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Tema: Ilegalidad de la “Ley para la reforma política” de Adolfo Suárez, para la Transición

  1. #1
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    Ilegalidad de la “Ley para la reforma política” de Adolfo Suárez, para la Transición

    Siempre hemos oído y leído (algunos estamos hartos) que la ley para la reforma política del (dirigente falangista, con altos cargos bajo Franco y finalmente perjuro) presidente Adolfo Suárez, entre 1976 y 1977 , se realizó partiendo de la legalidad franquista entonces vigente, "de ley a ley", como una nueva Ley Fundamental más añadida a las entonces existentes, que una vez aprobada en referéndum (diciembre 1976) eliminó a las otras y abrió el camino a la democracia que venimos padeciendo.

    Sin embargo, pocos saben que para aprobar aquella reforma (o mejor, ruptura) de la legalidad entonces vigente se omitieron trámites y formalidades legales imprescindibles, hubo extralimitación de competencias, contrafueros palmarios, amenazas veladas, etc.

    Las denuncias que se hacían ante ello caían en saco roto pues no llegaban a plantarse ni a tramitarse, dado el "procedimiento de urgencia", a marchas forzadas, con que todo se planteaba y aprobaba casi al unísono, sin debates, decidido casi día a día de común acuerdo entre d. Torcuato, presidente de las Cortes, y Adolfo Suárez, presidente del Gobierno.

    En este hilo aportaremos las críticas de algunos articulistas de la época a aquella ruin desvergüenza que hundía a España definitivamente en la infamia en que nos hallamos desde hace décadas.

    El entorno y contexto del hilo está aquí: http://hispanismo.org/historiografia-y-bibliografia/25626-revista-fuerza-nueva-de-la-muerte-de-franco-la-constitucion-1975-78-a.html


    -----


    El proyecto de Ley para la Reforma política, de Suárez (septiembre de 1976), viene en este enlace:

    Proyecto de ley de reforma política | España | EL PAÍS (elpais.com)


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    Última edición por ALACRAN; 02/08/2021 a las 00:15
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Ilegalidad de la “Ley para la reforma política” de Adolfo Suárez, para la Transic


    Revista FUERZA NUEVA, nº 510, 16-Oct-1976

    GANÓ LA MASONERÍA (AUNQUE NO SE HAYA PRETENDIDO)

    En la crítica conjunta de la declaración del presidente del Gobierno y de la proyectada Ley de Reforma Constitucional, vamos, por una vez, a empezar por las cuestiones adjetivas para luego entrar en las de fondo. Y vamos a advertir, también por una vez, que todo lo que se va a consignar a continuación es cierto, y que nadie podrá demostrar lo contrario, por la misma razón que nadie ha podido demostrar nunca lo que es irreal o falso.

    Empieza el presidente Suárez diciendo, poco más o menos, que la recta final de la reforma política lleva un empeño de “sinceridad democrática”: o sea, “dar la palabra al pueblo español”.

    El presidente ha olvidado que el pueblo español tomó la palabra en 1966 y decidió ya su futuro. Sin embargo, el actual promotor de la reforma entiende que la palabra del pueblo no tuvo entonces ninguna validez, exactamente como si fuera ahora a votar por primera vez en referéndum, como si ahora se estrenase en consulta pública.

    Sigue diciendo el presidente que la democracia no puede ser consecuencia de ninguna imposición, cualquiera que sea el origen.

    Es justo decir ahora por qué el presidente ha despreciado la voz del pueblo y también es justo decir que el presidente emplea métodos coactivos para implantar su Ley de Reforma, que obligadamente hay que calificarlos como arbitrarios y dictatoriales, según se ha de comprobar en seguida.

    La base del desprecio presidencial se contiene en su mismo discurso: lo que es realidad en la calle, hay que hacerlo realidad oficial y política.

    No tenemos, por tanto, más remedio que decir en qué consiste esa realidad y de dónde ha salido.

