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Tema: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

  1. #1
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    La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    1. LA FLAMANTE CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA CONCIENCIA REGIONALISTA “CÁNTABRA”.

    2. LA PRIMIGENIA BÚSQUEDA DE UNA IDENTIDAD INCIERTA

    3. LA CAVERNA ÉTNICA COMO REPRESENTACIÓN COLECTIVA



    (Por Antonio Montesino; Año 2000; extraído de la página "Eusko-Media")
    Última edición por ALACRAN; 14/10/2011 a las 17:46
    Donoso y Pious dieron el Víctor.

  2. #2
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    1. LA FLAMANTE CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA CONCIENCIA REGIONALISTA “CÁNTABRA”.

    "El inicio de la redemocratización de España, a finales de los años setenta, supuso una eclosión de los procesos autonomistas promovidos por la oposición al régimen, que incluyó en sus programas, frente a la desprestigiada política de identidad unitaria franquista, cercenadora de las variedades culturales de los pueblos, la lucha por las libertades democráticas y la descentralización política.

    Por vez primera se iba a producir en la historia moderna del país, un amplio consenso en torno a la necesidad de reformular las relaciones económicas, políticas y socioculturales entre el centro y la periferia, a través de un proceso autonómico que permitiera la existencia de un modelo innovador de organización territorial, capaz de “resolver” la “vieja cuestión” de las nacionalidades y regiones en el seno del Estado.

    “Cantabria” (CONOCIDA HASTA 1981, COMO PROVINCIA DE SANTANDER), animada por los aparatos de los partidos mayoritarios y los grupos emergentes de carácter regionalista, también se sumó al movimiento de generalización autonómica, que habría de desembocar, al amparo de la Constitución de 1978, en la obtención de su Estatuto de Autonomía, el año 1981.

    Este nuevo contexto político de efervescencia de lo que bien podría denominarse una ideología autonomista, impulsó un creciente interés hacia lo “autóctono”, como respuesta a la necesidad de forjar en el conjunto de la sociedad “cántabra”, carente de una especificidad etno-territorial, una conciencia regional distintiva, histórica y culturalmente inexistente.

    La búsqueda de lo que los discursos neofolkloristas, obsesionados con la idealización de la vida rural, consideran las esencias remotas de “nuestra historia y cultura ancestrales”, se ha llevado a cabo anteponiendo la retórica nativista, y la ciega exaltación de unos hipotéticos valores regionales, al discurso científico y a la autorreflexión. Tan nefasta filosofía, que cuenta con patente institucional por su efectismo en el rescate de símbolos diferenciadores, fácilmente manipulables, está contribuyendo a suplantar el necesario y riguroso análisis de la realidad de los hechos históricos y culturales, por la invención de una historia y de una tradición de singularidades exclusivistas.

    Con este anémico bagaje referencial, fundamentado en el historicismo y en la lógica de la confrontación victimista, es con el que las nuevas élites etnocráticas cántabras (provinciales santanderinas) asisten a la “concurrencia múltiple etno-territorial”, en el contexto del actual panorama de complejidad y conflictividad intergubernamental, propia del “federalismo concurrente” de nuestra España autonómica...

    Durante las dos últimas décadas, coincidiendo con el debilitamiento de la ciudadanía y la solidaridad, dos de los principios fundadores de las modernas sociedades occidentales, en “Cantabria” asistimos a la re-tradicionalización de la vida cultural y a un uso instrumental de la tradición, con una clara voluntad de pedagogía social, encaminada a la reeducación de amplios sectores de la población en el amor por las costumbres locales como un valor primordial que deben cuidar, conservar y difundir, y que, curiosamente, nos remiten al supuesto mundo idílico de las tradicionales comunidades campesinas, tomado como paradigma de la cohesión y la estabilidad sociales. Se trata, qué duda cabe, de una lectura neo-tradicionalista de la tradición, efectuada en el marco histórico de una sociedad reflexiva y postradicional.

    La permanente invocación retrospectiva a unos supuestos valores espirituales propios de un remoto pasado histórico, se ha convertido en una nueva religión (predicada desde la pequeña y mediana burguesía regionalizante de los ámbitos urbanos, en su deseo manifiesto, política y económicamente interesado, de proyectar su eco en amplias capas de la sociedad) al servicio de la comunicación reproductiva de la “ideología regionalista...

    De este modo se construye socialmente la falsa representación de una regionalidad “cántabra” naturalizada, cuya fuerza integradora se hace derivar de algo dado pre-políticamente, de un hecho independiente de la formación de la voluntad política...

    A nadie debe extrañar la recurrencia a la invención de rasgos tradicionales que apelan, reiteradamente, a la identidad territorial y psicológica de los “cántabros”, porque son estos elementos simbólicos, junto a la memoria histórica (sacralización del tiempo pasado, del espacio y de la etnia que lo habita, en un juego de pertenencias exclusivistas), los que están siendo utilizados, por las élites regionalistas, asentadas en los ámbitos urbanos de la centralidad económico-política, como señaladores identitarios, en sus estrategias de vertebración de una conciencia identitaria que respalde las propuestas de su nuevo “particularismo centrífugo”.

    Es frecuente que la llamada a la pertenencia étnica se apoye en una selección de aquellos símbolos y elementos de la cultura tradicional, verdaderos o falsos, susceptibles de ser empleados como demarcadores eficaces de la identidad colectiva y que ésta se ritualice, periódicamente, buscando los lazos de unión con un pasado remoto que, a través de las prácticas ceremoniales, contribuyan, por el carácter performativo de los ritos, a hacer que los individuos sean quienes creen ser, generando anclajes socio-emocionales que les comprometan con el colectivo, sus normas e ideología.

    Todos los rituales de reforzamiento identitario necesitan hacer acopio discriminado de rasgos del pasado, real o mítico. En cualquiera de los casos forman parte de esa realidad inventada (plausibilidad social) y expresan las transformaciones que se están produciendo en el sistema social. ... En definitiva, textos icónico-verbales de unos grupos re g i o n a l i z a d o res que toman la nostalgia por el pasado feliz, como un símbolo encubridor de sus propios intereses religiosos, económicos, políticos y sociales. No debemos olvidar que los símbolos operan como “fuentes extrínsecas de información” ...

    A través del elogio de la tradición y de la “sociedad tradicional” (en unos momentos en que ésta experimenta una profunda desarticulación y liquidación de sus estructuras y modos de vida), se está justificando, e imponiendo, una concepción del tiempo y de la historia en beneficio de sus manipuladores. De modo significativo, aquélla se relaciona únicamente con las viejas sociedades rurales y con una serie de rasgos, preseleccionados, de la cultura popular. Como si no hubiera, además, tradiciones urbanas y, otras, no precisamente populares. Las asimetrías entre el espacio y el tiempo de las experiencias del pasado y las del presente, se soslayan. La identidad queda así ubicada fuera de toda temporalidad que no sea el tiempo mítico. El tiempo sin tiempo, codificado a partir de una ética y una estética, concebidas en clave neo-tradicionalista.

    Entre el coro de lamentos destacan las voces enturbiadas de algunos sectores que en su día contribuyeron a desarticular la sociedad tradicional hoy retóricamente añorada. Y lo hacen, justamente ahora, cuando sobre la ruina demográfica, económica y cultural de las aldeas rurales se cierne la avidez de los grupos (sus propios intereses) de promoción inmobiliaria y turística que, desde hace unos años, controlan la redefinición y reordenación del territorio y de sus significaciones culturales y simbólicas ....

    Para estos sectores neo-tradicionalistas, que cuentan con el consenso de otros grupos inmersos en el despiste cognitivo que toda relación objetal con la tierra amada implica, la tradición y la sociedad tradicional tienen una inconfesada significación política al convertirse en el referente estructural del “cantabrismo”.

    En última instancia a ciertos sectores sociales, de la derecha y de la izquierda, les encantaría poder invertir el curso de la historia, anular los logros del proceso civilizatorio y reencontrarse con el iluso atavismo de una comunidad perfecta con niveles de organización humana reducidos a la familia y la aldea. ... Sociedad ésta, por otra parte, ya pasada y fenecida, a manos del lógico impacto histórico de los cambios estructurales y sociales (industrialización, urbanización, implantación de la vía capitalista en el sector agrario, etc.), que nada tiene que ver con su falsa conciencia del pasado, debida a una visión ideológica del mismo, fundamentada en la mitificación de las comunidades rurales, entendidas como entes homogéneos y armónicos, carentes de conflictos y diferencias sociales.

    El pasado adquiere estatuto sagrado y deviene paradigmático para las conductas individuales y sociales, ya que lo que en él se hizo es considerado como una verdad intemporal y eterna, que se debe repetir de una forma ritualizada. Estamos ante una tradición mixtificada y mixtificante, reelaborada por las clases dominantes e impuesta como un re f e rente simbólico, perfectamente encajado en los rasgos neoconservadores del nuevo orden social.

    Tradición que, para los defensores del proyecto regional neo-tradicionalista “cántabro” y sus “intelectuales tradicionales”, es pura e inmutable en las esencias (la tierra, el pueblo, los ritos y costumbres, etc.; históricamente descontextualizados y mitificados en sus estructuras, expresiones y representaciones simbólicas)...

    Dicha visión estereotipada de la realidad histórico-antropológica de “Cantabria”, resulta sumamente útil para la elaboración de todo tipo de discursos victimistas y esencialistas.

    Sobre ella, se sostiene el mito agrarista de una sociedad “cántabra” campesina (hecho paradójico en un tiempo de crisis y liquidación intensiva de los fundamentos agrarios del mundo rural tradicional)...

    El antropólogo y, por extensión todo investigador social, no encontrará en la Cantabria actual ninguna comunidad campesina aislada y en estado de hibernación histórica. Por el contrario, descubrirá sociedades que, sobremanera a lo largo del presente siglo, se hallan inmersas en una paulatina liquidación de sus rasgos y fundamentos tradicionales, por el impacto de una progresiva urbanización de los espacios rurales ...
    Última edición por ALACRAN; 14/10/2011 a las 17:45
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  3. #3
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    2. LA PRIMIGENIA BÚSQUEDA DE UNA IDENTIDAD INCIERTA

    Algunos sectores de la sociedad “cántabra”, empeñados en la operación de rescate identitario, queriendo ignorar lo anteriormente expuesto, se obstinan en considerar la actual conciencia regional, cualesquiera que sea su intensidad, como un hecho histórico realmente existente, y legitimable, con anterioridad a la Transición política.
    Para ello incurren, una y otra vez, en un juego de astucias consistente en retrotraer caprichosamente el sentimiento de pertenencia a distintas épocas de la historia, según convenga a sus delirios historicistas.

    Cuando analizamos la historia con un mínimo de rigor, nos damos cuenta que “Cantabria”, al igual que sucedió en buena parte de las restantes regiones que conforman el mapa autonómico del Estado español, inició su cimentación identitaria en paralelo al proceso re-situador de las élites subnacionales que, aprovechando el concreto momento histórico del tránsito democrático y de los cambios socioculturales, propiciaron, impulsaron y desarrollaron, dentro del conjunto de la sociedad cántabra, la invención de una identidad social, al servicio de la defensa corporativa de sus intereses políticos, económicos y culturales.

    Ahora sí, y no hace siglos como pretenden los más fervientes rastreado res de las ancestrales esencias del “cantabrismo”, con claras posibilidades de arraigar entre amplios sectores de la población y constituir el sostén de un sentimiento regionalista diferencial. Socialmente sustentado en nuevos mecanismos de adscripción particularista; y políticamente articulado, y legitimado, al amparo de la nueva realidad histórica del país.

    Los análisis histórico-antropológicos más rigurosos, y con mayor fuerza evidencial, descartan la existencia histórica de una conciencia identitaria entre los habitantes de “Cantabria” y de su consiguiente expresión a través de un regionalismo político.

    En su defecto, tan sólo se reconoce una modalidad histórica de “particularismo centrípeto” ... localizado en unos concretos estratos sociales decimonónicos y edificado sobre interpretaciones tradicionalistas de la historia y de las narrativas literarias, provenientes del costumbrismo inmovilista al uso, tan fascinado por el mundo agrícola del “paraíso” pre-industrial.

    Particularismo éste, por otra parte, claramente ligado a los intereses económicos de la burguesía “castellanista”, que lo concibió centrípeto en homología a la centro-dependencia de sus intereses comerciales. Esta actitud histórica, de subordinación vinculante de la burguesía mercantil santanderina, afirmada en su “liberalismo
    instrumental” y estrechamente unida, en sus intereses estratégicos del momento, a los sectores ostentadores del poder central, fue la que hizo inviable (tal vez quepa decir innecesaria para la defensa de sus privilegios), a finales del siglo XIX y durante el primer tercio del XX, la creación y vertebración histórica, social y política de una identidad (regionalista-nacionalista).

