DIDÁCTICA
Aparte de los escritores y tratadistas de distintas ciencias, que entran, como es natural, en el concepto de la “prosa didáctica”, daremos algunas indicaciones sobre los escritores didácticos propiamente dichos, que en cierto modo se corresponden con el moderno concepto de “ensayistas” o con el más amplio y exacto de “pensadores”. Entre estos pensadores españoles de los siglos XVI y XVII podríamos citar muchos centenares de nombres, ilustres la mayor parte de ellos. Nos contentaremos con los más señalados.
Don Diego de Saavedra Fajardo (1584-1648) se manifiesta escritor brillante y profundo en su “Corona gótica”, “Empresas políticas” y buen ensayista crítico en la “República literaria”.
Don Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645), uno de los más extraordinarios polígrafos españoles, es asimismo uno de nuestros mejores prosistas. Gran poeta, ilustre novelista, inmortal satírico en “Los sueños”, parece favorecido con todos los poderes del genio y del estilo. Fue en la prosa uno de los adalides del conceptismo, expresándose por un estilo increíblemente sentencioso, sutil, pero al mismo tiempo castizo y claro. “Política de Dios”, “Marco Bruto” y “La cuna y la sepultura” son las obras didáctico-políticas y morales más importantes de aquel excelso escritor.
Conceptista fue también Baltasar Gracián (m. 1658), cuyas obras “El Criticón” y las menos extensas “Oráculo manual”, “El héroe”, “El discreto” y “El político” han tenido menos resonancia, pero no menos encanto estilístico ni menos profundidad. Baltasar Gracián es, sencillamente, y a pesar del desafecto que la crítica tradicional sintió hacia su reciente reivindicación, uno de los orgullos del habla y las letras españolas.
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