    La realidad y su origen

    ¿No habla el mismo presidente del “nuevo” pluralismo español? ¿Qué significa eso de “nuevo” pluralismo? El pluralismo es propio del pueblo, o no lo es. Pero el hecho de que, de pronto, y coincidiendo con la senectud de Franco y con el cambiazo de la prensa española -cuyo 98% se convirtió de golpe en pluralista-, se haya visto surgir un “nuevo” pluralismo, no demuestra sino que ese “pluralismo real” (así bautizado por el señor Arias Navarro, de triste recuerdo, en su conocido primer discurso programático, el cual, como es notorio, iba encaminado de modo consciente y directo a desencadenar el alud antifranquista que hoy contemplamos, así como a provocar la decadencia de nuestra Patria, según también tenemos la oportunidad de comprobar en nuestros días) ha sido una creación de puro artificio, y en la que se han invertido miles de millones de pesetas: inmensas fortunas advenidas casi en su totalidad de fuentes extranjeras. No consideramos al presidente tan ingenuo como para que ignore lo que acabamos de decir (...)

    ¿La voz del pueblo?

    En segundo término, ¿qué está haciendo el presidente Suárez, cuando en su discurso recomienda a todas las instituciones que no entorpezcan la aprobación de la Ley de Reforma, la cual, visto lo anterior, no sabemos siquiera para qué va a ser tramitada por los cauces hasta ahora vigentes? ¿Qué es lo que está haciendo también, cuando se encarga de que los periódicos publiquen una noticia según la cual, caso de no ser aprobada la Ley de Reforma por aquellos cauces, se promulgará la misma en forma de decreto-ley, “aun cuando el Gobierno espera que no haya necesidad de llegar a ese extremo?”.

    ¿Por qué, decimos, enerva la voluntad de los mecanismos legislativos, anunciándoles de antemano que una supuesta negativa por parte de ellos no iba a servirles de nada?

    Y si el presidente quiere oír la voz del pueblo, ¿por qué únicamente oye lo que dice la prensa enemiga de Franco (lo que quiere decir el 98% de la prensa, que es la que inauguró y sostiene la idea reformista) y no adopta, por ejemplo, las providencias necesarias para que el pueblo pueda conocer en su totalidad lo que dicen los que no quieren quebrantar las leyes ni que otros lo hagan, no sólo debido a su fidelidad a España y a su Constitución [Leyes Fundamentales], sino también a causa de su propia condición de personas honestas? ¿De dónde ha surgido esa “realidad” que torpedea, desde unos años acá, a las revistas y periódicos de pura ortodoxia franquista, y cada vez con mayor intensidad -incluida la decisión de provocar “cracs” económicos-, a medidas que sus palabras van siendo más acusadoras y reveladoras de auténticas realidades? (...)

    ¿Qué presupuestos de sinceridad impregnan desde hace unos años a esa “realidad” española? ¿No recuerda el presidente Suárez a los centenares y centenares de miles de personas de ese pueblo que se condolieron y siguen condoliéndose por los ataques de fuera y de dentro que sufría el Jefe y el sistema que ellos querían (...) ¿Por qué, ahora, el presidente entiende que ese mismo pueblo, de repente, se ha convertido en pluralista y abolicionista? (...)

    ¿Es que somos inferiores?

    ¿Cómo es que no ha notado que no existe ninguna Constitución occidental que admita cláusulas de cambio, y no por eso son llamadas “inmovilistas”, pero sí se llama así a aquellos españoles que niegan la misma posibilidad de cambio a su Constitución [Leyes Fundamentales], y precisamente para no convertirla en una igual a las de los otros inmovilistas? ¿Es que el presidente Suárez ha creído que España, su nación, es inferior a las del resto de Europa y de otros continentes? (...) ¿De dónde le viene la idea de que España sólo puede subsistir si cumplimenta los mandatos políticos de todos aquellos que no son españoles, de todos aquellos extranjeros que han fabricados sus propias constituciones?

    ¿Por qué el presidente Suárez propulsa el que sólo nosotros, los españoles, hayamos de pasar a la Historia como pueblo traidor, calificativo éste que, hasta ahora, no mereció jamás comunidad humana, pero que nosotros, gracias a nuestros últimos Gobiernos, nos estamos ganando a pulso como consecuencia de nuestra desidia de ahora y de nuestra cobardía? (...)

    Conocemos de sobra la respuesta adversa a todos estos conceptos y preguntas (...): “¿Qué importa nada, si ese pueblo, que es franquista, conforme con su sistema político, va a tener la oportunidad de refrendar su actitud en un próximo plebiscito?”