    Lo que hoy denominamos “Cantabria” sólo logró alcanzar su actual proceso de integración territorial político-administrativa en el siglo XIX, con la creación de la Provincia de Santander (1833), como producto final de “una doble iniciativa. La que proviniendo de los Nueve Valles formó en 1778 la Provincia de Cantabria, y la que partiendo de la iniciativa de la Corona cristalizó en 1801 en la llamada Provincia Marítima de Santander.

    Una y otra fueron expresión de dos modos de concebir la integración territorial, bajo el impulso doble y antagónico de la Corona y de las oligarquías locales. Ambas fueron, al mismo tiempo, la manifestación de dos corrientes de interpretación de lo regional que, desde fines del siglo XVIII y a lo largo del siguiente, representaron dos modos de percibir la región: la que se asentó sobre los intereses de la burguesía mercantil santanderina, y los del interior de la Montaña, con mayor arraigo en la tradición montañesa.

    De ellas arranca gran parte de las interpretaciones que consolidaron una imagen distorsionada de la región a partir de los dualismos: (Costa/Montaña; Santander/La Montaña; ciudad/campo)”. Dicha bipolaridad, construida sobre modelos diferenciales de articulación interna, de carácter económico y socio-político, y, al tiempo, históricamente subordinada al mantenimiento de la integración del conjunto de la Provincia de Santander en la región de Castilla la Vieja, por imperativo de la burguesía mercantil santanderina decimonónica, forma parte de una realidad histórica insoslayable que prolonga los efectos de su permanencia hasta nuestros días.

    “Cantabria” mantiene aún esta antigua escisión de su realidad socio-territorial, que ha conformado una dualidad identitaria, en pugna permanente. Históricamente encontramos, por una parte, la visión más conservadora, ligada a la tierra y sustentada por la nobleza propietaria, el clero rural y los campesinos, que construyeron su topos comunitario supra-familiar en torno al espacio eclesial ... Y por otra, la asentada en el espacio urbano de las ciudades costeras (que surgieron del desarrollo de las primigenias villas medievales), ligada a unas élites instruidas liberales, sustentadoras y administradoras del poder que, en el momento de la integración territorial de “Cantabria”, estaban representadas por la burguesía mercantil y sus actividades comerciales.

    Nos hallamos, pues, ante dos modalidades, históricamente divergentes, de ser y percibir(se) “cántabro” que todavía conservan cierto vigor: la correspondiente a la tradición (cultura oral-popular), desarrollada en la subárea interior y la del liberalismo (cultura escrita de adscripción burguesa), propia del ámbito costero .

    “ Tradición” y “modernidad”, reclamándose, igualmente, como la auténtica manera del ser y del sentirse “cántabro”. Simbólicamente diferenciadas en una percepción de la realidad que corresponde a dos puntos de vista: el modelo liberal, interesado en la introducción de reformas en el proyecto centralista de Estado español, y el modelo de la tradición, partidario del mantenimiento del viejo orden. Ambos, sin embargo, coincidentes, por razones instrumentales e ideológicas, en la común defensa de un “particularismo centrípeto”, impuesto por la propia dinámica de los intereses de la burguesía santanderina...
    Última edición por ALACRAN; 14/10/2011 a las 23:55
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  4. #4
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    3. LA CAVERNA ÉTNICA COMO REPRESENTACIÓN COLECTIVA

    En “Cantabria” la presente búsqueda de rasgos demarcadores de identidad, que aún se
    halla en fase de formación y acuñación de un capital socio-simbólico (signos, símbolos, representaciones, organizaciones, etc.), se encuentra afectada por la dialéctica “tradición/modernidad” y por el correspondiente sistema de anclajes/desanclajes que conllevan ambas maneras de entender la organización social de la tradición y de afrontar las consecuencias de la modernidad. No obstante, son las fuerzas centrifuguistas (de lealtad local, opuestas a las centripetistas, de lealtad centralista) las que están orientando el proceso de regionalización de “Cantabria”...

    Si nos preguntamos ¿cómo se produjo la actual invención de la tradición cántabra?, la respuesta necesariamente ha de ser: creando, organizando y difundiendo entre la ciudadanía un corpus ideológico, amalgamado de visiones etnicistas que utilizan y manipulan la historia como arma política al servicio de una mitografía instauradora, de carácter performativo y esencialista, con la que se pretende dar sentido, y significación, a un imaginario colectivo que se define metafísicamente e ignora el hecho multicultural, a la hora de fijar el contenido de la conciencia regional y los patrones normativos de lo que se considera la auténtica manera de ser “cántabro”: “cantabrismo” .

    Dado el carácter difuso de la identidad “cántabra” y la fragilidad discursiva de sus raíces históricas, las perspectivas construccionistas de su regionalismo se han visto obligadas a desarrollar una intensa búsqueda de esquemas interpretativos con los que poder crear marcos de referencia y de movilización identitaria. Para ello, se ha recurrido a una “mitología retrospectiva”, expresada en un mitologema o conjunto de representaciones (imágenes y símbolos) amalgamadas en un todo que, mediante la abstracción de los condicionamientos históricos, soslaya lo negativo y destaca lo positivo, convirtiendo, al tiempo, lo social en natural.

    La vigencia del mito histórico requiere que éste sea arropado por una conveniente funcionalidad: comunicar y contribuir a la satisfacción de las necesidades históricas de una determinada representación colectiva.

    En este sentido es preciso que el mitologema opere como una narración fundante, con tres finalidades básicas:
    1) Mantener, en el ámbito de la memoria colectiva, determinadas formas de solidaridad social y de cohesión grupal.
    2) Legitimar, con referencias forzadas a un tiempo inmemorial, las actuales instituciones sociales y las tradicionales normas de conducta de un pueblo.
    3) Crear demarcadores simbólico-ideacionales que nos remiten a una estructura social preexistente (en ocasiones también premoderna) y a una ritualidad institucionalizadora que, a través del poder normativo de la tradición, se constituye en una astucia política orientada a reimprimir, en la sociedad postradicional, lecturas neotradicionalistas afirmativas del pasado, concebido como modelo ideal a imitar por la presente organización social.

    Veamos, en el caso paradigmático de “Cantabria”, cuál es el principal mitologema de referencia utilizado por los diferentes sectores regionalistas/nacionalistas como signo diacrítico de diferenciación étnica, sobre el cual quiere vertebrarse la legitimación historicista de la autonomía regional:

    1) La primitiva etnia "cántabra" formaba parte de una nación indómita, invicta e independiente, dotada de fronteras propias y de unidad política con conciencia “superior” de nacionalidad.
    2) "Cantabria" fue patria de Don Pelayo y capital de la Reconquista; creadora de Castilla y del idioma castellano; raíz de España y origen de su Monarquía.
    3) "Cantabria", ya en el siglo VII, se hallaba configurada, administrativamente, en forma de Provincia, bajo dominación ducal.
    4) "Cantabria", a lo largo de su historia, ha contado con instituciones autónomas, democráticas y asamblearias (behetrías y concejos abiertos ) en las que sus habitantes, miembros modélicos de unas comunidades armónicas, decidían sobre sus modos de vida y disfrutaban, secularmente, de la privilegiada condición que les otorgaba su inveterada hidalguía universal.
    5) "Cantabria" siempre ha poseído una cultura propia y ha mantenido su independencia respecto a la región castellana, valiéndose de instituciones de integración político- territorial propias.
    6) Existe una continuidad histórica, sin rupturas, entre las instituciones tradicionales y las modernas, cuyo eje socio-genético sería el siguiente: Provincia de Nueve Valles ( 1544-1581) - Provincia de Cantabria ( 1778 ) -Provincia Marítima de Santander (1801) - Provincia de Santander ( 1833 ) -Comunidad Autónoma de Cantabria (1981).

    Llegado este momento, conviene recordar que la historia constituye una poderosa reserva de hechos siempre a disposición del discurso regionalista/nacionalista, facilitándole la necesaria coartada para autentificar la producción y difusión del relato identitario...

    De este modo, el mito impone su realidad, al presentarse como un factor de legitimación, un sistema de valores tomados por hechos. Ahora bien, si nos atuviésemos a la lógica de la historia empírica, estableciendo una distancia analítica, veríamos cómo el mito se desvanece y también cómo deforma el objeto al que se refiere, a la vez que otorga a lo deformado un rango de verdad. En este sentido se puede afirmar que el mito es la expresión de una conciencia objetivamente falsa, aunque no lo sea subjetivamente.

    Los elementos del mitologema, considerados atributos orgánico-naturalistas, en este caso de la región “cántabra”, articulan las claves genético-estructurales de una buena parte del actual proceso social de su construcción identitaria. En el plano de su estructura semiológica cabrían destacarse: la etnia, el territorio, la cultura autóctona y la propia historicidad, como factores que conforman el repertorio de la semantización de base de la dinámica regionalizante, donde la forma lexical "Cantabria" es la palabra llave, o referente principal, de los diferentes campos semántico-conceptuales que vertebran los distintos discursos “cantabristas”.

    - La etnia, concebida, desde la lectura culturalista y primordialista dominante, como algo secularmente preestablecido, se nos presenta con la máscara de una realidad perenne, sustancializada y contenida en el soporte infraestructural del territorio, en tanto espacio propio de la etnia que se concibe autónoma y autosuficiente. De esta manera, el locus (espacio del espíritu del pueblo) se convierte en demarcador simbólico de una identidad étnica que delimita unas determinadas fronteras caractereológicas de la “cantabridad”.

    - El territorio, que, por otro lado, representa una evidente realidad material, sufre, así, un proceso de sobresignificación incuestionable que se retrotrae hasta los orígenes mismos de una etnicidad indómita, que, algunos fundamentalistas (inmunes al desaliento), una vez establecida la relación sintagmática “Cantabria” = etnia, proponen, en su semantización victimista de la comunidad, como un modelo conductal para el presente vindicativo. Modelo sobrecargado de prestigiosas connotaciones, al mostrársenos la tierra “cántabra”, mediante un proceso metonímico, como el incólume territorio fundacional de España: su lengua y su Monarquía originaria.

    - Por otro lado, la supuesta cultura autóctona, en su faceta de elemento estructural del proceso etnogenético, aparece como la manifestación última y totalizadora de la etnicidad. Y, al igual que la etnia, es objeto de una sobredeterminación que la transfigura en una forma naturalizada, anterior a cualquier organización política.

    La exaltación de la existencia de una pretendida cultura propia cumple funciones integradoras y de autoidentificación de los consumidores del mito, unidos por iguales lazos primordialistas. Restituye los sentimientos difusos de la colectividad y moviliza las voluntades a favor de la defensa de la etnicidad, concebida como idea-fuerza y persistencia histórica...

    El análisis pormenorizado del anterior menú de falsificaciones históricas, sin duda alguna, desbordaría las dimensiones de este trabajo. No obstante, sí quisiera, con independencia de la plausibilidad social que dicho constructo haya llegado a obtener, llamar la atención sobre algunos de los aspectos más evidentes de este inconsistente repertorio mitográfico. En él, cualquier lector de valía que sepa reconocer la importancia de la razón histórica como limitadora de la credulidad y de la fantasía mítica sobre las sociedades del pasado puede observar cómo la racionalidad histórica se distorsiona y simplifica, encerrándola en el útero matricial de una falsa tradición inventada.

    Estas visiones etno-históricas (lo irreal soñado frente a lo real interpretado) son, en suma, un mecanismo de cohesión social, destinado a provocar una toma de conciencia regionalista/nacionalista entre aquellos sectores de votantes que se sienten, o pueden llegar a sentirse, emocionalmente comprometidos con la estrategia de una religión civil que pretende hacernos ver el pasado, y su orden jerárquico, convertido en futuro.

    De esta manera, se hace un uso manipulador de la historia con una clara voluntad política. Baste, a este respecto, advertir el carácter esencialista del mitologema histórico, puesto de manifiesto en el nulo valor analítico y en la arbitraria utilización a-histórica de las formas lexicales: nación, democracia, hidalguía, independencia, cultura, etc.

    A lo que ha de
    añadirse la absoluta carencia de un mínimo rigor científico en la narración, sin duda fantástica, del pasado "cántabro", entendido éste como un tiempo histórico homogéneo, sin sometimiento alguno al devenir y a una continua dialéctica de cambios, adaptaciones y persistencias.

    En estas representaciones (una manera de lobotomización de la memoria social) se evidencia, de igual modo, la perspectiva estática con la que este tipo de historiografía inmanentista contempla la supuesta realidad dorada de las comunidades rurales tradicionales, ilusamente percibidas como sociedades armónicas sujetas al orden de un microuniverso de reglas inmutables. En definitiva, se está respondiendo a la (creada) necesidad social de una conciencia del pasado colectivo con planteamientos mitohistóricos.

