Un religioso de hábito negro sostiene entre sus manos un crucifijo de oro.
Un religioso de hábito negro sostiene entre sus manos un crucifijo de oro.
"Solo Dios sabe hacer de los venenos remedio".
Francisco de Quevedo
Os envidio. Jamás tuve un sueño que pueda recordar. Creo que sueño porque he leído que toda la gente sueña, porque por mí, jamás he soñado. Ya de chiquitín mis amigos todos comentaban sus sueños en la escuela - algunos bien interesantes - y yo nada tenía para contar. En fin... podrá no ser malo. Sueño despierto...
Estimado Sr. Irmao de Cá:
En primer lugar, hacerle saber que adoro Portugal y mantego lazos de amistad con personas de ascendencia portuguesa. He estado en el país en dos ocasiones, espero que sean más. Me impresiona el sonido del Océano Atlántico rompiendo con la costa.
Por otra parte, no tiene nada de particular recordar los sueños. Al contrario, según mi punto de vista, es mejor no hacerlo porque la mayor parte de las veces no son buenos. He aquí uno de los más recientes que recuerdo:
Es de noche. He salido con unos amigos. Deseo volver a casa pero nadie me acompaña: están ebrios. Salvo una serie de dificultades. Es de día. Camino por unas calles estrechas. Me doy cuenta de que me sigue un hombre muy alto y de tez oscura. Quiere atracarme. Corro todo lo que puedo. Menos mal que a la salida de esa especie de barrio antiguo o judería hay un puesto de la Guardia Civil. Lo reducen. Mientras espero a que termine el papeleo me doy cuenta de que se me hace tarde. Voy a llegar al trabajo con retraso.
"Solo Dios sabe hacer de los venenos remedio".
Francisco de Quevedo
Entro en un conocido establecimiento comercial. Compro algo de poco valor. Me devuelven el cambio. Salgo de la tienda, camino unos metros y me doy cuenta de que me han entregado billetes falsos.
"Solo Dios sabe hacer de los venenos remedio".
Francisco de Quevedo
Acabo de llegar a un lugar. Me dirijo al hotel donde he realizado la reserva. Al abrir la puerta de la habitación, cuál no será mi sorpresa, me dicen que he de compartirla. Entre las sombras distingo más de ocho camas y a un hombre sucio tumbado que ronca a pierna suelta.
"Solo Dios sabe hacer de los venenos remedio".
Francisco de Quevedo
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