Lamento incorporarme un poco tarde a este interesantísimo hilo de conversación sobre nuestros presuntos hermanos mayores (no te digo trigo por no decirte Rodrigo).
Para empezar creo que los judíos no son una raza, sino una tribu, que si bien pudo tener un origen semítico, desde luego hoy por hoy no se ciñe exclusivamente a la raza semítica. Los judíos son una tribu con unos antepasados comunes a la que se pertenece por vía matrilineal. Creo que a estas alturas todos sabemos la gran falacia que constituye el confundir antijudaísmo con antisemitismo, así como pintar al judío con rasgos faciales semitas. Ni todos los judíos son semitas ni mucho menos todos los semitas son judíos. Un ejemplo:
Podéis comprobar como el rabino sefaradí (sucesor del siniestro y tenebroso Ovadia Yusef) presenta un aspecto netamente ibérico, o sea, que por su fenotipo pasaría por español o portugués sin ningún problema, mientras que el rabino ashkenazi presenta un fenotipo de Europa septentrional que lo haría pasar por alemán, polaco o natural de cualquier país báltico. Del mismo modo, los judíos del Yemen parecen árabes y los judíos etíopes o falashas son negros. Los judíos no son pues ninguna raza en sí mismos ni pertenecen en exclusividad a la raza semita, aunque su origen primero esté en Oriente Medio. Incluso el hecho de que los hebreos fuesen primigeniamente semitas es discutible, pues para Manetón (s. III a.C.) eran un pueblo compuesto por descendiente de hicsos y leprosos y criminales egipcios. Por tanto, ni siquera en su origen serían semitas los hebreos, sino una mezcla de hicsos (pueblo de origen desconocido hasta la fecha) y egipcios. Semitas eran los árabes o los fenicios-cananeos a los que los hebreos tomaron las tierras.
De todas maneras, Manetón no es una fuente 100% fiable, ya que pertenece más bien al tipo de historiadores movidos por intereses espúreos, al igual que Suetonio y otros. O sea, nada que ver con el rigor de un Tucídides o un Publio Cornelio Tácito. Algunas réplicas de Flavio Josefo a Manetón, Apión, etc. no dejan lugar a dudas de la manipulación llevada a cabo por los egipcios (pueblo en nada comparable a griegos o romanos).
En todo caso, los hebreos conformaron una cosmovisión altamente espiritual y netamente superior a la egipcia, mas durante la época del exilio en Babilonia (s.VI a.C.) la auténtica Torah hebrea fue adulterada, la Biblia fue reescrita y falsificada. Es la época de las reformas de Esdras, del total desplazamiento de los sadoquitas y, lo más importante, del surgimiento del sacerdocio levítico y la sinagoga. Antes del exilio no existen ni el rabino ni la sinagoga.
El Antiguo Testamento nos llega pues adulterado y con fragmentos suprimidos o añadidos. Los libros sapienciales parecen ser los menos adulterados y en todo caso está fuera de lugar el incurrir en la herejía marcionita mediante la supresión del AT (tentación que ha asaltado a quien más y a quien menos), si bien es necesario mantenerlo sólo de modo referencial y enteramente subordinado al Nuevo Testamento, que abole numerosas disposiciones del Antiguo. Mucho ojo con los protestantes, ya que están saturados de espíritu racista y genocida judío.
Los judíos son negadores y asesinos de Cristo, hijos de Satanás (San Juan VIII) e instigadores en la sombra de las mayores perversidades. Pueblo maldito, siguen las enseñanzas esótericas de la Qabbalah, de la cual beben a su vez la masonería, el iluminismo y el neopaganismo (incluyendo el nazismo) y las enseñanzas satánicas del Talmud son su guía en este mundo. La única esperanza del judío es la aceptación del Mesías y el reconocimiento de la impotencia de su humana ley para santificar al hombre.
Los judíos no son nuestros hermanos, ni mayores ni menores y junto a sus lacayos masones y protestantes suponen un peligro espiritual cien veces mayor que el de los herejes mahometanos, cuyas desviaciones más aberrantes se deben, igual que en el caso del Cristianismo, a la acción de elementos judaizantes.
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