    En este empeño se sustituyen el diagnóstico científico y la crítica cultural por la dimensión apologética y autojustificativa de la ideología regionalista/nacionalista, cuyos sujetos portadores se obstinan en defender y perpetuar unas estructuras de relación social y unos sistemas de creencia y de valor anclados en el contexto de la sociedad tradicional en la que tuvieron su origen.

    Todo lo cual configura el atrezzo de la manipulación discursiva de la supuesta diferencialidad histórica con el objeto de convalidar interpretaciones sesgadas del pasado, utilizándolo para subvertir la complejidad del presente. Se trata del rescate instrumental de un tiempo pretérito mitificado, en respuesta a coyunturas nuevas, mediante la exaltación de situaciones antiguas, cuyo propósito último no es otro que imponer, y arraigar, en el presente una visión mito-histórica del pasado.

    ¿Quiénes son los actores sociales del proceso constructivista de la actual invención de la tradición en "Cantabria"? .... En una fase inicial son los líderes políticos, establecidos en los medios urbanos, los principales encargados de promover intensas movilizaciones a favor de la reivindicación identitaria, con el apoyo de los servicios auxiliares de la intelligentsia descubridora y propagadora de las esencias regionales, que, en un segundo momento, asumirá el liderazgo de la pausada, y pautada, labor de construcción cultural de la región / nacionalidad.

    ¿Cómo han desarrollado estos grupos la puesta en escena de sus narrativas regionalizantes?

    En primer lugar, liberando a ciertas capas de la población de los anteriores marcos cognitivos de referencia y de obediencia centralistas, mediante el acceso al monopolio de los discursos y de las movilizaciones públicas, en favor de la construcción social de un consenso identitario de carácter centrífugo, sobre el cual se van armado los campos de identidad ( protagonistas, antagonistas y audiencias) y los esquemas interpretativos propios de los marcos de referencia ... que soportan los nuevos procesos de atribución de significado y las nuevas construcciones cognitivas de reivindicación, protesta y cohesión social, fundamentadas en la transformación mediática (comunicación persuasiva) de las creencias, identidades y plausibilidades sociales, anteriormente compartidas.

    En segundo lugar, articulando y promoviendo, desde las instituciones autonómicas, redes clientelares (económicas, culturales e ideológicas) en distintos ámbitos de la vida pública (prensa, editoriales, fundaciones e industrias culturales mantenidas con fondos públicos y dedicadas a la política patrimonial, museológica y de conmemoración regionalista) con el fin de obstaculizar la verdadera democratización cultural y potenciar, hasta la desmesura, el crecimiento de los relatos de autoctonía, imponiendo la memoria oficial como memoria colectiva, en detrimento de las modernas formas de trans-regionalización cultural.

    ¿Para qué tan ingente y onerosa construcción identitaria?

    Desde mi perspectiva de análisis
    crítico, tras la mascarada de la defensa a ultranza de un modelo identitario esencialista, generalmente, suele ocultarse el uso instrumental de la tradición, inventada con el objeto de:

    1) Dar curso a los postulados ideológicos y programáticos del proyecto político neotradicionalista, reforzando su hegemonía populista entre la clientela electoral con hábitos de obediencia pasiva.

    2) Falsear la historia para justificar la legitimidad y el papel redentorista de las élites delegadas: los buenos cántabros , fieles al esquema argumental de todo nacionalismo/ regionalismo: paraíso original perdido, decadencia y resurgimiento nacionalista/regionalista.

    3) Obtener, desde el victimismo protestatario, el agravio comparativo y la supuesta humillación colectiva, ventajas fiscales y presupuestarias.

    4) Conservar los poderes y privilegios de las capas etnocráticas que, mediante su reasentamiento en las esferas del poder autonómico, controlan el manejo de los recursos disponibles y su redistribución prebendataria entre las redes del moderno clientelismo de partido.

    5) Reforzar la imagen atávica de un unanimismo idílico de naturaleza comunitarista, doctrinario y coactivo, que contenga los efectos entrópicos del multiculturalismo realmente existente, sin reparar en las consecuencias xenófobas y el deterioro democrático que de ello se derivan.

    6) Imponer una visión del mundo social y una homogeneidad forzosa que niega, y estigmatiza, la memoria disidente del otro (forastero o nativo) y no admite el derecho a la distinción entre las múltiples identidades existentes. Proceso éste en el que se cuenta con la ayuda aliada de la intelligentsia regionalista/nacionalista, formada por auténticos grupos de presión (favoritos, beneficiarios y aduladores) que pugnan por asegurarse el control de las prebendas, materiales y simbólicas, repartidas por el mesogobierno.

    ANTONIO MONTESINO
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    Tu quoque, Brute, filii mei! (leer Santander/Cantabria en vez de Brute)

    Bueno, ahora a esperar que empiezen a brotar los sentimientos regionales a nivel de ciudad / villas para destruir de forma brutal a nuestra querida España. Volveremos al los tiempo de piedra cuando las trubus en si formaban nucleos aislados. Vaya futuro.

    De esta forma no necesitamos enemigos exteriores, dado que con los que tenemos en España (los separatistas) nos sobran mas de la cuenta.

    Como es posible todo esto??

  6. #6
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    ALACRAN está desconectado YO, TESTIGO DE CARGO
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    - España, nuestra patria, es una tierra muy dada a la producción de idiotas, sobre todo en los últimos tiempos. No es que nuestro país haya emprendido una marcha rápida hacia la segregación de regiones hermanas de la patria común, es que se desliza peligrosamente hacia el tribalismo puro y duro. Algo muy parecido lo vimos ya en la I República Española, donde Cartagena se convirtió en cantón independiente y atacó a la Provincia de Murcia.

    Ya hemos contando en este blog más de una vez, como el Régimen emanado de la Constitución de 1.978 se dedicó sobre todo a destruir a Castilla para allanar el camino al separatismo antiespañol. El caso de Cantabria es uno de los más notorios. Resulta que Santander, que es la Cuna de Castilla, que siempre fue el Puerto de Castilla, donde los más viejos títulos nobiliarios castellanos tienen su origen y que jamás ha sido región o entidad política separada de Castilla, se convirtió por obra y gracia de cuatro traidores en autonomía separada. Y digo cuatro traidores porque esta decisión nunca fue sometida a pleibiscito popular (al igual que pasó con Madrid, Castilla La Mancha, Castilla y León o La Rioja) y todo fue fruto como digo de cuatro empresarios malnacidos, sin olvidar la colaboración del nacionalismo vasco (para variar…) y del Congreso de los Diputados.

    Dice la Constitución Española en su Artículo 143.1:
    “En el ejercicio del derecho a la autonomía reconocido en el artículo 2 de la Constitución, las provincias limítrofes con características históricas, culturales y económicas comunes, los territorios insulares y las provincias con entidad regional histórica podrán acceder a su autogobierno y constituirse en Comunidades Autónomas con arreglo a lo previsto en este Título y en los respectivos Estatutos”.

    A la vista de esto, ¿tenía la Provincia de Santader una Cultura o Historia diferentes a la del resto de Castilla?. No. Es más, esta preciosa tierra era reconocida como castellana practicamente ya en el Siglo IX, cuando ya era el Puerto de Castilla. Nadie la denominaba Cantabria y nadie jamás pidió su segregación del tronco común castellano. Pero eso no fue obstáculo alguno para que se recuperara este término sacado de la noche de los tiempos, y Cantabria, cuyos límites geográficos en tiempos de los romanos abarcaba parte de Santander, Burgos, Vizcaya y Asturias, apareciera como región separada y diferenciada de Castilla. ¿Se imagina alguien que a los madrileños se nos hubiera ocurrido borrarnos ese título para reivindicarnos Carpetanos y llamáramos a Madrid Carpetania?. Bueno, quizá con el tiempo y tal cual van las cosas, lo veamos.

    Pero es que hay más. Siendo Santander una provincia limítrofe con Vascongadas y siendo un bocado muy apetecible para el nacionalismo vasco (Arana, indigente mental, no diferenciaba al principio entre cantabros y vascos), era cuestión de tiempo que allí comenzaran a crecer grupos secesionistas, los cantabristas. Los cántabros fueron un pueblo de raíz celta que combatió ferozmente a los romanos hasta el Siglo 19 a.C., en que fueron vencidos, exterminados y los supervivientes distribuidos como esclavos por todo el Imperio. A pesar de ello, los cantabristas se remiten racial y étnicamente a este pueblo.

    Ya tienen un héroe antirromano a la manera de Asterix, Corocotta (algunos historiadores lo tildan de simple bandido de la época), tienen un emblema “propio”, el Lábaro (que también aparece por Asturias y Vascongadas) y tienen una “lengua propia”, el Cantabru, consistente en usar el Castellano cambiando las palabras terminadas en O por la U. Suena ridículo pero funciona, a juzgar por las manadas de indigentes mentales que con bases tan ridículas piden hoy abiertamente la autoderminación y la soberanía para el pueblo cantabro, utilizando como pantalla propagandística tanto Internet como el Fondo Sur del Estadio del Sardinero.

    Y es que todo esto es de locos, si tenemos en cuenta que Cantabria es una de esas autonomías deficitarias que no es capaz ni de sostener por sí misma su red de carreteras y que depende por completo del Estado para poder pagar su Parlamento Regional, sus diputados regionales y todos los funcionarios de esa autonomía (para esto sí hay pasta, para las pensiones no). Por supuesto los cantabristas forman parte de esa extrema izquierda que se dedica a sabotear actos patriotas en la Universidad, que no duda en reprimir por la violencia a cualquier joven que luzca por Santander una bandera española o castellana y que se hermana en acampadas con lo más selecto del separatismo vasco y catalán para regocijo de liendres, piojos y demás parásitos que suelen anidar en los cuerpos humanos carentes de higiene.

    Por fortuna la Historia y los documentos están ahí para dejar claras las cosas. Castilla fué en principio un condado asturleonés, fruto de la prolongación oriental de la Monarquía Asturiana desde La Montaña santanderina. Los primeros habitantes del Norte de Burgos eran esos foramontanos de Santander, de estirpe racial basicamente celta, romana y sobre todo visigoda, que manejaban con la misma habilidad la hazada con la que cultivaban la tierra, que la espada con la que la defendían sus haciendas y las vidas de sus familias. Esos mismos foramontanos que para librarse de los saqueos de vascos y moros, no dudaron en levantar los primeros castillos sobre antíguas fortalezas romanas y cuya tierra años más tarde los mismos sarracenos llamarian Al-Quilá o Al-Quilé, la Tierra de los Castillos, Castilla. Los mismos foramontanos que junto a navarros, vascos, gallegos y leoneses siglos más tarde, repoblarian extensas tierras al Sur de Burgos, recuperadas de los invasores musulmanes y cuyos genes se encuentran hoy repartidos por media España.

    Cantabria es Castilla « Resistencia Castellana
    jasarhez, Luis de Lucena y Pious dieron el Víctor.

  7. #7
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    La conciencia o la identidad diferenciadora de los mal llamados Cántabros no es una invención constitucional, lo que si es una invención constitucional es otorgar a esa dualidad diferenciadora de "Castellano" versus "Montañés" unas leyes e instituciones particulares. La denominación tradicional con la que desde la Baja Edad Media se les llama a los Cántabros era "Montañeses". Por ejemplo Gonzalo Fernández de Oviedo, recordando la procedencia de los colonos que acudían a la isla de La Española:

    «…Quanto más que han acá passado diferentes maneras de gentes : porque aunque los que venían eran vasallos de los reyes de España, ¿quién concertará al vizcaíno con el catalán, que son de tan diferentes provincias y lenguas?, ¿cómo se avernán el andaluz con el valenciano, y el de Perpiñán con el cordobés, y el aragonés con el guipuzcoano, y el gallego con el castellano (sospechando que es portugués), y el asturiano e montañés con el navarro?, etc. E assí desta manera, no todos los vasallos de la corona real de España son de conformes costumbres ni semejantes lenguajes…»

    jasarhez dio el Víctor.
    Libra zagun, mutillak, España lepratik,
    harturik hontarako fusillak bertatik;
    ekarriko dizkigu pakiak gerratik,
    poztutzen dala oso mundua gugatik.

    Españan española da Don Karlosena,
    ekarri zagun hura ahal degun lehenena;
    konfiantza jar zagun oso harentxena,
    berak emango digu gustorik onena

    POR DIOS Y POR ESPAÑA VICTORIOSOS DE TODOS SUS ENEMIGOS, SIN PACTOS NI MEDIACIONES.

    .“Miguel, Miguel, Miguel guria,
    Zaizu, zaizu Euskalerria”.

  8. #8
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    Líneas más arriba se dice que a la Provincia de Santander nadie la denominaba Cantabria. Bueno, esto no se corresponde en nada con la Historia, ni con los documentos, ni con la tradición ni con nada. Es sencillamente mentira eso de "nadie la denomimaba Cantabria".