    Llamados a engaño

    (...) El pueblo español, que, en su mayoría, es partidario del orden, del progreso y de la paz, lo que quiere decir que es partidario del sistema político que ya casi nos han quitado, va a ser llamado a engaño, cuando se disponga a votar, porque no de otra manera se podría conseguir que triunfaran, a la larga o a la corta, las tesis reformistas de los rojos.

    Así como el presidente Suárez pone por encima de todo la legalidad, tanto en su discurso como en el preámbulo de la Ley de Reforma, teniendo en cuanta que la única legalidad posible en este aspecto ha de tener siempre cabida dentro de las previsiones reformistas de Franco (...), así también el pueblo ha de creer (...) que el Caudillo hubiera aceptado la nueva Ley, que parte de la legalidad a ultranza, según dice un presidente joven, de aspecto noble y fotogénico.

    Pero esto es un engaño:

    a) El solo anuncio de que, de no prosperar la reforma en las Cortes, se promulgará ésta en forma de decreto-ley para luego ser sometida a referéndum, constituye la primera infracción monumental de nuestras Leyes Fundamentales todavía vigentes: Franco no hubiera tolerado tal cosa.

    Porque nuestra Constitución dice (párrafo 2º, artículo 10, Ley de Sucesión: “Para derogar o modificar (las Leyes Fundamentales) será necesario, además del acuerdo de las Cortes, el referéndum de la nación”. Y el Gobierno ya ha dicho, como queda consignado, que si las Cortes no aprueban la reforma, ésta será sometida a referéndum sin el acuerdo de ellas.

    ***

    b) Así como hasta ahora -e interpretando los preceptos sin retorcimientos sofisticados, producto de intereses delictuosos inconfesables-, y según se consigna en nuestra Constitución (L.O.E., art. 21), toda reforma que pueda ser compatible con nuestras Leyes Fundamentales ha de partir, en cuanto a impulso inicial, del Consejo Nacional del Movimiento (recogiendo o no insinuaciones o mandatos del Jefe del Estado), puesto que el presidente del Gobierno no puede hacer más que “dirigir la política general y asegurar la coordinación de todos los órganos... [L.O.E., art. 14. 4],”, y ello hasta tal punto que la misma Ley de Reforma que se proyecta establece en su art. 3 y por primera vez (“ex novo”), que la iniciativa de reforma constitucional corresponderá al Gobierno y también al Congreso de Diputados; así, esta misma Ley de Reforma ha sido ilegalmente propuesta por quien sólo tendría competencia para ello en caso de ser aquélla aceptada y promulgada, hecho que todavía (octubre, 1976) no ha sucedido.

    De la misma manera, y para contrarrestar el anterior aserto de ilicitud, la Ley ha sido bautizada infantilmente como “Ley de Reforma POLÍTICA”, para poder aseverar después que lo que necesita Cortes y referéndum previos son las derogaciones o modificaciones de las Leyes Fundamentales, no las reformas “políticas”, puesto que éstas “nada tienen que ver con las reformas constitucionales”.

    Dejamos a los lectores que tomen el tiempo que estimen necesario para sonreír benévola y plácidamente.

    ***

    c) Aun cuando el anterior presidente del Gobierno ya había impulsado, como dijimos, el inicio de nuestra decadencia, mediante una grave infracción del Principio VIII del Movimiento Nacional, declarado “permanente e inalterable”, todavía podía admitirse a discusión, aunque solo fuera a modo de comedieta, si las asociaciones inorgánicas del señor Arias eran compatibles con el referido Principio VIII, por mucho que se las llamase “asociaciones políticas dentro del Movimiento” (...), es ahora (presidente Suárez) cuando ya no cabe el teatro: porque el sufragio universal directo y secreto elimina de un golpe la participación de los españoles, obligada por aquel Principio, a través de la familia, el Municipio, el Sindicato y demás entidades orgánicas, que todavía (1976) forman el cuerpo legislativo actual. Ya no puede haber discusión. Se ha roto el juramento que se prestó ante los Evangelios: se ha puesto en falso a Dios por testigo.

    (...) El sufragio universal no se refiere precisamente a que puedan votar todos los españoles. Se refiere más bien a que los españoles pueden votar “a lo que sea”, inmoral o no, ilícito o no.

