Fuente: La Voz de España, 4 de Marzo de 1964, página 4. (Completado con Arriba, de 7 de Marzo de 1964, página 19).
Aclaración Política a «ABC»
El 28 de Febrero se publicó en «ABC» un artículo en el cual se comentan entrevistas históricas de Don Melquíades Álvarez, de Pérez Galdós, de Unamuno y otros, con Don Alfonso XIII. Entre ellas incluye una mía, y la juzga también como entrevista histórica de aquella época. Dicha entrevista mía, de 1934 –ahora hace treinta años–, tiene hoy un alcance político, según «ABC», que todo el mundo ha comprendido.
Mi entrevista de Fontainebleau no fue cosa particular, como dice el articulista de «ABC», sino oficial. Me acompañaban Don José María de Alarcón y el Marqués de Oquendo. Lo sabe Don Mariano Daranas, feliz superviviente.
La C.E.D.A. se formó en virtud de un llamamiento que se hizo a los católicos españoles por sus altas autoridades espirituales, desde el día de la quema de los conventos. Fue una agrupación puramente católica, sin programa político concreto, que tenía por lema las siguientes palabras: Religión, Patria, Familia, Orden, Trabajo y Propiedad. Yo actuaba en la Acción Católica y fui llamado a este movimiento. Hoy lo recuerdo como un honor. No comprendo por qué tantos tapujos de algunos sobre esto que entonces fue para todos un honor.
Era una etapa transitoria, movida por fuertes motivaciones espirituales, que aún no había llegado a concreciones de formas políticas.
Como digo, mi entrevista de Fontainebleau fue oficial. Yo no tenía la dirección de la C.E.D.A. Y ello se demuestra en el mismo artículo de «ABC», en un párrafo que está quince líneas más arriba del párrafo que a mí se me dedica. Exactamente quince líneas más arriba de la misma columna. Allí se habla de otras entrevistas celebradas por el Jefe de la C.E.D.A. con Don Alfonso XIII. Por cierto que, con este motivo, el articulista de «ABC» atribuye al último monarca liberal unas palabras tan desconcertantes para un monárquico, que yo no reproduzco por respeto a las grandezas caídas.
Es cierto que fui desautorizado por el Jefe de la C.E.D.A., aunque, repito, mi viaje había sido oficial. Acaté la decisión porque se me dijo que así convenía. Pasado más de un año, dejé de compartir los criterios que empezaban a imperar, y me aparté de aquella actuación. No tengo conciencia de haberlo hecho por resentimientos personales. Tengo conciencia de haber procedido con el mayor respeto.
Creo que puedo hacer estas declaraciones después de treinta años. Mi silencio ha sido largo. Quizá nunca lo hubiera roto. Pero la provocación de «ABC» ha sido excesiva.
En 1935 pedí el ingreso en la Comunión Tradicionalista. Tomé esta decisión porque me convencí de que la concepción monárquica del Carlismo tiene fórmulas políticas estables para asegurar la convivencia armónica entre las libertades de la sociedad civil y la autoridad del Poder político.
Fui recibido por Don Alfonso Carlos y obtuve el acta de Diputado a Cortes tradicionalista, en 1936, por la Provincia de Burgos, donde se prepararon algunos de los primeros Tercios de Requetés para el Alzamiento del 18 de Julio, en el cual trabajaba, con tan generoso españolismo, Don Javier de Borbón, desde el destierro en que vivía la Dinastía carlista. En Burgos fui el primer Jefe Provincial del Movimiento. Y dentro de la Comunión Tradicionalista tuve el honor de pertenecer a su Junta Nacional y a la Junta Carlista de Guerra.
No sé si decir lo que voy a decir. A los que conocen mi vida privada, les consta la sinceridad de mi decisión al pedir el ingreso en la Comunión Tradicionalista. Les consta, no sólo la sinceridad de mi decisión, sino también la generosidad con que me desprendí de muchas ataduras humanas, aun las más íntimas.
Reconozco que el artículo de «ABC», que se refiere a un hecho ocurrido hace treinta años, tiene hoy la mayor actualidad para dicho periódico. Pero ello es porque la actualidad hoy es el Príncipe de Montejurra. La actualidad hoy es que la futura Monarquía de España ha de ser popular y social, la defendida siempre por los carlistas, y que hoy vuelve a estar vigente por el sacrificio heroico de los Requetés, y por la Ley Fundamental de 17 de Mayo de 1958. Y a esto es a lo que hoy debemos atenernos todos.
3 de Marzo de 1964.
JOSÉ MARÍA VALIENTE
N. de la R.– El párrafo del artículo de «ABC» contestado por Don José María Valiente, es el que textualmente transcribimos a continuación:
«Aún hubo otra posterior entrevista secreta, ésta en Fontainebleau, con Don José María Valiente, diputado afecto a Gil Robles, quien parece que la buscó sin contar con expresa autorización de su Jefe. Además, por una indiscreción periodística, fue conocida, y el Señor Valiente dimitió su cargo tras la obligada y pública desautorización que recibió».
El periodista de la “indiscreción” era Mariano Daranas, a la sazón corresponsal de prensa en París.
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