    Sería prolijo citar las referencias a Cantabria (no a la antigua y primitiva). El españolísimo Menéndez Pelayo, cántabro se definía al igual que montañés, y la "dulce Cantabria" deseaba como el lugar dónde deseba morir cúando le llegaría la hora.

    Los ilustres de la Cantabria moderna, Menéndez Pelayo, Concha Espina, Amós de Escalante, Gerardo Diego, etc y etc siempre cantaron y escribieron sobre su tierra, sobre Cantabria y cántabros se llamaron a ellos mismos.

    Saludos.

  9. #9
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    Será prolijo, pero necesario para sustentar tu afirmación traer las fuentes.
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


  10. #10
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    Compañero Donoso. Es que sería imposible citar todo, porque son miles y miles las referencias. Sería imposible. Pero podemos empezar en el siglo XIX, en un capítulo triste de nuestra historia patria. Cuándo entraron los franceses se lanzó la siguiente proclama:

    66008721.jpg

    Y de esta forma capitulaba Cantabria ante el Ejército Francés una vez que ya era imposible defender este trozo de España.

    Capitulación que la Junta General de la Provincia de Cantabria establecida en la Ciudad de Santander propone al Sr. General en Jefe del Ejército Francés que viene por el camino real de Reinosa: 1ª. La Provincia de Cantabria representada por una Junta General habiendo sido forzada por el Pueblo a tomar las Armas en su defensa, vuelve a reconocer al presente Gobierno de Madrid, y quiere seguir la Ley General de la Nación Española. 2ª. Pide al Sr. General del Ejército Francés un olvido de todo lo pasado; Indulto general y particular de todas las personas en la Provincia sin excepción; la conservación individual de todas las propiedades, de todos los empleados militares y civiles en sus respectivos servicios. 3ª. Ofrece contribuir eficazmente a que se desarmen todos sus naturales. 4ª. Y para que el pueblo no abuse otra vez de la fuerza pide al Sr. General una guarnición de mil hombres en Santander. Para entregar esta capitulación ha nombrado la Junta a Don José María Gutiérrez de Palacio, Caballero de la Distinguida Real Orden de Carlos III, y Maestre de Ronda, a D. Francisco Sayús, Cónsul primero del Real Consulado de esta Ciudad, y al Caballero Oficial de las tropas del país, que se preste a esta diligencia. Santander y Junio 21 de Junio de 1808. Firmado. Por los Señores individuos, que constan del oficio precedente, y por otros de la Suprema Junta. Rodríguez de la Guerra. Luis del Campo, Secretario.



    "Los generosos cántabros no pueden aprobar con la indolencia la usurpación del reino, ni consentir la violenta abdicación, que se arrancó de su legítimo monarca, llevándole a país extranjero, y poniéndole entre cañones y bayonetas para hacer una renuncia; que nada valdría aunque ejecutada fuese en plena libertad y en medio de sus pueblos porque la soberanía es de ellos, y no es creíble que un rey católico faltase perjuramente a lo que prometió en su proclamación y reconocimiento de príncipe de Asturias.(...)"

    Santander y agosto 29 de 1808.
    Rafael Tomás, obispo de Santander y regente de la provincia, Juan Domingo Rosillo y Anachurri, Juan Nepomuceno Muñoz, Jacinto Antonio de Posada, Joaquín de Ceballos, Julián Bringas, Francisco Placido de la Pedraja, Ángel Gutiérrez de Celis, Francisco Javier Quintana, Juan Enrique de la Migada.
    Última edición por Españolista; 28/04/2014 a las 01:37

  11. #11
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    En efecto, el tema es prolijo y complejo:


    El R.P.M.
    Fr. Henrique Florez,
    vindicado
    Del Vindicador de la Cantabria,

    Don Hypolito de Ozaeta y Gallaiztegui

    Por el P.M. Fr. Manuel Risco,
    del Orden de S. Agustín.

    En Madrid.
    En la Imprenta de Don Pedro Marin
    Año de 1779
    Con las Licencias necesarias


    Con tan extraño título para nosotros, dispongo de este antiguo libro en un estado inmejorable. Pero su lectura nos lleva a cuestiones que se remontan a dos mil años atrás. Y así dice el autor:

    "En ella se convence hasta la evidencia el error vulgar, que en el nombre de Cantabria comprehendia solo las tres Provincias de Alaba, Vizcaya, y Guipúzcoa, excluyendo enteramente las montañas de Burgos, que segun todos los Geografos, é Historiadores, debian reputarse si no por toda la Cantabria, á lo menos por parte suya cierta, é indubitable. En ella se demuestra la falsedad de los que escribieron, que las guerras de Augusto tan celebradas en las Historias, se movieron con el fin de conquistar las tres Provincias referidas; y se comprueba con multitud de testimonio expresos, que la unica parte de España, que entonces no estaba sujeta á los Romanos, era la confinante con las Asturias, y que efectivamente fue ésta, contra quien se dirigieron siempre los egercitos de aquel Emperador. En ella se hace patente, que toda la region tuvo el nombre de Cantabria despues de Augusto, fue penetrada por los Romanos, y quedó sujeta, sin excepcion de alguna parte suya al Imperio."

    Prólogo, págs., 3 y 4.

    La reproducción del texto es literal, y se ve el estilo de entonces y se comprueba que las reglas de ortografía eran otras, luego, no son faltas.

    Se trata de una disertación de 179 páginas en las que el autor realiza numerosas citas a otros textos. Parece ser que se trató de una polémica en día entre dos estudiosos de la Historia y éste texto es la réplica de uno de ellos, el cual afirma claramente que el topónimo Cantabria queda recogido después de Augusto. Otra cuestión será la extensión que pudo haber tenido y que, por lo que se ve, no se limitaría a La Montaña.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


    Nada sin Dios

  12. #12
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

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    Cúando José María de Pereda entró en la Academia de la Lengua, Galdós se expresó en los siguiente términos en 1897:

    "(...)de tal modo se infiltra y compenetra el espíritu de Pereda en la región cántabra, que no hay forma ni manera de separarlo de ella.(...) Ama con pasión exclusiva los valles melancólicos de su tierra, y la capital cántabra, donde no hay piedra, ni ladrillo, ni alero, ni poste que no le hable, que no le mire, que no despierte en él sentimientos familiares, sonriendo con sus alegrías y llorando con sus penas. Cantabria es su nido.(...) No esperéis curarle de ese amor a la región nativa, enclavada entre el mar y el monte; no penseis que ha de tomar cariño a la vida bulliciosa de acá, ni que hemos de conquistarle con los honores que aquí se le tributen; esfuerzo grande ha tenido que hacer para venir a recibirlos no porque no los estime en lo que valen y significan, sino porque no puede vivir fuera de la maternal compañía de la Naturaleza...porque en esas soledades existe el alma mater que da luz a su ingenio y lo hace fecundo y pujante".



    Cúando SS.MM llegaron a Santander para estrenar el Palacio de la Magdalena el periódico El Cantábrico decía:

    Desde los ventanales de su residencia, abiertos al mar, y al campo, verán las aguas del Cantábrico y las cumbres de nuestras montañas, grandes y fuertes como el hidalgo corazón de Cantabria. Su grandeza les asegura el respeto de todos los hijos del solar montañés que tienen la nobleza por escudo y la lealtad por su mejor ley. El CANTÁBRICO, que siempre ha deseado feliz estancia en la capital de Cantabria, Santander, al Jefe del Estado, le ofrece hoy también el testimonio de su respeto, deseándole que la tierra de Santander le sea propicia en afectos y en tranquilidad, al lado de la Reina y de sus augustos hijos”.


    [El Cantábrico. Martes, 5 de Agosto de 1913. Los Reyes en el Palacio de la Magdalena.]




    A la muerte de Pereda el ilustre Menéndez Pelayo dijo:

    "Cuando el hacha de la muerte le hirió se conmovieron hasta las raíces del árbol tradicional de nuestra vieja Cantabria, que antes desafiaba impávido los vientos y las tempestades y hoy tiende lánguido y mustio su ramaje sobre la tumba de su cantor excelso. En nombre del pueblo de Santander y en nombre especialmente de la familia de Pereda, doy las gracias a cuantos han concurrido al esplendor del presente homenaje.

    [Palabras de gracias pronunciadas por Menéndez Pelayo que presidía la Velada Necrológica en honor de Pereda, que tuvo lugar en el Teatro Español de Madrid, el 25 de Abril de 1906.]
    Última edición por Españolista; 28/04/2014 a las 01:40

  13. #13
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    Palabras de Eulogio Velarde (sobrino de Pedro Velarde) al llegar los voluntarios cántabros al puerto de la Habana en diciembre de 1869 para defender la españolidad de la isla antillana:


    ¡Montañeses!

    Los españoles de ambos mundos residentes en esta capital, acudimos gozosos a daros la bienvenida, a dirigiros fraternal saludo y a manifestaros que antes de que hubiese llegado la noticia de vuestra venida, os esperábamos, porque conocemos vuestra leal decisión, vuestras altas virtudes.
    Pródigos siempre de valor y de sangre los indomables cántabros, centinelas avanzados de la honra y de la gloria de nuestra amada España, jamás dejaron de acudir, hijos generosos, allí dónde pudieron peligrar objetos tan queridos a su corazón. A los cántabros corresponden de derecho lo más bellos cantos de esa magnífica epopeya llamada Historia de España. Cántabros fueron los que desde sus libres montañas opusieron terrible al dique al invasor torrente de las huestes romanas, humillando más de una vez el altivo orgullo de la legión Augusta y otras no menos aguerridas; cántabros los que iniciaron el movimiento de reconquista que tantos días de gloria dio a la patria en una lucha de setecientos años: ¡no fueron necesarios menos para lavar la mancha del Guadalete! Y viniendo a más moderna época, de los cántabros son los más floridos laureles de San Marcial, Tolosa, y otros cien combates librados durante la última guerra de nuestra independencia. Cántabro fue Velasco, el héroe defensor del Morro; cántabros fueron Alcedo, Bustamante, Ceballos e Ibáñez de Corvera; cántabro fue el inmortal Velarde, el primer martir de la libertad española, cuya imagen trasladada a ese lienzo, parece cómo su sombra que viene a recibiros cariñosa en estas playas y a alentaros vuestra noble misión. (...)





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    VIERNES. 26 DE JUNIO DE 1931. EL DIARIO MONTAÑÉS.

    ANTE LA JORNADA ELECTORAL DEL DOMINGO

    La candidatura regional independiente



    Evidentemente la candidatura regional independiente no tiene ya impugnadores. Lo demuestran los triunfales éxitos en estos días han constituido, por decirlo así, lo más sobresaliente y trascendental que en materia de propagando electoral se había hecho hasta hoy en Cantabria. Ahora ya nuestros adversarios, proclaman algo alarmados que la candidatura de nuestros dos amigos es la que más inquietud les parece. (…)Una prueba elocuente de este resurgir de la sana política cántabra, es el entusiasmado cortejo que sigue a nuestros amigos en cuanto llegan a un lugar cualquiera de Santander.

    Los Jaimistas

    El Comité Superior Legitimista de Cantabria, recomienda a todos los afiliados a la Comunión Tradicionalista y a sus simpatizantes que voten íntegramente la candidatura Regional Independiente montañesa, con exclusión de todo otro nombre.






    MARTES. 30 DE JUNIO DE 1931. EL DIARIO MONTAÑÉS.

    LA VICTORIA DEL DOMINGO

    Orgullosa puede estar la provincia de Santander por el magnífico espectáculo de seriedad y de ciudadanía dado el domingo pasado con motivo de las elecciones para las Constituyentes. Y al mismo tiempo pueden estar satisfechos todos los sectores que formando un frente único y desplegando una sola bandera dieron la prueba admirable de montañesismo, saliendo triunfante de las urnas la candidatura regional independiente, integrada por don Lauro Fernández y don Pedro Saínz Rodríguez.
    Sin protección oficial y con la simple neutralidad de los Poderes públicos, la candidatura regional independiente ha podido recoger a su alrededor millares y millares de voluntades que con el lema magnífico y admirable de Dios y Cantabria supieron mantener íntegros sus derechos y conservar para sus representantes el lugar que les correspondía. (...)

    La tierra de Cantabria ha demostrado que no en vano es la patria de Menéndez Pelayo y José María de Pereda, en este momento histórico en que los intereses materiales y morales de la patria atraviesan una honda crisis. Fuerte, potente e indomable, el recio espíritu varonil de nuestra raza ha sabido decir a amigos y adversarios que en Cantabria las voluntades y las inteligencias no serán dominadas.