    Mediante el sufragio universal o inorgánico, el pueblo ya no puede votar por sus intereses reales: sólo votará por ideas, que jamás resuelven nada, puesto que los problemas de los pueblos los viene resolviendo de siempre la Administración en todos los países inorgánicos, sea quien sea el titular político dominante y sea cual sea la ideología que represente. Sólo en los casos en que la ideología es aplicada a la Administración es cuando se perjudica irremediablemente a los estamentos sociales, o a amplios sectores de los mismos.

    Cuando el preámbulo de la reforma que se quiere aprobar, Adolfo Suárez dice que la Ley representa la “expresión mayoritaria del pueblo”, no dice sino que admitirá por lícita toda ley futura, aunque sea inmoral, aunque sea anticristiana, aunque sea inhumana, aunque sea delictuosa con relación al Derecho natural, siempre y cuando represente la voluntad de la mayoría de los diputados (no de la mayoría del pueblo, aun cuando aquéllos sean considerados representantes del mismo, en virtud de una inconsecuente ficción o mito político, que en un futuro ha de dejar en eterno ridículo a muchos intelectuales de ahora). O sea, que los propulsores de la Ley ya han empezado por demostrar que no son católicos y, además, que es la “amoralidad” la que básicamente se aposenta dentro de sus personalidades.

    d) La máxima expresión de la apariencia falaz que se pretende dar a nuestro pueblo para arrancarle un hipotético voto afirmativo en el referéndum ha consistido en la llamada presidencial a los militares (*). Nuestro pueblo sabe que el Ejército español es honesto y que no tiene más miras que la integridad, prosperidad y bienestar de la Patria. Y el Gobierno ha llamado a los militares no para expresar la supeditación de su visto bueno en cuanto a la reforma, no para expresar respeto a la organización española, que ha demostrado ser la más honesta y honorable de toda nuestra Historia, no por reverencia, no por sumisión ni reconocimiento de superioridad, no. La llamada al Ejército ha tenido la neta finalidad de utilizarlo como escudo para convencer al pueblo -que en su mayoría no es especialista- de que la reforma política está investida de la más pura legalidad, y también para desanimar a los especialistas, que, como tales, notan la ilicitud, y notan el antifranquismo y, por lo mismo, la antipatria.

    (...)

    Juan RIOS DE LA ROSA



    (*) El 8 de septiembre de 1976, el presidente del Gobierno español Adolfo Suárez se reunió con los altos mandos militares para informarles sobre su proyecto político. En dicha reunión, Suárez les aseguró que en las futuras elecciones democráticas que tuvieran lugar, el Partido Comunista de España (PCE) no participaría, pues no estaba dispuesto a legalizarlo. Siete meses más tarde, el 9 de abril de 1977, Suárez legalizaría el PCE sin consultar previamente a los Ejércitos, lo que provocó un fuerte enfrentamiento con la cúpula de las Fuerzas Armadas
    Última edición por ALACRAN; 02/08/2021 a las 00:07
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Ilegalidad de la “Ley para la reforma política” de Adolfo Suárez, para la Transic

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    Si el fantástico artículo anterior evidenciaba la ilegalidad y nulidad radical de la Ley de reforma política, en este otro se profetizan y denuncian las consecuencias futuras e ineludibles de aquella maldita ley:



    Revista FUERZA NUEVA, nº 509, 9-Oct-1976

    POR LAS REFORMAS A LA REPÚBLICA

    Luis María Sandoval

    EL ministro de Información y Turismo —ya hace algunas fechas— nos dio a conocer a los españoles el proyecto de ley para la Reforma Política.

    Los hombres de FUERZA NUEVA, que somos la verdadera oposición al nuevo régimen, tras analizarla detenidamente, no podemos llegar sino a una conclusión respecto a ella: considerarla principio de desgobierno para España. Y por este motivo, caso de que llegue a aprobarse, tendremos que reclamar, como en su tiempo la Falange en su punto 2, la anulación fulminante de tal Constitución vigente.

    • • •

    Paradójicamente empezaremos por la disposición final. En ella se eleva a rango de Ley Fundamental a la Ley de Reforma.

    Es sabido que nuestras siete Leyes Fundamentales del Reino constituyen lo que se llama una Constitución abierta. Pero el contenido de la Ley de Reforma es tal que no puede añadirse como una octava Ley Fundamental que completara o desarrollara a las anteriores, sino que, por el contrario, de un modo u otro, las abroga, suprime o modifica sustancialmente a todas.

