"Son tan inseparables la paz y amor de Dios, que no gozará déste el que se hallare sin aquélla; y aunque es cierto que esto rigurosamente se entiende de la interior paz del alma, también lo es que sin la exterior se halla pocas veces. En cuya conformidad dijo el divino Isidoro, en el libro tercero 'De sumo bono': 'Los amadores de la paz aman a Dios, autor della'. Y de su contraria, la discordia, dijo el dotor de la Iglesia San Agustín: 'Ninguno en discordia bendice al Señor'. De donde se colige fácilmente que los autores, motores, incitadores, solicitadores y conservadores de la guerra entre príncipes cristianos (aunque tengan el nombre de tales) se hacen sospechosos en el primer fundamento y puerta de la religión, que es la fe; y más si para fomentar y adelantar sus intentos se valiesen de enemigos della y tomasen medios ajenos de la piedad, la verdad y valor que pide la profesión católica, que en este caso estaría la sospecha muy en su punto". Francisco de Quevedo, "Relación en que se declaran las trazas con que Francia ha pretendido inquietar los ánimos de los fidelísimos flamencos a que se rebelasen contra su Rey y Señor natural".