    El pueblo de Cantabria tiene su voz en las Constituyentes. Sus derechos no serán hollados. La justicia de su causa será respetada. No enmudecerá en las altas asambleas. El alba de nuestro triunfo fue el amanecer brillante de un día glorioso para la tierra cántabra.

    Hidalga Cantabria, Vieja Montaña, que guardas en tu seno los tesoros de un pasado esplendoroso y que conservas en tus hijos el espíritu valeroso que sabe lanzarse a lejanas tierras para conquistarse una plaza bajo el sol, supiste triunfar el último domingo en las luchas legales, y has sabido hacer respetar tu derecho a conservar incontaminado tu pensamiento y tu razón. No olvides, pues, lo que sellaste el domingo, la paz con tus hermanos, la unión de todas las voluntades, cuando éstas no tienen otro fin que el bien; la firme afirmación de que Cantabria tiene en los peñascos de sus montañas grabados indeleblemente la Cruz del Redentor,(…).

    Cantabria redimida, ya que no estará sujeta más a las veleidades de los defensores del Poder. Cantabria católica ha sabido afirmar que mientras en nuestra tierra haya espíritus montañeses que amen y respeten a la Montaña, la fe de nuestro pueblo no morirá.

    _________________
    Última edición por Españolista; 28/04/2014 a las 01:59

  14. #14
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    No es cierto que nadie la denominaba Cantabria. Es cierto que fuera de Cantabria hasta que este nombre no se ha institucionalizado el resto de compatriotas no nos conocían por Cantabria sino por el nombre de Santander o por la Montaña. Pero en Cantabria, como digo, ese nombre siempre ha sido muy querido y siempre se ha usado junto al de la Montaña, como está demostrado.

    Por otro lado, considero erróneo el título de este hilo pues en Cantabria nunca se ha hablado de "regionalismo santanderino" sino de "regionalismo cántabro" que nada tiene que ver con los nacionalismos. En Cantabria, el término "Santander" hace referencia a la querida capital de la región.

    Para culminar el tema os posteo la narración de José María de los Corrales, cántabro carlista nacido en 1853 y que combatió en la última Guerra Carlista cuando tenía entonces 20 años de edad. Por cierto, entonces había batallones cántabros y batallones castellanos, además de otros territorios de España. El órgano o entidad que dirigía esos Batallones Cántabros se llamaba la Junta a Guerra de Cantabria, dirigida por Fernando Fernández de Velasco. Al final, dejo el edicto del Ayuntamiento de Santander ante la muerte de su más ilustre hijo, Marcelino Menéndez y Pelayo, en 1912. También dejo la noticia de la creación de los Voluntarios de Cantabria creados en 1896 para defender, de nuevo, la españolidad de Cuba.

    dibujocv.jpg


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    Última edición por Españolista; 28/04/2014 a las 02:16
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  15. #15
    Avatar de Valmadian
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    Cita Iniciado por ALACRAN Ver mensaje
    3. LA CAVERNA ÉTNICA COMO REPRESENTACIÓN COLECTIVA

    En “Cantabria” la presente búsqueda de rasgos demarcadores de identidad, que aún se
    halla en fase de formación y acuñación de un capital socio-simbólico (signos, símbolos, representaciones, organizaciones, etc.), se encuentra afectada por la dialéctica “tradición/modernidad” y por el correspondiente sistema de anclajes/desanclajes que conllevan ambas maneras de entender la organización social de la tradición y de afrontar las consecuencias de la modernidad. No obstante, son las fuerzas centrifuguistas (de lealtad local, opuestas a las centripetistas, de lealtad centralista) las que están orientando el proceso de regionalización de “Cantabria”...

    Si nos preguntamos ¿cómo se produjo la actual invención de la tradición cántabra?, la respuesta necesariamente ha de ser: creando, organizando y difundiendo entre la ciudadanía un corpus ideológico, amalgamado de visiones etnicistas que utilizan y manipulan la historia como arma política al servicio de una mitografía instauradora, de carácter performativo y esencialista, con la que se pretende dar sentido, y significación, a un imaginario colectivo que se define metafísicamente e ignora el hecho multicultural, a la hora de fijar el contenido de la conciencia regional y los patrones normativos de lo que se considera la auténtica manera de ser “cántabro”: “cantabrismo” .

    Dado el carácter difuso de la identidad “cántabra” y la fragilidad discursiva de sus raíces históricas, las perspectivas construccionistas de su regionalismo se han visto obligadas a desarrollar una intensa búsqueda de esquemas interpretativos con los que poder crear marcos de referencia y de movilización identitaria. Para ello, se ha recurrido a una “mitología retrospectiva”, expresada en un mitologema o conjunto de representaciones (imágenes y símbolos) amalgamadas en un todo que, mediante la abstracción de los condicionamientos históricos, soslaya lo negativo y destaca lo positivo, convirtiendo, al tiempo, lo social en natural.

    La vigencia del mito histórico requiere que éste sea arropado por una conveniente funcionalidad: comunicar y contribuir a la satisfacción de las necesidades históricas de una determinada representación colectiva.

    En este sentido es preciso que el mitologema opere como una narración fundante, con tres finalidades básicas:
    1) Mantener, en el ámbito de la memoria colectiva, determinadas formas de solidaridad social y de cohesión grupal.
    2) Legitimar, con referencias forzadas a un tiempo inmemorial, las actuales instituciones sociales y las tradicionales normas de conducta de un pueblo.
    3) Crear demarcadores simbólico-ideacionales que nos remiten a una estructura social preexistente (en ocasiones también premoderna) y a una ritualidad institucionalizadora que, a través del poder normativo de la tradición, se constituye en una astucia política orientada a reimprimir, en la sociedad postradicional, lecturas neotradicionalistas afirmativas del pasado, concebido como modelo ideal a imitar por la presente organización social.

    Veamos, en el caso paradigmático de “Cantabria”, cuál es el principal mitologema de referencia utilizado por los diferentes sectores regionalistas/nacionalistas como signo diacrítico de diferenciación étnica, sobre el cual quiere vertebrarse la legitimación historicista de la autonomía regional:

    1) La primitiva etnia "cántabra" formaba parte de una nación indómita, invicta e independiente, dotada de fronteras propias y de unidad política con conciencia “superior” de nacionalidad.
    2) "Cantabria" fue patria de Don Pelayo y capital de la Reconquista; creadora de Castilla y del idioma castellano; raíz de España y origen de su Monarquía.
    3) "Cantabria", ya en el siglo VII, se hallaba configurada, administrativamente, en forma de Provincia, bajo dominación ducal.
    4) "Cantabria", a lo largo de su historia, ha contado con instituciones autónomas, democráticas y asamblearias (behetrías y concejos abiertos ) en las que sus habitantes, miembros modélicos de unas comunidades armónicas, decidían sobre sus modos de vida y disfrutaban, secularmente, de la privilegiada condición que les otorgaba su inveterada hidalguía universal.
    5) "Cantabria" siempre ha poseído una cultura propia y ha mantenido su independencia respecto a la región castellana, valiéndose de instituciones de integración político- territorial propias.
    6) Existe una continuidad histórica, sin rupturas, entre las instituciones tradicionales y las modernas, cuyo eje socio-genético sería el siguiente: Provincia de Nueve Valles ( 1544-1581) - Provincia de Cantabria ( 1778 ) -Provincia Marítima de Santander (1801) - Provincia de Santander ( 1833 ) -Comunidad Autónoma de Cantabria (1981).

    Llegado este momento, conviene recordar que la historia constituye una poderosa reserva de hechos siempre a disposición del discurso regionalista/nacionalista, facilitándole la necesaria coartada para autentificar la producción y difusión del relato identitario...

    De este modo, el mito impone su realidad, al presentarse como un factor de legitimación, un sistema de valores tomados por hechos. Ahora bien, si nos atuviésemos a la lógica de la historia empírica, estableciendo una distancia analítica, veríamos cómo el mito se desvanece y también cómo deforma el objeto al que se refiere, a la vez que otorga a lo deformado un rango de verdad. En este sentido se puede afirmar que el mito es la expresión de una conciencia objetivamente falsa, aunque no lo sea subjetivamente.

    Los elementos del mitologema, considerados atributos orgánico-naturalistas, en este caso de la región “cántabra”, articulan las claves genético-estructurales de una buena parte del actual proceso social de su construcción identitaria. En el plano de su estructura semiológica cabrían destacarse: la etnia, el territorio, la cultura autóctona y la propia historicidad, como factores que conforman el repertorio de la semantización de base de la dinámica regionalizante, donde la forma lexical "Cantabria" es la palabra llave, o referente principal, de los diferentes campos semántico-conceptuales que vertebran los distintos discursos “cantabristas”.

    - La etnia, concebida, desde la lectura culturalista y primordialista dominante, como algo secularmente preestablecido, se nos presenta con la máscara de una realidad perenne, sustancializada y contenida en el soporte infraestructural del territorio, en tanto espacio propio de la etnia que se concibe autónoma y autosuficiente. De esta manera, el locus (espacio del espíritu del pueblo) se convierte en demarcador simbólico de una identidad étnica que delimita unas determinadas fronteras caractereológicas de la “cantabridad”.

    - El territorio, que, por otro lado, representa una evidente realidad material, sufre, así, un proceso de sobresignificación incuestionable que se retrotrae hasta los orígenes mismos de una etnicidad indómita, que, algunos fundamentalistas (inmunes al desaliento), una vez establecida la relación sintagmática “Cantabria” = etnia, proponen, en su semantización victimista de la comunidad, como un modelo conductal para el presente vindicativo. Modelo sobrecargado de prestigiosas connotaciones, al mostrársenos la tierra “cántabra”, mediante un proceso metonímico, como el incólume territorio fundacional de España: su lengua y su Monarquía originaria.

    - Por otro lado, la supuesta cultura autóctona, en su faceta de elemento estructural del proceso etnogenético, aparece como la manifestación última y totalizadora de la etnicidad. Y, al igual que la etnia, es objeto de una sobredeterminación que la transfigura en una forma naturalizada, anterior a cualquier organización política.

    La exaltación de la existencia de una pretendida cultura propia cumple funciones integradoras y de autoidentificación de los consumidores del mito, unidos por iguales lazos primordialistas. Restituye los sentimientos difusos de la colectividad y moviliza las voluntades a favor de la defensa de la etnicidad, concebida como idea-fuerza y persistencia histórica...

    El análisis pormenorizado del anterior menú de falsificaciones históricas, sin duda alguna, desbordaría las dimensiones de este trabajo. No obstante, sí quisiera, con independencia de la plausibilidad social que dicho constructo haya llegado a obtener, llamar la atención sobre algunos de los aspectos más evidentes de este inconsistente repertorio mitográfico. En él, cualquier lector de valía que sepa reconocer la importancia de la razón histórica como limitadora de la credulidad y de la fantasía mítica sobre las sociedades del pasado puede observar cómo la racionalidad histórica se distorsiona y simplifica, encerrándola en el útero matricial de una falsa tradición inventada.

    Estas visiones etno-históricas (lo irreal soñado frente a lo real interpretado) son, en suma, un mecanismo de cohesión social, destinado a provocar una toma de conciencia regionalista/nacionalista entre aquellos sectores de votantes que se sienten, o pueden llegar a sentirse, emocionalmente comprometidos con la estrategia de una religión civil que pretende hacernos ver el pasado, y su orden jerárquico, convertido en futuro.

    De esta manera, se hace un uso manipulador de la historia con una clara voluntad política. Baste, a este respecto, advertir el carácter esencialista del mitologema histórico, puesto de manifiesto en el nulo valor analítico y en la arbitraria utilización a-histórica de las formas lexicales: nación, democracia, hidalguía, independencia, cultura, etc.

    A lo que ha de
    añadirse la absoluta carencia de un mínimo rigor científico en la narración, sin duda fantástica, del pasado "cántabro", entendido éste como un tiempo histórico homogéneo, sin sometimiento alguno al devenir y a una continua dialéctica de cambios, adaptaciones y persistencias.

    En estas representaciones (una manera de lobotomización de la memoria social) se evidencia, de igual modo, la perspectiva estática con la que este tipo de historiografía inmanentista contempla la supuesta realidad dorada de las comunidades rurales tradicionales, ilusamente percibidas como sociedades armónicas sujetas al orden de un microuniverso de reglas inmutables. En definitiva, se está respondiendo a la (creada) necesidad social de una conciencia del pasado colectivo con planteamientos mitohistóricos.

    En este empeño se sustituyen el diagnóstico científico y la crítica cultural por la dimensión apologética y autojustificativa de la ideología regionalista/nacionalista, cuyos sujetos portadores se obstinan en defender y perpetuar unas estructuras de relación social y unos sistemas de creencia y de valor anclados en el contexto de la sociedad tradicional en la que tuvieron su origen.