    El mecanismo legislativo propuesto desarticula por completo la Ley Constitutiva de Cortes y la Ley Orgánica del Estado aprobada en referéndum unánime por los españoles aún no hace diez años.

    Implícitamente queda abolida la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento, pues ya no se reconocen principios permanentes e inalterables por su propia naturaleza, sino únicamente la «supremacía de ... la voluntad soberana del pueblo» (Proyecto, artículo 1,1). A fortiori, también los derechos naturales e imprescriptibles recogidos en los Fueros de los Españoles y del Trabajo que nos amparan quedan en suspenso y a merced de volubles o equivocadas voliciones mayoritarias.

    Incluso la Ley de Sucesión (artículo 10) es afectada en lo referente al referéndum nacional previo a la modificación o derogación de Leyes Fundamentales, que pasa de preceptivo a potestativo (Proyecto, artículo 3,3).

    En segundo lugar hemos de observar que la Ley de Reforma Política, con producir semejante trastorno legal, no pretende ser sino el camino de ulteriores transformaciones, aún mayores, abriendo un período constituyente de imprevisible desenlace. Notemos que lo grave no es la intención constituyente, que podría ser perfectiva, sino la concepción de iniciar ese período; es decir, desechando lo anterior y a partir de cero.

    Doctrinalmente, lo más grave es que se incurre explícitamente en el error liberal de considerar la ley «expresión de la voluntad soberana del pueblo» (Proyecto, artículo 1,1), apartándose de la concepción de la ley de todo el magisterio y la tradición cristiana, que León XIII recordó en varias ocasiones («Libertas Praestantissimum»,6; «Sapientiae Christianae»,3; «Au milieu des sollicitudes»,31). Concepción para la cual la ley es «una ordenación de la recta razón, promulgada por la autoridad legítima para el bien común».

    ¿HA DE SER LEY EL ERROR?

    Según la doctrina cristiana, no existe ley si no recoge una razón objetiva y tiende a un bien objetivo; la mera expresión de la voluntad, por popular que sea, puede abrazar la razón o el error, el engaño y el capricho. Y una voluntad errada, engañada o interesada, ¿ha de ser ley?

    Combatir este concepto de ley importa si no se quiere que mañana leyes emanadas de una voluntad torcida, pero mayoritaria y amparada por el artículo 1 de la presente Ley de Reforma Política, conculquen todos los derechos naturales, que a la ley positiva no le es dado ni siquiera promulgar, sino que debe limitarse a reconocer.

    Hay que combatir este punto ahora si no se quiere ver mañana cómo llegan, una a una, las leyes del divorcio, del aborto, de la eutanasia, de la abolición de la propiedad privada, del laicismo o ateísmo estatal y escolar.

    Leyes a las que el reconocimiento de la voluntad soberana sin trabas abre la puerta, y que son tan injustas, que no sólo desobedecerlas, sino intentar subvertirlas, es un acto de justicia y de virtud y un deber de caridad verdadera para con el pueblo español.

    Y si la voluntad soberana puede desconocer los derechos naturales, con más razón puede destruir la unidad de esta fundación irreversible que llamamos España. Ya apunta el proyecto de ley en su introducción que su promulgación hará posible «la institucionalización de las peculiaridades regionales». En las presentes circunstancias quien tenga oídos para oír que entienda.

    Nosotros, con José Antonio, repetimos: «Si España se quiere suicidar, nosotros se lo impediremos.» Y hay que empezar por la fuente del error: el citado artículo 1.

    El proyecto se hace eco también de la cantilena de la Revolución Gloriosa de hace más de un siglo: «sufragio universal, directo y secreto» (artículo 2,2). Con ello se restaura el sufragio inorgánico, aboliendo la medida de sabiduría que es la participación orgánica. Mucho se puede decir sobre el tema, pero baste una sentencia de Séneca: «Pesa las opiniones y no las cuentes.»

    En la participación orgánica cada opinión se pesa por la condición de quien la emite y pesa en su propio marco social que conoce. En el sufragio universal tanto cuenta el voto del peón como el del arquitecto... sobre un asunto de agricultura que ambos desconocen.

