida, su fundador lo aseguró de manera explícita, en lugar de dejarlo, como lo hizo en sus orígenes, de manera implícita.
[1] Nota mía. Ésta Secretaría ha seguido funcionando de manera continua hasta hoy. Actualmente la preside la Profesora (retirada) de Universidad Frances Hutchinson, conversa a la Religión Católica.
[2] Nota mía. Se refiere a las Tasaciones o Valoraciones de Inmuebles que sirven de Base Imponible para el pago de todo impuesto en el que aparezca un bien inmueble como Hecho Imponible. Entre los españoles, como bien se sabe, se toma actualmente como criterio de valoración el valor catastral del inmueble (tanto rural como urbano) para el pago del impuesto local del IBI (huelga señalar el carácter artificialmente arbitrario en la tasación del valor de los inmuebles en el Catastro, con vistas siempre a favorecer las Haciendas locales españolas).
Fuente: ALOR
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