    Todo lo cual configura el atrezzo de la manipulación discursiva de la supuesta diferencialidad histórica con el objeto de convalidar interpretaciones sesgadas del pasado, utilizándolo para subvertir la complejidad del presente. Se trata del rescate instrumental de un tiempo pretérito mitificado, en respuesta a coyunturas nuevas, mediante la exaltación de situaciones antiguas, cuyo propósito último no es otro que imponer, y arraigar, en el presente una visión mito-histórica del pasado.

    ¿Quiénes son los actores sociales del proceso constructivista de la actual invención de la tradición en "Cantabria"? .... En una fase inicial son los líderes políticos, establecidos en los medios urbanos, los principales encargados de promover intensas movilizaciones a favor de la reivindicación identitaria, con el apoyo de los servicios auxiliares de la intelligentsia descubridora y propagadora de las esencias regionales, que, en un segundo momento, asumirá el liderazgo de la pausada, y pautada, labor de construcción cultural de la región / nacionalidad.

    ¿Cómo han desarrollado estos grupos la puesta en escena de sus narrativas regionalizantes?

    En primer lugar, liberando a ciertas capas de la población de los anteriores marcos cognitivos de referencia y de obediencia centralistas, mediante el acceso al monopolio de los discursos y de las movilizaciones públicas, en favor de la construcción social de un consenso identitario de carácter centrífugo, sobre el cual se van armado los campos de identidad ( protagonistas, antagonistas y audiencias) y los esquemas interpretativos propios de los marcos de referencia ... que soportan los nuevos procesos de atribución de significado y las nuevas construcciones cognitivas de reivindicación, protesta y cohesión social, fundamentadas en la transformación mediática (comunicación persuasiva) de las creencias, identidades y plausibilidades sociales, anteriormente compartidas.

    En segundo lugar, articulando y promoviendo, desde las instituciones autonómicas, redes clientelares (económicas, culturales e ideológicas) en distintos ámbitos de la vida pública (prensa, editoriales, fundaciones e industrias culturales mantenidas con fondos públicos y dedicadas a la política patrimonial, museológica y de conmemoración regionalista) con el fin de obstaculizar la verdadera democratización cultural y potenciar, hasta la desmesura, el crecimiento de los relatos de autoctonía, imponiendo la memoria oficial como memoria colectiva, en detrimento de las modernas formas de trans-regionalización cultural.

    ¿Para qué tan ingente y onerosa construcción identitaria?

    Desde mi perspectiva de análisis
    crítico, tras la mascarada de la defensa a ultranza de un modelo identitario esencialista, generalmente, suele ocultarse el uso instrumental de la tradición, inventada con el objeto de:

    1) Dar curso a los postulados ideológicos y programáticos del proyecto político neotradicionalista, reforzando su hegemonía populista entre la clientela electoral con hábitos de obediencia pasiva.

    2) Falsear la historia para justificar la legitimidad y el papel redentorista de las élites delegadas: los buenos cántabros , fieles al esquema argumental de todo nacionalismo/ regionalismo: paraíso original perdido, decadencia y resurgimiento nacionalista/regionalista.

    3) Obtener, desde el victimismo protestatario, el agravio comparativo y la supuesta humillación colectiva, ventajas fiscales y presupuestarias.

    4) Conservar los poderes y privilegios de las capas etnocráticas que, mediante su reasentamiento en las esferas del poder autonómico, controlan el manejo de los recursos disponibles y su redistribución prebendataria entre las redes del moderno clientelismo de partido.

    5) Reforzar la imagen atávica de un unanimismo idílico de naturaleza comunitarista, doctrinario y coactivo, que contenga los efectos entrópicos del multiculturalismo realmente existente, sin reparar en las consecuencias xenófobas y el deterioro democrático que de ello se derivan.

    6) Imponer una visión del mundo social y una homogeneidad forzosa que niega, y estigmatiza, la memoria disidente del otro (forastero o nativo) y no admite el derecho a la distinción entre las múltiples identidades existentes. Proceso éste en el que se cuenta con la ayuda aliada de la intelligentsia regionalista/nacionalista, formada por auténticos grupos de presión (favoritos, beneficiarios y aduladores) que pugnan por asegurarse el control de las prebendas, materiales y simbólicas, repartidas por el mesogobierno.

    ANTONIO MONTESINO



    Sinceramente, encuentro este discurso muy teórico desde un enfoque antropológico cultural cognitivo, al tiempo que es difuso ya que se podría aplicar a cualquier región, pueblo y hasta grupo social, tanto de España como de otros muchos lugares. Lo que denuncia es común en muchos sentidos a la propia naturaleza humana, y no necesariamente ha de ser negativo. Discrepo con él en bastantes cuestiones, no obstante, el autor, Antonio Montesino, defiende obviamente su parecer personal, pero no pasa por la Historia -no aporta datos-, sino que exclusivamente se apoya en el habitual discurso "etéreo" que caracteriza esencialmente a la Antropología Social. En el texto siguiente se recoge la entrevista completa:



    ANTONIO MONTESINO ESCRITOR, POETA Y ANTROPÓLOGO / «En la cultura cántabra domina el tono monocromático»
    El editor de 'La Ortiga' habla de un singular proyecto que cumple diez años de prolífica actividad con centenares de producciones y creaciones culturales
    GUILLERMO BALBONA/SANTANDER

    ANTONIO MONTESINO ESCRITOR, POETA Y ANTROPÓLOGO / «En la cultura cántabra domina el tono monocromático»
    Montesino se ha convertido en un profuso e incansable autor y en agitador de la vida cultural. / BRUNO MORENO
    I



    Un concepto de educación: Comprender significados, participar en su transformación y crear otros nuevos, es decir, combatir la ignorancia y contribuir a la perfectibilidad de los seres humanos, desarrollando en ellos una 'cultura de la razón' informada, la responsabilidad individual, las capacidades de argumentar, de dialogar con los otros y de cuestionarse lo realmente existente.

    Un apunte cívico: ¿Partitocracias? ¿No, gracias!.

    Un apunte sobre el mundo: El mundo es 'redondo', pero Bush y Cía lo van a 'cuadrar'.

    Un viaje real y otro fántastico: En el primer caso, un periplo en barcaza por el Danubio de Magris. En el segundo caso, un 'viaje de 20.000 leguas submarinas' (capitaneado por E. T. Hoffmann) a través de las tintas de las literaturas fantásticas de todos los tiempos, con una tripulación en la que, entre otros, estuvieran enrolados: Borges, Alarcón, Ros de Olano, Bécquer, Pérez Galdós, Lovecraft, Beckford,, Dunsany, Machen, Poe, Kafka, Stevenson, Melville, Chesterton, Blackwood, Shelly, Hawthorne, James, Sheridan Le Fanu, Vignon, Nodier, Bierce, Wells, Turgueniev y Gogol.

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    Antropólogo, escritor, diseñador y editor, Antonio Montesino, incansable y prolífico, es autor de numerosos libros y ensayos de antropología, creación literaria y poesía visual y experimental. Sus diecinueve poemarios fueron recopilados en los cuatro volúmenes de 'Arquitecturas de la memoria. Poemario íntimo, 1966-1992', 'Entretanto. La lengua incandescente, Poesía, 1993-2001', 'Noches de humo y fuego en Bagdad', y 'El viento de la tierra'. Pero su mayor empresa desde hace una década es un singular proyecto, 'La Ortiga' que nació en Santander como revista periódica y se ha convertido en un constante, activo y profuso territorio cultural que ha generado centenares de publicaciones y colecciones, actividades y ciclos... 'La Ortiga', tribuna de pensamiento crítico, se ha consolidado como un proyecto cultural y editorial que cumple ahora una década de actividad, fundamentada en la independencia y el compromiso, y dedicada al pensamiento, la literatura y el arte.

    -Defina con precisión de receta o fórmula, qué es 'La Ortiga'.

    -Un proyecto sociocultural (ético, estético y cívico), centrado en los ámbitos del arte, la literatura, el pensamiento y la investigación social, que asienta sus prácticas e ideaciones en la interdisciplinariedad, la interculturalidad, el pluralismo, el pensamiento critico, la autonomía y el gusto por el trabajo bien hecho.

    -¿Cómo se ha construido el proyecto?

    -Sobre la premisa, irrenunciable, de primar una 'productividad a largo plazo, de valía real', sobre la 'rentabilidad inmediata y vacua'. A partir de ahí, el proyecto se asienta sobre la base de una necesaria autonomía (sépase que en un proyecto no mercantilista de la envergadura del nuestro, sólo un 10% de los recursos provienen de programas públicos de ayuda, a los que, por otra parte, puede optar libremente cada ciudadano que lo desee), y se apoya en una cimentación de prácticas y de concepciones integradoras, que abarcan diversos ámbitos de la producción cultural: 1) ediciones de revistas y de diferentes colecciones de libros sobre arte, literatura, pensamiento e investigación social (en 10 años hemos editado mas de 100 volúmenes); 2) proyectos de investigación-acción-participación; 3) actividades de cooperación solidaria con otros colectivos e instituciones, como sucede con la iniciativa internacional de 'Hablar/Falar de Poesía', el Foro Cívico (en colaboración con la Obra Social de Caja Cantabria), o el programa 'Tiempo de globalidad', llevado a cabo con el Aula de Letras de la Universidad de Cantabria, donde -conjuntamente- desarrollamos un 'Taller de Poesía Visual y Experimental', otro de 'Pensamiento Crítico', ciclos de 'Encuentros con las letras', un 'Foro Internacional de Literatura' y un seminario denominado 'Textos y contextos de la oralidad'.

    -¿Pensó alguna vez en abandonar?

    -Que yo sepa, en ningún momento. Para mí los 'asuntos' culturales no son un mero signo de distinción social, sino una cuestión profundamente arraigada en lo que entiendo que es la dimensión normativa de la cultura. Eso sí, trato de hacer compatible mis dedicaciones a 'La Ortiga', con mis intereses en el campo de la creación artística y literaria y con el desarrollo de las líneas de investigación social en las que vengo trabajando desde hace ya más de 25 años.

    -¿Considera que ha mantenido suficiente independencia?

    -Siempre hemos actuado desde el ámbito de las decisiones autónomas. De modo que las necesarias interdependencias a las que las personas y los colectivos nos vemos abocados, por los propios imperativos de nuestra condición de seres sociales, jamás han supuesto ni una coacción ni una autocensura, a la hora de elegir los objetivos, formas, contenidos y prácticas.

    -Cuando se maneja un proyecto como este, más pequeño en dimensiones, ¿también existe estrategia editorial?

    -Todo proyecto, independientemente de su tamaño, se estructura con arreglo a una estrategia que tiene como fin último el logro de unos determinados objetivos. 'La Ortiga' no iba a ser una excepción y, por ello, en la medida en que pretendemos ser serios en el cumplimiento de nuestros propósitos y compromisos, necesitamos establecer una mínima, aunque flexible, planificación, principalmente referida a aspectos relacionados con las características de las publicaciones, los procesos productivos (en los que intervenimos activa y directamente), las distribución de los materiales (que hacemos nosotros mismos) y la obtención de los recursos y medios necesarios para hacer posible el proyecto.

    -¿Cree posible la viabilidad de términos como educar en la ciudadanía, compromiso social o pensamiento crítico en una sociedad en la que prima el espectáculo, la falta de privacidad, el triunfo de la superficialidad y la venta de los sentimientos?

    -Precisamente, la defensa de las virtudes cívicas, de una conciencia planetaria, de los ideales de una ciudadanía social cosmopolita, de un pensamiento dialógico y de una cultura crítica y autocrítica de la razón, cobran (al menos para algunos de nosotros), en momentos como los actuales, más sentido y significación que nunca. Creo que el desarrollo de estos valores, sobremanera, en esta fase de la denominada 'modernidad líquida' (Bauman), es fundamental. Representa una de las formas, más razonables, de buscar un necesario espacio cívico común, secularizado y laico, desde el que, frente a las 'comunidades destructivas' (Sennet) y a la exacerbación de las identidades introvertidas (nacionalismos, fundamentalismos religiosos, etc.), poder afrontar tanto la defensa de la integridad de las personas, como los actuales problemas económicos, sociales y políticos de la humanidad.

    Compromiso

    -¿Qué es el compromiso para Montesino, y qué opinión le merece la figura intelectual?

    -Entiendo el compromiso, desde el ejercicio individual del libre pensamiento crítico, como la lucha por unos ideales y valores cívicos y, por tanto, democráticos, tales como: la verdad, la justicia, la racionalidad, la solidaridad con las víctimas y los débiles. Ideales intachables, que la tradicional figura del intelectual (hoy en clara decadencia por méritos propios) decía asumir, promover y defender. Pero, históricamente, lo que ha sucedido es que una buena parte de esa 'intelligentsia' de la 'izquierda comprometida', a causa de sus voluntarias ataduras orgánicas y ciegas servidumbres al PARTIDO, apoyó el mal en nombre del bien, la opresión como vía a la libertad, la mentira en nombre de la verdad, la injusticia frente a la justicia, la indiferencia ante el dolor de las víctimas si éstas no 'políticamente correctas'. Recordemos el estalinismo, los gulags, la revolución cultural antiintelectualista en la China de Mao, y todo tipo de dictaduras, pasadas y presentes, ejercidas en nombre de 'la izquierda'.