    LA MITAD MAS UNO

    Se restaura el apolillado bicameralismo de los doctrinarios decimonónicos, con los nombres aún más rancios de Congreso de Diputados y Senado (artículo 2,1). Ello no puede acarrear sino una inflación de «políticos» profesionales y una gran lentitud legislativa.

    Y como la prudencia ha sido olvidada, hasta la más seria de las reformas constitucionales será decidida por mera mayoría absoluta (la mitad más uno), según el artículo 3,2. Se desecha la sabia prescripción de las leyes de Franco de exigir para estos casos la mayoría cualificada de dos tercios.

    Y el caso es que, según el propio pensamiento reformista, toda tentativa de «pacto social» debería procurarse la más amplia base de acuerdo... Pero la prisa nunca fue buena consejera.

    Hay un aspecto digno de resaltarse: la Ley de Reforma democratizante tiende a aumentar las prerrogativas que otorgaban al Rey las Leyes Fundamentales dictadas durante la «oprobiosa dictadura». No creemos que pueda tratarse de una ambición de poder de don Juan Carlos, más bien parece un reflejo de los hábitos del presidente del Gobierno a los puestos «dedocráticos».

    El caso es que el Rey nombrará directamente al presidente del Consejo del Reino y de las Cortes (artículo 2,6), sin aludir a la vigente presentación de terna (Ley Constitutiva de Cortes, artículo 7.°,I).

    Que existirá un 20 por 100 de senadores de designación real. Cierto es que Franco en el Consejo Nacional se reservó 40 miembros de designación directa, pero también que pensando en la institucionalización se convertirían en un estamento independiente de ingreso por cooptación (Ley Orgánica del Movimiento, artículo 13 b).

    Además, de la voluntad del Rey depende ahora el someter a refrendo plebiscitario las reformas constitucionales o no (artículo 3,3). Antes era imprescindible (Ley de Sucesión, artículo 10).

    LA REPÚBLICA CORONADA

    Añádase a esto que al Rey se atribuye en el artículo V del proyecto la potestad de alterar el juego normal de las instituciones.

    No deja de ser sorprendente que la constitución en reino del Estado español sea el único principio fundamental del Movimiento que por el momento suscite acuerdo entre los hombres de la ruptura y de la reforma. Los primeros porque pretenden obtener todas las concesiones posibles y después ya mostrarán su auténtica faz republicana. Los segundos, o por adulación y conveniencia, o porque incurren en el error canovista de considerar la forma monárquica del Estado como el único dogma indiscutible.

    Con lo que demuestran no saber lo que es nuestra Monarquía Tradicional, Católica, Social y Representativa. Monarquía que precisamente no tiene un valor absoluto entre los Principios del Movimiento, sino de servicio a esas notas características suyas y los demás principios cuyo valor está por encima de la propia Monarquía.

    Lo grave, como diría José Antonio, es que se vacíe a la Monarquía de su contenido, porque si deja de hacer defender y ejecutar los valores de la moral, de la nación y de la justicia, no será sino una república coronada. Y que la república se quite cualquier día la corona no será sino un accidente inevitable.

    • • •

    ¿Cuáles serán los resultados de la Ley?

    Lanzarnos a la inseguridad de un período constituyente, con una preconstitución antigua de un siglo, abierta la lucha de partidos, los valores fundamentales sin más defensa ante la arremetida de la voluble voluntad soberana que su condescendencia, el Rey comprometido en la gestión de un bicameralismo inoperante que no puede servir de defensa ante la subversión; de todo ello no puede venir sino la república como paso para el comunismo.

    Si se ha restaurado el berenguerismo y se quiere restaurar la Restauración, ¿quién duda que advendrá no ya la Tercera República, sino la restauración de la Segunda?

    Y lo que más nos subleva es que cuando el pueblo español se vea precipitado a una nueva catástrofe nacional, y el Rey se vea forzado al exilio, como su abuelo o su cuñado, los reformistas perjuros causantes de todo, pero a los que nunca llegan los perjuicios que la anarquía inflige al pueblo normal, podrán encontrar refugio cómodo en el extranjero.

    El español no tiene otra riqueza que su Patria, donde están su casa y su trabajo. ¡ La clase política tiene tanto dinero, y en tantos sitios...!

    • • •

    Luis María SANDOVAL





    Última edición por ALACRAN; 01/08/2021 a las 19:34
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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