    -¿Entonces, cuál sería su propuesta de modelo de intelectual?

    -Frente al anterior modelo de intelectual-oráculo, guía orgánica de las 'masas', prefiero reivindicar la figura del librepensador que, en el espacio de lo público, ofrece a la ciudadanía sus reflexiones dialógicas y sus dudas e incertidumbres, desde un pensamiento crítico que invita a los ciudadanos al ejercicio de la 'cultura de la razón'. Un pensamiento, éste, bastante incómodo, para unos y para otros (pensemos en el destino del pobre Sócrates), con el que me siento profundamente comprometido y que, desde 'La Ortiga', intentamos promover, por tratarse de un pensamiento: 'independiente' (se construye a partir de la individualidad discerniente), 'informado' (requiere un conocimiento complejo con fundamentos empíricos), 'cuestionador' (arranca con preguntas o problemas que el sujeto intenta resolver), 'razonado' (busca argumentos demostrativos, razones y pruebas), 'social' (compara, contrasta y comparte opiniones con los otros). Creo que es un pensamiento adecuado para el fortalecimiento de la responsabilidad del sujeto respecto a sus propias ideas, contribuye al diálogo educativo, a la tolerancia y al intercambio libre de ideas. Elementos, todos ellos, básicos en la formación de una ciudadanía democrática, consciente y reflexiva. Una estupenda solución de recambio respecto al intelectual-oráculo orgánico, recubierto de un inquietante 'prestigio sacerdotal', al servicio de las diferentes 'nomenclaturas' totalitarias y de su propia 'mente discontinua'.

    En Cantabria

    -¿Qué opinión le merece la vida cultural en Cantabria? y ¿qué incorporaría con urgencia?

    -Miro y miro, y cuanto más miro, más veo un paisaje sociocultural en el que predominan los tonos monocromáticos. A mi entender, un paisaje (de fabuladores con sus guardabosques) excesivamente etnicizado, que, con rarísimas y puntuales excepciones, padece las secuelas clientelares (en lo económico, lo ideológico y lo político), derivadas de un cierto 'unanimismo coactivo'. Hay mucha variedad de lo mismo. Yo nada puedo incorporar con urgencia, que no haya incorporado ya, o que no esté incorporando, en la medida de mis posibilidades.

    -¿Diría que existen fracturas, mezquindades provincianas, complejos y un conservadurismo hostil que impide una mirada más global al hecho cultural?

    -Sin duda alguna, existe ese largo brazo de la tradición, al que se refería Bourdieu, esgrimido por determinados sujetos y grupos sociales: los viejos y nuevos padrinos, y sus epígonos, la 'intelligentsia orgánica neotradicionalista' y la nueva legión de 'musas enroladas'. Toda una 'casta sacerdotal' errática y dogmáticamente organizada, de mirada monocular y pretensiones hegemonistas, a la hora de imponer sus maniqueos puntos de vista, definiciones y categorizaciones sociales de la realidad, entre cuyos principales 'habitus' intra e inter-generacionales estarían: la mezquindad, la envidia, la mentira, la calumnia, el proselitismo y la exclusión y estigmatización sociales del otro, o de lo otro, el servilismo, la adulación profesionalizada, la mediocridad, el autobombo y la autoglorificación.

    -¿En caso de que este fuera el paisaje sociocultural dominante en Cantabria, no podríamos decir que, al menos en los últimos tiempos de observa nuevas emergencias, que apuntan en otras direcciones?

    -Es cierto que existen nuevos espacios (públicos y privados), e incluso nuevas actitudes en viejos espacios socioculturales, donde se perciben importantes cambios de rumbo y de talante. Por otro lado, el retrato anterior me temo que no sea exclusivo de nuestra región, y que, a pesar de ser bastante habitual, ni tan siquiera sea un retrato 'gran-angular', generalizable a todos los campos de la acción cultural en Cantabria, sino más bien un foto con realizada con un zoom que abarca desde el macrorretrato al campo de un 'lente normal'. Creo que la propia existencia de 'La Ortiga' (pero no sólo 'La Ortiga'), es una excepción a todo lo anterior (pero que confirma la regla). En nuestro caso, venimos, desde hace seis años, desarrollando proyectos importantes y significativos como 'El Foro Cívico', en colaboración con la Obra Social de Caja Cantabria, y, más recientemente con el Aula de Letras de la UC, basados en el reconocimiento, el respeto mutuo y en una 'economía moral' diferente al juego y las astucias oportunistas de los 'cucos' de turno. Y lo venimos haciendo, desde posicionamientos radicalmente diferenciados de los utilizados por los ensoberbecidos maestros de la 'servidumbre voluntaria', es decir, con un espíritu crítico (sin, por ello, dejar de ser respetuosos), con seriedad en nuestras propuestas, no autopostulándonos como sujetos-objetos patrimonializables, y con una total y absoluta libertad e independencia de criterios, tanto en la elección de los temas como en la de los participantes. Ello indica, claramente, la existencia en nuestra comunidad de personas e instituciones, receptivas a propuestas de valía, verdaderamente plurales y alternativas

    -¿La poesía la concibe como un refugio?; ¿una manera de combate?; ¿un territorio puramente experimental?

    -Sí, como un refugio en la música interna de la vida, en el seno de la palabra esencial y gestante, la que nos habla de las vibraciones secretas del ser. Sí, como una forma de combate con la palabra poetizante, extraordinaria, que ayuda a pensar e ilumina la existencia. Concibo la poesía como un acto gnoseológico, es decir, una operación sobre la subjetividad que nos propone estructuras comprensivas, capaces de configurar nuevos modelos de experiencia y de conocimiento. De ahí, que entienda que el principal compromiso del poeta, en cuanto tal, sea, ante todo, con la propia poesía (una finalidad sin fin), con ese particular ámbito lingüístico, diferente del lenguaje de uso cotidiano, en el que acontecen los problemas específicos del pensamiento poético, del arte, del tiempo y de la existencia, las preguntas por el yo del poeta, los diferentes procesos de autoconciencia y de subjetividad reflexiva, y la objetivación del sentimiento lírico.

    Actualidad

    -El proceso de paz

    -Como todo proceso de estas características, posiblemente se desarrolle, a pesar de su irreversibilidad, a lo largo de un arduo camino, cuya duración y avatares son, en algunos de sus aspectos, impredecibles. No obstante, es un hecho positivo que se haya dejado de matar. Ahora bien, esto es una condición básica, pero no suficiente, ya que, a estas alturas del 'conflicto' y de la historia de la humanidad, la única paz aceptable es la kantiana "paz perpetua". Algo que no sólo consiste en quitarse las capuchas y silenciar las armas, sino también en desprenderse de los sistemas de valores, ideaciones y pautas de comportamiento propias de los modelos autoritarios, que subyacen en este tipo de movimientos 'nacional-socialistas', aceptando, de una vez por todas, las reglas básicas de la civilidad democrática y del Estado de Derecho, como vía de lucha radical por la libertad, la igualdad y la justicia social.

    -La Ley de la Memoria Histórica.

    -Me parece que se trata de una ley que nace encorsetada por las pretensiones de una falsa equidistancia, 'políticamente correcta', que no satisface ni a unos ni a otros. Su soporte está montado sobre un modelo conceptual y discursivo erróneo en sus planteamientos fundamentales, cuyo análisis crítico sería imposible hacerlo en el marco espacial de esta entrevista. No obstante, conviene dejar bien claro que una cosa es memoria y otra cosa es historia, o más correcto sería decir historiografía. Desde el punto de vista de las responsabilidades historiográficas, que es lo que a mi me interesa, lo correcto sería poner al alcance de la ciudadanía un necesario y 'verdadero' conocimiento histórico sin sesgos, complacencias o concesiones ideológicas a las partes. Y ello es, principalmente, una responsabilidad de las ciencias históricas y sociales, que con rigor y solvencia científica, tienen la obligación de investigar y dar cuenta, con todo tipo de detalles, pruebas y argumentaciones, de los hechos acontecidos, manteniendo su independencia científica respecto a las luchas políticas por la memoria que tienen, o que puedan tener, lugar en determinadas coyunturas. Un buen ejemplo a seguir, en esta línea, son las aportaciones historiográficas de Santos Juliá, Enrique Moradiellos o Julián Casanova.


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    ANTONIO MONTESINO ESCRITOR, POETA Y ANTROPLOGO / En la cultura cntabra domina el tono monocromtico. eldiariomontanes.es
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    En esa querida provincia española, siempre se utilizó como gentilicio de sus gentes, de manera casi sinónima, los términos 'montañés', 'cántabro' (haciendo referencia al mar Cantábrico que baña sus costas, no a sus primitivos moradores) o el de 'santanderino'. Y ésto se hacía indistintamente, sin agregásele ninguna connotación más, de ningún tipo. Aunque la denominación más querida y utilizada en la zona más occidental de la provincia fué 'montañés' y de hecho. Pero, como digo, el uso de uno u otro término eran intercambiables y se usaban sin mayor connotación (cosa que no ocurre tanto hoy en día). Hasta había, y sigue habiendo, un periódico de tirada provincial que se llama así: "El Diario Montañés".

    Recuerdo como en los tiempos en los que se empezó a crear el estado autonómico, existió bastante debate y controversia interna entre los habitantes de esa provincia con respecto al nombre que se había elegido ("Cantabria"). No todo el mundo estaba de acuerdo. Recuerdo perfectamente una conversación que mantuve con una viejecita de Sierra (localidad próxima a Cóbreces), de aquellas que aún llevaban pañuelo negro al cuello, que nos decía: "Esta tontería de la autonomía cántabra, yo no la entiendo. Comenzando por su nombre... ¡Leches!, si aquí siempre hemos llamado a estas tierras 'La Montaña', para distinguirla de la meseta, y nosotros nos hemos llamado 'montañeses'". De hecho, por aquellos días, se podían escuchar manifestaciones en favor y en contra de la autonomía de Cantabria separada de Castilla. La celebración del Día de La Montaña (hoy rebautizado como 'Día de Cantabria'), en Cabezón de la Sal, siempre terminaba en abucheos y protestas entre los unos y los otros. Recuerdo perfectamente aquellos saraos, porque el 'Día de La Montaña' se celebraba (y se sigue celebrando aún) a mediados del mes de agosto, mes en el que siempre suelo vivir en un pueblo costero, muy próximo a Cabezón, de veraneo.

    De hecho, hasta wikipedia afirma que "durante la Edad Media el topónimo de Cantabria se perdió o se usó de forma genérica o inexacta" y esta situación se mantendría hasta bien entrado el s.XIX (siglo que recuerdo haber servido también de controversia, en este mismo foro, con respecto a los pueblos vascongados).

    Quizás pueda resultar interesante leerse este artículo publicado en Wikipedia:
    Historia de Cantabria - Wikipedia, la enciclopedia libre


    Un saludo
    Última edición por jasarhez; 28/04/2014 a las 11:17

  17. #17
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    Querido compañero.

    Efectivamente El Diario Montañés existe hoy en día como el de mayor tirada en la región, pero podría haber sido perfectamente otro. Ha sido una casualidad histórica. Por ejemplo, La Voz de Cantabria creada en 1927, fruto de la unión de El Pueblo Cántabro y La Atalaya, podría ser hoy el de mayor tirada. El Diario Montañés es el más leído desde los 90. Anteriormente fue el Alerta, y más atras El Cantábrico. Entre 1927 y 1937 La Voz de Cantabria era el segundo periódico de mayor tirada en Cantabria por detrás de El Cantábrico. Entre 1937 y 1991 o así Alerta lideró la venta de periódicos en Cantabria.


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    Es totalmente falso que el gentilicio "cántabro" hiciera referencia al mar (que es Cantábrico en honor de Cantabria), ya que "cántabro" hacía referencia al habitante de la provincia, al igual que "montañés", conocida tanto por Santander, como por Cantabria, cómo por la Montaña. Por otra parte la defensa del nombre de Cantabria para la Provincia de Santander era masiva entre la población y por eso se cambió, porque tenía apoyo popular. Siempre ha gustado este nombre ancestral, siempre ha sido reinvidicado por mucha gente, siempre ha existido un gran orgullo de ser español y cántabro-montañés.


    "Mudarse por mejorarse, decían nuestros padres -por mejorar muda el mísero emigrado, aún a trueco de exponerse a la muerte. Grande debe ser su desventura, cúando así abandona tierra, familia y hogar, y quién tal hace, se llama escalduna, cántabro, asturiano o gallego; esto es, hijo de los pueblos más amantes de su adorada tierra que Europa alienta el seno.". (Fernando Fulgosio. Crónica de la provincia de Guipúzcoa. 1868.)




    "Los nacidos en nuestra provincia nos sentimos montañeses o cántabros."
    (Adriano García Lomas y Jesús Cancio. Del Solar y de la Raza.Tomo II. 1931).


    "Para nada padecería, en términos generales, la conciencia popular si la provincia dejara de llamarse Santander. Nos solemos dar los de esta provincia el nombre de cántabros cuando queremos ensalzar nuestra fortaleza, reciedumbre y valor, y ciertamente el nombre de Cantabria no ha desaparecido nunca para nuestra provincia, conocida generalmente por Cantabria o por la Montaña.(...)

    El nombre de la Montaña tiene por los naturales de nuestra provincia un valor entrañable y cariñoso, y al decirnos los "montañeses" nos referimos más que a las montañas a la raíz lugareña y al campo y al solar dónde nacimos.(...)Pero, aunque acendradamente el apelativo de montañeses y el nombre de la Montaña están generalizados, ambos tienen el inconveniente de ser genéricos y, además, de no ser admitidos por toda la provincia. Esto es curioso. Los habitantes de las partes altas de la provincia llaman montañeses a los de la partes bajas, cuando montañeses por vivir en lo alto son ellos. Al llegar a los valles de Saja, de Liébana o de Campoo, yendo de Santander, se le recibe a uno con la pregunta: "¿Qué tal por la Montaña?".(...)

    Es notorio que nuestro pueblo busca la denominación de Cantabria cuando quiere expresar lo alegre, lo vibrante, lo decidido. De ahí que sea unánime la utilización del nombre de Cantabria para clubs deportivos, Federaciones y acciones juveniles. Es decir, esa parte de los buenos de nuestro pueblo, cual es la juventud deportiva, tiene el nombre de Cantabria siempre en sus ideas y en sus corazones, y guarda para ella sugerencias de victorias y de impulsos nobles y esforzados. No hay porque dudar de que el pueblo de la Montaña recibiría bien que la provincia se denominase Cantabria y seguramente la expresión de los "montañeses de Cantabria" llenaría plenamente a todos los que no queremos renunciar ni a que nuestra tierra se llame Cantabria ni a que a nosotros podamos seguir llamándonos montañeses, ni, en fin, que a los que hemos tenido la suerte de nacer en Santander se nos reserve el nombre de santanderinos.(...)

    Se quiere con el respaldo de lo que, a pesar del tiempo y de los movimientos demográficos, nunca ha estado ausente de las conversaciones ni del dicho de cada día, ni de la prensa, en la que el nombre de Cantabria se escribe todos los días, ni de las mentes cultivadas, ni de muchos que por sus ocupaciones no son inoperantes en el mundo de la práctico. Ellos, sin ser doctos de profesión, ni entusiastas sólo de las cosas antiguas, ni deportistas, emplean y designan numerosos negocios mercantiles e industriales y las más múltiples actividades con el nombre de Cantabria.(P
    edro Escalante Huidobro. Presidente de la Diputación Provincial de Santander. 23 de marzo de 1964.)



    Otro personaje cántabro, Francisco Nárdiz y Pombo, que fuera Presidente de la Diputación Provincial en los años 40, manifestó respecto al nombre de Cantabria en 1963:

    "Ha de convenirse en que es más recio y representativo cántabro que santanderino o montañés. Esta última denominación, por otra parte, puede aplicarse a otras regiones montañosas de España. Nosotros somos cántabros, y la Montaña de Santander es Cantabria dígase lo que se quiera."


    Pongo una lista de muchas de las publicaciones cántabras o montañesas que llevaron el nombre de Cantabria o la Montaña, o el gentilcio cántabro, montañés, montañesa y cántabra en sus cabeceras:

    El Montañés (1813. Santander),
    Semanario Cántabro (1820. Santander)
    El Cántabro. Boletín de Santander (1836. Santander)
    El Vigilante Cántabro (1839. Santander)
    El Despertador Montañés (1848. Santander)
    La Abeja Montañesa (1856. Santander)
    El Eco de Cantabria (1861. Santander)
    El Cántabro (1869. Santander)
    La Voz Montañesa (1872. Santander)
    Revista Cántabro-Asturiana (1877. Santander)
    El Eco de La Montaña (1878. Santander)
    El Cántabro (1880. Torrelavega)
    La Montaña (1881. Torrelavega)
    El Correo de Cantabria (1882. Santander)
    El Magisterio Montañés (1886. Santander)
    La Montaña (1889. Torrelavega)
    La Región Cántabra (1893. Santander)
    La Voz Cántabra (1897. Santander)
    El Diario Montañés (1902. Santander)
    Cantabria. Revista Quincenal Ilustrada (1903. Santander)
    El Heraldo Montañés (1904. Torrelavega)
    El Cántabro (1904. Santander)
    La Montaña (1904. Reinosa)
    El Ideal Cántabro (1905. Santander)
    Cantabria. Semanario Regional (1907. Reinosa)
    La Región Cántabra (1907. Santander)
    Revista Cántabra (1908. Santander)
    Nueva Cantabria (1909. Reinosa)
    Luz Cántabra (1911. Ampuero)
    El Liberal Montañés (1912. Torrelavega)
    Hidalguía Cántabra (1913. Torrelavega)
    El Eco Montañés (1914. Ampuero)
    El Oriente Montañés (1913. Ramales de la Victoria)
    El Pueblo Cántabro (1914. Santander)
    Sport Montañés (1916. Santander)
    Noticiero Montañés (1918. Santander)
    Cantabria. Revista Semanal Ilustrada (Santander. 1921)
    El Magisterio Cántabro (1921. Santander)
    La Voz de Cantabria (1927. Santander)
    El Practicante Cántabro (1930. Santander)
    Cantabria Deportiva (1935. Santander)

    En La Habana y México fue editada por la colonia cántabra la revista 'La Montaña' (1915, 1946, respectivamente). En Cádiz, Buenos Aires y Madrid la emigración montañesa publicó la revista 'Cantabria' (1913, 1929 y 1963, respectivamente).


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    Última edición por Españolista; 28/04/2014 a las 13:27

  18. #18
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    Que sí, que sí... Es rigurosamente cierto que los términos 'montañés' o 'cántabro' han sido siempre intercambiables. Pero, repito, al decir cántabro no se estaba haciendo referencia a esos pueblos precristianos, según me contó un historiador montañés junto a esa pequeña joya del arte mozárabe que es Santa María de Lebeña. De igual modo que en los gentilicios, igual ocurrió con los toponimios. Haciendo la correspondiente salvedad, como bien indica Wikipedia, de que "durante la Edad Media el topónimo de Cantabria se perdió o se usó de forma genérica o inexacta" (Historia de Cantabria - Wikipedia, la enciclopedia libre).

    Y todos esos recortes de periódicos que publicas, te digo lo mismo que le decía a otro forero cuando hablábamos del término 'País Vasco', son todos periódicos del s.XIX. Y como ves, ahora ya no soy yo solo, sino también Wikipedia, la que dice que "durante la Edad Media el topónimo de Cantabria se perdió o se usó de forma genérica o inexacta, y se alargaría hasta el siglo XIX". De hecho (y sigo citando a wikipedia), "...en el siglo XVI numerosos eruditos, principalmente vizcaínos y guipuzcoanos, basados en la única lengua prerromana de la Península Ibérica, el euskera, elaboraron la hipótesis de situar la Cantabria antigua al este del río Asón, en el País Vasco y las zonas limítrofes de Navarra y La Rioja, basándose en la existencia del citado monte que conserva el topónimo, la Sierra de Cantabria, así como las citas conservadas en las Glosas Silenses, del siglo XII, y de la Crónica del Tudense del siglo XIII, que situaban el ducado de Cantabria en La Rioja". Es decir, que el término 'Cantabria', como tu mismo puedes ver no hacía referencia solamente a aquellos cántabros prerrománicos, sino a otros pueblos muy diversos, desde Vascongadas a La Rioja. Y, sigo citando a wikipedia, fueron 'numerosos eruditos vizcaínos y guipuzcoanos' los que basándose en el vascuence, elaboraron la hipótesis de situar Cantabria en el actual País Vasco, al este del río Asón (¡ojo!), metiendo en el saco a algunas zonas de Navarra y de La Rioja. Es decir, nada que ver con la actual provincia de Santander, sobre la que se construyó artificialmente la comunidad autónoma de Cantabria.

    También dice wikipedia que, "a estas teoría se opusieron estudiosos como Jerónimo de Zurita, Arnaud Oihenart o Francisco de Sota entre otros. Tal como fuera las discusiones entre vasco-cantabristas y cantábrico-montañeses, no exentan de descalificaciones personales, se extendieron durante todo el siglo XVII y el XVIII". De modo que no nos compliquemos tanto la vida...

    Y antes de seguir, quiero que sepas que estás hablando con alguien que es totalmente enemigo de las actuales comunidades autónomas. De modo que, intuyo que será muy difícil que lleguemos a estar de acuerdo en nada de lo que respecta a este tema.


    Un saludo desde Castilla
    Última edición por jasarhez; 28/04/2014 a las 13:53

  19. #19
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    Vale, ya sabemos las ensoñaciones que los montañeses se han imaginado de su propia tierra, ahora faltan los mapas históricos de esa realidad.

    Enséñanos mapas de un territorio que nunca fue cabeza de nada ni tenía representación en las Cortes medievales (como la tenían innnumerables ciudades León, Valladolid, Toledo, Sevilla, Zamora, Segovia, Burgos etc etc) que no tenía ni siquiera obispado sino que era parte administrativa y diocesana de Burgos.

    Y faltan aportar las denominaciones que engloban ese territorio en Castilla, que por supuesto son innecesarias dado que de lo que nunca existió hasta el siglo XIX no se puede afirmar ni negar absolutamente nada.

    Sí queda claro que los montañeses como tantos otros aburridos provincianos se apuntaron al carro del romanticismo regionalista de principios del siglo XX y tiraron de la Historia lo poco que pudieron, que es todo lo que tú citas.

    Lo dicho: Aporta mapas históricos, anteriores al siglo XIX, de esa estrambótica "Cantabria" coincidente con la moderna provincia de Santander. Porque en ellos verás territorios como Asturias, Extremadura, Castilla la Vieja, Galicia, Murcia pero nada de engendros pseudo-históricos modernos como Rioja, Cantabria (y no digamos Madrid)
    jasarhez dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  20. #20
    Españolista está desconectado Proscrito
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    Re: La invención de la conciencia regionalista santanderina: "Cantabria"

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Querido compañero.

    El uso de los términos Cantabria y cántabro es anterior a las CCAA. Incluso la reinvidicación del nombre de Cantabria es anterior a las CCAA. El debate amistoso que tenemos no entra en la existencia de las CCAA, el menos en mi caso. Se basa en la permanecia milenaria del nombre de Cantabria entre los cántabros.

    Es cierto que los vascongados lo usaron y se querían apropiar de nuestra nombre, que por cierto, aquí también usábamos.

    Cantabria es una entidad territorial que se ha mantenido en la Historia desde su aparición, aunque no tuviera categoría política. Cantabria, el pueblo cántabro, porque los habitantes siempre se han considerado cántabros. Es una identidad que se mantiene en la Historia, que se ha transmitido de generación en generación.

    Cántabro puede hacer referencia al pueblo prerromano cómo puede hacer referencia a Ménendez Pelayo, a Pereda, o cualquier habitante de esta tierra en cualquier época de su historia pues siempre se han preciado de ser cántabros.

    Es erróneo identificar lo cántabro únicamente con la Antigüedad, ¿acaso no eran cántabros el ilustre Pedro Velarde, Bustamante a Alsedo?. ¿Acaso no era y se sentía cántabro mi abuelo cúando ni existían las CCAA?.

    Por otra parte, Alacran, no pienso discutir contigo. Aquel que llame "engendro" a Cantabria ni me molestaré en responderle. Ante todo respeto. No sabes diferenciar realidades sociales de realidades políticas. Para los cántabros, Cantabria siempre ha existido. Con eso me basta. Dile a tú a Marcelino Menéndez Pelayo que su Cantabria era un engendro o estrambótica. ¿No has leído a Menéndez Pelayo, verdad?.

    Por favor, no confundaís Cantabria con la Comunidad Autónoma de Cantabria, entidad política creada en 1982. Cantabria, el territorio, los cántabros, es una cosa muy vieja, por eso siempre se dijo la "Vieja Cantabria" cómo decía Marcelino Menéndez Pelayo, porque es un territorio y un pueblo muy viejo.

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    Última edición por Españolista; 28/04/2014 a las 14:12

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